InfoCatólica / El blog de Monseñor Sebastián / Archivos para: Febrero 2010

25.02.10

Sacerdotes según san Juan y san Pablo, como Jesucristo

El ser sacerdotal de Jesús, según san Juan

Podemos hacer un recorrido por el evangelio de San Juan para ver el fundamento, la originalidad, la unicidad del sacerdocio de Jesús. Dios le ha dado el poder de juzgar, el que crea en lo que él dice no tendrá juicio de condenación, sino que alcanzará la vida eterna, ha pasado de la muerte a la vida; el Padre le ha dado el poder de dar la vida (Jn 5, 22.24.26). Las Escrituras hablan de él, Moisés da testimonio de él, un testimonio que los judíos no aceptan, porque su orgullo les impide entender las Escrituras en su verdadero sentido (Jn 5, 44).

Lo que Dios nos pide es que creamos en el que El ha enviado (Jn 6. 29). El es el pan de Dios que viene del Cielo para dar la vida al mundo. El ha venido al mundo para hacer la voluntad de su Padre y la voluntad del Padre es que no rechace a nadie sino que nos resucite en el último día. El Padre quiere que todos los que vean al Hijo y crean en El tengan vida eterna y El los resucitará en el último día. (Jn 6, 34-40). Sólo El, que viene del Cielo, conoce al Padre. El es el verdadero pan del Cielo, el pan de vida, quien cree en El no morirá (Jn 6, 43-50). Este pan de vida es su propia carne entregada en sacrificio por nosotros.

Desde el principio, en la conciencia de Jesús está presente la previsión de la cruz, por eso su presentación como pan del cielo pasa a ser invitación a comer su carne y beber su sangre, en una evidente alusión a su muerte. Su carne es verdadera comida y su sangre verdadera bebida. Jesús es consciente de que llega a ser pan de vida para toda la humanidad mediante su muerte en la cruz. (Jn 6, 53-59). Este “comer su carne” es sinónimo de “vivir por El”. Como El vive con y por el Padre, así tenemos que unirnos a El (por la fe) para poder vivir con El y por El (vv. 57 y 58). “Nosotros creemos y sabemos que Tu eres el Santo de Dios” (v.69). Sabe que uno de los suyos le va a entregar. “Uno de vosotros es un diablo”.

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11.02.10

Sacerdote nuevo, sacerdote eterno

Jesucristo, el único Sacerdote del Nuevo Testamento

Para valorar nuestro sacerdocio tendríamos que comenzar negándolo. Esto puede sonar mal, quizás no es del todo verdadero, pero no está mal decirlo para darnos cuenta de que en nuestro mundo el único verdadero sacerdote es Jesucristo. N. S. Es curioso que ahora nos quieran decir que Jesucristo es un laico. Y de ahí sacan consecuencias peregrinas de eclesiología y de espiritualidad cristiana. Esta misma semana leía en una Revista de Teología, Que Jesús nos es clérigo sino laico. No pertenece a la casta de los levitas sino de los laicos. Somos discípulos de un profeta laico. Por eso la Iglesia no tiene que ser clerical, sino laica, Iglesia de hermanos, sin jerarquía ni poderes de ninguna clase. Confusión, sofismas, saltos en el vacío.

Sacerdote significa ser mediador entre Dios y los hombres, poder hablar a los hombres en nombre de Dios y sobre todo poder presentarse ante Dios en nombre de la humanidad. Ser sacerdote es traspasar el muro impenetrable que separa de Dios el mundo de los hombres. El sacerdocio de la antigua alianza no cumplió la obra de Dios, es Jesús quien la ha llevado a su perfección (Hb 7, 19). La carta a los Hebreos nos dice que los sacerdotes de la Antigua Alianza tenían que repetir sus sacrificios una y otra vez porque no eran eficaces, no lograban comunicarse realmente con Dios ni abrir los caminos de la humanidad hasta la verdad de Dios.

En cambio, la hora de Jesús es la hora definitiva, la hora de las cosas verdaderas y definitivas. Viene hasta nosotros el Reino de Dios y es el tiempo de establecer relaciones verdaderas y efectivas con Dios. Nadie es capaz de hacer presente a Dios en el mundo sino su Hijo Jesucristo. Solo Jesucristo viene de Dios y puede hablarnos de Dios; solo El puede conducirnos hasta Dios y representarnos delante de El. En el Nuevo Testamento no hay más sacerdocio que el de Cristo, ni hay otro sacerdote que Jesucristo. Por eso, después de Cristo, no hay una familia ni una casta sacerdotal. Nadie es sacerdote por sí mismo, el sacerdocio verdadero, eficaz, definitivo es sólo el de Cristo, y los demás somos vicarios suyos, representantes, enviados del sacerdote único, universal e irrepetible. Su sacerdocio es inmenso, lo envuelve todo y lo abarca todo. Siempre vivo, eternamente junto a Dios, para interceder por nosotros.>”.

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