Santa Benedicta de Cádiz, libre para Dios
Hacia el año 645, san Fructuoso recorría por la Bética el valle del Guadalquivir fundando monasterios y suscitando vocaciones. Atraídos por su fama de santidad, muchos acudían a escuchar la predicación de la Palabra de Dios. Así no solo se acrecentaba la formación cristiana del pueblo, sino que también ardían sus corazones en el deseo de seguir a Cristo, tanto en la vida ordinaria como en la consagración a Dios.
Una de aquellas almas jóvenes que quedó profundamente conmovida al escuchar al santo abad fue Benedicta, la hija de unos nobles hispano-romanos de Cádiz. Sus padres la habían prometido con un “gardingo”, noble joven de familia visigoda educado en el Palacio Real de Toledo y destinado al servicio de la Corona.





