17.04.22

José María García Guerra habla de la presencia española en Chartres el próximo mes de junio

José María García Guerra es un sevillano que, tras cursar estudios de Empresariales y Geografía e Historia, trabaja en una empresa del sector de distribución.

Miembro de Una Voce, lleva ya años peregrinando a Chartres. El año pasado fue uno de los organizadores de la peregrinación Nuestra Señora de la Cristiandad a Covadonga. En este ocasión vuelve a peregrinar a Chartres, como jefe del Capítulo Nuestra Señora de Covadonga.

Reflexiona sobre la experiencia y la importancia de que vaya aumentando la presencia española en la peregrinación tradicional París-Chartres, muy consolidada desde hace décadas, tras recuperar una preciosa tradición medieval.

¿Qué supone para usted poder peregrinar a Chartres este mes de junio, tras haber estado en Covadonga este verano?

No me cabe la menor duda de que la Providencia estuvo muy presente cuando desconocidos de tantos lugares de España acudimos a la llamada en Covadonga el verano pasado. Algunos de nosotros comenzamos a caminar antes en Chartres, dónde nació en nuestros corazones el deseo de llevarlo a cabo en la propia Patria, deseo que se hizo realidad caminando hacia la Santina. En mi caso en sentido figurativo, pues peregriné trabajando por la peregrinación desde meses antes, y viviendo cómo los caminos del Señor efectivamente son inescrutables. Volver a Chartres y hacerlo caminando junto a estos y otros hermanos supone pues, doble motivo de regocijo.

Además va como jefe del Capítulo Nuestra Señora de Covadonga…¿Lo considera una gran responsabilidad?
Así es. Gracias a Dios tengo el mejor equipo, de todas partes de España, forjado a base de km de caminos asturianos. El jefe de Capítulo asume con humildad el bien y cuidado de todo el capítulo, un honor y una carga del todo inesperados. Son 100 km de marcha, 3 días de penitencia y alegría cristianas, algo que el mundo no suele entender y acepta sólo dentro del relativismo imperante. Soy un converso con quién Dios tuvo la impagable gracia de arrojar, a pesar de todo, algo de luz, para quien la tradición de la iglesia, incluyendo especialmente la liturgia (digo especialmente porque ésta encierra un tesoro inagotable de gracias y conocimiento accesible a todos) se revelaron como fuente segura e irrenunciable de vida. ¿Cómo no aceptar ser jefe de Capítulo?

La peregrinación coincide con la solemnidad de Pentecostés, con el lema Sagrado Corazón, esperanza y salvación de las naciones. ¿Qué frutos espera encontrar?

No he pensado en ello porque sé que peregrinar es abrir la puerta de la gracia y que si buscamos el reino de Dios y su justicia lo demás se nos da por añadidura. Sólo pienso en la labor encomendada, pero las fechas y el lema son de lo más sugerentes. Me evocan al Espíritu Santo y a esta poderosa jaculatoria: “Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío”. En los salmos se habla de la confianza en Dios como nuestro escudo y fortaleza y San Pablo en sus cartas lo hace del Espíritu como espada. Son símiles militares para lo espiritual.

¿Con qué actitud van a acudir a la peregrinación?

La vida del hombre sobre la tierra es una milicia, dice el Santo Job. El cristiano siempre está en lucha espiritual, y en esa lucha necesitamos armas. El escudo (la confianza) es defensivo contra las insidias y acechanzas y la espada ataca para la conquista de las almas y deshacer al maligno, del mismo modo que el Espíritu Santo hizo a los apóstoles salir a extender la iglesia y echar demonios por la oración y la palabra. En un mundo con conflictos crecientes, sobrecargado de estímulos e información perniciosa o inútil, se nos hace difícil poner la mirada en Cristo, en su Sagrado Corazón, y abrirle el nuestro para que habite en nosotros, que es confiar en El y convertirnos en templo del Espíritu Santo. Es la única forma de revertir el mal en todas las naciones. Sin Dios la obra del hombre falla.

Además de momento ya se ha apuntado otro Capítulo español: Nuestra Señora del Pilar y no sería de extrañar que se sume alguno más antes de junio. ¿Qué preparación esta habiendo en su Capítulo y con que espíritu van a peregrinar?

La preparación para peregrinar a Chartres implica los planos espiritual, físico, mental y logístico (cosas sencillas) pero la verdadera preparación, a mi juicio, es peregrinar. Prepararse para peregrinar adecuadamente es importante, pero prepararse para la lucha del cristiano después de la peregrinación es el verdadero objetivo, por medio de las gracias derramadas y del cultivo de las virtudes. Nuestro capítulo engloba España e Hispanoamérica, por eso verse en París es un acicate más, pues reforzamos esta pequeña y creciente comunidad. Conocemos el Capítulo de Nuestra Señora del Pilar, yo mismo anduve con ellos en ediciones anteriores y tener otros compatriotas cerca es una alegría y un orgullo. Si Dios quiere seguro que aumenta la presencia hispana.

¿Por qué es importante vivir la universalidad de la Iglesia en aras a recuperar la cristiandad?

Porque la vocación de la iglesia Católica es ser universal, transmitir la verdad a todos los rincones del mundo. Las cartas de los apóstoles o los frutos de las Misiones plasman esta Caridad…pero son tiempos de mucha confusión dentro y fuera de la Iglesia. Por esto debemos afianzarnos en Cristo y su enseñanza, que es custodiada por la tradición de la Iglesia, pues lo que siempre ha sido válido no puede no serlo.

Por otro lado, humanamente la experiencia de poder compartir con hermanos de tantas naciones nuestro amor a Dios y a la tradición católica es un enorme motivo de alegría y una buena forma de generar esos necesarios lazos fraternos que fortalecen a la Iglesia.

Por Javier Navascués

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14.04.22

Andrea Acevedo: “Lazos de Amor Mariano es un motor para los que han perdido el sentido y la fe”

Andrea Acevedo es una joven que, aunque estudia y trabaja, ante todo es misionera y ha consagrado su vida al Señor por medio de María en Lazos de Amor Mariano LAM, un grupo fundado en Colombia por Rodrigo Jaramillo y que se ha extendido por varios países. Ella preside actualmente el grupo de Barcelona.

Un misionero le dijo: “Andrea prométeme que nunca vas a alejarte de los caminos de Dios". Y decidió asistir a los grupos de oración. Ahí descubrió que en LAM podía mantener este fuego encendido, buscando enamorarse cada vez más del Señor; y hasta el día de hoy, no se arrepiente de atender ese llamado que el Señor le hizo por medio de un misionero.

¿Cómo nace el movimiento de Lazos de Amor Mariano?

Después del secuestro que tuvo el que luego sería nuestro fundador, Rodrigo Jaramillo, el 30 de noviembre de 1984, que duró algo más de un día y en el que tuvo gracias muy especiales, se dedicó a la evangelización con entusiasmo y empezó con dos apostolados: la realización de cenáculos en las casas y ayudando a los habitantes de la calle.

El miércoles 14 de julio de 1999 un grupo de jóvenes se acercó a Rodrigo para pedirle que les resolviera algunas dudas sobre la Virgen María, puesto que algunos hermanos protestantes les habían confundido. Él procedió a resolver las inquietudes y al ver el entusiasmo de estos jóvenes, les invitó a conformar un grupo de oración a lo que ellos accedieron con alegría.

Al preguntar el día en que se haría el grupo, los jóvenes propusieron que sea el día viernes para evitar estar en fiestas. Ese primer viernes en el que se realizó el grupo de oración fue el 16 de julio de 1999, día de la Virgen del Carmen y día en el que continúa conmemorándose la fundación del movimiento.

¿Cuáles son los fines del mismo?

Según los actuales estatutos, los fines del movimiento son:

-A partir de una profunda experiencia personal con Jesucristo que lleve a una vivencia radical de los compromisos bautismales, por la consagración total a Jesús por María, consumirse en ardor apostólico por la salvación de las almas.

-Propagar una auténtica devoción a la Santísima Virgen María por medio de la Consagración Total a ella según el método de San Luis María Grignon de Montfort, que lleve a los fieles a una unión más estrecha con Cristo en su Iglesia.

-Ayudar a sus miembros, en la vivencia de la consagración total a Jesús por María, en su camino de santificación personal en su estado particular y su vocación específica de misión en el mundo en el que viven, cuidando particularmente de que sea llevada a cabo con verdadero sentido eclesial.

-Ayudar a todos los cristianos con quienes se entre en contacto, a vivir tan ardorosamente su Bautismo, que los haga discípulos y misioneros de Cristo, para que nuestros pueblos tengan vida en abundancia.

-Como discípulos y misioneros de Cristo, reavivar el fuego de la fe, la esperanza y la caridad en los corazones de los hombres, a través del anuncio kerigmático que les lleve a una auténtica conversión de vida conforme al Evangelio. Este espíritu misionero se expresará evangelizando la cultura e inculturando el Evangelio. 

-Encontrar en el hermano pobre y desamparado a Cristo, y ser diligentes para aliviar sus necesidades temporales y espirituales, en respuesta a la afirmación del Señor: “todo lo que hicisteis con estos pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 40)

¿Cuáles son los puntos básicos de la espiritualidad?

La espiritualidad es el camino que Dios inspira para que el alma se encuentre más perfectamente con El, por eso no hay que buscarlo afuera sino dentro de cada uno.

El camino que Dios ha trazado a Lazos de Amor Mariano lo hemos conocido gracias a la Consagración Total a Jesús por María, donde el alma vive todo con, por, para y en María para vivirlo más perfectamente con, por, para y en Jesucristo.

Nos dejamos gestar por Ella en su Corazón como Jesús, Sabiduría Eterna y Encarnada también lo hizo. Ella nos forma, nos alimenta, nos enseña a caminar y nos ayuda a ser otros Cristos.

En consecuencia, nuestro amor a la Eucaristía es más intenso; y, además, adquiere más fuerza nuestro amor y respeto a la Iglesia, fundada por Cristo.

Coherentes con ello vivimos una leal obediencia al Papa y al Magisterio.

¿Cómo decidió consagrarse a la Virgen a través de este grupo y entregarse como misionera?

Simplemente por el hecho de acompañar a mi mamá a la clase de consagración que era cada 8 días.

Un día, el Señor y la Virgencita captaron mi atención con una dinámica llevada a cabo por los misioneros encargados de dictar la consagración; a raíz de ello, el Espíritu Santo me dio el discernimiento para poder entender con claridad lo que estaba pasando, pero una cosa muy charra (muy loca) era que me situé en la posición del personaje, como que me sumergí en la dramatización, y pues, desde ese momento ya no puse más resistencia en las cosas de Dios y decidí consagrarme a Jesús a través de Nuestra Señora.

Me entregué como misionera por un compromiso de palabra que le hice a un misionero, porque él me dijo: “Andrea prométeme que nunca vas a alejarte de los caminos de Dios". Y decidí asistir a los grupos de oración. Ahí descubrí que en LAM podía mantener este fuego encendido, buscando enamorarme cada vez más del Señor; y hasta el día de hoy, no me arrepiento de atender ese llamado que el Señor me hizo por medio de un misionero.

¿Qué supone encargarse del grupo de Lazos de Amor Mariano en Barcelona?

Mucha responsabilidad.

Es clave tener unidas la espiritualidad y la formación, ya que si las llegase a separar estaría basándome solo en los sentimientos y en la fe (fideísmo) o en la razón, cayendo en el racionalismo.

Debo procurar abandonarme totalmente en el Señor con la ayuda incondicional de Nuestra Madre; y debo procurar estar siempre en gracia de Dios. Así, tengo más libertad para discernir en cada momento la mejor decisión, estando consciente de lo que pasa a mi alrededor.

¿Cómo compagina su vida de fe y entrega al grupo con sus obligaciones de trabajadora y estudiante?

Pues la verdad, es muy sencillo llevando una vida de coherencia (todo de cara a Dios), una fórmula muy práctica es preguntándome ante algún tema desafiante: ¿Cómo lo harían Jesús o María?

Y a raíz de ello, actuar conforme a la voluntad de Dios, obviamente soy un ser humano y tengo muchas falencias, procuro conocerlas y combatirlas.

Doy gracias a Dios por darme el regalo de abrazar los sacramentos con frecuencia y abrazar con amor las prácticas de un misionero de LAM, cada una de las cuales tiene su razón de ser. En general, son prácticas que las debería hacer todo bautizado que busca ser fiel a su compromiso bautismal y toda persona que se ha consagrado a Jesús a través de María.

¿Qué tipo de actividades hacen?

Aquí en Barcelona por el momento estamos acudiendo presencialmente al Hogar Mariano todos los Domingos a las 18h en la parroquia de Sant Doménech de Guzmán.

¿En qué consiste el Hogar Mariano?

En rezar el Santo Rosario, hacer una lectura mariana o leer una parte del Santo Evangelio, dialogar un poco entre todos los presentes respecto a lo que vino a nuestro corazón al escucharla. Por último, se hace un pequeño compartir ya sea de comida o simplemente hablando de nuestros testimonios, de algún tema espiritual que nos puede enriquecer a todos.

Adicionalmente, desde LAM Barcelona, nos unimos online a las actividades que desarrolla la Localidad de LAM Europa: los martes, espiritualidad para misioneros; los jueves, formación para misioneros; y los viernes, se lleva a cabo el Grupo de Oración que está abierto para cualquier persona, ya sea amiga de la comunidad o misionero del movimiento y que consiste en rezar el Santo Rosario y luego dos prédicas, una pequeña sobre la vida de un santo y otra más amplia relacionada con el Evangelio que se leerá en todas las iglesias católicas, el siguiente domingo.

¿Cómo se puede participar de las actividades de LAM?

Solo basta con tener ganas, es decir; está completamente abierto a cualquier persona que quiera participar del rezo del Santo Rosario y cualquier apostolado que se haga; así mismo si quiere unirse a la preparación a la Consagración a Jesús por María y qué mejor si decide hacer un retiro espiritual con el movimiento.

¿Por qué es importante que los grupos de oración revitalicen la vida en las parroquias?

Desgraciadamente se ha reducido el número de personas que acuden a la Iglesia, que se acercan a Misa el domingo, que acuden en general a los sacramentos, que realmente conocen a Dios; pero los laicos practicantes, debemos ser un motor que volvamos a conquistar con nuestra coherencia de vida y con nuestros mensajes, a personas que han perdido el sentido en su vida y/o su Fe.

Los laicos podemos llegar a lugares donde les es más difícil llegar a los sacerdotes. Podemos invitar a alguna actividad espiritual a un compañero de la universidad, del colegio; a un colega del trabajo, a un familiar al que le cuesta ir a la Iglesia, etc.

Normalmente, nosotros como Comunidad de Lazos de Amor Mariano, buscamos que muchas personas se vinculen nuevamente a sus parroquias. No nos enfocamos tanto en aquellas que ya están evangelizadas, sino que, con mucha más fuerza, tratamos de buscar a aquellas que han perdido la fe, que no han recibido una buena formación, que están buscando un buen sentido en su vida o que simplemente pasan de largo con vacíos en su corazón, y no les interesa seguir el testimonio de la vida coherente de un católico que es feliz porque pese a la cruz que le corresponde cargar, tiene mucha paz en su corazón, porque le tiene a Dios.

Para contactar en Facebook: @LazosdeamormarianoBarcelona
Correo: [email protected]

Por Javier Navascués

1 comentario

  
Javier Fernández
gracias LAM por tanto
pertenezco a LAM MADRID soy Aspirante a misionero
15/04/22 1:23 PM

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13.04.22

En el centenario de la muerte del emperador Carlos de Habsburgo, César Félix Sánchez analiza su figura

César Félix Sánchez Martínez es doctor en humanidades por la Universidad de Piura (Perú). Ha sido director de estudios del Seminario Arquidiocesano de San Jerónimo de Arequipa, donde actualmente se desempeña como profesor de diversas materias filosóficas. Preside la filial arequipeña de la Sociedad Internacional Tomás de Aquino.

En esta entrevista, debido a su gran conocimiento del tema, responde muy a fondo y de manera muy extensa, por lo que ha quedado una entrevista bastante más larga que de costumbre, aunque he preferido publicarla en una sola entrega.

Este último 1 de abril pasó totalmente desapercibido, pero se conmemoran cien años de la muerte de un santo…

El 1 de abril de 1922, Carlos de Habsburgo-Lorena (1887-1922), último emperador de Austria y rey apostólico de Hungría, fallecía santamente, exiliado en la isla portuguesa de Madeira. Tenía treinta y cuatro años. Menos de un mes atrás, había contraído una neumonía luego de salir en bicicleta hacia la ciudad de Funchal para comprar un regalo de cumpleaños a uno de sus hijos pequeños. Murió asistido por los auxilios de la religión, en la desvencijada villa que la caridad de algunos vecinos le había ofrecido a su numerosa familia. Sus últimas palabras fueron «Jesús, María y José».

¿Por qué cree que el beato emperador Carlos de Habsburgo, último emperador de Austria Hungría, es una figura que debe ser recuperada del olvido?

Aunque la devoción al llamado «emperador de la paz» crece de manera sostenida en toda la Iglesia universal, especialmente después de su beatificación el 3 de octubre de 2004 por Juan Pablo II, es cierto que, al igual que con tantas otras figuras católicas de la historia, hay una suerte de olvido por parte de quienes debieran estarle más agradecidos, en este caso los pueblos de su imperio. Resulta curioso contrastar cómo personajes casi contemporáneos suyos y que tienen no poca responsabilidad en la hecatombe de 1914, como Nicolás II, a pesar de su incompetencia y de una relativa mayor elasticidad moral que el heroico Carlos, poseen un culto extendido e incluso han pasado a convertirse en figuras míticas identitarias.

Podría decirse que el último Romanov es ahora el más recordado de todos los líderes de la Gran Guerra. Nadie se acuerda de Lloyd George, Ribot, Poincaré, Clemenceau, Sonnino u Orlando pero sí del malogrado zar. La atroz ejecución de él y de su familia por los bolcheviques, claro está, jugó un papel importante en la exaltación de su memoria. Pero incluso Guillermo II, el káiser alemán, recibió en el exilio hasta su muerte una pensión no desdeñable por parte de los socialdemócratas y liberales de la república de Weimar y luego por parte del régimen de Hitler.

En cambio, Carlos de Habsburgo, «el único hombre honesto que apareció en esta guerra» según el escritor francés ateo Anatole France, murió prácticamente en la pobreza, socorrido por la caridad particular de un banquero local de Madeira, de Alfonso XIII y de muchos de sus exsúbditos, mientras la pensión que le iba otorgar la Comisión Interaliada era bloqueada por Italia y por el flamante engendro de Versalles y de Saint Germain llamado Checoslovaquia que, para mayor infamia, confiscó todas sus propiedades en los reinos de Bohemia y Moravia.

¿A qué se debió esa hostilidad contemporánea?

A que, a diferencia de Guillermo II, Carlos todavía seguía siendo una amenaza para las endebles construcciones estatales que los aliados construyeron o agrandaron en Europa Central, los Balcanes y el Danubio. Existía aún una fuerte lealtad dinástica entre la población sencilla de variados orígenes étnicos, especialmente entre los campesinos, pero que, por su condición tradicional y jerárquica, no podía manifestarse con el entusiasmo y la violencia de la política totalitaria de masas, y que tenía necesariamente que despertarse con el retorno físico del Rey o de alguna persona suya, antes que con alguna iniciativa partitocrática.

Pero el relativo olvido actual obedece a razones más profundas y desoladoras, si cabe. No solo el Imperio que gobernaba Carlos desapareció, a diferencia de Rusia y Alemania, sino también la atmósfera espiritual donde era posible. Como diría Edmund Burke, refiriéndose a la Francia del jacobinismo, estamos en el tiempo «de los sofistas, economistas y calculadores; y la gloria de Europa se ha extinguido para siempre». Para muchos «espíritus fuertes» de la época actual, para quienes el maquiavelismo es una suerte de sentido común y la política –la baja y chata política de la democracia de masas posmoderna aun si disfrazada con oropeles “reaccionarios”– es la nueva metafísica, alguien como Carlos de Habsburgo es algo peor que condenable, es incomprensible.

El asunto es más triste aún. Como se sabe, la Iglesia Ortodoxa Rusa es la última y mayor custodia de la memoria de Nicolás II, por razón de su acendrado y confeso monarquismo, nacido de la visión bizantina del emperador como angelus Dei, ministro de Dios. Por el contrario, la visión política in actu de de determinados miembros de nuestra Iglesia romana es desde hace bastante tiempo presa de un democristianismo que se hace cada vez más laicista e incluso autodemoledor, en el mejor de los casos, cuando no, como profetizara el abate Georges de Nantes, parece evolucionar hacia una suerte de movimiento de animación espiritual de un estado global relativista y demagógico. Así, no es extraño encontrar entre los clérigos católicos, incluso de líneas no tan progresistas, un rechazo instintivo, casi visceral, a figuras monárquicas aun si fueron canonizadas por la Iglesia. Todavía no se ha llegado al extremo de gritar “¡Viva Cristo presidente!” o, peor aún, «¡viva Cristo diputado!” (quizás por respeto a los presidentes y a los diputados), pero a veces sorprende encontrar los errores ya condenados de Le Sillon –como sostener que la democracia liberal es el único régimen político moralmente legítimo– en figuras que, por otros motivos, son vistas como defensores del depósito de la Fe. Son graves estragos del igualitarismo que, junto con muchos otros errores y horrores, azota a la Iglesia.

¿El hundimiento del imperio austro-húngaro era inevitable?

No, no era inevitable, contra lo que sostiene cierta tesis popular. Y en eso coinciden cada vez más los historiadores. Tomemos el caso del historiador húngaro Oscar Jászi, contemporáneo de la caída del Imperio. Originalmente respaldaba la tesis corriente de que la guerra mundial no fue la causa de la caída de la monarquía dual, sino la liquidación final de los odios y desconfianzas entre las diversas naciones. Pero años después, en 1949, luego del desastre de la siguiente guerra mundial y de la seguidilla de genocidios y masacres totalitarias que sufriría su país, llegó a la conclusión que Austria-Hungría no solo era un modelo viable, sino el mejor posible para esa región de Europa, pues era un estado de derecho que ofrecía paz, seguridad jurídica y beneficios económicos a todos sus pueblos.

Alan Sked, por su parte, sostiene que la supervivencia del Imperio en medio de las gigantescas insurrecciones liberal-nacionalistas de 1848 y 1849 era señal de su viabilidad respecto a la cuestión nacional y que solo una gran catástrofe como la derrota en una guerra mundial pudo destruirlo. Finalmente, el último gran estudio –y quizá definitivo –sobre el imperio habsbúrguico, The Habsburg Empire. A New History, de Pieter M. Judson (The Belknap Press of Harvard, Cambridge, 2016) ha terminado por sepultar las tesis referidas a un imperio anacrónico y al borde del colapso, señalando más bien la manera eficaz como supo reinventarse siempre después de cada crisis, gracias a una dinastía creativa al mando de una burocracia dinámica y flexible, que supo elevar dramáticamente el estándar de vida y los derechos políticos de poblaciones muy diversas que, casi hasta el final, le guardaron lealtad.

Cabe recordar que hasta antes de la guerra, las tasas de crecimiento económico de Austria-Hungría eran de las más altas del mundo. Además, durante las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX había logrado alcanzar un esplendor cultural inigualado: recordemos que es en Austria donde se descubren las leyes de la genética por obra del fraile Mendel y se retorna al aristotelismo, de la mano del exfraile Brentano, profesor por largo tiempo de la Universidad de Viena.

François Fejtö señala, además, que el colapso del imperio ocurre en un momento de la historia de la economía en que todo hacía favorecer la constitución de grandes unidades, particularmente en un ambiente donde los recursos industriales, naturales y humanos se encontraban dispersos, como Europa central y suroriental. Y que el sentido común económico y político indicaba que tal estructura política no debía de ser disgregada, bajo el riesgo de caer en crisis e inestabilidad permanentes.

Como dice el mismo Fejtö, «Austria-Hungría no estalló; la hicieron estallar» y ese estallido fue decidido en el exterior. Los aliados fueron poco a poco copados por una doctrina de la victoria total y de la finalidad «moral» y revolucionaria de la guerra, que chocaba con la misma existencia de una entidad política que era heredera directa del Sacro Imperio.

¿Qué fue lo que ocurrió?

Pues un proceso semejante al que Augustin Cochin y François Furet describieron respecto de la Revolución Francesa: minorías muy activas de personajes influyentes, expertos en la fabricación de consensos y en la conducción de la opinión pública, que, ejerciendo viejas y nuevas maniobras de sociabilidad política, acabaron influyendo en los gabinetes de guerra y en la política exterior de los aliados, especialmente en Francia y Estados Unidos. En particular dos hombres: Masaryk y Bênes, representantes de un originalmente minúsculo lobby “checoslovaco” radical en el exilio, pero que, misteriosamente, acabó ejerciendo un gran poder, como veremos en una pregunta posterior.

Como señala el inglés Richard Bassett: «El catalizador final [de la caída del Imperio] fue la inclinación pública y abierta de la Entente a favor del desmembramiento de la Monarquía Dual, estimulado por la desafortunada obsesión del presidente [Wilson] por la “sagrada” idea de la autodeterminación. El 9 de agosto de 1918, Londres reconocería a checos y eslovacos como una nación aliada. El Imperio de los Habsburgo casi había dejado de ser un estado reconocido por sus adversarios».

¿Pudo haberse evitado la Primera Guerra Mundial a pesar del asesinato del archiduque Francisco Fernando?

Es una pregunta fundamental. El historiador húngaro François Fejtö en su libro Réquiem por un imperio difunto. Historia de la destrucción de Austria-Hungría afirma lo siguiente: «Hay motivos para creer que, si Gran Bretaña hubiera ganado, en el mismo momento de la crisis, una posición más clara para imponer su arbitraje, si hubiera declarado con firmeza que consideraba como un casus belli cualquier agresión, viniera de donde viniese, habría podido impedir la guerra». Milos Bogicevic, diplomático serbio de aquella época, afirma básicamente lo mismo: “Si sir Edward Grey [el ministro de relaciones exteriores británico] hubiese declarado simplemente a Rusia y Francia (Alemania no tenía por qué saber una palabra) que Inglaterra no sentía interés por dicho conflicto –reteniendo completa libertad de acción respecto a lo que pudiera suceder después –, la guerra europea no hubiera ciertamente estallado».

Pero ¿en qué pensaban los británicos en ese momento? Conviene citar a un contemporáneo de los hechos, el historiador militar británico J. F. C. Fuller, que trae el testimonio de una conversación de 1907 que tuvo Henry White, diplomático norteamericano, con Arthur Balfour, líder del partido conservador británico y futuro ministro de exteriores de Lloyd George durante la última parte de la guerra. Allí Balfour habría dicho: «Creo que somos unos imbéciles al no encontrar motivo para una declaración de guerra a Alemania, antes que este país construya demasiados buques y se apodere de nuestro comercio». Ante la respuesta horrorizada de White, Balfour sonrió y dijo: «¿Se trata de una cuestión de bien o de mal? Tal vez, en el fondo, lo único que perseguimos es mantener nuestra supremacía».

Y esta cuestión nos lleva al asunto tan manido de la responsabilidad de la guerra. Ya ha sido desterrada la vieja teoría de los años sesenta de Fritz Fischer que cargaba toda la culpa en Alemania, que habría buscado la guerra para alcanzar el predominio mundial. En este punto es esclarecedor el libro Sonámbulos. Cómo Europa fue a la guerra en 1914, de Christopher Clark (2012), que nos presenta una visión más realista de un gran embrollo catastrófico entre líderes bienintencionados en una coyuntura confusa, que no supieron, y hasta cierto punto no tuvieron forma de calcular los riesgos que significaba una guerra.

Sin embargo, es interesante notar que, durante los momentos previos a la guerra, por lo menos en las monarquías enfrentadas, mientras los príncipes tendían a ser partidarios de la paz, los gabinetes de políticos, los estados mayores militares, la gran prensa asociada a la gran industria y lo que ahora llamaríamos deep state buscaban soluciones bélicas inmediatas o por lo menos pulsadas geopolíticas agresivas, en distinto grado.

Esto es particularmente cierto en el caso de Rusia. Recordemos que Rusia fue el primer país en movilizar su ejército parcialmente, el 24 de julio de 1914, solo un día después de la presentación oficial del ultimátum de Austria-Hungría a Serbia, ocultando este hecho a sus aliados franceses. Además, ya ha quedado demostrado, incluso por las advertencias indirectas que enviaron las autoridades serbias a los austríacos antes del atentado, que, al menos Nikola Pasic, el primer ministro serbio, tenía conocimiento detallado de las actividades de la Mano Negra, organización terrorista que estaba detrás del asesinato de Francisco Fernando. Según Fejtö,Dragutin Dimitrijevic alias Apis, director de inteligencia del Estado Mayor serbio y líder para todos los efectos prácticos de la Mano Negra, estaba estrechamente vinculado a los rusos. El mismo Poincaré, líder francés durante la crisis, confesaría años después al diplomático Boni de Castellano, que la conspiración debía rastrearse a Hartwig, el embajador ruso en Belgrado, muerto en extrañas circunstancias en los últimos días de julio de 1914, longa manus de Izvolsky, el embajador ruso en Francia, y Sazonov, ministro de exteriores ruso, ambos figuras ultrabelicistas.

Todo esto fue hecho de espaldas al zar Nicolás II, claro está, que, en los últimos días de julio, a raíz de un telegrama personal suplicante del káiser Guillermo II, intentó infructuosamente detener la movilización. Las razones de la agresividad de las camarillas belicistas rusas residían en la geopolítica mística del paneslavismo, el deseo de resarcimiento nacional luego de la guerra ruso-japonesa y un intento de la autocracia de “huir hacia adelante” ante la amenaza revolucionaria. Todo esto ha llevado a concluir a autores como Henri Pozzi que la culpa de la guerra corresponde abrumadoramente a Rusia.

Demás está decir que, entre los dirigentes políticos franceses de todas las líneas, particularmente los radicales que llevaban las riendas del aparato estatal, la posibilidad de una revancha contra Alemania era vista con entusiasmo. El único gran opositor a la guerra era el líder sindical y diputado socialista Jean Jaurès, asesinado impunemente antes de la declaración de guerra. Gran Bretaña, como se ha visto, tenía también interés en «equilibrar» a Alemania. Y la misma Alemania, aunque quiso focalizar el conflicto en los Balcanes, tenía un Estado Mayor militar imbuido de una filosofía irracionalista, romántica e incluso darwiniana que, en palabras del general von Bernhardi, veía a la guerra como una necesidad metafísica y biológica.

Sea lo que fuere, el partido belicista en Austria, circunscrito a ámbitos militares que solo veían como posible una solución militar a las agresiones de Serbia y a la creciente inestabilidad en los Balcanes, tenía, a diferencia de las demás naciones, a notables opositores pacifistas en posiciones de gran poder, incluso en lados opuestos de la política. En primer lugar, al jefe del gobierno real Iztván Tisza, calvinista representante del peculiar liberalismo autoritario y aristocrático magiar, que veía en la incorporación de nuevos eslavos al Imperio y en cualquier conmoción que alterase el compromiso austro-húngaro de 1867, una amenaza para Hungría. Por otro lado, tenemos a su opositor acérrimo, el mismísimo heredero al trono, el archiduque Francisco Fernando, católico contrarrevolucionario pero simpatizante de las demandas nacionales de eslavos y rumanos. Desconfiaba no solo de los húngaros, sino también de los pangermanistas, y buscaba soluciones pacíficas e institucionales a los problemas del Imperio. Incluso, como cuenta Christopher Clark, cuando en las crisis balcánicas de 1912 hasta Tisza se pasó brevemente al campo de la confrontación, el archiduque siguió insistiendo en la necesidad de mantener la paz. Lamentablemente su asesinato acabó con el mayor defensor de la paz en las cortes europeas de su tiempo.

El emperador Carlos ascendió al trono en 1916 tras la muerte de su tío el anciano emperador Francisco José, ¿estaba preparado para ese elevadísimo puesto en un momento tan difícil?

Sí y me atrevo a decir que ningún príncipe estaba tan preparado como Carlos tanto en el plano académico, como en el humano y militar para ejercer su oficio. Carlos estaba muchísimo mejor formado y era políticamente más prudente que Guillermo II, Nicolás II –que era de una inteligencia más bien mortecina– y Jorge V.

Para comprobarlo basta revisar la hermosa biografía de Michel Dugast-Rouillé Carlos de Habsburgo. El último emperador. Ahí se narra un hecho que tendría consecuencias fundamentales en la formación tanto humana como cristiana de Carlos. Como sabemos, no estaba en la línea directa de sucesión directa hasta la misteriosa muerte en Mayerling de Rodolfo, el hijo de Francisco José, la muerte de su abuelo Carlos Otto e incluso el matrimonio morganático de Francisco Fernando. Por eso, su madre, la piadosa María Josefa de Sajonia, pudo preservarlo de los «nuevos maestros notoriamente liberales» que empezaban a pulular en los ambientes cortesanos vieneses e incluso logró que Francisco José, después de entrar en la línea de sucesión directa en 1896, preserve el modelo educativo más clásico y cristiano que sus padres habían elegido para él, antes que la formación «moderna» que acabó echando a perder a Rodolfo.

Su ayo, el conde Wallis, era un oficial de caballería y católico ferviente, que también había sido preceptor de Francisco Fernando, al que se unió el doctor Holzlechner, excelente latinista y helenista.

Así, el niño Carlos pudo tener las bases formativas para aprender las lenguas de la monarquía, que dominó desde muy joven. Como sabemos, las lenguas imperiales eran cerca de diez (sin contar el judeoespañol que se hablaba en Sarajevo). Incluso llegó a alcanzar especial maestría del difícil húngaro (curiosamente habló húngaro en momentos de delirio durante su agonía en Madeira). Además, hablaba y leía inglés –estudió el bachillerato con los benedictinos escoceses de Schotten– y francés. Fue el primer archiduque austríaco en asistir a una institución pública de enseñanza.

El conde Polzer-Holditz, su secretario personal en aquel periodo, recuerda que, luego de estudiar solo dos años de derecho en Praga (los archiduques austríacos estaban prohibidos de obtener grados académicos) «sabía más que la mayoría de los que salen de la universidad provistos de títulos universitarios».

En lo que respecta a lo militar, recibió formación primero en la marina y luego en la caballería, cuerpo representativo de las viejas glorias militares austríacas. Apenas estalló la guerra, acudió al frente y participó en diversas campañas, siendo, por tanto, el único de los jefes de estado de los países que tuvo experiencia militar directa en la guerra que sus soldados combatían. Bassett apunta incuso que «había sorprendido a su estado mayor y a los oficiales de los frentes ruso e italiano con su desprecio por el peligro».

Dorothy Gies, biógrafa de los Habsburgo, lo calificó de «amable, gentil, deseoso de agradar, casi patéticamente ansioso de hacer lo correcto, un poco erudito y un poco santo».

Pero no era un solamente «un poco santo». Desde niño destacó por su espíritu de abnegación y por su gran piedad. Strangl, el montero mayor de la Corte, llegó a decir de él que «si alguien no supiera rezar, aprendería gracias a este joven señor». Durante su servicio como oficial del ejército en distintas guarniciones del Imperio, manifestó siempre una sobriedad y un amor a la virtud de la pureza ejemplares. Además, procuraba siempre ofrecer su tiempo y amistad a los más necesitados, ganándose el afecto de sus camaradas. Y nunca descuidaba la asistencia a la santa misa y la recepción frecuente de los sacramentos.

Aquí conviene revelar uno de los pasajes más enigmáticos de su vida. Cuando recién nació y era altamente improbable que ocupase el trono alguna vez, un grupo de personas cercanas decidió espontáneamente crear una cadena de oración habitual por él, quien sabe si por algún aviso sobrenatural a alguna alma santa de aquella Austria Sacra de san Clemente Maria Hofbauer que pervivía todavía bajo los oropeles efímeros de los valses straussianos finiseculares. De ese grupo saldría mucho tiempo después la famosa Liga de Oración por la Paz entre los Pueblos, asociación de fieles reconocida por la Iglesia.

Otros hechos extraordinarios son las profecías que, aun antes de la muerte de Francisco Fernando, realizara san Pío X ante Zita y su madre en Roma y luego en el mensaje papal leído en la boda de Carlos y Zita respecto a su futura coronación como emperador y rey. Algo semejante puede decirse de la emperatriz Zita de Borbón-Parma, su esposa. Quizás no existió en su época una princesa mejor preparada para el gobierno que ella. Hasta el fin de sus días manifestó un agudo sentido político y un ingenio notable.

Su fe era muy intensa pero se le ha acusado de ser un hombre mediocre en cuanto a capacidad política, ¿qué opina usted?

Hay momentos de crisis catastrófica donde solo queda dar testimonio y procurar aminorar la catarata de desgracias que se ciernen sobre la humanidad. Eso procuró hacer el beato Carlos. ¿Dónde acabaron los cultores de la Realpolitik como Ludendorff y Hindenburg que, para todos los efectos prácticos, terminaron convertidos en los dictadores militares de Alemania a partir de 1916? ¿No presidieron, sin ninguna gloria, la ruina de sus pueblos luego de toda clase de maquiavelismos en su acción política tanto durante la guerra como en la posguerra? Por otro lado, algunos de los políticos de logia franceses del periodo alcanzaron a ver la ruina de la corruptísima tercera república y la derrota absoluta y vergonzosa de sus armas en 1940, a pesar de todas sus conspiraciones y crímenes, y, finalmente, la angurria británica recibió el premio de verse desplazada a furgón de cola de los Estados Unidos y perder su imperio. A diferencia de lo que puedan decir Maquiavelo y sus seguidores antiguos y modernos, en política la única derrota verdadera es perder los principios. El basurero de la historia –y el infierno– están lleno de realpolitikers.

Ahora, Carlos no estuvo exento de legítimas habilidades políticas. Todo lo contrario. Richard Bassett, historiador inglés de Cambridge, y autor de Por Dios y por el Káiser. El ejército imperial austríaco 1619-1918, resalta la manera cómo Carlos demostró tener la «habilidad que había salvado a su casa en otras épocas», al poner exitosamente paños fríos de «amable dilación» a la crisis que estalló con los alemanes luego de la filtración de sus propuestas de paz a los aliados.

Resulta ilustrativo analizar las posiciones del joven emperador en torno a las decisiones bélicas más polémicas de sus aliados alemanes. Respecto de la guerra submarina irrestricta, Carlos se manifestó en contra, tanto por razones humanitarias como por razones políticas, advirtiendo que llevaría a los Estados Unidos a entrar en la guerra. Además, rechazó el proyecto alemán de «infectar» a Rusia con Lenin y fomentar una ideología indeseable como el bolchevismo con tal de ganar la guerra a cualquier costo. La historia no tardaría mucho en darle la razón en ambos casos.

¿Es cierto que estuvo dominado por su esposa, la emperatriz Zita? Se le ha achacado ser un hombre de poco carácter y por ello haberse dejado dominar por su esposa y por sus ministros. ¿Es eso cierto?

No es cierto. David Stevenson, historiador británico de la Primera Guerra Mundial y para nada un simpatizante de Austria-Hungría, afirma más bien que el emperador, aunque «joven e inexperto», buscó ser «el patrón de su propio barco» y dar un giro a la política de su antecesor. Reemplazó al general pródigo en fracasos Conrad von Hötzendorf, responsable último del enfeudamiento militar a Alemania y asumió directamente el control del ejército. Respecto de sus ministros, buscó un gabinete distinto al de Francisco José, formado por personas más cercanas a sus proyectos de paz.

Respecto de Zita, cabe recordar la famosa frase que Carlos le dijo cuando se casaron: «ahora debemos ayudarnos mutuamente a llegar al cielo». Esto implicaba una comprensión profunda de uno de los fines del matrimonio: la ayuda mutua en el cumplimiento de los deberes de estado. Teniendo en cuenta la calidad principesca de su esposa, no es extraño ni para nada perjudicial que haya recibido sus consejos e intercambiado pareceres con ella. Sin embargo, como resulta evidente, tuvo la independencia de criterio a la que debe aspirar un jefe de estado prudente. Prueba de ello es que cuando en 1918, ante el colapso de la monarquía, Carlos abandona oficialmente la jefatura del estado de Austria –cabe señalar que no abdicó-, «Zita estaba furiosa», escribe Jean des Cars, «años más tarde me dijo que hubiera preferido morir antes que ver a su marido admitir su eliminación».

Pero Carlos sopesó las circunstancias y consideró que someter a sus dominios ancestrales al riesgo de una guerra civil, por breve que sea, inmediatamente después de una guerra catastrófica y en medio de una pandemia feroz en un país al borde de la hambruna habría sido inmoral y contraproducente.

Llevó a cabo negociaciones secretas con los Aliados para sacar al imperio austro-húngaro de la guerra. ¿Por qué no fructificaron?

Este tema está sujeto aún hoy a grandes debates. Como sabemos, apenas llegó al poder, el joven emperador buscó maneras de alcanzar la paz. Carlos hizo uso de forma muy discreta de un enviado personal, su cuñado Sixto de Borbón-Parma, para sondear a los aliados respecto a la posibilidad de la paz. Este tipo de diplomacia dinástica personal era común en las monarquías europeas y aun durante la guerra todas las partes hicieron uso de este tipo de representantes oficiosos secretos o, al menos, discretos. Stevenson dice que lo hizo sin el conocimiento de los alemanes. Bassett, por el contrario, sostiene que el 13 de febrero de 1917, Carlos habló de la iniciativa de paz con el «káiser alemán, quien lo apoyó por completo diciendo: “Bien. Siga adelante con ello. Estoy de acuerdo” (…) De hecho, la idea de contactar con Sixto había partido de Bethmann-Hollweg», el ministro de exteriores alemán.

Al principio, la propuesta entusiasmó a Lloyd George, líder de Gran Bretaña, pero la causa próxima del fracaso a la obstinación italiana, que exigió unas compensaciones territoriales inmensas, totalmente desproporcionadas a su permanente fracaso en los campos de batalla. Sonnino exigió a los aliados el cumplimiento de los compromisos realizados en el llamado Tratado de Londres: no solo el Trentino, sino el Tirol del Sur, Trieste, Istria y Dalmacia, estos últimos territorios habitados por poblaciones eslavas y alemanas. La causa remota parece ser la vieja hostilidad de Clemenceau, líder del Partido Radical, hacia Austria y los Habsburgo, que evitó que el gobierno francés presione más a Italia. Austria estaba dispuesta a realizar amplias compensaciones territoriales, pero no más que las estrictamente necesarias para otorgar los territorios de lengua italiana a la monarquía saboyana y no comprometer la integridad de sus súbditos eslavos, que se batían con bravura para evitar caer en manos de una administración que ya entonces tenía fama, según Richard Bassett, de corrupta, ineficiente y opresiva. Poco a poco, además, la posibilidad de convertir la guerra en una ocasión de transformación política revolucionaria de dimensiones universales ganaba las conciencias de los miembros de las societés de pensée que controlaban tras bambalinas el gobierno francés, por sobre cualesquiera criterios humanitarios básicos.

Los alemanes, aliados del imperio austro-húngaro, le acusaron de deslealtad y falsedad por sus negociaciones con los aliados, ¿qué opina?

Como hemos visto, los tanteos diplomáticos a cargo de Sixto de Borbón habían sido ya de conocimiento de los alemanes, aunque estos después lo negaran. Lo que sí «cayó mal» ante la opinión pública alemana fue el ofrecimiento que hizo Carlos por carta de apoyar las pretensiones francesas de recuperar Alsacia y Lorena como parte de las negociaciones por la paz y la afirmación de que si Alemania se mantenía irreductible en su negativa a hacer la paz, Austria se reservaba la posibilidad de abrirse a una negociación por separado. Cabe señalar que, en otros contextos, Carlos había sondeado anteriormente a Guillermo II sobre la posibilidad de devolver Alsacia y Lorena a Francia a cambio de una compensación colonial.

Es muy conocida la historia de esta filtración: Czernin, el ministro de asuntos exteriores austríaco, había fanfarroneado, dejándose llevar por los éxitos momentáneos de Alemania a inicios de 1918, diciendo que los franceses habían pedido hacer la paz. Clemenceau, entonces, se sintió libre de romper el secreto diplomático referente a las negociaciones y reveló la carta de Carlos. Czernin amenazó con suicidarse si el emperador no desconocía la carta, obligando a Carlos a tener que parecer como un mentiroso ante la opinión pública mundial. Luego del desaguisado, el emperador lo despidió inmediatamente.

Es interesante revisar la índole de este personaje. El conde bohemio Ottokar Czernin era, originalmente, un miembro del círculo político de Francisco Fernando y, por ende, estaba alejado tanto del belicismo pangermánico como del inmovilismo húngaro. Carlos, a título de estos antecedentes, lo hizo ministro de exteriores. Al inicio se manifestó totalmente favorable a los objetivos de Carlos, pero poco a poco acabó copado de manera misteriosa por Berlín, que ya para ese momento había desarrollado una frondosa red de espionaje en Austria-Hungría. Los últimos momentos de su gestión fueron absolutamente erráticos.

Ahora, es interesante saber que, según Richard Bassett, ya desde el tiempo en que todavía reinaba Francisco José y antes de cualquier intento austríaco de negociación con los aliados, «el estado mayor de Ludendorff trazó un plan para incorporar la Monarquía al Imperio alemán (…). Los generales alemanes, carentes del mínimo sentimiento de solidaridad entre monarquías, incluso preguntaron por qué debían esperar a que muriera el viejo emperador». Este plan resucitó luego como el Plan O, que se aplicaría en caso de una paz por separado de Austria e incluso en octubre de 1918 tanto el káiser Guillermo como Ludendorff consideraron la anexión de Austria como una compensación posible por perder la guerra.

¿Debió haber tenido más carácter para haber firmado la paz, incluso en contra de Alemania? ¿O quizás por el contrario debió haber preparado mejor su ejército para que combatiese mejor?

Carlos estaba interesado en una paz general. Veía a esta meta como un deber dado por Dios en su condición de emperador cristiano. La oferta de paz por separado era una ultima ratio diseñada, a la larga, a persuadir a Alemania de la necesidad de negociar. Richard Bassett lo dice sucintamente: «Carlos no estaba interesado en nada que no fuera la paz general». Sea lo que fuere, los mismos aliados cerraron la puerta a la posibilidad de una hipotética paz separada. Como apunta Fejtö, cuando las armas de la Entente sufrían reveses militares, rechazaban las negociaciones de paz por temor a perder mucho, y cuando eran exitosas, igual las rechazaban con la esperanza de obtener una victoria total.

Respecto al ejército austro-húngaro, durante el periodo de gobierno de Carlos (1916-1918) ocurre una aparente paradoja. Stevenson señala lo siguiente, refiriéndose el año crepuscular del Imperio: «Curiosamente, en 1918, la guerra de Austria-Hungría parecía prácticamente terminada y, en buena medida, un gran éxito, aunque un éxito alcanzado sobre todo gracias a la ayuda de Alemania. Serbia, Montenegro y Rumanía habían sido arrolladas y Rusia había quedado reducida al caos».

Richard Bassett es aún más elocuente: «A mediados de 1918, el Ejército Imperial y Real parecía estar en mejor forma que cualquier otro ejército de Europa». Las bajas se habían reducido a una fracción de las pérdidas de 1914. En el frente italiano, el general Boroevic había rechazado doce ofensivas masivas del ejército aliado. El general Pflanzer-Baltin en Albania resistió los ataques de las fuerzas francesas e incluso consolidó sus posiciones hasta septiembre, cuando el colapso de Bulgaria hizo insostenible la resistencia. Incluso, para fines de octubre, se dio un caso inédito, como apuntó un oficial del estado mayor: «El mundo no había presenciado antes un espectáculo como este: un ejército luchaba por un país que había dejado de existir». Es decir, el colapso político precedió al colapso militar. Solamente se produce la única y última «victoria» italiana en la «batalla» de Vittorio-Veneto, cuando el gobierno húngaro, ya en abierta insurrección, manda llamar a sus soldados de regreso. El frente se «autodestruye» y miles de soldados imperiales se rinden o abandonan sus puestos.

El filósofo Aurel Kolnai señala agudamente la paradoja mayor de este periodo: «Austria-Hungría debió paradójicamente su caída a la eficacia de su aparato militar que prolongó la guerra y llevó a los aliados a servirse del arma revolucionaria de la autodeterminación nacional, que constituyó el factor determinante para la desintegración de la monarquía».

Se ha hablado de conspiración masónica para acabar con el imperio y con los emperadores, por su catolicismo. ¿Fue así?

Esta pregunta nos lleva a uno de los misterios más profundos de la guerra, que a su vez nos llevará, muy probablemente, a resolver el gran enigma de cómo pudo ocurrir una catástrofe de esta magnitud; cómo supuestas «casualidades» se alinearon de manera tan difícil y cómo, en los gabinetes políticos y entre los corrillos, muchas figuras distintas y distantes actuaron de manera voluntaria e involuntaria para hacer fracasar cualquier tentativa de paz, sea en 1914 o en 1917.

Pero para hablar de este tema tenemos que remontarnos a exactamente tres siglos atrás, a la víspera de la Guerra de los Treinta Años. Existe un libro muy interesante de una historiadora inglesa Frances Yates, para nada una «teórica de la conspiración» ni mucho menos. Se titula El iluminismo rosacruz. Allí nos habla de la expectativa que generó el matrimonio de Federico V del Palatinado y la princesa Isabel, hija del rey Jacobo de Inglaterra en ciertos círculos protestantes esotéricos. Representaba una suerte de unión geopolítica, largamente esperada por ellos, entre los protestantes ingleses y los protestantes europeos contra el catolicismo, pero además una representación de la gran obra alquímica y del inicio de una nueva era gnóstica de divinización del hombre, un novus ordo saeclorum. En 1620, Federico acabaría convertido en el efímero «rey de invierno» de la Bohemia insurrecta contra los Habsburgo.

En torno a este acontecimiento, aparecen uno extraños manifiestos entre 1614 y 1620, emitidos por una Fraternitas Rosae Crucis. Estos textos anunciaban la pronta llegada de una nueva era de conocimiento pleno y de fraternidad universal, y señalaban como sus enemigos fundamentales a la casa de Habsburgo y a la Compañía de Jesús, cuya «alianza representaba sencillamente al Anticristo», en palabras de Yates.

Como se sabe, esta misteriosa «hermandad» es uno de los antecedentes directos de la masonería, fundada oficialmente en Londres en el siglo siguiente. Ya entonces se atisba esa enemistad secular entre esta organización y el imperio católico de los Habsburgo. En Austria, luego de un periodo de tolerancia efímero en el siglo XVIII, la masonería estuvo prohibida hasta 1918.

En este punto conviene citar a Michel Dugast-Rouillé: «Durante los meses que precedieron a la guerra, el coronel House, consejero íntimo del presidente Roosevelt [y aún más de Wilson], había vaticinado el asesinato de Francisco Fernando. House era discípulo de los Masters of Wisdom (Maestros de la Sabiduría) (…) La guerra de 1914 había sido anunciada en documentos masónicos (…) Entre los objetivos de esta guerra declarada anticipadamente figuraban la destrucción de Austria-Hungría como potencia católica, la eliminación de la dinastía de los Hohenzollern y la creación de nuevos Estados en Europa Central, así como la revolución rusa».

Incluso la Revista Internacional de Sociedades Secretas dirigida por monseñor Henri Delassus anunció en su número del 15 de septiembre de 1912 la «condena a muerte» del archiduque Francisco Fernando realizada durante un congreso masónico el año anterior.

Francisco Fernando era consciente de esta amenaza. En una cena a inicios de 1914, el archiduque le anunció su futura muerte a un atónito Carlos, encomendándole a sus hijos. Ante los intentos de este por convencerlo de lo improbable de ese escenario, Francisco Fernando le dijo que «hay asesinatos que no se pueden evitar». Czernin, en sus memorias, también menciona un aviso semejante por parte del archiduque.

Lo mínimo que puede decirse, siguiendo a un historiador tan prudente como Fejtö, es que «fue la francmasonería, organización elitista, bien estructurada, mejor organizada y centralizada que los partidos políticos la que desempeñó un papel de vanguardia en la transformación de la guerra de potencias en una guerra ideológica para la republicanización de Europa. Para una Europa reagrupada en una Sociedad de Naciones – idea esencialmente masónica- una vez cortadas las cabezas de hidra del clericalismo y del monarquismo militarista».

Esto es especialmente cierto para Francia, cuyo gobierno estaba bajo la tutela masónica ya desde la llamada «república de los oportunistas» en 1880, pero con mayor intensidad a partir de la llegada al poder del Bloque de las Izquierdas en 1899, liderado por el Partido Radical. Una historiadora para nada «conspiratoria» como Marie-Louise Heers llega a firmar de manera taxativa que «El Partido Radical, poseedor de la mayoría, está siempre ligado a la francmasonería y a la Liga de los Derechos Humanos».

No podía ser de otra forma: quienes hacían de su bandera la lucha contra la sociedad cristiana y su reemplazo por la fraternidad universal antropocéntrica no podían tolerar la existencia de una potencia gobernada por una dinastía que se ufanaba de sus orígenes no solo católicos, sino profundamente eucarísticos (recordemos la anécdota del archiduque Rodolfo, patriarca de la dinastía, que cedió su caballo a un sacerdote que llevaba el viático a un moribundo).

Contra el mito de «una Iglesia libre en un estado libre», cabe recordar que la existencia de potencias católicas es un bien para el Cuerpo Místico de Cristo. La espada regia, no como un poder ajeno, sino esgrimida por hijos de la Iglesia, puede incluso favorecer en ocasiones la libertad de la Iglesia y la conservación del depósito de la Fe. Recordemos, por ejemplo, el ius exclusivae o veto, que el emperador Francisco José ejerció a través del cardenal de Cracovia contra la posible elección del cardenal Rampolla del Tindaro en 1903, visto como muy cercano a Francia. Muy probablemente este acto, en medio de la crisis larvada del modernismo que se encontraba ya obrando, salvó a la Iglesia de la autodemolición, por lo menos por los próximos sesenta años.

Con la desaparición de Austria-Hungría, dejó de existir la última potencia mundial católica. Y si a eso le añadimos la gravísima crisis económica que sufrió la Santa Sede luego de la Gran Guerra, nacida, según Michael Burleigh, de los «82 millones de liras [gastados] en ayuda humanitaria, ayuda prestada en lugares tan diversos como Lituania, el Líbano o Siria, lo que le llevo casi a la quiebra», tenemos un panorama muy difícil. A partir de este momento, el principal apoyo económico de la Santa Sede y, prácticamente, la única relativa protección geopolítica, provenía del laicado norteamericano. Y, poco a poco, al dinero americano le siguió el americanismo, la utilización de órganos financieros vaticanos para operaciones encubiertas de ciertos servicios de inteligencia, entre muchas otras cosas que sería largo mencionar.

San Pío X abolió el ius exclusivae, reservado a los príncipes católicos. Pero eso no quiere decir que no haya habido interferencias de potencias externas en los cónclaves después. Por el contrario: arreciaron. El periodista y antiguo consultor del FBI Paul L. Williams plantea la presencia decisiva del temor a la URSS en el cónclave de 1958. Y Roberto de Mattei nos habla de una suerte de veto informal impartido por Charles de Gaulle a su embajador en la Santa Sede para evitar, por todos los medios posibles, que los «reaccionarios» Ruffini y Ottaviani fueran elegidos en el cónclave de 1963. Más recientemente, tanto los correos electrónicos hackeados del jerarca demócrata John Podestá como una carta abierta de líderes católicos norteamericanos enviada a Donald Trump el 26 de enero de 2017, abundan en la posibilidad de una intervención del gobierno de Obama tanto en la renuncia de Benedicto XVI como en el cónclave de 2013.

Lo triste de todo es que ya no había ninguna «contrainfluencia» católica temporal de dimensión mundial que pudiera actuar para contrarrestar esto. Cuando también en 1963, el católico Konrad Adenauer, con información de sus servicios de inteligencia, supo que un papable era peligrosamente cercano al bloque soviético y «era un verdadero peligro para Europa», ya no podía hacer nada. La autodemolición estaba en marcha. Si bien es cierto que el modernismo es la causa de este fenómeno, coyunturas históricas como la caída de Austria-Hungría (y la condena imprudente y tendenciosa a la Action Française, en menor grado) acabaron generando las condiciones para que esta podredumbre doctrinal y moral se expanda sin mucha resistencia en la Iglesia.

Finalmente, lo más triste de todo es cómo los objetivos de odio de las sociedades secretas acabaron no solo infiltrados y desquiciados, sino convertidos en parodias exotéricas de las logias, proclamando sus mismas doctrinas, pero a veces incluso de manera más grotesca.

Recordemos un discurso del confeso masón globalista conde Richard von Coudenhove-Kalergi, fundador del movimiento Paneuropa, el 15 de abril de 1960, en la Academia de Ciencias Políticas y Morales de París: «La caída del Imperio de los Papas ha permitido el nacimiento de la idea de una federación europea laica». Sorprende, por decirlo de manera suave, cómo pudo el archiduque Otto, hijo mayor y heredero del beato, convertirse en un estrecho colaborador de Kalergi e ¡incluso en su sucesor al frente de Paneruopa! Más aún, la perplejidad crece si tenemos en cuenta que, según el testimonio de un hermano de Zita al padre Henri Le Floch en Roma, se le ofreció al beato Carlos durante el derrumbamiento del Imperio la salvación de su corona y de su familia a cambio de ingresar a la masonería, cosa que rehusó.

Pero, como no podía ser de otra forma, la casa de Habsburgo, tan estrechamente ligada a la Iglesia Católica, no pudo evitar compartir, con algunas décadas de antelación, su mismo destino de infiltración, traición y autodemolición. Ya en el París de los años 30, el gran novelista austro-judío Joseph Roth, activo en los círculos legitimistas del exilio, manifestó su decepción respecto al joven archiduque Otto a su amigo Soma Morgenstern: «No puedo hablar con este emperador. No es legitimista. ¡Habla como un judío liberaloide!». En fin: mysterium inquitatis.

¿Se precipitó al abdicar o podría haber resistido hasta el final, como emperador?

La historia de los Habsburgo tiene, incluso en sus momentos trágicos, una suerte de serena belleza, de armoniosa simetría melancólica. Así como un serbio de Bosnia, Gavrilo Princip, fue responsable de iniciar el proceso de destrucción de la monarquía habsbúrguica, el último soldado del Imperio fue un serbio de la Krajina, el general Svetozar Boroevic von Bojna. Luego de haber resistido durante años más de diez ofensivas italianas, logró conservar intacto parte de su ejército luego de la desbandada de Vittorio-Veneto –cerca de 80 000 soldados– y envió un telegrama al emperador la primera semana de noviembre de 1918, poniendo las tropas a su disposición «para cumplir con sus obligaciones tradicionales con la dinastía». No sabemos si, en medio de la confusión de aquellos días, Carlos alcanzó a recibir el mensaje, pero en su proclama del 11 de noviembre de 1918 manifestó su deseo de traer paz a sus pueblos, luego de tantos años de guerra y en medio de una catastrófica pandemia. Probablemente Carlos sabía que si persistía en la defensa de sus derechos dinásticos acabaría precipitando una guerra civil con los minoritarios pero muy activos socialdemócratas de Viena, que quizás hubiera llevado a la ocupación extranjera de las tierras imperiales y a una mayor miseria para el pueblo.

Después de su derrocamiento llevó a cabo intentos por recuperar el trono en Hungría, ¿no es así?

Sí. Luego de su salida de Austria, se le permitió vivir en Suiza, con la condición de no realizar actividad política y mantenerse prácticamente inmovilizado. Desde allí recibía constantes mensajes desde Hungría urgiendo su retorno. El mismo regente Miklos Horthy le había dado muestras constantes de lealtad. Pero lo que lo decidió a actuar fue el pedido expreso del papa Benedicto XV, que le urgió a «que regrese lo antes posible, con objeto de reunir desde allí a los distintos países bajo su corona, para, de este modo, reconstruir el baluarte de la Santa Iglesia», como apunta Michel Dugast-Rouillé.

En este primer intento, en la primavera de 1921, llega de incógnito a Budapest y se entrevista con Horthy que, a pesar de haber jurado serle leal hasta la muerte el 8 de noviembre de 1918, le da largas y rechaza abandonar el poder. Carlos tiene que regresar discretamente. Sin embargo, lo interesante de este viaje es que, una vez revelada su identidad, el rey apostólico pudo comprobar la inmensa popularidad que gozaba entre el pueblo, particularmente entre las masas campesinas. El segundo intento, en otoño de ese mismo año, sí contempló la posibilidad de una acción militar. Carlos, por lo que pudo ver en su primer viaje, consideró que sería una marcha pacífica y que el ejército se plegaría a él de manera espontánea. Así sucedió, pues se le unió espontáneamente una fuerza considerable de soldados, que avanzó pacíficamente a lo largo del país hasta llegar a Budapest, donde encontró resistencia por parte de una milicia improvisada de estudiantes nacionalistas dirigida por Gömbos, el misterioso luterano fascistoide, que era en verdad en aquel tiempo la eminencia gris detrás del calvinista Horthy. Aunque hubiera podido atacar, con un costo considerable en vidas, Carlos ordenó al jefe de su estado mayor, el general Hegedüs, negociar un armisticio temporal. Lo cierto es que Hegedüs traicionó al rey y se pasó al bando del gobierno. Carlos nuevamente tuvo que abandonar Hungría. En ambas incursiones comprobó la lealtad total del clero católico, que, en la persona del primado, le aseguró su lealtad, y el cariño entusiasta de las masas campesinas e incluso obreras en las ciudades, asqueadas de las elecciones adulteradas y de la corrupción de la oligarquía húngara. Sin embargo, a raíz de este último intento, fue exiliado a Madeira por los aliados.

En cualquier caso su vida personal y la de su esposa, la emperatriz, siempre fue intachable y un ejemplo de virtud. ¿Cree que es un referente para estos tiempos tan terriblemente difíciles en cuanto a la geopolítica internacional?

Por supuesto. La lección de Carlos y Zita es que el deber de estado es una oportunidad que Dios nos da para santificarnos. Y, como dice la Escritura, « ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?» (Mateo 16: 26). Ambos reinaron con justicia, perdieron sus tronos sin traicionar sus principios y al final alcanzaron la corona celestial. ¿Qué más puede pedirse? Como se ha dicho hasta la saciedad, los últimos grandes conflictos europeos, desde la guerra de los Balcanes (1991-1995) e incluso el conflicto actual en Ucrania nacen directamente del desbarajuste posterior a la caída de Austria-Hungría.

Resulta esclarecedor, por tanto, contrastar la actualidad con las lecciones históricas del pasado. El gran error de Guillermo II y de su estado mayor fue creer que una guerra rápida podía servir para salvarse de un posible ahogamiento geopolítico y de las múltiples provocaciones de sus enemigos, sin importar los medios. Menospreció la importancia de la opinión pública universal, que se horrorizó ante la invasión de la neutral Bélgica, y acabó entrampado en una guerra larga y desgastante. Putin parece haber caído en la misma ilusión.

Por otro lado, Joe Biden, como buen demócrata, ha mencionado en varias ocasiones que busca el regime change en Rusia. Y aunque el Departamento de Estado se ha apresurado a poner paños fríos, el objetivo de las sanciones occidentales, inéditas en su extensión, no parece ser otro. Ignoran –o pretenden ignorar, que es lo peor – que el derrocamiento de Putin podría hacer estallar fuerzas centrífugas en Rusia que harían parecer al Irak posterior a 2003 como un paraíso. Es el mismo error de Wilson, pero aún más grotesco, si cabe, porque lo que se pretende exportar no es el estado-nación en su modelo republicano liberal, sino una democracia posmoderna woke multicolor, más parecida a un manicomio amotinado que a cualquier régimen político ordenado.

La lección del beato Carlos de Habsburgo consiste en tener presente a Dios en todas las acciones políticas. Solo así, con la mirada puesta en la trascendencia, se podrá alcanzar un equilibro virtuoso entre un realismo político sano y un sustento moral sólido en nuestras acciones y doctrinas. Y esta es una lección fundamental para todo político o líder católico: nunca perder los principios, nunca perder el alma. Todo puede perderse, menos eso.

Por Javier Navascués

3 comentarios

  
F Xavier Albizuri
Excelente entrevista, aunque por el titular he pensado que se refería al césar Carlos V, I de España. La destrucción del imperio austriaco fue una gran tragedia, igual que la revolución bolchevique en Rusia. Pero no olvidemos que la guerra europea fue desencadenada por la alianza entre el imperio católico y la Alemania nacionalista y belicista, dando lugar a un siglo XX que quizá representa el mayor horror de la historia.
13/04/22 11:15 AM
  
Rafael María Molina
Magnifica entrevista, tanto las preguntas como las respuestas. De acuerdo en casi todo. Solo me gustaría matizar que no comparto que el ejército austro húngaro estuviese en buena forma en 1918. En mayo- junio de 1918 tuvo una magnífica oportunidad para derrotar definitivamente a Italia, después de la gran victoria de Caporetto, en1917, pero su ofensiva en el Véneto fracasó lamentablemente y ese fue el principio del fin de Austria. También creo que Carlos debió haber resistido hasta el final en 1918,en vez de renunciar al trono. Tal vez el Señor le habría ayudado. Al final las consecuencias de su abdicación fueron mucho peores, vista la historia del siglo XX, que la guerra civil que se habría producido entonces. En cualquier caso fue un santo, sin duda, y un ejemplo moral. Gracias por esta excelente entrevista.
13/04/22 11:38 AM
  
Sergio
Para una impresión menos negativa respecto al zar Nicolás II (y con mucha documentación no disponible anteriormente, la cual ayuda a despejar la leyenda negra rusa), se puede leer "The Romanov Royal Martyrs: What Silence Could Not Conceal", escrito en conjunto por Nicholas B.A. Nicholson, Helen Azar, Helen Rappaport y otros especialistas.
14/04/22 12:17 AM

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12.04.22

Padre Gonzalo Raymundo, un sacerdote según el corazón de Cristo

Este 12 de abril, Martes Santo, se cumple un año de la partida del Padre Gonzalo Raymundo Esteban EP, tras una vida ejemplar y afrontar con heroísmo una dolorosa enfermedad. En el lecho del dolor, ante el deterioro de su cuerpo, afirmaba que lo importante era lo espiritual. Pasado un año, José Alberto Rugeles Martínez, uno de sus compañeros de luchas en los Heraldos del Evangelio, ha querido atender nuestro pedido, de dar testimonio de su amigo fallecido. Creo que estas serenas reflexiones, escritas a conciencia y consultando a muchas personas que lo conocieron, nos regalan un retrato fiel y veraz de como era Gonzalo. Puede hacer mucho bien a las almas, pues en estos tiempos de confusión, más que nunca, hacen falta referentes de virtud, de integridad y de entrega a su vocación. Las personas buscan ver a Cristo reflejado en sus ministros, y poder decir como decían del Cura de Ars, patrono y modelo de sacerdotes, he visto a Dios en un hombre.

¿Cómo valora el hecho de haber sido muy amigo de una persona tan especial como era Gonzalo?

Como un regalo de Dios. A lo largo de nuestras vidas, la Providencia Divina nos va colocando en el camino personas que, por su virtud, por su manera de ser, por su dedicación y entrega, son, para quienes le conocen y conviven con ellos, un ejemplo. Un ejemplo que arrastra y que se convierte en un faro de luz para los demás. El Padre Gonzalo lo fue para mí y para muchos otros, que, dentro del carisma de los Heraldos del Evangelio, tenemos la certeza del llamado de Dios a cada uno para su servicio.

Sin duda fue primero un seglar ejemplar y luego un sacerdote muy celoso. ¿Cuáles serían las virtudes que más destacaría de él?

A mi entender la radicalidad y la seriedad en atender el llamado de Dios. También su integridad y devoción a la Virgen. Primero, desde muy joven, siguiendo siempre con entusiasmo la figura y las sabias enseñanzas del Profesor Plinio Corrêa de Oliveira. Después, como laico consagrado y, finalmente, como sacerdote dentro la Sociedad de Vida Apostólica Virgo Flos Carmeli —que se originó dentro de los Heraldos del Evangelio— en Italia, Brasil, Costa Rica y El Salvador.

El padre Gonzalo quiso, en todo momento, seguir el modelo de sacerdote, que el Fundador de los Heraldos del Evangelio, Mons. João S. Clá Dias, personifica: deseo de glorificar a Dios y ayudar a la salvación de las almas, a través de la Liturgia, la predicación de la Palabra, la administración de los sacramentos, la disponibilidad para atender a los necesitados, confiando siempre en la gracia y en la inspiración del Espíritu Santo. Para eso se encomendaba mucho a la Virgen del Pilar, a la que tenía especial devoción y cariño.

 Durante la JMJ de Madrid en 2011, confesó largas horas en el Parque del Retiro, como tantos otros sacerdotes. Me comentó, en aquél entonces, que confesar era algo que especialmente le consolaba. Poder ser instrumento del perdón de Dios, le llenaba de satisfacción, el ver operar la gracia de Dios en las almas… y cómo la Misericordia no tiene límites desde que el alma quiere enmendarse.

También tenía muchas cualidades y habilidades en el plano humano como la música, la declamación… y otras muchas.

Sí, es verdad. Pero siempre lo consideraba todo como un don de Dios y ponía esas cualidades naturales al servicio de la Evangelización y el apostolado, sin ceder a la vanidad por poseerlas. Le gustaba mucho la música, cantaba muy bien y tocaba varios instrumentos. Pero todo lo utilizaba como un medio de aproximar a las almas a Nuestro Señor Jesucristo y a la devoción a la Santísima Virgen María. Sus dotes en la actuación se evidenciaron mucho en la interpretación del papel de Cyrano de Bergerac cuando era aún muy joven y en otras obras. Pero siempre queriendo evangelizar.

Otra cualidad, que creo es interesante destacar, fue su amor a España. De madre vasca y padre vallisoletano, nacido en San Sebastián y crecido en Zaragoza donde pasó su infancia y juventud. Habiendo vivido en Barcelona, Toledo, Madrid y Asturias, tenía muy claro que cada región enriquece el conjunto del país. Sus largas estancias en Brasil, sus años en Roma y finalmente en Centroamérica, le dieron una visión muy amplia y universal de la realidad.

 Y también me gustaría resaltar cómo era muy leal en la amistad. Y quienes tuvimos la honra de ser sus amigos, lo podemos atestiguar.

Destacaba su perfecto equilibrio entre la gravedad para las cosas serias y su sentido del humor fino y conservando la inocencia. ¿Es así?

Efectivamente. La virtud comunica alegría. Entusiasmo es estar lleno de Dios. Y la cercanía con el Señor, lleva a las almas a considerar todo con seriedad, pues todo es serio y muy serio. Pero para nada eso significa ser triste o malhumorado. Muy por el contrario, quien es virtuoso, es alegre, pues, como bien dices, quien conserva la inocencia ve todas las realidades desde un prisma a la vez serio y equilibrado, que trasmite serenidad, paz y alegría. La paz -que según San Agustín es la tranquilidad en el orden-, no se encuentra fuera de la virtud; y la verdadera felicidad tampoco. Y D. Gonzalo era un hombre feliz y trasmitía esa felicidad. Lo hacía con los jóvenes a quienes evangelizó, lo hacía con sus sobrinas y con su sobrino. Sabía ser ameno y lo hacía con gusto.

¿Cuál fue el principal legado que nos dejó el Padre Gonzalo de su paso por este mundo?
El testimonio de un sacerdote que procuró siempre la salvación de las almas y la gloria de Dios, diciendo las cosas muy claras sin “descafeinar” principios, pero sin olvidar nunca la bondad y la misericordia. Y no retrocedió frente al dolor, cuando le tocó enfrentarlo.

Y como muy bien lo definió un abogado amigo común de Zaragoza, el padre Gonzalo fue: “un caballero, con una gran rectitud de alma”.

¿Cómo vivió su vocación como Heraldo del Evangelio?

Como ya dije anteriormente, con mucho entusiasmo y con mucha seriedad, comprendiendo que Dios le había llamado a proclamar el Evangelio, no solo con la palabra, sino principalmente con el testimonio de una vida de entrega, de sacrificio, de servicio y de amor a la cruz.

¿Con qué actitud interior afrontó su dolorosa enfermedad y su muerte?

La entera seriedad es el primer paso para adquirir el amor a la Cruz. Y cuando el Señor “le visitó” con la enfermedad, la vio de frente, sin quejas ni falsas ilusiones, ofreciendo todo por la Iglesia, por nuestro Fundador, por el carisma al cual entregó su vida y considerando que lo más importante era la parte espiritual. De hecho, fueron esas sus últimas palabras. Quien le visitaba o le atendía, amigos, médicos, enfermeras… comentaban con admiración su paz sin nunca reclamar.

De todas las repercusiones que hubo tras su muerte, ¿Cuáles le impresionaron más?

 Las de aquellas personas que en Centroamérica escribieron y narraron hechos acontecidos durante la pandemia del COVID-19: las Misas que D. Gonzalo celebró y que fueron trasmitidas por Internet, les ayudaron a mantenerse y crecer en la Fe. Y cómo esas personas rezaron y rezaron por él durante la enfermedad. Muchos recordaban como, durante la Pandemia, sobrevoló en helicóptero la ciudad de San Salvador, bendiciéndola con una imagen peregrina de Nuestra Señora del Inmaculado Corazón de Fátima.

 Me impresionó mucho también la carta de un sacerdote toledano que manifestaba su gratitud, admiración y afecto por él. Igualmente, las palabras del Cardenal Osoro y del Arzobispo primado de España en los Funerales de Madrid y Toledo. Decía D. Carlos que había sido una gracia “poder, durante este tiempo, a partir de que me enteré de su enfermedad y de su estancia en el Hospital, rezar por él, estar al tanto de cómo iba evolucionando su vida. Y, sobretodo, el modo con que afrontó ese momento de su vida, en el que él sabía que estaba cerca la hora de entregársela al Señor”. Y afirmaba Mons. Francisco Cerro que: “siempre albergábamos la esperanza de que el Señor lo retuviese más tiempo con nosotros, una vez que estamos tan necesitados de Pastores según el corazón de Cristo. D. Gonzalo, a quien todos los vicarios episcopales conocían, fue un pastor entregado, un predicador que trasmitía lo que vivía, una persona que estaba convencida. Es una maravilla cuando el sacerdote vive y cree lo que está celebrando, porque acaba transformando su vida en una Eucaristía”.

Usted ha rezado mucho por él y ha pedido que se celebren Misas por su eterno descanso y lo sigue haciendo, aunque viendo su vida y su muerte piense que igual ya no le hagan falta… ¿Qué gracias le pide?

Solo la Iglesia puede declarar que alguien ya está en el Cielo. Pero uno puede tener una gran confianza de que así sea. En cualquier caso, el mismo padre Gonzalo me pidió, antes de morir, que mandase celebrar Misas por su eterno descanso. Le pido que interceda por mí, para que sea fiel a mi vocación, como lo fue él a la suya.

¿Cómo pueden los lectores conocer más cosas de su edificante vida?

Hay un vídeo, que los Heraldos del Evangelio de Centro América —en donde vivió sus últimos años— realizaron como un homenaje al Padre Gonzalo recién fallecido. En él se han reunido una serie de comentarios de sus Homilías en las Misas celebradas durante la Pandemia y otras anteriores. Esos trechos muestran mucho su personalidad y su modo de ser y de predicar. Creo que pueden ayudar mucho a conocerlo.

El link es este: https://youtu.be/zxYQ0CsPbnM

Termino agradeciéndote esta entrevista. Tú fuiste su compañero de estudios en el Instituto Miguel Servet de Zaragoza y, como muy bien escribiste el año pasado, D. Gonzalo sabía llevar a las almas al buen camino “con mano de hierro y guante de seda”. Que él nos ayude a todos a ser almas de Dios.

Por Javier Navascués

12 comentarios

  
José Roberto Lorenzana R.
Salve María! Para quienes tuvimos la bendición de conocerle, deja su huella muy profunda y perdurable por el resto de nuestras vidas! Definitivamente un Santo, Ruegue e interceda por nosotros querido Padre Gonzalo!
12/04/22 9:54 AM
  
Sylvia Betty López de Salazar
Salve María! Agradezco a Dios y a Nuestra Señora, la bendición de haber conocido y haber compartido muchos excelentes momentos con el Padre Gonzalo. Sobre todo, gracias por sus homilías y su ejemplo de vida que dejan marcas en nuestra mente y en nuestra alma . Definitivamente conocimos y convivimos con un Santo. Padre Gonzalo ruegue por nosotros.
12/04/22 1:18 PM
  
Frederico Rezende
Un verdadero católico! Se llenó de Dios y trasmitió, atraves del sacerdócio, el amor a la Iglesia y a la Vírgen Maria! He convivido con el por mucho tiempo en Espana, una persona formidable! Que interceda por nosotros en este valle de lágrimas! Amém!!!
12/04/22 2:14 PM
  
Maribel de castillo
Gracias a Dios,por haberme permitido conocer y compartir con el Padre Gonzalo gracias a el por todas sus enseñanzas y el ejemplo del cual daba como un sacerdote lleno de Dios sin dejar sus sentido del humor sin duda un gran sacerdote como los que en estos tiempos necesita la Iglesia. Padre ruega por nosotros
12/04/22 4:57 PM
  
Milu Rios
Padre D Gonzalo, usted "Glorificó a Dios en la tierra". Desde su partida al cielo, ya esta con Dios, con Nstra Sma Virgen del Rosario de Fátima, conjuntamente con los fundares Dr. Plinio y Dña Lucilia". Os pido humildemente, que interceda por nuestras almas pecadoras, con sed de Cristo Amén.🙏 🎶 ♥ ✨
12/04/22 5:14 PM
  
Karla de Molina
Que bello relato de una persona Tan especial y ejemplar!! Y que dicha la de su amigo don José Alberto de haber compartido tan de cerca con una persona tan santa.
12/04/22 5:46 PM
  
Andres Amador El Salvador
Un caballero, un bravo guerrero que equilibraba perfectamente con el manso cordero; un leon en el pulpito, suave aceite y a veces dolorosa cura en el confesionario. Impresionante y solemne principe y a veces dulce niño que jugaba con alegria. Buen atleta, buen rival en la cancha de baloncesto , excelente guerra psicologica y buen tablereo. Buen maestro y amigo . Como un arbol de fuego en plena floracion en lo alto del risco frente al mar. Siempre de cara al sol. Se marchito y derrumbo su impresionante follaje. Se seco su majestuoso tronco. Sin queja alguna. El sabia que moria y tambien fue ejemplo en la muerte. Lo amamos y admiramos en Cristo Padre Gonzalo. Tenemos saudades de usted. Pero ahora su combate es desde el cielo Junta al Dr. Plinio y Nuestra Señora. Hasta pronto.
12/04/22 5:56 PM
  
Patricia Navarro
Salve María! Dios me permitió conocer a un santo Sacerdote, un santo caballero en toda la extensión de la palabra. La fuerza en sus homilías, cada palabra dicha con el corazón y la convicción que para llegar al cielo es necesario amar a Nuestra Señora, a la Eucaristía y al Papado. Sufrió en silencio como un mártir que era consolado por nuestros Santos Fundadores, por María Santísima y por todos aquellos Santos a los cuales imitó en su vida. Hasta el Cielo P. Gonzalo, gracias por la huella que dejó en mi y en mis hijos.
12/04/22 7:55 PM
  
Aida Sandoval
Mi esposo Tomas Araujo y yo tuvimos el honor y la gracia de conocer al Padre Gonzalo antes de ser sacerdote, cuando los presentó nuestro querido amigo el Heraldo Jose Alberto Rugeles. El Padre Gonzalo, un hombre lleno de bondad, respeto, amor y humildad , con quien se dio una bonita relación de afecto que perduró en la distancia, pues siempre recibíamos sus bendiciones y saludos aquí en Maracaibo Venezuela. En el primer aniversario de su partida al encuentro con el Señor, paz eterna a su alma y nos bendiga siempre desde el cielo.
12/04/22 8:42 PM
  
Vladimir
Ni idea tengo de quien fue esta persona, pero leyendo los testimonios que de él se dan, no tengo menos que pensar que ahora está en la Gloria. Por eso le pido que interceda por la unidad de los Obispos del mundo entero; unidad necesaria y fundamental para alcanzar la Unidad de toda la Iglesia.
12/04/22 10:23 PM
  
Luis Fernando
Rezó y celebró Misas por mi esposa, recé por él para que el Señor nos lo dejara más tiempo (Fil 1,24) y ahora pido a Dios que ambos coincidan en su presencia para interceder por nosotros.
12/04/22 11:56 PM
  
Claudia Arce de Henríquez
Un Santo que guardo silencio en su enfermedad 🙏 Tuve la bendición de escucharlo en varias reflexiones sobre el sacramento de la confesión que marcaron mi vida !! Su entrega a Dios y a nuestro Señora fueron ejemplar. Un Verdadero Caballero del Altar que nos dejó sin pedir permiso y desde el cielo Bendice la construcción de la hermosa Iglesia de los Heraldos
13/04/22 4:20 AM

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11.04.22

Carlos Pérez-Roldán: “Nuestros abuelos se dejaron la hacienda y la vida en la lucha contrarrevolucionaria”

Reflexiona sobre la censura que está sufriendo la web que dirige, Tradición Viva

Entrevistamos a Carlos Pérez-Roldán Suanzes-Carpegna, abogado, académico de la Academia Internacional de Ciencias, Tecnología, Educación y Humanidades y colaborador de numerosas publicaciones y revistas, e impulsor de numerosas iniciativas de la sociedad civil para fomentar la participación ciudadana real en la vida política y social, como el Centro Jurídico Tomás Moro, el Centro de Estudios Históricos General Zumalacárregui, o la Asociación Editorial Tradicionalista. Actualmente es director de Tradición Viva.

En esta ocasión habla de la censura que están sufriendo en Internet y reflexiona sobre la batalla cultural contra la ideologías dominantes.

¿Cómo valora la censura de Google y YouTube a Tradición Viva?

De momento Google solo nos ha censurado la publicidad, y YouTube tres vídeos, dado que no tenemos constancia que nos hayan cancelado en el buscador, no obstante para valorar la censura es necesario referir que Google nos comunicó que nos censuraba la publicidad con la que manteníamos el diario www.tradicionviva.es por entender que muchos de nuestros contenidos son «peligrosos o despectivos», es decir Google no pone en tela de juicio la veracidad de nuestros contenidos, y eso es precisamente lo que es necesario resaltar pues diarios como el nuestro suponen un peligro al no encajar nuestros artículos, reflexiones y vídeos en la visión globalista, cristófoba, y deshumanizadora que se está tratando de imponer por parte de las élites mundiales.

¿Qué artículos han sido censurados y cuál ha sido el motivo?

Inicialmente nos comunicaron que más de 170 artículos eran peligrosos, y tras comprobar los artículos «marcados» por la censura detectamos que una gran mayoría de los artículos se referían a temas como la agenda 2030, o explicaban la influencia de la masonería en los procesos revolucionarios desde la Revolución Francesa hasta la actualidad, o denunciaban el crimen del aborto. También nos resultó sumamente curioso que hubieran marcado como peligroso una entrada en la que reproducíamos un corrido mexicano «El martes me fusilan» en el que el gran Vicente Fernández narra la persecución de los cristeros mexicanos.

Entre los artículos denunciados por Google había algunos en los que denunciábamos a las mafias abortistas, como el titulado «Planned Parenthood elabora la “lista negra” de figuras provida en Argentina», otros como «Klaus Schwab, y las mentiras de la cuarta revolución industrial» en el que reseñamos un libro de uno de los arquitectos del Nuevo Orden Mundial, artículos como el titulado «La perversa agenda 2030 y los planes mundialistas que nos amenazan», y así hasta 170 artículos.

¿El carlismo y todo lo relacionado con la tradición es más políticamente incorrecto que nunca o más bien cada vez hay menos libertad?

Nosotros como tradicionalistas siempre hemos distinguido entre libertad, y libertinaje. La libertad solo se puede predicar de la verdad, y de la belleza, es decir no puede existir libertad para el error, no obstante, la cultura de la cancelación que cada vez expande más su poder está acabando con cualquier espacio de libertad. Cuando la autocensura programada por las élites a través de la deseducación de los más jóvenes, y de la manipulación de los medios de desinformación fracasa, las grandes corporaciones y los grupos de presión mediáticos empiezan su cacería contra todo disidente. Evidentemente en ese terreno de la disidencia el carlismo y el tradicionalismo, tienen un pedigree que otros movimientos sociales no tienen, pues nosotros llevamos casi doscientos años luchando contra la revolución, unas veces por medios pacíficos, a través de publicaciones, periódicos, folletos … y otras veces por medios armados como las guerras civiles que mantuvimos los carlistas en el siglo XIX, o nuestra participación en la última guerra civil del 36.

Evidentemente los tradicionalistas somos los grandes enemigos de la Teoría Crítica auspiciada por falsos pensadores como Max Horkheimer, Theodor Adorno, Herbert Marcuse o Erich Fromm, y que constituyen los claros antecedentes de la llamada «cultura de la cancelación» que está padeciendo todo el occidente en el pasado cristiano. La cultura de la cancelación y la libertad son ideas antitéticas, pues la cancelación lo que trata es de imponer unos falsos dogmas, de tal manera que por así decirlo ya no solo censuran las respuestas, sino que incluso censuras las preguntas. Para las élites ya no es interesante saber lo que opinas del aborto, del divorcio, de los excesos del economicismo, lo importante es que no te cuestiones todos esos temas, que asumas acríticamente los dogmas revolucionarios.

¿Qué medidas piensan tomar para hacer frente a este atropello?

Evidentemente desde tradicionviva.es y desde la Asociación Editorial Tradicionalista no vamos a mover ni un punto ni una coma de nuestros artículos, ya que Google nos exige para cancelar la censura la eliminación de los contenidos que ellos consideran peligrosos. Es más, esta censura nos lleva a seguir publicando más información sobre la Agenda 2030, sobre el crimen del aborto, sobre la aberración del divorcio, denunciando la ideología de género, y seguiremos denunciando todos los sistemas políticos y económicos contrarios a la doctrina de la Iglesia, se llamen comunismo, liberalismo, neoliberalismo, o populismos.

Dado que los ingresos de la publicidad nos permitían financiar una gran parte de los costes fijos de la web, de ahora en adelante iniciaremos campañas para conseguir de nuestros lectores la financiación necesaria, y si en algún momento faltara dinero para mantener los proyectos la financiación vendrá de los bolsillos de los responsables de la web, dado que nuestros abuelos nos dieron ejemplo pues ellos dejaron hacienda y vida en la lucha contrarrevolucionaria, y a nosotros se nos pide poco comparado a lo que las generaciones anteriores tuvieron que sacrificar, piénsese en todos aquellos voluntarios que combatieron contra el liberalismo en el siglo XIX, o los que lucharon contra el comunismo en el 36.

¿En qué medida estas censuras y sanciones en redes u otro tipo de limitaciones dificultan la difusión?

Lo verdaderamente peligroso es que esta censura económica sea el inicio de futuras censuras en redes sociales o en plataformas como Amazon desde la que vendemos una parte de nuestras publicaciones, pues el resto la vendemos directamente desde nuestra web. Si esta censura, no solo a nuestro medio sino también al resto de medios digitales, continuara, tendríamos que volver a los antiguos medios de difusión mediante pasquines, buzoneo, o actos callejeros. No obstante para nosotros esto no es nuevo pues ya llevamos unos años coorganizando el rezo del Santo Rosario en los últimos sábados de cada mes, y procurando organizar actos presenciales mediante presentación de libros, organización de cenas, etc., pues nunca hemos creído que las redes sociales e internet sean las herramientas definitivas para revertir la situación de postración moral en la que se encuentra occidente.

¿Por qué es importante buscar medios alternativos?

Nuestra lucha es contra la Revolución, con mayúsculas, y la Revolución es global, por eso nuestra actuación tiene que ser también global, haciendo uso de las redes sociales, de las posibilidades de internet, y de plataformas digitales; hemos de aprovechar todos los nichos, pero no podemos olvidar los viejos sistemas de lucha contrarrevolucionaria con presencia en la calle, con charlas en grupo, con cenas y comidas de hermandad, no perdiendo nunca el contacto con las personas reales, no eludiendo el calor de la cercanía.

¿Puede llegar el momento en que directamente no dejen publicar nada que vaya contra los intereses mundialistas?

Que nadie lo dude, ese momento llegará, y el ejemplo es precisamente la censura a tradicionviva.es, pues no se han fijado en nosotros por ser grandes o influyentes, se han fijado en nosotros pues un altísimo porcentaje de nuestros artículos atacan los falsos dogmas de la modernidad y del globalismo. No somos los primeros, ni seremos los últimos, por eso es necesario seguir concienciando, el pueblo se tiene que adherir a asociaciones, organizaciones privadas, medios de comunicación libres, y tiene que ser consciente de que el mundo digital es el enemigo de la sociedad libre, por eso nosotros trabajamos por un lado en el mundo digital a través de nuestro diario www.tradicionviva.es, pero en el terreno editorial solo editamos libros en formato papel, pues estos una vez adquiridos no podrán ser censurados, y de mano en mano serán instrumentos de formación.

¿Por qué es importante hacer un frente común entre todos los medios que defienden la esencia católica de España y sus ideales, así como la verdad de la historia?

Es importantísimo hacer un frente común, pues si realmente defendemos la catolicidad de la hispanidad tenemos que olvidar personalismos y coordinar esa lucha contra la impiedad. Además esa colaboración nos enriquecerá a todos, dado que pocos medios de comunicación coincidimos en nuestros contenidos ya que unos están más enfocados a la información religiosa, otros a la política, y otros, como el caso de tradicionviva.es, están más enfocado al terreno cultural. Hemos de unirnos en los objetivos, sin olvidar que esta lucha se ganará en forma de guerrillas, pues resulta necesaria la existencia de una gran pluralidad de medios, y de iniciativas, ya que el globalismo tendrá más difícil combatir contra pequeños grupos que combatir contra grandes medios que serían fácilmente identificables.

Por Javier Navascués

7 comentarios

  
Carlos Dueñas
Las ideas de Carlos Pérez-Roldán son tan minoritarias que su labor tiene mucho de romántica. Les censuran en internet porque alegan que sus contenidos son peligrosos. Toda censura es mala, a no ser que se trate de contenidos calumniosos o injuriosos que atenten contra el honor o inciten al odio, que no parece el caso.

He visto la página de Tradición Viva y veo que, entre otros, anuncian el libro “El error del liberalismo”, del cardenal Louis Billot, jesuita francés. Es un librito escrito hace 100 años o más. Aquel liberalismo no es el actual. Hoy es liberal hasta Benedicto XVI, del que se habla mucho de su conservadurismo, pero no tanto de su liberalismo.

Billot fue redactor de la encíclica “Pascendi”, de Pío X, y luchó contra el modernismo. Fue víctima de la política romana. Para disgusto e irritación de Pío XI, apoyó al partido tradicionalista Acción Francesa, de Charles Maurras, en un momento en que el Vaticano aplicaba una política de conciliación con la liberal y laica república francesa.

Según Sergio Pagano, prefecto del Archivo Secreto Vaticano, que ha estudiado el caso, Pío XI soportó con paciencia el apoyo de Billot al tradicionalismo, si bien finalmente Billot renunció al cardenalato por el decoro de la Santa Sede y la pacificación del clero francés, en un gesto que ha sido alabado hasta por Carlo Maria Martini, también jesuita, pero de orientación ideológica muy diferente.


11/04/22 11:47 AM
  
Cos
Carlos Dueñas
Toda censura es mala, a no ser que se trate de contenidos calumniosos o injuriosos que atenten contra el honor o inciten al odio, que no parece el caso.
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No es cierto que solamente sea mala esa censura. ¿Ha oído hablar, por ejemplo, de la censura sanitaria del colegio de médicos?
La censura puede tener un sentido segregador de la información, pedagógico o puede prevenir desastres. A lo que se refiere usted es a lo que dicen los medios de propaganda y a lo que han sancionado los políticos, incluyendo un vaporoso concepto jurídico de reciente cuño como es el de la incitación al odio.

Por liberalismo, como pasa con cualquier palabra, cada cual puede
entender lo que quiere, pero el liberalismo filosófico, que parte de un concepto de libertad erróneo y no cristiano, es tan error hoy en día como lo era en tiempos de Pío X. Es, por lo tanto, cuando menos imprudente, en cuanto que crea confusión, hablar de liberalismo en relación al pensamiento cristiano.
11/04/22 7:46 PM
  
Urbel
Cierto, el liberalismo actual es diferente que el de hace cien años. El actual es mucho peor.

El liberalismo condenado por los papas desde Pío VI, en tiempos de la Revolución francesa, rechazaba el sometimiento político a la Iglesia y la ley de Cristo. Pero respetaba todavía básicamente la ley natural.

El liberalismo radicalizado de nuestros días ha terminado progresivamente con cualquier vestigio de respeto por la ley natural: divorcio, aborto procurado, fomento de la sodomía, sedicente matrimonio entre homosexuales, fecundación artificial, eutanasia, fusión entre los hombres y las máquinas etc.

El jesuita cardenal Billot fue el más grande de los teólogos a caballo de los siglos XIX y XX. Como el dominico Garrigou-Lagrange en el siglo XX.

Y la condena de la Acción Francesa por Pío XI en 1926 fue un error, que Pío XII rectificó en 1939 en cuanto subió al trono pontificio. La renuncia de Billot al cardenalato, que le fue exigida por Pío XI, fue uno más de los actos injustos que se produjeron en torno a aquella condenación equivocada. Como la privación de sacramentos y hasta de sepultura eclesiástica que sufrieron muchos católicos y monárquicos franceses por ser suscriptores del diario L' Action francaise.
11/04/22 8:26 PM
  
Cos
Por otro lado, que la censura no es tan mala lo demostraría el hecho de que todo el mundo la practica. Especialmente aquellos que mas la critican, y podríamos poner nombre y apellidos.
11/04/22 10:32 PM
  
@THENEWPURITAN
Sepan esto, católico y liberal es un oxímoron, no puedo existir un orden temporal en la que se expulsa a Cristo del reinado social y luego vivir en la piedad de La iglesia.
Por eso estamos así...
11/04/22 11:26 PM
  
Pep
Igual que hay sustancias toxicas para el cuerpo, también hay ideas toxicas para el alma.
No reconocerlo es soberbia racionalista.
Las ideas falsas hay que censurarlas.
12/04/22 12:22 AM
  
Urbel
De acuerdo con Cos, la censura no es de suyo mala. Es mala la censura ejercida por los enemigos del bien y de la verdad.

La Iglesia conoció la censura eclesiástica y el índice de libros prohibidos. Claro está que hoy la aplicación efectiva de esas instituciones sería impracticable, ya que casi no habría libros religiosos cuya publicación mereciera ser autorizada y casi no habría libros de ninguna naturaleza que no merecieran ser incluidos en el índice de libros prohibidos.
12/04/22 7:45 AM

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