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8.02.17

San Agustín y las dos ciudades

San Agustín nos enseña con mucha claridad la existencia de dos ciudades: la Ciudad de Dios y la ciudad del mundo. La Ciudad de Dios es unificada por la caridad que puede crecer y decrecer, y su fin es el establecimiento de la Ciudad celeste, que es la misma Ciudad de Dios cuyos miembros ya han alcanzado la beatitud. De modo que, San Agustín nos presenta dos ciudades: la de Dios y la del mundo, pero en la Ciudad de Dios hay dos sociedades, la que está en camino de santidad y la que posee actualmente la beatitud.

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2.02.17

El Cuerpo místico y la Ciudad de Dios.

 La unidad del Cuerpo Místico que es la Iglesia considerada desde Adán hasta el fin de los tiempos, se da por la caridad que une la diversidad de los miembros y que les da vida. Por eso la caridad es tan importante, porque sin la caridad, el cuerpo muere.[1] Quien no ama, permanece en la muerte.[2] Pero cuando hablamos de unidad del Cuerpo Místico, nos referimos a la integridad del cuerpo vivo que acoge y unifica respetando la diversidad de los miembros. De modo que la perfección del cuerpo no es ser un solo miembro, sino que jerárquicamente los órganos inferiores y superiores contribuyen a la perfección del todo. Y por esa razón si un miembro disminuye en la caridad, todo el Cuerpo disminuye y si uno de los miembros aumenta en caridad, todo el cuerpo se fortalece y se acrecienta.

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23.01.17

La verdadera muerte de Dios

Como dice San Agustín, el hombre muerto en cuerpo y alma como pena por su pecado, permaneció muerto hasta la muerte de Cristo. Y es que así como el cuerpo muere cuando se separa del alma, el alma muere cuando es abandonada por Dios. Es decir, como muere el alma cuando Dios la abandona, el cuerpo muere cuando el alma lo abandona, de modo que todo el hombre en cuerpo y alma muere cuando es desamparado por Dios, porque ni el alma vive con Dios ni el cuerpo vive con el alma.[1]

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11.01.17

Cristo es el centro de la historia

Indudablemente la vida del cristiano es un tránsito hacia el gozo supremo de la Verdad. Y es que nuestro ser creado y mutable depende del Ser y de la Verdad, del Verbo inmutable por el que todas las cosas son y por el que todas las cosas han sido creadas. Tanto las cosas que fueron como las que serán están en su unidad porque en Él están reunidas todas las cosas en cuanto en Él son inconmutablemente simultáneas. En sentido estricto, en el Verbo las cosas no fueron ni serán, sino que simplemente son en su presente. Porque en el Verbo todo lo que es, es unidad y todo lo que es, es vida. Y por eso mientras más perfecta sea la unidad, más perfecta es la vida porque en la suprema unidad que es Dios las cosas son vida participada de Él.

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7.12.16

Para una concepción cristiana de la Historia

Para comprender la Historia desde de la perspectiva cristiana, es preciso aclarar que su verdadero sentido se obtiene exclusivamente desde la Revelación. Es Dios mismo el que nos revela que el hombre ha sido creado en un momento preciso del tiempo teniendo como causa eficiente y final a Dios. Dios nos revela que actúa en el mundo que fue creado por Él y que actúa en un momento preciso. Mediante la Revelación, Dios también nos explica la presencia y el sentido del mal en el mundo. Nos aclara que el mal tiene una función en la Historia Universal en la que la Encarnación del Verbo constituye el acontecimiento central mediante el cual todo se encamina a la parusía y al Juicio final.

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