Marcionitas
Un conocido escritor y académico comentaba recientemente: “A mi hija, que no es creyente, le hice estudiar religión, porque, si no, no puede entender el mundo en el que vive". Me parece una declaración interesante. El estudio de la religión cristiana, y en concreto del catolicismo, resulta esencial para comprender la historia y la cultura en la que estamos inmersos.
No se puede, por ejemplo, visitar de modo consciente el Museo del Prado si se desconocen los principales pasajes de la Biblia, la vida de los santos más destacados o las celebraciones que jalonan el calendario litúrgico. En esa pinacoteca uno se topará, entre otras maravillas, con La Anunciación de fra Angelico, con el Descendimiento de Rogier van der Weyden, con la Adoración de los Magos de Hieronymus Bosch, con La Última Cena de Leonardo da Vinci, con la Crucifixión de Diego de Velázquez o con la Asunción de la Virgen de Bartolomé Esteban Murillo. Es un hecho incontestable que la mayor parte de nuestro patrimonio histórico-artístico está inspirado por la fe. Desconocer la cosmovisión cristiana equivale a vivir en una ceguera que impediría descifrar el significado de tanta riqueza.

Desde el 27 de noviembre al 2 de diciembre de 2025, el papa León estará visitando Turquía y el Líbano. Las dos razones principales que subyacen a este viaje apostólico son el deseo de avanzar en el compromiso ecuménico, que tiene como meta la unidad de todos los cristianos, y en el camino de la paz, tan amenazada en el tensionado Oriente Medio.






