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28.09.08

Homilía de Mns. Juan del Río en su toma de posesión como arzobispo castrense

Catedral de las Fuerzas Armadas (Madrid) 27 de septiembre de 2008

“Verdaderamente Éste era el Hijo de Dios” (Mt 27,54).

1. Todo comenzó en el drama del Calvario: Allí un hombre de las milicias romanas y sus acompañantes confiesan la auténtica identidad de Jesús, puesta en duda por los jefes del pueblo elegido. Al comenzar este nuevo ministerio episcopal confieso mi fe en Cristo Jesús como lo hizo aquel soldado al pie de la cruz.
Estoy convencido de que la fuerza de la Iglesia viene de la celebración de los sagrados misterios del Señor Muerto y Resucitado y de la Buena Noticia que debemos anunciar. Este tesoro, que “llevamos en vasija de barro” (2 Cor 4,7), me llegó gracias a la vida ejemplar de mis mayores. Por eso, hoy los recuerdo y doy gracias al Señor por el don maravilloso de la vida y de mi familia, por ser cristiano e hijo de la Santa Madre Iglesia, por haber sido llamado a entregar mi vida como sacerdote. Agradezco el testimonio de tantas gentes buenas y santas que me han ayudado y estimulado en mi seguimiento a Jesucristo. También, de aquellas otras personas que me han enseñado, con palabras y obras, que el verdadero amor a Dios reclama el estar atentos a las necesidades del prójimo como lo hizo este otro centurión de la historia evangélica que se acaba de proclamar (cf. Lc 7,1-10).

2. Hace ocho años, por estas mismas fechas, recibí la ordenación episcopal de manos del Sr. Nuncio en España, Mons. Dº. Manuel Monteiro de Castro, en la Catedral de San Salvador de la entrañable ciudad de Jerez de la Frontera. Durante este tiempo he tratado de ser un “hermano en la fe y un servidor bueno y solícito", como dije aquel día. Hoy puedo deciros que he recibido de todos mis diocesanos más de lo que yo haya podido dar y hacer. ¡Gracias Jerez! Ahora, cuando la divina providencia ha querido ponerme al frente de este Arzobispado Castrense de España, renuevo el deseo de ser “un obispo de todos y para todos, un hermano entre los hermanos", que con cercanía y humildad parta el pan de la Palabra y de la Eucaristía, que se “gaste y desgaste” en llevar a la grey por los senderos de la santidad, y en ser siempre alegre heraldo del Evangelio de Jesucristo, que sacia el ansia de felicidad y eternidad que hay en el corazón humano.

“El fruto de la justicia será la paz” (Is 32,17).

3. La religión es un elemento integrante de la conciencia del hombre, una categoría universal indispensable, ya que se presenta como un fenómeno característico de todas las sociedades y culturas. La existencia humana no se halla arrojada entre las cosas, sino religada por su raíz a lo que constituye su fundamento esencial: Dios. La dimensión religiosa de la persona no debe ser infravalorada, ni silenciada en la esfera pública; la historia demuestra que cuando esto sucede se termina arruinando la vida de los hombres y de las naciones. Por el contrario, el “genuino sentimiento religioso” es fuente inagotable de respeto mutuo y de armonía entre los pueblos; más aún, en él se encuentra el principal antídoto frente a la violencia y los conflictos (cf. Juan Pablo II, Mensaje Jornada Mundial de la Paz, 2002).

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10.09.08

Tristeza ante un proyecto de ley

Aquellos mismos días en que el Gobierno central del Estado anunció la creación de una subcomisión parlamentaria para estudiar la reforma de la Ley del Aborto, o –como ya se precisó entonces- para hacer una nueva Ley de plazos sobre esta delicada materia, visitaba nuestro país el cardenal Joseph Levada, prefecto de la Congregación romana para la doctrina de la fe. Interrogado por los informadores sobre qué impresión le producía tal noticia, el cardenal contestó que sentía tristeza.

Realmente, éste es también el sentimiento con el que escribo estas líneas: un sentimiento de mucha tristeza. Y la razón es que –como también afirmó el cardenal Levada- en este caso se toca el derecho a la vida y este derecho no es un tema meramente político, sino que alcanza las mismas raíces del género humano. Al afirmar que no es un tema meramente político, también debiéramos añadir que no es un tema meramente confesional. De todos es conocida la doctrina católica sobre el aborto. Se trata también de un tema de civilización, de ética social.

Sólo Dios es amo de la vida. La vida humana tiene un carácter sagrado e inviolable, en la que se refleja la inviolabilidad del mismo Creador. Precisamente por eso, Dios es juez severo de toda violación del mandamiento “No matarás”, que está en la base de la convivencia social. Dios es el defensor del inocente.

Se habla en España de una cifra que se sitúa en torno a los cien mil abortos al año. Y los observadores consideran que con la nueva ley –según las informaciones de que disponemos en este momento- esta cifra podría aumentar e incluso llegar a duplicarse. Ante tal consideración, hemos de recordar que el grado de humanización de una sociedad puede medirse sobretodo por el respeto que manifiesta en sus leyes a la vida humana y por la manera que tiene de acogerla.

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7.09.08

Más aborto y aquí no pasa nada

Como que hemos perdido la capacidad de sorpresa. Aquí no pasa nada. Acaba de anunciarse una nueva ley del aborto, y la vida sigue igual. Vivimos una profunda crisis económica, y aquí no pasa nada. Como que hemos perdido la capacidad de reacción.

España envejece. No hay reemplazo generacional. La pirámide de edad está invertida, es decir, son muchos más los ancianos que los niños y jóvenes. Las autoridades no apoyan ni una sola iniciativa social que quiera ayudar a las mujeres que quieren ser madres. Todas las facilidades para las que quieran abortar y matar a sus hijos en el seno materno. No hay igualdad de oportunidades. Los que matan tienen mejor cobertura que los que producen vida.

Se apela a la libertad de la mujer, a la separación de la sexualidad y la reproducción. Uno puede disfrutar de su sexualidad sin freno, y eso está protegido, despenalizado, propagado. Y al mismo tiempo, taponar las fuentes de la vida o manipularlas a su antojo, fecundar nuevos embriones in vitro sin conocer ni quién es el padre, y a veces ni siquiera quién es la madre. Estamos ante un claro síntoma de estrepitosa decadencia cultural. Esto no es un avance, esto es un retroceso, porque no se busca el bien del hombre, sino el interés egoísta de cada uno. Por este camino –miremos la historia de la humanidad- han caído los más grandes imperios de la humanidad. Por mucho bienestar que se nos predique, vamos aceleradamente hacia el desmoronamiento de esta sociedad. Lo que no produce vida, sino que produce muerte, contribuye a esa destrucción.

A pesar de todo, “la Iglesia está viva, la Iglesia es joven, la Iglesia lleva en su seno el futuro del mundo”, con palabras del papa Benedicto XVI. En una situación suicida y catastrófica, tenemos puesta nuestra esperanza en el Señor, que no defrauda a los que esperan en él. “Levanto mis ojos a los montes, ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra” (Salmo 121).

El futuro de una sociedad está en manos de las minorías creativas. Nadie puede hoy infundir más esperanza en nuestra sociedad que aquellas familias que se abren a la vida y forman una familia numerosa. De ellos es el futuro. ¿Y quiénes son capaces hoy de realizar esta proeza? Solamente aquellos que creen firmemente en Dios y en la vida eterna. Para uno que cree en la vida eterna, un hijo es copartícipe de esa vida que no termina, y, por eso, se ensancha la mesa para que vengan más hijos a sumarse a esa felicidad en la que cree. Para uno que no cree en Dios ni en la vida eterna, un hijo más es un estorbo para la propia felicidad, es alguien que viene a restar bienestar. A lo sumo se “fabrica” de diseño un hijo o dos para rellenar algunas tendencias insatisfechas. En el primer caso, el hijo es un don que desborda la capacidad de admiración humana, y trae la felicidad consigo. En este último caso, el hijo es un producto humano, se convierte en un objeto peligroso, que hay que evitar a toda costa.

La clave de todo está por tanto en el acercamiento o el alejamiento de Dios. Una sociedad que se aleja de Dios, se vuelve contra el hombre se autoaniquila. Una sociedad con Dios, entiende y valora al hombre no como una amenaza, sino como a un hermano. Por toda Europa están brotando ya pequeñas luces que iluminan esta noche terrible. Parroquias, grupos, movimientos, comunidades, que viviendo al estilo evangélico producen vida abundante. Cuando todas esas luces se juntan, constituyen como un potente foco que nos hace entender todo de otra manera, como Dios lo ha hecho. Es precioso. Millones de jóvenes han descubierto ya esa luz. He ahí nuestra esperanza. Ellos cambiarán esta situación decrépita en una nueva primavera. Demos gracias a Dios.

Con mi afecto y bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Tarazona

31.08.08

El sustento de la fe, por monseñor Pérez González

Creo que los cristianos tenemos una gran responsabilidad y es la de hablar sencillamente del marco de nuestra fe que es el Credo. Hay quien piensa que la fe ha cambiado como los tiempos y las circunstancia. La esencia de la fe es la misma siempre porque no parte de una ideología sino de una vida que viene salvada y garantizada por Jesucristo, el Hijo de Dios. La fe goza con la presencia de Cristo que ha prometido vivir en medio de nosotros y siempre. Vana sería nuestra fe si no creyéramos que Cristo ha padecido, ha muerto y ha resucitado. La garantía de la fe es la Resurrección de Cristo. La mayor gloria que se siente en los santos es su convicción tan profunda en esta Verdad y tanto es así que muchos han entregado la vida antes que desertar o apostatar de las enseñanzas de Cristo custodiadas y garantizadas por su Iglesia.

La fe es patrimonio de la Iglesia puesto que Jesucristo le encomienda su custodia. Y el Credo que recitamos de modo especial los domingos, como signo de la adhesión filial y fiel a las enseñanzas que hemos recibido, hace posible que vivamos unidos en la misma fe. No es una propiedad personal en la que cada uno se sustenta de su propio sentimiento o de su propio raciocinio. Creer es afirmar generosamente la fe de la Iglesia. Quien se salga de esta dinámica se pone al margen del Credo y está fuera de la comunión con la Iglesia. Es mejor el menos perfecto en comunión que el más perfecto fuera de ella. Ciertamente que muchos no hubieran firmado su acto de repudio a la Iglesia si hubieran dado estos pasos de humilde adhesión al Credo que ilumina el caminar de la fe de la Iglesia.

La fe se sustenta en la Palabra de Dios. Es una comunidad que custodia una Palabra que ha escuchado. No la ha imaginado, ni es producto de una genial creatividad colectiva. Un Palabra que sobrepasa las capacidades humanas de conocimiento, pero que no se opone a la razón humana sino que es conforme a ella. Simplemente es más grande. Ha recibido una Palabra que contiene la respuesta adecuada a las más hondas aspiraciones de cada persona, de cada pueblo, de cada sociedad, y de la humanidad en su conjunto.

La Iglesia vive de una Palabra, el Verbo eterno de Dios, por el que todo ha sido hecho. Una Palabra creadora, que nos precede y nos sostiene, y por eso puede ser el fundamento de nuestra vida. Nosotros sabemos y tenemos experiencia de que contando solamente con nuestras fuerzas no nos podemos mantener por siempre, ni tampoco dar una respuesta convincente a las grandes aspiraciones de la inteligencia y el corazón. Sólo en ese Verbo por el que hemos sido hechos, en esa Palabra que es un presupuesto que nos viene dado, es posible encontrar el apoyo que nos permite alzarnos sobre los límites de nuestro ser.


+ Francisco Pérez González, arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

25.08.08

Nuevo rector del Seminario de Tarazona

Queridos sacerdotes:

Con estas letras quiero comunicaros a todos el nombramiento del nuevo Rector de nuestro Seminario Diocesano en la persona del Rvdo. D. Esteban-Manuel Aranaz Aranda, sacerdote diocesano de Tarazona, en la actualidad párroco de la Parroquia de la Medalla Milagrosa en Taipei-Taiwan.

Don Esteban nació en Calatayud el 16 de noviembre de 1968 y está a punto de cumplir 40 años. Su familia está radicada en Cervera de la Cañada. Fue ordenado presbítero el 12 de junio de 1994, y ha ejercido su ministerio en nuestra diócesis, primero en las Parroquias de Mesones de Isuela y anejos y después en las Parroquias de Alhama de Aragón y anejos, hasta su envío como misionero diocesano fidei donum a Taipei-Taiwan, donde lleva casi 6 años.

Su deseo es el de entregar su vida entera a la evangelización de China, para lo cual se ha preparado estudiando la difícil lengua de los mandarines. Pero, ante mi petición de que asuma en este momento la dirección de nuestro Seminario Diocesano, cumplido el contrato por seis años firmado entre el obispo de Tarazona y al arzobispo de Taipei en noviembre de 2002, él ha aceptado en actitud de obediencia este nuevo ministerio que se le confía al servicio de nuestra diócesis. Demos gracias a Dios. Le conozco personalmente, muchos de vosotros le conocéis mejor que yo, y todos me habéis y me han hablado siempre muy bien de él. Espero de su ministerio un nuevo impulso para nuestro Seminario Diocesano y para la pastoral vocacional de nuestra diócesis. Y os pido que apoyéis con entusiasmo al nuevo Rector en esta preciosa tarea, en la que nos va el futuro de nuestra diócesis.

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