Un viaje de pocas horas y muchos frutos
El breve viaje del Papa Benedicto XVI a Malta, con ocasión del 1950º aniversario del naufragio de San Pablo en la isla, llegó ayer a su fin. Se ha tratado de una visita de pocas horas pero de muchos frutos. Y deberíamos rezar para que, en adelante, los católicos de Malta puedan seguir recogiendo muchos frutos espirituales de esta presencia del Sucesor de Pedro en sus tierras.
En un anterior artículo, en el que hablábamos sobre los viajes papales de este año, mencionamos algunos signos de oposición que se manifestaron días antes de la llegada del Papa. Pero también hicimos referencia a la gran alegría de la mayor parte de la población frente a la visita de Benedicto XVI. Este diagnóstico resultó ajustarse bastante a la realidad de los hechos.
Frente al primer viaje apostólico del año, los enemigos de la Iglesia actuaron intensamente, de un modo maliciosamente planeado y con la imprescindible colaboración de grandes medios de comunicación, para frustrar cualquier fruto positivo de este acontecimiento; para presentar a una Iglesia débil y en crisis, casi decadente; para mostrar a un Pontífice deprimido e inactivo, incapaz de cumplir con sus funciones; para concluir con el pronóstico de que el resultado sería un absoluto fracaso.










