14.05.09

El viaje del año

El Papa no ha dejado indiferente a nadie en su memorable viaje a Tierra Santa. Un viaje, a priori, diplomático, que ha dejado, en cambio, la inequívoca impronta de Benedicto XVI en una tierra sedienta de paz.

El pasado fin de semana ha sido propicio. Al acogerle en Jordania, los Reyes de ese país han puesto de manifiesto que el Santo Padre no solamente es un interlocutor válido para la paz en la región, sino que el Cristianismo, como religión, es la que puede ser una voz de razón en el sinsentido de la violencia árabe-israelí. Una acogida, hay que subrayar, que se ha repetido en tierras israelíes, a pesar de desmanes puntuales de judíos y musulmanes radicales (que non han sido más que anécdotas).

Creo que esta semana, este viaje ha dado mucha fuerza al Papa y a la Iglesia. Jordania ha sido un profundo aperitivo de lo que nos esperaba en Tierra Santa. La Misa que ha concluido hace pocos instantes en Nazareth ha sido un logro de la paz como ningún otro. No la paz del mundo, sino la paz que nos deja el dar Gloria a Dios.

También hay que mencionar un detalle de suma importancia: que un príncipe Hachemí, Ghazi Bin Talal de Jordania haya elogiado el Motu Propio Summorum Pontificum más que muchos obispos católicos. Asimimo, la marcada condena del antisemitismo que ha hecho el Papa en Tel Aviv. No hay lugar a equívocos ni manipulaciones, cuando la postura es tan clara.

El Papa, cuando viaja, da muchos titulares (que ha recogido Álvaro Real a su paso por Jordania) pero tampoco hay que dejar que los árboles nos impidan ver el bosque: hay que captar ese significado último de este viaje. Ya es el segundo Papa que viaja a Tierra Santa. El mismo Benedicto XVI se ha dado cuenta de que este no es únicamente un viaje espiritual, o sólo una peregrinación, sino que está legitimando a los Católicos a ser instrumento y llave de paz en Oriente Medio.

En medio de un contexto siempre adverso al perdón, y tan propicio al “ojo por ojo”, el mensaje de Cristo Resucitado es el único que puede imponer cordura allá donde solo hay insensatez. Frente al odio eterno que dos pueblos parecen haberse jurado, debemos presentar nuestro ejemplo de dedicación, y desde este Occidente descristianizado, apoyar a aquellos que se juegan, literalmente, la vida, al tratar de hacer de Tierra Santa un lugar donde el Amor de Cristo a los hombres no sea sólo una prédica, sino una realidad.

Hay que rezar, además, para que no se persiga a los cristianos en esas tierras, que tan de cerca ven planear el fantasma de la guerra.

Para esta semana, invito a la oración. A que pidamos con más fuerza que nunca por el Santo Padre:

Oremus pro Pontifice nostro Benedicto
Dominus conservet eum, et vivificet eum, et beatum faciat eum in terra, et non tradat eum in animam inimicorum eius. [Ps 40:3]

Fe de errores: Me comunican que Benedicto XVI es el tercer Papa que viaja a Tierra Santa. Pablo VI fue el primero en 1964.