13.10.11

Joven Stepinac. Cartas a la novia (y VII). Decisiones

Pasan las semanas, Alojzije todavía no le hace la visita. Sigue con sus altos ideales en las cartas, pero Marija quiere una muestra de cercanía, de ternura, un detalle. Él parece que habla de los ángeles y ella quiere simplemente ser una mujer y madre. Pero aún así, ella sigue esperando. Conoce la nobleza de Alojzije, le aprecia, pero quiere verlo en su vida, como su marido, para ella. Es normal, es ella la que quiere de lo que va el asunto. Alojzije es tan inabarcable, que ella sencillamente no sabe cómo situarse. Por fin la visita. Marija lo ve como hielo, no recibe ni un beso (en la cara, naturalmente). Mecánicamente se pone el anillo, su grillete dorado. Ese anillo no le va, empieza pesar toneladas. Rebobina en su mente todo lo que ocurrió, reflexiona sobre las cartas, sus pensamientos, su forma de ver la vida, cómo es él, cómo es ella, lo que ella espera y a lo que él aspira… ¿Se puede decir que lo ama? Sí, tanto que renuncia a él, porque él debe ir por otro camino. Concentra sus razones en la última carta que le escribe:

“No encuentro la paz y tengo que finalmente expresar con claridad mis pensamientos. Así no podemos seguir. En mi alma existe una extraña intranquilidad y un cambio que no puedo superar. Por mi cabeza pasan pensamientos y miedos varios. Lucho para ver las cosas con claridad.
Siento el miedo de no poder responder ante los deberes que se asoman de cara a mi nueva vida. No es eso la nostalgia de la ciudad – más me gusta el campo que la ciudad – por no hablar de un apacible rinconcito que podría considerar propio. Pero, examinándome, y conociendo mi carácter, sé que es mejor que renuncie si ya ahora estoy dudando. Es verdad, yo he aceptado - ¡libremente! - Tu valiosa oferta. La he aceptado por varias razones, pero renuncio por uno solo. Pero en esa, se encuentran todas las demás. He comprendido que no somos uno para el otro. Conocí de Ti tantas cosas – pienso en Tus virtudes – pero allí, en el punto decisivo, no, no Te he conocido. Precisamente porque Te considero demasiado honesto y noble, no puedo y no debo engañarte. Tengo que, pues, decir para el bien de los dos: ¡Vayamos cada uno por su camino! Piensa que si justo después de la boda conociéramos esa verdad, ¿qué vida sería esa?
La poesía “Anillo” [de un poeta esloveno] ha contribuido mucho. Leyéndola varias veces, vi a sí misma en el futuro. Lojzek, ¡no me entiendas mal! Te será difícil, pero a mí siempre más, porque soy yo la que aflige el dolor. Pero no tengo la culpa. Soy sincera, es mejor que yo misma diga lo que está ocurriendo que hacer que Tú llegues un día a ese horrible conocimiento.
Tú mismo has tenido la intuición cuando dijiste que huiré de Ti en el altar.
Tengo que pues, devolverte el grillete dorado. Créeme, con un corazón roto y con las lágrimas en los ojos me despido de él. No me juzgues, mi dolor no es pequeño, pero veo que tengo que pronunciar aquellas palabras del poeta: ‘Conmigo no se va hacia la felicidad’.
Tú eres un hombre tan bueno, un partido tan brillante y atrayente que soy conciente que otro mejor ni puedo, ni lo voy a tener. Todo eso lo sé yo y lo entiendo, pero también me conozco a mí. No podría actuar así como quisiera y como tendría que hacer [en el caso de casarse]. Prefiero no hacer nunca algo en lo que no creo, ¡que hacerlo a medias! No me juzgues ni maldigas; el juicio de los demás no me importa. Mi conciencia es mi mejor juez. Mejor, entonces, es hacerte un daño pequeño para impedir un gran mal posterior.
Si es posible, Te ruego, mantenme en el recuerdo como a Tu amiga, como yo a Ti. He rezado, he rezado mucho al Altísimo antes de este acto. Eso también lo deposito en Tu corazón, Te pido que hagas lo mismo. Perdóname todo y acéptalo. Yo continuaré rezando por Ti, por Tu felicidad y para una compañera mejor de la que sería yo. Te saluda sinceramente – Marija.”

Antes de decir nada, dejaremos a Alojzije escribir su última carta. No era nada fácil para él tampoco, sinceramente quiso casarse con Marija. No escondía ni sus ideales, ni su forma de pensar. Las dos últimas cartas de los ya ex novios muestran una vez más la grandeza de sus espíritus. Dos estrellas que se alejan una de otra y saben respetar el curso de cada una. Penetrando en las cartas de los dos, uno se hace más noble, aprende.
Su última carta Alojzije la titula: “¡En la despedida!”:

“Siento de todo corazón el haberte arrancado de Tu vida tranquila y que Te haya infligido tantos padecimientos en el alma. Siento sobremanera por tus padres a los que cargué una preocupación innecesaria respecto a Tu dote. Tú sabes que yo no he pedido nada, pero ellos no dejarían irte con las manos vacías. Y entiendo qué esfuerzo les suponía todo eso en estos tiempos tan penosos. No sé si alguna vez más nos encontraremos en la vida, como no sé a qué tiempos nos encaminamos. Si alguna vez me entere que tienes dificultades, de todo corazón Te ofrecería la mano solícita de hermano.
¡Unas palabras más! Una gran parte de la juventud croata puede decir con el poeta Kranjcevic:
‘Cansado de la carga de la vida, estoy dudando.
He caído al lado de los ideales muertos.’
Te pido, para Tu bien, no dejes la puerta abierta de Tu corazón al pesimismo que a veces intuía en tus cartas. Ten fe en una vida mejor y continúa siendo alegre, porque la tristeza trae la muerte.
Al recibir Tu carta, en un momento se derrumbaron mis aspiraciones más nobles. Durante toda la noche me ha fallado el sueño, cosa rara en mí. Una gran tempestad sacudía mi corazón, pero ya por la mañana venció la voluntad. Mi vida continuará su curso, alegre y apaciblemente. Entiendo que una mujer difícilmente vence su corazón, pero si no lo vences, tal vez te castigará con la tristeza durante toda la vida. Siento el deber decirte una cosa más. Intuyo de una carta Tuya que Te había ofendido. Créeme, ni se me pasó por la cabeza aplicar eso a Ti. Se trata de la caballerosidad. Por eso algo me obliga a aclararte el asunto con un par de ejemplos, para decirte como tantos entienden la caballerosidad y por otro lado, cómo pienso yo al respecto.
Ocurrió durante la guerra. En una parada bajó del tren una dama elegantemente vestida. Su profesión era tal que no encuentro expresión para señalarla. Bajaron unos señoritos y también el doctor N. N. y una mujer de Istria con un pequeñazo en los brazos, medio muerto de hambre. El mencionado Dr. N. N. ocuparía, según su honradez y profesionalidad, el primer cargo en el país si en el mismo hubiera existido un mínimo de justicia. Lo conocía muy bien y le debo muchos favores, pero lamentablemente ya lo cubre la tierra. Viendo pues la mencionada dama como los señoritos daban saltos a su alrededor, dejó caer adrede su bolso de mano al suelo. Cada uno de ellos quiso ser el primero en recogerlo entregarlo acompañando ese acto con las palabras más refinadas. Pero yo sabía qué persona se escondía bajo aquel vestido. La pobre istriana, vestida de harapos, no sabía hacia dónde dirigirse con al criatura aunque se le comunicó que la traiga a ese lugar para recibir el alimento. A su pregunta los señoritos ni la miraban. Dr. N. N. oyó de lo que se trata. Cogió la pobre criatura en sus brazos y con una breve invitación: ‘Madre, venga usted conmigo’, se lo llevó al lugar correspondiente. Ahora entiendes lo que quise decir con aquellas palabras y si te he ofendido, ¡perdóname! Termino. Se me ocurren los versos de Saric, de su Poesía al Águila:

Me gusta tanto verte, mi águila,
¡cuando extiendes tus alas y subes
hacia los altos Cielos de Dios!

Te repulsa vigilar la montaña,
Mirar el correr salvaje de las bestias.
Desde el alba hasta el oscurecer mirar los gusanos,
Lodos tenebrosos y rudos guerreros,
Sendas desparramadas, fangosas.

Tu alma se sumerge en las nubes,
En las nubes inaccesibles.
Vuelas derecha a su cumbre
Para alcanzar el fulgor del sol.

No te asusta el rayo,
No tienes miedo del calor del sol,
Los truenos no te inquietan.

Águila, eres el rey de las aves celestes.
Las altitudes, el espacio azul,
Es lo que te pertenece.

Mi corazón anhela más todavía:
Para lanzarme a los cielos santos,
Que se borre el polvo de mi alma…
Y me gusta mirar los cielos…

Esta poesía marca la dirección de mi vida futura. Hasta la última gota de mi sangre, si es necesario, sacrificar por la victoria del pensamiento cristiano en el pueblo croata que ya ha empezado expirar bajo la influencia del materialismo.
Te devuelvo Tus cartas; ¡destruye las mías! ¡Marija! Me gustaría tanto que continúes siendo alegre en Tu lucha vital.
Te desea mucha suerte, especialmente la paz y la bendición de Dios. Vjekoslav [su otro nombre] Stepinac.

Bien, la historia ha terminado. Bueno, todavía no. Alojzije todavía buscaba la luz para su senda, para ver con claridad a lo que lanzarse. Pero poco tiempo después de romper el noviazgo, tomó la decisión de ser sacerdote. Al cabo de seis meses a partir de este momento, en el almuerzo de despedida antes de emprender el viaje a Roma donde estudiaría Teología, su padre le dice a su madre: “Vieja, tú seguramente verás cosas grandes de nuestro Lojzek, ¡pero yo ya no!” Así fue. Su padre murió dentro de pocos años y en cuanto a Alojzije, en Roma se percataron muy pronto de la madera de la que estaba hecho. A los tres años de terminar la teología, fue nombrado el obispo auxiliar de Zagreb (a los 36 años de edad, entonces fue el obispo más joven del mundo), luego el arzobispo, cardenal. Cuando le felicitaban, decía que no sabía por qué, ya que veía solamente cruces esperándolo. Esa alma pura veía claramente la locura que se avecinaba sobre toda Europa. No pasaba el día sin hacer el exorcismo contra las fuerzas del mal que atacaban su rebaño por todos lados. Lo matarán, lo calumniarán, lo intentarán engañar, pero no se movió ni un milímetro de la senda de su Redentor que le mostró el camino a seguir.
Pero, ¿y Marija? ¿Qué pasó con ella? Quedó soltera. Alojzije no era para ella, pero seguramente su idealismo dejó huella en ella. Me imagino que los demás hombres le habrán parecido poca cosa. Podía haberse casado con Alojzije y aguantarse si es que no se cumplen todas sus aspiraciones. ¡Cuántas lo harían! Pero ella no. De alguna manera, se sacrificó para que el Cielo tenga una nueva estrella. Fue el instrumento de Dios para tal fin. Gracias a su nobleza y valía. Dios siempre busca medios adecuados para lo que se propone.
No sabemos si Marija vino a felicitarle a Alojzije por sus nombramientos. A muchos le sorprenderían, pero a ella no.
Dos años después de ser nombrado el arzobispo de Zagreb, Marija falleció en un accidente de tráfico. Volcó el autobús en el que viajaba, hubo varios heridos, solamente ella murió. Al recibir la noticia de su muerte, el Arzobispo cayó de rodillas al suelo, rezando por su alma. Al sacrificio de Marija, debe lo que es.
El sacrificio de la mujer engendra a los gigantes. Marija, ¡gracias! Espero que el anhelo de amor del que rebosabas esté satisfecho, sin límites, en la eternidad.
FIN DE LA SERIE

8.10.11

Joven Stepinac. Cartas a la novia (VI). Interrogantes

Ya en la siguiente carta, la que no tenemos, Alojzije empieza a ser algo aburrido. Desde luego, para Marija sí. Ella esperaba el despegue, y él ni venir siquiera. ¿Es tan importante ese trabajo? ¿Es que no tiene tiempo para mí? ¿Será porque se lo está replanteando? Todas las preguntas son legítimas, y Marija está confundida debido a que Alojzije por un lado es tan serio, tan formal, se le ve buena persona, capaz de altos vuelos, capaz de comprometerse con lo que promete, y por otra parte toda esta sequedad… Aparece la eterna sospecha de la mujer, ¿será que no me quiere? Y, ¿pero por qué es así? ¿Qué le pasa a este hombre? Quiere saberlo y como no lo consigue, está en ascuas. Invertirá sus energías en obtener la certeza en las siguientes cartas.

Es final de enero ya y Lojzek todavía no la ha visitado. A Marija le tienta el sentimiento de humillación, del que brota el enfado que no consigue evitar. Le escribe, comentando su penúltima carta:

“… En esa carta estabas como un “cementerio turco” – serio, pero es posible que a eso haya contribuido aquel tiempo gris. Eso también influye en el hombre. Te justificaba diciendo que escribías teniendo prisa, antes del entierro, pero no conseguí librarme de esa carga. Pero ahora has recuperado con esta última carta con la que estoy contenta.
Pero, sabes, Lojzek, que tenga que cantar incluso cuando estoy enfadada, como dices, de eso sin embargo tengo que reírme. Está bien – Tú cantarás a guardaré silencio, como se suele hacer en esas ocasiones. ¡Va a ser maravilloso! Cierto, sé a veces adelantarme a la tristeza con una canción, pero el enfado todavía no. Eso va en contra de mi carácter. ¿Quién podía intuir siquiera en Ti a un idealista así? ¡Cómo te pierdes con el solo pensamiento en la naturaleza! Y te acuerdas cuando en una ocasión Krista estuvo en nuestra casa en Krasic, Tú igual, mirábamos unas postales y papá se reía de nosotros: ¿pero qué belleza hay en esos ‘arbustos’? También te preguntó a ti lo que piensas, y Tú te reías y le dabas razón. Nosotras no sabíamos en qué hemos quedado nosotras debido a Tu afirmación y solamente intercambiamos una mirada. Krista mencionaba durante mucho tiempo después los dichosos ‘arbustos’. Pero, ves, mi Krista quería mucho la naturaleza, y tanto, y sin embargo se encerró detrás de los muros. Dice que por eso se encierra porque la quiere demasiado. Yo le tengo un amor especial. En ella miro y veo a Dios más que en ninguna otra parte: en cada flor, pétalo, en cada planta por muy pequeña que sea.
¿Por qué no me vas a traer los libros? Si Te digo que eso es precisamente lo que estoy deseando, ¿me lo harás?
Tus cartas son casi serias. Anda, escribes como – ¡todo un gran personaje! Perdóname, hoy no me controlo, algo está hirviendo en mí, temo que no involucre a ti también, por eso termino. A Ti eso no te corresponde porque eres serio como - ¡un gran personaje! ¿Te puedo mandar un dulce?¡Tómalo! Te saluda – Marija”.

Comentaremos todo junto a partir de la respuesta de Alojzije. Responde a esta carta ya el 28 de enero. Con rapidez, como de costumbre. Se justifica que escribe desde un bar y que tiene prisa. Le comenta aquella anécdota y discusión respecto a la naturaleza en la casa de sus padres. Dice que no se ha reído de la naturaleza sino de su reacción y de la de Krista, pero que sin embargo tiene una opinión diferente respecto a la naturaleza que ellas. Escribe:

“Si estuvieras montada en el carro tomando aire unas seis horas como me está pasando a mí en este invierno, se iría Tu amor por la naturaleza. Vosotras sentís la naturaleza solamente cuando es bella, pero en las dificultades se muestran los héroes. Cantar, ¡cuando estás triste y enfadado! A mí tampoco me va eso muy mucho, pero en eso es todo el misterio. La mayor victoria consiste en vencerse a sí mismo, y eso se consigue despacio, mediante un ejercicio perseverante. Prueba privarte a Ti misma un trocito de comida cuando más te gusta o callarte cuando vas a explotar. Dice Keppler: ‘Allí donde la voluntad está implantada para gobernar, allí mismo es capaz de imponer alegría incluso al corazón, aunque el mismo se rompiera en pedazos por las contrariedades y oprobios de este mundo’. Entonces pues, ¡ejercítate en la generosidad y mortificación! Solamente el águila alcanza el cielo. Señor, ¿por dónde me he perdido? Tendría mucho que decir, pero no tengo tiempo para escribir ni en casa, y menos aquí.
¿Los libros? Ten paciencia, o préstalos en la biblioteca. Pero me gusta Tu interés al respecto. ¡Perdona por no escribir con la frecuencia que te gustaría! Si estuviera en mi lugar, Tú no harías ni esto. No olvides rezar por nosotros, y lo mismo ofrecer la santa comunión por los dos, ¡futuros marido y mujer! Practica la abnegación y la entrega, porque en eso consiste la verdadera alegría. Y tienes que estar alegre. Si mi carta es demasiado seria, Tú libremente escribe entre bromas. Muchos saludos cordiales – Lojzek.”

Alojzije, Alojzije, para Marija eres casi como hielo. Resulta que su confesor le dice que no se debe esforzar en rezar, y tú no paras de hablar de mortificaciones. Sin embargo, dices muchas verdades en tu carta. Como por ejemplo cuando afirmas “Señor, ¿por dónde me he perdido?” No Alojzije, no te has perdido, allí precisamente no te has perdido, ¡si ese precisamente es tu terreno! Tú te pierdes en otros campos, pero en ese no. Por eso vuelves a esos espacios gratos para las águilas de las que escribes y de las que formas parte. Pero tu aparente hielo habla de otra cosa, para ti el matrimonio es el medio, el Cielo es tu meta. Para Marija también el matrimonio es la meta y allí está la diferencia.

Honesto, porque no sabes ser de otra forma, tú te ves como su marido y a Marija como tu mujer, eso no lo escondes, eso es lo que te parece querer. Pero tú has nacido para otra cosa. No es el nido matrimonial lo que está preparado para ti, sino el nido de águila. No entendías las voces del Espíritu Santo en tu alma, por eso el Señor te mandó a Marija para llevarte al nido que te pertenece. Desde allí avanzarás con movimientos decididos y rápidos hacia la morada celeste que te espera.

La intuición femenina de Marija empieza a convertirse pronto en la visión clara en su intelecto. Y nos espera el desenlace que merece la pena no perderlo.

26.09.11

Joven Stepinac. Cartas a la novia (V). La primavera

Antes de recibir la carta de Marija, Alojzije escribe el 4 de enero:

“No sé si has recibido mi segunda carta. En ella Te indiqué que vendría el día 6 para formalizar el noviazgo. Pero tengo que decirte que debo aplazar tal acontecimiento, debido a un motivo. Esta semana vuelve de Delnice la viuda de Marko y se queda en Krasic. Por eso me aconsejé con mis padres – no sea que ella pudiera entender que me alegro por la muerte de mi hermano y deseo por ello casarme cuanto antes – por lo que decidimos aplazar nuestra boda para la Resurrección. La verdad que eso me pesará pero al mismo tiempo me servirá para poder arreglar por lo menos el jardín y algunas otras cosas.
Te pido, mi querida Marija, que no vengas durante este tiempo a Krasic. Esforcémonos los dos, Tú y yo, en no dar ningún motivo a chismorreos, hasta que el sacerdote de Dios no bendiga nuestra unión delante del altar. Nosotros celebraremos nuestra boda apacible y dignamente, como corresponde a los cristianos. Si no Te escribo con más frecuencia, no Te molestes por ello, porque realmente mi amor creció hacia Ti desde que me respondiste y pienso que me traerás la bendición de Dios. Veo que no te aflige la preocupación por la riqueza como puedo observar en cualquier parte. He aquí que empezaron ahora las ofertas de matrimonios en Krasic. Créeme, querida Marija, que no solamente que sean ridículas, sino es más, son asquerosas, indignas de un cristiano. Pero – hoy el dinero es dios. Una avaricia sin límites se apoderó de la gente de forma que no cuidan ninguna otra cosa. Nosotros nos cuidaremos de ello, y en vez de eso, oraremos y trabajaremos. Deseándote todo bien de Dios, Te saluda cordialmente – Lojzek.”

La carta lleva un postscriptum, sería una lástima omitirlo:

“Esta segunda carta entrégala a Tu padre. En la primera carta has expresado la esperanza que no me voy a considerar Tu señor, sino un compañero de Tú a Tú. ¡No tengas miedo! Aunque la Escritura dice que el marido es la cabeza de la mujer y de la familia, en ningún lugar afirma que la mujer sea la esclava del marido. Y sabes que yo también son un cristiano y que el marido y la mujer deben tener una convivencia llena de amor y ayudarse mutuamente con el fin de alcanzar su meta final para la que estaban creados – ¡el Cielo!”

Esta carta es una joya en la que reluce la finura del alma de Alojzije. Quiere casarse cuanto antes, pero renuncia a ello debido al dolor de su cuñada, para que no se le entienda mal. Alojzije no es importante, no es el primero, sabe ponerse en segundo plano, el sacrificarse es algo natural para él. ¡Nadie debe ser molesto por su boda y por eso la aplaza! La característica de la gente excepcional, y Alojzije ya lo era entonces.
Le pide que no venga a su pueblo ni de visita. ¿Por qué? Para que ni la sombra de duda no caiga sobre la blancura de su velo. ¿Cuántos siglos han pasado desde esto? ¿Diez? Esto parece la delicadeza incomprensible para hoy en día. Por lo menos, quedémonos con el respeto entre los novios. No, el amor no se desinflará así, todo lo contrario.
Le asquean los acuerdos matrimoniales en su pueblo. Aquí sale el idealista, un hombre honrado, un hombre puro en todos los sentidos. Es rico, pero detesta el matrimonio como contrato de compraventa. Ya entonces verá la amenaza del materialismo, la deshumanización que hay que combatir. En tanta estima tenía este hombre el matrimonio, que luego como obispo dirá que la ley del divorcio será más devastadora para Croacia, que una guerra. Y él sí que vivió las dos guerras mundiales y sabía de lo que hablaba.

Por fin, se desquita un poquito. Por dos veces dice “querida Marija”, todo un éxito para el aparente hielo de Lojzek. Y dice, ¡por fin!, que su amor creció por ella. Marija, sin duda alguna, responderá con un cántico por ello, ¡si es lo que esperaba oír!
Por último, aquí se ve aquel Stepinac que vive de la Escritura. Atiende con amor la petición de Marija de no ser su señor, o sea déspota, recuerda la autoridad del marido de la que habla la Palabra de Dios, pero al mismo tiempo dice que “en ningún lugar dice la Escritura que la mujer debe ser la esclava del marido”. Eso es la reflexión del que bebe de la Palabra de Dios, y la conoce: “ningún lugar”, es decir, la ha estudiado entera y sabe que en “ningún lugar”. “Convivencia llena de amor”, es el lenguaje de los Patriarcas del Antiguo y de los santos del Nuevo Testamento. La gente hecha de esta madera tarde o temprano termina en los altares, es solamente cuestión de tiempo.
Esta carta provoca el cántico en el corazón de Marija. Le responde con una carta larga, florida y provocativa. Por fin consiguió su efecto, la estrategia fue maestral. Es que debe tener motivos para abrir su corazón. Y aquí va:

“¡Mi querido Lojzek!
Nunca diría que bajo aquella corraza de hielo se encontraría un alma tal cordial y agradable, como ahora la estoy conociendo. De Tus palabras brota el calor de modo que cada vez me conquistas más y más hacia Tí. Yo necesito el calor como todo ser viviente, especialmente si se trata de una mujer.
Perdona, primero tendría que contestar a Tu carta. Casi me agrada que hayas aplazado la boda, porque mi dote – aunque no va a ser abundante – a pesar de todo pide mucho tiempo en acabarlo y yo quiero prepararlo yo misma, por lo menos en parte. No pediré el favor a nadie, pero si alguien se ofrece – eso es distinto. Y luego – Te lo tengo que decir con sinceridad, se me helaba el corazón al pensar que pronto tendría que abandonar el hogar de mis padres, en el que viví sin preocupación alguna. Otra vez algo me empuja que todo sea cuanto antes. ¡Lo que Dios quiera!
Es muy delicada Tu observación respecto a mi venida a Krasic. Si Tú supieras cuanto me echa para atrás vivir en otro lugar, y el miedo que me invade al pensar en ello, no tendrías que ni decírmelo. Me dan cosa la gente de allí, mientras el mismo Krasic, como mi lugar natal, tengo en mi corazón. Por eso Te pido que me tranquilices: ¿está segura nuestra residencia en la cercanía del (río) Kupa? Me gustaría estar cuanto más lejos de la gente, ¡y allí es tan bonito! No me entiendas mal, que tal vez debido a los Tuyos no quisiera estar en la misma Krasic.

En cuanto a la boda, me hablas como desde el alma. A mi también me gustaría que todo fuera apacible y como desapercibido.
De alguna manera siento como un pesar, un pesar grande. Los míos se fueron a Samobor, mientras que Lina y yo estamos solos en la casa. Conseguí convencer a mi madre para que se fuera para allá, ya que desde hace 20 años no ha estado allí. Te diré algo. Tú has hecho como un mago respecto a mi corazón. Y no se sabe a quién has conquistado más. Mi madre está casi enamorada de Ti, de mi padre no debo ni hablar. Los muchachos están simpatizando cariñosamente con su futuro cuñado, mientras que solamente Andela no lo puede aceptar. Mientras era todavía una niña, se hablaba de mi posible casamiento a lo que ella dijo, que con quién me caso yo, ella también. Le dije que entonces yo tendría que morir, y contestó que pues ella igual. De alguna manera difícilmente Te perdonará el hecho de que me quitas de su lado, porque me ha querido más que a mamá. Hoy no se fue a Samobor solamente porque yo tampoco me iba.
Me consuelas agradablemente: ‘Si no Te escribo con más frecuencia…’. Sé que tienes mucho trabajo y siento que Te esfuerzas tanto mientras que yo robo los días a Dios, pero, sin embargo, no me olvides, porque yo necesito mucha ternura y cercanía, mucha, mucha,…
Entonces, me dices que ahora en Krasic es el tiempo de los contratos de compraventa. Eso es triste. Estoy segura que Tú no te casas conmigo por dinero, porque no lo tengo, y me alegra que me crees que la razón por la que decidí casarme contigo, no es el dinero de los Tuyos – sino Tú mismo.
Tú vas al encuentro del futuro lleno de confianza.¡ Que el Señor Te de las fuerzas para que siempre Te mantengas en ese niveau!
[Antes, casi hasta la época de los años setenta, en los ambientes culturales de Yugoslavia se mantenía el tono intelectual con las pequeñas pizcas de francés en el lenguaje habitual. Algo así se puede observar con especial hincapié en las novelas de Dostoievski, Tolstoi, y otros escritores del Este. Los pequeños granos del latín se utilizaban para tonos más formales. Hoy, en vez de ir hacia delante, vamos hacia la región neandertal. Somos unos ignorantes del latín, y nos quejamos porque algunos documentos de la Iglesia están escritos en latín e italiano, y preguntamos: ¿dónde está el español? Pienso que las dos versiones son correctas, deberíamos saber el latín, pero como de facto somos neo-neandertales gracias a la destrucción logsiana del Rubalkeitor, deben tener compasión de nosotros y publicar en español.] Y cuando haya que apoyarme a mí, ¡no dejes que tropiece! Mi deseo es ser como debería ser, es decir como quisiera ser, pero vendrán, indudablemente vendrán, muchos momentos de debilidad y tentación. Por eso Te pido, ¡que me seas bueno, que seas un caballero para mí! Del marido depende mucho cómo va a ser la mujer, y viceversa.
Acabo de abstraerme un poco y olvidarme de terminar la carta. Te miraba cómo trabajas y te esfuerzas en la hacienda. Tú solo… y me dabas pena… Jm, entonces Tu amor despertó hacia mí desde que te escribí. O sea, ¿antes no hubo nada, nadita?
A aquella carta anterior no te he respondido, porque pensaba que vendrías como lo habías dicho. Por lo demás, no hay nada que responder, porque Tú mismo me respondes. Sin embargo hay un punto respecto al cual te responderé. Me pides que no deje un solo día sin visitar una iglesia dedicada al Corazón de Jesús. Si eso fuera posible, lo haría con mucho gusto, pero está lejos de mi casa. A pesar de ello, en cuanto pueda suelo ir, ya que a la iglesia siempre iba con mucho gusto. Es verdad, no soy como Tú, hay momentos que podría aprovechar mejor, pero no lo consigo. Yo no rezo mucho, más bien poco, pero con gran confianza. Una cosa más. Con más confianza me acerco a la Madre de Dios que a Jesús. Dios tiene que ser el primero para todos, pero mi más querida, mi más queridita es mamaíta María. Solamente por medio de ella yo sigo hacia Dios.
Tal cual me confesé ayer con un confesor jesuita. Me quejé que no puedo conseguir rezar como quisiera, y él se adelantó diciéndome que tampoco hay necesidad de rezar mucho. Finalmente Te diré que no me gusta escribir ni predicar sobre estas cosas, pero Te lo dije como lo siento,¡ para que sepas qué salvaje tienes!
¡Ay, cuánto me he extendido! ¿Te aburro acaso, di?… ¡Mi querido – in spe – novio! Entonces, ¿cuándo vendrá el tiempo en el que ya no habrá necesidad de decir ‘in spe’?
Ahora ya no se me pide ninguna respuesta más. Saluda a Tus padres. A Ti especialmente Te saluda y quiere – Tu Marija.
P.S. – Lo nuestro, ¿es todavía un secreto en Krasic? Si puedes, mantenlo bajo secreto, eso es mi ardiente deseo. ¡Si pudiera aparecer allí arriba sin que nadie lo supiera!


Bien, la primavera está en su cumbre. Pero ahora enseguida empezarán ciertas preguntas, por supuesto, de Marija. ¿Pero qué novio es este? ¿Qué es lo que está pasando? Y, lo que su intuición femenina vislumbraba al principio, lo verá muy pronto con claridad. Alojzije no era para ella, ni para ninguna. Alojzije era para Dios.

Y será ella el instrumento providencal de Dios para indicar el camino a Alojzije, pero no sin sacrificio. He adelantado un poco la historia, pero no lo he dicho todo en absoluto. Estas cosas se hacen con alma sangrando, y mucho queda por aprender de los nobles de espíritu.
En las próximas entradas.

21.09.11

Joven Stepinac. Cartas a la novia (IV). Se asoma la primavera

En cuanto recibió la carta de Marija, Alojzije escribe su respuesta. El contacto está establecido, sigue la comunicación.
Por curiosidad uno se podría preguntar por si tenía miedo en ser rechazado. De las cartas eso es imposible deducirlo. De la misma forma, no hay ni huella del orgullo por su tan rápida conquista de Marija. Y eso es casi una característica común de cada hombre: ¡orgullo por ser un conquistador irresistible! Él, eso está claro, con inusual dominio controla su lado sentimental. Como si tuviera miedo de ese fuego emocional en el que a menudo se pierden tantos valores. Incluso es tan contenido que eso a una mujer tiene que confundir. La mujer necesita pruebas, nunca son suficientes, y el testimonio más fuerte de amor lo ve en la llama del corazón. Por algo se dice que dónde no hay llama, no hay fuego tampoco. Por eso una mujer no traga el fuego sin llama. Y Marija buscaba una llama porque sencillamente era una mujer.
La carta empieza con A. J. y M. (Alabados sean Jesús y María), o sea, en el primer lugar. Luego un sencillo: “¡Querida Marija!” Como si escribiera a una colega a la que felicita el cumpleaños. Jmm, demasiado formal, objetará en su corazón Marija, lo cual se notará en su siguiente carta. Pero primero la carta de Alojzije:

“En cuanto a mis padres, no Te preocupes en absoluto. En ese sentido mi padre es un gran liberal. Varias veces me ha aconsejada por aquí, por allá, pero siempre añade: ‘¡Hijo, cásate con la que te de la gana!’ Por lo demás, yo a mi buen padre, avisé sobre mi intención respecto a la cual no objetó en absoluto.
Respecto a lo que me dices en cuanto al dote, mira lo que Te digo: Por desgracia hoy en día la mayoría de los jóvenes se casan por interés, y eso es su maldición. Yo recelaba de ello, y procuré con todas mis fuerzas no caer en la trampa. Lo que Tú traes, es asunto Tuyo, jamás Te diré una sola palabra al respecto. Lo principal es que Tú me traigas la abundancia de la gracia de Dios, y eso un pobre puede más con su oración no vacilante y fe firme más que un millonario más grande.
En cuanto a nuestra hacienda, no te preocupes. Es verdad que es grande y pide mucho trabajo, de forma que casi siempre necesitamos trabajadores. Lo que importa es que sepas manejarte bien en el jardín y en la cocina, porque hay mucho trabajo en preparar la comida para la gente que trabaja en el campo. No obstante, tendrás ayuda ya que la mujer de Maksim se seguirá ocupando respecto a los peones en la viña, ya que esa parte siempre necesita muchos operarios. Otras parcelas son más llevaderas. Eso lo entenderás muy rápidamente en cuanto estés aquí. Será arduo durante un tiempo, no hay que dudar de ello, faltan muchas cosas por aquí y por allá que no están como debieran. Pero el trabajo no nos asustará, porque el trabajo es una bendición. Reza y trabaja, dice viejo refrán. Y nosotros haremos así y progresaremos.
Vendré después del 6 de enero a comprometernos oficialmente y a acordar el día de la boda. En cualquier caso nos casaremos cuanto antes, porque mis circunstancias me obligan a hacerlo cuanto antes.”

Bueno, ha respondido punto por punto a cada pregunta que le hizo Marija,… pero con demasiada formalidad. Querida Marija – esa es toda la ternura que consiguió plasmar. Es verdad que consta, otra vez, que la aprecia muy mucho. Es elogiable su visión y crítica del materialismo práctico (¡en aquella época! - ¿qué nos diría hoy?), pero… Marija ya siente que se podría decir algo más, eso lo espera, eso lo reclama de una manera que otra. Es verdad también que esas dos palabras pueden decir mucho, pueden esconder tanto en una persona que parece que controla la reacción nuclear, de un núcleo cuyos rasgos más característicos se notarán en el párrafo siguiente:

“Yo, querida Marija, Te pongo en el corazón esta petición mía: Si es posible no dejes un solo día sin visitar alguna iglesia dedicada al Corazón de Jesús y que al Sagrado Corazón le pidas la bendición para nuestro matrimonio, porque Te digo con toda sinceridad, que yo me echaría a perder desde hace ya mucho tiempo, estando dónde estuve, sin la ayuda de Dios. De la misma forma encomiéndanos en las oraciones de tus padres y de tu hermana Kristina.”

Y una sola frase más que escribió al comienzo de la carta: “Me agrada que me has dicho con toda sinceridad lo que piensas.”
Bueno, así era Alojzije a los 25 años. Ni una palabra sobre su felicidad interior, sobre la ilusión que siente porque el corazón encontró su melodía. Y era capaz de amar. Solamente que lo hacía de una manera incomprensible e inaccesible para muchos. Él va derecho a la dimensión eterna de amor, va a la fuente. En vez de hablar de sus sentimientos, habla de oración, de amor de Corazón de Jesús. Sin duda alguna, ¡un novio algo extraño! Y una cosa más. Antaño parece que los hombres hablaban menos de su felicidad y la experimentaban con más profundidad. Como si con las palabras se nos escurriera mucha felicidad del corazón…
Marija responde ya el 3 de enero. Una carta muy breve, cuya brevedad ha explicado, pero escondiendo el argumento principal. Es decir, es evidente que esperaba más de la carta, esperaba que Alojzije va a empezar a cantar y que de esa forma le ofrecerá la posibilidad de hacerlo ella también.
Una mujer duda sobre el amor sin canción, sin ilusión y sin entusiasmo. Marija quiso ser provocada. Y de todo eso - ¡nada! Empieza con ¡Mi querido Lojzek! Aquel “mi” dice mucho. Con esa palabrita quiso decir que ya lo considera suyo y que uno a otro se pueden abrir como una flor al sol. Si la mujer es un río, de ninguna manera es un río subterráneo. Quiera afuera, a la luz, con el alma llena de gozo. ¡He allí porque siempre son amargos los secretos de amor, a pesar de todo el encanto del misterio! Alojzije es tan contenido que con razón Marija se pregunta si él realmente era capaz de entender todo eso. Le escribe:

“Ya son las once y media y todavía estoy despierta. He recibido hoy la carta. Ahora estoy más tranquila porque sé lo que piensan los Tuyos. No escribiré mucho porque estoy cansada. Solamente una cosa: Mi madre desea que avises el día de tu venida mediante un telegrama, para que mi padre pudiera asegurar el día libre. De momento solamente eso. Te saluda cordialmente y Te desea buenas noches.
Marija.”

Nada más que eso. ¿Se trata de una estrategia innata de la mujer? Porque, ¡anda, anda!, nadie se va a tragar que una mujer va a estar tan cansada para no escribir una larga carta al hombre que ama. Escribiría - ¡incluso muriendo si hiciera falta! Era evidente que lo quería provocar. Las cartas breves provocan largas confesiones en este campo.
Y las esperaremos un poquitín más en la siguiente entrega.

16.09.11

Joven Stepinac. Cartas a la novia (III). La respuesta

Algo antes de la Navidad de 1923 Marija Horvat recibe la carta de Alojzije. Al abrir la carta y empezar a leer, se quedó muerta de sorpresa. ¡La oferta de matrimonio por escrito! Una muchacha inteligente lo tiene claro: si eso es el amor, entonces tuvo que haber nacido hace tiempo ya, pero por unas razones desconocidas estaba escondido durante mucho tiempo. Empezaba a rebuscar en los recuerdos, a buscar una prueba visible de ese amor misterioso y silencioso de Alojzije. Lo conocía y ella misma se preguntaba qué será algún día de este joven, pero nunca pudo ni soñar que había encontrado el lugar en su corazón, que para ella en ese aspecto parecía - ¡desierto! No, ella no cree que ella jamás fue el objeto de sus pensamientos, un secreto de su corazón cerrado bajo llave.

Sin embargo, la carta está allí. Seria, digna, llena de respeto. ¡Y le ofrece el matrimonio! Significa que la conoce, que la ha investigado. Ese pensamiento le agradó el corazón. Eso es aquella felicidad inesperada, maravilloso orgullo de la mujer cuando se de cuenta que durante mucho tiempo era el secreto bien guardado del corazón de otra persona, sin siquiera poder imaginarlo. Eso es una canción sublime, algo de lo más excitante que se puede experimentar, la prueba que algo crecía en el silencio, se despertó en la soledad, venía de escondida pero viva fuente de la vida, crecía bajo la nieve como la cosecha que madura en invierno. Y ella poseía en su alma algo con lo que todo eso lo pudo tocar. Había nacido para un amor verdadero, no fingido y profundo. Le gustaba la seriedad del gozo, la cara interior de la felicidad, la dimensión espiritual de una feminidad floreciente…

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13.09.11

Joven Stepinac. Cartas a la novia (II). Elección

Al volver de la guerra, su visión del futuro no estaba nada clara. De entrada rechazaba la idea de volver al seminario, pero las otras vías no estaban nada claras. Prueba de ello es que al matricularse en la facultad de agronomía en Zagreb (sus padres eran pudientes y se lo podían permitir), abandona los estudios ya en el primer trimestre. Las juergas estudiantiles, la vida de señorito que es lo que parecía que le esperaba, no le entusiasman, todo lo contrario. Vuelva a casa, a gran decepción de su padre. Sin embargo, la madre no estaba triste en absoluto. No abandonaba el sueño que su Lojzek (en croata, como en otros idiomas eslavos, sea por el uso de las declinaciones, sufijos o prefijos, sea por la mentalidad, los nombres cambian de muchísimas maneras, cada cual dejando un toque particular, de travieso, tierno, valiente, cabezota,… de lo que se quiera acentuar), nacido en mayo, sea sacerdote. Por eso ayunará y rezará rosarios sin tregua durante treinta años, primero hasta que vea cumplido su sueño, luego en agradecimiento a Dios por el don concedido. Pero todo con discreción, sin insistir.
Por eso al verlo venir de Zagreb, estaba muy contenta, ¿tal vez su sueño pronto se realizará? No era ella la única que veía que su Alojzije no era como los demás. Absorto en sus pensamientos, sin mirar ninguna muchacha, yendo a la iglesia cuando no iba nadie, incluso lo veían volver de campo en su carro con el rosario en una mano. Pensar sobre qué hacer con su vida tal vez hizo que un día descarrile del camino y termine en la cuneta con el carro. En casa decía pensativo a su madre: “Madre, no valgo yo para ser un campesino”. Su madre esperaba el desenlace, pero el diablo también tiene sus caminos. No deja las cosas sí porque sí. Un día se cruza su hijo con el farmacéutico del pueblo el cual le enseña el folleto que imprimió el así llamado “Movimiento Amarillo”, en el que constaban los nombres de los 250 sacerdotes que pedían la abolición del celibato. Su párroco también estaba en la lista. Eso le provoca repugnancia y asco. Si Dios sobra, era necesaria una diosa. ¿Cómo tragar y tener algo con esa infidelidad y traición? Eso definitivamente no era para él, así lo interpreta y hace saber a su padre que quiere casarse.
El padre ya estaba preocupado. Un hijo con 25 años, camino de ser un solterón, lo peor que podía pasar a una familia campesina pudiente. ¡Qué vergüenza, Dios nos libre! Y enseguida, los consejos. Mira hijo, ¿te preocupas por la muchacha? Anda, sube a la primera colina y haz un silbido, ya verás como vienen volando todas. Un joven rico, apuesto, solamente puede elegir. Pero, como padre, solamente te recomiendo a esta (además se trae en el dote más de tres hectáreas del bosque) y esta otra. Pero, ¡por favor! La mujer no se impone, se elige. Yo solamente así, ya lo sabes.
Alojzije no pretendía cambiar a su padre, no había nada que hacer, así eran los campesinos croatas, hará la boda de su hijo por todo lo alto, aunque coma habichuelas hasta que se muera por devolver todas las deudas, pero se hablará en toda la región que en la boda de su hijo estaban invitados hasta los gitanos. El hijo se casará con el que quiera, ¡pero la celebración de la boda es asunto mío!
¿Y a quién le echa el ojo Alojzije? Esto es lo más curioso. Era una compañera de las clases, hija de su maestro en la infancia y preadolescencia. Una muchacha educada, elegante, algo tímida, buena cristiana, patriota. Esa, esa podría ser la esposa de su vida, la mujer compañera codo a codo, la ama de su hogar y la madre de sus hijos. Y su padre era muy buena persona y maestro, le pegó solamente una vez, cuando no quiso delatar a los que hablaron en la clase. Le tenía mucho cariño y aprecio. Además, las dos familias eran amigas y se veían con cierta frecuencia hasta que el maestro no se marchó a Zagreb. Se llamaba Marija Horvat, era soltera, y nuestro hidalgo se dispuso a escribirle su primera carta. Esa carta no llegó hasta nosotros, pero sabemos su contenido por la respuesta de la que sí se dispone. Le pidió la mano, ni más ni menos.
¿Pero cómo se atreve a hacer algo así? Aunque eran los años veinte, algo así no era nada habitual. Pero él era un hidalgo. Ya como estudiante para oficial le tira de un golpe al suelo a un compañero tan sólo por decir una palabra inadecuada a una señorita. Tenía en tanta estima el matrimonio, que no lo tenía que demostrar, solamente había que verlo. Por eso sus escritos son su alma, no esconde nada, es franco, sincero y sin ambigüedades. Por eso sus cartas se pueden publicar porque no ofenden a nadie, ni hay razones para esconder nada. Todo lo contrario, de esta correspondencia se podrá aprender tanto sobre el valor del matrimonio, sobre los ideales, honestidad y valores que no pasarán nunca.
De momento, esperamos la respuesta de Marija. Siempre es bonito hablar de amor, sea el nuestro en cuestión o de otros. Pero que valga la pena. Y así es.

10.09.11

¿Sigue Dios llamando a Saulos?

Y Dios lo dispuso así en la Iglesia: primero apóstoles, segundo profetas, tercero doctores,… (1 Cor 12, 28)

“Vete a tu casa con los tuyos y anúnciales las grandes cosas que el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.”
Se fue y comenzó a proclamar en la Decápolis lo que Jesús había hecho con él. Y todos se admiraban. (Mr 5, 19-20)

Enseguida retomo la serie sobre joven Stepinac, pero esto es una reflexión motivada por la pregunta que me hizo una señora mejicana respecto a la actividad de Marino Restrepo, un señor colombiano, que tras experimentar un cambio brusco en su vida, da la vuelta de 180 grados y empieza a dar testimonios sobre su experiencia de conversión, así como las reflexiones en torno a la vida de fe. Pero antes de abordar este asunto, quiero tratarlo todo desde una perspectiva un poco más general.

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6.09.11

Joven Stepinac. Cartas a la novia (I). Presentación

No se trata de ninguna sensación. Lo que referiremos aquí fue emitido por la Radio Vaticano en el intervalo desde el 27 de enero hasta el 13 de marzo de 1975.
Sabemos quién era el Beato Cardenal Stepinac, héroe de la fe y de la Iglesia, mártir por Cristo y por la Iglesia. Este gigante se tuvo que enfrentar con la tramposa oferta de crear la Iglesia Patriótica Croata, que le ofrecía el presidente-fiera Tito.

Tito no era de bromas, especialmente en los primeros años después de la Segunda Guerra Mundial. Cuando en el 1948 se enfrenta a Stalin, por discrepancias respecto a la visión del socialismo que quería para Yugoslavia, Stalin intentó matarlo varias veces, utilizando sus agentes. Tito se había conseguido un círculo impenetrable de guardaespaldas fanáticos que hacían imposible tales cometidos. Tenía un gran apoyo de amplias bases comunistas de Yugoslavia, y de esas filas podía elegir gente que daría su vida por él sin pestañear. De allí su contundente respuesta a Stalin: “Camarada Stalin, has mandado siete hombres para eliminarme, pero si yo mando a uno, no tendré que mandar a otro.” Y el supersticioso y maniático, pero conocedor de las capacidades de Tito, camarada Stalin lo tuvo que dejar en paz.

Ahora está nuestro héroe delante de este chiquitín para él, que le ofrece la primacía de la Iglesia Patriótica Croata, e intenta convencerle y halagarle. La respuesta del gigante no podía ser otra, debido a su carácter, su santidad, su forjado: ¡Cristo y Roma! Porque a los que han entregado la vida a Cristo, no payaso, no les metes miedo. A Stalin sí, a él no. Ni la tortura, ni la muerte lo podrán. Y Stepinac con su vida le repite las palabras de Pablo en los Romanos 8, 35-39: “¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, o la persecución, o el hambre, o la desnudez, o el peligro, o la espada? Como dice la escritura: ‘Por tu causa somos llevados a la muerte todo el día, somos considerados como ovejas destinadas al matadero’. Pero en todas estas cosas vencemos con creces gracias a aquel que nos amó. Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las cosas presentes, ni las futuras, ni las potestades, ni la altura, ni la profundidad, ni cualquier otra criatura podrá separarnos del amor de Dios, que está en Cristo Jesús, Señor nuestro.”
Los grandes no nacen, se forjan, se forman, se moldean con el cincel de Dios que los esculpe durante toda su vida. Aquí veremos una etapa importante de la vida de nuestro cardenal, y veremos que era ya grande antes de que el mundo lo conociera. Puro, casto, con ideales que le sobresalen del corazón, el luminoso ejemplo de siempre para los jóvenes, novios, padres, patriotas, ¡cardenales, el clero y personas consagradas!
Los hechos que describiremos datan de la época en la cual Alojzije tenía 25 años. Volvía de la Primera Guerra Mundial, hecho prisionero en el frente de Tesalonica. La guerra le llevó tres años de su vida y por suerte sobrevivió. Ya antes era el seminarista, pero con la guerra se alista como voluntario.
¿Por qué no continuó con el seminario al volver? Se estaba planteando qué hacer con su vida, en eso topa con el “movimiento amarillo”, un movimiento en el que 250 sacerdotes católicos croatas pidieron, inclusive su párroco, en el 1919, la abolición del celibato. ¿Seré yo capaz de ser fiel al Señor?, se pregunta Alojzije. No me fío de mi mismo, yo no valgo para el sacerdocio, se dice a sí mismo. Decide casarse y gestionar la tierra de su padre. Y aquí empieza nuestra historia, cuyo final sabemos, porque “no me habéis elegido vosotros a mí, sino yo a vosotros”. Pero os aseguro que merecerá la pena penetrar en los sentimientos de esta pareja de novios. Se han conservado un total de 18 cartas entre Alojzije Stepinac y su novia, Marija Horvat. Doce de ella y seis de él. ¡Una maravilla que no os defraudará, hermanos! Pero seguimos dentro de unos días.
P.D. La sería podrá ser interrumpida por algún que otro post.