Fondo y forma
Los humanos tendemos, a veces, a la dicotomía, a la división bipartita, quizá por un deseo de simplicidad: lo bueno y lo malo, lo caliente y lo frío, lo bello y lo feo.
Pero, frente a esa búsqueda de brevedad y sencillez, se alza lo real. Y lo real, al menos la realidad terrena y mundana, no suele ser tan simple. Más bien se presta a matices, a eso que los italianos, con una palabra genial, llaman “sfumature”. Un mundo sin grados, sin tonos, sin variedades, sería o excesivamente grande para ser un mundo, o bien excesivamente uniforme.
Salvo Dios, que en su grandeza excede la complejidad de lo no divino, las demás realidades resultan complicadas, incluso enmarañadas y difíciles. ¿Quién es, en el día a día de nuestras vidas, completamente bueno? ¿Quién completamente feo? ¿Quién completamente falso?

Domingo III de Cuaresma (Ciclo C)
Si cabe el “sub specie hilaritatis” puede caber, sin que la excepción aspire a ser norma, el “sub specie frivolitatis”, o como se diga. Lo frívolo, lo ligero, lo insustancial, ha de tener también su espacio. El suyo. Ni más ni menos.
Homilía para el Domingo II de Cuaresma (Ciclo C)












