Comunistas, piezas exóticas del museo de la historia
Ser comunista está pasado de moda. El Muro de Berlín arrastró aquella dictadura del proletariado por la alcantarilla de la historia del pensamiento humano. Aún quedan países con base marxista en sus cimientos ideológicos, el hambre y la negación de las todas las libertades, en el caso de Corea del Norte y Cuba pasarán factura a sus dirigentes. En el caso de China el asunto es más complejo: una religión patriótica, un sistema económico mixto entre capitalismo y marxismo, y la anulación absoluta de todas las libertades ciudadanas.
Aún quedan los residuales nostálgicos de tiempos idos en las democracias occidentales; aún resuenan, amparándose en el régimen de libertades públicas, con sus viejas cantinelas contra la Iglesia Católica; aún creen que su clientela sube como la espuma de los tiempos pasados; aún están clavados, y, ahí seguirán, contra viento y marea.
Han pasado a ser unos personajes exóticos, la mayoría metidos dentro de las estructuras del poder municipal, regional o nacional, viviendo del pasto del presupuesto.
¿Qué diferencia con los comunistas que conocí en los buenos tiempos?




