León XIV advierte en Bamenda contra la mezcla de la fe católica con creencias esotéricas y gnósticas «con fines políticos y económicos»
El Papa durante su discurso en el encuentro por la paz en Bamenda | © VaticanMedia

Segundo día del Papa en Camerún, cuarto en África

León XIV advierte en Bamenda contra la mezcla de la fe católica con creencias esotéricas y gnósticas «con fines políticos y económicos»

El Papa atraviesa la región en conflicto del noroeste camerunés, escucha el testimonio de una monja secuestrada y de una familia desplazada, y denuncia a «los señores de la guerra» que destruyen en un instante lo que una vida no basta para reconstruir.

(InfoCatólica) El Papa León XIV pidió este jueves a los fieles de Camerún no caer en el engaño de caminos que «mezclan la fe católica con otras creencias y tradiciones de tipo esotérico o gnóstico que, en realidad, a menudo tienen fines políticos y económicos». La advertencia, pronunciada en la homilía de la Santa Misa por la Paz y la Justicia celebrada en el aeropuerto de Bamenda ante más de veinte mil fieles, se hizo eco de las denuncias de la Conferencia Episcopal de Camerún sobre la incompatibilidad entre la fe cristiana y las derivas sincréticas panteístas, hechiceras y naturalistas que se extienden por el país. La jornada, la cuarta del viaje apostólico a África y la segunda en Camerún, situó al Papa en el corazón de la región anglófona, atravesada desde hace casi una década por un conflicto separatista que ha dejado miles de muertos y desplazados.

Un peregrino de paz en una tierra «ensangrentada pero fértil»

León XIV salió a primera hora de la mañana del Aeropuerto Internacional de Yaundé-Nsimalén rumbo a Bamenda, capital de la región del noroeste, donde aterrizó a las 11:00 hora local. Esta era la cita más delicada del viaje por razones de seguridad: la llamada «crisis anglófona», un conflicto iniciado en 2017 entre los grupos separatistas de las regiones anglófonas del noroeste y suroeste y el gobierno central de Yaundé, ha provocado episodios reiterados de violencia contra la población civil, incendios de aldeas, secuestros y el cierre de escuelas.

El Pontífice se trasladó directamente a la Catedral de San José para el Encuentro por la Paz con la comunidad, que reunió a fieles católicos, jefes tradicionales, representantes de la Iglesia presbiteriana y miembros de la comunidad islámica. El Arzobispo de Bamenda, monseñor Andrew Nkea Fuanya, le dio la bienvenida evocando la profecía de Isaías, «¡Qué hermosos son sobre las montañas los pasos del que trae la buena noticia, del que proclama la paz!» (Is 52,7). León XIV respondió presentándose como peregrino de paz y de unidad, y devolvió el saludo con una imagen que marcó el tono de toda la jornada: «¡Qué hermosos son también los pies que dan los pasos de ustedes, cubiertos del polvo de esta tierra ensangrentada, pero fértil; de esta tierra ultrajada, pero rica en vegetación y generosa en frutos!».

El Papa reconoció que, aunque había venido a anunciar la paz, eran los fieles de Bamenda los que se la anunciaban a él «y al mundo entero», en referencia al Movimiento por la Paz fundado conjuntamente por líderes cristianos y musulmanes para mediar entre las partes en conflicto.

Cinco testimonios en la Catedral

El encuentro se articuló en torno a cinco testimonios que dibujaron, con crudeza, el mapa humano de la crisis. Habló Denis Salo, originario de Mbiame, en la diócesis de Kumbo, que relató cómo en 2017 tuvo que huir con su familia tras el estallido de la violencia: «Esos negocios fueron prohibidos y los comerciantes nos convertimos en blanco de ataques». Recordó a «cinco vecinos asesinados» y las casas incendiadas por los soldados del gobierno «mientras estábamos bajo el fuego de los separatistas». Hoy vive en Bamenda en una pequeña casa alquilada y trabaja como cuidador en un hospital y jardinero en una parroquia.

Tomó después la palabra el Jefe Tradicional Supremo de Mankon, Fon Fru Asaah Angwafor IV, en representación de los líderes tradicionales de las regiones Noroeste y Suroeste. Recordó que la catedral de San José se construyó en 1935 «en terrenos donados por mi padre» y reivindicó el papel histórico de los jefes tradicionales en la acogida de los misioneros católicos llegados a Bonjongo en 1894. Se refirió también al estudio sobre la poligamia iniciado por los obispos africanos a petición del Sínodo sobre la Sinodalidad: «Estamos a la espera de los resultados, para que los líderes tradicionales y las personas que viven en esa situación puedan practicar su fe libremente en la iglesia sin ser juzgados ni rechazados».

El moderador emérito de la Iglesia Presbiteriana de Camerún, Fonki Samuel Forba, describió la crisis anglófona como una «crisis olvidada» y citó el proverbio africano «Cuando dos elefantes luchan, la hierba sufre» para retratar el sufrimiento de la población civil. Subrayó la paradoja de que el conflicto ha acercado a cristianos y musulmanes, hasta el punto de fundar juntos el movimiento por la paz.

El Imán Mohamad Abubakar, de la Mezquita Central de Buea, recordó el ataque a la mezquita de Sagba del 14 de noviembre, con tres muertos y nueve heridos, y la matanza del 14 de enero en la que hombres armados abrieron fuego contra pastores de la etnia Mbororo, con al menos quince víctimas, ocho de ellas niños. Entre las veintitrés víctimas de la masacre de Ngabur, lamentó, hubo también civiles musulmanes. Agradeció, sin embargo, que la crisis «no ha degenerado en una guerra religiosa».

Cerró los testimonios la hermana Carine Tangiri Mangu, de las Hermanas de Santa Ana, secuestrada el 14 de noviembre junto con otra religiosa cuando regresaba a la escuela primaria donde imparte clases en Elak-Oku. Permanecieron tres días y tres noches como rehenes en la selva, trasladadas «de noche para evitar ser localizadas». Privadas de comida, agua y descanso, rezaron continuamente el rosario, «la única manera de mantener viva la esperanza», hasta su liberación gracias a la mediación de los cristianos de la zona.

«Los señores de la guerra» y la «revolución silenciosa»

En su respuesta a los testimonios, León XIV pronunció el pasaje más contundente del día. Denunció a «los señores de la guerra» que «fingen no saber que basta un instante para destruir, pero que a menudo no basta una vida para reconstruir». Y añadió: «Disimulan no ver que se necesitan miles de millones de dólares para matar y devastar, y que no se encuentran los recursos necesarios para sanar, educar y levantar. Quienes saquean los recursos de la tierra que les pertenece, suelen invertir gran parte de las ganancias en armas, en un espiral de desestabilización y muerte sin fin».

El Papa calificó esta dinámica como «un mundo al revés, una distorsión de la creación de Dios» que exige una «vuelta en U», es decir, una conversión «por el camino sostenible y rico en fraternidad humana». Y advirtió: «En cuántos lugares en el mundo desearía que sucediera lo mismo. ¡Bienaventurados los que trabajan por la paz! En cambio, ¡ay de quienes doblegan las religiones y el mismo nombre de Dios a sus propios intereses militares, económicos o políticos, arrastrando lo que es santo hacia lo más sucio y tenebroso!».

Citando la exhortación apostólica Evangelii gaudium de su predecesor Francisco, León XIV invitó a reconocerse «marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar», y evocó la figura del «enfermero de alma, el docente de alma, el político de alma». De ahí la expresión con la que sintetizó el testimonio común de cristianos y musulmanes de Bamenda: «la revolución silenciosa». El encuentro se cerró en la explanada de la Catedral con la suelta de palomas blancas, símbolo de paz, y unas palabras improvisadas en las que el Papa repitió: «¡El Señor nos ha elegido a todos como obreros portadores de paz en esta tierra!».

«No caer en el engaño» de seguir sendas sincréticas

Por la tarde, León XIV presidió la Santa Misa por la Paz y la Justicia en el Aeropuerto Internacional de Bamenda, con más de veinte mil fieles. La celebración se desarrolló tras el recorrido del papamóvil por la explanada, en medio de cantos y manifestaciones festivas que el Papa describió como «signo de la entrega confiada a Dios» del pueblo camerunés.

La homilía partió de la situación concreta del país. El Pontífice no escatimó palabras al enumerar las heridas: «las abundantes formas de pobreza que últimamente también afectan a muchas personas por la crisis alimentaria actual; la corrupción moral, social y política, sobre todo vinculada a la gestión de la riqueza, que impide el desarrollo de las instituciones y las estructuras; los graves y derivados problemas que aquejan al sistema educativo y al ámbito sanitario; así como la enorme migración al extranjero, en particular la de los jóvenes». Y añadió la dimensión externa: «a la problemática interna, continuamente alimentada por el odio y la violencia, se añade también el mal causado desde afuera por aquellos que, en nombre de la ganancia, siguen entrometiéndose en el continente africano para explotarlo y saquearlo».

Frente a ese diagnóstico, León XIV propuso el testimonio de los Apóstoles interpelados por el Sanedrín: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hch 5,29). De esta obediencia nace, explicó, la conciencia crítica y la denuncia del mal. Y fue entonces cuando pronunció la advertencia que resume doctrinalmente el viaje y que InfoCatólica destaca en este texto: «Ello nos invita a promover la inculturación del Evangelio y vigilar atentamente, también nuestra religiosidad, para no caer en el engaño de seguir aquellas sendas que mezclan la fe católica con otras creencias y tradiciones de tipo esotérico o gnóstico que, en realidad, a menudo tienen fines políticos y económicos. Sólo Dios libera; sólo su Palabra abre caminos de libertad; sólo su Espíritu nos hace personas nuevas con la capacidad de cambiar este país».

El pasaje, que retoma las advertencias previas de los obispos de Camerún sobre el sincretismo con formas «panteístas, hechiceras, naturalistas, filosóficas y racionalistas», señala la preservación de la identidad católica frente a las formas religiosas alternativas extendidas en una parte del continente africano, a menudo instrumentalizadas con fines económicos o de poder.

«El cambio es hoy, no mañana»

El Papa insistió en la urgencia de la conversión: «Hoy y no mañana, ahora y no en el futuro, ha llegado el momento de reconstruir; de componer nuevamente el mosaico de la unidad ensamblando la variedad y las riquezas del país y del continente; de edificar una sociedad en la que reinen la paz y la reconciliación». Y avisó del riesgo de la resignación y la impotencia ante situaciones enquistadas: «Dios es novedad, crea cosas nuevas, nos hace personas valientes que, desafiando al mal, construyen el bien».

Antes de impartir la bendición apostólica, el arzobispo Nkea Fuanya agradeció la visita del Pontífice «a pesar de todos aquellos que intentaron disuadirle de esa decisión» y le aseguró que «cosecharemos los frutos de su visita durante muchos años». Le entregó como obsequio un cáliz. León XIV correspondió con sus oraciones por cuantos trabajan «para ser fuente de consuelo y esperanza». El Papa regresó a Yaundé a las 18:20 hora local, donde concluyó la jornada más exigente del viaje africano.

 

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