23.03.26

Hernández Gilfedder: "En EWTN cada euro donado tiene una grandísima capacidad de multiplicarse"

Juan Ignacio Hernández Gilfedder es el responsable de la financiación de EWTN España

Como venimos informando EWTN España inicia una nueva etapa que refuerza su misión de anunciar el Evangelio con alegría y claridad. Damos la bienvenida a la Nueva EWTN España, una señal que pronto estará encendida las 24 horas del día, 7 días a la semana, para llevar la luz del Evangelio a TODOS los hogares españoles. Este nuevo comienzo tiene una fecha clave: el 20 de abril, día del cumpleaños de su fundadora, la Madre Angélica. En esa jornada tan significativa celebraremos un gran evento en el que se anunciará el lanzamiento de la Nueva EWTN España.

Con esta ocasión seguimos este pequeño ciclo de entrevistas con Juan Ignacio Hernández Gilfedder, responsable de la financiación de EWTN España.

¿Por qué han decidido en EWTN España aumentar el número de horas de programación propia?

Es, en realidad, un paso bastante natural en la evolución de EWTN España. Después de varios años de presencia y trabajo, hemos visto algo muy alentador: el proyecto está creciendo y cada vez más personas siguen nuestros contenidos tanto en televisión como en plataformas digitales. En cierto modo, podríamos resumirlo con una expresión muy sencilla: esto marcha.

Esa respuesta nos anima mucho. Cuando ves que hay personas que rezan con el canal, que siguen los programas, que comparten los contenidos y que sienten EWTN como algo cercano, comprendes que hay una verdadera necesidad y también un gran potencial por desarrollar. Y eso ilusiona mucho.

Pero hay también un tercer elemento importante: nuestra propia misión. Si queremos que EWTN sea verdaderamente una voz del mundo católico en España, tenemos la responsabilidad de ofrecer más espacio para que la riqueza del catolicismo pueda expresarse. La Iglesia está llena de iniciativas, testimonios, reflexiones y obras que merecen ser conocidas.

Por eso este paso responde a tres cosas muy sencillas: estamos animados por la buena respuesta que estamos viendo, ilusionados por el potencial que existe, y en cierto modo también obligados por nuestra propia misión de dar voz al catolicismo y ayudar a que el Evangelio llegue cada vez a más personas.

¿En qué medida supone un reto importante para ustedes este salto en cantidad y calidad?

Es un reto muy grande, comparable —o incluso mayor— que el que puede tener cualquier canal de televisión convencional cuando decide aumentar su distribución y producción.

Distribuir a través de más plataformas (incluido TDT) y producir más horas de contenido exige mejorar la planificación, elevar los estándares de producción, coordinar equipos, buscar temas relevantes y cuidar mucho la calidad editorial y técnica. En ese sentido, el desafío es muy similar al de cualquier medio audiovisual que quiera crecer de forma seria y sostenible.

Pero en nuestro caso existe un elemento adicional que lo hace todavía más exigente: EWTN se financia exclusivamente con donativos y benefactores. No tenemos ingresos publicitarios, no emitimos anuncios comerciales y tampoco recibimos financiación del Estado.

Eso significa que cada nuevo proyecto, cada programa y cada mejora en la producción depende directamente de la confianza y la generosidad de las personas que creen en la misión del canal.

Por eso el reto no es solo producir más y mejor, sino hacerlo con una gran responsabilidad hacia quienes hacen posible esta obra. Cada euro que recibimos es un acto de confianza en la misión evangelizadora de EWTN, y nuestro deber es administrarlo bien para que dé el mayor fruto posible.

¿Qué supone en su vida dedicar parte de su tiempo libre a ayudar en la financiación del canal?

Para mí está siendo una experiencia muy exigente y al mismo tiempo muy enriquecedora. Llevo más de 25 años trabajando en el sector empresarial y he participado en muchos proyectos distintos, pero el mundo del fundraising es relativamente nuevo para mí. Es una disciplina muy particular que exige aprender constantemente, y en ese sentido tengo la suerte de poder apoyarme en los profesionales de EWTN a nivel internacional. Especialmente en Scott Brown, que lidera el área de Mission Advancement en todo el mundo y de quien estoy aprendiendo mucho.

Además, España tiene una particularidad cultural que hace este trabajo especialmente interesante. Por un lado, hay muchas iniciativas católicas muy valiosas que están haciendo un gran bien. Pero, por otro, no tenemos todavía una cultura muy desarrollada de dar y tampoco de pedir para sostener estas obras. Es curioso que incluso utilicemos la palabra inglesa fundraising porque en español no tenemos un término equivalente que esté realmente asentado.

A todo esto se suma otro elemento muy importante: el sacrificio personal. Yo suelo decir muchas veces que formar parte de EWTN tiene que “dolerte” un poco. Tiene que suponerte un verdadero esfuerzo. Solo cuando una misión te exige tiempo, energía y sacrificio personal te das cuenta de que realmente estás dando algo de ti mismo.

Y, al mismo tiempo, es una experiencia que estoy disfrutando mucho. Estoy rodeado de personas para las que ser católico no es simplemente una dimensión más de la vida, sino algo que forma parte de su identidad profunda. La fe no aparece solo en determinados momentos: impregna todo lo que hacen.

En cierto modo, ese es también el reto de EWTN como canal: demostrar que una televisión puede ser católica las 24 horas del día sin limitarse únicamente a retransmitir la misa o el rosario —que también son esenciales—, sino ofreciendo además entretenimiento, actualidad, noticias, documentales y películas que transmitan una visión cristiana del mundo.

Esa visión amplia de la fe vivida en la vida cotidiana es precisamente lo que intentamos reflejar en el canal.

¿Por qué en un proyecto evangelizador de esta envergadura, aunque sea sin ánimo de lucro, son tan necesarios los medios económicos?

Si me permite una comparación un poco gráfica, EWTN es en cierto modo una mezcla entre una orden mendicante y una orden monástica.

Por un lado, tenemos algo del espíritu de las órdenes mendicantes —como franciscanos, dominicos o agustinos—. Es decir, somos activos, itinerantes y misioneros. Nuestra misión es llevar el mensaje del Evangelio a través de los medios de comunicación y ofrecer un canal de distribución para todo el bien que se está haciendo en el mundo católico: testimonios, iniciativas, pensamiento, cultura, vida de la Iglesia.

Pero al mismo tiempo tenemos también algo del espíritu monástico, más cercano a los benedictinos. Porque un medio como EWTN debe cuidar con mucha seriedad la coherencia editorial y doctrinal de todo lo que emite. No se trata solo de producir contenido, sino de preservar la fidelidad a la enseñanza de la Iglesia y ofrecer programación de calidad que ayude a las personas a comprender mejor su fe.

Para hacer ambas cosas se necesita una infraestructura real. EWTN hoy tiene centros de producción y operación en lugares como Alabama —donde nació la cadena—, Roma, Colonia o Madrid. Son puntos desde los que se produce, se traduce, se distribuye y se coordina una programación que llega a millones de hogares.

Y uno podría preguntarse: ¿por qué no Sevilla, Santiago de Compostela, París o Jerusalén?

El potencial misionero es enorme. Pero para que eso sea posible hacen falta medios.

Además, un medio de comunicación no puede vivir solo de una intuición inicial. Alimentar de forma constante un canal con contenidos actuales, relevantes y de alta calidad exige talento, tiempo, tecnología y equipos humanos. Todo eso tiene un coste real. Por eso los donantes y benefactores son tan importantes. No sostienen simplemente una televisión; hacen posible que exista un instrumento de evangelización capaz de llegar cada día a millones de personas.

¿Cómo logra EWTN España mantenerse sin otro ingreso que los donativos de los televidentes?

EWTN España puede sostenerse gracias a que forma parte de una realidad mucho más amplia: EWTN Global. La cadena nació en Alabama en los años 80 de la mano de Madre Angélica y hoy es el mayor medio de comunicación católico del mundo, con una presencia muy consolidada especialmente en Estados Unidos.

Eso significa que no partimos de cero. A nivel de contenidos —que es precisamente el aspecto que más inversión suele requerir en cualquier medio audiovisual— contamos con un inventario extraordinario de programas, documentales, entrevistas y producciones que se han desarrollado durante décadas y que constituyen un patrimonio audiovisual único dentro del mundo católico.

Gracias a ello, EWTN España puede concentrar sus esfuerzos en otras áreas clave: la operación diaria del canal, la gestión de la programación, la adaptación y traducción de contenidos, la edición y postproducción, así como el marketing y la comunicación.

En términos prácticos, esto significa que podemos operar con una fracción del coste que tendría cualquier otro medio de comunicación que tuviera que producir todo desde cero. Y eso nos da una ventaja enorme.

Por eso suelo decir que, desde el punto de vista del impacto, EWTN es probablemente una de las iniciativas católicas donde cada euro donado tiene una mayor capacidad de multiplicarse. Con recursos relativamente modestos podemos llegar a una audiencia muy amplia y ofrecer contenidos de gran calidad.

Sinceramente creo que, si el objetivo de una persona es apoyar la evangelización y ayudar a que el mensaje del Evangelio llegue al mayor número posible de personas, EWTN es una de las obras que más garantiza alcance, continuidad y relevancia.

¿En qué medida la fidelización de estos ingresos les ha permitido crecer?

Nosotros tenemos muy presente una frase de Madre Angélica que, en cierto modo, resume el espíritu de todo el proyecto: “La fe es lo que te ayuda a comenzar. La esperanza es lo que te mantiene en marcha. El amor es lo que te lleva hasta el final”.

Detrás de esa frase hay algo muy profundo que define también la historia de EWTN: la constancia, la resiliencia y una convicción muy firme en la misión que estamos llevando a cabo. Este proyecto no se ha construido de un día para otro, sino durante décadas de perseverancia.

Y eso mismo es lo que pedimos también a nuestros donantes: constancia. Hoy tenemos benefactores en más de veinte países y, poco a poco, el número de donantes en España va creciendo. Cada euro que entra ayuda a impulsar el proyecto, por supuesto. Pero lo que realmente nos permite crecer es el compromiso en el tiempo.

Una donación puntual puede permitirnos, por ejemplo, realizar un proyecto concreto muy valioso, como producir un documental. Pero cuando contamos con donaciones recurrentes podemos pensar de otra manera: podemos planificar a largo plazo, construir capacidades, asumir proyectos más ambiciosos.

Gracias a esa estabilidad podemos plantearnos producir una serie completa, desarrollar nuevas líneas de contenido o incluso abrir presencia en nuevas ciudades.

En el fondo, el éxito de EWTN a lo largo de los años se ha basado precisamente en eso: predictibilidad, estabilidad y continuidad. No es un proyecto pensado para el corto plazo, sino para el largo recorrido. Y las donaciones recurrentes son lo que nos permite seguir construyendo esa misión con solidez.

¿Por qué merece la pena hacer este esfuerzo para hacer una televisión grande para gloria de Dios y la salvación de las almas?

Esta es una pregunta profunda, porque en el fondo toca el papel que tiene la fe en la vida humana y en la sociedad.

Hay una frase muy conocida de Don Juan Donoso Cortés que me parece muy iluminadora: “En toda cuestión política va envuelta una cuestión teológica.” Lo que quería decir con ello es algo muy sencillo pero muy profundo: en toda forma de entender el mundo, en toda visión de la sociedad, en toda cultura, subyace una determinada comprensión de Dios y del hombre.

Hoy nos hemos acostumbrado a pensar que la religión es simplemente una faceta más de la vida. Algo que pertenece al ámbito privado, como si fuera una sección del periódico. Pero la tradición cristiana siempre ha entendido algo muy distinto: la fe no es una parte de la vida, sino el fundamento desde el que se comprende toda la realidad. Es el alma que da forma a la materia, la visión que orienta nuestra comprensión del mundo.

Eso tiene también una consecuencia muy clara en el ámbito de los medios de comunicación. Muchas veces se piensa que un medio católico es simplemente un medio generalista con una pequeña sección religiosa. Pero en realidad un medio es católico o no lo es. Porque la fe no es un añadido: es una forma de mirar la realidad.

Y además existe otro prejuicio muy extendido: que un medio católico tiene que ser necesariamente aburrido, monotemático o limitado. Cuando en realidad ocurre lo contrario. No hay nada más universal, más plural y más rico que el catolicismo. Todo lo que es verdadero, bueno y bello tiene cabida dentro de esa visión.

Por eso demostrar que un canal como EWTN es posible tiene también un valor cultural. Es, de alguna manera, eliminar complejos. Es dar un pequeño pero firme golpe en la mesa y decir que la fe católica no es una moda pasajera ni un vestigio del pasado, sino una verdad viva que sigue iluminando la vida de millones de personas.

Y si en ese camino logramos tocar el corazón de algunas almas —de quienes ya creen, de quienes buscan, o incluso de quienes todavía no saben que buscan— entonces el esfuerzo habrá merecido plenamente la pena. Porque en el fondo toda evangelización consiste en eso: en ayudar a las personas a redescubrir el camino de regreso al hogar del que nunca debieron salir.

¿De qué manera se puede colaborar con ustedes para ayudar a que siga creciendo el canal?

La primera forma, y quizá la más importante, es rezando por nosotros. Esta labor no es sencilla y necesitamos cada día la gracia de Dios para hacer bien nuestro trabajo y ser fieles a la misión que tenemos encomendada. La oración de quienes nos siguen y nos apoyan es algo que valoramos enormemente.

La segunda manera es ayudándonos a darnos a conocer. Muchas personas todavía no saben que existe un canal como EWTN o no conocen todo lo que ofrece. Hablar del canal a amigos, familiares o conocidos, recomendar un programa o compartir un contenido puede tener un impacto mucho mayor del que imaginamos.

La tercera forma es colaborar económicamente, dentro de las posibilidades de cada uno. EWTN vive exclusivamente de donativos y benefactores, y cada aportación —grande o pequeña— contribuye a sostener y hacer crecer esta obra de evangelización. www.ewtn.es/dona

Y hay una cuarta forma que me parece muy bonita: adquirir un pequeño hábito semanal. Dedicar un rato a ver un programa de EWTN y, si lo desean, hacernos llegar su opinión. Hacerlo una vez a la semana, 52 veces al año. En realidad, solo supone unas horas al mes.

Puede que alguien empiece viendo un programa una hora a la semana… y que poco a poco esa hora se convierta en dos, o en cuatro. Y quizá, casi sin darse cuenta, termine formando parte de algo muy especial: una comunidad de personas que, junto con nosotros, está participando en lo que podría ser uno de los proyectos de evangelización más sorprendentes dentro de los medios de comunicación en España.

¿Cómo cree que un buen canal con un contenido potente puede ayudar a cristianizar y transformar la sociedad española?

Fundamentalmente a través de tres cosas: permanencia, continuidad y presencia.

Los medios de comunicación influyen en la sociedad no solo por lo que muestran, sino también por lo que deciden no mostrar. La selección de temas, el enfoque de las noticias, las historias que se cuentan y las que se silencian van configurando poco a poco la forma en que una sociedad entiende la realidad.

Por eso lo importante no es tanto un impacto puntual, sino el largo plazo. Estar presentes durante muchos años, ofreciendo de manera constante una visión de la realidad inspirada en la fe cristiana, proponiendo contenidos que ayuden a pensar, a comprender mejor el mundo y a redescubrir el sentido profundo de la vida.

En realidad, esta “batalla” cultural no se gana con fuegos artificiales ni con golpes de efecto momentáneos. Se gana con el mismo método que el cristianismo ha seguido desde sus orígenes: sacrificio —hasta el martirio cuando ha sido necesario—, una fe inquebrantable y, sobre todo, mucha paciencia.

Esa presencia constante, serena y perseverante es la que poco a poco va tocando las conciencias y transformando la cultura. Y ahí es donde un medio como EWTN puede desempeñar un papel importante.

¿Quiere añadir algo para finalizar?

Quizá recordar algo que a veces se olvida: EWTN nace, en cierto modo, de un auténtico milagro protagonizado por Madre Angélica. Lo que ella fue capaz de hacer —crear desde un pequeño monasterio en Alabama el mayor medio de comunicación católico del mundo— está solo al alcance de alguien con una combinación muy poco común de fe, coraje, visión y humildad.

Ella creyó que Dios podía servirse de un pequeño estudio de televisión para evangelizar el mundo. Y esa intuición, sostenida con una fe extraordinaria, terminó convirtiéndose en una realidad que hoy llega a millones de personas.

A quienes estamos ahora implicados en la misión de EWTN nos corresponde algo muy sencillo y al mismo tiempo muy grande: dar continuidad a ese milagro. En nuestro caso, hacer posible que EWTN entre cada vez en más hogares españoles y pueda servir como instrumento de evangelización y de encuentro con la fe.

Y para eso vamos a necesitar la colaboración de muchas personas, católicas y también no católicas. Porque en el fondo EWTN quiere ser un espacio abierto donde la verdad, el bien y la belleza puedan expresarse y llegar a mucha gente.

Por eso nuestra invitación es muy sencilla: participar, colaborar, formar parte de esta misión. No todos los días se tiene la oportunidad de acercarse a un medio de comunicación y contribuir de forma directa a su desarrollo.

Esa es, precisamente, la oportunidad que ofrece hoy EWTN. Ser parte de una obra que quiere llevar el mensaje del Evangelio a cada vez más personas.

Por Javier Navascués

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22.03.26

Javier Paredes reflexiona sobre su libro ¡Hasta el Cielo! Mártires de la II República y la Guerra Civil

Javier Paredes es catedrático emérito de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá. Renovador del género biográfico, ha publicado varias biografías de destacados políticos y hombres de empresa de los siglos XIX y XX. Es autor de las biografías de Pascual Madoz, ministro de Hacienda de Isabel II, del militar y político de la Primera República de 1873 Serafín Olave o del empresario Félix Huarte. Es director de la Historia Contemporánea de España y de la Historia Contemporánea Universal de la editorial Ariel, utilizadas como manuales en muchas Universidades españolas desde hace años. Experto en Historia religiosa, ha sido director del Diccionario de Papas y Concilios de la editorial Ariel. Autor de la Biografía de Sor Patrocinio (1811-1891) de la editorial San Román.

En esta ocasión reflexiona brevemente sobre su libro ¡Hasta el Cielo! Mártires de la II República y la Guerra Civil

¿Por qué un libro sobre los mártires de la II República y la Cruzada nacional?

La mayor persecución de la Iglesia católica, en sus dos mil años de existencia, se ha producido en España durante la Guerra Civil de 1936 a 1939, superando con creces el número de mártires en tan solo tres años al que se produjo en los tres primeros siglos. En dichas persecuciones, que comienzan con Nerón y concluyen en el siglo IV con Constantino, los números más bajos que ofrecen algunos historiadores nos dicen que fueron unos dos mil el número de mártires durante todos esos siglos; para otros, la cifra más alta nunca pasa de los cinco mil mártires.

En España son 10.000 el número de mártires, de los que ya han sido beatificaos 2.254 y hay muchos procesos de beatificación en marcha, que concluirán en un futuro próximo.

Y me pregunta usted, por qué un libro como este… Pues porque a pesar de las cifras anteriores, que son de auténtico récord Guinness, es un hecho desconocido por muchos. Y además de desconocido, manipulado pro la ley de memoria democrática, con la que el actual Gobierno de España quiere borrar la responsabilidad de los verdugos en estos hechos. Por cierto, tengo que felicitar al parlamento de Baleares, que recientemente ha abolido la totalitaria ley de memoria democrática. Ojalá cunda el ejemplo para que florezca la verdad.

¿Por qué la meta, el Cielo, que estuvo clara para ellos debe estarla también para nosotros?

¡Hasta el Cielo! Así se despedían los mártires de sus familias y amigos, cunado los milicianos se los llevaban ala martirio. Y esa despedida es la que me ha servido para poner título a mi libro. Esas tres palabras expresan muy a las claras la profundidad y la grandeza de las vidas de los mártires.

Para investigar el martirio de los protagonistas de mi libro, he tenido que conocer la vida de todos ellos. Y le puedo asegurar que sin la profunda vida cristiana que tuvieron antes de morir, no se puede entender la paz y la entereza mostradas en el martirio. Se cumple en todos los casos el conocido dicho cristiano de “que se muere como se vive”.

¿Por qué era importante plasmar en un libro los grandes artículos sobre mártires que ha ido publicando en Hispanidad?

El libro no es una mera colección de los artículos. Desde hace años vengo publicando en el periódico Hispanidad más de doscientos artículos sobre la Guerra Civil y no son precisamente artículos de un par de folios. Para poder escribir todo eso he tenido que consultar mucha documentación de archivo y leer muchos libros. Y todas esas lecturas mías, durante tanto tiempo, son los cimientos sobre los que he construido mi libro.

¿Cómo ha podido sintetizar tanta información en apenas 180 páginas?

Tenía material para hacer un libro de muchísimas páginas, pero he querido hacer libro de pocas páginas, sin notas y sin debates historiográficos, para divulgar lo máximo posible estas vidas tan ejemplares, que emocionan y animan para que que nosotros también algún día nos podamos despedir de los nuestros con las mismas palabras de los mártires: ¡Hasta el Cielo!

Por Javier Navascués

16 comentarios

  
Transeúnte
Todas las guerras tienen sus mártires. Es hora de pasar página y dejar a los muertos que descansen.
22/03/26 9:18 AM
  
Pedro de Madrid
Estremece leerlo, cuenta de forma muy detallada como actuó el socialcomunismo y anarquismo durante la II República con la aquiescencia de su gobierno. Los republicanos eran libres para blasfemar, martirizar, asesinar, incendiar, destruir la cultura y robar. ¿Quién consintió más?. No me extraña que Franco, empezando de casi cero, muy apoyado por españoles decentes, ganara la guerra
22/03/26 9:46 AM
  
Juan Vera
Pasar página… Sí, pero una verdad incontestable es que no todas las repúblicas y guerras tienen tantos inocentes mártires cristianos como esta. Los que no pasan página son particularmente una buena cantidad de herederos del Frente Popular y de la IIIª República. Ellos siguen hoy reivindicando a sus muertos y despreciando y tratando de que queden en el olvido los muertos asesinados por sus antecesores ideológicamente afines. Odian a los contrarios, y a éstos les aplican hipócritamente el sambenito de ser los odiadores. Pretenden imponer un relato de buenos y malos, en el que sus contrarios queden como únicos culpables. Ante esta treta infame, lo menos que se puede hacer es reivindicar con firmeza la verdad de los hechos históricos consumados y comprobados, sin ningún rencor. Por más que se les recuerde, los muertos no van a dejar de descansar, pero, a muchos vivos, la memoria no nos ahorrará la melancolía que nos produce la gente que sigue odiando a los que no comulgan con su relato amañado o con su ideología siniestra.
23/03/26 1:26 AM
  
María de África
Bueno, Transeúnte, podemos hacer lo mismo con San Sebastián y Santa Bárbara que llevan más tiempo muertos y fueron víctimas de un imperio que desapareció hace mucho tiempo. No veo por qué vamos a hacer diferencias entre los mártires, olvidémoslos a todos que es, probablemente, lo que has hecho tú.
23/03/26 11:32 AM
  
Alberto
No son víctimas de guerra, sino de una persecución ignominiosa a los católicos para su tan deseado exterminio. Eran simples civiles (tanto consagrados como seglares) que murieron por su fe y por no negarla.
¡Tanta sangre inocente derramada en la defensa de la fe no puede ni debe olvidarse! Son ejemplo de fidelidad a Cristo y semilla de nuevos creyentes. Debemos darles tributo y agradecerles su Sí incondicional a Dios y pedir las fuerzas para ser capaces de imitarlos llegada la ocasión.
Muchas gracias al profesor Javier Paredes y a tantos otros que están trabajando incansablemente por mantener su memoria viva. ¡Viva Cristo Rey!
23/03/26 11:46 AM
  
María de África
Mi impresión, y llevo muchos años por aquí, es que hay muchos católicos a los que los mártires les molestan por aquello que dijo Antonio Machado: "La envidia de la virtud". Ante alguien que ha demostrado lo que tú no has hecho solo hay dos maneras de verlo: o lo admiras o lo desprecias. La admiración conlleva el reconocimiento de que alguien es mejor que tú, o de que alguien ha dado unos frutos que tú no sabes si llegarías a dar, y eso molesta mucho. Este mundo en el que vivimos tiende al abajamiento de otros para sentirnos mejor, a no ser que el otro sea un influencer o algo parecido, en cuyo caso sí podemos admirarlo. Al final y al cabo la igualdad es eso: mi opinión es igual que la del sabio y mi cristianismo igual al del mártir. Yo no necesito modelos ni me aúpo a lomos de gigantes, el gigante soy yo.
23/03/26 11:50 AM
  
José Herrera
Sobre el hecho de pasar página, creo que hay que estudiar los hechos por parte de los historiadores y recordar a todas las víctimas de ambos bandos, pero no utilizarlas en las guerras culturales de la política actual, como desafortunadamente tantas veces se hace para dividir a los españoles.
23/03/26 12:22 PM
  
María de África
José Herrera: Una víctima no es un mártir, recordar a la víctimas es una cosa, recordar a los mártires otra. Mi madre fue católica y casi le mata la metralla de un mortero cuando tenía catorce años, ¿hubiese sido mártir? No, hubiese sido víctima de la guerra. Precisamente las bombas no discriminan y por eso los católicos muertos por la bomba atómica de Nagasaki no son mártires. ¿Lo vas pillando?
23/03/26 12:33 PM
  
María de África
Las nociones de heroismo o de martirio indican grandeza y la grandeza se la ha cargado esta sociedad. La noción de víctima es diferente, implica que alguien estaba en el sitio donde el peligro le alcanzó, y por eso despiertan nuestras condolencias, a no ser que seamos insensibles. Aquí no se habla de todos los católicos, seglares o eclesiaticos, que murieron sino de los que murieron por odium fidei. Desde luego si mi madre, que fue alcanzada por la metralla, hubiese muerto, ni por pienso se les habría ocurrido a mis abuelos que tuvieran una hija mártir porque ellos distinguían muy bien. Ahora es cuando no distinguimos.
23/03/26 12:52 PM
  
L.C.
Tengo antepasados mártires y antepasados republicanos .

Y pienso que hay muchísimos Españoles en esa situación.
23/03/26 12:54 PM
  
María de África
Tomemos el caso actual de los católicos de Gaza, ellos son víctimas, pero difícilmente serán mártires porque no van a por ellos específicamente. Hamás tiene como objetivo Israel e Israel tiene como objetivo a Hamás, pero ninguno de los dos al P. Romanelli y su parroquia. Ellos pueden llegar a morir por las bombas o incluso por hambre, pueden ser santos, indudablemente, pero no mártires.
Los que aparecen en el libro fueron asesinados por una sola cosa: su Fe y eso es martirio. Un seminarista de Barbastro daba lo mismo lo que pensase sobre la guerra, si era ilegítima o no lo era, no fueron a por ellos por sus ideas políticas, fueron a por ellos porque eran católicos. Nadie les preguntó nada sobre política, nadie les preguntó nada sobre nada, con excepción de que pisaran una cruz o tiraran al barro el rosario.
23/03/26 1:38 PM
  
José Herrera
María, ya sé que no todas las víctimas son mártires, pero los mártires son víctimas, en su caso de la violencia anticlerical o del odio a la fe, según la doctrina católica del martirio.
23/03/26 1:39 PM
  
María de África
José Herrera: Naturalmente, es un silogismo de libro:
-Todas las víctimas son inocentes.
-Los mártires son inocentes
-Luego los mártires son víctimas.
Y luego puedes seguir con el siguiente:
-No todas las víctimas son santos.
-Los mártires son víctimas
-Luego no todos los mártires son santos.
Y eso nos lleva a cargarnos el martirologio.
El mismo Jesucristo fue una víctima y así se le llama, y ¿cuál es la diferencia entre Él y cualquier víctima de un juicio inicuo? Un ateo te dirá que ninguna.

23/03/26 3:16 PM
  
maru
Pero del lado de los sacerdotes, religiosos y laicos católicos, no hay memoria histórica, verdad, señores del gobierno? Hipócritas y falsarios! En cualquier guerra hay muertes y torturas en ambos bandos, no solo en uno, como vds. alardean y proclaman todos los días.
23/03/26 3:17 PM
  
María de África
Todo ateo que admita como histórica la figura de Jesucristo admite sin dificultad que fue condenado injustamente, lo que no va a admitir nunca es que Jesucristo es Hijo de Dios Vivo. Nosotros hacemos lo mismo con los mártires mezclándolos con las víctimas si no vemos la diferencia de dar testimonio o no, porque mártir significa testigo.
23/03/26 3:27 PM
  
MARIELA
Transeúnte, ¿Acaso los herederos del socialismo que asesinaron a nuestros mártires han pasado página? ¿No son ellos los que han vuelto a abrir el melón con la sectaria ley de memoria histórica? ¿Tenemos que callar? ¿Acaso este gran libro no es memoria histórica?
23/03/26 8:15 PM

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21.03.26

Xavier Cuevas nos hace vibrar con el concierto Stabat Mater de Pergolesi en la Iglesia de Montalegre BCN

El próximo domingo 22 de marzo tendrá lugar un concierto cuaresmal en la iglesia de Montalegre de Barcelona a las 13:00. Se trata del Stabat Mater de Pergolesi. Contará con los siguientes músicos:

Sara Bermúdez, soprano María Batlle, mezzosoprano

Claudio Ordoñez, violín
Carmen Elena Rodríguez, violín.
Eduard Marias, violoncello
Guillermo Nasarre, contrabajo.
Xavier Cuevas, dirección y clavicémbalo

Entrevistamos brevemente a este último.

¿Cómo nace su afición por la música y cuando decide ser músico profesional?

Desde muy niño tuve una gran pasión por la música. En casa de mis padres era muy importante la música, con mis hermanos que soy el cuarto y mas pequeño siempre cantábamos juntos. Cuando íbamos a la iglesia me maravillaba el sonido del órgano.

Recuerdo un viaje a Lourdes con 6 años y quedarme asombrado del sonido del órgano francés y sus organistas, y sobre todo de la procesión de Lourdes y el Ave, con esa armonía perfecta.

Luego fui al conservatorio municipal de música de Barcelona donde empecé estudiando piano, más tarde conocí el arpa instrumento, que me despertó un amor más grande por la música, por su pureza de sonido, su forma y su belleza.

Me gradué de clavecín, piano y arpa con Mención Honorifica del Conservatorio y fui a estudiar al Conservatoire Royal de Bruxelles. Ya con 12 años tenia alumnos, y empecé a dar conciertos, y desde entonces la música ha sido una pasión y un oficio. También poder servir a la Iglesia como organista, primero en Sant Gaietà y luego en capuchinos de Pompeia, donde lo soy actualmente desde hace más de quince años.

¿Qué momentos destacaría de su trayectoria?

Muchos momentos, para mí cada concierto es excepcional y único. Pienso en mi recital final de arpa del conservatorio, o cuando actué en el Parlament de Bruxelles… También en el Estreno de la Ópera que compuse ‘Euridice’, para la Universidad de Barcelona, cuando tenía unos diecinueve años. También cuando toqué en el Palau de la música la primera vez… Un año para Santa Cecilia toqué en la catedral de Barcelona fue también muy emotivo.

¿Qué supone participar en el concierto del Stabat Mater de Pergolesi?

Significa sumergirse en una obra maestra, llena de simbolismo y retorica religiosa. Un texto que narra el sufrimiento de la virgen María estando al lado de la cruz, contemplando su hijo, Dios encarnado crucificado. Todo esto con una realización excepcional de Pergolesi, y para esta ocasión la interpretada con mis compañeros que son unos artistas de primera: la soprano Sara Bermúdez y la mezzosoprano María Batlle, ambas unas cantantes con una voz cristalina y proyección, ideal para este repertorio. Sus voces empastan muy bien por tener muchos harmónicos y un timbre aterciopelado. En la sección de cuerda, los violinistas Claudio Ordoñez y Carmen Rodríguez tocan sus instrumentos con cuerdas de tripa (como se hacía en la epoca de Pergolesi) lo cual produce sodido original de la obra. Y en los bajos tenemos Eduardo Marías un excelente y joven violoncelista y Guillermo Nasarre en el contrabajo. Para el bajo continuo tendremos un clavicémbalo copia de museo del siglo XVIII que tocaré yo mismo mientras dirijo.

¿Se podría considerar que esa obra al hacerla poco antes de morir es su legado más maduro?

Maduro no, porque Pergolesi nació en el 1710, y murió en el 36. Con 26 años, aunque eran otros tiempos era muy joven. Durante su corta trayectoria, trabaja tanto la ópera como la música religiosa. Pero, fue al final de su vida cuando dio forma a sus composiciones más destacadas en este ámbito: la Salve Regina (1736) y el Stabat Mater del mismo año, para cuerdas, soprano y contralto, que finalizó el mismo día de su muerte.

Si observamos el manuscrito podemos ver una escritura rápida, propia de alguien consciente que está al final de sus dias y entrega su alma y su trabajo a Dios. De hecho, al cerrar la partitura anotó «Finis Laus Deo», que quiere decir ‘Finalizada para alabar a Dios’ en agradecimiento haberla podido terminar justo antes de morir.

El texto es una secuencia que narra el sentimiento profundo de la Santísima Virgen María al pie de la cruz. ¿Cómo lo potencia la música?

En la partitura apreciamos muchas figuras retóricas, disonancias, que simbolizan los clavos de cristo. Síncopas y contratiempos de bajos y altos, que son los suspiros de la Virgen. Fortissimos como representación de la flagelación etc.

¿Por qué merece la pena ir al concierto?

Los conciertos de música sacra no son un pasatiempo, sino que forman parte de la para-liturgia. De la misma manera que tenemos el pesebre en Navidad, o las procesiones de Semana Santa. El Stabat Mater en cuaresma nos hace ponernos en conexión con el hecho más importante para la humanidad: la Pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, por el cual nos es dada la vida eterna y la salvación. Y es a través del arte, y de la belleza que nos puede ayudar a meditar el misterio.

¿Por qué es importante recuperar el arte relacionado con la liturgia tradicional?

Porque hay que procurar dar lo mejor a Dios. hacerlo lo mejor posible. Él nos da unos talentos que no son nuestros, y cada cual hemos de devolvérselos, porque solo a Él le pertenece.

El tiempo hace la criba. Las cosas modernas y contemporáneas pasan y se ven pasadas de moda: como los cantos con guitarra de los 70 en Misa. Lo que de verdad inspira, la verdadera Obra de Arte, perdura. Como un motete de Tomás Luis de Victoria, el Stabat Mater de Pergolesi es atemporal. No fue escrito para satisfacer una corriente ideológica momentánea y puntual sino unicamente para alabar a Dios y servir a Su eternidad.

Gracias a iglesias como Montalegre, con su rector Mossèn Argelich, que mantiene la belleza del templo y la liturgia. Es algo esencial que acerca al pueblo de Dios el arte sacro musical, que para muchos es desconocido.

Por Javier Navascués

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20.03.26

J. Carlos Corvera: “Cuando una sociedad ya no sabe qué es el hombre, tampoco sabe cómo educarlo”

Educatio Servanda convoca el XIV Congreso de Familias y Docentes Católicos para ayudar a padres y educadores a afrontar con criterios firmes los desafíos educativos de nuestro tiempo.

En un momento en el que muchos padres perciben que educar a sus hijos se ha vuelto especialmente difícil, Educatio Servanda convoca una nueva edición de su Congreso de Familias y Docentes Católicos, que este año celebra en el Colegio Juan Pabo II de Alcorcón, uno de sus centros de más éxito. Bajo el lema «Educar bien en tiempos difíciles: criterios para padres valientes», el encuentro pretende ofrecer orientación y criterios claros ante una cultura marcada por la confusión antropológica, la presión ideológica y el impacto de la tecnología en la vida de los jóvenes.

Conversamos con Juan Carlos Corvera, presidente y fundador de la Fundación Educatio Servanda, sobre los desafíos educativos actuales, la responsabilidad insustituible de los padres y la necesidad de recuperar una educación basada en la verdad sobre el hombre.

¿Qué supone para Educatio Servanda celebrar el XIV Congreso de Familias y Docentes Católicos?

Supone renovar una iniciativa que nació hace ya más de quince años en el contexto de lo que Benedicto XVI denominó la “emergencia educativa”. Desde entonces, el Congreso ha querido ser un espacio de encuentro, reflexión y formación para quienes tienen la responsabilidad de educar: las familias y los docentes.

Llegar a la XIV edición confirma el deseo real de esta institución de acompañar a padres y educadores en una tarea que hoy resulta especialmente exigente. Muchas familias buscan criterios claros, una visión antropológica sólida y un lugar donde compartir inquietudes con otros padres y docentes que viven la misma responsabilidad.

Para Educatio Servanda este Congreso es también una forma concreta de servir a la Iglesia y a la sociedad: generar pensamiento educativo, ofrecer formación y fortalecer la alianza entre familia y escuela, que es absolutamente decisiva para la educación de los hijos.

¿Por qué han elegido como lema “Educar bien en tiempos difíciles: criterios para padres valientes”?

El lema refleja una realidad que muchos padres experimentan, debería decir más bien experimentamos, en nuestra vida cotidiana: educar hoy exige una especial dosis de valentía. Vivimos en una cultura marcada por una gran confusión antropológica, donde se cuestionan realidades tan básicas como la naturaleza humana, el sentido de la libertad o la diferencia entre el bien y el mal.

Por eso hemos querido subrayar dos ideas. La primera es la necesidad de educar bien, es decir, con criterios claros sobre qué es el hombre, cuál es su dignidad y cuál es el fin de la educación. Y la segunda es la llamada a la valentía de los padres, porque educar hoy muchas veces implica ir contracorriente y no dejarse arrastrar por modas pedagógicas o presiones culturales, basadas en una completa distorsión antropológica.

El Congreso quiere ofrecer precisamente eso: criterios que ayuden a los padres y a los docentes a educar con claridad y con confianza en medio de un contexto cultural complejo para procurar la mayor estabilidad y madurez futura a sus hijos.

¿Por qué consideran que estos tiempos son difíciles para la educación de los hijos?

Las dificultades tienen muchas causas, pero como decía antes, sin duda la más profunda es la crisis antropológica que atraviesa nuestra cultura. La modernidad que trajo la sustitución de la mirada teocéntrica a la mirada antropocéntrica ha tenido como consecuencia que el hombre, separado de su Creador, ya no sabe quién es. “Solo Cristo revela el hombre al propio hombre”, como recordaba San Juan Pablo II. Cuando una sociedad pierde claridad sobre qué es el ser humano, inevitablemente pierde claridad sobre cómo educarlo.

A esto se suman factores muy concretos: la hiperexposición de los jóvenes a las pantallas, la presión cultural que a menudo transmite una visión superficial de la vida, la dificultad para educar en el esfuerzo y la frustración o la introducción de determinadas ideologías en el ámbito educativo.

Todo esto crea un entorno que exige a los padres mayor formación, mayor atención y mayor responsabilidad. Pero también conviene decir algo importante: las dificultades no deben llevarnos al pesimismo, sino a tomarnos la educación mucho más en serio.

¿Cuáles son los principales criterios y herramientas educativas que ofrecen a familias y docentes?

El Congreso combina reflexión de fondo con propuestas concretas para la vida familiar y la enseñanza. No se trata sólo de diagnosticar problemas, sino de ofrecer criterios prácticos para educar mejor.

Uno de los ejes será la formación del carácter, recuperando virtudes como el esfuerzo, la fortaleza, la responsabilidad o la capacidad de afrontar la frustración en una sociedad que tiende a evitar cualquier sacrificio.

Otro aspecto esencial es la formación de la conciencia moral. Educar consiste en ayudar a los hijos, a los alumnos, a distinguir el bien del mal y a orientar su libertad hacia la verdad.

También abordaremos cuestiones muy actuales, como el impacto de la inteligencia artificial y de la tecnología en la vida de los jóvenes, desde una mirada humanista que permita usar estas herramientas sin que terminen dominando la vida personal.

¿Por qué en un mundo marcado por la aceleración tecnológica, la educación sigue siendo clave para formar personas libres, responsables y abiertas a la verdad y a la trascendencia?

Precisamente por esa aceleración tecnológica. La tecnología amplía enormemente las capacidades humanas, pero no responde a las preguntas fundamentales de la vida: quién soy, para qué estoy aquí, qué es el bien o qué significa ser libre. Por este motivo vemos una vuelta a la fe de la juventud, buscan lugares, movimientos y experiencias que den respuesta a sus grandes interrogantes existenciales.

La educación tiene la misión de ayudar a integrar conocimiento, libertad y responsabilidad. No basta con formar individuos técnicamente competentes; necesitamos formar personas capaces de pensar, de discernir y de orientar su vida hacia la verdad y el bien.

¿Qué papel tienen los padres en la educación de los hijos y qué relación debería existir entre la familia y la escuela católica?

La educación corresponde primariamente a los padres. Los hijos no son del Estado, ni su educación y formación es una función delegada por él, sino una responsabilidad que nace del propio hecho de haber dado la vida a los hijos.

La escuela —también la escuela católica— cumple una función muy importante, pero es una función de colaboración con las familias en el campo de la enseñanza. Cuando la relación entre familia y escuela funciona bien, se establece una verdadera alianza educativa que beneficia enormemente a los alumnos.

Cuando los padres, muchas veces superados por su día a día, o por no tener respuestas claras a los problemas que sus hijos les plantean, tienen la tentación de delegar en las escuelas también la educación de sus hijos.

Y cuando esto sucede, se dan contradicciones como pedir a los colegios que no dejemos a los niños utilizar el teléfono en las aulas, teléfono que previamente ha sido comprado por ellos. Por eso es tan importante recuperar la conciencia de que educar es una misión irrenunciable de los padres y que la escuela debe ser una aliada en esa tarea, no un sustituto.

¿Con qué figuras públicas van a contar este año?

El Congreso contará con un conjunto de ponentes que abordarán distintos aspectos del desafío educativo actual.

Entre ellos estarán el filósofo y teólogo Francisco Javier Rubio Hípola, que hablará sobre la formación del carácter y la necesidad de educar hijos fuertes en una sociedad cada vez más frágil; el escritor y ensayista Enrique García-Máiquez, que reflexionará sobre la formación de la conciencia; y Diego Blanco, que abordará el impacto cultural y antropológico de la inteligencia artificial.

También participará Teresa Pueyo, que analizará el riesgo de sustituir la verdad por el emocionalismo en la educación.

Además, este año hemos querido abrir un espacio específico para los jóvenes. Abriremos las puertas del auditorio para ellos para la Mesa redonda de los influencers católicos Carla Restoy, Pietro Ditano y René ZZ, que dialogarán sobre vocación, sentido de la vida y fe vivida con coherencia.

¿Cómo van las inscripciones?

Con sensación agridulce debo decirte que ya no hay entradas disponibles. A pesar de haber dispuesto del salón de actos más grande que tenemos, con 650 butacas, todas las entradas están agotadas desde hace días. A los 650 adultos hay que sumar también los 210 niños apuntados en la guardería que también tuvo que cerrar las inscripciones tres semanas antes.

Muy contentos con el gran interés demostrado y triste porque hay muchas familias a las que no hemos podido acoger.

¿Qué mensaje le gustaría transmitir a los padres católicos que hoy sienten incertidumbre o miedo a la hora de educar a sus hijos?

Que no tengan miedo de educar con claridad y con convicción. Los hijos necesitan padres que sepan orientar su vida, que les transmitan criterios y que no renuncien a enseñarles qué es el bien y qué es el mal.

Muchas veces la cultura dominante transmite la idea de que educar es simplemente acompañar sin intervenir demasiado. Pero educar implica también proponer, exigir, corregir y ayudar a crecer.

Los padres no están solos en esta tarea. La Iglesia, las comunidades educativas y otras familias pueden ofrecer apoyo y acompañamiento. Pero lo fundamental es que los padres recuperen la confianza en su propia misión.

Educar siempre ha sido una tarea exigente, pero también es una de las misiones más nobles y más fecundas que existen. Y hoy, quizá más que nunca, necesitamos padres que asuman esa responsabilidad con valentía.

Por Javier Navascués

2 comentarios

  
Chico
“ Si desde la más tierna infancia los chicos son diligentemente imbuidos en La Piedad y en Las Letras se podrá esperar con fundamento de ellos un feliz resultado el resto de sus vidas” San José de Calasanz.
20/03/26 2:09 PM
  
Generalife
Buena noticia
20/03/26 4:49 PM

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19.03.26

Carmelo Álvarez habla de Siempre Vida (Enraizados), que nace para derogar leyes de aborto y eutanasia

Carmelo Álvarez Fernández de Gamarra. Madrileño, casado y padre de tres hijos. Católico. Licenciado en Veterinaria. Pro-Vida desde el inicio de la suya en la adolescencia. Cofundador de la Plataforma Siempre Vida de la Fundación Enraizados.

¿Cómo nace la iniciativa Siempre Vida y con qué objetivos?

Siempre Vida nace porque cada vez es más evidente que la defensa de la vida humana se ha convertido en una cuestión cultural de primer orden. En España y en buena parte de Occidente se está intentando consolidar la idea de que el aborto o la eutanasia son derechos normales y progresistas, cuando en realidad implican aceptar que unas vidas pueden ser eliminadas si resultan incómodas o dependientes. Ante esa deriva, muchos ciudadanos hemos entendido que no basta con observar o lamentarse: era necesario organizarse y dar una respuesta clara, pública y permanente.

El objetivo de Siempre Vida es precisamente ese: participar en la batalla cultural en defensa de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural. Queremos abrir el debate sin complejos, desmontar los tabúes que se han impuesto durante años y promover una sociedad que proteja de verdad a los más vulnerables: el niño no nacido, la madre en dificultad, el enfermo y el anciano. Defender la vida no es una ideología, es la base misma de cualquier civilización digna de ese nombre.

¿Por qué un objetivo tan claro y si medias tintas: la derogación de la Ley del aborto y de la Ley de Eutanasia?

Porque hablamos de leyes que permiten terminar deliberadamente con una vida humana inocente. La Ley del aborto autoriza la eliminación de un ser humano antes de nacer y la Ley de eutanasia legitima que el Estado facilite la muerte de enfermos o personas vulnerables. Desde nuestra perspectiva, no se trata de cuestiones técnicas o administrativas, sino de un problema moral y jurídico de primer orden: una sociedad no puede proteger los derechos humanos mientras permite que los más indefensos sean eliminados.

A esto se suma además otra realidad de la que casi nunca se habla: la reproducción artificial mediante fecundación in vitro. Este sistema implica la producción masiva de embriones humanos en laboratorio, de los cuales muchos son descartados, congelados indefinidamente o utilizados para investigación. Es decir, vidas humanas en su fase inicial tratadas como material biológico disponible. Para nosotros esto forma parte del mismo problema cultural: la idea de que la vida humana puede producirse, seleccionarse o eliminarse según la voluntad de otros. Ni siquiera sabemos si se comercia con ellos. La opacidad es máxima.

Por eso nuestro planteamiento es claro y sin medias tintas. Las leyes que atentan directamente contra la vida no se “mejoran” con pequeños retoques: deben ser sustituidas por un marco legal que proteja la vida humana y que ofrezca alternativas reales. Eso significa apoyar a las madres, facilitar la adopción y garantizar cuidados paliativos dignos. Defender la vida no consiste solo en prohibir la muerte, sino en construir una sociedad que acompañe y proteja a cada persona en todas las etapas de su existencia.

¿Cuáles son los principales argumentos que esgrimen para luchar por este objetivo?

El primero es un argumento científico. La biología es inequívoca: la vida humana comienza en el momento de la fecundación. Desde ese instante existe un nuevo individuo con un ADN propio y distinto, que se desarrolla de forma continua hasta el nacimiento. No hay un salto mágico que transforme un “algo” en un “alguien”. Si aceptamos la evidencia científica, debemos reconocer que el niño no nacido es ya un ser humano en su primera etapa de desarrollo.

El segundo es un argumento ético y jurídico. Toda sociedad que se considere civilizada se fundamenta en la protección de la vida humana, especialmente la de quienes no pueden defenderse por sí mismos. Cuando una ley permite eliminar a un ser humano por su edad, su dependencia o su situación de vulnerabilidad, introduce una grave fractura en el principio de igualdad. Desde Siempre Vida decimos las cosas con claridad: el aborto, la eutanasia o el suicidio asistido, así como el descarte masivo de embriones humanos en los procesos de reproducción artificial, responden a una lógica profundamente eugenésica. Es la idea de que unas vidas merecen ser vividas y otras pueden ser eliminadas. Frente a esa lógica estaremos siempre enfrente, porque defender la dignidad de toda vida humana no admite excepciones.

¿Por qué una sociedad civilizada no puede tolerar la muerte del inocente y del indefenso?

Porque la primera función de cualquier sociedad civilizada es proteger la vida de quienes no pueden defenderse por sí mismos. Ese es el fundamento mismo del derecho. Si el más fuerte decide quién puede vivir y quién no, la ley deja de ser justicia y se convierte en poder. El niño no nacido, el enfermo grave o el anciano dependiente representan precisamente ese límite moral: si ellos no están protegidos, nadie lo está realmente.

Además, aceptar la eliminación del inocente introduce una lógica extremadamente peligrosa. La historia demuestra que cuando una sociedad empieza a clasificar a los seres humanos según su utilidad, su salud o su autonomía, termina justificando el descarte de los más débiles. Por eso afirmamos con claridad que el aborto, la eutanasia o el descarte de embriones humanos responden a una lógica eugenésica. Una civilización que acepta esa lógica deja de ser verdaderamente humana. Y precisamente para evitar esa deriva nace Siempre Vida.

¿De qué forma práctica van a presentar esta batalla?

En primer lugar, en el terreno cultural y de la opinión pública. Durante años el debate sobre la vida se ha presentado de forma unilateral, como si determinadas prácticas fueran avances inevitables. Siempre Vida quiere romper ese monopolio cultural: explicar, debatir, aportar datos científicos y argumentos éticos, y devolver al espacio público una verdad que durante demasiado tiempo se ha querido silenciar. La batalla por la vida es, antes que nada, una batalla cultural.

En segundo lugar, mediante propuestas concretas y presencia activa en la sociedad. Queremos elaborar informes jurídicos y bioéticos rigurosos, impulsar iniciativas cívicas, colaborar con otras organizaciones y promover políticas que apoyen realmente a las madres, a las familias y a los enfermos. No se trata solo de denunciar leyes injustas, sino de construir alternativas reales que protejan la vida humana en todas sus etapas.

¿Por qué es importante que la Fundación Enraizados no pare de poner en marcha nuevos proyectos?

La Fundación Enraizados es, ante todo, una fundación de católicos en la vida pública. Eso significa que quienes formamos parte de ella entendemos que la fe no puede quedarse encerrada en la esfera privada, sino que debe proyectarse también en la vida social. Para un católico la defensa de la vida humana no es una opción secundaria: es una obligación moral. La ley de Dios es clara al respecto, y la tradición cristiana siempre ha defendido que toda vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural, posee una dignidad inviolable. Frente a una cultura que normaliza el aborto, la eutanasia o el descarte de embriones humanos, un cristiano no puede permanecer callado.

Ahora bien, esta lucha no pertenece solo a los creyentes. Desde Siempre Vida invitamos a todos: católicos, cristianos de otras confesiones y también a cualquier persona que, aun sin fe religiosa, perciba que algo profundamente injusto está ocurriendo. Cuando una sociedad acepta la eliminación sistemática de los más indefensos, estamos ante una tragedia moral de proporciones históricas. De hecho, el aborto masivo constituye el mayor genocidio de la historia universal. Ante algo así nadie (repito, nadie) debería permanecer indiferente. Defender la vida es una causa humana antes incluso que religiosa.

¿Quiénes pueden participar y de qué maneras se puede colaborar?

Puede participar todo el mundo. Siempre Vida está abierta a católicos, cristianos de cualquier confesión, otras religiones y también a cualquier persona que sea agnóstica o atea (hay ya muchas en el mundo muy comprometidas con esta lucha), y perciba que la eliminación sistemática de vidas humanas inocentes es una injusticia intolerable. La defensa de la vida no es patrimonio de un grupo ideológico ni de una confesión concreta; es una causa humana universal. Cualquier ciudadano que rechace esta cultura de muerte y quiera defender la dignidad de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural tiene un lugar en esta iniciativa.

Y una de las formas más importantes de colaborar es a través del voluntariado. Siempre Vida necesita personas dispuestas a implicarse en distintos ámbitos: comunicación y redes sociales, organización de actos, apoyo en campañas cívicas, investigación y elaboración de contenidos, diseño gráfico, presencia territorial o ayuda en la difusión de nuestras iniciativas. En definitiva, ciudadanos comprometidos que quieran dedicar parte de su tiempo y de su talento a esta causa. La defensa de la vida no se gana solo con ideas; se gana también con personas que deciden dar un paso adelante.

Les pido que se animen y nos den parte de su saber y su tiempo por una lucha justa. Cuando una lucha es justa, y esta lo es de pies a cabeza, siempre se gana. Me gustaría que pudiesen decir a los suyos en algún momento –“yo participe en la lucha contra la cultura de la muerte y gané”-

Hago nuestra aquella famosa frase de S. Juan Pablo II, - “No tengáis miedo”-

Por Javier Navascués

1 comentario

  
Juan Mariner
Me parece una iniciativa muy acertada. Esperemos que no aparezcan en este movimiento otras consignas politico-sociales como la defensa de la monarquía, de la constitución, de la lengua castellana, del Estado de Israel... y otras mandangas de la derecha sociológica.

Me parece muy acertado "poner en valor" a la reina Isabel la Catolica, porque lo que vino después cada vez estaba más degradado, para culminar con los Borbones en decadencia no sólo politica y territorial, sino moral.
19/03/26 11:25 AM

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