Los santos del Cielo

La fiesta de Todos los Santos es una buena oportunidad para recordar algunos puntos esenciales de nuestra fe cristiana. No siempre lo más importante es lo que más tenemos en cuenta; ni siempre lo que más nos ocupa o nos preocupa es lo más importante.

Una primera consideración es pensar que la vida eterna es lo verdaderamente valioso y definitivo de nuestra vida. Esta vida, con todas sus maravillas y complejidades, no deja de ser la preparación para la vida eterna de después de la muerte. Somos ciudadanos del Cielo, como dice San Pablo, hijos de Dios, herederos de su gloria. La tendencia natural, favorecida desde muchos centros de poder, es considerar esta vida terrestre como centro de nuestra vida, como aspiración suprema de nuestro deseo de vivir. La fe cristiana nos dice que no es así. Los cristianos deberíamos vivir con el corazón puesto en la vida eterna, con los ojos siempre levantados hacia el más allá de la muerte, que es tanto como decir hacia el encuentro con el Dios verdadero y nuestra convivencia con El por toda la eternidad. Este es el centro de nuestra fe y la raíz viva de toda vida cristiana verdadera.

De esta fe y de esta esperanza nacen las virtudes principales, virtudes imprescindibles y ahora muy olvidadas, humildad, modestia, sobriedad, abnegación, generosidad, diligencia y tantas otras cosas.

La novedad de la vida cristiana en este mundo nace precisamente de esta fe en la vida eterna y en la resurrección de los muertos. Si esto es lo principal y lo decisivo, todo lo demás hay que valorarlo y reorganizarlo a partir de este punto de vista. No se comprende nada del cristianismo si no nos situamos en la vida eterna como punto de vista para comprender, valorar y reconstruir todo lo demás.

La fiesta de Todos los Santos nos enseña también que la vida de los cristianos es una vida compartida familiarmente con los ángeles y con los santos del Cielo. Ellos están con Cristo resucitado, con la Virgen María, con el Dios vivo, nosotros podemos convivir familiarmente con ellos, son nuestros hermanos, nuestra familia, el mundo invisible en el que nos movemos y vivimos realmente desde dentro de nuestro corazón, por la fe, la esperanza y el amor, con la oración y los deseos del corazón.

De ellos aprendemos y con ellos compartimos la vida santa, alabando a Dios, agradeciendo sus dones, obedeciendo su voluntad y colaborando con sus designios de gracia y salvación para todos. Esta convivencia con los santos del Cielo es la morada interior, la zona secreta de nuestra vida, desde la que salimos a este mundo para convivir con nuestros hermanos y cumplir nuestras obligaciones, arraigados y sostenidos por la vida interior con nuestros hermanos del Cielo.

Esta es la forma correcta de entender y vivir nuestra pertenencia a la Iglesia. La Iglesia no es sólo ni principalmente de la tierra, sino que vive arraigada en el Cielo, con Cristo, con la Virgen María, con los santos, acogida en el hogar de la Santa Trinidad. Arraigados en Cristo, por medio de la fe y del bautismo, el Espíritu Santo nos ayuda a vivir como hijos acogidos al amor paternal y maternal del Dios Padre. Esta es la verdad de la Iglesia y la verdad del mundo. Esta es la vida verdadera desde la cual tenemos que aprender a valorar y organizar todas las demás cosas de nuestra vida.

Llegar a aceptarlo así y a vivir en consecuencia es la verdadera conversión, la que nos libra del poder del mal y nos permite vivir con Cristo y con los santos en comunión con Dios, santificados y glorificados por el Espíritu Santo. Este es el punto de partida y la fuerza interior de la vida cristiana, esta manera de vivir, arraigada en la comunión con Dios, con Cristo resucitado y con los santos es lo que une a los cristianos y nos diferencia de los que no lo son, ésta es la hondura interior y la verdadera grandeza de la Iglesia. Por todo ello damos gracias a Dios y bendecimos su nombre, por eso estamos alegres y somos capaces de superar cualquier sufrimiento, esto es lo que tienen que ver en nosotros y lo que tienen que escuchar de nuestros labios los que buscan sinceramente la verdad y el sentido de la vida en este mundo.

La Iglesia, muy acertadamente, ha situado junto a esta fiesta el recuerdo y la conmemoración de los difuntos. Nos acordamos de los seres queridos que murieron y pasaron ya al mundo espiritual de la vida con Dios, con los ángeles y con los santos. Ellos son nuestros santos, el apoyo y la concreción familiar y cercana de esta gran familia universal que formamos con todos los santos del Cielo, ellos nos ayudan a sentir la gloria de Dios como una realidad cercana, asequible, entreabierta, a la que podemos asomarnos sin temor, en la que tenemos ya dispuesto nuestro lugar. Rezamos por ellos, invoquemos su intercesión, entramos ya con ellos espiritualmente en las moradas de nuestro Dios.

Una consecuencia humilde y al alcance de todos sería recuperar la costumbre de leer vidas de santos. Las hay excelentes. Ellos nos enseñan a amar a Jesús y aplicar sus enseñanzas en la vida concreta de cada día, de forma sincera y eficaz. Ellos nos animan a vivir en este mundo con el corazón puesto en la vida eterna y practicando de verdad el amor fraterno que es lo que realmente nos permite ir más allá de este mundo, nos acerca a Dios y nos permite entrar ya desde ahora en la comunión de los santos.

10 comentarios

  
Carlo
¿Alguien se acuerda cuando Halloween era catolico?
Hoy a los Santos no les conoce ni Dios.Yo no se si tengo en mi biblioteca algun "librito" de esos de los años 50,de espiritualidad de los doctores de la Iglesia,pero que hoy ya no se editan.
Hoy,gracias a Dios,en la moderna Iglesia secularizada del Vaticano II,los tenebrosos santos preconciliares son unos perfectos DESCONOCIDOS hasta por los fieles mas devotos y ya no son citados ni por el cura.Es "sintomatico" entrar en una misa el dia que se celebra un santo y darse cuenta en el sermon que EL CURA JAMAS HA LEIDO NADA del venerado "santo".Ya no se conoce ni los santos de memoria obligada en el calendario liturgico.
Pienso que la religion cristiana ha SOBREINTERPRETADO la idea de la muerte.Los muertos no estan mas cerca de Dios de lo que podamos estar nosotros ahora.EL MUNDO DE LOS DIFUNTOS NO EXISTE.Y el mundo de los santos tampoco existe.Si hubiese un "mundo de difuntos" se estaria dejando de creer en la espera en los cementerios para la resurreccion de los muertos.La hora de la muerte es la indiferencia total...que nadie espere encontrarse con "seres celestiales".
Todo el mundo,absolutamente todo el mundo,vivos y muertos,justos y pecadores,buenos y malos,ESPERAMOS el dia de la resurreccion de los muertos en el mundo futuro que se acerca a pasos agigantados.
31/10/09 5:44 PM
  
Yolanda
Nuestros seres queridos, los que ya han dejado este mundo, ¿nos siguen de cerca?, ¿se ocupan de nosotros? ¿nos "cuidan" y se afectan por nuestros afanes aún terrenales? ¿les importamos?
31/10/09 8:19 PM
  
Luis López
Yolanda, estoy absolutamente convencido de que sí.

No sólo porque la Biblia abiertamente presenta a los santos compartiendo la realeza del Dios misericordioso y preocupándose de la justicia en la tierra (Ap. 3,21 o Ap. 6,10), sino porque en mi propia vida y en mis oraciones, he sentido íntimamente la presencia y auxilio de parientes santos que ya están en el Cielo. Dios es un Dios de vivos, no de muertos.

Carlo ¿Pero tú entras en Misa?
31/10/09 10:52 PM
  
Pilar Macarro
"Si pues, habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de arriba" dice San Pablo. Esta frase de Pablo siempre me caló hondo. Pienso que es un don de Dios gustar estas palabras con el firme convencimiento de que nuestra vida, adquiere su pleno sentido en la ETERNA...Y mientras tanto, nuestro esfuerzo -que tb es gracia- en tener un estilo de vida, arraigada en la comunión con Dios, con Cristo resucitado y con los santos. Verdaderamente, siguiendo las palabras de D. Fernando, "damos gracias a Dios y bendecimos su nombre, estamos alegres y somos capaces de superar cualquier sufrimiento, esto es lo que tienen que ver en nosotros y lo que tienen que escuchar de nuestros labios los que buscan sinceramente la verdad y el sentido de la vida en este mundo". Gracias -como siempre- por tan bella y profunda reflexión.
01/11/09 12:35 AM
  
jpm
Los santos nos quieren bastante más que cualquier persona que esté loca de amor por nosotros en la tierra, pues ellos nos quieren como Dios nos ama, buscando lo mejor para nosotros.
Reconforta pensar en que nos animan, nos esperan, piden a Dios por nosotros, nos allanan el camino para ir al Cielo.
Los hay de todo tipo y condición: esplendorosos, sencillos, valientes, tímidos, intelectuales, obreros, campesinos, niños, ancianos, actuales, antiquísimos. Busquemos donde busquemos, hay alguno en el que nos podemos reflejar, y, a la vez, al igual que nosostros, son absolutamente singulares, como lo somos para Dios Nuestro Señor: hijos cada uno , especiales.
!Todos los Santos y Santas de Dios, rogad por nosotros!
01/11/09 10:51 AM
  
Foix
Mi experiencia personal es que los santos están muy próximos a nosotros, nos acompañan, oran por y junto a nosotros, se preocupan por la salud de nuestra alma y por los avatares de nuestra vida. La comunión de los santos es precisamente esa cercanía amiga, ese "tomarse la molestia", ese interés por ayudar al que lo necesita y lo pide en orden a su salvación.

Algunos de esos santos llegan a ser verdaderos amigos y confidentes con los que compartes tu intimidad, tus amores y tus dolores, tus inquietudes, el complicado camino de la vida.

Leer libros sobre la vida de los santos es una sugerencia apasionante. Lástima que no sea fácil encontrar muchos; en cualquier librería religiosa encontrarás mil cosas de teología y sobre todo meditaciones y reflexiones espirituales, muchas de dudoso valor, pero hay bien pocos libros sobre la vida de los santos.
01/11/09 7:06 PM
  
Ricardo de Argentina
"Somos ciudadanos del Cielo, como dice San Pablo, hijos de Dios, herederos de su gloria. La tendencia natural, favorecida desde muchos centros de poder, es considerar esta vida terrestre como centro de nuestra vida, como aspiración suprema de nuestro deseo de vivir. La fe cristiana nos dice que no es así. Los cristianos deberíamos vivir con el corazón puesto en la vida eterna, con los ojos siempre levantados hacia el más allá de la muerte, que es tanto como decir hacia el encuentro con el Dios verdadero y nuestra convivencia con El por toda la eternidad. Este es el centro de nuestra fe y la raíz viva de toda vida cristiana verdadera."
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Monseñor, difícil es decir esto más claro y más sintético.
Lamentablemente, desde el Renacimiento hasta ahora, en algunos lugares antes (protestantismo), en otros más tarde (Hispanidad), la cantidad de almas que viven "una vida cristiana verdadera" se viene cayendo en picada.
La consecuencia es´, como Ud. bien dice, la difusión masiva de una esperanza terrenal, que está dando origen a una nueva torre de Babel, consistente en la concentración del poder (económico, político, cultural) cada vez más grande, creando estructuras cada vez más imponentes y dictatoriales, y cada vez más deshumanizadas (multinacionales, ONU, etc.). El culmen de esa ambición babélica será la "globalización", o Imperio Mundial, meta acariciada por los poderosos del mundo con inocultable ansiedad, que sumirá a la humanidad en una esclavitud tan amplia como inédita.
Personalmente, intuyo en todo este proceso muchas relaciones con las profecías del Apocalipsis.

¿Vendrá Dios a rescatar a su pueblo como en Egipto, o lo dejará perecer como en Sodoma?
Quizás todo dependa de que haya "10 justos" a la hora de la tremenda decisión.
03/11/09 3:15 AM
  
Yolanda
No sé si habrá 10. Con usted ya tenemos 1, nos falta encontrar 9. Va a ser difícil, si la medida la da Ricardo, EL HOMBRE QUE NO PECA... ;) (no te mosquees, amigo, es que aquello dejó huella perenne, es imposible de olvidar y te mereces que se te recuerde a cada paso: así vas purgando un poquito en vida tu desliz de soberbia de aquella ocasión, jeje)
04/11/09 8:56 AM
  
Manuel
Me gustaría poder decirle a Yolanda que los que hemos querido y han muerto están a nuestro lado, cuidándonos, pero la verdad es que no lo se. Puedo decir que lo creo, que lo siento, que rezo por ellos y que me siento cuidado por ellos.

Pero no se si es verdad, de una manera absoluta

Como dice Mon. Sebastián: "aceptar esto y vivir en consecuencia es la verdadera conversión, la que nos libra del poder del mal y nos permite vivir con Cristo y con los santos en comunión con Dios, santificados y glorificados por el Espíritu Santo"

Le pido a Dios más fe, una auténtica conversión, que la muerte no sea la desesperanza ya que no podré evitar que sea el dolor, la ausencia, la separación.


Alegría y Paz para todos.
04/11/09 10:40 PM
  
José María
Disculpe que le coloque este comentario fuera de tema, pero quiero hacerle llegar mi escándalo y mi dolor
Esperanza Aguirre y Gallardón han comulgado juntos, por ese orden, el Día grande de la Patrona de Madrid, en una misa en la Plaza Mayor retransmitida en directo por Telemadrid.
¿Falta de coherencia o algo más?
El hecho es este, por un lado Monseñor Camino (por primera vez desde Mons. Guerra en 1985) recuerda la excomunión a los políticos abortistas y, por otro, en vivo y en directo, el Cardenal de Madrid da la comunión, a la presidenta autonómica que más abortos subvenciona y al alcalde que más píldoras abortivas ha dado (incluso a menores sin el consentimiento de sus padres). Y recuerdo que para muchísimos (Ricardo de la Cierva entre ellos) Gallardón, el del obelisco de la Plaza de Castilla, es masón, y que Aguirre es asidua asistente a las reuniones del Club Bildeberg.
De manera similar, lo grave no es que Bono se crea católico, es que ha comulgado (incluso rosquillas en la parroquia herética de S. Carlos Borromeo, cuyos sacerdotes hacen propaganda del aborto en TV, y que depende de Mons. Rouco -el más “integrista” de los obispos conservadores españoles-) de la mano de varios obispos, con alguno de los cuales muestra públicos signos de íntima amistad
Porque no solo escandalizan los socialistas y peperos que atacan a la Iglesia por ellas, también la pública comunión de Gallardón y Aguirre, delante de Mons. Rouco, es un escándalo (por parte del obispo). Y más en el marco de esas tardías, parcas e incompletas manifestaciones
¿Ustedes lo entienden?.
Yo si, pero no me dejarían explicárselo
19/11/09 9:33 AM

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