InfoCatólica / La Buhardilla de Jerónimo / Categoría: General

5.06.09

La verdadera medida disciplinar del Papa

En estos últimos días, cercano ya el inicio del Año Sacerdotal, algunos medios han difundido informaciones y comentarios, muchas veces inexactos, a propósito de una carta enviada por la Congregación para el Clero a los obispos diocesanos sobre algunas nuevas facultades que han sido concedidas por mandato del Santo Padre. No se trata de una “revolución de la disciplina eclesiástica para el clero” sino de una directiva que va al encuentro de algunas exigencias pastorales particulares. Ofrecemos una clarificadora entrevista de Radio Vaticana a monseñor Mauro Piacenza, secretario del dicasterio pontificio.

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Monseñor Piacenza, se ha hablado mucho en estos días de las “facultades” concedidas por el Santo Padre a la Congregación para el Clero. ¿De qué se trata realmente?


No es una simplificación de los procedimientos o un procedimiento simplificado sino que es un instrumento jurídico en continuidad y coherencia con el derecho canónico vigente.


Tampoco es un procedimiento que se aplica automáticamente sino que se sigue sólo en algunos casos, bien precisos, según el prudente juicio de la Sede Apostólica. De hecho, están intactos y sin cambios los derechos y deberes de los obispos al ejercitar la función judicial. El obispo debe vigilar siempre que el presbítero sea fiel en el cumplimiento de los deberes ministeriales; de hecho, es el obispo diocesano quien debe seguir con particular solicitud a los presbíteros, también tutelando sus derechos.


La inmensa mayoría de los sacerdotes vive serenamente, en lo cotidiano, la propia identidad y desarrolla fielmente el propio ministerio. Sólo que, en casos particulares, la Santa Sede interviene de modo subsidiario para reparar el escándalo, restablecer la justicia y corregir al culpable.

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En la práctica, ¿qué implican estas facultades especiales?

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¿Di Noia a Culto Divino?

Una vez más los medios italianos, comenzando por Andrea Tornielli, vuelven sobre el posible traslado de Monseñor Ranjith como Arzobispo de Colombo. La actual novedad es que ya estaría decidido el nombre de quien lo sustituiría como secretario de la Congregación para el Culto Divino. Ofrecemos la traducción de la noticia que Tornielli publicó en su blog.

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Uno de los nombramientos más obstaculizados y aplazados de la Curia Romana parece ahora realmente decidido: el Secretario de la Congregación para el Culto Divino, el cingalés Malcolm Ranjith Patabendige Don – llamado en su momento a la Curia como secretario de Propaganda Fide, luego nombrado nuncio apostólico, para luego volver a ser llamado a Roma por Benedicto XVI – será el nuevo arzobispo de Colombo, a pesar de algunos intentos cardenalicios in extremis para retenerlo en Roma. En su lugar, será nombrado el dominico estadounidense J. Augustine Di Noia, desde el 2002 Subsecretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe y, por lo tanto, colaborador durante tres años del entonces cardenal Ratzinger. Del sustituto de Ranjith se sabía que debía ser anglófono: caídas por vetos cruzados varias candidaturas provenientes de Australia, de Irlanda y de la misma Curia romana, finalmente se ha elegido al teólogo americano en servicio en el ex Santo Oficio. Después de haber sido el número tres de Ratzinger, se convertirá ahora en el número dos del “pequeño Ratzinger”, sobrenombre dado al cardenal español Cañizares Llovera, que guía la congregación del Culto. El nombramiento debería (el condicional es obligatorio) hacerse conocido en los próximos días, pero no más allá del 29 de junio. El litúrgico es el dicasterio vaticano que ha cambiado más frecuentemente de secretario en los últimos años: Di Noia será, de hecho, el cuarto en apenas siete años.

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Fuente: Sacri Palazzi

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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4.06.09

El día en que comenzó a caer el Muro

Hace 30 años, el Papa Juan Pablo II comenzaba su segundo viaje apostólico internacional que lo llevaría a Polonia, su tierra natal. Un viaje que puede definirse como histórico, anhelado por el Papa polaco pero temido por las autoridades comunistas. Ofrecemos nuestra traducción de una entrevista al Cardenal Estanislao Dziwisz.

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Eminencia, ¿nos puede decir cuándo Juan Pablo II comenzó a pensar en una posible visita a su patria?

Ya como cardenal, Karol Wojtyla daba gran importancia al 900º aniversario de la muerte de san Estanislao (el obispo mártir patrono de Cracovia, ndr.) y desde hacía tiempo preparaba las celebraciones. Había invitado a todos los cardenales que participaban en el cónclave de agosto de 1978 y luego invitó a Cracovia también al Papa Juan Pablo I. Por eso, desde el momento de su elección a la sede de Pedro, fue para él importante hacer todo lo posible para venir a Polonia a celebrar el aniversario. Lo sentía como un deber moral aunque se daba cuenta de que no era muy fácil de realizar.

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¿Pensaba que las autoridades comunistas polacas no aceptarían con facilidad algo así?

Cuando supieron de este pedido, los gobernantes polacos reaccionaron negativamente. Pero, entretanto, Juan Pablo II había recibido la invitación a visitar México. Y decía: “si puedo ir a México, un país que tiene la Constitución más anticlerical del mundo, entonces tampoco el gobierno polaco podrá decirme no”. Recordaba bien que las autoridades comunistas no habían permitido la visita de Pablo VI. Intuía, sin embargo, que a él no podrían impedírselo.

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1.06.09

María, "Virgo Potens"

Este gran universo que contemplamos de día y de noche, que llamamos el mundo natural, está regido por unas leyes inmutables que le ha impuesto el Creador, y esas leyes maravillosas lo protegen contra cualquier daño o pérdida sustancial. Una parte de él puede entrar en conflicto con otra, y pueden producirse cambios en su interior; pero considerado en su globalidad, está estructurado para durar para siempre. Por eso dice el salmista: Así está firme el orbe y no vacila.


Así es el mundo natural. Pero existe otro mundo aún más maravilloso. Existe un poder que puede cambiar y someter este mundo visible y suspender y anular sus leyes. Es el mundo de los ángeles y de los santos, de la Santa Iglesia y de sus hijos; y el arma con que pueden domeñar esas leyes es el poder de la oración.


Con la oración puede hacerse todo lo que es naturalmente imposible. Noé oró, y Dios dijo que ya nunca volvería a haber un diluvio que destruyese al género humano. Moisés oró, y cayeron diez plagas dolorosas sobre la tierra de Egipto. Josué oró, y el sol se detuvo. Samuel oró, y vinieron sobre las mieses truenos y un aguacero. Elías oró, e hizo bajar fuego del cielo. Eliseo oró, y un muerto volvió a la vida. Ezequías oró, y el enorme ejército asirio fue castigado y pereció.

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30.05.09

La confesión de un Obispo francés

El obispo francés Maurice Gaidon, emérito de Cahors, ha publicado hace algunos meses un libro que ha sorprendido por la claridad de su análisis y la sinceridad de sus afirmaciones. Allí, el anciano prelado realiza un balance de su ministerio y hace una fuerte crítica de un modo de gobierno episcopal que, por desgracia, se repite con frecuencia y que es potenciado por el mal funcionamiento de muchas conferencias episcopales. Ofrecemos a continuación la traducción al español de unos breves extractos.

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“¿De dónde proviene esta impresión de extraño letargo que percibo en el contacto con nuestras comunidades desorientadas, de nuestros sacerdotes desencantados, y de mis hermanos obispos por el temeroso silencio en nuestras asambleas?”


“Yo pienso que a nuestro lenguaje le falta vigor y que el espíritu profético está demasiado ausente de nuestros textos, sabiamente medidos y dignos de resoluciones votadas al final de «meeting radical-socialistas». […]. Un texto se diluye cuando es revisado y corregido en una asamblea de un centenar de miembros, algunos de los cuales no hablan nunca mientras que otro toman la palabra sin complejos. En una asamblea infiltrada, en parte, por “grandes mitras” que preparan cuidadosamente ciertas elecciones y se reparten los “puestos clave” del episcopado. […]. Nosotros no queremos salir de un tono conciliador y buscamos, en primer lugar, el consuelo de un blando consenso en los campos más sensibles, como son los problemas de moral conyugal y las cuestiones de bioética. Ya había encontrado estas indecisiones al momento de la ley sobre el aborto y constaté que no estábamos listos para cruzar la espada contra los políticos. Siento la misma impresión cuando el gobierno se prepara a abrir los debates sobre los contratos de unión entre dos personas del mismo sexo. ¿De dónde surge este miedo si no dudamos en hacer oír nuestra voz en otros problemas sociales?”

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