San John Henry Newman, «Doctor Sapientiae»
San Juan Enrique Newman

San John Henry Newman, «Doctor Sapientiae»

El nuevo santo que pasa a ocupar un puesto en el club exclusivo de los doctores de la Iglesia, san John Henry Newman, es un converso. Esto también lo incluye en un club de ilustres maestros del pensamiento y la palabra: Paul Claudel, Chesterton, André Frossard, Papini, Edith Stein, García Morente y, nada menos que dos gigantes como san Agustín y san Pablo.

La convesión de Newman tiene una carácter especial. No es un fogonazo súbito, como en Claudel, Morente o san Pablo, sino un proceso de largo recorrido y de una evolución paulatina, lenta, progresiva. Cada etapa se apoya en la anterior y poco a poco va llegando al Catolicismo pleno, cosa que ocurre oficialmente el 9 de octubre de 1845 en Littlemore, de la mano del sacerdote italiano Domingo Barberi.

Pero se diría (cosa que puede resultar extraña, pero nada es habitual en el caso de Newman) que estuvo toda la vida preparádose para entrar en la Iglesia verdadera. Es más: sus escritos y su vida dan la sensación de que él siempre se consideró católico, de que era católico «en potencia« y que todo ese gigantesco esfuerzo espiritual e intelectual de su vida no era otra cosa que un proceso para llevar esa «potencia« a «acto«. «Con motivo de mi conversión -escribe en su Apología pro vita sua- no tuve conciencia de cambio alguno de pensamiento o de sentimiento que se operara en mí respecto de materia de doctrina«. Sin embargo, reconoce que experimentó «un gran cambio en mi manera de ver a la Iglesia anglicana«, que, para él, forma parte de la Iglesia católica. «Por primera vez la miraba desde fuera (...) y la veía como una mera institución nacional«.

El proceso arranca de atrás, desde una edad juvenil. El joven Newman está empapado de cultura humanística, pero también de la literatura laica de su época, ha leído a Paine, Hume, Voltaire y pensaba: «¡Qué espantoso, pero que verosímil es eso!« Pero, en 1816, a los 15 años, experimenta lo que él llama su «primera conversión« (Apología). Llega a la convicción de que las creencias no pueden ser opiniones o sentimientos personales, sino «un credo preciso«. Llega a comprender lo que es un dogma y reconoce que «esas ideas nunca se me han borrado ni enturbiado« (Apología). Junto con esas certezas, descubre que es la voluntad de Dios su celibato de por vida.

En ese proceso actúan factores personales, sentimentales, de contexto histórico, pero tiene un componente intelectual que es básico; en esto recuerda a Edith Stein. Toda su vida es un afan por perseguir la verdad. «Mi deseo -escribe- ha sido tener la verdad como mi principal amiga«. Un afán éste, honesto, implacable, sin caer en apriorismos ni prejuicios (ni siquiera religiosos), que tan habituales son en el mundo intelectual.

El mundo anglicano presentaba en su época una diversidad de posturas a veces muy alejadas. Newman se situaba en la llamada High Church, movimiento que hoy llamaríamos más elista, tanto en lo litúrgico como en lo intelectual. Están cercanos al catolicismo, ( aunque rechazan algunos puntos fundamentales, con matices) en muchos aspectos y alejados de un protestantismo evangelista, más popular, más subjetista, menos institucional. De hecho, se consideraban como una «tercera vía« entre el catolicismo papista y el protestantismo evangelista.

Situado en este contexto, va avanzando hacia la verdad de forma implacable, pero dolorosa. Su primera obra (aparte de sus sermones y cartas), Los arrianos del siglo IV, es un estudio de ese momento de gran crisis del Cristianismo, con el Concilio de Nicea y la gigante figura de san Atanasio. Vislumbra Newman que esas doctrinas de la naturaleza de Cristo y la Trinidad formaban parte de la tradición apostólica y habían sido confiadas a la Iglesia. Escribe una frase contundente, que puede ser la refutación del individualismo y el antidogmatismo protestante: «se trataba de hechos, no de opiniones« (Los arrianos). Véase que estamos en 1833, 20 años antes de su conversión.

Esta evolucion espiritual, pero marcadamente intelectual, se lleva a cabo no sin desgarrones personales. La Iglesia anglicana es su mundo, donde están sus amigos y fieles. El ambiente académico y religioso de Oxford es para Newman algo irrenunciable. Él sabe que, en esta iglesia, es una figura prominente, prestigiosa por su saber y por la pureza intachable de su vida, y que su paso a la Iglesia romana va a causar en muchos dolor y desconcierto. Por otro lado, es consciente de las carencias y contradicciones de la Iglesia católica de su tiempo, en la que tiene, después de su conversión. algunos problemas. Pero ninguno de estos obstáculos lo aleja de esa pasión por la verdad.

En este caso, tenemos la suerte de poder seguir esta delicado proceso paso a paso, explicado con minucioso detalle, en la gran masa de sus escritos, sobre todo en su Apología. Sólo en Las confesiones de san Agustín hay un proceso de conversión tan minuciosamente explicado, aunque san Agustín se centra tambien en aspectos biográficos e históricos y la Apología es más una autobiografía espiritual. Estos dos libros, junto con la Vida de santa Teresa, son las tres cumbres de autores que han compartido su profunda experiencia religiosa.

La vocación de saber como un impulso continuo y poderoso es lo que mueve a Newman. Saber no como mero conocimiento útil o como erudición, sino como elemento que da sentido a la vida, como necesidad del espíritu, que tiñe no sólo el conocimiento o la razón, sino todas las potencias del alma. ¿Podríamos hablar aquí de sabiduría como don del Espíritu Santo?

Hay doctores a los que la tradición les ha atribuido algún sobrenombre significativo. Santo Tomás, el Angélico, san Buenaventura, el Seráfico, san Agustín, el doctor de la Gracia. Podría cuadrarle a san Henry Newman el calificativo de Doctor Sapientiae.

 

2 comentarios

Francisco Ortiz Lozano
Muchas gracias, una vez más, a Tomás Salas por su formación, por sus, para mí, acertadísimos escritos y por la buena factura literaria de los mismos.
Gracias también por darme a conocer este tema, que desconocía.
31/08/25 2:55 PM
Tomás Salas
Gracias a mis pacientes lectores.

1/09/25 12:19 AM

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