(InfoCatólica) El Parlamento escocés rechazó el pasado 17 de marzo un proyecto de ley que pretendía legalizar la eutanasia para adultos con enfermedades terminales. Tras un intenso debate de más de dos horas en la cámara de Holyrood, el texto fue derrotado por 69 votos contra 57, cuando necesitaba al menos 64 votos favorables para salir adelante. La decisión supone un freno significativo a los intentos de implantar la llamada «ayuda médica a morir» en Escocia.
El proyecto de ley y su tramitación
La propuesta, titulada Assisted Dying for Terminally Ill Adults, había sido impulsada por el diputado liberal-demócrata Liam McArthur. El texto habría permitido a adultos diagnosticados con una enfermedad terminal y una esperanza de vida inferior a seis meses solicitar asistencia médica para poner fin a su vida. La tramitación se prolongó durante más de un año y acumuló 175 enmiendas examinadas en su última fase parlamentaria.
Los opositores al texto argumentaron la falta de garantías suficientes, advirtiendo de que personas vulnerables podrían verse presionadas a poner fin a sus días. Otros diputados expresaron su preocupación por el posible impacto negativo sobre los cuidados paliativos. Humza Yousaf, miembro del SNP y ex primer ministro escocés, declaró durante el debate: «Mi conciencia me dice esto: una sociedad que permite que una persona con una enfermedad terminal crea que sus únicas opciones son soportar un sufrimiento intolerable o poner fin a su vida prematuramente es una sociedad que le ha fallado».
Un debate recurrente en Escocia
La cuestión de la eutanasia no es nueva en el Parlamento escocés. En 2010, la diputada independiente Margo MacDonald, enferma de párkinson, presentó una propuesta que fue rechazada de forma contundente por 85 votos contra 16. Tras su fallecimiento en 2014, el diputado ecologista Patrick Harvie retomó la iniciativa, que fue igualmente derrotada en 2015 por 82 votos contra 36. El proyecto rechazado este lunes es, por tanto, el que más cerca ha estado de prosperar.
El rechazo del texto impide que la cuestión pueda relanzarse de forma inmediata. Cualquier nuevo intento deberá partir de cero en la próxima legislatura. Si McArthur desea retomar la iniciativa, deberá primero obtener su reelección en los comicios del 7 de mayo. Varios diputados intervenían por última vez en el hemiciclo antes de dichas elecciones, lo que confirió a la sesión un tono especialmente solemne.
Contexto internacional y presión sobre el Reino Unido
El debate escocés se enmarca en un contexto internacional de expansión de las legislaciones favorables a la eutanasia. Países como Canadá, Australia y Nueva Zelanda ya han legalizado distintas modalidades. En las islas británicas, la Isla de Man aprobó una ley similar en 2025 y Jersey votó su propio texto recientemente, aunque ninguna de las dos ha entrado aún en vigor.
En el Reino Unido, un proyecto para legalizar la eutanasia en Inglaterra y Gales se encuentra actualmente bloqueado en la Cámara de los Lores debido al elevado número de enmiendas, lo que hace improbable su aprobación antes del fin de la sesión parlamentaria en mayo. Aunque una eventual reforma en Westminster no tendría efecto directo sobre la legislación escocesa (las competencias sanitarias corresponden a Holyrood), ejercería con toda probabilidad una presión política considerable para reabrir el debate.
Cuidados paliativos, la asignatura pendiente
La Scottish Partnership for Palliative Care publicó durante la tramitación del proyecto varios análisis en los que advertía de que la insuficiencia de cuidados paliativos podía ejercer una presión indirecta sobre los pacientes. El propio McArthur reconoció que el debate había servido para visibilizar un sector esencial, al afirmar que «el debate ha puesto de relieve el papel crucial, y a menudo mal comprendido, de los cuidados paliativos», aunque insistió en que «no se trata de elegir entre la eutanasia y los cuidados paliativos».
Toby Porter, director general de UK Hospice, subrayó la magnitud del desafío: «Más de 60.000 personas mueren cada año en Escocia y el número de pacientes que necesitan cuidados paliativos aumenta rápidamente». Porter añadió que «la eutanasia quizá no llegue a Escocia, pero la inversión en hospicios y cuidados paliativos debe producirse en cualquier caso: es esencial para garantizar la elección, la dignidad y la compasión al final de la vida».
En Francia, donde un proyecto de legalización de la eutanasia suscita igualmente una intensa controversia, la Iglesia católica se ha posicionado abierta y firmemente en contra. Los obispos han denunciado lo que califican de «falsa fraternidad», recordando que la verdadera solidaridad consiste en acompañar a las personas que sufren, no en provocar su muerte, y subrayando el carácter sagrado de la vida humana y la necesidad de desarrollar los cuidados paliativos hasta el final natural de la vida.







