InfoCatólica / De profesión, cura / Categoría: Señora Rafaela

25.02.20

Rafaela y la nómina de D. Jesús

No es que Rafaela y D. Jesús hayan hecho las paces. En realidad tampoco lo necesitan. Se quieren, se respetan, se aprecian y mucho, lo que no es óbice para que Rafaela, que jamás tuvo pelos en la lengua, diga siempre lo que piensa. Ella tiene su formación elemental, la de la señorita Asunción y D. Pedro, el sacerdote, a base de Astete, y a partir de ahí todo es claridad.

Si hay algo que a Rafaela le ponga de los nervios es que D. Jesús argumente a base de que si Jesús en el evangelio hacía o dejaba de hacer. No lo consiente porque a ella le enseñaron, y muy bien por cierto, que un católico además de la Escritura tiene como base de su fe la tradición de la Iglesia, por eso a ella no le vengan con la sola Escritura, que no traga. Pero es que hay más, y es que mi buena Rafaela tiene por costumbre sacar sus conclusiones de todo, lo cual constituye un gravísimo peligro.

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6.10.19

A Rafaela no le gusta el loro

La temo más que a un nublado, porque esta buena mujer, cuando llama, tiene por costumbre no dar puntada sin hilo y tratar de meter a este su amigo el cura en problemas no siempre de buena solución.

Tiene la teoría de que las comparaciones nunca son odiosas, sino que comparar es lo que nos permite entender mejor las cosas y aclarar lo que tantas veces parece imposible. Ya saben, eso de por qué aquí sí y allí no, y explícame las razones según las cuales las cosas son buenas o no dependiendo, porque a Rafaela eso de que dependa, sobre todo si es de caprichos u ocurrencias especialmente ocurrentes, nunca le ha terminado de encajar.

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22.05.19

Rafaela, ve a preguntar a Ramona, que de esto sabe

Menuda sorpresa se llevó Ramona al ver acercarse a Rafaela a su casa. No tenían nada la una contra la otra, pero lo cierto es que su relación era apenas de hola y adiós. Fueron amigas, muy amigas, en sus tiempos jóvenes. Casi de la misma edad, juntas a la escuela y juntas en las Hijas de María y en las cosas de la parroquia, que tanto la una como la otra vivían la fe con intensidad.

Ramona no supo digerir los cambios del post concilio o los dirigió a su modo y manera y se le quedó en la cabeza que lo importante era ser buenos y hacer las cosas si te salían de dentro. Coincidió el casarse y venir los hijos, andar más justa de tiempo y la necesidad de colaborar todos para sacar adelante la familia, que el campo, sobre todo antes, no daba para grandes alegrías, así que lo de la Iglesia quedó para algún entierro de compromiso y ya ni las fiestas.

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7.03.19

La ecocuaresma de Rafaela

Hay cosas que se las paso directamente a Rafaela. Mayormente porque ha dado muestras más que sobradas de sentido común y porque uno, en ciertas cosas, va con demasiados prejuicios. Parece mentira que siendo uno de pueblo, y párroco de pueblo, esté tan poco sensibilizado con la cosa de la ecología. O quizá precisamente por eso. Vaya usted a saber.

El caso es que desde Barcelona y Madrid se nos propone una conversión cuaresmal en clave ecológica. Eso de añadir palabras a los conceptos fundamentales siempre me ha parecido una forma sibilina, o no tanto, de aguar lo fundamental. Juventud, democracia, conversión, solidaridad, libertad son cosas que más o menos uno sabe de qué van. El problema es que, en cuanto colocas adjetivos, la fastidias. Por ejemplo: juventud de espíritu, democracia orgánica, conversión ecológica, solidaridad obrera, libertad vigilada. No es lo mismo.

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10.02.19

La infalibilidad del señor Mariano y la cortedad de Rafaela

El señor Mariano, aunque jamás lo reconocerá, hace tiempo que dejó de ser católico. Es verdad que de niño aprendió el catecismo y hasta se planteó una posible vocación sacerdotal. Fue un hombre piadoso, de misa dominical, confesión alguna vez y sus rezos de siempre. Es decir, que era un hombre católico. Pecador, sí, pero católico.

Mariano es del grupo de Rafaela. Del pueblo, de formación pareja y costumbres similares. Rafaela permaneció en el pueblo aferrada a lo que le enseñó la señorita Juliana, maestra y catequista. Entre otras cosas, y bien lo tiene ella aprendido, amar, escuchar, obedecer y fiarse de la santa madre Iglesia. Por eso Rafaela nunca ha tenido especiales problemas de fe y ha sido capaz de sobrevivir a los don Jesús de turno. Tuvo su Astete y su Ripalda y ahora dice que le basta con el compendio del catecismo para no equivocarse.

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