21.04.17

Breves anotaciones sobre el fin del mundo.

Según el Apocalipsis, una vez derrotada la Bestia y el falso profeta, la historia terrena habrá terminado.[1] En ese momento, el juicio final se llevará a cabo en un instante entrando la historia en la eternidad. Todo quedará al descubierto por la luminosidad del Verbo, de modo que ya no habrá nada secreto. La conciencia del hombre será expuesta por la luz y se realizará la separación definitiva del bien y el mal. Las dos ciudades que son la ciudad de Dios y la ciudad del mundo quedarán totalmente separadas. “Entonces aparecerá la señal del Hijo del hombre en el cielo y entonces se herirán los pechos todas las tribus de la tierra y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con grande poderío y majestad. Y enviará sus ángeles con sonora trompeta y congregarán sus elegidos de los cuatro vientos desde un extremo del cielo hasta el otro extremo”.[2]

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13.04.17

Prefiguras del Anticristo en los siglos XX y XXI

Mientras el demonio es un ser personal angélico condenado por la soberbia. El Anticristo, que es su emisario individual o colectivo, es un político. De aquí que todos los políticos que ejercen un poder en contra del bien común y de la riqueza de la singularidad, para igualar todo en un orden colectivo y degradante de la cultura, son figuras del Anticristo. Estas figuras promueven el secularismo radical que consiste en el amor del mundo y el desprecio a lo sagrado.

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8.04.17

Satanás, el Anticristo y el Gran Impostor.

 

Los católicos sabemos que hay un fin de la historia temporal o terreno que coincide con la apostasía general de los últimos tiempos y que ya había sido revelada en las Sagradas Escrituras. Se trata del fin del reino del Anticristo. Porque existen dos historias, una historia de la vida que conduce a la plenitud del ser y otra de la muerte que arrastra al abismo. El asunto central es que hay un punto culminante del mal que tiene su plenitud en los niveles más altos de iniquidad. Mientras el bien tiene su plenitud en la Encarnación del Verbo, el mal tiene su punto máximo. Este mal sigue un camino opuesto al de la caridad. Y es que, así como la caridad puede crecer o decrecer en esta vida, la iniquidad también puede crecer o decrecer. Pero no olvidemos que esa historia de la iniquidad tiene un punto máximo que coincide con el último embate del mal contra el bien. El amor egoísta de sí mismo contra el amor de Dios. Se trata nada más y nada menos que del Anticristo contra Cristo.

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29.03.17

El fin de los tiempos históricos.

En su obra: “La ciudad de Dios”, San Agustín nos enseña que tanto la ciudad de Dios como la ciudad de los hombres, tienen fines opuestos. Mientras la ciudad de Dios tiene como fin la paz eterna, la ciudad de los hombres tiene como fin la destrucción. Porque en la medida en que la ciudad terrena busca el fin en sí misma, no puede sostenerse en algo que sea permanente. El error de la ciudad del mundo radica en colocar en el lugar de lo absoluto y de lo inmutable, lo relativo y mudable que conduce a la nada. De modo que mientras la ciudad de Dios se encamina a la paz que trasciende esta vida, la ciudad del mundo tiene su fin aquí. Los ciudadanos de la ciudad de Dios están en el mundo sin ser del mundo. Están en la ciudad temporal, pero sin ser de la ciudad temporal. Por eso para los ciudadanos de la ciudad de Dios, es muy importante reflexionar sobre el tiempo.

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17.03.17

Los malos cristianos y la Ciudad de Dios de San Agustín

En su libro titulado “La Ciudad de Dios”, San Agustín nos alerta del hecho de que hay ciudadanos que son de la ciudad del mundo que se encuentran infiltrados dentro de la Iglesia. Se trata de cristianos falsos que atacan el misterio de la Encarnación. Un misterio de iniquidad que lucha por la destrucción del orden de la gracia y que se ejerce con muchísimo poder dentro de la Iglesia. Como un abismo de tinieblas que lucha en el interior de cada hombre concreto.

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