InfoCatólica / María Lourdes Quinn / Categoría: .... 4) S. Juan

2.09.09

Cuando se enfría nuestra relación con alguien a quien amamos

A nadie le gusta oír de alguien a quien ama que la relación se ha enfriado de parte de esa persona, pero eso le pasa al protagonista de “El pequeño escribiente florentino” (en “Corazón” por Edmundo de Amicis) y el que rechaza su afecto es su padre.

Este padre copiaba por la noche los nombres y las direcciones de los abonados de una editorial para suplementar su escaso sueldo. Preocupado por su salud, su hijo de 12 años se ofrece a ayudarle, pero el padre quiere que se dedique a sus estudios. Por eso, el niño decide hacerlo a escondidas por la noche, después de acostarse su padre. El sueño afecta sus estudios y su padre le empieza a mostrar menos cariño. Un día, su maestro le dice a su padre que ya no parecía esforzarse como antes.

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[Fragmento de “El pequeño escribiente florentino” en “Corazón” por Edmundo de Amicis:]

“Aquella noche el padre llamó a su hijo aparte y le dirigió unas palabras más duras de las que hasta entonces había oído.

-Ya ves, Julio, que me sacrifico por la familia, y tú no me secundas. No piensas lo más mínimo en tus hermanos, en tu madre, ni en mí.

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1.09.09

El legado de fe de Kennedy

Josué (1450A.C.-1370A.C.) nació en Egipto y cruzó el Mar Rojo con Moisés, sucediéndole por voluntad divina. Cruzó el río Jordan para entrar en la Tierra Prometida con el pueblo de Dios y conquistó ese territorio ayudado por el Señor, que, por ejemplo, detuvo el sol hasta que ganaron una batalla (Josué 10, 13).

Poco antes de su muerte, reunió a todo el pueblo para recordarles las maravillas que obró el Señor por ellos y declaró: “ ‘En cuanto a mí y a mi casa toca, nosotros serviremos al Señor.’” (Jos. 24, 15) El pueblo decidió lo mismo y Josué les recomendó: “Quitad, pues, los dioses ajenos que haya entre vosotros y volved vuestros corazones al Señor, Dios de Israel”. (Jos. 24, 23) Tras practicar su fe ante su familia y el pueblo, pudo dejar como legado una exhortación clara a amar y a servir a Dios sobre todas las cosas.

¡Cuánto se lamentaría que el Señor dijera en el Evangelio del XXII Domingo de Tiempo Ordinario a los judíos: “Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres” (Mc. 7, 8), todo lo contrario de lo que el valiente Josué hizo en vida.

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31.08.09

Separada de su bebé por rechazar una cesárea innecesaria


A pesar de que la Organización Mundial de la Salud recomienda que en ningún país sea la tasa de cesáreas mayor del 15%
, según “CDC’s Nacional Center for Health Statistics” (.pdf en inglés del 18.3.2009), 31,8% de los nacimientos en los EE.UU. del año 2007 fueron por cesárea, un incremento de 50% desde 1996. Según “Need for transparency increases as Cesarean rates rise”, la tasa también varía entre estados y hospitales: “por ejemplo, una mujer dando a luz en New Jersey tiene una mayor probabilidad (73%) de tener una cesárea que una mujer en Utah”.

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30.08.09

¿Preguntamos cosas al Señor más como los fariseos o como los apóstoles?


En el Evangelio del XXII Domingo de Tiempo Ordinario: “Los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: ‘¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?’” (Mc. 7, 5) Ellos se acercaban al Señor para hacerle preguntas, lo cual también hacían los apóstoles y otros en el mismo Evangelio. Examinando algunas características de las preguntas que le hicieron al Señor podremos discernir mejor si nos acercamos al Señor más como los fariseos o como los apóstoles.

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29.08.09

¿Cuándo se llega demasiado tarde a Misa?

S. Juan Bautista (s. I) indicó a sus discípulos que Jesucristo era el “Cordero de Dios” y demostró lo que S. Pedro expresó en el Evangelio del XXI Domingo de Tiempo Ordinario: “Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn. 6, 68), al querer que el Señor creciera y su propia predicación disminuyera ante los hombres, y efectivamente murió antes que el Señor, dando testimonio de su fe.

¿Nos creemos también que el Señor tiene “palabras de vida eterna”? ¿Le damos suficiente importancia a la Liturgia de la Palabra de la Misa?

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Hay quienes se preguntan si uno debe llegar a tiempo para oír el Evangelio en una Misa para cumplir el precepto dominical o para poder comulgar, como hace esta persona en la sección de Preguntas y Respuestas de EWTN (pregunta y respuesta traducida del inglés):

Recibiendo la Eucaristía

Pregunta del 2.7.2003:

He hecho esta pregunta a muchos sacerdotes, y siempre he recibido una respuesta diferente. Si uno llega tarde a Misa, ¿no debería esa persona no recibir la Comunión? ¿Y hay un momento en la Misa que es un cierto punto límite después del cual uno no debería de recibir la Comunión? He visto a gente entrar justo antes de la Comunión y comulgar. Me han dicho que uno tiene que llegar a tiempo para oír el Evangelio. También me han dicho que tengo que estar presente para el Rito Penitencial. ¿Cuál es la verdad? Muchas gracias por su tiempo.

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