(InfoCatólica) Las Hermanas Dominicas de Hawthorne, una congregación con más de 125 años de historia dedicada al cuidado gratuito de enfermos terminales de cáncer sin recursos, han presentado una demanda federal contra el Estado de Nueva York por una ley que les obliga a asignar habitaciones, permitir el acceso a baños y utilizar pronombres en función de la identidad sexual declarada por los pacientes, bajo amenaza de multas, penas de prisión y pérdida de licencia.
Es probable que estemos presenciando un nuevo caso como en de las Hermanitas de los Pobres y el mandato de anticonceptivos de Obama, unas religiosas que conscientes también de sus derechos los van a pelear, como San Pablo. Una lucha que tiene trascendencia solo por el mero hecho de plantearse.
La demanda, registrada el pasado lunes ante el Tribunal Federal del Distrito Sur de Nueva York en White Plains, nombra como demandados a la gobernadora Kathy Hochul y a cuatro cargos del Departamento de Salud del Estado de Nueva York, todos en su capacidad oficial. Las religiosas alegan vulneración de la libertad de expresión y del libre ejercicio religioso garantizados por la Primera Enmienda, así como de la Decimocuarta Enmienda de la Constitución de Estados Unidos.
«No podemos aplicar este mandato de Nueva York sin violar nuestra fe católica», declaró la Madre Marie Edward, superiora general de las Dominicas de Hawthorne. «Hemos cuidado de pacientes de toda condición, ideología y credo. Tratamos a cada paciente con dignidad y caridad cristiana. Nunca hemos recibido quejas».
Tres cartas de advertencia
El conflicto se originó cuando la congregación comenzó a recibir cartas del Departamento de Salud estatal hace aproximadamente dos años, según declararon las religiosas al National Catholic Register. Las hermanas aseguran que nunca habían oído hablar de la legislación hasta que llegó la primera misiva. En total han recibido tres cartas, una de las cuales advertía expresamente contra «negarse a asignar una habitación a un residente de forma distinta a su identidad de género», «prohibir a un residente el uso de un aseo disponible para otras personas de la misma identidad de género» y «negarse deliberada y reiteradamente a usar el nombre o los pronombres preferidos de un residente tras haber sido claramente informado de ellos».
Las advertencias sorprendieron a la congregación: la propia web de la agencia estatal de salud pública muestra cero quejas contra el Rosary Hill Home, situado en Hawthorne, una localidad del condado de Westchester, a unos 50 kilómetros al noreste de Manhattan.
Qué exige la ley
La legislación, denominada The Long-Term Care Facility Residents' Bill of Rights for LGBTQIA+ New Yorkers and People Living with HIV, fue aprobada por la Asamblea estatal por 144 votos contra 2 y por el Senado por 55 contra 7. La gobernadora Hochul la firmó el 30 de noviembre de 2023, víspera del Día Mundial del Sida. Según la web de la legislatura estatal, el proyecto no fue objeto de audiencia pública, y el breve debate en la Asamblea se limitó a preguntas de tres republicanos, ninguna de ellas sobre libertad religiosa.
La norma obliga a las residencias de cuidados prolongados a alojar a los pacientes y permitirles el acceso a los aseos conforme a su identidad sexual declarada, incluso si sus compañeros de habitación se oponen, y a utilizar los pronombres elegidos por el paciente, estén o no presentes. Los materiales de formación del departamento requieren además que los centros «creen comunidades» que afirmen las preferencias sexuales de los residentes y «acomoden el deseo de los pacientes de mantener relaciones extramatrimoniales», salvo que dicha conducta esté prohibida con carácter general. Una de las cartas recibidas por las hermanas advertía de que la residencia no puede «restringir el derecho de un residente a asociarse con otros residentes o visitantes, incluido el derecho a la expresión consensuada de intimidad o relaciones sexuales», salvo que la restricción se aplique de forma uniforme y no discriminatoria.
Las instalaciones deben exhibir un aviso público garantizando la no discriminación por orientación sexual, identidad sexual o estado serológico de VIH, y asegurar que sus empleados reciban formación en «competencia cultural» cada dos años.
Sanciones severas y amenaza existencial
Las penalizaciones previstas incluyen multas de hasta 2.000 dólares por la primera infracción y hasta 5.000 por reincidencia. Las infracciones «deliberadas» pueden acarrear multas de hasta 10.000 dólares, un año de prisión, o ambas. «Una infracción deliberada es una infracción consciente; no se requiere intención maliciosa», precisa la demanda.
El abogado de la congregación, L. Martin Nussbaum, socio del bufete First & Fourteenth con sede en Colorado Springs, advirtió al National Catholic Register de que las exigencias estatales sobre identidad sexual suponen una amenaza existencial para la residencia, ya que tanto el centro como cada uno de sus empleados necesitan renovar periódicamente sus licencias conforme a la normativa estatal. «Las hermanas no quieren litigar. Quieren que esto se resuelva y concentrarse en su ministerio», afirmó Nussbaum.
Una exención religiosa selectiva
La Asociación Católica de Prestaciones (Catholic Benefits Association), propietaria del Rosary Hill Home, envió el pasado 5 de marzo una solicitud formal de exención religiosa al Estado, sin haber recibido respuesta hasta la fecha.
La demanda subraya una anomalía que las religiosas consideran constitucionalmente insostenible: la ley contempla una exención para los centros «cuyas enseñanzas incluyen la confianza exclusiva en medios espirituales a través de la oración para la curación», una cláusula que en la práctica beneficia a la Iglesia de Cristo Científico, pero no prevé exención alguna para instituciones católicas ni de otras confesiones. Según la demanda, esta asimetría viola la libertad religiosa al privilegiar una confesión sobre las demás.
Cadence Acquaviva, portavoz del Departamento de Salud, se limitó a declarar al Register que «el departamento no comenta sobre litigios pendientes» y que está «comprometido con el cumplimiento de la ley estatal, que otorga a los residentes de residencias ciertos derechos de protección contra la discriminación, incluida, entre otras, la identidad o expresión de género». La oficina de la gobernadora no respondió a la solicitud de comentario.
«Las implicaciones van mucho más allá de decir "él" o "ella"»
La demanda argumenta que obligar al Rosary Hill Home, una residencia de 42 camas que atiende gratuitamente a pacientes indigentes con cáncer terminal, a tratar a pacientes varones como mujeres forzaría a las religiosas a «actuar contra enseñanzas centrales, inmutables y estructurales de la fe católica». «Las implicaciones van mucho más allá de si se pronuncian las palabras "él" o "ella"», señala el texto judicial. «Exigir a un católico que niegue el sexo de otra persona es obligarle a afirmar otra cosmovisión religiosa».
Nussbaum señaló que en más de 125 años las hermanas no han tenido «ni un solo paciente que quisiera hacer la transición de género», y calificó la norma de «señalización de virtud ideológica» destinada a obligar a las religiosas «a arrodillarse ante una ideología contraria a su fe».
«Cristo es el camino, la verdad y la vida»
La Madre Marie Edward explicó al Register que la identidad católica es inseparable de la misión asistencial de la congregación: «La enfermería es un trabajo maravilloso en sí mismo, pero nuestras hermanas estamos consagradas, hemos tomado votos, hemos entregado nuestra vida a Dios. La oración es lo primero, y se derrama después en el cuidado de los pacientes, a quienes atendemos como si fueran Cristo sufriente».
Citando Jn 14,6, la superiora razonó: «Cristo es el centro, y la Eucaristía nos sostiene. Pero Cristo es también, como dijo, el camino, la verdad y la vida. Y si Él es la verdad, no podemos ejercer lo que hacemos incorporando algo que es una falsedad. Y es una falsedad decir que un varón debe ir a la habitación de una paciente mujer».
La Hermana Stella Mary, superiora del Rosary Hill Home, añadió: «Si nuestra fe no estuviera ahí, el tipo de cuidado que ofrecemos no sería el mismo. El entorno que se respira en este lugar es muy distinto por nuestra fe, porque Cristo está aquí presente en la Eucaristía. Todo el que entra dice siempre lo pacífico que se siente aquí, la diferencia con cualquier otro lugar en el que haya estado».
Preguntada sobre si teme que el Estado obligue a cerrar la residencia, la Madre Marie Edward respondió: «No estoy realmente preocupada, porque sé que el Señor va a cuidar de nosotras».
La fundadora y la congregación hoy
Las Hermanas Dominicas de Hawthorne fueron fundadas por Rose Hawthorne Lathrop (1851-1926), hija del célebre novelista estadounidense Nathaniel Hawthorne, autor de La letra escarlata. Educada como unitaria, se convirtió al catolicismo en la década de 1890 y en 1896 abrió un apartamento en el Lower East Side de Manhattan para acoger a enfermos de cáncer incurable sin recursos. Fundó la congregación en 1900 y abrió la residencia de Hawthorne en junio de 1901. El Papa Francisco la declaró venerable en marzo de 2024, a dos pasos de la canonización.
La congregación cuenta actualmente con 44 religiosas, repartidas entre Nueva York y otra residencia en Atlanta, el Our Lady of Perpetual Help Home. En el centro neoyorquino, unas 14 hermanas atienden a los enfermos con la ayuda de auxiliares de enfermería laicos. La residencia no impone límite de estancia: algunos pacientes permanecen años, aunque la media es de dos a tres meses. La inmensa mayoría fallece allí.






