1.05.26

García-Conde analiza los motivos de peso por los que el Papa debería visitar el Valle de los Caídos

Entrevistamos al promotor de la iniciativa. Jesús García-Conde Del Castillo es economista, colaborador de Razón Española, Informa Radio, Periodista Digital, Distrito TV y El Toro TV. Conferenciante ocasional sobre Memoria Histórica.

Recientemente publicó en InfoCatólica su carta al cardenal Cobo, pidiendo que el Papa visite el Valle de los Caídos.

Nos ha atendido amablemente para recalcar y explicitar el contenido de la carta.

¿Por qué ha escrito una carta al cardenal Cobo pidiendo que el Papa visite y rece en el Valle de los Caídos?

Hay muchas razones que animan a que el Papa visite el Valle de los Caídos: El Valle de Los Caídos es un lugar muy querido para muchos españoles, fue construido como monumento a la Reconciliación después de nuestra guerra donde están enterrados, sin distinción, combatientes de ambos lados junto a 119 beatos y Siervos de Dios que descansan eternamente bajo el signo de perdón de la Cruz. Sólo este hecho es único en el mundo y un ejemplo para todo el mundo en días tan convulsos como en los que estamos. Ese monumento, que es Basílica, Abadía, Escolanía y cementerio católico está amenazado por los que pretenden seguir con el odio revanchista. Finalmente porque el templo fue declarado Basílica Pontificia por el papa San Juan XXIII y está bajo la protección del Vaticano.

¿Qué repercusión tendría la visita del Papa a este santo lugar?

El mundo conocería el mensaje de perdón y reconciliación con el que fue construido este lugar, mas allá de la belleza indiscutible de su arquitectura, frente al relato de odio de los que lo quieren seguir profanando bajo el nombre confuso de resignificación.

¿Por qué debería ser uno de los lugares de visita obligada dado su simbolismo en defensa de la fe y el hecho de ser la cruz más grande del mundo?

Esa Cruz es la más grande del mundo, sí, pero lo mas importante de la Cruz está debajo. Y es que la Cruz de piedra que se ve fuera continúa la vertical de la cruz de madera que se apoya en el altar. Alrededor de esa cruz se reza todos los días por la paz y la reconciliación de los españoles representados por los mas de 35.000 españoles de los dos bandos allí enterrados. Transmitir ese mensaje es fundamental.

¿Por qué aprovecha para recordarle a Cobo y al resto de obispos el deber de preservar la integridad del Valle de los Caídos como lugar de Culto?

Porque el acuerdo de Monseñor Cobo y el ministro Bolaños iban a hacer prácticamente imposible la continuidad del culto en el Valle al restringir la zona de culto a la zona del altar y bancos adyacentes. Además el proyecto de “resignificación” iba a obligar a los asistentes a pasar delante de la exposición planteada en contra del mensaje original del Valle al acercarse a esos bancos. También taparía las capillas de la nave o la cúpula. Eso es un insulto a los católicos.

Así mismo recuerda el pésimo estado de conservación en el que se encuentra el recinto…

El papa ya visitó el Valle en 2003. Si vuelve a la explanada y entra en la nave no se va a encontrar el templo como lo visitó entonces. Hay goteras, desconchones y en general, las consecuencias del abandono al que le somete el gobierno. Taparlas solo para las fotos de la visita sería hacer trampas. El Valle ha de ser conservado como se merece.

¿Por qué la basílica, la abadía y la escolanía es un patrimonio a conservar que debería ser cuidado con mimo?

Porque todo el conjunto es sagrado según dijo San Juan XXIII y todo el conjunto es un caso único en el mundo de monumento de perdón, de arte y lugar de recogimiento y oración.

¿Espera que tenga respuesta su carta y pueda conseguir lo que pide?

La esperanza no se pierde pero tener contestación ya no depende de mí. Lo que si depende de mi es hacer lo posible todos los días por defender los símbolos de la fe y España y el Valle lo es. Y esa lucha habría de continuarse, aunque no se vieran cerca los frutos.

Por Javier Navascués

2 comentarios

  
benedetto marcello
Perfectas, razonables y justas las aspiraciones para neutralizar la intromisiones del impresentable
01/05/26 12:37 PM
  
benedetto marcello
¿Qué "moderación"? ¿Con papel de fumar? Ya va siendo hra de que así no sea....
01/05/26 12:43 PM

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30.04.26

La sublime belleza del Valle de los Caídos, bajo la mirada artística del fotógrafo Alfonso Gordon

Alfonso Gordon. Aficionado a la fotografía desde niño y viajero empedernido, Alfonso Gordon es un fotógrafo apasionado cuyo trabajo abarca una amplia gama de temas, desde impresionantes imágenes de fauna salvaje, hasta retratos cautivadores o fotografía de inspiración religiosa. Con un ojo agudo para los detalles y un sentido innato de la composición, Gordon captura la esencia de sus sujetos con una sensibilidad y una profundidad únicas. Sus fotografías narran sin palabras comunicando al alma lo más puro del interior de lo que para algunos, pareciera solo una imagen. Desde el Ártico al Himalaya, del Amazonas al desierto y la sabana africana, sus viajes por el mundo le han permitido explorar y documentar diversas culturas, paisajes y especies animales. Esta vasta experiencia se refleja en su capacidad para narrar historias visuales que trascienden fronteras y conectan a la gente con la belleza y la diversidad de nuestro planeta. La pasión de Gordon por la fauna salvaje lo ha llevado a algunos de los rincones más remotos y vírgenes del mundo. Ballenas, felinos, depredadores, aves. A través de su cámara, los espectadores pueden vislumbrar la majestuosidad y la vulnerabilidad de la vida salvaje, fomentando una mayor apreciación y respeto por la naturaleza, al tiempo que enfrenta al hombre con su propia fragilidad ante semejante grandeza. En el ámbito del retrato, Alfonso se destaca por su habilidad para capturar la personalidad y la emoción de las personas. Sus imágenes son íntimas y poderosas, revelando la humanidad y la esencia de cada individuo que pasa frente a su lente.

La obra de Alfonso Gordon no solo es un testimonio de su talento artístico, sino también una llamada a la apreciación de la belleza y la preservación de la diversidad cultural y natural de nuestro planeta, así como de su profunda admiración por el milagro divino de la Creación. Su fotografía inspira y educa, interpelando a conectar a las personas con los lugares y las historias que quizás nunca experimenten de primera mano. Gracias a su vocación apostólica, Alfonso también colabora en varios proyectos católicos y comunidades misioneras en diferentes partes del mundo, destinados a dar a conocer la presencia de Dios en la Tierra acercando a los hombres a Él.

Fruto de ese encuentro es la amplia colección de fotografías de la Abadía de la Santa Cruz y su vida monástica que no solo reúnen la mirada detrás de una lente, sino la valentía de un artista que abre el alma para exponer una esencia que solo puede inhalarse al adentrarse con humildad en ese mundo de oración y contemplación, mientras uno queda absolutamente arrebatado por la Belleza, en todos los sentidos, que allí se respira.

Nos cuenta en esta entrevista su acercamiento a la fe tras estar a punto de morir.

¿Podría resumir de forma muy breve cómo fue su experiencia cercana a la muerte y las circunstancias en las que se produjo?

A la vuelta de un viaje a Nepal en octubre de 2023 noté que algo no iba bien y me sometí a un chequeo en el que descubrieron que tenía obturadas las arterias coronarias. Cuando fueron a colocarme cinco stents, algo falló y tuve una parada cardiaca en el mismo quirófano siendo plenamente consciente de ella.

¿Cómo esta experiencia le fue llevando a la práctica de la fe católica, de la que estaba alejado?

Durante esa parada, además de una intensa luz blanca, solo pude percibir la presencia de mis dos hijos (Que se encontraban en la sala de espera) y el amor mas intenso que haya sentido nunca, que yo atribuí a la presencia del Señor. Ese momento para mi marcó una diferencia importante, ya que hasta entonces simplemente creía en Su existencia mientras que a partir de ese momento fui plenamente consciente de su presencia en mi vida.

¿Podría describirnos las gracias que tuvo en la Basílica del Valle de los Caídos?

Meses después, septiembre de 2024, una amiga mía me pidió que la acompañara a lo que ella denominó “Una misa bonita”, que era la misa conventual de los Benedictinos en la Abadía de la Santa Cruz. Al llegar el momento de la consagración , donde las luces de la basílica se apagan y solo se mantiene iluminado el Cristo y el altar, recibí una llamada tremendamente clara con la frase de “Haz que lo vean” . Interpreté que lo que me estaban pidiendo es que pusiera un don que tengo, la fotografía, a Su servicio para dar a conocer su presencia en el mundo.

¿Cómo ese hecho le fue marcando de forma providencial en los próximos meses?

A partir de ese día, me puse en contacto con los monjes benedictinos y pusimos en marcha un plan fotográfico para dar a conocer la presencia De Dios en la basílica, asi como la labor diaria de los monjes con el fin de visibilizarla y conseguir que viniera mas gente al culto. Tomada esa decisión, la verdad es que desde entonces solo puedo describir mi vida como una vida de abandono a ese llamado que recibí, donde El Señor, en su debido momento, me va poniendo delante a la gente indicada para seguir adelante con el proyecto, proyecto que culminó con una exposición fotográfica sobre la basílica en la galería Baluarte en Madrid.

¿Cómo a raíz de todo esto, fue frecuentando los sacramentos con mayor frecuencia?

Puedes creer en Él con mayor o menor intensidad, pero cuando lo percibes en tu vida como lo hago yo, lo que te apetece es estar en contacto con él. Desde entonces voy a misa frecuentemente y casi cada día al menos paso un rato por el Santísimo a rezarle un rato y hablar con él.

¿Cuáles son las principales gracias que ha ido recibiendo del Señor a raíz de su apertura y cómo le ha cambiado la vida?

Si tengo que resumirla en una, sería paz. Paz interior sobre todo, y mucha alegría. En este año y medio he vivido un proceso de sanación importante, y en realidad ha cambiado prácticamente toda mi perspectiva de la vida. Vivo el amor de otra forma, y, como decía antes, vivo completamente abandonado a los planes que Él tenga para mi y que iremos viendo paso a paso a partir de ahora.

¿Qué supuso para usted poder realizar el camino de Santiago?

Parte de esa sanación fue el Camino De Santiago. Iniciado por una ofrenda personal mía, la verdad es que nunca pude imaginar que se convertiría en una peregrinación tan intensa a nivel interior. Además, siendo fotógrafo decidí que quería llevarme la cámara y hacer lo que yo ya llamo un haz que lo vean, que es intentar plasmar con la cámara la presencia De Dios en el camino. Lo que no imaginaba es que esa presencia iba a ser tan intensa, y que me iba a permitir hacer unas fotos tan bonitas que estoy preparando un libro y una exposición sobre el camino.

¿Cómo va ir poniendo en marcha el proyecto Haz que lo vean” para poder evangelizar a través de la fotografía?

No lo tengo muy claro todavía, es parte de ese pasito a pasito que antes hablaba, pero por el momento quiero visibilizar la presencia De Dios en el mundo de todas las formas que se pueda hacer. Parte de esa visibilización será a través de la gente que vive y trabaja en su nombre y en nombre de su amor, asi que es muy posible que en los próximos meses esté fotografiando diferentes realidades De la Iglesia, tales como las misiones y la vida contemplativa. No se, pero se que Él me irá indicando por donde tengo que ir con esto.

Por Javier Navascués

2 comentarios

  
Luis
"En verdad os digo, no quedará piedra sobre piedra"... Lc. 21, (5-19).
30/04/26 10:05 PM
  
Ricardo
Ojalá pueda ir pronto a conocer orar y sacar fotos yo también, solo que más de entre casa 😁.
01/05/26 3:39 AM

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29.04.26

Barraycoa analiza su minucioso trabajo sobre el atroz genocidio de La Vendée, la primera cruzada moderna

Javier Barraycoa Martínez (Barcelona, 1963). Es Doctor en filosofía (1993) y profesor titular en el Departamento de Derecho y ciencias políticas de la Universidad CEU Abat Oliba de Barcelona. Es profesor de sociología y se ha especializado en el análisis de los imaginarios sociales y fundamentos antropológicos de los comportamientos sociales y políticos. Ha publicado una veintena de libros sobre temas sociológicos, históricos y políticos. Algunos de ellos ya son imprescindibles para el pensamiento contrarrevolucionario como Eso no estaba en mi libro de historia del Carlismo, Eso no estaba en mi libro de historia de la revolución Rusa, Protestantismo y ahora un libro que pretende divulgar la gesta de los campesinos vendeanos contra la Revolución francesa: El genocidio de La Vendée y la primera cruzada moderna.

¿Puede decirnos en breves palabras qué ocurrió en la región francesa de la Vendée durante la Revolución francesa?

Aquellos que habían proclamado los Derechos del Hombre y del Ciudadano, y votado la primera república revolucionaria de la modernidad, decretaron el exterminio de toda una región de Francia. La culpabilidad de esas tierras eminentemente de campesinos, era haberse resistido a la implacable persecución religiosa que la revolución estaba llevando a cabo y a la ejecución del rey. La chispa que hizo brotar la revuelta fue una leva masiva para nutrir al ejército republicano que se batía contra las potencias europeas. La revuelta campesina se convirtió en un levantamiento armado contra la República y la Convención nacional, dominada por los jacobinos, decretó entonces el exterminio de la Vendée. Podemos afirmar que estamos ante el primer genocidio moderno que coincide con el nacimiento de la “democracia republicana”.

¿En qué consistió la persecución religiosa?

Fue gradual hasta acabar en sangre. Tras la proclamación de la Asamblea nacional, en 1789, se suprimieron los “privilegios” en Francia. Ello comportaba, de paso, eliminar muchas prebendas eclesiásticas tradicionales que sostenían a la Iglesia. Después empezarían las desamortizaciones de las propiedades de la Iglesia. A ello se seguiría la aprobación de una Constitución civil del clero que sometía a obispos y sacerdotes al Estado y sus nombramientos habrían de ser “democráticos”.

Sólo los sacerdotes que la juraran -los “juramentados”- tendrían sueldo del Estado y parroquias. Los que no juraron -los refractarios- se quedaron sin cargos y sostenimiento económico. La sorpresa fue que la mayoría de católicos sólo quisieron asistir a oficios con los refractarios. Varios decretos obligaban al juramento y si no a multas, prisión o deportaciones. Luego vendrían los asesinatos masivos de sacerdotes refractarios. Ya en pleno terror jacobino, incluso la iglesia juramentada fue denostada y se proclamó una artificial “religión” de Estado: la del Ser Supremo. Pocos meses después caería Robespierre y los suyos. En este proceso, unos 40.000 sacerdotes refractarios fueron asesinados, exiliados, deportados o escondidos por sus feligreses.

¿Por qué La Vendée resistió con más fuerza que otras regiones francesas igualmente católicas?

Una de las claves es la predicación en esos pueblos vendeanos, en el siglo XVI, de San Luis María Grignon de Montfort. Recorrió esas tierras que habían sido “enfriadas” espiritualmente”, como en tantas otras partes de Francia, por el jansenismo. El jansenismo era esa herejía, que al igual que los más duros calvinistas, afirmaban que casi nadie podía salvarse. Los sacerdotes de influencia jansenista negaban la extremaunción a aquellos moribundos que consideraban que no se habían arrepentido perfectamente. O aconsejaban no confesarse y no comulgar porque el hombre era indigno de las cosas divinas.

Ello fue, por un lado alejando a las gentes de la práctica religiosa. Por otro lado, en sentido contrario pero confluyente, la Ilustración fue otro de los factores secularizadores. Grignion de Montfort predicó el amor misericordioso, no cejaba en confesar y administrar los sacramentos, propició las devociones populares y promovió la erección de Calvarios enormes en los caminos, ante los cuales las gentes se conmocionaban. Frente al “predestinacionismo” restrictivo (pocos se salvan) de los jansenistas, predicó la “Omnipotencia Suplicante” de la Virgen María que abría las puertas del cielo. Los lugares de su predicación coincidirán más de un siglo después con la llamada “Vendée militaire”, esto es, los lugares de los levantamientos campesinos que llevaban en su pecho cosido un Sagrado Corazón con el lema “Dieu Le Roi” (Dios El Rey”.

Algunos señalan que la revuelta campesina fue una manipulación de nobles y el clero.

Más bien lo contrario. Los campesinos vendeanos eran plenamente conscientes que sin el apoyo de una nobleza con formación militar, las protestas durarían bien poco. Fueron a buscar a sus castillos a los nobles y ellos se resistieron a liderar un movimiento que sabían que a la postre sería perdedor. Pero la insistencia de los campesinos, su entusiasmo y finalmente su apelación a la conciencia católica, les animó a encabezar lo que podemos considerar la primera cruzada moderna. Nobles como Henri de la Rochejaquelein, de Lescure, de Bonschamps, d´Elbée, o de la Charette, dieron ejemplo encabezando a los campesinos y por ello muriendo o cayendo heridos de gravedad en la primera línea de combate. La guerra empezó a inicios de 1793 y se puede considerar que hubieron varias guerras vendeanas tras terribles derrotas y nuevos levantamientos. Los ejemplos de devoción y caridad cristiana fueron interminables. Los vendeanos no fusilaban prisioneros, sino que les hacían jurar que no se volverían a enfrentar a ellos y les dejaban marchar. Este hecho fue algo insólito que ni los propios blues (soldados republicanos) se podían creer.

¿Y por qué se habla de primer genocidio moderno?

Tras la terrible campaña de 1793, salpicada de victorias y derrotas, el llamado Ejército Católico y Real, estaba agotado y casi exterminado. Entonces, en 1794, París decidió enviar un ejército para simplemente exterminar la región matando hombres, mujeres y niños yarrasando y quemando todo lo que encontraran a su paso. Este ejército se dividió en columnas para entrar en la Vendée. Fueron conocidas como las “columnas infernales” comandadas por el General Turreau. Se puede hablar de primer genocidio por qué se señala una población específica -no combatiente- para ser exterminada, se le da una cobertura legal (los decretos de la Convención) y se proponen medios de exterminio masivo. Así, se propusieron desde contaminar fuentes y ríos con arsénico hasta usar gas tóxico para eliminar a grandes poblaciones. También se propuso usar minas para derribar poblados enteros. Muchas de estas ideas no se llevaron a cabo por falta de capacidad, no por ausencia de ganas. Pero sí tenemos documentados desuello de cadáveres para curtir cuero con las pieles de los vendeanos, quema de cuerpos para conseguir su grasa (especialmente de mujeres), asesinado indiscriminado de mujeres acusadas de ser “surcos reproductores”, fusilamientos a cañonazos o ahogamientos masivos en el Loira.

¿Y por qué no se habla de estos acontecimientos y casi nadie los conoce?

La historiografía académica, especialmente en Francia, está controlada por elementos izquierdistas que son los herederos del jacobinismo de la revolución francesa. Los institutos de historia consagrados para perpetuar la memoria de la Revolución francesa, han estado controlados tradicionalmente por reconocidos militantes comunistas. El silencio sobre los acontecimientos ha sido sepulcral. Con motivo del doscientos aniversario de la revolución francesa, un joven historiador vendeano, Reynald Secher, realizó una tesis doctoral desvelando el genocidio.

Sufrió amenazas, intentos de comprar su silencio e incluso el robo “físico” de su tesis doctoral poco antes de ser defendida. Él siguió para adelante y se le cerraron para siempre las puertas de la carrera académica. Pero su tenacidad y sacrificio han permitido sacar del silencio la epopeya vendeana. A él le debemos haber superado lo que él mismo definió como “memoricidio”: el intentando de volver a matar -con el silencio y ocultación- a las víctimas del genocidio. Se calcula que entre los muertos en combate y las víctimas no combatientes, en la Vendée fallecieron cientos de miles de personas. Y Secher calcula que el 50% de las viviendas fueron derruidas a la par que los campos -el sustento de la población- fueron arrasados.

¿Hubo otras resistencias similares?

Sí, pero sin tanto peso y contundencia. Al norte de la Vendée, en la Bretaña francesa, se produjeron también levantamientos, pero no tanto como un ejército, sino como guerrillas. Fueron los conocidos como Chouanes. También en la Normandía. En Lyon, con motivo de la resistencia de algunos girondinos frente a las depuraciones de Robespierre, se levantaron contra París. Pronto ese movimiento de resistencia fue liderado por los gremios de obreros católicos y monárquicos de Lyon.

La Convención parisina decretó también el aniquilamiento de Lyon y la supresión de su nombre de todos los mapas y documentos oficiales. Se empezó a derruir físicamente la ciudad, pero la caída de los jacobinos impidió semejante salvajada. En el Rosellón francés, los campesinos se sumaron a las tropas españolas que entraban por el sur con motivo de la ejecución del Rey. Tras la derrota de las tropas españolas sufrirían la represión revolucionaria. O también, en el país vasco-francés, muchas poblaciones fueron acusadas de ser fanáticos católicos y pro españoles. Se decretó su traslado masivo a zonas pantanosas. Más de 2.000 murieron por enfermedades en las ciénagas a las que habían sido arrastrados.

¿Se está recuperando la verdadera memoria histórica?

Estamos acostumbrados a sesgadas memorias históricas. En el caso de la Vendée se puede decir que se ha conseguido romper la espiral de silencio. A Secher le han seguido otros valientes historiadores. La región, que durante casi doscientos años quedó subsumida en un silencio que atenazaba su inconsciente colectivo, ahora está orgullosa de sus antepasados. Cada verano miles de jóvenes peregrinan rezando por los caminos que recorrieron las columnas infernales. En las parroquias se conservan vitrales rememorando las gestas militares. Ahí ha nacido el ya conocido parque temático Puy de Fou con la intención de reivindicar la historia cristiana de Francia y preservar la memoria del genocidio vendeano. Fruto de esas iniciativas ha salido la película “Vencer o Morir”, o cómics para niños y jóvenes, estudios, libros, en fin hay un renacer que coincide con la profunda crisis de identidad que sufre Francia. Mi libro es un humilde tributo a esos mártires que pretende, de modo divulgativo, dar a conocer sus gestas y reflexionar sobre lo que nos ha traído la modernidad.

¿Alguna última cosa a añadir? ¿qué podemos hacer?

En una visita del Cardenal Sarah a Puy de Fou, en la homilía de la Santa Misa que celebró, llamaba a no olvidar nunca a esos mártires y los comparaba con el genocidio que están sufriendo los cristianos en África. En eso coinciden el Islam y la modernidad, en el declarado odio al cristianismo. Una manifestación de ese odio se expresa actualmente en los continuos ataques a la familia. Para la modernidad, decía Sarah-, “Las familias son hoy como otras vendées a las que hay que exterminar”. Y culminaba con un llamamiento: “En adelante, en el corazón de cada familia, de cada cristiano, de cada hombre de buena voluntad, debe librarse una `Vendée interior´. ¡Todo cristiano es espiritualmente un vendeano!”. Y eso es lo que podemos hacer: tomando su ejemplo, hemos de forjar un corazón resistente como aquellos vendeanos, frente a las tempestades anticristianas de la modernidad.

Por Javier Navascués

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28.04.26

Rod Dreher: “El cristianismo es para ser santos, no una mera terapia para la clase media acomodada”

Analiza su nuevo libro Vivir en el asombro

Rod Dreher (Baton Rouge, 1967) es un prestigioso periodista y escritor conservador estadounidense. Pensador cristiano de reconocida influencia, es autor de éxitos como La opción benedictina o No vivas de mentiras, un manual para la disidencia cristiana. Residente en Hungría, analiza la secularización occidental, abogando por la resistencia cultural cristiana y la defensa de la verdad frente a lo que denomina un totalitarismo «soft».

¿Por qué decidió escribir un libro titulado Vivir en el asombro?

Porque en mi propia vida he experimentado cosas maravillosas: milagros y señales de que el mundo es mucho más misterioso de lo que creemos, y quería despertar en otros esta dimensión de la realidad. Más aún, antes del mundo moderno, el cristianismo nos enseñaba a experimentar el mundo como algo maravilloso, como un don sacramental de Dios. Solíamos creer que podíamos conocer a Dios con nuestro cuerpo, no solo con nuestra mente. Si bien tanto la Iglesia Católica como la Ortodoxa aún lo enseñan oficialmente, esta ya no es la experiencia cotidiana de muchos cristianos en el mundo moderno. Creo que la supervivencia de la fe cristiana en este mundo desencantado depende de que los cristianos recuperen el asombro.

Además, el antiguo paradigma materialista de la Ilustración se está desmoronando. Esto se observa especialmente en los jóvenes de hoy. Pero eso no significa que estén interesados en el cristianismo. Buscan significado, propósito y trascendencia, pero muchos no creen poder encontrarlo en el cristianismo, porque no lo han visto. Esto es una tragedia, pero tenemos las herramientas para solucionarlo, arraigadas en nuestras propias tradiciones. Solo tenemos que recuperar lo que las generaciones anteriores olvidaron o reprimieron: especialmente la dimensión mística de la fe.

¿Hasta qué punto es una continuación de sus obras anteriores, La Opción Benedictina y No vivas de mentiras, un manual para la disidencia cristiana? ¿Podría decirse que forman una trilogía compacta?

Sí, es una buena observación. No intenté escribir una trilogía, pero así fue. ¿Por qué? Lo que más me preocupa es cómo vivir como cristiano fiel en el mundo moderno y poscristiano. Cada uno de estos libros aborda esa cuestión fundamental, aunque de maneras diferentes.

¿Qué es para usted el asombro y por qué el hombre occidental ha perdido la capacidad de asombrarse?

El asombro es simplemente la sensación de maravillarse al enfrentarse a algo externo a nosotros, algo que intuimos que revela algo más profundo sobre la naturaleza de la realidad. Es la profunda, a menudo repentina, conciencia de que la realidad es más compleja de lo que creíamos. Todos experimentamos asombro, pero no todos respondemos adecuadamente. La lección que debemos aprender de un asombro es escucharlo decir: «Debes cambiar tu vida».

Hemos perdido la capacidad de asombro porque vivimos en un mundo que valora por encima de todo lo que se puede medir y hacer útil. Pero las cosas maravillosas casi siempre son cosas que no son «útiles» en el sentido común de la palabra. ¿Qué tiene de «útil» «Don Quijote»? ¿Qué tiene de «útil» la «Pasión según San Mateo» de Bach, las pinturas del Renacimiento italiano, un hermoso jardín, un acto de bondad sacrificial o la sonrisa de un bebé? Nada. Pero estas cosas tienen significado, porque nos invitan a salir de nosotros mismos y de la aburrida experiencia de lo cotidiano. Nos ayudan a ser plenamente humanos, no solo animales que consumen.

¿Qué factores nos han embrutecido para que no podamos ver fácilmente lo que es noble y la verdadera belleza de la vida?

Hay muchas cosas, pero la más importante es una mentalidad que nos lleva a tratar todo como si solo tuviera valor si podemos usarlo. Esta forma de pensar proviene de una idea que comenzó a surgir hace unos 600 años, la cual afirmaba que no existe una conexión intrínseca entre el espíritu y la materia. Esto permitió el desarrollo de la ciencia y la tecnología, y el avance del capitalismo. Gracias a ello, nos hemos vuelto ricos, poderosos y saludables, y podemos estar agradecidos por estos logros.

Pero también hemos perdido el sentido profundo de la vida. Podemos ser ricos, poderosos y saludables físicamente, pero si no podemos discernir el propósito de todo esto –es decir, cuál es el significado y el propósito de la vida–, entonces terminaremos como muchos de nosotros hoy: miserables y perdidos, vagando por la vida como hojas arrastradas por el viento.

La diferencia entre nosotros y quienes viven con asombro es la diferencia entre turistas y peregrinos.

¿Por qué es urgente redescubrir el sentido de la vida y profundizar en su misterio?

Si no experimentamos el asombro y permitimos que nos transforme, que nos convierta, llegaremos a creer que lo único que importa en la vida es ejercer poder y control sobre el mundo. Incluso quienes creen en la moralidad, en última instancia, no podrán defenderla ni permitir que guíe su conducta cuando se ponga a prueba. Nietzsche tenía razón: si Dios no existe y el mundo material no se fundamenta en una dimensión trascendente y jerárquica de la realidad, entonces el mundo pertenece a los fuertes y a los crueles. Nietzsche pensaba que esto era bueno. Yo no, y dudo que ninguno de sus lectores lo piense.

Pero si perdemos el sentido de la santidad de las cosas, de la presencia viva y activa de Dios en el mundo, entonces nuestra religión se convierte en poco más que mero moralismo y ritualismo. No me malinterpreten: ¡la moral y los rituales son importantes! Pero si no se fundamentan místicamente en la realidad trascendente –en última instancia, en el Dios vivo, no en el dios de los filósofos– entonces se convierten en cosas muertas.

¿Cómo nos lleva el olvido de lo divino al relativismo moral y al nihilismo?

Es sencillo: si Dios no existe, podemos hacer lo que queramos, si podemos salirnos con la nuestra. Además, si Dios no existe, nuestras vidas carecen de peso y propósito. Se vuelve difícil soportar el sufrimiento y la injusticia. Hay millones de personas hoy en día que jamás serían crueles ni infringirían la ley, pero sienten que sus vidas están vacías y sin sentido, y que la vida no vale la pena a menos que cumpla con cierto estándar de comodidad.

¿Por qué, como también se enseña en El Principito, lo esencial y lo bello a veces se vuelve invisible a los ojos?

No sé si hay una respuesta fácil a esta pregunta, pero lo sé por experiencia. Creo que tiene que ver con nuestro deseo de controlarlo todo. Lo que puedes controlar no tiene el poder de encantarte. El filósofo católico Joseph Pieper enseñó que el ocio es la base de la cultura. Quería decir que la contemplación –la capacidad de permanecer quietos y simplemente contemplar el mundo, en lugar de actuar sobre él para imponerle nuestra voluntad– es la raíz de la construcción de la cultura. Existe una conexión entre «culto» (religión) y «cultura». En última instancia, aquello que da sentido a nuestras vidas suele ser invisible y no puede ser encerrado en una jaula ni medido en un laboratorio. Debe abordarse desde una perspectiva religiosa, es decir, desde la fe.

Ninguno de nosotros puede mirar directamente al sol, pero sabemos que existe porque sentimos el calor de sus rayos en nuestra piel y vemos la belleza del sol en un prado. Creo que sucede lo mismo con Dios: no puede ser visto, pero podemos conocerlo a través de sus efectos. Nunca he visto a Dios, por supuesto, pero lo que me llevó a convertirme al cristianismo fue, primero, experimentar en mi adolescencia la sobrecogedora maravilla de la catedral de Chartres, construida por personas que realmente creían en Dios y querían edificar un hermoso templo digno de su gloria; y segundo, conocer a un anciano sacerdote cuya dulce santidad me hizo concluir que estaba tan lleno de Dios que probablemente era un santo. Ni la catedral de Chartres ni Monseñor Carlos Sánchez eran Dios, pero ambos fueron señales sumamente poderosas que me mostraron el camino hacia Él.

¿A qué atribuye que el cristianismo parezca tan insípido para el hombre superficial?

Bueno, para ser honesto, espero no ser superficial, pero gran parte del cristianismo moderno me parece insípido. En nuestra época, tratamos la fe como si fuera poco más que un programa de autoayuda y una guía para ser amables. El Dios de la Biblia no nos llama a ser amables; nos llama a ser santos. El cristianismo es mucho más que una terapia para la clase media acomodada. Hasta que vi la catedral de Chartres a los 17 años, pensaba que el cristianismo no era más que la clase media rezando, aprendiendo del pastor a ser felices y amables. No quería saber nada de eso; buscaba algo más profundo, algo con grandeza espiritual.

Vi ese tipo de cristianismo por primera vez en Chartres, y me transformó. Nada en mi vida hasta entonces me había preparado para la visión del cristianismo que se hizo visible en las piedras y vidrieras de esa catedral medieval. No salí de la catedral aquel día de verano de 1984 como cristiano, pero sí salí de allí en busca del Dios que había inspirado a los hombres ocho siglos antes a construirle un templo.

¿Qué debemos hacer para recuperar la capacidad de asombro y transformar nuestra vida y nuestra sociedad?

Primero, debemos cambiar nuestra mentalidad; es decir, debemos dejar de creer que lo que vemos en este mundo es toda la realidad.

Segundo, debemos recuperar la capacidad de concentrar nuestra atención. Esto es muy difícil en el mundo moderno, donde las pantallas exigen nuestra atención constantemente y la fragmentan.

Tercero, debemos buscar la belleza, la verdadera belleza, con la convicción de que el deseo de belleza nos llevará, en última instancia, a un encuentro con la fuente de toda belleza: Dios. La mayoría de la gente piensa instintivamente que la belleza carece de significado, que existe solo para el placer individual. Esto no es cierto. La verdadera belleza es una teofanía, una revelación, en cierto sentido, de lo divino. Todos creyeron esto hasta finales de la Edad Media.

Ahora debemos luchar, de forma constante y contracultural, para recuperar esta verdad que era evidente para nuestros antepasados. Saben, realmente debemos rechazar el mito del progreso, que nos dice que con cada año que pasa nos acercamos más a la Verdad. No cabe duda de que hemos logrado un progreso científico y tecnológico inmenso, y también material. Todos preferiríamos vivir en una sociedad rica que en una pobre. Pero esto ha tenido un precio insoportable: la pérdida del sentido de lo divino, de lo trascendente. Sabemos mucho más de ciencia y economía que un campesino católico medieval de Aragón, pero ese hombre pobre y sin educación probablemente sabía mucho más sobre la realidad espiritual que nosotros.

¿Cree que, ante la crisis de la modernidad y el desorden del libertinaje, puede haber un retorno al orden y a la belleza de los valores tradicionales?

Dios nos ha dado libre albedrío, por lo tanto, todo es posible. Estamos empezando a ver a más y más jóvenes llegar a la conclusión de que las promesas de este mundo son falsas. Como me dijeron los jóvenes que entrevisté el verano pasado al inicio de la peregrinación anual de tres días desde París a Chartres: «La generación de nuestros padres no nos dio nada. Buscamos sentido, buscamos propósito, buscamos trascendencia, buscamos comunidad… y buscamos a Dios».

Su número crece, así que hay esperanza. Pero se enfrentan a una fuerte oposición de los estilos de vida modernos. Si uno quiere vivir verdaderamente para Dios, en la fe tradicional, debe cultivar una fuerte sensibilidad contracultural. Si uno quiere ser verdaderamente cristiano en un mundo que odia a Dios o que lo ha olvidado, debe luchar por ello y estar dispuesto a sacrificarse. La mayoría de la gente hoy prefiere la comodidad a la verdad. Prefieren vivir en la Matrix. Pero estamos llamados a algo mucho más noble y hermoso. Estamos llamados a vivir en el asombro: el asombro de la gloria de Dios.

Por Javier Navascués

5 comentarios

  
templario
Desde hace bastantes años se ha estado predicando un falso evangelio, mutilado, y desde el 2013, dicho falso evangelio se ha hecho oficial. Actualmente se está cumpliendo Isaias 5, como nos dijo el Papa Juan II.
Siendo aún Cardenal el Papa Juan Pablo II dijo en el congreso eucarístico en Filadelfia: “Estamos ante la confrontación histórica más grande que los siglos jamás han conocido. Ante la lucha final entre la iglesia y la anti-iglesia; entre evangelio y anti-evangelio… pero ahora hemos llegado al final de esta batalla que muy pocos realmente perciben en el mundo actual y que los hace incapaces de discernir los signos de los tiempos y entender lo que está pasando en el mundo de hoy en sus más profundas causas ontológicas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni tampoco entienden.” En efecto, en ellos se cumple la profecía de Isaías, que dice: Ustedes oirán una y otra vez y no entenderán; mirando, no verán. Porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible, han cerrado sus ojos y tapado sus oídos, con el fin de no ver con los ojos y no oír con los oídos, ni comprender con el corazón.
Non Nobis.
28/04/26 12:54 PM
  
Vladimir
Si partimos de que el culmen de la Santidad es la Caridad, tendríamos que, es muy difícil, por no decir imposible, ser Santo sin ser amable.
Nunca he creído en la santidad de esas personas que saben mucho de teología y espiritualidad, pero tratan a todos con intolerancia, grosería y desprecio.
Anunciemos la Verdad, sin rebajas, pero con amabilidad.
En esto, San Francisco de Sales es todo un maestro.
29/04/26 12:44 AM
  
Carlos Aguiar Gomes
Escrevo de Portugal.Oriento um Boletim católico, digital, trimestral - KAIROS. Li a entrevista a Rod Deher. Posso traduzir para português e publicá-la naquela revista?Muito obrigado pelo excelente trabalho que fazem.
Sub tuum praesidium
Carlos Aguiar Gomes
29/04/26 7:45 AM
  
Anacoreta
Maravilloso, excelente, querido amigo. Dios sea bendito. Gracias, ese es nuestro futuro; se acerca el triúnfo de la Verdad, la Belleza, el Bien. Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, siempre en nosotros; somos la impronta de su Amor despertándo. Ánimo.
02/05/26 8:21 PM
  
gustavo
comparto en un todo, los dichos del escritor.-
02/05/26 9:52 PM

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27.04.26

P. Jesús Higueras explica por qué algunos católicos tienen más apego a la tierra que deseos de Cielo

Jesús Higueras (1963) es párroco de Santa María de Caná (Pozuelo de Alarcón, Madrid) y licenciado en Teología. Fue auditor en el Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización (2012). Imparte ejercicios espirituales y conferencias en España y Latinoamérica. Colabora con diversos medios de comunicación social.

¿Podría decirse que la manera de afrontar la muerte o una grave enfermedad es el verdadero termómetro de la vida espiritual?

En gran medida, sí. La vida espiritual, en el fondo, está orientada a reconocer a Jesucristo, y no a un Cristo abstracto, sino a Jesucristo crucificado. A todos nos gustaría que Dios se manifestara siempre en la claridad, en el consuelo inmediato, en lo agradable. Y, en cierto modo, así es… pero siempre después de la cruz, no antes.

Por eso, el ser humano se define realmente en cómo gestiona el misterio del dolor cuando le alcanza. Mientras todo va bien, podemos sostener muchas ideas sobre Dios, pero es en la prueba donde se verifica su verdad. Para algunos, el dolor es un escándalo que rompe su fe; para otros, es el lugar más verdadero de encuentro con Dios.

Ante el sufrimiento, unos reaccionan con huida, queja, victimismo o culpabilización. Otros, en cambio, al atravesarlo de la mano de Cristo, descubren un espacio inesperado de libertad interior. No porque el dolor sea bueno en sí mismo, sino porque se convierte en lugar de comunión.

Por eso, solo sabemos de verdad que Cristo está con nosotros cuando participamos, de algún modo, en su cruz. Ahí se purifica la fe y deja de ser teórica.

De hecho a muchos santos se les hacía tediosa la vida en esta tierra y tenían grandes deseos de Cielo deseando partir…Sin embargo nosotros, estamos aún muy apegados a esta vida, a pesar de sus sinsabores…¿Por qué?

Siempre ha ocurrido lo mismo: la vida nos empuja hacia la comodidad. Ya lo decía Jesús con claridad: “ancho es el camino que lleva a la perdición y estrecha la puerta que conduce a la vida”.

Los santos experimentaron algo muy concreto: todo lo de este mundo, incluso lo bueno, termina cansando. Lo conocido deja de sorprender, lo que parecía definitivo se vuelve insuficiente. Solo Jesucristo tiene la capacidad de hacer nuevas todas las cosas. Por eso, Santa Teresa podía decir con verdad: muero porque no muero. No era desprecio de la vida, sino deseo ardiente de plenitud.

Sin embargo, nosotros seguimos muy apegados a esta vida. Incluso con sus heridas y contradicciones, queremos seguir aquí, disfrutando, sintiendo, controlando. Y esto sucede porque se nos olvida que hay una promesa mayor.

Un autor espiritual decía que la carne es atea, en el sentido de que vive encerrada en sí misma y no mira más allá. Cuando vivimos solo en ese plano, la eternidad deja de tener peso real. En cambio, cuando vivimos en el espíritu, no se niega la carne, sino que se transfigura: incluso lo corporal queda orientado hacia lo eterno.

¿Es más difícil hoy abrirse a la trascendencia?

, es más difícil. Y no por casualidad. Las sociedades actuales están profundamente marcadas por ideologías que reducen al ser humano. Ya lo señalaron con claridad Benedicto XVI, Juan Pablo II y también el Papa Francisco. Vivimos en un clima cultural donde predominan el consumo, el tener, el hedonismo, la ideología de género, el relativismo moral, el individualismo.

Todo eso tiene una consecuencia clara: el hombre queda encerrado en sí mismo. Si solo miramos nuestros intereses inmediatos, la trascendencia deja de tener sentido.

Además, creer exige un acto de confianza. Apostar por lo que no se ve supone un salto interior. Y hoy estamos educados para valorar solo lo que se mide, lo que se controla, lo que se puede demostrar. Así, sin darnos cuenta, se nos cierra el horizonte de la eternidad.

¿El ritmo de vida actual impide el silencio?

Sin duda. Hoy se ha invertido el orden: importa más hacer que ser, más tener que cuidar las relaciones.

Vivimos con una necesidad constante de demostrar que somos válidos, eficaces, dignos. Y eso nos lleva a una hiperactividad que, en el fondo, es una forma de huida. Nos llenamos de tareas que muchas veces no son esenciales, incluso creamos necesidades artificiales.

El problema es que hemos llegado a pensar que el silencio no sirve para nada, que pensar no es útil. Solo valoramos lo visible y cuantificable.

Pero una persona que no se encuentra consigo misma, que no se encuentra con Dios, acaba vaciándose. Puede tener muchas cosas, pero queda una pregunta decisiva: ¿quién soy yo si me quitan todo lo que tengo?Ahí se juega la verdad de la vida interior.

¿Por eso cuesta tanto la vida interior?

Exactamente. Porque hemos asumido criterios equivocados para medir la vida. Se llama grandea lo que no lo es: el reconocimiento externo, la aprobación de los demás, la imagen. Vivimos desde fuera hacia dentro, en lugar de al revés.

Y, sin embargo, el único juicio que verdaderamente importa es el de Dios. No como amenaza, sino como verdad definitiva sobre lo que somos. Olvidar esto desorienta completamente la vida espiritual.

¿Faltan maestros de oración?

No. Nunca han faltado. La tradición de la Iglesia es riquísima: desde los Padres de la Iglesia hasta grandes fundadores como San Benito, San Francisco de Asís, Santo Domingo de Guzmán, San Ignacio de Loyola o Santa Teresa de Jesús . Todos siguen siendo actuales.

Y también en nuestro tiempo ha habido auténticos maestros, como Juan Pablo II, cuya vida de oración fue visible y contagiosa. El problema no es la falta de maestros, sino la falta de discípulos dispuestos a aprender de verdad.

¿Por qué el placer distrae del fin último?

Porque el placer ofrece una respuesta inmediata. Es rápido, accesible, controlable. En cambio, el fin último exige espera, confianza, paciencia. No se posee de inmediato. Y eso nos cuesta.

En el fondo, hay una falta de fe en las promesas de Cristo. Preferimos asegurar el presente antes que abrirnos a lo definitivo. Así, sin darnos cuenta, lo inmediato ocupa el lugar de lo importante.

¿Hay más superficialidad hoy?

Claramente sí. Los grandes temas han perdido peso. La pregunta de Jesús —“¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?”— ha dejado de ser central. Y eso tiene consecuencias: vivimos como niños caprichosos, convirtiendo deseos en derechos.

Se da una inmadurez profunda. Pero aquí todos tenemos una responsabilidad: la Iglesia no siempre ha sabido transmitir con fuerza la verdad de lo esencial. Aun así, el ser humano sigue siendo capaz de trascendencia. Y ahí está la tarea: recordarlo con claridad.

¿Qué signos de esperanza hay?

Hay más de los que parece. Se percibe un interés real, especialmente en jóvenes, por encontrarse con el rostro auténtico de Cristo, no con caricaturas. También crece la sensibilidad hacia los más vulnerables: voluntariado, atención a los débiles, acompañamiento.

En medio de una cultura que a veces descarta, sigue habiendo una corriente silenciosa de compasión muy valiosa. No estamos en un mal momento histórico. Estamos en un tiempo exigente, pero lleno de oportunidades. Incluso las nuevas tecnologías, bien usadas, pueden ayudar a crear vínculos y a despertar conciencia. Hay, en definitiva, espacio real para una renovación profunda de la fe.

Por Javier Navascués

4 comentarios

  
Gustavo Villarrubia
Gracias por esta entrevista! al P. Jesús Higueras. Perfecta reflexión, en tiempos que muchos vivimos con prisa, con ruido, y con cierta dificultad para parar y mirar hacia dentro. Y precisamente por eso resulta tan útil, sus palabras. No habla desde teología o filosofías complicadas, sino desde experiencias que cualquiera reconoce —el dolor, el miedo, el apego a lo inmediato, la dificultad para parar.
Uno de los puntos que creo muy necesario reflexionar, es cuando plantea que la fe, se ve de verdad en los momentos difíciles. Es algo muy humano: mientras todo va bien, todos creemos tener las cosas claras; pero es en el sufrimiento donde cada uno descubre qué hay de verdad en su interior. Lejos de dar respuestas fáciles, invita a mirar ese dolor de otra manera, no como algo bueno en sí mismo, sino como un lugar donde puede aparecer algo más profundo.

Cuando habla del mundo actual —el consumo, la prisa, la necesidad de estar siempre haciendo algo— es fácil sentirse reflejado. No se plantea como una crítica dura, sino casi como un espejo: vivimos así, y eso tiene consecuencias. Otra verdad es la idea de que muchas veces nos llenamos de actividad para no enfrentarnos a las preguntas importantes.
El tema del silencio también está muy bien traído. En un contexto donde todo es inmediato, parar parece casi perder el tiempo. Sin embargo, la entrevista recuerda algo sencillo pero importante: si una persona no se encuentra consigo misma, es difícil que encuentre algo más. La importancia de lo eterno frente a lo inmediato, vivimos muy centrados en el presente y nos cuesta mirar más allá. El final deja buen sabor de boca. No todo es dificultad o pérdida: hay signos de esperanza, especialmente en personas que buscan algo auténtico, que ayudan a otros, como lo hace Javier Navascues de Info catolica con esta entrevista, que ayudan a pensar. En conjunto, es una entrevista que no exige ser experto en teología para entenderla. Se lee con facilidad y, sobre todo, deja pensando. Y eso ya es mucho: abrir una pequeña puerta a preguntas que, en medio del ruido diario, muchas veces evitamos. GRACIAS!
27/04/26 12:21 PM
  
Maximliano
Un creyente puede estar «en» el mundo, pero no debe ser «del» mundo. Cuidado¡¡¡, pues el mundo es un enemigo del alma, junto al demonio y la carne. El hombre gusta del mundo porque DIOS o la práctica religiosa exige una serie de renuncias y a la vez el cumplimiento de unas obligaciones. Estamos en un mundo adaptado a las emociones, y un ser humano modernista que se cree casi un dios, con la tentación del maligno para aceptar el pecado como fondo de vida. El maligno, diablo o satanás, pues los demonios son su tropa gusta de la mentira y del engaño, ofreciendo de los placeres mundanos como compañeros del camino. La radicalidad de las palabras de CRISTO son claras y bastante entendibles:

¡¡ Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras ¡¡. Y no hay otro camino de salvación, y considerando que esta breve existencia es la última oportunidad para salvarse. Llena tu alma de todo bien, porque todo lo material esta prestado y al morir ni un bolígrafo se llevara el alma.
29/04/26 11:42 AM
  
Miguel
.Los enemigos del alma : mundo, demonio y carne.
.Mandamientos de la Sta.Madre Iglesia : ... comulgar por Pascua de Resurrección y confesar al menos una vez al año...
.Los Novísimos : muerte, juicio, infierno, cielo.
. Para comulgar hay que estar en estado de gracia.
.Los pecados son mortales y veniales. Hay que confesarse.
.A Dios le debemos todo, el pecado le ofende y no es un abuelo bobalicón que lo consiente todo.
.Es obligatorio para todos ir a Misa todos los Domingos y fiestas de guardar. Si no vas es pecado mortal.
. Si mueres en pecado mortal te vas al infierno para toda la eternidad.
. Si estás divorciado y recasado tienes que ir a Misa, pero no puedes comulgar pues estás en pecado.
. Etc.


De esto no se habla en las predicaciones de los pastores, sean obispos o sacerdotes.
Entonces los fieles andamos como ovejas sin pastor.
Que luego no se quejen los obispos y sacerdotes del desconocimiento que hay entre los fieles si aquéllos no predican.
29/04/26 2:46 PM
  
Emiliano
Porque saben el poco tiempo que se vive en éste domicilio y en el domiciio del Cielo vivirán para siempre
29/04/26 8:12 PM

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