Un saludo
“Decíamos ayer". La famosa expresión de fray Luis de Léon puede servir de marco para saludar a los lectores - antiguos lectores y nuevos lectores - que, desde hoy, pueden seguir estos posts en esta nueva página que nace cargada de ilusiones.
Comunicar el Evangelio es una tarea que ha de ser capaz de movilizar lo mejor de nosotros mismos. Y un medio, y no secundario, para llevarla a cabo es el recurso a Internet.
Cuantas más páginas de información y de opinión religiosa existan, mejor. Y si estas páginas son constructivas y no destructivas, mejor que mejor. En una ya larga trayectoria hemos pasado por diversas posadas y hemos conocido a diversos compañeros de camino. A todos ellos, a los de hoy y a los de ayer, el agradecimiento sincero.
Escribir en un blog supone sacrificio; pero un sacrificio recompensado no sólo por hacer lo que uno cree que debe hacer, sino también por el intercambio de ideas con los lectores. De ellos, de los lectores, depende en gran medida el éxito de una página.
La fe inquebrantable en la Iglesia, la independencia en todo lo opinable, la apertura a lo que de noble y de justo hay en el mundo son ejes que pueden servir de orientación a un proyecto comunicativo e interactivo.
Que todo sea para bien. Saludos,
Guillermo Juan Morado.

Llega la Cuaresma, un tiempo de penitencia que nos ayuda a prepararnos para la Pascua de Resurrección. La obligación de hacer penitencia proviene de un mandato del Señor, que pide no sólo obras exteriores, sino la conversión del corazón: “Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” (Mt 6, 17-18).
Lo ha solicitado él: “Os pido que recéis por mí, para que pueda cumplir fielmente el alto cometido que la Providencia divina me ha encomendado como sucesor del Apóstol Pedro”. Pero, aunque no lo hubiese pedido expresamente, seguiría siendo una obligación nuestra. Hay que rezar por el Papa, siempre, y más que nunca en un momento en que su autoridad – autoridad recibida de Cristo- está siendo contestada; no sólo por los que formalmente están fuera de la Iglesia, sino incluso por los que, aparentemente, están dentro.
Religión en Libertad es un espacio habitable. Y encontrar un espacio habitable, en medio de tantos páramos y de tantas junglas, constituye ya de por sí un privilegio. Para un sacerdote, el ofrecimiento de escribir en un portal de notable difusión es una invitación que no puede ser desatendida. Claro que no basta con una invitación, ni con escribir por escribir, ya que se requiere, pienso yo, que haya una cierta coherencia entre aquello que se escribe y el medio en el que se difunde lo escrito. Y también, si la vocación de escritura ha de tener cierta continuidad en el tiempo, se agradece un mínimo de confortabilidad. Podemos pasar una noche a la intemperie, pero resulta mucho más crudo pasar un invierno entero.
San Pablo, en la Segunda Carta a los Corintios, escrita en el otoño del año 57, se presenta como un hombre veraz y sincero, libre de fingimiento: “La palabra que os dirigimos no fue primero ‘sí’ y luego ‘no’”. En esta falta de doblez el Apóstol sigue el ejemplo de Jesucristo, que “no fue primero ‘sí’ y luego ‘no’”, ya que “en Él todo se ha convertido en un ‘sí’; en Él todas las promesas han recibido un ‘sí’”. En definitiva, la sinceridad de San Pablo se fundamenta en la sinceridad de Dios mismo, en la fiabilidad de su Palabra, en la lealtad con la que, enviando a Jesucristo, ha cumplido todas sus promesas.






