Mártires de la Eucaristía y profanaciones

“¡Oh hombre avaricioso! ¿Qué te ha dejado tu Dios? Te dejó a sí mismo, todo Dios y todo hombre, oculto bajo la blancura del pan. ¡Oh fuego de amor! ¿No era suficiente habernos creado a imagen y semejanza tuya, y habernos vuelto a crear por la gracia en la sangre de tu Hijo, sin tener que darnos en comida a todo Dios, esencia divina? ¿Quién te ha obligado a esto? Sola la caridad, como loco de amor que eres.”

(Sta. Catalina de Siena. Oraciones y soliloquios 20)

 ¿Cuántos cristianos han dado su vida por defender a Jesucristo sacramentado, ese loco de amor? ¡Mártires de la Eucaristía!

 En los más de dos mil años que viene durando esta entrega suya, este anonadamiento, este quedarse entre nosotros y dentro, miles de cristianos han recibido la gracia de dar su vida por amor a la Eucaristía.

En Roma, en la Vía Apia fue martirizado Tarsicio, acólito. Los paganos lo encontraron cuando transportaba el sacramento del Cuerpo de Cristo y le preguntaron qué llevaba. Tarsicio quería cumplir aquello que dijo Jesús: «No arrojen las perlas a los cerdos», y se negó a responder. Los paganos lo apedrearon y apalearon hasta que exhaló el último suspiro pero no pudieron encontrar el sacramento de Cristo ni en sus manos, ni en sus vestidos. Los cristianos recogieron el cuerpo de Tarsicio y le dieron honrosa sepultura en el cementerio de Calixto (Martirologio Romano)

En el siglo III Tarsicio fue muerto a palos. Diecisiete siglos después muere a culatazos una niña china. Nos ha llegado el relato de su martirio a través de una entrevista que realizaron  al arzobispo Fulton J. Sheen (1895-1979), quien declaró que su mayor inspiración fue una niña china de once años de edad:

Cuando los comunistas se apoderaron de China, encarcelaron a un sacerdote en su propia rectoría cerca de la Iglesia. El sacerdote observó aterrado desde su ventana como los Comunistas penetraron en la iglesia y se dirigieron al santuario. Llenos de odio profanaron el tabernáculo, tomaron el copón y lo tiraron al suelo, esparciendo las Hostias Consagradas. Eran tiempos de persecución y el sacerdote sabía exactamente cuántas Hostias contenía el copón: Treinta y dos.

Cuando los comunistas se retiraron al parecer no repararon en la presencia de una niñita que rezaba en la parte de atrás de la iglesia, y que había visto todo lo sucedido.

Esa noche la pequeña regresó y, evadiendo la guardia apostada en la rectoría, entró a la iglesia. Allí hizo una hora santa de oración para reparar el acto de odio. Después se arrodilló, e inclinándose hacia delante, con su lengua recibió a Jesús en la Sagrada Comunión (en aquel tiempo no se permitía a los laicos tocar la Eucaristía con sus manos). 

La niña continuó regresando cada noche, haciendo su hora santa y recibiendo a Jesús Eucaristía en su lengua. En la trigésima segunda noche, después de haber consumido la última Hostia, accidentalmente hizo un ruido que despertó al guardia. Este corrió detrás de ella, la agarró, y la golpeó hasta matarla con la culata de su rifle.

Este acto de martirio heroico fue presenciado por el sacerdote mientras, sumamente abatido, miraba desde la ventana de su cuarto convertido en celda.

Cuando el Obispo Sheen escuchó el relato, se inspiró a tal grado que prometió a Dios que haría una hora santa de oración frente a Jesús Sacramentado todos los días, por el resto de su vida.

Adóro te devóte, latens déitas,

quae sub his figúris vere latitas.

Tibi se cor meum totum súbiicit,

quia te contémplans totum déficit.

(Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte…)

¿Cuántos cristianos perseguidos se han visto sostenidos en las pruebas por la Eucaristía?

Tenemos un ejemplo precioso en el arzobispo vietnamita Nguyen Van Thuan, hoy cardenal, que logró celebrar la misa en un campo de concentración vietnamita:

Cuando me arrestaron, tuve que marcharme enseguida, con las manos vacías. Al día siguiente me permitieron escribir a los míos, para pedir lo más necesario: ropa, pasta de dientes… Les puse: Por favor, enviadme un poco de vino como medicina contra el dolor de estómago. Los fieles comprendieron enseguida. Me enviaron una botellita de vino de misa, con la etiqueta: medicina contra el dolor de estómago, y hostias escondidas en una antorcha contra la humedad.

La policía me preguntó:

–¿Le duele el estómago?

–Sí.

–Aquí tiene una medicina para usted.

Nunca podré expresar mi gran alegría: diariamente, con tres gotas de vino y una gota de agua en la palma de la mano, celebré la misa. ¡Éste era mi altar y ésta era mi catedral! Era la verdadera medicina del alma y del cuerpo: Medicina de inmortalidad, remedio para no morir, sino para vivir siempre en Jesucristo, como dice Ignacio de Antioquía.

A cada paso tenía ocasión de extender los brazos y clavarme en la cruz con Jesús, de beber con Él el cáliz más amargo. Cada día, al recitar las palabras de la consagración, confirmaba con todo el corazón y con toda el alma un nuevo pacto, un pacto eterno entre Jesús y yo, mediante su sangre mezclada con la mía. ¡Han sido las misas más hermosas de mi vida!”

 

Ave verum corpus, natum de Maria Virgine,

vere passum, immolatum in cruce pro homine.

Cuius latus perforatum fluxit aqua et sanguine:

esto nobis praegustatum in mortis examine.

O Iesu dulcis, O Iesu pie, O Iesu, fili Mariae.

(Salve, Verdadero Cuerpo, nacido de María Virgen, padeció realmente, fue inmolado en la cruz por el hombre, de cuyo costado perforado brotaron agua y sangre: que seas probado por nosotros en el momento de la muerte. ¡Oh, Jesús dulce, Oh, Jesús piadoso, oh, Jesús hijo de María!
 

¡Cuánto te aman y te han amado, Corazón Divino derramado en la Eucaristía! Pero, también…¡cuánto te ofenden, Señor, Amor mío!

He ahí este Corazón, que ha amado tanto a los hombres, que nada ha perdonado hasta agotarse y consumirse para demostrarles su amor, y en reconocimiento no recibo de la mayor parte sino ingratitud, ya por sus irreverencias y sus sacrilegios, ya por la frialdad y desprecio con que me tratan en este Sacramento de Amor. (Autobiografía de Sta. Margarita María de Alacoque)

En pocos días, ¡cuánta ingratitud! A Ti, que has muerto de amor por ellos, te han ultrajado. Primero en Pamplona, donde se exponían al oprobio más de doscientas formas consagradas: ¡Tu Cuerpo, Señor!

Dos mil años, tanta sangre de mártires derramada por defenderte …y tu entrega -¡loco, loco de amor!- sigue siendo necedad para los gentiles. ¡Cuánto han rezado y llorado tus enamorados! Cuánto te habrán consolado los santos mártires…y qué poco comprenden quienes se empeñan en mantener abierta esa exposición blasfema.

¡Qué difícil es, Señor y Amor mío, hacer comprender a los paganos cuánto nos duelen esas ofensas! ¿Aman? ¿Soportarían ver ultrajado y pisoteado al objeto de su amor? Señor, ¡que lloremos todos! ¡Arráncanos el corazón de piedra y danos un corazón de carne!

Después lo sucedido en Nalda. Sólo han recuperado ocho de las treinta y cinco formas que robaron. Las arrojaron al suelo, como aquellos soldados chinos. Sólo se llevaron eso, Tu cuerpo.

¿Cuántos cristianos que sufren persecución, a esa misma hora, suspiraban por comulgar, por recibir tu Sacramento de Amor? No eres sólo Tú ofendido. Estas profanaciones se mofan también de quienes han muerto por Ti, de tantos que han sufrido y sufren persecución por Tu nombre.

Sólo un loco de amor se expondría una y otra vez al oprobio, sólo un loco de amor puede sostener esa paciencia que ya dura milenios. ¡Queremos consolar Tu Corazón y, sin embargo, necesitamos de Tu consuelo!

“Nada temas; Yo reinaré a pesar de mis enemigos y de todos los que a ello quieran oponerse.” Me consolaron mucho estas palabras, porque sólo deseaba verle reinar. (Sta. Margarita María de Alacoque. Autobiografía.)

¡Sagrado Corazón de Jesús! A Ti te confío mi pena, mi dolor y mi impotencia. Regálame a cambio un pequeño consuelo: el poder reparar, siquiera un poco, las ofensas que recibes “en ese Sacramento de Amor”.

¡Mártires de la Eucaristía, interceded por nosotros!

Oración, para rezarla con intención de reparar las ofensas recibidas por Jesucristo Sacramentado:

Ábreme, oh Jesús, tu Sagrado Corazón. Muéstrame sus encantos. Úneme a Él para siempre. Que todas las respiraciones y palpitaciones de mi corazón, aun cuando esté durmiendo, te sirvan de testimonio de mi amor y te digan sin cesar: Señor, te amo. Recibe el poco bien que hago, dame tu gracia para reparar el mal que he hecho y para que te ame en el tiempo y te alabe por toda la eternidad. Amén. (Beato Pío IX)

9 comentarios

  
Ma. Teresa Gallegos
Yo creo que estas cosas suceden porque los católicos hemos perdido el respeto la Sagrada Eucaristía, cuando yo era pequeña me enseñaron que no se podía recibir a Jesús sí tenía uno pecados, se tenía uno que confesar, para poderlo recibir dignamente, hoy muchas veces a los sacerdotes les molesta que uno se confiese semanalmente, a veces no salen a confesar, dicen que no sea uno escrupuloso, etc. Todo mundo se para a comulgar, yo creo que a veces sin saber lo que hacen y a quién reciben, o sin fe como algo que se tiene que hacer, porque todos lo hacen, y todo esto hace que se pierda el respeto a Cristo, yo creo que esto es por una gran ignorancia y porque los sacerdotes no instruyen a los fieles de que verdaderamente recibimos a Cristo en Cuerpo, alma y divinidad. Y los que cometen estos actos sacrílegos son personas que sí saben lo que hacen y que por nuestra apatía, falta de fe, cobardía, no pasará nada, es una forma de burlarse por nuestra cobardía, y Cristo sí nos lo reclamara sí no hacemos algo en contra de estos actos deleznables. Ma. Teresa. Mexico
12/12/15 9:08 AM
  
César Fuentes
Gracias.
12/12/15 9:27 AM
  
antonio
De acuerdo a Maria Teresa Gallegos,nunca caer en la rutina frente a tanta GRACIA, un LOCO DE AMOR, la HUMILDAD apabullante de Cristo en la EUCARISTIA!!!!!


Muchas Gracias.
12/12/15 12:24 PM
  
DJ L
¿Donde hay más profanaciones sacrílegas?

En las Misas celebradas en actos de compromiso social. La Eucaristía es un sacramento de vivos, no de muertos espirituales.

A ver si los curas abandonan su cobarde "prudencia" y empiezan a hacer apostolado de la Confesión.
12/12/15 12:28 PM
  
Acton
Gracias por el blog y por el amor y el trabajo que hay detrás de un escrito maravilloso. Lo he compartido con mis hermanos de Emaús.

Que Dios te bendiga.
12/12/15 2:05 PM
  
María José
En nuestras Misas también profanamos las Hostias consagradas.
Poco se usa la bandeja o patena al distribuir la Comunión.
Que a nadie le quepa duda que en la manipulación de las Hostias consagradas se desprenden partículas. Lo puede confirmar cualquier experto en manejo de harinas y productos de harina.
Y en cada partícula, por minúscula que sea, está Jesús totalmente (dogma del Concilio de Trento, sesión 13, canon 3).
En las Misas preconciliares, después de la Consagración, el sacerdote tenía el cuidado de juntar sus dedos índice y pulgar, para prevenir la caída de alguna partícula. Al final de la Misa, se lavaba los dedos sobre el cáliz y se tomaba el contenido del cáliz.
En las Misas posconciliares (a) no se juntan los dedos, (b) el sacerdote le estrecha la mano a todo el que le da el saludo de la paz, y (c) no se lava las manos al final.
¿Y las partículas que caen al suelo? Las pisotean, las barren, las echan a la basura junto con el polvo.
Igual ocurre con los ministros extraordinarios y con la gente que recibe la Comunión en la mano. Las partículas que se les peguen en la mano (por la grasa y el sudor naturales) pasan a la mano o la espalda de los amigos a quienes se saluda, o al billete para pagar algo.
¿Exageraciones mías? Eso quisiera yo. Es el dogma de Trento. Y los dogmas no se cuestionan, ni se ponen en duda. El católico debe creerlos o queda excomulgado automáticamente. Reglas de la Iglesia, no mías.
12/12/15 9:45 PM
  
antonio
, Totalmente de acuerdo a Maria José.

Es demasiado Grande lo que nos da el SEÑOR, para, que sea tan maltratado!!!!

Que la Santisima Virgén ruegue por su hijo Santisimo, y los Santos Angeles.

Y por la Iglesia.
13/12/15 11:40 AM
  
antonio
De tidas maneras como lo he hecho ruego de rodillas a que todos revisemos nuestras conductas, viene el año de la Misericordia,la indulgencia plenaria es como volver a nacer.Dios perdona la pena , si nos convertimos, yo ya estoy haciendo una flor de lista.


Que la Santisima Virgen Ruegue por la Iglesia.
13/12/15 10:39 PM
  
antonio
La, gran esperanza de la Iglesia, es que el Señor sea tratado como corresponde!!!!!!!,

Que la Virgen ruego por la Iglesia.
14/12/15 12:17 AM

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