El cuidado en las traducciones de los textos litúrgicos

Todos sabemos de la importancia que reviste para la liturgia que los textos que se utilizan en la distintas ceremonias estén debidamente elaborados, tanto desde el punto de vista teológico como del estético. En esto juegan un papel fundamental los traductores a las diversas lenguas.
La instrucción Liturgiam authenticam aclara que “las traducciones no deben extender o restringir el significado del término original y los términos que recuerden motivos publicitarios o que tienen tonos políticos, ideológicos o semejantes, deben evitarse. Los manuales de estilística para composición vernácula, de corte académico y profano, no deben ser utilizados acríticamente, ya que la Iglesia posee temas muy específicos y un estilo de expresión apropiado para cada uno de ellos. La traducción es un esfuerzo de colaboración dirigido a mantener la mayor continuidad posible entre el original y los textos en las lenguas vernáculas. El traductor no debe poseer solamente capacidad técnica, sino también confianza en la divina misericordia y espíritu de oración, así como prontitud para aceptar, de buena gana, la revisión de su trabajo por parte de otros” (ver la síntesis oficial de la instrucción).

