21.07.09

Perspectivas sobre el legado de Marcel Lefebvre

La comunión con el Papa es un elemento constitutivo de la catolicidad de la Iglesia. No puede existir identidad católica sin estar en comunión con el sucesor del Apóstol Pedro que enseña auténticamente la fe católica. San Roberto Bellarmino lo sentenciaba de manera contundente: Ubi Petrus, ibi Ecclesia. No puede uno arrogarse de catolicidad y plena comunión con la Iglesia Católica si enseña doctrinas contrarias a la doctrina católica tal como la expone auténticamente el Magisterio o si desobedece las disposiciones del Romano Pontífice.

El Papa, según enseñanzas del Concilio Vaticano II, es obispo de Roma y sucesor de San Pedro, y “es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles” (Lumen Gentium, 23).

Por esto, una persona o un grupo de fieles que de manera constante se resisten a aceptar la enseñanza y autoridad del Santo Padre, difícilmente puede decirse que continúan formando parte de la Iglesia Católica o que están en plenitud de comunión con la misma.

La peculiar situación de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, sobre todo a partir de las ilegítimas consagraciones de cuatro obispos, es objeto de análisis e intentos de solución des de hace ya bastante tiempo.
El Papa Benedicto XVI, a mi juicio, está trabajando intensamente para encontrar una solución al problema.

Mons. Lefebvre no tenía intención en un primer momento de dar un paso cismático, como fue el consagrar obispos sin mandato pontificio. Fue una auténtica lástima que lo hiciera posteriormente.
En 1977 en unas conversaciones que tuvo con José Hanu, preguntado sobre si se hundiría en el cisma consagrando un obispo para que su obra continuara más allá de su vida, respondió: “No tengo intención alguna de consagrar un obispo… Si yo desaparezco antes de que la Iglesia haya triunfado como lo ha hecho siempre, se encontrarían en todo el mundo, estoy seguro, obispos suficientes para ordenar a nuestros seminaristas… Si mi obra es de Dios, Dios sabrá guardarla…”.

Lamentablemente parece que años después Lefebvre perdió está confianza en la divina providencia y procedió no a ordenar uno sino cuatro obispos, y además bastante jóvenes para que duraran. Yo pienso que a Monseñor se le cruzaron los cables y no tuvo precisamente buenos consejeros a su lado. Y tal vez su claridad mental ya no era muy diáfana. Sabemos que tuvo la oportunidad de regularizar su situación hasta el último momento, pero optó por la ruptura.

Ahora no es momento de lamentarse, el mal ya se hizo y se trata de encontrar una solución. Tengo la impresión que Mons. Fellay está bastante receptivo y se da cuenta de la mano tendida que está ofreciendo Benedicto XVI y que tratará de aprovecharla. Soy más pesimista respecto algunos de sus colegas como Mons. Tissier de Mallerais. He leído una entrevista suya que circula por internet y me parece que sus posiciones son inaceptables.

El Concilio Vaticano II no es negociable y no habrá solución al problema sin una clara aceptación católica del Vaticano II por parte de la FSSPX.

La incorporación de Ecclesia Dei a la Congregación para la Doctrina de la Fe es un paso importantísimo y que, me parece, no ha sido suficientemente ponderado por parte de muchos.

Más allá de la problemática con la FSSPX, las conversaciones doctrinales que han de mantenerse serán de gran utilidad para toda la Iglesia, en el sentido que supondrán una interpretación auténtica del Concilio Vaticano II en clave de la “hermenéutica de continuidad” que reivindicaba sabiamente Benedicto XVI a finales de 2005.

Por desgracia, la lectura “rupturista” del Concilio Vaticano II no sólo sigue circulando en grupos lefebvrianos sino en otros de signo muy diferente, corroborando aquello de que los extremos se tocan. Todavía hoy son muchos y muchas los que, apelando a un etéreo “espíritu” del Concilio pretenden fundamentar las más absurdas aberraciones.
Efectivamente, muchas y grandes son las barbaridades que se han dicho y hecho en nombre del Vaticano II y que de ninguna manera pueden justificarse en los documentos de este luminoso Concilio que debe seguir siendo faro orientador para la Iglesia de hoy.

Confiamos que gran parte de la FSSPX acogerá con gozo el regreso a la plena comunión católica. Tal vez, una parte recalcitrante siga hundiéndose en el cisma y diluyéndose en la historia. Tal vez alguno de los obispos opte por separarse definitivamente de Roma generando retoños ilegítimos cada vez más alejados de la comunión católica. Ojalá no sea así.

Deseamos a la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, incorporada ya a la Congregación de la Doctrina de la Fe, y a Mons. Guido Pozzo un fructífero trabajo que esperamos ir conociendo y siguiendo en el transcurso de su evolución

26.06.09

Teresa Forcades ¿De qué va esta monja benedictina?

Son muchas las personas que me han hablado de la entrevista que se realizó en la televisión catalana a Teresa Forcades. La mayoría de personas, algunos feligreses, me decían que esta religiosa enseñaba cosas sobre la píldora del día después y sobre el aborto muy diferentes de lo que decían nuestros obispos. La verdad es que yo no ví esta entrevista. Hasta hoy, cuando he leído la información en infocatolica y he tenido la paciencia de ver desde el principio hasta el final la famosa entrevista. Confieso que me he tomado una tila bien cargadita antes de escribir mis impresiones.
La monja en cuestión me ha parecido muy docta en materia médica. Tengo mis dudas sobre si lo que interesa de una monja benedictina es su competencia médica y sus investigaciones sobre los crímenes de las grandes industrias farmaceúticas o bien la Iglesia espera otra cosa de una monja de la orden de San Benito.
Teresa Forcadas habla con autoridad, yo diría que incluso va de estrella mediática. Con todo, mi impresión es que, en esta entrevista, ha sido como un pajarito cazado en una trampa bien preparada.
¿Cree esta monja que la hubieran invitado a hablar tanto rato en televisión si no fuera por su condición de religiosa, y de religiosa contestataria con la doctrina de la Iglesia precisamente?
Efectivamente, en el centro de la entrevista, el astuto periodista le lanza las dos cuestiones que realmente le interesan: la píldora del día después y el aborto. Y consigue con toda facilidad el objetivo que se propone: que la monja exponga una opinión distante de la enseñanza de la Iglesia.
Desde el punto de vista de la moral católica, la justificación que hace Forcades de la utilización de la píldora del día después en protocolos médicos de EEUU es del todo inaceptable. Como su desideratum de que esta píldora de muerte sea conocida por toda mujer y esté a su alcance.
Y sobre el aborto, su doctrina sobre el derecho de la madre a decidir sobre la vida de su hijo, es metafísicamente y teológicamente demencial. Puede que esta monja sepa mucho de medecina, pero por lo que respecta a su formación filosófica y teológica, su cabeza está muy desmueblada. Sólo faltaría que acabara enseñando en nuestra Facultad de Teología.

Aduce que habla en nombre propio y no de la Iglesia. Efectivamente, faltaría más que se arrogara hablar en representación de la Iglesia, pero debe ser consciente que está en el plató como monja, con un hábito, pintoresco si se quiere, pero hábito, y en las letras de la pantalla aparece continuamente su denominación de orígen, “monja benedictina".
¿No se da cuenta querida hermana del estropicio que nos está causando? Bastante trabajo tenemos para librar la batalla en defensa de la vida en el panorama cultural que bien conoce como para que esta monja se haga la simpática distánciandose de la enseñanza de la Iglesia. ¿Cómo se puede ser tan memo?

Dice la buena monja que bastante atareados andan los Obispos como para que tengan que ocuparse en saber quién es ella y qué dice. Pues sí, querida hermana, después de esta entrevista y del rebomborio que ha causado, los obispos y sus superiores van a tener que ocuparse de usted, para que esté calladita y quietecita (esto sería lo mejor) y si le dejan salir por la tele que no hable de temas de fe y moral católica. ¿Se ha fijado con que regocijo le manifestaba el entrevistador la distancia de sus opiniones con la del Magisterio de la Iglesia, especialmente con “la Conferencia Episcopal Española"? ¡Por Dios! ¿Una mujer tan lista como usted cómo puede ser tan incauta? O se cree usted de verdad las barbaridades que ha dicho y, en este caso, me parece que está desubicada. O, si no, si reconoce que ha metido la pata hasta al fondo, a retractarse tocan, aunque difícilmente podrá reparar el mal hecho.

Y esperemos que su Abadesa la llame a capilla y a retiro y a permanecer en silencio un largo tiempo.

19.06.09

Que las campanas de España toquen a difuntos. Escritos sobre el aborto.

Ante las actuales circunstancias, del todo previsibles, ofrezco algunas reflexiones recientes sobre el aborto y vuelvo a lanzar una propuesta que, de ser realizada, produciría un gran impacto: Que las campanas de España toquen a difuntos cuando la ley sea aprobada. Evidentemente esto sólo debería hacerse con la aprobación y el consenso de nuestros Obispos.

Sin futuro. Toque de difuntos por los que van a morir (6/03/2009)

El pasado mes de enero, en el transcurso del Encuentro Mundial de las familias celebrado en México, el cardenal Bertone pronunciaba las siguientes palabras ante el Presidente de México:

“Los católicos, en el debido respeto al pluralismo, trabajan con ahínco por el bien común, sabiendo que la sociedad tendrá futuro si en ella se afianzan los principios inviolables que están inscritos en el corazón humano. Estos no son fruto de consensos interesados y mutables, pues son imprescindibles para el ser humano. El primero de ellos es el derecho a la vida, que ninguna persona se da a sí misma, sino que es un don de Dios Creador que ha de ser tutelado por todos los medios desde su concepción hasta su ocaso natural. La Iglesia no se cansa de proclamar esta gran verdad…".(Discurso de S.E.R. el Cardenal Bertone al Presidente de México, 17 enero 2009).

Me han venido a la memoria leyendo las tristes noticias sobre la reforma legislativa respecto al aborto que se prepara en España. La perspectiva es tétrica: una sociedad sin futuro. Bertone, exponiendo con claridad el Magisterio de la Iglesia perfectamente concorde con la más elemental sensatez humana, declara sin futuro una sociedad donde se conculca uno de los principios más fundamentales inscritos en nuestra naturaleza: el derecho a la vida, don de Dios, que ha de ser tutelado por todos los medios desde su concepción hasta su ocaso natural.

¿Se ha perdido la fe? No sólo la fe, sino también la razón. En mi escrito del pasado 28 de diciembre analizaba algunos aspectos esenciales de la falta de fundamentación racional de la mentalidad pro abortista.
¿Son conscientes los ciudadanos españoles de la pérdida que acarrea a la sociedad todo esto? ¿Han leído en los estudios sociológicos más solventes las predicciones de lo que, demógráfica, social y económicamente, está por caer encima de nosotros los próximos veinte años?
La cultura de la muerte, muerte siembra y muerte recoge. Más que nunca se impone abrir los ojos de los ciegos para que vean, y, viendo, se conviertan… Es una lucha en la que todos podemos implicarnos, porque tenemos mucho en común: el amor y la defensa de la vida

Acabo esta breve nota con una propuesta. Una propuesta en línea con aquellas acciones simbólicas que algunos profetas realizaban para interpelar a sus interlocutores y hacerles sensibles al mensaje de Dios.
Si la ley acaba aprobándose tal como se viene formulando hasta el momento ¿Por qué no hacer tocar a difuntos desde todas las parroquias de España, a la misma hora, durante unos minutos? Un toque lúgubre, triste, un planctus por los inocentes que van a continuar muriendo, más numerosos, y un lamento por los que siguen viviendo pero han perdido el gusto por el don precioso de la vida y no se dan cuenta que hemos dado un nuevo paso hacia la ruina y la muerte

Quid videtur vobis? ¿Es una propuesta descabellada o sería una buena interpelación?

Intrínsecamente perverso (29/03/2009)

Afortunadamente muchas personas de buena voluntad se están moviendo en nuestra sociedad con diversas iniciativas a favor de la vida y, por supuesto, en contra del aborto y de darle más cobertura legal. Manifiestos, movilizaciones, lazos blancos, siembra de buena opinión, recordatorio de la doctrina de la Iglesia y de la ley natural constituyen un noble esfuerzo para ir cambiando una mentalidad difusa pero persistente de la cultura de la muerte.
Es probable que, a pesar de todo, se legisle todavía más a favor del aborto, pero también es indudable que los promotores de esta legislación saldrán bastante tocados del combate, con heridas graves. Y, sobre todo, saldrán muy tocados a los ojos de Dios, Señor y Dador de la vida. Que no duden que sus días de poder y gloria están contados pues el Señor les ha pesado en su balanza y andan muy menguados de peso. De Dios no se burla nadie y amargos son los frutos cuando nos apartamos de Él fuente de todo bien.
Lo que está pasando es tremendo y muchos no han abierto los ojos ante la tragedia. En España el aborto ya representa uno de cada cuatro nacimientos. El Ministerio de Sanidad y Consumo informaba en su momento que se habían realizado 112.138 abortos en nuestro país el año 2007. Este mismo año España registró 491.183 nacimientos.

La sangre de estos inocentes clama justicia a Dios y nos recuerda algo que no acostumbramos a oír en muchos debates sobre el tema: Que el aborto es intrínsecamente perverso. A veces el debate deriva sobre cuestiones secundarias, como que el aborto tiene graves secuelas sobre la salud psíquica de la mujer y otros temas, y olvidamos la cuestión esencial: la expulsión violenta de la vida de un ser humano inocente. Hay que insistir en todo, pero no perder de vista lo fundamental.

“Seréis como Dioses, conocedores del bien y del mal, señores de la vida y de la muerte…”, está fue la primera sugestión del Maligno, la esencia del pecado original, y se sigue sucumbiendo ante esta gran tentación. Y Jesús llamaba al Diablo “el que es homicida desde el principio”… No es difícil para quien tiene sentido sobrenatural de la vida saber lo que está pasando.

Se acerca la Semana Santa y la Pascua. A pesar de todo, Cristo ha vencido. Mors et vita duelo conflixere mirando…Dux vitae, mortuus, regnat vivus.
Como afirma el evangelio de hoy,quinto domingo de cuaresma, “ahora el mundo es juzgado y su Príncipe expulsado”. Luchemos pues en el noble combate que estamos librando por la vida. La victoria, estando de parte de Dios y de su Cristo, será nuestra.

Ojos que no ven… o cuando la verdad confunde (14/03/2009)

Me ha impresionado lo ocurrido en el programa “Contracorriente” de Popular TV del pasado jueves doce de marzo. Cristina Fraga, según lo publicado en Religión en Libertad, abandona el plató cuando uno de los invitados mostró una ecografía de un feto. Seguramente toda su argumentación a favor de la ampliación del aborto se desmoronaba y huía despavorida ante la luz de la verdad. Es una buena muestra de lo que ocurre en el debate sobre el aborto en nuestro país. Las pasiones superan las razones y se cierran los ojos ante la luz de la verdad, para no ver. Recuerdo hace unos meses que me regalaron un precioso DVD elaborado por National Geografic. Se titulaba “En el vientre materno". Eran unas imágenes preciosas, impresionantes, como nunca se han visto de un feto en el vientre de la madre. Quien lo ve y es honesto ya no puede dudar de que se trata un ser humano, vivo, uno de los nuestros. Me impresionaron ayer, celebrando la Santa Misa, las palabras de Rubén, hermano de José, cuando sus hermanos están decididos a asesinar al pequeño de la familia: No lo matemos, es sangre de nuestra sangre, es uno de los nuestros. Es el gran grito que eleva la Iglesia en favor de la vida: No los matéis, son nuestros hermanos. Recemos para que Dios abra los ojos de muchos y vean lo que es evidente. Tal vez el Señor nos obtendrá esta gran gracia, como la obtuvo en el caso del Dr. Nathanson, que después de miles de abortos, vio y se convirtió. Y no nos cansemos de razonar porque poderosas son nuestras razones a favor de la vida.
Y acabo nuevamente esta breve nota reproponiendo otra vez la propuesta que hice en mi anterior escrito. Una propuesta en línea con aquellas acciones simbólicas que algunos profetas realizaban para interpelar a sus interlocutores y hacerles sensibles al mensaje de Dios.

Si la ley acaba aprobándose tal como se viene formulando hasta el momento, si desgraciadamente se amplia el aborto ¿Por qué no hacer tocar a difuntos desde todas las parroquias de España, a la misma hora, durante unos minutos? Un toque lúgubre, triste, un planctus por los inocentes que van a continuar muriendo, más numerosos, y un lamento por los que siguen viviendo pero han perdido el gusto por el don precioso de la vida y no se dan cuenta que hemos dado un nuevo paso hacia la ruina y la muerte
¿Se imaginan ustedes todas las campanas de España tocando a difuntos al mismo tiempo? Yo creo que todos los medios del mundo se harían eco de la notícia y, más allá de la notícia, tal vez las campanas, conforme a su naturaleza, propagaran por el mundo la voz de Dios: ¡No a la muerte! ¡Sí a la vida!

¡Oh cruel Herodes! Una reflexión razonable ante la tragedia del aborto (28/12/2008)

Recorriendo las páginas de mi Liber Usualis he encontrado un bello y antiguo himno gregoriano con un significativo título: Crudelis Herodes. Me inspira el tema a proponer.
Hoy 28 de diciembre de 2008 coinciden la Fiesta de la Sagrada Familia y los Santos Inocentes. La familia y la vida: todo un programa y un reto para nuestros agitados días. Sólo puede tener futuro una sociedad que apueste decididamente por la familia y la vida.

Ofrezco hoy a los lectores un artículo que publiqué hace unos tres años en el Diari d’Andorra. Con la esperanza que haga reflexionar ante el drama del aborto.

¿Cuestión de fe? Quizá si, quizá no…

¿Cómo afrontar temas como el del aborto con personas que no comparten la fe y la moral cristianas? ¿Es posible que nos lleguemos a entender, o estamos condenados a un diálogo de sordos? En efecto, muchos partidarios de despenalizar el aborto aducen que la defensa de la vida que hace la Iglesia Católica con la consecuente oposición al aborto es consecuencia exclusiva de una profesión de fe que no se puede imponer.
A pesar de que estoy convencido que toda moral y toda ética reclaman per se un fundamento trascendente, creo que es posible encontrar algunos puntos de diálogo y consenso. Me gustaría recordar que para Kant, un de los padres de la modernidad, la realidad innegable de la moral y del sentido del deber reclaman la libertad, la inmortalidad del ser humano (alma) y la existencia de Dios. Son los famosos “postulados de la razón práctica” de este filósofo, sin los cuales no es razonable plantear la moral. Es una pena que muchos pensadores que recurren a Kant con frecuencia, olviden este aspecto de su filosofía.
Me da la impresión que en lo debate entorno al aborto no se acaba de llegar al fondo inexplícito del problema y que suele quedar ocultado y desfigurado por temas de orden secundario y por todo tipo de sofismas baratos.

La mayoría de los pro-abortistas parten de un supuesto fundamental: Nunca se trata de eliminar una persona. Si no fuera así, el planteamiento sería criminal de entrada. Sin embargo, ¿se puede demostrar que no está en juego la vida de una persona?Desde un punto de vista científico, es innegable que el embrión humano —desde el primero momento— es un individuo de nuestra especie, el cual, si no encuentra obstáculos, devendrá un ser humano plenamente constituido. ¡Todos hemos sido embriones! Hay que preguntarse si la realidad humana es pensable al margen de una categoría tan fundamental como es la “persona”.

Tampoco podemos dudar que la persona y su dignidad son un valor o referente común para la mayoría de la nuestra cultura. Nunca se había hablado, escrito y discutido tanto sobre la persona humana y su dignidad intangible como fundamento de todo sistema ético. Sería bueno recordar también que el concepto de “persona” actual se forja en la larga tradición bíblica y cristiana, sin embargo, como estamos en tiempo de amnesia colectiva, se olvidan tantas cosas elementales.
Ahora bien, los promotores del aborto deben preguntarse seriamente, tal como lo pide tan delicada cuestión, sobre los argumentos que utilizan para decidir, con respecto a la vida humana, cuando adquiere ésta su estatuto personal, es decir, en qué preciso momento —si es que realmente existe este instante— la vida humana pasa de realidad impersonal a realidad personal. Supongo que los abortistas no aceptan que en el aborto se elimine realmente una persona humana y, por eso, deben creer que hay un momento en el que la vida humana no es personal. Si es así, deben aceptar también que el hecho de ser persona no es algo sustancial y fuente de valores intangibles. Me parece una temeridad y arbitrariedad descomunales afirmar, para poner un ejemplo, que a las once semanas y seis días aún no existe el ser personal y que a las doce semanas sí. Desafío a los abortistas a que demuestren tales presupuestos.Los abortistas también deben esclarecer si la realidad personal es reconocida o bien otorgada, y, si es así, en función de qué parámetros.

Yo creo que éstas y otras preguntas, planteadas con honradez y rigor, son suficientes para que toda persona intelectualmente honesta tenga serias dudas sobre la moralidad del aborto. Y, delante de de éstas dudas, recuerden la máxima jurídica “in dubio, pro reo”: delante de de la duda, hay que favorecer el reo. Y aquí no se trata de un reo sino de un ser inocente que, si no se lo impiden, será en pocos meses un niño que verá la luz del sol, el regalo de una nueva persona al mundo. Y creo que estos argumentos pueden ser planteados razonablemente a cualquiera persona, aunque que no sea cristiana o ni tan sólo crea en Dios. Son preguntas que planteo para un debate serio y sin precipitaciones.
Defender la vida humana personal desde el primero momento no es una cuestión de fe; o, quizá sí, si se trata de una fe en el hombre y en la razón que todavía no hemos acabado de perder del todo. Como al cruel Herodes, me parece que a muchos abortistas les mueve una ciega irracionalidad y un miedo atroz a la vida.

Dr. Joan Antoni Mateo Garcia, Pbro.
Delegado Diocesano para la Pastoral de la Familia y la Vida del Obispado de Urgell

8.06.09

Gestos y posturas en la Santa Misa: La oración del cuerpo

La arbitrariedad en la Santa Misa y en la celebración de los Sacramentos es uno de las cosas más nefastas que ha sufrido el Pueblo de Dios durante las últimas décadas. Los abusos más allá de lo soportable, como decía Benedicto XVI, deben cesar. En mi consultorio recibo muchas preguntas sobre la liturgia. Presento hoy dos de las que he atendido últimamente.

GESTOS Y POSTURAS EN LA MISA

Pregunta:

¿Podría informarme si es correcto que el Padre Nuestro se rece con las manos levantadas durante la Misa? Tengo entendido que el único que puede hacerlo es el sacerdote. Otra cosa que quiero preguntarle es si es obligatorio arrodillarse durante la Consagración. En mi comunidad casi nadie lo hace y me siento como extraña haciéndolo. Veo que el Papa administra la Comunión a los fieles de rodillas cuando esto hace años que no se ve por aquí… Tanta diversidad me confunde….

Respuesta:

Es algo evidente que no somos espíritus desencarnados y esto también debe notarse en la liturgia.Es curioso que en una época en que la antropología ha recuperado positivamente el valor del cuerpo al mismo tiempo se han ido desvaneciendo hermosas expresiones de la “oración del cuerpo” en nuestras liturgias. Según nuestra constitución, normalmente expresamos con nuestro cuerpo los movimientos de nuestra alma. Con el cuerpo también rezamos, adoramos, hacemos penitencia… En la liturgia se prevé esta participación corporal con gestos y posturas: en pié, de rodillas, sentados e incluso postrados al suelo. Algunas posturas y gestos corresponden al sacerdote quien preside la asamblea en nombre y persona de Jesucristo a quien representa. Lo correcto es que cada uno haga lo que le corresponde y sólo lo que le corresponde y que nadie se arrogue atribuciones que no se le otorgan. Esto lo establecía con claridad la Sacrosanctum Concilium del concilio Vaticano que muchos deberían releer o leer por primera vez. Paso ahora a respuestas concretas. Creo que la elevación de manos en el Padrenuestro es un gesto hermoso en la recitación privada de los fieles. No así en la celebración de la Misa cuando sólo debería hacerlo el sacerdote. Ha habido una cierta mala orientación en confundir los roles de cada uno y así, por ejemplo, los fieles no deben absolutamente pronunciar las palabras de la Consagración. Arrodillándose en la Consagración usted hace lo correcto y dispuesto por las leyes litúrgicas aunque hoy, en algunos lugares, hacer lo correcto puede parecer una rareza. Los fieles que pueden arrodillarse deben arrodillarse durante la Consagración. Sobre lo que comenta del Papa ya escribí hace poco en esta misma columna que Benedicto XVI está haciendo una gran catequesis litúrgica y es de desear que muchas cosas que nos dice el Papa se concreten en disposiciones litúrgicas de carácter jurídico. En el fondo, en palabras del mismo Pontífice, yo creo que se trata de dar de nuevo a la Eucaristía la dimensión de adoración que le corresponde en todas sus dimensiones: en la Santa Misa, en la Comunión y en su permanencia después de la Misa.Me parece algo muy urgente y necesario.

COMULGAR BIEN

Pregunta:

Seré breve, dado que interesan más sus repuestas que mis preguntas. Observo un uso que se ha convertido en abuso respecto a la distribución del Sagrada Comunión en las manos de los fieles: manos sucias, sudorosas, intentando agarrar el Cuerpo de Cristo con los dedos como una pinza, no consumiendo la Sagrada Comunión ante el ministro… Los sacerdotes en última instancia y la más alta jerarquía eclesiástica tienen grave responsabilidad de velar por instruir al respecto y evitar los abusos evidentes con el Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo. El Santo Padre S.S. Benedicto XVI, recientemente ha dicho que en las celebraciones donde él reparta la Sagrada Comunión, los fieles que la reciban de sus manos lo harán de rodillas y en la boca, ¿Es suficiente o hace falta más instrucción?

Respuesta:

Probablemente el Papa nos está dando un mensaje no escrito, pero explícito. Me recuerda otro gesto pontificio, éste de Juan Pablo II, cuando con gran sorpresa bajó a la Basílica Vaticana y se puso a oír confesiones en un confesionario. Los sacerdotes captamos el mensaje. Benedicto XVI se ha referido explícitamente en más de una ocasión a la necesidad de adorar Cristo Eucaristía: en la Misa, en la Comunión y en el culto fuera de la Misa. Tiene usted razón y yo mismo lo he comentado muchas veces en esta columna: faltan estas muestras necesarias y convenientes de adoración. Por doquier se ha suprimido el noble gesto de arrodillarse en el momento de la consagración y que según las normas litúrgicas es preceptivo normalmente y también se ha degradado mucho la forma de comulgar con las manos. A veces, a mis feligreses les recuerdo, aludiendo al gesto que usted comenta de tomar la Sagrada Forma con los dedos en pinza, que nosotros no tenemos la habilidad de los chinos para comer con palillos. Se corre el riesgo de que caiga al suelo el Cuerpo de Cristo y se dificulta mucho la administración de la comunión. ¿Volver a comulgar de rodillas? No creo que el Santo Padre tenga intención de obligarlo pero sí que nos recuerda que es una opción para el fiel que desee hacerlo y que debería facilitarse tal opción. También creo que es una llamada a acercarse a la Comunión con devoción y adoración, y, por supuesto, en el estado de gracia que se requiere. Me permito recordar igualmente que la comunión en pié y en la mano, hecha con la corrección y el espíritu que las mismas normas litúrgicas indican, es totalmente digna y decorosa. Efectivamente hay que orientar a los fieles y corregir con tacto y oportunidad los abusos y recuerdo que en determinadas circunstancias el sacerdote puede omitir la administración de la Sagrada Comunión en la mano. Si el Papa decide introducir modificaciones al respecto a nivel de la Iglesia Universal, evidentemente que éstas han de ser admitidas prontamente por parte de todos.

25.05.09

De rodillas

Presento hoy y recupero de la anterior web una pregunta que me formularon sobre la posición de rodillas en el momento de la Consagración. La persona que me hizo llegar la consulta había regresado de un viaje de EEUU y quedó impresionada al constatar que allí se arrodillaban casi todos los asistentes a la Misa. En nuestro país, la “artrosis espiritual” ha hecho estragos. Arrodillarse ante Jesucristo presente en la Eucaristía no es una cuestión secundaria. Es adoración y profesión de fe. Muy necesario a recuperar. No deja de ser la forma correcta y preceptiva para este momento de la Santa Misa.

Pregunta:

Dr. Mateo, hace poco que he regresado de Estados Unidos donde he estado unos meses por razones de trabajo. Me han sorprendido mucho algunas cosas del catolicismo de allí, particularmente, de las celebraciones de la Misa. Recuerdo en concreto la impresión que me produjo el primer día que asistí a una parroquia ver como en el momento de la consagración todos se arrodillaban, mayores y pequeños, el respeto con que se recibe la sagrada Comunión, la cantidad de fieles, inclusive jóvenes, en los templos… ¡Qué contraste con algunas cosas que se ven por aquí! Ya sé que esto no es propiamente una consulta pero me gustaría que se hiciera eco en su Consultorio que leo asiduamente….

Respuesta:

No me resisto a comentar su impresión, aunque en cierto modo sí que hace usted una consulta. Implícitamente usted está preguntando: ¿por qué allí se arrodillan y aquí no? ¿Por qué allí veo más respeto a la Eucaristía que aquí? ¿Por qué allí hay más vitalidad eclesial? Y también está usted preguntando en algunos asuntos concretos: ¿Quién hace lo correcto? Supuesta la innegable dosis de subjetividad que presenta toda impresión personal, yo coincido con algunas de sus apreciaciones. También le diría que en el catolicismo de EEUU se han dado problemas gravísimos que todos conocemos y que sin duda conducirán a una proceso de purificación y autenticidad por parte de la Iglesia Católica en aquel país. Pero creo que, efectivamente, allí se respiran aires nuevos y saludables que aquí nos convendrían muchísimo. Hace poco tiempo puede ver en la página web de la Conferencia Episcopal Estadounidense un documental de pastoral vocacional que me impresionó vivamente y que he recomendado a muchos jóvenes. Se trata en definitiva de un catolicismo más dinámico, menos acomplejado y problematizante que el nuestro, un catolicismo acostumbrado a convivir con otras muchas opciones religiosas y, por tanto, más fiel a su identidad católica. Yo creo que ellos están de vuelta en muchas cosas y que también todo este clima más sereno y equilibrado llegará a nosotros y a otros países de Europa. Volviendo ahora a sus preguntas más concretas le diría que allí se arrodillan con naturalidad porque a los fieles no se les ha confundido como en otros muchos lugares. Incluso sacando los reclinatorios de los bancos…Yo mismo recuerdo, de pequeño, en mi parroquia, como todos nos arrodillábamos con respeto y reverencia a la hora de la Consagración con toda la naturalidad y sin problematizarnos en lo más mínimo. Vinieron luego embaucadores que decían que arrodillarse era para hacer penitencia, que era un gesto de siervos y otras memeces por el estilo. Yo siempre he creído, con Saint Exupery, que el hombre nunca es tan grande como cuando se arrodilla ante Dios. Tiempo al tiempo, cuando los fieles estén más informados, recuperaremos este hermoso y noble gesto de arrodillarnos y otras sanas costumbres católicas que en otros lugares no se han perdido o ya se han recuperado. Personalmente no dejo de inculcarlo a mis feligreses. Incluso, cuando yo me arrodillo después de consagrar ante el Cuerpo y la Sangre de Cristo, prolongo unos segundos más la genuflexión. Algunos, que se dan cuenta, me preguntan porque tardo tanto en levantarme, tal vez pensando que no me encuentro bien o me cuesta. Yo les digo: Me arrodillo un poco más por los que no lo hacen. Veo que algunos ya lo van entendiendo y se arrodillan. Destrozar buenas costumbres y tradiciones cuesta poco, recomponerlas ya cuesta más…