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17.07.19

¿Ideología de género? ¡Un perverso engaño! Parte I

Tendríamos que empezar por desentrañar el término IDEOLOGÍA para aclararnos en qué nicho ecológico nos encontramos; para pasar luego a lo DE GÉNERO. Y ahí va.

No el término como tal -"ideología"-, que es anterior, pero sí su uso y abuso absolutamente intencional, nace en Karl Marx y Friedrich Engels con su librito a pachas, “La Ideología Alemana” (!932); y, ya antes, en el “Manifiesto comunista” (1848), también de entrambos.

Para estas dos joyitas del “¿pensamiento?” social y político de su época -donde y ya que están ponen a caldo a la mismísima Revolución Francesa a la que no dudan en tachar de mentrosa: su “libertad, igualdad y fraternidad” se habrían convertido de hecho en “coarción, explotación y competencia"-; se trataría, por tanto, de “desenmascarar las formas de dominación mental de la sociedad capitalista". Porque solo desenmascarándolas podremos “liberar” al hombre “oprimido” por la clase capitalista, dominante y opresora de por sí, que no busca sino forrarse -es su única ilusión-, alienando a la clase trabajadora, el proletariado, con el uso del poder fáctico y, aún más, del poder de las ideas: porque, afirman, el que tiene el poder material tiene el poder sobre las ideas y las conciencias. En esto último, lo clavó, la verdad: es lo que estamos viendo y padeciendo por parte del rojerío dominante; y por parte también del complejo enfermizo de inferioridad -o, simplemente, de la vendida por la directa- de lo que antes se llamaba “la derecha".

Para eso. afirman. hay que “activar", en las conciencias de todo el pueblo oprimido, precisamente la MALA CONCIENCIA de su opresión, señalado siempre y necesariamente un CULPABLE: sin “enemigo” no se puede luchar, porque no habría nadie enfrente: y habría que inventarlo para señalarlo y demonizarlo. Este es el papel de las IDEOLOGÍAS, en especial, la marxista, que es la que ha triunfado y la que se ha impuesto. Las demás, si se puede hablar de ellas, es solo cuestion de matices respecto a la “madre de todas las ideologías": hasta este punto se ha impuesto el marxismo.

Nace así, en esta “lógica” y de un modo bien fácil, lo que se denominará la LUCHA DE CLASES: necesaria por justa y justa por necesaria, según el mundillo marxista y el de sus acólitos. En ella y de modo inmediato, los papeles están perfectametne repartidos, como en cualquier guión que se precie: las gentes del pueblo son INOCENTES de todo, por “víctimas", y el resto -los de enfrente-, son los MALOS por definición, a los que les está bien empleado lo que se les haga por parte de “los buenos".

Y se les puede hacer de todo -vamos a decirlo ya desde el principio-, empezando por matarlos. Por algo -aunque mal contabilizados, pues en realidad son muchos más-, el marxismo ha supuesto la friolera de más de 120 millones de muertos directos desde que empezó su criminal andadura. Indirectos son ya incontables; por ej., los países marxistas son aquellos donde el aborto -cuando se aprobó- se convirtió en el método anticonceptivo por excelencia. Id sumando. A lo que hay que añadir los millones y millones -incontables, de hecho, dada su naturaleza- de los “abortos” de las conciencias que han “matado” a muchas más personas que todos los abortos habidos y por haber.

Pero, para Marx -y no le importa decirlo- la IDEOLOGÍA, que es FALSA -y MALA- CONCIENCIA supone, porque también lo es, una DISTORSIÓN DE LA REALIDAD perfectamente asumida, bien porque uno haya querido ir hasta ahí, bien porque se lo hayan suministrado: sin esta “distorsión de la realidad", buscada y/o provocada y acocgida, no se puede “meter” la “mala conciencia” en el personal. Distorsión que siempre nace en el mismo instante en que se señala al CULPABLE -real o falso, les da igual. porque etán por encima de la realidad- con el dedo -mejor a punta de pistola: lo saben y lo practican incluso en la “teología de la liberación"-, y se coloca a los de la pistola en el bando de todos los que, por “buenos” son libertadores, y se convierten en “libertadores” por buenos.

Lo que Marx pretendió directamente fue una subversión del orden (sistema) político, social y económico imperante -ciertamente había muchos abusos que, en conciencia, no podía permitirse la sociedad ni las gentes-, pero fracasó rotundamente: el capitalismo está más fuerte y más vivo que nunca a pesar de los rojelios -que se han tenido que vender además al NOM, que es quien ahora tiene la batuta de las perras y, por lo mismo, del poder real-, que TANTO GOBIERNAN CUANTO ARRUINAN: familias, sociedades y países enteros.

Bien se puede decir, y bien fuerte: ha sido peor el remedio que la enfermedad. Pero su intento ha derivado a día de hoy, y por mor del NOM, en una subversión del orden de la FAMILIA y, en primer término, de la PERSONA: la INGENIERÍA SOCIAL empieza por la INGENIERÍA DE LA PERSONA, y continúa con la INGENIERÍA DE LA FAMILIA, que tienen como base obligada LA NATURALEZA    -aunque todos estos abominan de ella y contra ella vayan, la necesitan tanto como la niegan-, de negar primero y destruir después las constantes antropologicas de la persona. Y ahí es donde le están dando a la Iglesia Católica: en las personas, empezando por sus hijos, que son su finalidad: la rezón de su ser, por Madre y Maestra que es.

Aquí viene -aquí se engarza- la tan traída y llevada IDEOLOGÍA DE GÉNERO, que es a lo que vamos; pero había que trazar algún esbozo de dónde nace todo esto.

“Todo esto” que no hubiese tenido ningún futuro si los políticos occidentales -y asimilados- estuviesen para lo que tienen que estar: el bien común; si las democracias del primer mundo -y asimiladas: excepto EEUU, que es otra cosa: una verdadera democracia- no se hubiesen bajado todo lo bajable, y no se hubiesen quedado con total descaro con las vergüenzas al aire; si la “intelectualidad occidental” no se hubiese vendido a los oropeles y al dinerito rojelio, dejando con ese sencillo acto de ser “intelectualidad” para convertirse en “funcionarios” y “pesebristas de nómina": la Nomenklatura…; y si la Iglesia Católica -y no solo desde parte de su Jeraquía: que también hay peones que pueden influir muchísimo- hubiese estado, talmente, donde tenía que estar, sin jueguecitos ni siquiera terminológicos con el mundo: al servicio de la gente -ese es su sitio, especialmente en el ámbito moral y, por tanto, intelectual-, sin miedo ni a la Verdad ni a sus consecuencias: o sea, sin miedo a ser totalmente de Cristo, siendo Sal, Luz, Levadura y, Ella también y como primera premisa, VERDAD.

Como resumen global, y no únicamente desde el punto de vista de la Iglesia que también, sino desde la misma Filosofía perenne, auténtica y verdadera, hay que afirmar que el MARXISMO es incompatible con la Fe de Cristo, por supuesto: el compendio y el resumen de todas las herejías; pero también es incompatible con el sentido moral común y el orden intelectual sano en cualqueira de los campos en los que señoree.

Para empezar a situarnos, es suficiente, creo; pero contestaré todas las preguntas que surjan y se me hagan., y a los interrogantes que se os planteen y me hagáis. Si queréis.

Adelanto que este tema tiene mucha miga, y va a traer grandisimos problemas, tanto a la corta, donde ya están presentes, como a la larga, de lo que no sabemos nada pero se puede sospechar, tal como viene y está asumido por los poderes públicos todo el asunto. De hecho, ya hay quien tilda a la problemática que trae la “ideología de género” como el principal problema -de entrada, para mal- del presente siglo: el más gordo. Y eso que solo estamos al principio del principio.

Seguiremos. 

8.07.19

"La misión no es proselitismo" (papa Francisco)

El Papa ha vuelto a insistir -una vez más- en el mismo tema: le debe tener más que motivado. Y el tema no es otro que oponer radicalmente MISIÓN y PROSELITISMO como seña de identidad de su auténtica y verdadera “Misión Apostólica” de la Iglesia Catolica y de todos sus miembros; presentando el proselitismo como la anti-misión.

A nuestra Madre la Iglesia Santa su Misión, y hay que decirlo explícita y directamente le viene de Cristo; Misión que Él mismo, al tener que volver al Padre, transmite a los Apóstoles, a sus sucesores y a todos sus hijos que vendríamos después. Y así hasta hoy: es la Misión de la Iglesia de ayer, de hoy y de siempre. Que yo sepa.

He aprovechado la alocución del Papa en el Ángelus del pasado domingo, XIVº del TO, donde, desgranando el Evangelio de la Misa de ese día, acota expresamente esa separación y esa oposición. Y copio las “notas características” de la Misión que, a día de hoy y por mor de la voluntad del Santo Padre, han de ser las determinantes de la Misión Apostólica de la Iglesia: “la misión -dice-se basa en la oración", “es itinerante", “requiere desapego y pobreza", “lleva paz y sanación, signos de la cercanía del Reino de Dios". Pero añade, con determinación, esta conclusión que convierte a la vez en el “núcleo duro” de la misma: “NO ES PROSELITISMO, sino anuncio y testimonio". 

Lo proclama basándose en la interpretación personal que hace del Evangelio del día, que revela cómo Jesús envía por delante de Él a las ciudades a las que tenía que ir a setenta y dos de sus discípulos; y les da unas precisas instrucciones para llevarlo a cabo: Y les decía: la mies es mucha y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envía operarios a su mies. “Poneos en camino". Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias, y no saludéis a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero:"paz a esta casa” Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya en ella, y decidles: “El Reino e Dios ha llegad a vosotros". Pero si entráis en una ciudad y no os reciben, saliendo a sus plazas decid: “Hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el Reino de Dios ha llegado". Os digo que aquel dia será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad. Y sigue un poco más…

Ciertamente, nada que objetar al comentario del Papa respecto a que es oración, es también itinerante, exige mucho desprendimiento y lleva la paz y la sanación; sanación que habría que precisar que es antes y principalmente de las almas que de los cuerpos, como enseña -y obra-Jesús mismo.

Pero, ¿esa conclusión -y con esa rotundidad- es correcta, católicamente hablando? O, dicho de otro modo: ¿LA NEGACIÓN ROTUNDA DEL PROSELITISMO como parte integrante, si no finalista, de la Evangelización y la Misión, se puede mantener como signo determinante y conclusivo de lo que es la MISIÓN CATÓLICA? Desde luego, no de lo que ha sido y de lo que ha supuesto la CRISTIANIZACIÓN -o sea, la Misión y la Evangelización- de y en la Iglesia Católica a lo largo de toda su Historia… hasta este último domingo, a lo que parece.

Porque, supongo yo que, para hablar de la MISIÓN católica, habrá que tener en cuenta las palabras de Cristo en su Evangelio, además de los hechos concretos que Él realiza. Y habrá que tener en cuenta, también y necesariamente, toda la tradición evangelizadora de los más de dos mil años del quehacer histórico -doctrinal y pastoral- de la Iglesia Católica; y esto por una razón muy sencilla pero poderosísima: en la Iglesia Católica NUNCA ha habido, ni hay, ni puede haber, “borrón y cuenta nueva": siempre ha habido, hay y debe seguir habiendo, CONTINUIDAD, en todo orden de cosas; que, se mire como se mire, siempre es FIDELIDAD a Cristo…, y a la misma Iglesia.

Ciertamente, si nos quedamos en los plásticos, en los materialmente pobres y desarraigados, en la capa de ozono, en los colorines arcoiris, en el calentamiento global…; y/o aún peor: en la misericordia sin doctrina, en la doctrina sin teología, en la teología sin Evangelio, en el evangelio sin Cristo y en la Iglesia sin origen ni finalidad: simplemente en la “pura” e “inmaculada” iglesia nacida ex novo… Si nos quedamos en esto y con esto, sobra totalmente la palabra “proselitismo"; como sobra la palabra evangelización; como la de misión; o la de gracia, o el pecado, o las Postrimerías. Por señalar solo algunas cosas sin pretender ser ni exahustivo ni excluyente de otras muchas más.

El mayor problema viene de no explicar el SAnto Padre lo que él entiende por PROSELITISMO, y, por tanto, lo que debemos entender también nosotros, según su saber y su entender. No: lo descalifica inexorablemente, pero no dice qué es lo que descalifica; mucho menos, el por qué lo hace. Ya tiempo atrás lo había catalogado como “el gran pecado de la Iglesia", también sin explicarlo ni contrastarlo con los Evangelios; ni tampoco con lo que hace la Iglesia, por ejemplo, con Pedro -la Cabeza, que ahora encarna Francisco precisamente- el mismo día de Pentecostés: ese día se bautizaron tres mil de los que oyeron. Y todos los demás días del hacer y del quehacer de la Iglesia y de sus hijos. 

¿No podría aclararnos si eso es PROSELITISMO del que hay que renegar como una auténtica herejía, o como una traición a Cristo, a la Iglesia y a las almas todas? ¿Ha hecho entonces todo mal la Iglesia Católica por medio de sus misioneros, sus pastores y todos los Papas hasta ahora? ¿Cuando Jesús envía a los suyos -o sea, a la Jerarquía y, con ella, a todos nosotros- a ir por todo el mundo, a predicar, a bautizar, a perdonar pecados, etc., lo hace para que la Iglesia que Él funda quede reducida a la nada más inoperante y a la misma muerte en cuanto mueran los Apóstoles sin dejarle “hijos” a la Iglesia? ¿Si una persona pide bautizarse hay que decirle rotundamente: ¡NO!? ¿Esta es la Misión de la Iglesia?

Y las preguntas siguen, necesariamente: ¿Quién iba a rezar enotnces? ¿Quién iba a ir? ¿Quién iba a poder curar enfermos, arrojar demonios, dar la paz y anunciar que “el Reino de Dios está cerca“? Si no hay proselitismo, ¿quién iba a quedar y qué iba a quedar en Ella? Además, los miles de misioneros y misioneras, -entre sacerdotes, religiosos y religiosas, más los fieles laicos- qué pintan entonces? ¿Están para enseñar a leer o a coser, y punto? 

Y la pregunta mas directa: ¿no se da cuenta el Papa -y con él: toda la jerarquía, más los cabezas de las instituciones religiosas- de que Francisco es Papa porque América fue evangelicada y cristianizada?

Porque tendremos que preguntarnos y respondernos necesaria y uregentemente: ¿Cuál es entonces el sentido de las catequesis a los catecúmenos? ¿Para qué el Bautismo? ¿Sigue acaso teniendo sentido? ¿No habría que eliminar entonces -siendo consecuentes- el Rito de los Bautismos de Adultos en la Vigilia Pascual? Los más de cuatro mil que se bautizaron, por ejemplo, en Francia en la Vigilia de este mismo año, ¿han sido bautizados contra el querer del Papa y, por tanto -y solo en esa lógica-, contraIglesia? ¿Es esto la verdadera “visión” y el verdadero “espíritu” del CV II?

Algo, por cierto, a lo que se recurre una y otra vez dentro de la Iglesia; también el Papa actual. Y ¿para qué? ¿Para seguir, erre que erre, asolándolo todo? ¡Porque da la impresión de ser este el auténtico  “espíritu.” del mismo -ya que la “letra” según todos los forofos dice lo contrario- y, por tanto, de la propia Iglesia Católica! Y me temo lo peor, dadas las noticias que llegan de los tejemanejes de lo que se está cociendo -y nos echarán encima -ardiendo- con lo de la Amazonia… Al tiempo.

Pues ¡fuera bautismos; casamos a los curas, echamos a los frailes y a las monjas, cerramos todo y acabamos antes! Perdonadme el desvarío.

Vamos a seguir rezando: cada vez más. Nos hace falta que el Señor nos escuche, porque estamos como ovejas sin pastor.

Lo digo sin señalar y sin segundas intenciones, que conste. Es que viene así en el Evangelio. Y yo no lo voy a cambiar a estas alturas de mi vida.

Y rezad también por mí.

3.07.19

"No nos pertenecemos" ¡Somos de Dios!

La cita, de san Pablo es más rica, por más extensa, de lo que he puesto en el título. Y -lo digo de intento, pues sirve exactamente para REZAR- reza así: ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no os pertenecéis? Porque habéis sido comprados a gran precio? (I Cor 6, 19-20).

Antes de seguir adelante, una aclaracion: escribo desde la Palabra de Dios y, en primer lugar, para los católicos de cualquier pelaje; pero más en particular para los que, reconociéndose como tales, quieren sacar adelante, seriamente y con fidelidad, su carácter y su vocación de hijos de Dios en su Iglesia; para los que, aunque estén bautizados desconocen ya lo que eso significa realmente; e incluso para aquellos que teniendo una práctica religiosa más que aceptable, no llegan al “compromiso vital” que eso supone, de tal manera que su vida de piedad va por un lado, y su vida real va por otro… y coinciden solo malamente, o por casualidad, o en algunas cosillas. Como diría aquel: “son muy liberales", por poner un poner.

Volvemos a san Pablo. Está exponiendo clarísimamente la primera VERDAD que, en el orden práctico, es decir, en el ORDEN MORAL, se le plantea a todo hombre, sea católico o no: el amor a Dios y, en el extremo opuesto, el pecado. Dos realidades -el misterium amoris de Dios Padre a nosotros, y el misterium iniquitatis, o sea, la respuesta malvada del hombre a Dios: el pecado-; las dos están ahí de modo patente e innegable, ciertamente; pero que, como lo dice el mismo Jesús, son de suyo absolutamente incompatibles: No podéis servir a dos señores.

Y aquí viene el tema que quería abordar, y que ya apunté en mi anterior post… pero dándole una nueva vuelta de tuerca: porque no podemos cohonestar con la ofensa a Dios ni con las estructuras de pecado: que las hay y fortísimas; más fuertes cuanto más débil se hace la misma Iglesia, empezando por su Jerarquía, evidentemente<, y también más fuertes cuanto más se descristianizan las conciencias y la misma sociedad, con todo lo que la compone. No podemos admitir nada de eso -nada que diga razón de pecado- en nuestra vida personal, ni en nuestra vida social o en la misma vida eclesial.

Y esto viene de lejos, de muy lejos si abrimos la Bíblia, pues, ya desde sus primerísimas líneas, se aborda frontalmente la problemática: Pondré enemistad entre tí y la mujer, entre tu descendencia y la suya, y esta te aplastarála cabeza 

Así habla Dios a la serpiente en presencia de Adán y Eva. Por tanto, así habla también Dios, y con las mismas palabras, a ellos y a su descendencia. Es decir: aquí se nos cita sin posibilidad moral de pretender no haber oído nada, o sin el escapismo de pretender meter la cabeza en un agujero, en plan avestruz: el Señor Dios se dirige a todos nosotros  y, por tanto, a esto se nos convoca. pondré enemistad… Es decir, y para que nos enteremos bien: estamos llamados vocacionalmente por Dios mismo a COMBATIR, en una lucha sobrenatural -a lo divino-, y con las armas que el mismo Jesús nos ha dejado: su Palabra y su Gracia, contra las asechanzas del demonio -sus pompas y sus obras, como se pronuncian los católicos en la Iglesia. Lo entendamos o no, lo queramos o no. Pero es Palabra de Dios: yo no me invento nada; por tanto, si alguien quiere discutir, que lo haga con Él, que “yo me llamo andana".

Pero todo esto, como cualquiera puede también entender, nos compromete y mucho. Ciertamente. No solo nos compromete: es que nos pide que seamos unos HÉROES, sin miedo -o con él, pero enfrentándolo y venciéndolo- a que nuestra vida como hijos de Dios y de su Iglesia, a veces, haya de ser realmente heroica, nos juguemos lo que nos juguemos, incluso la misma vida. Cierto también al cien por cien.

Exactamente esta ha sido la verdadera vida -la única y verdadera Historia- de la Iglesia Católica, desde sus inicios hasta hoy mismo.

Y esto no es nada extraordinario. La misma vida, a veces, nos pone en codiciones de ser auténticos héroes… en favor, por ejemplo de nuestros semejantes. Ahí están los ejemplos de tantas personas que han dado su vida por salvar las de otros: desde un policia en la playa de La Coruña, que se ahogó tratando de salvar a una persona en apuros; o los bomberos de Nueva York que, sabiendo que las Torres estaban condenadas y podían caer sobre ellos, entraron en ellas a salvar a todos los que pudieran: y perecieron.

Ni toods los policias estuvieron en esa tesitura, ni todos los bomberos en la otra. Pero a los que sí estuvieron o tuvieron que obedecer una orden, sí. Y lo asumieron.

En la vida católica, en nuestra condición de hijos de Dios, imitadores de Cristo y obedientes a su Espíritu Santo, sí se nos pide. A todos se nos pide, de parte de Dios mismo, esta disposición. Luego, las circunstancias de la vida hará que tenga que ejercitarse o no: pero hemos de estar dispuestos a ser los “héroes de Dios". Normalmente, en el ámbito de lo cotidiano: y ahí ser heroicamente fieles. Y otras veces en situaciones que, de suyo nos sobrepasan: son absolutamente extraordinarias; pero para las que tenemos toda la gracia de Dios, toda la fortaleza del mismo Cristo y toda la audacia del Espíritu Santo para ser mártires, si  falta hiciere. Desde la entrega total de los Apóstoles hasta el martirio de los católicos en Siria, en Irak o en la India, pasando por san Agustín, santo Tomás Moro, los cristeros o los miles ya de mártires beatificados de la guerra civil española.

Lo contrario, no es católico ni de católicos. Como la cobardía no es de hombres: hay hombres cobardes, pero esa no es la condición del hombre; como hay hombres corruptos y corruptores, pero esa no es la condición  del hombre; como los hay apóstatas y herejes, pero esa no es la condición del católico; como los hay que somos pecadores: pero no estamos hechos para el pecado sino para la santidad: este es el hombre NUEVO, redimido por Cristo y santificado por el Espíritu Santo.

Por tanto, la “ligereza” o la frivolidad a la hora de enfocar las cosas como católicos, no es católica. El enfoque católico de las cosas y de las situciones, es decir, de las resoluciones que hemos de tomar ante ellas para enfrentarlas como hijos de Dios, llamados a ser santos y a manifestarnos como tales, es tan seria…, que nos jugamos la vida eterna. Porque al Cielo van los santos. Y nadie más.

1.07.19

¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar?

Hoy día, en el mundo católico, hay un caos del patín. Es tan evidente que decirlo, para unos se ha convertido en un auténtico lugar común o, incluso, en una “boutade" que ya no significa nada. Para otros, seguimos con el escándalo farisaico porque, para los de esta banda, la verdad de lo que pasa en la Iglesia ya no se puede ni decir: ni se tolera ni se quiere saber.

Pero la verdad está ahí, tozuda, como le pasa siempre a la verdad. Incluso a la Verdad.

Hay otro grupo que va de católicos cien por cien, que despotrican contra todo lo que no se ajusta a lo que entienden por “lo católico"; y, desde ahí, también pontifican.

Pero la prueba del algodón de todo católico es exactamente “hasta dónde está dispuesto a llegar por su Fe, por la Doctrina, por la Iglesia y por Jesucristo". Es decir: por todo lo que, en este ámbito de realidad, no es suyo: es recibido de Dios.

Y me explico. Y espero que se me entienda.

He escrito “dispuestos a llegar” para que nadie se piense que voy por lo económico: para nada. Me refiero a lo que estamos dispuestos a entregar -a entregarnos, por más exactos- para ser fieles a nuestra vocación de hijos de Dios en su Iglesia. Para aclararnos: “tanto amamos cuanto estamos dispuestos a sacrificarnos por…”. Porque el amor verdadero es darse, entregarse. Y esto es aplicable a todo orden de cosas y personas, incluido Dios, Uno y Trino.

¿En la Iglesia Católica, dónde lo aprendemos? Ni más ni menos que en Nuestro Señor Jesucristo -en primerísimo lugar-, que nos amó hasta el fin. Ahí están el Jueves Santo y el Viernes Santo para todo el que quiera enterarse.

Y esta ha sido la constante en la bimilenaria vida de la Iglesia desde los mismos Apóstoles hasta nuestros días, pasando por los mártires de ayer y de hoy, que los ha habido, hay y habrá. De hecho, la Iglesia Católica ha fecundado el mundo y ha salvado alas almas de sí mismas y de todos los ambientes contrarios, precisamente con el testimonio fiel del amor, fuerte hasta la muerteque, por Cristo y en Cristo, ha regado todos los ambientes, todas las naciones y todas las culturas desde entonces. Insisto: hoy como ayer.

Así han amado tantos y tantos a Cristo, a su Iglesia y a su misma Fe: más que a su propia vida.

Y esto es lo que tantos y tantos, que van de buenos, ortodoxos, fieles…, al menos de primeras, ya no están dispuestos a asumir.

En la Iglesia Católica hemos condescendido tanto, tanto; hasta tal punto nos hemos creído que la Fe es cosa de boquilla -verbo et lingua- pero que no va más allá en los ámbitos que no son estrictamente “espirituales"; es decir: teóricos…

Porque en los temas “prácticos": me caso o no, tengo hijos o no, me dejo sobornar o no, dejo mi conciencia a la puerta o no, miento o no, robo o no, aborto o no, milito en tal partido político o no, voto esto o lo otro, pago impuestos, ayudo realmente al personal, me someto a las estructuras de pecado, me dedico a la anticoncepción, engaño en mi trabajo, pongo cuernos a quien corresponde…

En todo lo que es la vida real, ahí hago lo que me da la gana; y la Iglesia no me puede decir nada; y si pretende decírmelo, con no hacerle caso, pues eso… Y yo, tan católico como siempre, oiga.

O sea: ya tenemos incorporado en la vida práctica de los “buenos” lo mismo que define a los que van de herejes, modernos, a la contra, etc, O sea, los no católicos, aunque lo hayan sido. La composición de lugar es la misma.

¿Es esto lo que estamos viendo en los católicos de la China? ¿Y lo que hemos visto -y vemos aún- en los católicos de Irak? ¿O en África? ¿Es esto lo que aprendemos de Tomás Moro -que lo era todo ante su rey y sus conciudadanos-, de Juan Fisher y tantos mártires ingleses? ¿O los cristeros? ¿O los mártires de la guerra civil española, los últimos -un buen número de monjas- beatificados por mártires no hace ni dos semanas? ¿Han sido así todos los innumerables mártires de las sucesivas persecuciones dentro del Imperio Romano durante dos siglos?

Con estos ejemplos por delante, que nos interpelan a todos -profundamente y sin excusas posibles-, ¿podemos admitir como nivel de conciencia el “mal menor"; como criterio moral “es lo que hay"; y como nivel de compromiso y fidelidad lo de “no es mi problema"?

Lógicamente, es mucho más cómodo comprometerse con los plásticos; y pensar que así, y con mi defensa de los “principios” -que no sigo en mi vida real- sigo siendo más católico que nadie -caso de que aún pretenda mantener esa bandera levantada, precisamente cuando ya la he convertido en un trampantojo- que nadar contracorriente frente al entreguismo de las sociedades y de las gentes ante los poderes públicos y sus leyes?

Ahí está el divorcio, la anticoncepción, el aborto, la eutanasia, la corrupción de menores y de mayores, las leyes del mundillo, la corrupción y el latrocinio a mansalva perpetrado y perpetuado por los partidos políticos, la distadura del más fuerte -que siempre es el Estado- y de la partitocracia, el pisoteo salvaje de las instituciones intermedias, la destrucción del bien común y, por tanto, de la justicia, etc.

¿Ceder siempre y en todo es esto católico? ¿Y tragar como nunca? ¿Y colar un mosquito y tragarse un camello? ¿Y buscar la puerta estrecha, y lo del ojo de la aguja, porque ancho es el camino que lleva a la perdición? ¿Y lo de no podéis servir a dos señores? Mucho menos a tres o más, supongo; o al jefe de un partido, o de una banda. ¿Y lo de no entrarán en el Reino de los Cielos; o eso es única y exclusivamente para recordárselo a los demás? ¿Y lo de apartaos de Mí, malditos…?

Va a ser que no. Y habrá que hacérselo mirar: ahí están la dirección espiritual y la confesión, por ejemplo, y bien a mano; o mirarse uno mismo sus propias constantes católicas para ver en qué me estoy quedando, o en qué me he convertido ya…

¡Suerte, y al toro! Que el Señor nos espera siempre con todo cariño porque es un Padrazo.

Y que Dios reparta suerte.