24.07.22

Mons. Juan Miguel Ferrer llama a los peregrinos a Covadonga a buscar con seriedad la vida interior

Ayer sábado tuvo lugar la primera etapa de la II peregrinación NSC- España a Covadonga, que empezó, como dijimos ayer, con el aliento inicial del arzobispo de Oviedo Mons. Jesús Sanz. La confianza en los peregrinos que manifestó el prelado desde el púlpito fue un acicate para los presentes, exultantes de entusiasmo en el pórtico de la peregrinación.

La larga etapa entre la catedral de Oviedo y el Remediu transcurrió sin novedad, a pesar de que la lluvia de rayos de sol fue intensa inundando de colorido el tapiz asturiano. No news, good news.

Una etapa dura y exigente que sirvió a la mitad de los peregrinos para recuperar las sensaciones del año pasado, cansancio y sufrimiento, pero repleto de gozo por los rezos y cánticos, así como el ambiente fraternal entre peregrinos. En general este año se veía a la gente mucho más entrenada y ya conocedora del recorrido que es idéntico al del año pasado.

Los nuevos peregrinos han podido experimentar la dureza del Chartres español, por la distancia y lo quebrado del terreno. Muchos de ellos estaban impactados por el ambiente y conmovidos por la experiencia. La mayoría de ellos decía que tenían razón aquellos que les invitaron, es una experiencia que no debían perderse.

Nuevamente los lugareños saludaban con alegría a los peregrinos desde sus casas, como conscientes de que una gran corriente de gracias pasaba antes sus hogares.

La organización fue modélica sin registrarse ningún incidente.

Tras la extensa caminata y montar a contra reloj las tiendas de campaña tuvo lugar la Santa Misa tradicional, revestida de toda solemnidad y con el coro en todo su esplendor.

En la homilía Mons. Juan Miguel Ferrer, canónigo de la catedral primada de Toledo, invitó a los peregrinos a no quedarse en el esfuerzo físico sino a elevarse al plano sobrenatural, merced a una intensa vida de oración de la mano de María Santísima y con la actitud teresiana de la disponibilidad absoluta al divino querer.

Vuestra soy, para Vos nací:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Soberana Majestad, eterna Sabiduría,
Bondad buena al alma mía;
Dios, Alteza, un Ser, Bondad:
La gran vileza mirad,
que hoy os canta amor así:

¿Qué mandáis hacer de mí?
Vuestra soy, pues me criastes,
vuestra, pues me redimistes,
vuestra, pues que me sufristes,
vuestra, pues que me llamastes.
Vuestra, porque me esperastes,
vuestra, pues no me perdí:

Posteriormente llegó el turno de la adoración eucarística en el que los peregrinos hicieron un último esfuerzo antes de recuperar las maltrechas fuerzas a ras de suelo.

Hoy, tras la Santa Misa matutina, el millar de peregrinos partirá en dirección a Sevares con el objetivo de acabar con éxito el segundo de los tres días, que estará coronado por la adoración y consagración a la Virgen por capítulos.

4 comentarios

  
Hermenegildo
Por lo que se ve, de nuevo la Santa Misa no puede celebrarse en los templos. Es muy triste.
24/07/22 10:01 AM
  
Marta de Jesús
Me apunto la oración. Preciosa.

Si se sigue realizando, ojalá pueda hacer esa peregrinación en algún momento. El corazón inmaculado de María triunfará.

Feliz día del Señor.
24/07/22 10:22 AM
  
Luis
¿Va alguna vez a Misa quien dice que no se puede celebrar en los Templos?.
24/07/22 1:58 PM
  
Daniel
Hermenegildo: está usted equivocado. La Santa Misa solemne ha sido celebrada hoy en la Basílica de Covadonga, como clausura de la peregrinación. Los otros dos días, por razones obvias (asistencia de mil peregrinos), la Santa Misa se ha celebrado de campaña, en el magnífico retablo de la Creación.
25/07/22 9:48 PM

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23.07.22

Mons. Sanz bendice a los peregrinos a Covadonga agradeciendo su amor a la Iglesia y al Papa

Arranca la II peregrinación NSC a Covadonga duplicando el número de participantes del año pasado y llegando a unos 1000 peregrinos

Por fin llegó el día y hoy sábado 23 de julio comienza desde la catedral de Oviedo la II edición de la peregrinación a Covadonga, organizada por Nuestra Señora de la Cristiandad, España, que ha contado con la bendición a los peregrinos por parte del arzobispo de Oviedo Mons. Jesús Sanz Montes. El prelado, desde su sede catedralicia, ha dado una calurosa acogida a los peregrinos y les ha agradecido su amor por el Papa y por la Iglesia y les ha animado a peregrinar con devoción por una tierra que rezuma historia y heroismo bajo el cálido manto de la Santina.

El llamado Chartres español se consolida y crece en su segundo año duplicando el número de participantes del año pasado. Este año ya ronda el millar de inscritos con una mayor presencia internacional, principalmente de países como Francia, Estados Unidos, México y Portugal.

El ambiente impresiona, pues desde ayer principalmente un millar de peregrinos, en su mayoría jóvenes, han tomado las calles de Oviedo. Ha sido un momento emocionante el encuentro entre los peregrinos de las diferentes regiones de España. Van a ser tres días intensos de duro peregrinaje entre los agrestes paisajes asturianos. Oración y penitencia, aderezada de cantos y buen ambiente, hasta llegar a Covadonga, en donde tendrá lugar la solemne Santa Misa tradicional en la Basílica como broche de oro.

https://nscristiandad.es/

¿Qué es la Peregrinación Nuestra Señora de la Cristiandad?

Nuestra Señora de la Cristiandad – España (NSC-E) es una peregrinación anual al santuario de Nuestra Señora de Covadonga (Asturias) organizada por un grupo de fieles católicos laicos devotos de la celebración de la Santa Misa según la Forma Extraordinaria del Rito Romano. Tiene lugar en torno a la fiesta del Apóstol Santiago (25 de julio), patrono de España. 

El objetivo de la peregrinación es la santificación del alma a través de las gracias pedidas a Nuestro Señor, por intercesión de la Santísima Virgen María, ofreciéndole oraciones, sacrificios y mortificaciones durante tres días. En estos días de peregrinación encomendamos especialmente a nuestra Patria y al Santo Padre. 

NSC-E busca contribuir a la restauración del espíritu de la Cristiandad —según las posibilidades y siempre con el auxilio divino—, que ha dado a la Iglesia y al mundo tantos santos, héroes y defensores de la Fe. Nos referimos al orden social cristiano, el cual no es posible sino comprometiéndonos en la restauración de todo en Cristo, comenzando por quienes peregrinamos, nuestras familias, y los diversos ámbitos de la sociedad en que nos movemos.

Para tan osada empresa, depositamos nuestra confianza en el Santo Sacrificio de la Misa, fundamento de la vida cristiana. Por ello, una parte importante de nuestro apostolado es favorecer y estimular la devoción a la Santa Misa. Durante la Peregrinación se busca resaltar y recordar los cuatro fines de la Misa:

La adoración, para honrar a Dios de la forma más conveniente;

La acción de gracias, para agradecer a Dios por sus inmensos dones;

La propiciación, por nuestros pecados y por las almas del purgatorio;

La súplica, por nuestras necesidades particulares y por las del mundo.

La Misa es el mismo Sacrificio de Cristo en la Cruz, ofrecido por el Hijo de Dios al Padre Eterno, para obtener las gracias necesarias para la Salvación. La Iglesia ha enseñado siempre que la Santa Liturgia es una de las vías por las que el Buen Dios nos comunica su Gracia, o sea, la misma Vida Trinitaria; nos enseña también las verdades de la Revelación de una manera particularmente admirable (lex orandi, lex credendi), pues está inspirada en palabras y actos de Nuestro Salvador. Teniendo esto en cuenta, NSC-E quiere dar a conocer y amar la Misa celebrada según la Forma Extraordinaria del Rito Romano, cuya celebración fue favorecida y recomendada por el motu proprio Summorum Pontificum del papa Benedicto XVI. 

Queremos mostrar, entonces, la necesidad de restaurar el orden social cristiano a través de las gracias recibidas en la Santa Misa.

Por todo esto, NSC-E realiza una peregrinación penitencial anual a Covadonga para pedirle a nuestra Madre las gracias necesarias para poder llevar adelante esta tarea.

Por Javier Navascués

10 comentarios

  
Hermenegildo
¿Este año durante la peregrinación tampoco se pueden celebrar Misas tradicionales en los templos?
23/07/22 10:50 AM
  
Rosa de Jesús
Donde están los jóvenes católicos? Pues en la misa tradicional, recen más misas tridentinas déjense de tonterías de caminos que no llegan a ningún lado y vuelvan a la tradición y la doctrina de Cristo y van a ver como se llenan los templos de vuelta.

PD: Conozco algunos sacerdotes que organizan esta peregrinación y como han luchado por rezar la misa tridentina, este es un éxito muy merecido a tanto esfuerzo y sacrificio.
23/07/22 11:26 AM
  
Ignacio.
El Señor bendiga esta peregrinación y quiera Él que se produzcan abundantes frutos.

Ojalá que los obispos dejen tantos prejuicios de lado y cese tanta hostilidad hacia los fieles vinculados a la Forma Extraordinaria del Rito Romano ( como así la denominó el papa anterior), que desean vivir con convicción y coherencia la Fe. En una España donde la secularización avanza a pasos agigantados, ya es todo un testimonio esta manifestación de fe y piedad.

Que la Virgen Santísima, bajo la advocación de Covadonga, interceda por España y por toda la Iglesia Universal.


23/07/22 12:02 PM
  
jose maria
ni sinodalidad ni sinodalidod, hay que dejarse de reuniones, y reunirse con jesus de nazaret, (sin mi no podeis hacer NADA)
23/07/22 12:59 PM
  
Anacoreta
¡Unidos muchachos! Unidos con los "Ángeles de la guarda", reten de guardia por los frutos de la peregrinación. Unidos a los pies de la Virgen de Covadonga. Ánimo y hacia la reconquista de una nueva cristiandad. Con vosotros y la Santina.
23/07/22 1:34 PM
  
TELÉMACO
Hermenegildo
ESte año se ha permitido celebrar la Misa en la basílica de Covadonga
Según dijo el arzobispo, informó a Roma de dicho permiso
23/07/22 11:46 PM
  
hornero (Argentina)
Hoy debemos tener en cuenta que algo grave sucede en la Iglesia, porque no ha podido detener el error y la corrupción que desde hace tres siglos o más, la asolan de modo creciente.

Han resultado insuficientes los esfuerzos de Papas sabios y santos, de cristianos virtuosos hasta el martirio.

Apariciones y Mensajes dados en La Salette, Lourdes y Fátima.

El Apocalipsis dice: “¡Ay de ustedes, tierra y mar, porque el demonio ha descendido con todo su furor porque sabe que le queda poco tiempo” (Apoc 12, 12). Entonces, estamos en la batalla final.

María del Rosario de San Nicolás nos dice: “Nada puede el demonio contra la Madre de Cristo. Mi Tiempo ha llegado y Yo triunfaré; es ésta una gran tormenta y Yo saldré adelante Gloria a Dios” (26-5-1991),

“Soy Conductora que Guía el Rebaño del Padre. Amén. Amén” (2-6-91).

El “hombre viejo del pecado” camina a su término, y el mundo que ha construido se desploma, mientras sobreviene la gran tribulación purificadora.

Lo sucede el Tiempo de la Aurora de María que lleva a la manifestación creciente de nuestro “hombre nuevo” nacido en Cristo por el Bautismo; pero que “permanece oculto con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces ustedes también se manifestarán junto con Él en gloria” (Col 3, 4).

Jesús dice; “Soy la Aurora y el Camino” (San Nicolás, 2-6-1991), Y la Virgen confirma: “Causa de la Aurora más resplandeciente es el Señor. Yo haré que la veáis”.

No obstante, se silencia a María, se silencian sus Manifestaciones y Mensajes actuales, su Misión de La Señora Vestida de Sol, que derrotará y pisará la cabeza del demonio. Se silencia el triunfo de Su Corazón Inmaculado en el Mundo, que derribará la moderna Babilonia.

Entonces, ¿cómo sorprenderse que el mal crezca? Cristo es explícito: “Quien rechaza a Mi Madre, a Mí me rechaza”. Se rechaza a María en forma sibilina, disimulada.

Sin duda, esta peregrinación a Covadonga dará sus frutos. María llevará sus hijos a su Arca y los salvará de la tempestad.




24/07/22 12:38 AM
  
Luis Fernández
¿Es posible contar con las palabras completas del Señor Arzobispo de Oviedo en esta ocasión?
24/07/22 1:24 AM
  
Conchita
¡Estamos pasando un calooor!
24/07/22 7:46 PM
  
TELÉMACO
Luis Fernández
Desgraciadamente lo más interesante y valiente que dijo lo improvisó.
El discurso de bienvenida lo llevaba escrito en su ipad, pero después dijo, entre otras cosas, que había dicho en Roma que TC le parecía insuficiente porque nada decía de los abusos contra la Liturgia por parte de quienes inventan ritos o desfiguran la Misa
25/07/22 12:20 AM

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22.07.22

Dante A. Urbina, apologeta: “Los ataques a la fe católica terminan siendo irrazonables"

Dante A. Urbina. Autor, conferencista y docente seleccionado, luego de competitivo concurso internacional, entre los mejores jóvenes investigadores del mundo para participar en la Reunión de Premios Nobel de Economía en Alemania. Máster en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y Doctor en Economía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Autor de los libros ¿Dios existe? (2016), ¡Dios sí existe! (2017) y ¿Cuál es la religión verdadera? (2018), todos los cuáles han estado en el “Top 10” de los más vendidos de su categoría en Amazon. Ha dado decenas de conferencias sobre diversos temas en espacios académicos de Perú, México, España, Colombia, Argentina y Alemania. Ha participado de varios debates frente a ponentes de relevancia como Gabriel Zanotti (Director Académico del Instituto Acton), Nureddin Cueva (Presidente de la Asociación Islámica de Sufismo en el Perú), Luis Arbaiza (representante de la Asociación Peruana de Ateos) y Julio César Clavijo (el teólogo unicitario más influyente de habla hispana), entre otros. Al presente es conductor del programa Respuestas Apologéticas de HM Televisión (España), Blogger en InfoCatólica y cofundador de la Escuela de Apologética DASM (Discípulo, Apologista, Servidor y Misionero) de los Estados Unidos.

El próximo sábado 6 de agosto dará una conferencia en la parroquia de San Jordi de Barcelona a las 20:30.

¿Qué supone para usted venir a la Madre Patria?

Conectarme con mis raíces. En la Batalla de Ayacucho (1824), ocurrida en el marco del proceso de la mal llamada “independencia” del Perú, mis antepasados lucharon del lado del ejército realista, es decir, en fidelidad a la católica Corona Española. Y así como ellos lucharon hasta el final, yo he de luchar hasta el final, en defensa de la fe católica y la Corona de Cristo, aunque tenga todo el mundo en contra. Como reza el dictum atribuido a San Atanasio: “Si el mundo está contra la verdad, ¡pues yo estoy contra el mundo!”.

Además lo hace para hablar de uno de sus grandes temas. ¿Por qué decidió dedicar la vida al estudio de la apologética?

Porque nací a la fe en un “estado de guerra”. Me explico: siendo anticatólico y habiendo llegado a convencerme de la veracidad de la fe católica (luego de un intenso proceso de investigación de diferentes corrientes filosóficas y teológicas), me encontré con que estaba en un mundo fuertemente contrario a la fe católica. La declaración de guerra contra la Iglesia estaba hecha. Tenía dos opciones: mantener mi fe en privado o manifestarla en público. Pero mantenerla en privado sería avergonzarme de Cristo y no cumplir su mandato de ser luz del mundo (cfr. Mateo 5:14). Asimismo, implicaría egoístamente no compartir la maravilla que había descubierto. Así que, en realidad, esa primera “opción” de mantener mi fe en privado no era una opción para mí. Ergo, proclamar la fe en un contexto en que constantemente se ataca a esta, y desde muchos “frentes” (ateos, agnósticos, marxistas, liberales, modernistas, protestantes, etc.), implica necesariamente una defensa. Y eso es la “apologética”, la defensa de la fe.

¿Cómo le ha ayudado a nivel personal y espiritual poder profundizar en las razones de nuestra fe católica?

Me ha ayudado muchísimo. El mayor conocimiento sobre la fe católica me ha llevado a amar más a Dios, a Jesucristo, a la Virgen María, a la Iglesia, a los sacramentos… Y es que es imposible conocerlos y no amarlos. Asimismo, el conocer las razones de la fe me ha ayudado bastante a no tener mayores crisis de fe. Simplemente me encuentro con que los ataques a la fe católica terminan siendo irrazonables. Y como a medida que avanza el tiempo voy “coleccionando” cada vez mayor cantidad de respuestas a cada vez más objeciones, esa confianza mía en la solidez de la fe católica aumenta. Por supuesto, como muy indigno siervo de Cristo (¡cuánto me gustaría ser mejor!), tengo mis debilidades y fallas, pero al menos tengo muy claro que la Verdad y el Amor están en Dios. O, para decirlo con más precisión, Dios es la Verdad (cfr. Juan 14:6) y el Amor (cfr. 1 Juan 4:8). De este modo, tengo claro que el que falla soy yo, ¡pero nunca Dios!

¿Qué supone para usted poder dedicar su tiempo a transmitir a muchas personas todo aquello que ha estudiado, el oficio de difundir la Verdad?

Supone un gran regalo y una gran responsabilidad. Que yo pueda difundir y defender la Verdad de Cristo no es tanto un regalo que yo le hago a Dios, sino un regalo que Dios me ha hecho a mí. ¡Así de bueno es Él! Yo no lo merezco, pero Él tiene la costumbre de usar gente deficiente para realizar sus obras. En cuanto al plano humano, sí he de decir que esta labor apologética me implica bastante esfuerzo y desgaste. Recibo una cantidad descomunal de mensajes día a día de personas haciéndome preguntas. No es fácil atender ello pues soy esposo, padre de familia, autor de libros, conferencista, de profesión economista, docente universitario, investigador, etc. Hay ocasiones en que estoy muy cansado pero si algo he de hacer con mi vida es “exprimirme como un limón” por la causa de Cristo.

En Barcelona va a dar una charla elemental hablando de la importancia de la apologética católica. ¿Cómo puede ayudar esta charla a los que asistan independientemente de su nivel de formación?

Siempre procuro que mis charlas estén en un lenguaje accesible para la mayor parte de personas. Cuando utilizo términos técnicos o especializados normalmente doy a continuación alguna analogía sencilla (en ocasiones incluso jocosa) para que todo se entienda. Creo que la charla puede ser útil para todas las personas de fe pues están en el mismo mundo en “estado de guerra” que yo y requieren de estrategias e instrumentos para la defensa.

¿Cómo se prepara día a día para poder dar respuestas contundentes y convincentes a un mundo cada vez más secularizado, en donde predomina el indiferentismo religioso?

Trato de no desperdiciar el tiempo. Pero como casi ya no tengo tiempo, me es difícil sentarme a leer un libro tranquilo. Dado ello, los audiolibros, lectores automáticos en PDF y conferencias en video han sido mi salvación. Los pongo cuando hago cosas “mecánicas” como lavar los platos, barrer, ir en el bus, etc. Así, ¡mi apologética se ha desarrollado más en buses que en bibliotecas! ¡Grandes argumentos y refutaciones se me han ocurrido lavando los platos! Eso sí: la situación en la que estudio es “humilde” pero el contenido de lo que reviso procuro que sea de máximo nivel: fuentes primarias, análisis con idiomas originales, lecturas de los académicos más relevantes, revisión tanto de los estudios clásicos como los más recientes, etc.

Para finalizar, ¿cuáles son a su juicio las principales dificultades del hombre moderno para abrirse a la trascendencia y a la verdadera religión?

Que, al final de cuentas, ha abandonado el recto ejercicio de la razón pues ya no se pregunta si algo es verdadero o falso, o si es razonable o irrazonable, sino que se pregunta si algo es más actual o más antiguo, si está de moda o no lo está, si es divertido o aburrido, si da dinero y si no lo da, si brinda placer o si brinda dolor, etc. Con su racionalismo sin fe el hombre moderno ha terminado perdiendo la razón y esa pérdida de la razón le complica más volver a la fe porque la fe es razonable.

Por Javier Navascués

5 comentarios

  
Juan Mariner
Cada vez más, la razón va desapareciendo de Juzgados, Universidades, escuelas, hospitales y centros de salud, Administraciones públicas.... imponiéndose "relatos" pasionales que intentan captar los sentimientos de la gente, la sinrazón.
28/07/22 12:42 PM
  
sofía
Fantástico apologista, al que merece la pena leer.
Y ver en directo, claro, pero a mí me cae muy lejos.
28/07/22 1:23 PM
  
Daniel Lagos de Perú
Que bendición para los Católicos en Barcelona...
Y qué alegría que Dante se encontrará con Sebas Quequesana.

Excelente entrevista Javier
28/07/22 9:17 PM
  
Susana
Esperamos, por fin, marque -o quien sea-, que en la "iglesia" conciliar y sus "sacramentos", no hay salvación. Animamos a esta web y a su conductor maño a dar otro pasito hacia la verdad prístina apostólica (pérdida en 1955...). Gracias.
29/07/22 12:31 AM
  
Carlos Quequesana
Tener a Dante es un lujo! Sé que su llegada dará los frutos necesarios para defender nuestra santa Iglesia.
31/07/22 6:25 PM

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21.07.22

La Nouvelle Théologie analizada en profundidad por César Félix Sánchez, doctor en Humanidades

César Félix Sánchez Martínez es doctor en Humanidades por la Universidad de Piura, Perú, así como bachiller y magíster en filosofía, bachiller y licenciado en literatura y lingüística y diplomado en historia. Es profesor en varios seminarios diocesanos y casas religiosas de formación. Es actualmente presidente de la filial en Arequipa, Perú, de la Sociedad Internacional Tomás de Aquino.

¿Qué entendemos por Nouvelle Théologie?

El término fue por primera vez empleado por S. S. Pío XII en dos alocuciones a las congregaciones generales de los jesuitas y de los dominicos, el 17 y el 22 de septiembre de 1946, respectivamente. Allí, el Pastor Angelicus criticaba una «nueva teología, que debe evolucionar como evolucionan todas las cosas, y estar en continuo progreso, sin fijarse jamás. Si tuviéramos que abrazar semejante opinión, ¿qué sería de los dogmas inmutables de la Iglesia católica? ¿Qué sería de la unidad y estabilidad de la fe?».

Poco tiempo después, el gran teólogo dominico Réginald Garrigou-Lagrange (1877-1964) en un artículo para el Angelicum se preguntaba ¿Hacia dónde va la nueva teología»? y señalaba algunas de sus principales características: rechaza la idea del jesuita Bouillard quien, basado en la llamada «filosofía de la acción» de Maurice Blondel, sostenía que las nociones teológicas debían evolucionar de acuerdo a la evolución del espíritu humano en la historia, pues una teología que no fuera actual no sería teología, porque no sería verdad, si se asume el apotegma blondeliano de que la verdad es la adecuación de la mente a la acción. Asimismo, considera falsa la tesis principal de Henri de Lubac en Surnaturel; a saber, que «nada deja ver en santo Tomás la distinción, que algunos teólogos tomistas forjaron más tarde, entre “Dios autor del orden natural” y “Dios autor del orden sobrenatural”». Para Garrigou-Lagrange esta afirmación no solo va contra muchos pasajes de santo Tomás de Aquino, sino desquicia la esencia del pensamiento tomista y puede poner entre paréntesis la necesidad de la Iglesia para la salvación y la obra misma de la redención. Ataca, además, la doctrina de Pierre Teilhard de Chardin, a la que considera una falsificación fantasiosa y sincrética de todala teología.

Garrigou-Lagrange concluía respondiendo a la pregunta que daba título a su artículo: «¿Y a dónde va la nueva teología, con estos nuevos maestros que la inspiran? ¿A dónde, sino al camino del escepticismo, la fantasía y la herejía? ¿A dónde, sino al modernismo?».

Finalmente, la encíclica Humani Generis (1950) de Pío XII, aunque sin mencionar nombres de individuos, condenó todas estas posiciones, junto con el existencialismo, el historicismo y, ya en el campo de lo pastoral y de lo para-doctrinario, la mentalidad irenista, que buscaba aggiornar la fe a cualquier costo.

¿Cómo reaccionaron los teólogos aludidos?

Muchos, en una actitud semejante a la de los viejos jansenistas en el famoso debate de las questions de fait y las questions de droit, no se reconocieron en las alusiones papales, como De Lubac, por ejemplo. Y otros, como Teilhard de Chardin, simplemente manifestaron un profundo desprecio hacia el documento. En el caso de la primera reacción, la general ambigüedad en el estilo de estos escritores, permitía que, dependiendo del auditorio, pudieran enfatizar determinados elementos de su pensamiento, menos contenciosos, y así generar la impresión de que la «ceguera» de Roma y sus teólogos escolásticos, a veces considerada de manera perdonavidas como «comprensible», no alcanzaba a entender posiciones perfectamente aceptables.

Pero hubo sanciones contra ellos….

Sí. Una serie de medidas internas –es decir, emitidas por sus superiores religiosos– cayeron sobre Henri de Lubac (prohibido de enseñar y limitado de publicar) y otros teólogos del escolasticado jesuita de Fourvière, en Lyon. Daniélou fue denunciado también. Teilhard de Chardin marchó a un exilio voluntario en Estados Unidos, no sin antes considerar en una carta privada a la encíclica papal como fruto de distintas perversiones psicosexuales (¡!). El dominico francés Yves Congar, por su parte, tuvo que dejar Francia y afincarse en Roma, donde vio algunos de sus libros puestos en el Índice, uniéndose así a la condena previa contra la obra Le Saulchoir. Un école de théologie, de su hermano de religión y colaborador Marie-Dominique Chenu, puesta en el Index en 1942. Además, la Santa Sede ordenó una visita a las casas francesas de la Compañía de Jesús y de la Orden de Predicadores, donde habían circulado algunas de estas ideas.

Estas medidas rigieron entre 1950 y 1958 de manera más o menos firme. Para 1960, sin embargo, serían casi todas levantadas. Curiosamente, Henri de Lubac, en agosto de ese año, estando de vacaciones en una villa del Delfinado, se enteró, mientras leía el diario La Croix, que había sido nombrado por Juan XXIII consultor de la comisión preparatoria del Concilio Vaticano II, junto con Yves Congar, otro damnatus. Estaba ocurriendo algo muy parecido a lo que sucede en todos los procesos revolucionarios: las cárceles son vaciadas y los presos se convierten en los nuevos jueces (y a veces en los verdugos).

¿Y cuáles fueron los principales postulados de esta nueva teología?

Aunque el artículo de Garrigou-Lagrange y la encíclica Humani Generis (1950), así como los estudios de los padres Journet y Labourdette definieron, a mi parecer muy exactamente, los principia et pronunciata maiora de la «nueva teología» (como hemos visto en la primera pregunta), conviene escuchar a los propios nouveaux théologiens para entender cómo se veían a sí mismos.

En este punto cabe recordar que las alocuciones de Pío XII y los estudios de los teólogos romanos de 1946 no cayeron simplemente del cielo. Aparecieron a raíz de un artículo del padre jesuita Jean Daniélou, publicado en abril de ese mismo año en Études, la revista de los jesuitas franceses. Allí sostenía que el modernismo había formulado preguntas y exigencias válidas, al margen de sus «excesos», pero que la respuesta de Roma había sido un «neo-tomismo» que no era más que un «racionalismo teológico» y una Comisión Bíblica que ponía bajo sospecha a investigadores que eran «la gloria de nuestra Iglesia». El resultado de esta «rigidez» (sic) habría sido una teología no solo «alejada» de la vida, sino en abierta ruptura con ella. La teología escolástica tradicional es incapaz de alcanzar la «historicidad» y «subjetividad» fundamentales de las realidades humanas y, por tanto, no sirve ya. Ignora «la historia, el mundo dramático de la persona, los universales concretos que trascienden toda esencia…». Sin embargo, «hoy en día, la teología ha comenzado a alinearse con estas tres dimensiones del pensamiento moderno».

Según Daniélou, las orientaciones presentes del pensamiento religioso, llamadas a renovarlo, debían incidir en tres aspectos: 1) vuelta a las fuentes de la teología (entendidas no como los lugares teológicos tradicionales, sino como un retorno a la patrística, no solo erudito, sino con la finalidad de contrastar y/o deconstruir la escolástica); 2) preocupación pastoral de la teología o contacto con la «vida misma» y 3) diálogo con la «cultura contemporánea». Demás está decir que estos dos últimos puntos, gaseosos y seudopoéticos, se prestan de forma inmejorable a la polisemia y a la manipulación ideológica. Sin embargo, creo que son una buena síntesis de la forma mentis de esta «nueva teología» en todas sus variedades.

¿Cuáles serían estas variedades?

Podemos distinguir en esta nueva teología de manera aproximada dos grandes corrientes. Una, de carácter historicista, estaría nucleada en torno a dos escuelas teológicas: Fourvière, de los jesuitas, y Le Saulchoir, de los dominicos. En torno a Fourvière tenemos a Henri de Lubac (1896-1991), el verdadero maitre à penser de todo el movimiento, a Henri Bouillard (1908-1981), al mencionado Jean Daniélou (1905-1974) e incluso a una figura en mucho insular, pero que consideró siempre a De Lubac como su «querido maestro», el suizo Hans Urs von Balthasar (1905-1988); en Le Saulchoir, a Marie-Dominique Chenu (1895-1990) e Yves Congar (1904-1995). Recordemos que De Lubac gustaba decir que no era un teólogo sino un historiador del dogma. Pero, como hemos visto, no todo era erudición patrística en Fourvière, sino también existía una pretensión epistemológica revolucionaria para la teología. Sin embargo, la apariencia de historiadores inocuos era en la década de 1940 y 1950 el dispositivo perfecto para camuflar un ariete doctrinal contra el aborrecido escolasticismo romano y sus supuestos «aparatos represivos».

La otra corriente era de carácter más especulativo y provenía del ámbito germánico. No buscaba un ressourcement en el mundo de la patrística, a diferencia de la corriente historicista, sino que sus a priori filosóficos correspondían al magisterio de pensadores modernos: en el caso de Karl Rahner se trata de Martin Heidegger; en el caso de Hans Küng, de Georg Friedrich Hegel. Comparten, eso sí, otras características mencionadas por Daniélou: un giro hacia la historicidad y la subjetividad y un deseo de dialogar con la «cultura contemporánea» y con la «vida misma», sea lo que esto signifique.

Pero hay un vínculo más profundo entre estas dos corrientes. Dejemos que el recientemente fallecido Hans Küng lo explique con sus propias palabras en su voluminoso libro Ser cristianos: «En Alemania, fue sobre todo Karl Rahner quien, con un coraje extraordinario, pese a sufrir al principio grandes persecuciones, abrió nuevos caminos a la teología de la posguerra con sus avances en los más diversos ámbitos teológicos. También él fue el primero que secundó las intenciones del francés De Lubac, su hermano en religión, criticando la teoría tradicional de las “dos plantas” e insistiendo en el único orden real de salvación, el orden sobrenatural, y en el único fin real para todos los hombres, la visión sobrenatural de Dios».

Tenemos, entonces, según Küng, a un verdadero pionero, que «arrojó la primera piedra»: Henri de Lubac, y luego al filosofante Rahner, «secundándolo», en torno a una verdad literalmente fundamental de toda la nueva teología: la confusión entre orden natural y orden sobrenatural.

Cabe señalar que, al comienzo, las cosas no fueron tan armoniosas como las presenta Küng. En un ensayo titulado «Relación entre naturaleza y gracia», parte de sus Ensayos sobre antropología sobrenatural, Rahner parece darle la razón a Humani Generis en este asunto. Sin embargo, el mismo De Lubac en su interesantísima Memoria en torno a mis escritos se apresuró a señalar que la crítica «suave» de Rahner era sobre un artículo que no pertenecía a De Lubac aparecido en lengua alemana. Dice al respecto De Lubac, «lo que el P. Rahner me oponía, o más bien creía oponerme, concordaba, por lo demás, casi casi con lo que yo mismo pensaba, dejando aparte una mezcla de vocabulario heideggeriano, que no me parecía necesario».

Esta «concordancia» se dará en el famoso «existencial sobrenatural» de Rahner, suerte de categoría a priori sobrenatural, que, a la larga, llevará a un antropocentrismo que diviniza al hombre para todos los efectos prácticos. De esta manera, Rahner no solo asume el dictum fundacional delubaciano, sino lo supera. Por otro lado, las «grandes persecuciones» contra Rahner se limitaron a algunos meses de 1962, en que se le anunció que estaba bajo vigilancia del Santo Oficio. Poquísimo tiempo después, esta medida fue levantada al anunciarse su inclusión entre los peritos del Concilio. El carácter abstruso de sus escritos, la guerra y la complicidad de algunos de sus superiores lo habían protegido durante las dos décadas anteriores.

Pero también ambas corrientes –la historicista francesa y la especulativa alemana– compartían un mismo objeto de odio: Roma, entendida como…

Antes de ahondar en este peculiar «objeto de odio», ¿podría explicarnos un poco más esta confusión entre orden natural y sobrenatural que, según usted, es la «verdad fundamental» de la Nouvelle Théologie…?

Conviene primeramente resumir, de manera burda, la doctrina católica al respecto: somos salvados por la gracia, que ordinariamente viene por los sacramentos instituidos por Cristo y administrados por su Iglesia; nuestra sola naturaleza humana no nos permite, bajo ningún caso, alcanzar la visión beatífica. La base escriturística de esta verdad es abundante y ha sido asumida, con diversos matices, por todos los teólogos ortodoxos. Ahora continuemos resumiendo, también de manera burda, el núcleo de la disputa.

Henri de Lubac, en su famoso Surnaturel (1946), «descubre» que santo Tomás sostiene que toda criatura intelectual desea por naturaleza ver a Dios (Contra Gentes, III, 57). El carácter de este deseo había sido interpretado por la escolástica tradicional como un deseo natural no innato sino elícito, condicional e ineficaz, de ver la esencia de Dios en cuanto autor de la naturaleza. De esta manera se salva el carácter gratuito de la gracia. De otro modo, se podría entender que si este deseo era un apetito natural innato, como desideria naturae nequit esse inane, es decir, un apetito natural no puede ser vano porque atentaría contra el principio de la rectitud de la naturaleza, estaría el contemplar a Dios (circunstancia sobrenatural) como exigido por nuestra propia naturaleza.

Ojo: acá no estamos hablando de un apetito elícito, es decir, que sigue al conocimiento, como podría ser el caso de un filósofo que haciendo uso de su razón natural descubre a Dios y alguna de sus perfecciones y en consecuencia lo desea; sino de un apetito natural innato, eso es previo a todo conocimiento, como, por ejemplo, el hambre. Por el solo hecho de tener hambre sabemos que corresponde a la naturaleza humana el encontrar alimento, sabemos que corresponde a la naturaleza humana comer. Pero si la visión de la substancia divina es un apetito natural innato, entonces nuestra naturaleza exige este objeto y por lo tanto ejerce una relación de necesidad respecto de Dios, lo que tendría una consecuencia absurda y contradictoria: la naturaleza humana sería sobrenatural y Dios estaría en cierto punto obligado por ella; por lo tanto, Dios no sería Dios. De ahí que la escolástica tradicional hablase de dos fines: el fin natural del hombre, que sería asimilable a la eudemonía aristotélica, la contemplación natural de Dios; y el fin sobrenatural, cuyo objeto es la visión beatífica de Dios y que es totalmente sobrenatural.

De Lubac rechazaba esta visión tradicional de la potencia obediencial y de los dos fines, porque hacía depender las relaciones entre lo natural y lo sobrenatural de, según él, un milagro. Las relaciones entre la gracia y la naturaleza, de acuerdo a la perspectiva tradicional, serían una caricatura «extrinsicista», como dos compartimentos estancos superpuestos. Además, esto haría del orden natural un orden cerrado en sí mismo y no abierto, por sí y de manera radical, al llamado de la gracia. Y, finalmente, su argumento fundamental –dado que teologizaba bajo el «chaleco antibalas» de historiador– era que santo Tomás nunca había hablado ni de dos fines ni de potencia obediencial, sino que estos conceptos habrían sido fabricados por teólogos posteriores de la escuela dominica y del periodo tridentino.

Ya desde el mismo momento de su aparición, Garrigou-Lagrange había refutado estos argumentos, particularmente el del carácter no tomasiano de la potentia obedientialis y de los dos fines. En nuestros días, Ralph McInerny, en su libro fundamental Praeambula fidei. Thomism and the God of the Philosophers, cita varios pasajes de santo Tomás donde se habla detalladamente de una «potencia de obediencia» de las criaturas intelectuales respecto de Dios (De Potentia, q. 1 a. 3 ad 1m), que está «ad illa quae supra naturam», «para aquello que está sobre la naturaleza», y que se distingue de la potencia natural (De Veritate, q. 8, a. 4, ad 13m). También habla de la potencia obediencial en otros pasajes de De Veritate y De Potentia, así como en la Summa Theologiae (IIIa, q. 1 a. 3, ad 3m). Respecto a los dos fines, santo Tomás habla claramente de la duplex felicitas homini, de la doble felicidad del hombre: la natural y la sobrenatural (S. Th., Ia q. 62 a. 1). Cabe recordar que para los aristotélicos felicidad, fin o bien son en cierto grado sinónimos.

Ahora volvamos a «Roma» como objeto de odio…

Para considerar este punto debemos hacer un ejercicio de evocación histórica que puede parecer difícil en los tristes tiempos que corren. Hasta antes de la década de 1960, la Santa Sede era vista como una suerte de capital mundial de la contrarrevolución, por decirlo de alguna manera. Los teólogos romanos eran un ejemplo proverbial de solidez doctrinal y de intransigencia. Todos aquellos que, luego de errar por los caminos del mundo, buscaban retornar al orden, volvían sus ojos a Roma, como en el poema de Oscar Wilde: «And here I set my face towards home, / for all my pilgrimage is done, /although, methinks, yon blood-red sun / marshals the way to Holy Rome» («Allí volví mi faz hacia mi Hogar / pues creí haber llegado al fin / de mi peregrinación, mas, ¡ay! el Sol sangrante/ señalaba el camino a la Santa Roma»).

La llamada escuela romana de teología no era más que la escolástica aristotélica de tradición dominica, que se remontaba a Tomás de Aquino y a Cayetano, el comentarista renacentista de la Summa cuya interpretación se había hecho oficiosa a raíz de su inclusión en la llamada edición leonina de la obra tomasiana. Sus representantes en el momento del estallido de la revolución de la nouvelle théologie eran Garrigou-Lagrange, Journet, Guérard des Lauriers y Ottaviani, entre otros. Había también una corriente paralela, estrechamente vinculada a la anterior, pero menos especulativa y más orientada a temas eclesiológicos y sacramentales: se remontaba a Bellarmino y había conocido un renacimiento gracias al cardenal Billot y a los grandes manualistas como Wernz y Vidal, Salaverri, etc. Cabe señalar que un «manualista» no era, como dice la caricatura, un esquematizador o un repetidor de eslóganes oficiales, sino un maestro universitario que debía hacer una labor ingente de erudición leyendo las más diversas fuentes y que, con las herramientas de la logica minor, sintetizaba distintas posiciones sobre puntos teológicos y las confrontaba con posibles objeciones. Todo esto en un latín que, para la década de 1950, había alcanzado una perfección inusitada como instrumento estilístico y como lengua científica: la breviloquentia renacentista se hermanaba con la profundidad escolástica. En este punto es interesante recordar lo que contaba el difunto profesor Robert Spaemann sobre la maravilla de aprender cibernética en latín en la universidad de Friburgo en Suiza (otrora reducto de la escolástica dominica tradicional) a fines de esa década.

La teología romana servía de guía al Santo Oficio, encomendado en aquellos tiempos al cardenal Pizzardo y luego al cardenal Ottaviani, que custodiaba la pureza de la fe por encarecida recomendación de Pío XII (cuya faceta como erudito clásico y profundo conocedor, por citar un ejemplo, de la revolución de la física cuántica, ha sido olvidada). Precisamente en medio de la tormenta, en 1953, el papa Pacelli escribió una carta a monseñor Antonio de Castro Mayer, obispo de Campos, Brasil: «El día que la Sagrada Congregación que vigila la Fe afloje la mano, entonces habrá llegado el momento del futuro ataque a la fortaleza de la Iglesia, perpetrado por aquellos elementos incrustados en su propio seno». Los últimos cincuenta años parecen darle completamente la razón.

Esa era la «Roma» aborrecida por todas las corrientes de la nouvelle théologie. Esos eran los bastiones que, en palabras de Hans Urs von Balthasar, había que derribar. El odio al Santo Oficio de los tiempos pacellianos llegó a extremos bastante intensos: Yves Congar, en sus mordaces Diarios, en una entrada del 16 de enero de 1955, llega a quejarse de que «dentro de poco habrá que pedir permiso al Santo Oficio hasta para ir a orinar». Y «como la boca habla de lo que el corazón rebosa» (Lc. 6, 45), Congar llegaría al extremo, según Leo Alting von Geusau, de orinar en los muros del Santo Oficio cuando era perito conciliar.

En ese librito melancólico titulado Diálogo sobre el Vaticano II (1985), en el que un anciano cardenal De Lubac manifiesta su perplejidad ante la gravedad de la disidencia en la Iglesia posconciliar, es decir, ante la gravedad de las consecuencias naturales de sus premisas, intenta realizar una defensa del cardenal Ratzinger, entonces prefecto para la Congregación para la Doctrina de la Fe, atacado generalizadamente por todos los «teólogos de avanzada» de la década de los 80. Y no encuentra mejor forma de elogiarlo que señalar que, como joven teólogo y perito conciliar, le cupo a Ratzinger un papel fundamental en el desmantelamiento del viejo Santo Oficio de Ottaviani. Ante tal elogio, el cardenal bávaro podría haber repetido como cierto cómico mexicano: «No me defiendas, compadre».

¿Eso quiere decir que todo era perfecto en la Roma de aquellos tiempos?

Para nada. Nada es absolutamente perfecto en nuestro estado viador, pero sí creo que es evidente que la teología romana nunca fue derrotada en el campo teórico por la nueva teología, fue simplemente desmantelada por las autoridades durante los años posconciliares. Es cierto que la aparición del hombre-masa en el siglo XX fue un gran reto para la Iglesia. Este es un arquetipo humano descrito por Ortega y Gasset como poseyendo la psicología de un niño mimado, signada por dos rasgos: «la libre expansión de sus deseos vitales –por tanto, de su persona– y la radical ingratitud hacia cuanto ha hecho posible la facilidad de su existencia», es decir, hacia la tradición. Ese arquetipo humano, evidentemente, vivía preso de su «historicidad» y «subjetividad», y una filosofía como la aristotélica, con su sereno rigor y jerarquía, no llamaría la atención de sus pasiones egolátricas y más bien le produciría cierto ennui. Sea lo que fuere, no había que empaparse de los goces y esperanzas de ese «nuevo bárbaro», sino elevarlo. Eso comenzaba a hacerse a mediados del siglo XX con resultados preliminares muy prometedores.

Cuenta John Senior que, para los años 50, en las grandes universidades romanas, los asistentes de cátedra de los viejos teólogos romanos tenían que sacar carteles de «risas», cada que estos maestros hacían un chiste, porque muchos de sus alumnos no sabían suficiente latín para distinguir una broma de una fórmula escolástica. Y que muchos estudiantes solo se memorizaban fórmulas sin entenderlas y regresaban a casa con títulos en derecho canónico y teología y a ocupar puestos jerárquicos. Aunque eso quizás fuera solo aplicable a muchos americanos del sur y del norte y a ciertos españoles y franceses –porque el liceo classico italiano de Gentile y el Gymnasium alemán seguían formando latinistas relativamente sólidos–, había una necesidad de, como propone el mismo Senior, reeducar facultades básicas como la inteligencia y la memoria de esa nueva clase media occidental que entraba en masa a los aparatos educativos, a través de una formación humanística, no solo en las lenguas clásicas sino en la literatura.

La encíclica Veterum Sapientiae (1962) de Juan XXIII era un buen comienzo. Luego vino el diluvio. Pero aun hoy, mucho tiempo después de la catástrofe, cuando se revisa uno de esos ránkings que la prensa secular trae sobre los filósofos más influyentes del mundo, se puede encontrar siempre a algunos católicos aristotélicos como David S. Oderberg, John Haldane o, hasta cierto punto, Alasdair McIntyre, mientras que los tan celebrados existencialistas o personalistas de esas épocas y sus discípulos y herederos han quedado relegados a lecturas de casas de retiro de sacerdotes ancianos o sacristías en ocasiones sectarias. Más aún, en el plano académico, cuando Henri Bergson, esa celebridad filosófica de las primeras décadas del siglo XX que ejercería tanta influencia sobre Teilhard de Chardin, ha quedado relegado a algunas monografías populares que circulan en los quioscos de Iberoamérica, el aristotélico del siglo XIX Franz Brentano todavía sigue siendo bastante influyente. Así que los muertos que la nueva teología mató gozan de buena salud, al menos fuera de los ámbitos católicos.

¿Qué podría decirnos de la polémica y heterodoxa figura de Teilhard de Chardin?

Lo mismo que me dijo personalmente, hace más de diecisiete años, el difunto padre Manuel Carreira S. J., astrofísico y hermano de orden suyo: «Teilhard ni científico ni teólogo: poeta». En Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955) ya no solo estamos ante una confusión entre orden natural y orden sobrenatural (recordemos lo que le dijo personalmente a Dietrich von Hildebrand: «No me hablen de ese hombre nefasto –se refería a san Agustín–, echó a perder todo al inventar lo sobrenatural»), sino a una abolición de ambos órdenes en una suerte de totum revolutum cósmico, que no tiene ni siquiera consistencia lógica, porque está en perpetuo flujo. Ese totum revolutum, donde la materia se funde con el espíritu, evoluciona, por una fuerza inmanente, hacia el Punto Omega, el Cristo cósmico futuro. En conclusión: la «realidad» toda -por llamarla de alguna forma– se «cristifica», pero no por la gracia sacramental (que, como sabemos, solo puede ser recibida por seres humanos), sino por un impulso indefinible, que la va complejizando y espiritualizando evolutivamente.

Demás está decir que estas ideas centrales no son para nada coherentes con la doctrina católica ni con la recta filosofía y, más aún, son indemostrables desde el punto de vista de cualquier ciencia particular empírica.

Como paleontólogo solo se le recuerda por dos descubrimientos: en 1912, el muy conveniente descubrimiento del canino faltante del llamado «hombre de Piltdown», ese eslabón perdido entre el simio y el hombre, ulteriormente revelado como un fraude, perpetrado por un amigo de Teilhard, el paleontólogo aficionado Dawson; y su participación en los equipos en torno al descubrimiento del Sinantropus pekinensis.

Durante los años inmediatamente posteriores a su muerte, la figura de Teilhard sería recibida con benigna curiosidad en algunos ambientes intelectuales occidentales. Se le veía como un personaje curioso, con rasgos de aventurero y de «rebelde» contra la Roma periclitada, y como un poster boy o niño-símbolo del aggiornamento. Incluso inspiró a personajes literarios del periodo como el joven clérigo heterodoxo de Las sandalias del pescador, de Morris West, y el sacerdote arqueólogo Lancaster Merrin, de The Exorcist, de William P. Blatty (aunque, es menester señalar que este último personaje, a diferencia de Teilhard, creía en la existencia del diablo). Pero una vez producido el aggiornamento y el consecuente desmantelamiento del Ancien Régime preconciliar, estos mismos ambientes empezaron a evaluar críticamente los asertos teilhardianos. Muchos científicos llegaron a la conclusión de que era una especie de charlatán místico o chamán psicodélico de la Era de Acuario. Y ahora solo es reivindicado dentro del movimiento New Age. Eso sí, en los últimos años, ciertos jerarcas católicos así como algunos globalistas y transhumanistas lo suelen sacar del baúl de los recuerdos cuando necesitan alguna metáfora salvaje que suene poética y profunda para sus designios revolucionarios.

Pero lo más triste de todo fue el permanente insulto a la inteligencia de los fieles católicos y de la Iglesia toda que perpetró hasta el final de su vida Henri de Lubac. Desde La pensée religieuse du père Teilhard de Chardin (1962) hasta Diálogo sobre el Vaticano II (1985), se esmeró por constituirse en el «traductor» de Teilhard, intentando hacer de sus doctrinas algo aún más ambiguo y gaseoso pero digerible para las nuevas autoridades eclesiásticas de aquel periodo. ¿Deshonestidad intelectual y maquiavelismo? ¿Una «noble mentira» encargada por algún hombre de poder, destinada a convencer a una «opinión pública secular» imaginaria que la nueva Iglesia que emergía en esos años no era hostil a la «ciencia»? No lo sabemos. Lo cierto es que media una gran distancia entre el anciano cardenal De Lubac diciendo en 1985 que Teilhard era un «intérprete y defensor fiel de la fe cristiana, especialmente en su personalismo y su doctrina del amor (¡!)» y el Monitum del Santo Oficio de 1962, que califica su obra como «llena de ambigüedades o, más bien, de errores, que ofenden la doctrina católica».

Todas estas ideas influirían luego en la Teología de la Liberación…

Hay que recordar que Gustavo Gutiérrez, el clérigo limeño que, en 1974, bautizaría y sistematizaría la teología de la liberación en el libro del mismo nombre, cuando vivía en Lyon como seminarista en los 50 «estudió privadamente con el P. Henri de Lubac SJ, uno de los intelectuales prestigiosos en la Iglesia en esa época que no podían enseñar en público por sus ideas avanzadas», como señala el historiador jesuita Jeffrey Klaiber. Vemos, entonces, que De Lubac, considerado por algunos de sus seguidores neoconservadores como un «hijo fiel de la Iglesia» aun ante los castigos de Roma, siguió haciendo de las suyas a puerta cerrada.

Y, más allá de ese elemento biográfico, lo cierto es que la teología de la liberación es impensable sin la nouvelle théologie: toda la primera parte del libro de Gutiérrez, su marco teórico, podríamos decir, está preñado de citas de Blondel y de su maestro De Lubac. La confusión entre orden natural y sobrenatural de De Lubac y la noción dinámica de verdad de Blondel son el armazón de la nueva comprensión de la teología como «reflexión crítica sobre la praxis» que hace Gutiérrez, y a partir de la cual no solo surgirá la teología de la liberación, sino la teología del pueblo, la ecoteología, la teología feminista, la teología gay y demás aberraciones.

Avergüenza y entristece ver cómo algunos neoteólogos procuraban refutar a Gutiérrez y a la vez reivindicar las premisas delubacianas. Al final terminaban en un callejón sin salida teórico, del que solo pueden salir con argumenta ad hominem, como calificar al teólogo peruano de «izquierdista» o de incitador a la violencia guerrillera (lo que puede ser cierto, pero no es un argumento lo suficientemente válido para refutar una doctrina teológica), o a apelaciones meramente legales o de autoridad, como la especie falsa de que había «sido castigado por la Santa Sede» (¿y qué me dicen de De Lubac?).

¿En qué medida la la Nouvelle Théologie es incompatible con la doctrina católica y cuáles han sido sus efectos en la vida de la Iglesia?

Antonio Gramsci ponía como ejemplo de su famoso concepto de «bloque histórico» a la Iglesia católica de su tiempo: una viejecilla siciliana del campo creía, en esencia, lo mismo que un profesor del Angelicum o de la Universidad Gregoriana. Eso no puede decirse más ahora: la Babel doctrinal actual solo está unida por un cada vez más endeble lazo jurídico extrínseco.

Si se quiere ver cuáles han sido los frutos de la nueva teología basta observar la terrible ignorancia –y el aún más terrible ignorantismo- en el que han caído amplios sectores del clero. Me ha pasado en muchas ocasiones oír homilías absolutamente carentes de cualquier sentido pero repletas de metáforas y eslóganes vacíos, y luego descubrir que su perpetrador era doctor en alguna ciencia sagrada por alguna universidad pontificia europea. Y si por casualidad se le ocurriera a alguien pedirle una explicación por lo huero de su cháchara, diría algo así como: “Bueno, eso es lo que la gente puede entender y lo único que necesita, ¿te imaginas qué pasaría si les hablamos de teología?». Porque para ellos la teología es una especie de filología especializada (como estudiar el concepto de kairós en Ireneo de Lyon y Karl Barth, por citar un ejemplo imaginario) incapaz de ofrecer a nadie una definición doctrinal mínima, sino solo una especie de autoayuda disfrazada de «pastoral». Se ha llegado a lo que el padre Eduardo Vadillo denuncia como una reducción de la teología a una «teorretórica». En el mejor de los casos.

Observar a De Lubac y Daniélou, convertidos en cardenales, clamando contra el desmoronamiento de la fe durante los años del posconcilio, es como oír a los republicanos moderados clamando contra el Frente Popular en 1936: «¡No es esto, no es esto…!». Es el clamor permanente de todos los revolucionarios de primera hora, al ver que sus ideas, en desarrollo absolutamente coherente, acaban generando terrores. Como diría Donoso Cortés, elevan monumentos a las premisas y cadalsos a las consecuencias. Porque, si la «subjetividad» y la «historicidad» son convertidas casi en lugares teológicos, en condiciones sine qua non para la cientificidad y validez de la teología, como pretendía Daniélou, ¿dónde terminamos? Quizás la historicidad y la subjetividad de Daniélou –pensemos lo mejor de él– eran muy elevadas, pero a lo mejor la historicidad y subjetividad de la actual organización laical alemana que participa del Sínodo la lleva a considerar como nueva virtud cristiana y nuevo lugar teológico la «diversidad sexual» para así dialogar mejor con la «cultura contemporánea» y estar «abiertos a la vida misma», como decía literalmente este teólogo francés. El único problema es que la «cultura contemporánea» y la «vida misma» parecen llevarnos en nuestros días a un abismo sicopático donde todo deseo se convierte en un derecho.

Si la naturaleza humana exigiendo la gracia y la materia inerte cósmica evolucionando en conciencia y luego en Cristo son «interpretaciones fieles de la doctrina cristiana», como sostenía De Lubac, ¿para qué la misión y para qué los sacramentos? Querer periclitar el potencial dinámico de la nouvelle theologie en una «nueva ortodoxia» es como querer poner puertas al campo o, como decía Aristóteles en el actualísimo Libro IV de la Metafísica dedicado a refutar a otros defensores de la «historicidad» y «de la subjetividad» como eran los sofistas fenomenistas, «perseguir pájaros al vuelo» (1009 b).

Curiosamente, los neoteólogos y sus herederos han acabado generando una nueva Inquisición, pero muy distinta al anterior Santo Oficio. Como su propio estilo y métodos tienden al circiterismo, que Romano Amerio definía como «referirse a un término indistinto y confuso como si fuese algo sólido e incuestionable, y extraer o excluir de él el elemento que interesa extraer o excluir», la defensa de la Fe se convertirá ya no en un ejercicio de defender proposiciones doctrinales, sino de defender personas, personas de poder. Como buenos relativistas, han acabado por reconocer al Poder como única verdad indiscutible, al margen de toda historicidad y subjetividad. Así, mientras la Revelación está cubierta de misterio y problematicidad, el Código de Derecho Canónico, al inicio, y luego ni eso, sino solo las fobias y las filias del que manda, sea dentro o sea fuera de la Iglesia, acaban siendo el único criterio más o menos claro.

El viejo Santo Oficio condenaba proposiciones y, al margen de lo que se pudiese opinar al respecto, no cabía duda de que era todavía una posición lógica, en el sentido de que obedecía al logos. Ahora en cambio, la Inquisición líquida condena «mentalidades» o «tendencias» que ni siquiera es capaz de definir. En lugar de explicar sus nuevos anatemas, recurre tanto a las formas más burdas como a las más elaboradas del insulto. La falacia del argumentum ad hominem ha adquirido derecho de ciudad en la iglesia de hoy y las posiciones odiadas ya no son refutadas con argumentos sino clasificadas, con toda caridad, como patologías mentales o morales. Y el circiterismo se acaba peligrosamente pareciendo a la neolengua y al doblepensar del que hablaba Orwell en 1984. En ese sentido el pronóstico de Garrigou-Lagrange se quedó corto, la nouvelle théologie no solo conduce al escepticismo, a la fantasía, a la herejía o al modernismo, sino también al totalitarismo.

Como lecturas para profundizar en el tema y junto con los textos ya citados de Garrigou-Lagrange, Daniélou, De Lubac, Küng y McInerny, el entrevistado recomienda el interesante número 14 de la revista Communio, segunda época, correspondiente a septiembre-octubre de 1992, consagrado enteramente a homenajear al entonces recientemente fallecido Henri de Lubac, especialmente el artículo de Raúl Berzosa, hábil resumen de los principios de la nouvelle théologie. También el agudo y bellamente escrito ensayo Cien años de modernismo, del recientemente fallecido padre Dominique Bourmaud y el artículo del R. P. Albert Kallio O. P. The Last Battle of Lagrange. Finalmente, la lectura de la encíclica Humani Generis (1950) de Pío XII sigue siendo un deber permanente”.

Por Javier Navascués

56 comentarios

  
Néstor
"los universales concretos que trascienden toda esencia…»"

Ahí está el quid: nominalismo. Mientras no se salga de eso, no hay salida, simplemente.

De una vez por todas: vuelta a Santo Tomas y a la escolástica.

Saludos cordiales.
21/07/22 10:50 AM
  
Néstor
"vuelta a las fuentes de la teología (entendidas no como los lugares teológicos tradicionales, sino como un retorno a la patrística, no solo erudito, sino con la finalidad de contrastar y/o deconstruir la escolástica);"

Ésa fue la motivación de la publicación de la por otra parte muy valiosa sin duda colección "Sources Chrétiennes" de escritos de los Padres de la Iglesia.

Dejar a Santo Tomás para ir a resolver los problemas planteados por Descartes, Hume, Kant, Hegel, Marx, etc., en los escritos de algún Padre sirio del siglo III. Es decir, bajarse del Concorde y subirse a la avioneta de los hermanos Wright.

Lo malo del asunto es que luego no se trataba en realidad del Padre sirio, sino de una versión "católica" de Kant o de Heidegger.

Saludos cordiales.
21/07/22 10:56 AM
  
Néstor
Uno de los mejores artículos que he leído en este portal. Hay que difundirlo, esto es lo que ha originado todo el desastre de estas décadas.

Saludos cordiales.
21/07/22 11:14 AM
  
Néstor
El "link" entre De Lubac y Gustavo Gutiérrez lo dice todo. No más preguntas.

Saludos cordiales.
21/07/22 11:33 AM
  
JC
Muy bueno, completo y edificante.
21/07/22 12:54 PM
  
Urbel
Magnífica entrevista.

Alegra saber que un autor de doctrina ortodoxa tan sólida sea, según se nos cuenta, profesor en varios seminarios y casas religiosas del Perú.

Entre las lecturas que al final recomienda el entrevistado se encuentra "el agudo y bellamente escrito ensayo Cien años de modernismo, del recientemente fallecido padre Dominique Bourmaud", de la Hermandad Sacerdotal de San Pío X. Aunque lo compré hace años, no fue hasta el confinamiento covidiano cuando lo saqué de la librería y lo leí de cabo a rabo en pocos días: una excepcional obra de síntesis, llena de fuentes muy interesantes y reflexiones certeras, que se remonta al protestantismo y las filosofías idealistas y llega hasta la hecatombe posconciliar.
21/07/22 1:44 PM
  
Urbel
La supuesta vuelta a los Santos Padres, contraponiéndolos a la escolástica pretendidamente decadente, es una vieja artimaña heterodoxa. Muy manoseada en el siglo XVIII, como se demuestra en unos divertidos pasajes del padre Isla que ahora no puedo citar por no tener a mano su desternillante "Fray Gerundio de Campazas".

Como si las obras de Santo Tomás de Aquino y de sus mejores continuadores no estuviesen llenas de citas de San Agustín, San Juan Crisóstomo y demás.
21/07/22 1:52 PM
  
Alguno
Este hombre debería hacer clases de teología, ¡con qué claridad explica todo!! por favor, más artículos como este!!
21/07/22 2:17 PM
  
Curro Estévez
Verdaderamente extraordinarios los comentarios de César Félix Sánchez, que ponen los pelos de punta: De Lubac, Danielou y Congar creados cardenales. Von Balthasar casi. Y Ratzinger, no sólo cardenal, sino al frente de la Congregación para la doctrina de la fe, y luego papa con su hermenéutica de la continuidad a cuestas para darnos en el cogote a los que seguimos sin explicarnos cómo pudo Roma propiciar esta mutación radical y completa del ethos católico sobrevenida en los años 60.
21/07/22 6:10 PM
  
Josué
Excelente estudio. Se me terminaron de caer del pedestal De Lubac yTeilhard de Chardin. Los demás ya lo habían hecho.
21/07/22 8:55 PM
  
Néstor
A von Balthasar sí lo hicieron Cardenal, pero pocos días antes de su fallecimiento.

Saludos cordiales.
21/07/22 10:25 PM
  
hornero (Argentina)
La entrevista a César Félix Sánchez pone de manifiesto la trágica confusión operada en los últimos decenios en la teología.

La palabra se disgrega, se extingue, decía en mi comentario anterior, a la entrevista de Navascués a Monedero.

Se extingue porque el pensamiento del “hombre viejo del pecado” se extingue. No puede comunicar su vacío, pero puede arrastrar todo hacia él. Sus afirmaciones deshilachadas no constituyen sistemas, sólo opiniones personales, rejuntadas en un basurero por sus seguidores.

Anti-pensamiento, anti-logos, anti-civilización, anti-humanidad.

Peor que la anarquía: autodestrucción de la inteligencia, caos del pensamiento arrastrado por el derrumbre de la moderna Babilonia, causado por la apostasía, racionalismo y corrupción.

La filosofía aristotélico-tomista, y su proyección en la teología, tienen recursos aún inexplorados que permitirían reagrupar las fuerzas en un sistema filosófico-teológico que mitigue la catástrofe en desarrollo, y sobre todo, que permita establecer los fundamentos racionales de una nueva sabiduría.

“Sólo hay ciencia de lo universal” decía Aristóteles, y Santo Tomás de Aquino lo hace suyo con toda razón.

Pero podemos decir además, que la sabiduría inefable conoce también la inteligibilidad absoluta, suprasensible, de las cosas materiales singulares, particulares, concretas. Conoce el logos, la idea, la palabra que constituye la realidad ontológica última de una piedra, de un árbol, de una galaxia. Sabiduría de orden racional que establece la raíz supra-racional del ser material singular.

No contradice al tomismo, lo continúa.

La Aurora de María irradia la Luz de la Gloria de Cristo que se manifiesta de modo creciente, aún incipiente, en la Iglesia, la humanidad y el cosmos. La Señora Vestida de Sol lleva adelante su Misión de preparar el camino a la Venida de Su Hijo, conforme Ella lo afirma en sus reiterados Mensajes. Es bueno apelar a ella como fuente de salud de la inteligencia.

Fuente de la que mana la nueva sabiduría que, sin dejar de ser racional, prepara el camino hacia la inefable y sacra inteligibilidad de la Creación.

El tomismo tiene hoy la misión impostergable de responder al racionalismo moderno con la afirmación categórica de la inteligibilidad de los entes materiales, singulares, concretos. Puede alcanzar la última realidad que los constituye, inefable y sacra participación por el Verbo Creador del Logos o Discurso divino de la Creación y de su eminente y eterna Liturgia celebrada por el orden del universo.

El realismo aristotélico-tomista muestra la unidad inteligible e inefable de la Creación.

Ambito inconmensurable de lo real, inexplorado, que guarda la potencia estremecedora del ser; fuente inagotable de la verdad, y se proyecta hacia el Abismo del Creador.

Tiempo del Logos que se aproxima al horizonte de la Iglesia, de la humanidad y del universo todo.

“Días gloriosos os esperan, en Mí os regocijáis, amados hijos Míos” (Mens. de Jesús en San Nicolás (Argentina) del 17-11-1983).

El mundo, agotados los recursos de la ciencia, técnica y demás obras del "hombre viejo", espera espectante el "restablecimiento de la armonía primitiva" (Pío XII); la Civilización del Amor (Pablo VI); despues de "Cruzar el umbral de la Esperanza" (S.J.P. II):


22/07/22 1:37 AM
  
Federico Ma.
Muy buena entrevista.

Habría que aclarar al menos dos cosas.

1. La potencia obediencial no es "infundida sobrenaturalmente por Dios", sino que consiste, como dice el P. Garrigou-Lagrange, en la misma naturaleza creada en cuanto es capaz de recibir de Dios lo que Dios quiera (ie., lo que no repugna).

Santo Tomás, en efecto, dice:

"...in anima humana, sicut in qualibet creatura, consideratur duplex potentia passiva, una quidem per comparationem ad agens naturale; alia vero per comparationem ad agens primum, qui potest quamlibet creaturam reducere in actum aliquem altiorem, in quem non reducitur per agens naturale; et haec consuevit vocari potentia obedientiae in creatura" (S. Th., III, q. 11, a. 1, c.).

"...in tota creatura est quaedam obedientialis potentia, prout tota creatura obedit Deo ad suscipiendum in se quidquid Deus voluerit" (De virtutibus, q. 1, a. 10, ad 13).
22/07/22 2:00 AM
  
Federico Ma.
2. Respecto del deseo natural de ver a Dios, ni Santo Tomás ni los tomistas clásicos dicen que "nazca de la potencia obediencial", la cual es pasiva. (Más bien será Suárez, que no es tomista, quien entenderá la potencia obediencial como activa, noción errónea que criticó lúcidamente la escuela tomista).

Santo Tomás habla de un deseo natural elícito de la visión de Dios en su Summa Theologiae, el cual nace de la contemplación de los efectos naturales:

"Inest enim homini naturale desiderium cognoscendi causam, cum intuetur effectum; et ex hoc admiratio in hominibus consurgit. Si igitur intellectus rationalis creaturae pertingere non possit ad primam causam rerum, remanebit inane desiderium naturae. Unde simpliciter concedendum est quod beati Dei essentiam videant" (I, q. 12, a. 1, c.).

Y el P. Garrigou-Lagrange dice al respecto:

"Luego del Ferrariense y de Báñez [Cayetano en este punto, por oponerse por demás a Escoto, no acertó, como ya lo notó el Ferrariense] la mayoría de los tomistas (Juan de santo Tomás, Gonet, Salmanticenses, Gotti, Billuart, etc.) admiten que el hombre naturalmente desea con un deseo no innato sino elícito, condicional e ineficaz, ver la esencia de Dios en cuanto autor de la naturaleza. Añaden generalmente que se trata de un deseo también libre, ie., no necesario en cuanto a la especificación" (De Deo Uno, p. 263, [traducción mía]).

Fue ya Escoto quien sostuvo esa tesis de de Lubac, de un deseo natural innato ineficaz: posición ya criticada por el tomismo, desde Cayetano.

22/07/22 3:27 AM
  
Federico Ma.
Se trata, por tanto, de un deseo natural elícito condicional e ineficaz. Porque si el deseo natural elícito fuera eficaz, implicaría esos problemas de confusión entre el orden natural y el sobrenatural.
22/07/22 3:41 AM
  
Cristóbal
Me ha parecido un artículo magnífico, de los que merece la pena releer pues repasa una historia triste y de enormes y desastrosas consecuencias para la Iglesia. Cómo nos hemos dejado engañar ! Aunque fueran buenas las intenciones que movieran a estos teólogos
22/07/22 8:49 AM
  
hornero (Argentina)
Hay una premisa: asumir que vivimos tiempos escatológicos, últimos del “hombre viejo del pecado”, contemporáneos del derrumbe de la moderna Babilonia.

Mientras el mundo del racionalismo-materialista-nihilista-ateo debate los caminos a seguir por el despeñadero, el plan del Designio de Dios Creador y Salvador continúa en su cumplimiento.

El vacío que deja la extinción del pensamiento moderno debe ser ocupado por la nueva sabiduría que nos ofrece la Aurora de María. Luz de la Gloria de Cristo que colma a la Señora Vestida de Sol.

De Ella viene el despertar a los horizontes del Reino que agitan a la tierra y al universo en “la esperanza de participar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios” (Rom 8).

Los parámetros que determinan el campo de la ciencia y técnica son incompatibles con las dimensiones de los feudos del Reino.

El tomismo permanece como instrumento apto para profundizar en la verdad ontológica de lo creado, por consiguiente, para alcanzar la sabiduría necesaria para el gobierno de las cosas. Debe retomar el camino, avanzar hacia el abismo ontológico inteligible que guardan en su última realidad los seres materiales, singulares, concretos.

El axioma aristotélico “sólo hay ciencia de lo universal”, admitido por Santo Tomás, no es válido en lo tocante al inteligible inefable del logos de los entes materiales singulares.

La situación de la Iglesia y del mundo apremia a teólogos y filósofos encarar la tarea colosal de determinar las vías para el esperado “restablecimiento de la armonía primitiva” (Pïo XII).

La Aurora de María nos ofrece los recursos de sabiduría, santidad y poder necesarios.



22/07/22 6:35 PM
  
Federico Ma.
Por cierto, lamentable la "Nouvelle Théologie".

Pero lamentable también en lo que terminaron Guérard des Lauriers y Castro Mayer...
22/07/22 9:10 PM
  
Moncada
Para Federico Ma.

Creo que son dos grados de "lamentabilidad", si puede hablarse de eso. Uno mucho más grave que el otro. La "lamentabilidad" de la Nouvelle Théologie lleva, como dice el citado Garrigou, a la herejía, a la herejía de las herejías que es el modernismo. Por otro lado, la "lamentabilidad" de Guerard des Lauriers fue tener una posición errónea en el problema, hasta donde sé canónico, de la sede-vacante. Me parece que se llamaba sedeprivacionista esa posición. No negó ningún dogma. Por tanto no fue hereje. Mons. De Castro Mayer ni eso. Solo desobedeció en una decisión específica: la consagración de obispos sin mandato pontificio en 1988. Según él en conciencia y justificadamente. Y el derecho canónico exhime de pena a quien actúa en conciencia, aún si está equivocado. Sea lo que fuere, tampoco hay herejía ahí. Además, estas dos figuras estuvieron aisladas. No se les dio poder, a diferencia de De Lubac, Daniélou, Congar y compañía....cuya capacidad corruptora fue infinitamente mayor, por la condición doctrinal de sus errores y por su alto puesto, así como el mayor apoyo e influencia del que gozaron. Salvo mejor opinión claro está
22/07/22 9:36 PM
  
Moncada
Por otro lado, tengo una pregunta tanto al entrevistado, como a Federico Ma. y a quien guste responderme: ¿dónde, sea en que instituciones o libros, puede un laico con algún conocimiento de filosofía básico aprender la escolástica tradicional de la escuela dominica?
22/07/22 9:39 PM
  
Urbel
El entrevistado no dice nada sobre "en lo que terminaron Guérard des Lauriers y Castro Mayer".

Pero, como ya he comentado, sí elogia y recomienda el libro "Cien años de modernismo" del padre Dominique Bourmaud, sacerdote de la Hermandad de San Pío X.
22/07/22 10:42 PM
  
Federico Ma.
Bueno, no me metí a medir "grados de lamentabilidad".

En todo caso, ser excomulgado y morir excomulgado por justa causa es lo suficientemente lamentable como para lamentarlo no poco (respecto del excomulgado, claro, porque en sí mismo, siendo justo, es algo bueno y laudable).

Respecto de la conciencia en esos casos, creo recordar que el P. Iraburu lo trató en alguno de sus posts sobre filolefebvrianismo. En todo caso, el cisma va muy cercano de la herejía, y no parece tan fácil que se quede en solo cisma luego del CVI.

En cuanto a lo último, salvo meliori iudicio, me parece que lo mejor es ir a los comentarios clásicos de la Summa Theologiae. Los últimos grandes escolásticos de la escuela tomista (y que reúnen y comentan algo de los anteriores tomistas clásicos), al menos de los más conocidos, entiendo que son Billuart (Summa Sancti Thomae, en varios volúmenes) y Garrigou-Lagrange (Comentarios a la Summa, al menos en 7 volúmenes), ambos dominicos. Están en la web, claro que en latín. Si no los encuentra, me dice y se los paso. Si quiere una Filosofía más sistemática, están los tres volúmenes del Card. Zigliara. Del Prado comenta el tratado "De gratia" (también está todo en la web o se lo puedo pasar). Esto en cuanto a libros. En cuanto a "instituciones"..., bueno, quizá allí la "Nouvelle Théologie" hizo de las suyas, desgraciadamente...: si las hay, no creo que abunden.
22/07/22 10:42 PM
  
hornero (Argentina)
Ése es el Mundo Nuevo que viene traído por la Aurora de María. hecho manifiesto por su Mediación, guardado inexplorado hasta hoy, contenido en los abismos ontológicos de la Creación.

Mundo Nuevo que prolonga el mundo conocido hasta las magnitudes inconmensurables del inteligible inefable.

Mundo Nuevo que nos permite entrar en la Nueva Edad del Reino, la que prepara el camino a la Venida del Señor, según palabras de María.

La Creación espera contribuir a la edificación del Reino, “participar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios” (Rom 8). La Evangelización de los ocho mil millones de hermanos requiere de la ayuda de las creaturas: que proclamen el logos sacro de su ser ante los hombres, a fin de que su testimonio abra la mente y el corazón de éstos, y los lleve a la Conversión. “Los cielos pregonan la gloria de Dios”, si alentaron a los pastores, y movieron a los Magos de Oriente, harán otro tanto en nuestro tiempo, convocados por nuestras oraciones puestas en las Manos de María.

A falta de misioneros, “hablarán las piedras” (Luc 19, 40).

Tiempo del logos de la Creación que se manifiesta bajo la potente Luz de la Aurora de María. La voz del universo silenciará el estrépito de las blasfemias. Y la humanidad se convertirá. Si los operarios son pocos “Yo les digo que de estas piedras Dios puede hacer surgir hijos de Abraham” (Mat 3, 9).

“No estáis en el ocaso, sino en el renacer de la Aurora” (Mens. de la Virgen en San Nicolás, Argentina).


22/07/22 11:54 PM
  
Moncada
Bueno, hasta donde sé, si bien la ley natural no puede ser dispensada por la conciencia, la ley positiva (incluso la eclesiástica) sí puede serlo. Por ejemplo, consagrar obispos sin mandato pontificio no es una prohibición de derecho natural, no es algo intrínsecamente malo. Más aún, antes de Pío XII, que lo hizo pensando en los chinos, ni siquiera implicaba excomunión latae sententiae, sino solo suspensión. Por otro lado, al, en conciencia, tener motivos urgentes como la Iglesia perseguida, etc,, hizo que muchos obispos en Oriente consagrasen sin mandato pontificio. Ahora, podría ser que a diferencia de los obispos en los lugares de persecución estuvieran en lo cierto y Castro Mayer y Lefebvre erraron. Aun si erraron pero estaban convencidos el CIC los dispensa, véase el canon 1323 .7. Salvo mejor opinión.
23/07/22 12:49 AM
  
Moncada
Estimado Federico Ma.: Muchas gracias por sus recomendaciones!!! Las buscaré en Google y si no las encuentro le aviso por aquí. Una otra consulta: ¿y cómo hacer para aprender el latín necesario para leer esos textos? ¿dónde y cómo lo aprendió usted? He visto algunos manuales en línea y en tiendas físicas como el "Salve. Aprender latín desde la tradición cristiana". ¿Son suficientes para comprender el latín de esos libros? Nuevamente gracias.
23/07/22 12:53 AM
  
Cristián Yáñez Durán
Sr. Moncada

Aunque escribió casi todo en latín, incluso en griego clásico, el RP Santiago Ramírez OP, ha sido una de las máximas eminencias del tomismo. Su Opera Omnia fue editada por el convento de San Esteban.
Aunque no fue dominico, el RP Cornelio Fabro, está en la mejor línea tomista. También, el RP Osvaldo Lira SSCC, especializado en estética y teología política.
23/07/22 5:45 AM
  
Federico Ma.
Pero no habiendo dispensa, aun cuando la materia no sea de derecho natural, desobedecer a la legítima autoridad cuando justamente manda sí parece intrínsecamente malo: pues el derecho natural prescribe obedecer a quien, cuando y en lo que se debe.

Cierto que el P. Ramírez fue otro gran tomista y muy recomendable (pasa que cité escolásticos cuyas obras se pueden encontrar en internet). Que Fabro, al menos el último, esté en todo "en la mejor línea tomista"..., es por lo menos discutible. En todo caso, no es escolástico ni dominico.

En cuanto al latín, pues claro que hay que empezar por allí. Suponía que lo manejaba. Ese manual "Salve...", si es el que he hojeado hace un tiempo (de Eunsa), me pareció bastante complicado. El latín de santo Tomás y el de los escolásticos no es tan difícil. El método clásico de ir estudiando la gramática y la sintaxis (como las de Valentín Fiol), que es el que seguí cuando estudiaba, me parece que funciona. Hay un Curso de latín bastante sencillo, editado por G. del Toro (Soc. Francisco Torrent), para segundo curso (de antes...) del Bachillerato, que es muy didáctico (viene con ejercicios para cada unidad) y creo que es más que suficiente.

"El entrevistado no dice nada sobre "en lo que terminaron Guérard des Lauriers y Castro Mayer"". Sí, es bastante obvio. Y precisamente por eso hice la aclaración. Claro que a un (filo)lefebvriano no le caerá del todo bien. El problema es que, como decían san Juan Pablo II, Benedicto XVI y comentaba el P. Iraburu, hay cuestiones doctrinales por las que un lefebvriano no está en plena comunión con la Iglesia Católica (por más que se crea más católico que todos los católicos), y el que está errado en ellas, como es claro, no es sino el lefebvriano (aun cuando, hay que decirlo, en muchas cosas esté más cercano a la plena comunión que otros que, si bien aparentan ser católicos, están cerca de tributar culto a la "madre tierra").
23/07/22 10:26 PM
  
Federico Ma.
"Aun si erraron pero estaban convencidos el CIC los dispensa, véase el canon 1323 .7. Salvo mejor opinión".

"Sin embargo no se puede dudar razonablemente de la validez de las excomuniones de los obispos declaradas en el Motu proprio y en el Decreto. En particular, no parece que pueda encontrarse ninguna circunstancia eximente o atenuante en cuanto a la imputabilidad de la pena (cf. CIC, cann. 1323-1324). En cuanto al estado de necesidad en que se creía monseñor Lefebvre, hay que tener en cuenta que este estado debe darse objetivamente, y que nunca hay necesidad de ordenar obispos contra la voluntad del Romano Pontífice, Jefe del Colegio de obispos".

Pontificio Consejo para la interpretación de los Textos Legislativos, "Sobre la excomunión por cisma en que incurren los adherentes al movimiento del obispo Marcel Lefebvre" (24 de agosto de 1996), n. 4.

vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/intrptxt/documents/rc_pc_intrptxt_doc_19960824_vescovo-lefebvre_it.html
24/07/22 1:01 AM
  
Cristián Yáñez Durán
Federico Ma

Lo de "plena comunión" es ya una novedad no ya sin fundamento alguno en la tradición, sino sin sentido. A la Iglesia se pertenece o no, no hay punto medio.
Y es la prinera vez que escucho de "errores doctrinales" lefebvrianos. Quienes los "han denunciado" no han hecho sino dar opiniones personales, tan retorcidas como el lenguaje posconciliar, y en abierta contradicción con el Magisterio y la Tradición.
Por lo demás, los lefebvrianos no existen. Al menos no en el sentido con que lo entienden los aggiornados o novadores. Pero seguramente es una proyección del tan común culto desordenado a los papas y fundadores de movimientos de espíritu conciliar y afines.
24/07/22 6:13 AM
  
Urbel
Bastante obvio, es cierto, que el entrevistado nada dice sobre en lo que terminaron Guérard des Lauriers y Castro Mayer.

Igual de obvio que el entrevistado elogia y recomienda el libro "Cien años de modernismo" del padre Dominique Bourmaud, sacerdote de la Hermandad de San Pío X fundada por el arzobispo Marcel Lefebvre. Por eso he reiterado la observación.
24/07/22 8:53 AM
  
Federico Ma.
Cualquier cismático o hereje puede escribir cosas buenas. Incluso puede hacerlo un ateo. Repetir obviedades no tiene mucho sentido. Pero el comentario aclaratorio sobre esos dos (y se puede añadir a ese tercero, que igualmente fue justamente excomulgado [y así murió...]), sigue valiendo.

Es el Magisterio mismo quien alude a los errores doctrinales:

"La raíz de este acto cismático se puede individuar en una imperfecta y contradictoria noción de Tradición: imperfecta porque no tiene suficientemente en cuenta el carácter vivo de la Tradición, que —como enseña claramente el Concilio Vaticano II— arranca originariamente de los Apóstolos, "va progresando en la Iglesia bajo la asistencia del Espíritu Santo; es decir, crece con la comprensión de las cosas y de las palabras transmitidas, cuando los fieles las contemplan y estudian repasándolas en su corazón, cuando comprenden internamente los misterios que viven, cuando las proclaman los obispos, sucesores de los Apóstoles en el carisma de la verdad". Pero es sobre todo contradictoria una noción de Tradición que se oponga al Magisterio universal de la Iglesia, el cual corresponde al Obispo de Roma y al Colegio de los Obispos. Nadie pude permanecer fiel a la Tradición si rompe los lazos y vínculos con aquél a quien el mismo Cristo, en la persona del Apóstol Pedro, confió el ministerio de la unidad en su Iglesia" (Ecclesia Dei, n. 4).

"...las cuestiones doctrinales, obviamente, persisten y, mientras no se aclaren, la Fraternidad no tiene un estatuto canónico en la Iglesia y sus ministros no pueden ejercer legítimamente ningún ministerio.
Precisamente porque los problemas que se deben tratar actualmente con la Fraternidad son de naturaleza esencialmente doctrinal..." (Ecclesiae unitatem, nn. 4-5).

Y a mayor abundamiento, véanse los siete posts del P. Iraburu sobre filolefebvrianismo.

En esa Carta de Benedicto XVI (Ecclesiae unitatem) se dice por tres veces que los lefebvrianos no están en "plena comunión" con la Iglesia. No se habla de pertenencia o no a la Iglesia. Y eso de la más o menos plena comunión con la Iglesia Católica (la única Iglesia de Cristo), se puede entender en el sentido material. Por ese lado es claro que el caso de un lefebvriano, si bien no está en plena comunión, difiere del caso de un protestante. En todo caso, la idea parece clara. Mejor no marear la perdiz... (cf. infocatolica.com/blog/espadadedoblefilo.php/1103100914-de-perdices-mareadas-cismas-y).
24/07/22 7:17 PM
  
Federico Ma.
Ya san Agustín hablaba de "hermanos separados". Si "hermanos", se puede suponer que algo tienen en común, como es el bautismo.

En todo caso, el Catecismo lo explica (nn. 816 y ss.) y hay un documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe al respecto: "Carta... sobre algunos aspectos de la Iglesia considerada como comunión".

No sé a qué alude con que "los lefebvrianos no existen". Contra facta non valet argumentum. Si los quiere llamar miembros de la "Hermandad (o Fraternidad) sacerdotal S. Pío X" ("FSSPX"), da igual: de nominibus non est disputandum. De lo que se trata es de la realidad. De nuevo me viene a la memoria lo de marear la perdiz...
24/07/22 7:49 PM
  
Urbel
Es to es lo que escribe Bourmaud sobre la Tradición viva:

“La Tradición viva lubaciana, sacada de Blondel, recuerda la ley de la vida de Loisy, según la cual la Iglesia se deforma y transforma en la más perfecta contradicción. Sus sucesores, Ratzinger y Juan Pablo II, se adaptan a ella de maravilla. Una vez que el modernismo haya triunfado sobre la cúpula de San Pedro, la Tradición viva se identificará con la Iglesia conciliar, sin ningún nexo lógico necesario con la transmisión de la Revelación pasada. La Tradición viva considera falso hoy lo que ayer era verdadero, y verdadero lo que era falso. Tiene anchas las espaldas. Permite eliminar veinte siglos de Magisterio constante y tachar de “disposiciones provisionales” a la enseñanza infalible que condena la libertad religiosa, el modernismo y las desviaciones bíblicas. Permite excomulgar a los pocos obispos fieles a la verdadera Tradición . Realmente, los neomodernistas pueden felicitarse por este invento genial que mata dos pájaros de un tiro: protege el modernismo y descuartiza la Tradición apostólica en nombre de ¡la Tradición viva!”

(Dominique Bourmaud, "Cien años de modernismo", ed. Fundación San Pío X, Buenos Aires, 2006, p. 265)
24/07/22 9:48 PM
  
Federico Ma.
Como decía san Agustín (en su Carta sobre los donatistas, dicho sea de paso):

"Hay muchos en comunión de sacramentos con la Iglesia y, sin embargo, ya no están en la Iglesia".

"Et multi tales sunt in sacramentorum communione cum Ecclesia et tamen iam non sunt in Ecclesia".

(Epistula ad Catholicos de secta Donatistarum, 25, 74).

Ergo, cabe una comunión (de los sacramentos) no siendo de la Iglesia. Pero no es esta, como está claro, una comunión plena con la Iglesia. Ergo, se puede hablar de que dichos tales no están en "plena comunión" con la Iglesia. Así los lefebvrianos no están en plena comunión con la Iglesia.

Y así los sacramentos de los lefebvrianos (excepto, en principio, el matrimonio y la penitencia), es decir, la confección de los sacramentos por parte de lefebvrianos, es válida pero ilícita, como ha dicho la misma Iglesia.
24/07/22 9:49 PM
  
Néstor
Buenas las precisiones de Federico respecto de la potencia obediencial y el deseo natural de ver a Dios en Santo Tomás.

Sin duda que Dios tiene conocimiento intelectual de los individuos como tales, más aún, lo tienen los mismos ángeles, pero no el ser humano, porque la inteligencia humana conoce mediante conceptos abstractos que tienen por objeto lo común a varios individuos.

La tesis del conocimiento intelectual humano del individuo como tal en esta vida es en todo caso escotista, no tomista. Digo en todo caso, porque parece que hasta hay discusión entre los historiadores de Escoto sobre ese punto.

Al individuo en su singularidad lo alcanzamos por los sentidos, y si se trata de nosotros mismos, por una intuición intelectual de nuestra propia existencia, no de nuestra esencia o naturaleza, que debemos conocerla mediante conceptos abstractos.

Y la prueba es que sin datos sensibles no podemos referirnos inequívocamente a un individuo determinado. Por eso en el documento de identidad viene la foto. Toda lista de características expresadas mediante palabras con la cual queramos designar a nuestro amigo Pedro y solamente a él, fallará en el intento, porque siempre habrá una infinidad de individuos posibles que tendrán esas mismas características.

Saludos cordiales.
24/07/22 11:50 PM
  
Néstor
En cuanto negar la posibilidad de una comunión imperfecta con la Iglesia, parece que lleva a identificar la comunión con la Iglesia con la pertenencia visible a la Iglesia propia de los católicos, y eso parece que lleva a las tesis de que fuera de esa comunión visible con la Iglesia no hay salvación posible, tesis que fue condenada por la Iglesia en el caso del P. Feeney, el cual fue llevado por su tesis a negar la existencia del bautismo de deseo, propio de los catecúmenos que mueren antes de recibir el Sacramento, y del bautismo de sangre, propio de los mártires que mueren sin bautizarse sacramentalmente. No parece impropio decir que la comunión en estos dos últimos casos, en los que falta el Bautismo sacramental, es imperfecta.

Saludos cordiales.
25/07/22 12:00 AM
  
Federico Ma.
Muy bueno el ejemplo en el que se manifiesta esa noción imperfecta y contradictoria de la Tradición, que san Juan Pablo II decía estaba en la raíz del acto cismático de Lefebvre. Asimismo parecen aflorar en dicho pasaje algunos de los errores del lefebvrismo denunciados con lucidez por el P. Iraburu. Excelente, entonces, el texto: allí se expresan, por tanto, los errores doctrinales en que incurre ese grupo, conforme enseña la Iglesia. Y así "ayuda" a confirmar a los que, por gracia de Dios, estamos y permanecemos en la Santa Iglesia Católica, en plena comunión, como sus miembros, cum Petro et sub Petro.

Claro que en la genuina noción de Tradición el crecimiento sólo es en la comprensión, como decía san Juan Pablo II.

Así tenemos, desgraciadamente, dos pájaros que se han dado ellos mismo un tiro..., pues tanto modernistas como lefebvrianos son infieles a la Tradición.
25/07/22 1:07 AM
  
Néstor
Cierto, deslumbrado por la explícita referencia a los males de la "Nueva Teología", tan poco frecuente, no tuve en cuenta lo que Federico apunta con toda corrección: que el deseo natural del fin sobrenatural es afirmado por Santo Tomás de Aquino, y que obviamente la potencia obediencial es natural, no sobrenatural, porque la gratuidad de la gracia, en su caso, no se salva por el hecho de que esa potencia sea sobrenatural, que no lo es, sino por el hecho de que es obediencial y puramente pasiva, es decir, es la mera aptitud que tiene la creatura racional por la que simplemente no es contradictorio que sea elevada por Dios al orden sobrenatural.

Y el deseo del fin sobrenatural en Santo Tomás no es que no sea natural, que lo es, sino que no es innato, sino elícito, es decir, dependiente del conocimiento, porque como dice el Santo Doctor, surge tras el conocimiento filosófico de que existe una Causa Primera, lo que lleva a querer conocer su naturaleza, cosa que en los hechos sólo puede hacerse por la visión beatífica.

El error de De Lubac no está en afirmar el carácter natural de la potencia obediencial y el deseo de ver a Dios en la creatura racional, sino en hacer de ese deseo un deseo innato, independiente del conocimiento de que existe una Causa Primera, y por tanto, absoluto, una tendencia de la naturaleza racional misma sin cuya satisfacción esa naturaleza racional no puede alcanzar finalidad última alguna.

Eso es un error, porque lleva a la naturalización de lo sobrenatural, ya que aquello sin lo cual una naturaleza cualquiera no tiene sentido ni finalidad, y que ella exige absolutamente, es para ella natural.

Por eso De Lubac es enemigo acérrimo de la hipótesis de la posibilidad de la "naturaleza pura", sostenida por la escolástica, y consistente en decir que Dios podía haber creado al hombre y al ángel sin ordenarlos a ningún fin sobrenatural, cosa que fue reafirmada por Pio XII en su Encíclica "Humani Generis" sobre los errores de la Nueva Teología.

Y por eso no es de extrañar, finalmente, la transición del "sobrenaturalismo" de De Lubac al naturalismo de la Teología de la Liberación, como en su momento lo señaló también Sayés en su libro "La gracia de Cristo".

En cuanto a Cayetano, tuvo el acierto de subrayar, contra lo que luego vino a plantear De Lubac, la gratuidad de lo sobrenatural y la posibilidad del estado de "naturaleza pura", pero llevó su tesis hasta el extremo de negar un verdadero deseo natural del fin sobrenatural en el hombre viador, contra lo que claramente afirma Santo Tomás.

Para Cayetano, por lo que tengo entendido, ese deseo del fin sobrenatural sólo es posible en el hombre luego de la fe y el Bautismo, con lo cual claramente no es un deseo natural.

Saludos cordiales.
25/07/22 2:14 AM
  
Urbel
Aunque Juan Pablo II pretenda apoyarse en el progreso en el conocimiento y exposición de la Tradición, no lo hace citando las palabras del Commonitorium recordadas por el Concilio Vaticano I (Dei Filius) y por San Pío X (Juramento contra los errores del modernismo): “solamente en su propio género, es decir, en el mismo dogma, en el mismo sentido, en la misma sentencia”. Lo hace acogiendo una nueva expresión: la Tradición viva.

¿De dónde viene esta nueva expresión? De Maurice Blondel, considerado por muchos como el filósofo del Vaticano II, quien redefinió la verdad como la conformidad con la vida o la acción. Y de teólogos como Alfred Loisy, del primer modernismo, y el jesuita Henri de Lubac, del segundo, no por nada elevado al cardenalato por Juan Pablo II.

Cierto que la Tradición es viva en el sentido activo de transmisión del depósito de la fe a lo largo de los siglos.

Pero no en el sentido pasivo del depósito transmitido, salvo lo ya indicado respecto del progreso homogéneo (“solamente en su propio género, es decir, en el mismo dogma, en el mismo sentido, en la misma sentencia") en su conocimiento y exposición.
25/07/22 8:23 AM
  
Urbel
Otra reflexión certera sobre la Tradición viva (todavía no con ese nombre) o "en acto continuo" en el Vaticano II:

“Si el Concilio sostiene que la Revelación no se da por doctrina sino por presencia, evidentemente va a entender de otra manera la transmisión de la Revelación a las demás generaciones de cristianos que no convivieron con Nuestro Señor, es decir, la Tradición. La Tradición no será, entonces, transmisión de doctrina, sino prolongación del Sacramento que hace presente el Misterio de Dios. Después de la muerte y resurrección de Cristo, el sacramento sensible pasa a ser desde entonces la Iglesia, en su persona, palabras y obras. La Iglesia es sacramento de Cristo y Cristo es sacramento de Dios. Dios es misterio oculto y revelado en Cristo, y desde la resurrección, Cristo es misterio oculto y revelado en la Iglesia. […] Evidentemente, la Tradición así entendida casi se confunde con la Revelación, es la Revelación en acto continuo.

[…] El capítulo II de Dei Verbum, que trata de la “Transmisión de la Revelación divina”, no dice las cosas tan claramente como aquí nosotros. Pero léaselo con un pensamiento tradicional y se encuentran muchas expresiones extrañas; léase luego a la luz de estas indicaciones y todo se vuelve claro:

“Dios, que habló en otro tiempo, habla sin intermisión [revelación continua] con la Esposa de su amado Hijo; y el Espíritu Santo, por quien la voz del Evangelio resuena viva en la Iglesia, y por ella en el mundo, va induciendo a los creyentes en la verdad entera, y hace que la palabra de Cristo habite en ellos [presencia] abundantemente” (n. 8)” .

(Álvaro Calderón, "Prometeo, la religión del hombre", ed. Fundación San Pío X, Buenos Ares, 2011, pp. 287 y 288)
25/07/22 9:14 AM
  
César Félix Sánchez Martínez
Queridos Néstor, Federico Ma, Urbel, Sr. Moncada, Alguno, Curro, JC, Cristian y a todos los demás comentaristas:
Les agradezco mucho por los interesantísimos comentarios y la amable y cariñosa recepción de esta entrevista. Particularmente agradezco las observaciones respecto a algunos errores y confusiones.
Por ejemplo: Digo en la entrevista: "El carácter de este deseo había sido interpretado por la escolástica tradicional como nacido de una potentia obedientialis infundida sobrenaturalmente por Dios para la recepción de lo sobrenatural", cosa que no es así, porque obviamente la potencia obediencial (según Tomás, Cayetano, Garrigou-Lagrange...) es natural, ¡no podría ser de otra forma! Pretendía decir: "El carácter de este deseo había sido interpretado por la escolástica tradicional como nacido de una potencia obedientialis para la recepción de lo sobrenatural, DE LA GRACIA infundida sobrenaturalmente por Dios". Pero se me confundió el texto y salió así. No quisiera atribuirle la responsabilidad de este dislate a alguna "potestad" maligna de esas que están en los aires e irrumpen en las labores informáticas y digitales...fue el cansancio probablemente.
Acá estábamos concluyendo el semestre y abusé de la generosidad de mi amigo don Javier Navascués, que me había pedido la entrevista hace meses, demorando yo por mucho tiempo la entrega, así que, apenas tuve tiempo, la mandé como salió sin darle una revisión más concienzuda. Les pido disculpas. Por otro lado, la referencia que hago a las tendencias naturales y las tendencias sobrenaturales a Dios según Garrigou-Lagrange (capítulo V de la parte II del "Realismo del principio de finalidad", particularmente las interesantes notas 7 y 8) puede llevar a a confusión así que he decidido suprimirla. La semana pasada envié una corrección de estos puntos, que será publicada en las próximas horas si no lo ha sido ya.
Finalmente, otro gazapo menor (y del que me he dado cuenta recién hoy) fue poner como fecha de publicación del libro "Teología de la Liberación" del padre Gutiérrez 1974, cuando fue 1971 (precisamente el año pasado se cumplieron 50 años de este acontecimiento y fue celebrado con bombos y platillos en el Perú, especialmente, en la PUCP de Lima).
Muchas gracias.
25/07/22 6:07 PM
  
César Félix Sánchez Martínez
Respecto de la interesante consulta formativa del Sr. Moncada, creo que convendrá responderla en una entrevista aparte, porque da para mucho, teniendo en consideración los grandes cambios que han ocurrido en la educación básica en los últimos sesenta años. ¿Cómo enseñar o aprender filosofía aristotélica en esta época? Y, más aún, ¿cómo enseñar la teología escolástica tradicional? Especialmente ahora y aquí, donde, por mencionar el caso de mi país y de mi experiencia más inmediata como profesor de seminario, tenemos jóvenes que han pasado de las formas ágrafas de reflexión a la cultura visual del internet saltándose la galaxia Gutenberg, la cultura del libro. Por otro lado, existe el caso de laicos todavía formados en una tradición letrada pero que por la urgencia del colapso de la doctrina y la heterodoxia generalizada necesitan una preparación rápida urgente contra errores tan sutiles como la Nouvelle Theologie, mucho menos burdos que, no sé, el adventismo, para el cual bastan unas cuantas refutaciones presentes en línea. Así que le ruego un poco de paciencia. Creo que será una ocasión para una interesante conversación entre todos nosotros.

Finalmente, ha surgido otro tema fascinante, como es el del llamado catolicismo tradicional. Da para varias entrevistas y reflexiones. Solo diré ahora, parafraseando a un Sumo Pontífice sobre otro tema mucho menos importante: "Si son sinceros y buscan a Dios, ¿quién soy yo para juzgar?".
25/07/22 6:20 PM
  
Federico Ma.
Muy buena explicación, Néstor. Gracias.

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"…hace que la palabra de Cristo habite en ellos [presencia] abundantemente".

Es la SE la que dice: "Verbum Christi habitet in vobis abundanter..." (Col 3, 16). (Vg y NVg).

Y esta cita del Apóstol está en el mismo texto del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II que citó, por cierto: podría haberla referido...

"Tradición viva":

"Ecclesia nempe Dei mandatu Sacrarum Scripturam interpres et custos, in se viventis Sacrae Traditionis depositaria..." (Pío XII, Alocución del 17 de octubre de 1953).

La expresión de "Tradición viva" está asimismo en M. Pérez de Ayala y en D. Báñez, teólogos católicos del siglos XVI. ¿Ellos también la tomaron de M. Blondel?
25/07/22 8:39 PM
  
Federico Ma.
Estimado César:

Gracias a Ud.

Respecto de su aclaración:
"Pretendía decir: "El carácter de este deseo había sido interpretado por la escolástica tradicional como nacido de una potencia obedientialis para la recepción de lo sobrenatural, DE LA GRACIA infundida sobrenaturalmente por Dios"".
No sé si ahora omitió quitar la frase "de una potencia obedientialis para la recepción de lo sobrenatural", de modo que hubiera quedado: "nacido DE LA GRACIA...".
En todo caso:
1. El deseo natural de ver a Dios no nace de la potencia obediencial, toda vez que la misma es pasiva, receptiva; no puede por ello "producir" un deseo. (Sostenerlo parecería estar en la línea de Suárez).
2. Tampoco nace de la gracia sobrenatural, toda vez que se trata de un deseo natural. Por eso la lectura de Cayetano aquí no se sostiene, no es fiel a santo Tomás (Garrigou-Lagrange dice que Cayetano reacciona por demás contra Escoto).
3. De allí que "la mayoría de los tomistas (Juan de santo Tomás, Gonet, Salmanticenses, Gotti, Billuart, etc.) admiten que el hombre naturalmente desea con un deseo no innato sino elícito, condicional e ineficaz, ver la esencia de Dios en cuanto autor de la naturaleza" (Garrigou-Lagrange). De modo que aquí no parece que "entre en juego" la potencia obediencial.

Respecto del "no juzgar":
De lo que se trata, precisamente, es de juzgar en el plano objetivo. Así como se ha de juzgar que la homosexualidad es algo en sí mismo desordenado (lo digo por el contexto de la frase de Francisco que citó), así como Ud. juzgó, y muy bien por cierto, sobre el error objetivo de la "Nouvelle Théologie", así se ha de juzgar respecto del lefebvrismo, objetivamente, distinguiéndolo del catolicismo tradicional (que todo catolicismo lo es), toda vez que el mismo (el lefebvrismo) es un movimiento cismático (cf. Pontificio Consejo para la interpretación de los Textos Legislativos, "Sobre la excomunión por cisma en que incurren los adherentes al movimiento del obispo Marcel Lefebvre" (24 de agosto de 1996)).

Gracias nuevamente.
25/07/22 8:55 PM
  
César Félix Sánchez Martínez
Querido Federico Ma:
Le agradezco mucho por su clarísima explicación, como siempre. Tiene Vd. nuevamente la razón. "Nacido" no es un verbo que corresponda en este punto. ¿Qué reformulación me sugeriría en este punto, para ponerla, sin que sea demasiado específica o detallada, como correspondería al formato de esta entrevista divulgativa desde la perspectiva de lo que podríamos llamar una "historia de la cultura católica contemporánea"? Por otro lado, creo que tengo una gran debilidad por Cayetano, un "soft spot". (Seguramente el venerable padre Garrigou-Lagrange diría que sobre-reacciono contra la Nouvelle Théologie).
Sobre el tema de la FSSPX he encontrado que hay mucha confusión a la hora de denominarlos, clasificarlos o etiquetarlos. Entre los miembros de la congregación (sacerdotes, hermanos y terciarios) a los que se podría llamar propiamente "lefebvrianos" o "lefebvristas" (como los eudistas o los ignacianos) y los simples fieles que asisten a sus misas. A veces se dice que solo los obispos habrían incurrido en el delito, a veces otros llegan a decir que todos los fieles que reciben los sacramentos son cismáticos Por otro lado, si entendemos por cisma la separación de la Iglesia (como en el caso, por ejemplo, del cisma griego), me cuesta comprender cómo el Papa puede otorgar jurisdicción para confesar en todo el universo o autorizar que los Obispos deleguen facultades matrimoniales a clérigos que están fuera de la Iglesia (si fueran cismáticos, claro está). Por eso no me atrevería a juzgarlos como separados o cismáticos. Estoy revisando ahora también el texto que Vd. referenció. Por otro lado, ¿toda desobediencia es un cisma? ¿Qué hace que una desobediencia o un conjunto de desobediencias constituyan un cisma? ¿Cuál sería el constitutivo formal de un cisma, por así decirlo? Le agradezco de antemano por sus respuestas y por la sugerencia mencionada en la primera parte de mi comentario. Muchísimas gracias.
25/07/22 10:51 PM
  
Urbel
Cierto que la Tradición es viva en el sentido activo de transmisión del depósito de la fe a lo largo de los siglos, y en ese sentido activo lo afirma Pío XII en el texto citado.

Respecto de Báñez y Pérez de Ayala, habrá que estar a lo que resulte de los textos que no se han transcrito.

Pero la Tradición viva en el sentido pasivo del depósito transmitido es la evolución sustancial, no homogénea, de la doctrina católica: la que conduce desde Dignitatis humanae hasta Amoris laetitia, por el momento ... y más lejos cada vez.
26/07/22 12:14 AM
  
Feri del Carpio Marek
Muy interesante entrevista. Mientras más pasa el tiempo, más me acerco al filolefevbrismo.

Tal vez salvo algunos personajes caricaturezcos, antisemitas reinvindicadores de Hitler y que recuerdan al jansenismo en algunos aspectos, en general pienso que lo mejor del catolicismo, en cuanto a la doctrina y liturgia en la Iglesia de rito latino, se encuentra en los grupos tradicionales, incluyendo lefevbristas.
26/07/22 12:50 AM
  
Cristián Yáñez Durán
Es el concepto novedoso y conciliar de "plena comunión" el que da pie a la noción de una Iglesia neumática. Esto mismo está otorgado por el muy ambigüo "subsistit" y los múltiples actos externos de los pontífices posconciliares para con "hermanos separados", judíos, musulmanes y paganos, que tanto escándalo han provocado.
Y no es imaginación mía. Todos los sacerdotes no FSSPX que he conocido, excepto los OSE, me han indicado explícitamente que la Iglesia de Cristo no se limita a la Católica, sino que ésta es sólo la más perfecta.
26/07/22 2:55 AM
  
Cristián Yáñez Durán
Y más confusión respecto de la noción posconciliar de Iglesia que favorece la tesis neumática:
1) Hasta el CVII todos los papas identifican Iglesia y Reino de Dios:
- ..."El primer campo es el Reino de Dios sobre la tierra, es decir, la Iglesia verdadera de Jesucristo" (León XIII, "Humanum Genus").
- ..."La Iglesia Católica, que es el Reino de Cristo en la tierra..." (Pío XI, "Quas Primas").

2) Post concilio y dicho por el más "ortodoxo" de los neoteólogos:
"Afirmar la relación indivisible entre la Iglesia y el Reino no implica olvidar que el Reino de Dios, aún considerado en su fase histórica, no se identifica con la Iglesia en su realidad visible y social"... (Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración "Dominus Iesus" (6.AGO.2000)

Uno de los mayores problemas de los neoteólogos, es su indigencia escolástica, como reconoció tenerla el mismo Cardenal Ratzinger. El carecer de una forma mentis ordenada, es insignificante tratándose de nosotros simples fieles, pero en quien conduce es una enorme irresponsabilidad. Evidencia de esto son las extensas discusiones y debates entre católicos sinceros, en este mismo portal, alimentadas por la ambigüedad, equivocidad y abundante fatuidad, deliberadas o no, del CVII y los pastores de mentalidad moderna.
26/07/22 3:54 AM
  
Federico Ma.
En cuanto a la cuestión del cisma y lo que hace a la FSSPX al respecto, aquí se dice algo (fuente: iuscanonicum.org):

"El cisma es el rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros de la Iglesia a él sometidos. El que incurre en cisma no niega ninguna verdad de fe, pero rompe el vínculo que le une al Romano Pontífice y a los demás miembros de la Iglesia. Rompe uno de los tria vincula que nos une a los católicos, el vinculum regendi, al declararse no sometido a la autoridad del Papa. No incurre en cisma quien desobedece al Santo Padre. Este hecho, aunque puede ser muy grave, en sí no constituye un cisma. Lo que es esencial al cisma es negar al Papa su autoridad sobre la Iglesia.

Como dijo el Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos en la Nota Explicativa de 24 de agosto de 1996 sobre la excomunión en que incurren los seguidores de Lefebvre en su n. 5, el cisma (y la consecuente excomunión) afecta a aquellos que se adhieren formalmente a un movimiento cismático. Aunque sobre la cuestión del alcance exacto de la noción de ‘adhesión formal al cisma’ sería competente la Congregación para la Doctrina de la Fe, parece que tal adhesión debe implicar dos elementos complementarios:

a) uno de naturaleza interna, que consiste en participar libre y conscientemente en la sustancia del cisma, esto es, en el optar por los seguidores de Lefebvre en tal modo que se ponga tal opción por encima de la obediencia al Papa;

b) otro elemento de índole externa, consistente en la exteriorización de esta opción, cuyo signo más manifiesto sería la participación exclusiva en los actos lefebrianos, sin tomar parte en los actos de la Iglesia Católica. Se trataría, sin embargo, de un signo no unívoco, puesto que existe la posibilidad de que algún fiel tome parte en las funciones litúrgicas de los seguidores de Lefebvre sin participar en su espíritu cismático.

Naturalmente estas indicaciones se deberán aplicar en movimientos cismáticos análogos".
26/07/22 4:06 AM
  
Federico Ma.
Nuevamente, gracias a Ud., César.

Me parece que la "reformulación" iría un poco de acuerdo a lo que dijimos. El deseo de ver a Dios es natural: eso dice el Angélico. La cuestión está en cómo se entiende: si es innato debe ser eficaz: ese es el problema de Escoto y de de Lubac. De modo que no puede ser innato, sino que debe ser elícito. Pero también hay deseos elícitos eficaces. Ergo, debe ser, además, ineficaz, es decir, condicional. Eso (y entiendo que sólo eso) salva la sobrenaturalidad del orden sobrenatural. Esto es la verdad, esto es lo que dice santo Tomás. Entiendo, entonces, que estas son las aclaraciones que hay que hacer. Y entiendo, además, que no hay que involucrar a la potencia obediencial en ese deseo.

Entonces...: la frase en cuestión dice:

"El carácter de este deseo había sido interpretado por la escolástica tradicional [como nacido de una potentia obedientialis infundida sobrenaturalmente por Dios para la recepción de lo sobrenatural]. De esta manera se salva el carácter gratuito de la gracia" (y de todo el orden sobrenatural: porque la exigencia de la gracia vendría por la exigencia del fin sobrenatural).

En lugar de lo que está entre corchetes, entiendo que correspondería decir: "como un deseo natural no innato sino elícito, condicional e ineficaz, de ver la esencia de Dios en cuanto autor de la naturaleza". Et reliqua.

Sigue:

"De otro modo, se podría entender que si este deseo era un apetito natural [agregaría: innato], como desideria naturae nequit esse inane, es decir, un apetito natural (innato, en cuanto eficaz, se entiende, porque el en verdad el deseo es natural, pero elícito e ineficaz, por tanto no basta con "natural" a secas) no puede ser vano porque atentaría contra el principio de la rectitud de la naturaleza, estaría el contemplar a Dios (circunstancia plenamente sobrenatural: aquí quitaría lo de "plenamente", porque el objeto del deseo es Dios en cuanto autor de la naturaleza, no en cuanto autor de la gracia: por eso es "materialmente" sobrenatural, dicen los Salmanticenses y Garrigou, no "formalmente" (y en eso difiere de los hábitos infusos, por ejemplo) como exigido por nuestra propia naturaleza".

Las conclusiones son las mismas. Claro que son cuestiones difíciles y complicadas para presentarlas de modo "divulgativo" (nada menos que el gran Cayetano no lo entendió bien, como ya lo notó el Ferrariense y luego los grandes tomistas). Pero al menos así no parece que haya nada incorrecto ni impreciso, conforme a la mente de la escuela y del gran santo Tomás. En fin: en De Deo Uno, al comentar la q. 12, Garrigou-Lagrange da una buena explicación (y crítica de las distintas posiciones erróneas): pp. 259-264.

P. S. Y tampoco vendría mal añadir "innato" en dos lugares más (aunque quizá se infiere del contexto):

"...sino de un apetito natural INNATO, eso es previo a todo conocimiento, como, por ejemplo, el hambre. Por el solo hecho de tener hambre sabemos que corresponde a la naturaleza humana el encontrar alimento, sabemos que corresponde a la naturaleza humana comer. Pero si la visión de la substancia divina es un apetito natural INNATO, entonces nuestra naturaleza exige este objeto...".

Esto hasta donde logro ver, en cuanto el cansancio de estas horas me lo permite.

In Domino.
26/07/22 4:50 AM
  
Urbel
Muy interesante el texto de iuscanonicum.org sobre la noción de cisma, quienquiera que sea su autor, como ya observé en un debate anterior.

La desobediencia al Papa, por grave que pueda ser (y esa es otra cuestión peliaguda, la de la obediencia y sus límites), no constituye de suyo un cisma.

Me recuerda a un magnífico artículo sobre el caso del arzobispo Marcel Lefebvre y los miembros y fieles de su obra que leí hace tiempo y que tenía como título "¿Cuánta desobediencia constituye un cisma?". Y la respuesta del autor: ninguna cantidad o repetición de desobediencias constituye de suyo un cisma.
26/07/22 8:01 AM
  
Cristián Yáñez Durán
El truco del texto del PCITL, es la falsa distinción entre actos "lefebrianos" y "actos de la Iglesia Católica".
Hay una petición de principio: que existen "actos lefebrianos" y que no son católicos. Pero no se argumenta por qué no serían católicos.

Lo anterior, además de la falacia ya indicada por Urbel, de identificar desobediencia con cisma.
Y no hablemos ya de los límites de la obediencia.
26/07/22 2:12 PM
  
Feri del Carpio Marek
Con respecto a los lefebvristas, pienso que, más que el "quien soy yo para juzgar" de alguien poco digno de citar, se le aplica más bien la cira de san Agustín, que dice más o menos: "hay muchos que pareciendo estar dentro de la Iglesia están fuera, y muchos otros que pareciendo estar fuera están dentro de la Iglesia".
26/07/22 2:16 PM
  
César Félix Sánchez Martínez
Querido Federico: Muchísimas gracias por la respuesta y por darte un tiempo para echarnos una mano. Ya envié los cambios. ¡Un gran abrazo!
26/07/22 5:52 PM
  
Federico Ma.
Deo gratias!
29/07/22 1:35 AM

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18.07.22

El apologeta Monedero analiza como la manipulación del lenguaje facilita la aceptación de las ideologías

 

Juan Carlos Monedero es licenciado en Filosofía por la Universidad del norte Santo Tomás de Aquino. Escritor. Argentino. Autor de 4 libros. Docente y padre de dos hijos. Está preparando su siguiente libro titulado “Manual de maniobras para los combates culturales".

¿Por qué un libro sobre el lenguaje, la ideología y el poder?

Porque el libro está llamado a permanecer, a durar en una biblioteca, mientras que los recursos virtuales –por útiles que sean– no desarrollan ese vínculo con la persona. Tú sientes cariño por tus libros, los relees, los marcas con colores, le haces anotaciones, los regalas u obsequias. Eso tiene un valor simbólico. Pero nadie se siente emocionalmente atado a un PDF.

Por otro lado, la lectura abre formas de pensamiento abstracto, a diferencia de la imagen y los vídeos. Es un hecho que el hábito de leer no deja de derrumbarse en todo el mundo a causa de una hipertrofia de la imagen (ya el intelectual de izquierda Giovanni Sartori habló del Homo Videns). Si esto ocurría cuando predominaba la TV, con internet mucho más. Al pensar menos, somos más manipulables. La lectura en cambio nos hace pensar más, nos vuelve menos proclives al engaño, por esto quise publicar un libro.

El tipo de persona que se forma con libros es muy distinto al tipo de persona que se forma exclusivamente con videos cortos o incluso con largas entrevistas a través de Youtube. Los libros pueden formar militantes que realicen actividades desde un profundo convencimiento, inasequibles al desaliento. Los videos, si no van precedidos de sólida formación, pueden suscitar activistas –en el mal sentido del término– que responden a pulsiones ocasionales, efímeras, con los que no se puede contar en una batalla, como esta, de largo plazo.

Es necesario decir la verdad en un mundo repleto de mentiras, esa es otra razón por la cual escribí. Así como al arte disolvente debemos oponerle un arte respetuoso de la ética que manifieste el esplendor de la forma, a tantos libros que inducen al engaño, que enseñan el error o confunden, hay que oponerles una respuesta de la misma naturaleza.

¿Cómo podemos definir la guerra semántica?

La guerra semántica es un término que –hasta donde yo sé– fue usado por primera vez por el brillante intelectual argentino Carlos Disandro. Acuñó este concepto para aplicarlo a las transformaciones de significado que operaron en el seno de la Iglesia entre finales de los años 50’ y los años 70’, denunciando la infiltración del progresismo en la Iglesia.

Amparados en él y en una serie de autores mencionados en mi libro “Lenguaje, Ideología y Poder” (Ediciones Castilla, Buenos Aires, 2021, 3º ed.), podemos decir que la guerra semántica tiene lugar cuando dos personas o al menos dos grupos discuten en torno al sentido de tal o cual palabra. El vocablo semántica viene del verbo semaino, de origen griego, que significa –paradójicamente– “significar”. Recordemos que Dios dotó a Adán del poder de darle nombres a los animales en el Génesis: el que nombra las cosas tiene un poder. La batalla semántica es la lucha por determinar los significados que tienen los términos y, sin lugar a dudas, es una guerra también por el poder (y el poder es político). Por eso, esta guerra supone previamente una batalla de ideas –también de ideas políticas– porque toda disputa en torno a los términos está precedida por una discordancia en torno a las ideas.

Así, por ejemplo, en la Argentina y en Hispanoamérica, en torno a las discusiones sobre la Educación Sexual Integral (ESI), subyace una controversia que es anterior a la inclusión de la ESI como asignatura: el sentido de la Educación, de la sexualidad y de la palabra “integral”.

Más profundamente, también estaban incluidos –de manera tangencial– otros debates: ¿puede el Estado enseñar estos contenidos? ¿Qué contenidos? ¿Cuáles sí y cuáles no? ¿Cómo se aplica el principio de subsidiariedad? ¿Puede el Estado pasar por arriba de los principios de los padres? ¿En ningún caso, en algunos, en todos? ¿Es este Estado liberal, laicista y anticristiano, el que tiene el derecho de pasar por arriba de los padres? ¿Son los anticonceptivos verdaderamente objeto de la medicina y, por tanto, objeto de un programa pedagógico? ¿Existe una conducta sexual normal? La educación, ¿es un perfeccionamiento en la línea de la esencia humana o es fruto de una determinación política y, en definitiva, del consenso de los protagonistas de la sociedad?

Por lo tanto, si no hurgamos hasta el fondo hasta asegurarnos de los significados de los que estamos diciendo, dos grupos de personas pueden llegar a pronunciar los mismos vocablos pero referirse a cosas muy distintas y hasta opuestas. Aquí es donde tiene lugar la guerra semántica. Los adversarios la manejan muy bien porque conocen los resortes psicológicos. En cambio, en nuestro campo “católico provida profamilia” (si usted me permite el neologismo) algunos creen que “es una buena táctica “usar el vocabulario del enemigo: quieren darle a las palabras del enemigo un significado ortodoxo. Grave error que recibe una respuesta en el libro. Por eso siempre será desaconsejable usar las palabras “Educación Sexual” con un buen significado, prefiriendo otra terminología como Educación para el amor, Educación de los Afectos, Educación sobre Afectos y sexualidad, etc.

El avance de la causa profamilia y provida tiene lugar si nosotros logramos que los otros hablen como nosotros. Por el contrario, cuando nosotros hablamos como ellos, estamos retrocediendo. Esta es la clave de la guerra semántica.

¿No es exagerado hablar de guerra?

No creo puesto que estas discusiones se dan todos los días, todo el tiempo, hace décadas y en todos los temas, y realmente son airadas controversias. Lo que escasea son las guerras convencionales. Tenemos a Ucrania y a Rusia, pero desde hace unos meses; en las últimas décadas el número de guerras convencionales es sin duda inferior al de guerras semánticas. Es también como hemos dicho una batalla por el poder, porque el que tiene autoridad para imponer los significados tiene un gran poder. Por eso también es una forma de guerra política.

Siempre se habla de Gramsci como el padre de esta manipulación. ¿Quiénes han sido sus principales herederos?

Diría que Gramsci fue un padre pero, a su vez (como no podía ser de otra manera), también fue un hijo, pero de los predilectos. Todo el conjunto de intelectuales, escritores y divulgadores del Iluminismo fueron maestros en el arte de la manipulación de las palabras. Por desgracia, poco se conoce de otro de estos “padres”: el nefasto Labvrenti Beria, desenmascarado por un patriota estadounidense llamado Kenneth Goff en los años 50’. Beria –formador de comunistas en la psicopolítica– decía claramente que los agentes del socialismo en Occidente tenían un Objetivo Número Uno: “Producir el caos máximo en la cultura enemiga es nuestro primer paso más importante”.

El filósofo Nietzsche, de tendencia antiintelectualista, decía que la razón era como una “vieja embustera” que se había introducido en el lenguaje, porque el lenguaje reflejaba una estructura racional del mundo. Y por eso sentenció: “Mucho me temo que no conseguiremos librarnos de Dios mientras sigamos creyendo en la gramática…”.

También cabe subrayar el papel de Herbert Marcuse, otro agente del caos. Para él, era importante romper “con el universo lingüístico del orden establecido”. Así lo explica: “Es un fenómeno conocido que los grupos subculturales desarrollan su propio lenguaje, sacando de su contexto las inofensivas palabras de la comunicación cotidiana y usándolas para designar objetos o actividades convertidas en tabús por el sistema establecido. Ésta es la subcultura Hippie: ‘viaje’, ‘yerba’, ‘pot’, ‘ácido’, etc.”. Hay un sistema establecido sobre cómo se usan las palabras y los hippies, para oponerse, reacomodan las palabras en otro contexto.

Marcuse explica claramente que se trata de propiciar “una rebelión lingüística sistemática, que hace añicos el contexto ideológico en el que se usan y definen las palabras, y las coloca en el contexto opuesto: una negación del establecido”.

Con ingenio, Marcuse hablará de la terapia lingüística: “La terapia lingüística -esto es, la tarea de liberar las palabras (y por tanto los conceptos) de la total distorsión de sus significaciones, operada por el orden establecido- exige el desplazamiento de los criterios morales (y de su validación), llevándolos desde el orden establecido hasta la revuelta contra él”. Hablar distinto para procurar una revuelta, una revolución.

La revolución (que para Marcuse era marxista y para nosotros ya es directamente globalista) tiene sus indicadores: “el grado en que una revolución va desarrollando condiciones y relaciones sociales cualitativamente diferentes puede quizás sernos indicado por el desarrollo de un lenguaje diferente: la ruptura con el continuum de la dominación debe ser también una ruptura con el vocabulario de la dominación”.

Marcuse quiere mandar a través de la ideología, ser soberano, y por eso nos dice: “uno de los derechos más efectivos del Soberano es el derecho a establecer definiciones coercitivas de las palabras”. Dicho de otra manera: el que manda establece qué significan los términos. Y si ellos no logran establecer estos significados, nunca podrán obtener la victoria definitiva. Por eso ese odio a la Real Academia Española, acusada bajo las palabras mágicas de fascista, autoritaria, verticalista.

El escritor argentino Julio Cortázar, insigne promotor de la Revolución Comunista, también es un punto de referencia. Sostuvo en alguna ocasión: “Seguimos hablando de hoy y mañana con la lengua de ayer. Hay que crear la lengua de la revolución, hay que batallar contra las formas lingüísticas y estéticas que impiden a las nuevas generaciones captar en toda su fuerza y belleza esta tentativa global para crear una América Latina enteramente nueva, desde las raíces hasta la última hoja. En alguna parte he dicho que todavía nos faltan los Che Guevara de la literatura. Sí; hay que crear cuatro, cinco, diez Vietnam en la ciudad de la inteligencia. Hay que ser desmesuradamente revolucionarios en la creación, y quizá pagar el precio de esa desmesura. Sé que vale la pena”.

Paulo Freire, el ideólogo de la educación y agitador social, proponía disminuir la cantidad de palabras generadoras: 15 en lugar de 80. Enrique Díaz Araujo (que Dios lo tenga en su gloria) sostuvo al respecto: “¿Se dan cuenta? Siempre se había pensado que la cultura consistía en aprender más cosas. Freire ha descubierto que su esencia está en aprender menos cosas. Ha invertido el signo de todas las civilizaciones que el mundo ha conocido. La revolución copernicana producida por Freire y llamada ‘Revolución Cultural’ supone una simplificación magnífica: antes había que aprender no menos de 80 palabras generadoras; ahora con 15 basta. ¿Basta para qué? ¡Ah, ese es otro asunto! Basta para ser un cuasi-semi-analfabeto”. Con perspicacia, incluso un intelectual que no responde a nuestra cosmovisión como Wittgenstein supo decir: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi pensamiento”.

Todos recordarán a Orwell. En su libro 1984, uno de los personajes llamado Syme se dedica al trabajo de redactar un nuevo diccionario a fin de darle al idioma “su forma final”, esto es, la neolengua. Syme es interrogado por otro personaje llamado Winston acerca de su tarea, y le explica:

Creerás, seguramente, que nuestro principal trabajo consiste en inventar nuevas palabras. Nada de eso. Lo que hacemos es destruir palabras, centenares de palabras cada día. Estamos podando el idioma para dejarlo en los huesos”.

Cuenta Syme a Winston que el viejo idioma adolecía de una gran “vaguedad” dado que incorpora “inútiles matices de significado”. A esta multiplicidad hay que segarla:

¿No ves que la finalidad de la neolengua es limitar el alcance del pensamiento, estrechar el radio de acción de la mente? Al final, acabamos haciendo imposible todo crimen del pensamiento”.

Concluye Syme: “La revolución será completa cuando la lengua sea perfecta”. Y claro, mi estimado Javier, si hacemos imposible que la gente piense, también haremos imposible los crímenes de pensamiento. Sin pensamiento, no existe la crítica. Y dado que se piensa con palabras, por lo tanto sin vocablos no se puede pensar.

Orwell lo vio hace décadas y relató cómo opera el enemigo. Esto significa sólo una cosa: el adversario sabe el valor de las palabras y conoce los principios de esta guerra psicológica pero la aplica en contra nuestra.

¿Cómo analizamos, desde la filosofía clásica, aristotélica tomista, esta transformación del lenguaje y estos “recortes” de palabras?

Aquí debemos tener presente a Platón, para quien el nombre es arquetipo de la cosa. Ahora bien, si en la palabra yace la cosa, disminuir la cantidad de palabras, ¿sería hacer decrecer las cosas? ¿Modificarlas en su esencia? ¿Destruirlas? En realidad no, al menos no directamente, porque el orden natural es intocable, el orden físico tiene sus leyes y el orden artificial no se modifica mágicamente cuando hablamos. Pero, sin embargo, es indudable que tanto confundir los significados como disminuir la cantidad de palabras equivale a impedir –o al menos a dificultar gravemente– que la inteligencia humana vea, comprenda, entienda, aprenda, capte lo que las cosas son.

Si cada vocablo porta en cierto sentido un fuego, una llama, si cada locución irradia una lux propia en el medio de nuestra natural oscuridad, alterar el lenguaje –ya sea confundiendo, ya sea borrando palabras– cierra al hombre el camino entender las cosas como son. Los hombres no poseen los vocablos precisos de las cosas. El empobrecimiento, en especial entre los jóvenes en general, es un hecho incontestable: “La desaparición gradual de los tiempos (subjuntivo, imperfecto, formas compuestas del futuro, participio pasado) da lugar a un pensamiento casi siempre al presente, limitado en el momento: incapaz de proyecciones en el tiempo”1. Al reducirse el vocabulario, también se pierde “las sutilezas lingüísticas” que hacen posible “un pensamiento complejo”.

En efecto: “Menos palabras y menos verbos conjugados implican menos capacidad para expresar las emociones y menos posibilidades de elaborar un pensamiento”. Por eso: “Sin palabras para construir un razonamiento, el pensamiento complejo se hace imposible”. El poeta Juan Ramón Jiménez clamaba por esta ilustración de esta manera: “¡Inteligencia dame el nombre exacto de las cosas!”.

Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente.
Que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que ya las olvidan, a las cosas;
que por mí vayan todos
los mismos que las aman, a las cosas…

Decir una palabra puede compararse con encender un fuego: al ser pronunciada, en la mente comienzan a “aparecer” las cosas “que estaban ahí”, junto a nosotros, pero a oscuras: se las puede designar, nombrar. Cada palabra denota por lo mismo una cosa diferente de otra o al menos un matiz. La riqueza del lenguaje sigue a la riqueza del ser. Por eso decimos que el lenguaje porta, carga, conduce el ser.

Por tanto, al borrar y corromper las entrañas del idioma, se ataca el ser del hombre. La confusión lingüística destruye el diálogo del presente con el pasado, se rompe la comunicación con los demás y levanta una barrera que dificulta el acceso al patrimonio histórico y cultural. Si las sociedades ignoran su pasado, también desconocen quiénes son. Al atentar contra el lenguaje, por tanto, se quebranta la identidad de la población.

Estamos siendo testigos de este empobrecimiento deliberado de nuestras inteligencias. Nuestro estómago se nutre bien, pero nuestra inteligencia está siendo subalimentada. Tomemos la frase del gran intelectual francés Frédéric Le Play: “Cuando nos hayan desembarazado de esta fraseología embrutecedora, volveremos a tomar posesión de nuestras fuerzas intelectuales”.

Con frecuencia esta manipulación lingüística no encuentra oposición y acabamos cayendo nosotros en esta misma trampa del lenguaje.

Sí, muchos caen. Primero y ante todo, se cae porque se desconoce la gran cantidad de casos en la Historia en que se ha pretendido usar el lenguaje del enemigo con sentido ortodoxo, con resultados totalmente desfavorables. La gente usa palabras y cree que son inocentes, intercambiables como un cinturón o un sombrero.

Segundo, por pereza (hay muchos que quieren militar y llevar adelante actividades sin haber estudiado), que lleva a la presunción: creen que porque tienen dinero, medios, organización, etc., saben qué es lo que tienen que decir. En Hispanoamérica abunda gente provida, con mucho dinero, que quiere comandar una guerra para la que no ha estudiado. Mucha actividad ad extra pero nula ad intra, y los resultados son contraproducentes. Sus proclamas confunden (hemos escuchado “Somos la mayoría celeste”, como si se trata de una cuestión de mayorías) y así estorban la verdadera reacción contra el mal.

Tercero, por complicidad y traición: hay quienes aparentan ser amigos pero todas sus propuestas, sin excepción, son debilitantes. Impulsan a los demás a aceptar la terminología del enemigo, abriéndole el campo cual Caballo de Troya.

Y cuarto por error, porque hay quienes creen que se puede usar un vocabulario ideologizado con un sentido bueno porque sus referentes intelectuales se lo han enseñado.

¿Cuáles son las palabras clave cuyo significado es resbaladizo?

Decimos “igualdad”, y para uno es la igualdad de los iguales (la verdadera). Para otros, es un igualitarismo horizontalista que no reconoce el justo mérito.

Decimos “Queremos cambiar” y no sabemos qué se quiere cambiar, ni por qué, ni cómo, ni qué será lo que lo sustituya. Pero a muchos les fascina el cambio, palabra talismán.

Decimos que lo mejor es tener opiniones “moderadas” como si la verdad estuviese en el justo medio siempre.

Decimos que no nos gustan “los extremismos y fanatismos” como si tener convicciones definidas fuese algo malo.

Decimos “libertad” y en oídos de católicos bien formados esto significa “libertad en el bien”. En oídos liberales, suena a reconocer sólo la norma que cada uno se dé a sí mismo.

Decimos “discriminación” –que significa seleccionar excluyendo, discernir, diferenciar, distinguir– y algunos son llevados a pensar en el desprecio a una persona por motivos raciales, étnicos, políticos, religiosos o –en los últimos años– sexuales. En realidad, discriminar es distinguir. Por tanto, no discriminar –consigna que nos han metido hasta en la sopa– equivale a confundir. La bandera de la no discriminación es la bandera de la confusión. Por otro lado, el lenguaje forzosamente es discriminatorio porque las palabras justamente están para discernir.

La palabra “medicina” también está siendo utilizada según propósitos de guerra semántica. Los aborteros llaman al aborto “una práctica médica necesaria”, prácticas de “salud”, etc., cuando el aborto no cura nada porque la persona por nacer no es una enfermedad, el embarazo no es un virus. Pero utilizan terminología sanitaria para engañarse a sí mismos y a los otros.

Como diría Gustavo Corbi, hoy experimentamos una situación que podemos llamar LEBAB (el reverso de BABEL). En la Babel Antigua, una misma cosa se decía con distintas palabras. En la Babel Contemporánea, un mismo vocablo puede referenciar cosas distintas e incluso opuestas.

¿En qué medida esta manipulación del lenguaje facilita la aceptación de las ideologías por las masas?

Es decisiva. Es una de las causas que explican el avance de estas ideologías en los últimos 80 años. Sería reduccionista decir que es el único factor pero, en cualquier análisis objetivo, el poder del lenguaje no puede ser dejado de lado.

Así, por ejemplo, la aceptación de la práctica del aborto en muchas legislaciones obedece a la guerra semántica. Es ya sabido que el aborto fue llamado “interrupción del embarazo” –como denunció hace más de 25 años Evangelium Vitae– o más modernamente ILE o IVE (el uso de la sigla desdramatiza la práctica) a fin de lograr su instalación social. También por eso la ONU y todos sus satélites (UNFPA, OMS, UNICEF, UNESCO, etc.) lo denominan “salud reproductiva”, lo incluyen dentro de “los derechos de las mujeres” y lo presentan como una demanda social.

Dado que mostrar lo que es un aborto en imágenes o videos no se puede, eligen los caminos de soslayo. Imponen un vocabulario y así avanzan. Por eso nosotros no sólo debemos resistir estos conceptos falsos (o ideológicos o sesgados o confusos) sino también no convalidar ese lenguaje con su uso.

La gente puede comprar un concepto equivocado a través de una larga ideologización que lleva mucho tiempo y es consciente. En cambio, suele ser mucho más eficaz que la gente compre palabras. La gente asume vocablos –cargados de significado–, primero las acepta por moda, para no quedar mal, para ser como todos, hasta que lentamente (y de forma imperceptible) va siendo cooptada, va quedando como enredada.

Así ocurrió con el término “derechos humanos”, por ejemplo, que durante décadas –todavía hoy en ciertos círculos– intentó ser interpretado en clave iusnaturalista. Los agentes de la ONU y muchos católicos usaban esa terminología, y millones pensaron que hablaban de lo mismo. Horrible confusión que favoreció al Poder Mundial y no a la Iglesia.

De nada sirvió decir: “Ah, no, pero nosotros hablamos de derechos humanos en otro sentido”. Aunque con mil distinciones, salvedades y sutilezas lograron formarse para ellos solos una concepción de “derechos humanos” que nada tenga contrario a la fe, en la opinión de la mayoría de la gente –al usar la terminología derechohumanista– se pertenecerá a la gran familia de la ONU, tal como todos lo entienden.

En vano sirvió que se excusen alguna que otra vez. Estas excusas y explicaciones no las podían dar todos los días, lo cual es harto pesado. En cambio, la locución “derechos humanos” tenían que usarla en cada párrafo. Lo cierto es que, en el movimiento de las ideas, en la marcha de los sucesos, la ONU se vio favorecida hasta el punto de que hoy los “derechos humanos” son un dogma laico, y quien define qué son es la ONU y no la Iglesia. ¡Y todo por unas palabras!

Los resultados están a la vista: no se consiguió que la ONU incorporara el horizonte de Santo Tomás de Aquino y lo respetara. Ocurrió lo inverso.

En Hispanoamérica, la izquierda no ha dejado de lucrar con la terminología de los “derechos humanos” una y otra vez. Por eso, siguiendo a los mejores doctrinarios, la propuesta de la guerra semántica es la de sustituir “derechos humanos” por derechos de la persona humana.

En efecto, la guerra semántica opera de manera clandestina, en niveles psicológicos inconscientes, y por eso hay tantos que la subestiman: “Hablemos como ellos pero le metemos a las palabras nuestro significado”. He escuchado cientos de veces esta propuesta. Félix Sardá y Salvany (a quien hemos parafraseado) decía: “El uso de la palabra te hace casi siempre y en gran parte solidario de lo que se ampara a su sombra”.

La historia lo demuestra una y otra vez: cuando usamos el vocabulario del enemigo, no son ellos los que termina pensando como nosotros sino nosotros como ellos.

¿Por qué los ideólogos están tan interesados en borrar ciertas palabras?

Suponte que estoy en sus zapatos. Si yo quiero que la gente pierda la capacidad de distinguir lo normal de lo anormal, lo verdadero de lo falso, la naturaleza de la contranaturaleza, lo bueno de lo malo, la virtud del vicio; si yo quiero aniquilar estas diferencias que no puedo desaparecer en la realidad misma, puedo al menos borrarlas de las mentes. ¿Cómo? Evitando escribir y pronunciar las palabras que verdaderamente nos llevan a las cosas.

Yo ideólogo debo sepultar aquellos términos cuya sola mención supone de suyo lo Absoluto: bien y mal, virtud y vicio, gracia y pecado, verdadero y falso, justo e injusto, etc. Todos ellos comportan un Principio que me niego a admitir: si afirmo “esto es bueno” o “esto es verdadero”, ingreso inevitablemente en el terreno metafísico. Lo mismo se diga de la justicia y la virtud: su sola pronunciación me coloca en la incómoda atmósfera de las verdades perennes.

A lo sumo podré tolerar que se las mencionen, siempre y cuando las circunstancias sean lo suficientemente frívolas como para que nadie sospeche que me he tomado el atrevimiento de hacer un juicio de carácter categórico.

Por eso, debo criminalizar la Verdad. Que Ella sea demonizada, que su sola mención mueva a la indignación, a la crispación, al escándalo. La verdad y la palabra “verdad” tiene que ser un escándalo y en lo posible un delito.

Pero, como el hombre necesita seguir hablando, enterradas estas palabras, yo ideólogo debo conseguir que se utilicen otras. ¿Cuáles? Aquellos términos proclives a la imprecisión y equivocidad, es decir, las palabras que no suponen el presupuesto básico del realismo filosófico: la inteligencia en contacto directo con la realidad.

Tengo que hablar como si el ser humano no poseyera una inteligencia metafísica, con vocación para el ser, con apetito del ente, con deseo de admiración. No. Yo ideólogo digo: basta de noúmenos, sólo fainómenos. La mente humana sólo puede rodear cómodamente las cosas sin penetrarlas jamás, es incapaz de morar en las esencias, sólo puede habitar en los accidentes. De ahí que todo deba ser juzgado según estos binomios:

popular/impopular;

moderno/antiguo;

moderado/intransigente;

mayoritario/minoritario;

tolerante/fanático;

constitucional/anticonstitucional.

¿Dónde está la trampa? En que una cosa puede ser impopular y ser verdadera, puede ser moderna y ser desastrosa, la moderación puede ser hipocresía y cobardía, lo mayoritario criminal, la tolerancia puede ser comodidad, y la constitucionalidad (esto es, la relación de congruencia con la constitución) puede ser congruencia con una premisa errónea de base. Por eso, todos estos adjetivos pueden convenir tanto a la verdad como al error.

Ahora bien, así habla el periodismo, las cátedras universitarias e incluso numerosos activistas provida en toda Hispanoamérica. Dentro del campo provida no faltan quienes pretenden a toda costa extirpar la palabra asesinato del discurso público: “No digamos que es un asesinato”. Autocensura celeste: es como si decirlo fuera una mala palabra, algo obsceno. Es cuasi indecente. A todos nos afecta la guerra semántica.

¿Haría falta una refutación contrarrevolucionaria seria contra estos engaños?

Afortunadamente ya existen refutaciones serias de signo contrarrevolucionario en el mundo hispanoparlante, y también otras que pertenecen a lenguas europeas no castellanas pero que han sido traducidas. Además de los ejemplos ya mencionados, podemos mencionar “La Palabra Violada” del padre Petit de Murat, “Lenguaje y Educación” de Antonio Caponnetto, “El Lenguaje y los mitos” de Rafael Gambra, entre otros. El brillante escritor francés Ernest Hello también ha aportado mucho en su libro “El hombre”. Otros aportes al asunto del lenguaje fueron dados por el intelectual no creyente Juan Pablo Vitali. Lo mismo Joseph de Maistre. De Maistre decía: “Lo que hoy se llama idea nueva, pensamiento audaz, gran pensamiento, casi siempre se llamaría, en el diccionario de los escritores del siglo anterior, audacia criminal, delirio o atentado”.

¿En qué medida con esto se cumple la sentencia de que los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz?

Me has hecho una pregunta difícil, tuve que ir a Catena Aurea para responder. San Agustín dice que Cristo alaba al mayordomo infiel “porque había mirado al porvenir”. Nosotros tenemos que mirar el porvenir y sentar las bases hoy de la lucha de mañana. ¿Cómo? Imitando a los que lucharon en el pasado, pero a los que lucharon bien y no a los que dieron golpes al aire sin ton ni son. La intransigencia, de tan mala prensa por lo general, es lo que nos va a salvar. Tenemos que ser insobornables para ser invencibles. Lo que más necesita la Iglesia (y cito aquí al Padre Federico Highton) es “un testimonio inequívocamente corajudo, un testimonio puro y total, sin ninguna negociación”, sin medias tintas, vino puro sin pizca de agua. El enemigo quiere que tengamos complejo de inferioridad, y eso es precisamente lo que no podemos permitirnos tener.

El enemigo quiere destruir la cultura, las humanidades y corromper el lenguaje. Pero sin embargo los agentes de la ideología estudian filosofía, lingüística, historia, etc. ¿Son más ‘tomistas’ que muchos de los nuestros?

Tengo que decir que sí. Santo Tomás decía que lo primero era el intelecto y luego la voluntad. Ellos odian a Santo Tomás, desprecian el carácter creado del mundo y procuran edificar una civilización contra Cristo. Sin embargo, entienden que para estos fines nefastos es necesario estudiar, y lo hacen, y valoran la Filosofía, las Humanidades, promueven a sus escritores, los financian, les facilitan la vida, promueven artistas, teatros, películas, etc.

Algunos de nosotros le rezamos a Santo Tomás pero actuamos como vulgares activistas: “Hay que impedir la ley del aborto, no importa cómo”. Y la gente se lanza (la lanzan) a realizar actividades, muchas inconducentes. ¿Perdón? ¿De qué estamos hablando? Cuando alguien señala esos errores y propone otro camino más serio, es “un aguafiestas que critica todo y no hace nada”. ¿Cómo vas a impedir que se promulgue el aborto si no tienes una peregrina idea (porque no estudias, “no tienes tiempo de leer”) de cómo se sancionan las leyes en tu país? ¿Cómo vas a impedir la legalización del aborto si no sabes que la mentalidad antivida liberal, progresista y socialista es la que lo ha hecho posible? ¿Cómo vas a impedir que el aborto sea ley si no conoces la doctrina católica sobre las leyes humanas y los grados de resistencia frente a leyes inicuas?

¿Qué aporta su libro en relación a todo lo que se ha escrito sobre la materia?

Al recopilar cientos de citas, creo que aporta el valor de poder encontrar una gran parte del material en un solo lugar. Por otro lado, había temas que no estaban “en el candelero” cuando fueron escritos estos libros y, por tanto, me parecía interesante aplicar los principios de la filosofía del lenguaje a los asuntos de actualidad. Es ya repetitivo decir que en el tema del aborto y la ideología de género está comprometido el lenguaje. Pero podemos agregar el tema del lenguaje inclusivo, el alquiler de vientres (no es casual que se busque eliminar el término alquiler, a fin de que la gente acepte esta práctica inmoral sin relacionarla con el lucro), la eutanasia. Creo que aún queda pendiente ver el papel del lenguaje en la economía: hablamos de mercado libre cuando no hay regulaciones estatales (o no hay tantas) pero también aquí está comprometido el concepto de libertad.

¿En qué países ha sido publicado o está disponible?

Además de la Argentina, en México y dentro de poco, si Dios quiere, en Perú, y quien se ocupara de su distribución es Carlos Quequesana (+51 986 646 647). Además está disponible en Amazon, tanto el tomo I como el tomo II.

Por Javier Navascués

1https://www.eldiariocba.com.ar/cultura/2021/9/12/el-coeficiente-intelectual-de-la-poblacion-mundial-disminuye-55993.html

15 comentarios

  
Daniel Lagos de Perú
Genial entrevista.
Difundirla por todos lados
18/07/22 7:23 AM
  
Cordá Lac
¡Fundamental lo del lenguaje! El lenguaje modela la mente. De ahí el interés del socialismo en imponer sus palabras para inculcar su ideología degenerada (de-género), que subrepticiamente ya se ha introducido en la Iglesia con tanto "hijos e hijas de Dios, "hermanos y hermanas, "Dios padre-madre, "laicos y laicas, etc.
18/07/22 11:12 AM
  
Miquel
Cuando he leído el apellido Monedero me ja dado algo JAJAJ
Humor que se entiende en España jeje
18/07/22 12:41 PM
  
Ignacio García Suárez
Un tema muy interesante.
18/07/22 4:09 PM
  
hornero (Argentina)
Valiosa entrevista ésta de Javier Navascués. Monedero muestra el amplio escenario en el que la confusión semántica es empleada como arma destructora del pensamiento y cultura cristianos.

Podemos establecer cierto paralelismo con el llamado “progreso” científico-técnico, sostén del consumismo hedonista y corrupto. También éste tergiversa el verdadero significado de sus concepciones y productos. Colma los escaparates comerciales de “productos” de “última generación”, “agradables a la vista y sabrosos al paladar” (Gen 3), cuyo uso o consumo se presenta como de bienes de sentido común, aún cuando llevan una carga nociva que trastorna la conducta ordenada humana.

Pero sucede, que tanto las palabras empleadas, como las cosas consumidas, son partes de la gran confusión provocada por el “padre de la mentira”, “príncipe de este mundo”, el demonio. También éste es víctima de su intento perturbador del Reino de Dios.

Porque la confusión se autodestruye a sí misma, que es lo que observamos hoy entre los mandos enemigos que no logran entenderse. Y así, el mundo de la moderna Babilonia va camino a su exterminio por la hambruna, las pestes, los terremotos, incendios, y demás catástrofes, o por la Tercera Guerra Mundial Nuclear.

Por eso viene la Virgen, enviada por Cristo, para detener, o por lo menos aminorar, mediante la Conversión de la humanidad la hecatombe general.



19/07/22 1:51 AM
  
enrique Cheli Pedraza
Trágicamente, multitudes están con los ojos vendados , anteojeras y sin discernir, cuando, el Mal se traviste de Bien , simulando, ser un ángel de luz, cuando, no es mas que tinieblas con apariencia de luz verdadera, como en la Argenzula 2 , negadora a través de los científicos que gobiernan con su habitual institucionalización del " zugzwang", que en Cuba, Cubazuela, Nicaragua, Rusia, China y otros regímenes anti democráticos totalitarios se violen los derechos humanos universales, la cual está siendo " ideologizada" hacia el comunismo ( teniendo en cuenta, además, que estamos en manos del Diablo y sus legiones de demonios, gracias a la asesina, criminal y homicida Ley del Aborto) con el aval de mas de un interreligioso " Muy Políticamente Correctos" del estableshiment jerárquico curialesco eclesiástico , habiendo ,sofocado el espíritu profético evangelizador de denuncia y anuncio , y ,quienes se han venido disfrazando de cristianos, católicos y creyentes, con un diosillo spray light a la carta, pour la galerie y principios pegados con alfileres ( nominales, sociales y culturales) para las ceremonias cultuales religiosas, haciendo ,creer lo que no son, ya que carecen del cultivo de la vida interior, de la vida de oración y de la participación en la vida sacramentaria; los habituales " herejefilos" , amén de quienes vienen encarnando a través de la trayectoria de sus vidas, la alegoría de los 3 monos, por lo que no dudamos que Argentina a la larga recogerá " inevitablemente" lo que se dejó que se sembrara,
PD: (merecidamente)
enrique Cheli Pedraza educador
19/07/22 2:36 AM
  
Luis María Piqué Muñoz
El Terror de la satánica Corrección Política Nazi obliga a expresarse con sus disparatados Dogmas y Censurarse por Temor ¡Aquí ocupa un Lugar esencial el satanismo mediático! Si infriges las abominaciones de la Perversas Leyes antiNatura de la Tiranía ¡Ay! ¡si a la cárcel, a la cárcel! dice la Biblia ¡La injusta e Infernal No Discriminación, ni Bien ni Mal, el Hombre masa, todos Iguales en la depravación ¡y el Hombre moderno acepta ser Esclavo para poder Fornicar y degradarse a Gusto, a Placer, corrompiendo a la Mujer, la Princesita ¡que engañada Cree que esa inmundicia es la Libertad! ¡El Padre de la Mentira! ¡El Príncipe de este Mundo! ¡Los Últimos Tiempos! ¡Muera la Tiranía! ¡Viva la Libertad! ¡Viva la Verdad! ¡Viva Dios!
19/07/22 12:27 PM
  
Martín Buteler
Muy buena entrevista. Trataré de conseguir el libro.
19/07/22 3:21 PM
  
Leandro Furque
Excelente entrevista. La Leyenda Negra y la guerra semántica son dos frentes en donde hay que combatir. Felicitaciones Juan Carlos por no bajar los brazos.
20/07/22 1:34 AM
  
África Marteache
El hecho de que todo el mundo, incluidos los progresistas, admitan lo del "lenguaje políticamente correcto" indica ya que el lenguaje hoy es un arma política porque lo normal es que el lenguaje sea gramaticalmente correcto.
La Gramática es una de las víctimas del triunfo de las ideologías múltiples porque ya no sirve para sus propósitos sin desestructurarla.
20/07/22 2:58 PM
  
Masivo
África Marteache:

El lenguaje SIEMPRE ha sido un arma política. Y así lo han usado todos los que han ejercido poder o lo han pretendido, sea político o religioso.
20/07/22 4:40 PM
  
África Marteache
Masivo: No es verdad, el lenguaje es un arma política si lo utiliza un sofista, pero en periodos menos ideologizados el lenguaje pertenece al pueblo que lo habla. Si no fuera así no tendríamos que hablar de Goebbels como si fuera alguien especial. Hacer desaparecer palabras como por ensalmo, crear nuevas y dar un significado distinto a otras es propia de los sistemas totalitarios.
20/07/22 7:31 PM
  
hornero (Argentina)
Asistimos a la extinción del mundo moderno, último estadio del tiempo del “hombre viejo del pecado”. Con él se derrumba y cesa la palabra.
Porque la palabra es más que un calco de la realidad sensible; es expresión de nuestro logos o idea, que ha elaborado la inteligencia a partir de los datos sensibles. Hemos puesto en él no sólo lo recibido de los sentidos, sino el trabajo de nuestra inteligencia.

Ésta no permanece pasiva frente al conocimiento de los fenómenos sensibles, sino que penetra en ellos en busca afanosa de aquello que le es semejante: el logos o verbo inteligible que las cosas guardan en su última realidad.

Aquí se halla la razón de ser de la palabra humana, el espíritu se proyecta fuera de sí movido por su vocación de irradiar el ser.

Cuando la conciencia del ser ha sido oscurecida por el racionalismo irracional, la palabra decae en lo mortecino, confuso y contradictorio.

Es la catástrofe de toda civilización, es la hecatombe de la humanidad. Si la palabra no arraiga en el ser, es voz o sonido efímero, disolución de todo vínculo humano; autodestrucción.

Mas, el perecer del mundo moderno no es la extinción de la realidad y sus cosas. El universo está pleno de la palabra, logos o idea participada por el Verbo Creador.

De modo que si los hombres callan “gritarán las piedras”; “Los cielos proclaman la gloria de Dios”. La Creación es el gran Discurso de Dios, participado por el logos de un átomo al participado por una galaxia.

No extraña que los últimos tiempos, escatológicos, muestren la extinción de la palabra del “hombre viejo”, le sucede la palabra inefable del “hombre nuevo”.

El Silencio de Dios es más pleno de realidad que las innúmeras palabras humanas. Moisés enmudeció después de contemplar la faz del Altísimo, sólo hablaba por señas.

El mundo de hoy calla, para que hable otra Lengua. Tiempo del Logos. Lenguaje de ángeles, y del “hombre nuevo” que se manifiesta de modo creciente por la Aurora de María.

El Logos Creador, Verbo del Padre, se aproxima al horizonte de la Iglesia, de la humanidad y del universo.

Tiempo de expectación. Amanecer de la Palabra.



20/07/22 8:07 PM
  
hornero (Argentina)
“Moisés enmudeció después de contemplar la faz del Altísimo, sólo hablaba por señas”: párrafo mal redactado.

Quiero decir: Moisés que tenía dificultad para hablar, ante la visión de Dios debió aumentar su dificultad para manifestar lo inaudito de su visión y de lo dicho por Dios, y seguramente se ayudaría con señas para expresar a Aarón lo que había escuchado. (Ex 4, 10).

21/07/22 12:13 AM
  
Javier Gutiérrez Fernández-Cuervo
Qué gran entrevista, ¡y qué buena noticia que el libro llegue al Perú!
21/07/22 10:08 AM

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