Las consecuencias del sacrilegio eucarístico
Sobre el pecado de sacrilegio dice el Catecismo:
“2120 El sacrilegio consiste en profanar o tratar indignamente los sacramentos y las otras acciones litúrgicas, así como las personas, las cosas y los lugares consagrados a Dios. El sacrilegio es un pecado grave sobre todo cuando es cometido contra la Eucaristía, pues en este sacramento el Cuerpo de Cristo se nos hace presente substancialmente (cf CIC can. 1367. 1376).
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El sacrilegio es también un delito para el Derecho Canónico:
“1367 Quien arroja por tierra las especies consagradas, o las lleva o retiene con una finalidad sacrílega, incurre en excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica; el clérigo puede ser castigado además con otra pena, sin excluir la expulsión del estado clerical.”
“1376 Quien profana una cosa sagrada, mueble o inmueble, debe ser castigado con una pena justa.”
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En una reciente presentación de la Exhortación Apostólica “Amoris Laetitia” en la Universidad de Comillas, Mons. Marcello Semeraro hizo entre otras las siguientes declaraciones, según copiamos del “
Prácticamente el único argumento de los que sostienen la posibilidad de que accedan a la Comunión eucarística los bautizados válidamente casados que conviven sexualmente con alguien distinto de su cónyuge legítimo en vida de éste es el de la “inimputabilidad” o inocencia subjetiva que tendrían estas personas a pesar de estar en una situación objetiva de pecado.
En la zona de comentarios a uno de mis “posts” fue recibido el que publico a continuación, sobre el cual quiero reflexionar como ejemplo perfecto de hasta dónde pueden llegar los efectos de la propaganda de la “misericordia” sin una elemental formación en la verdad de la fe, y de una serie de errores y horrores teológicos lamentablemente muy comunes en estos días. Todos los subrayados en negrita son míos.
Según un artículo recientemente publicado en