Dios, en resumen (P. Édouard-Marie Gallez csj)

¿Qué o quién es “Dios”? Merece la pena reiterar algunos puntos fundamentales.

  • Dios no puede ser menos viviente que los seres vivos que vemos, ni vivir una vida inferior a la nuestra, propiamente humana, es decir, espiritual: una vida hecha de capacidad de conocer y capacidad de amar.
  • Él está infinitamente más vivo que nosotros, y perfectamente.
  • Tres siglos antes de nuestra era, el gran filósofo Aristóteles ya expuso esta perspectiva de sabiduría, principalmente en su libro Ética a Nicómaco. Así, él postuló en Dios tres “polos” de Vida, la que se reveló poco a poco en la historia de los hebreos y luego plenamente en Jesús el Cristo (o Mesías), dicen los cristianos; esto es lo que han llamado con el término bastante abstracto de Trinidad.

Los fenómenos religiosos posteriores al cristianismo han adoptado la perspectiva opuesta de esta Revelación, a veces valiéndose de una nueva revelación.

  • Aun conservando la idea de la Creación, algunos han hecho de «Dios» una especie de ídolo monolátrico, una divinidad sin vida y, por lo tanto, incognoscible, pero tiránica, que lo quiere todo y, sobre todo, quiere imponer su voluntad a los hombres bajo pena de un Infierno eterno.
  • En una dirección muy diferente, pero igualmente opuesta a la Revelación, otros han retomado la antigua idea del Gran Todo divino, añadiéndole la obligación de conformarse a las exigencias de una «Madre Tierra» o, más a menudo, la de hacer emerger a un «Dios» oculto del que cada hombre sería una emanación.

En cada una de estas dos perspectivas —la de un «Dios» tiránico y sin vida o la de un «Dios» difuso y encerrado en la realidad perceptible— se propone una especie de Salvación: por un lado, mediante la sumisión a la arbitrariedad divina, y por el otro, mediante la emancipación espiritual salvándose a sí mismo. En ambos casos, se niega la vida trinitaria en Dios.

En efecto, la Revelación trinitaria está vinculada a la perspectiva de una Salvación que no es precisamente una sumisión a una Voluntad arbitraria ni una emancipación por las propias fuerzas. La Salvación cristiana está vinculada simplemente al deseo de Dios de hacer participar a sus criaturas no, por supuesto, de Su Ser (lo que es absurdo), sino de Su Vida, y esto por un acto libre de su parte.

En su Creación, el Dios de Vida perfecta Se manifestó; por lo tanto, Él es cognoscible, pero desde lejos, como Lo percibieron Aristóteles y otros, aunque menos claramente que él.

En Su ofrecimiento de Salvación, este Dios Se abre, por así decirlo, revelándose en su Vida de conocimiento y de capacidad de amar como «Padre», «Hijo» y «Espíritu», a fin de que podamos responder libremente y tener acceso a Él. Jesús significa «Salvación» (en hebreo); y esto no es una coincidencia. Porque se necesita una Salvación.

Gozando de autocontrol y de autodeterminación —si se puede describir así la libertad—, los seres humanos, que son la cumbre de todos los seres vivos, no permanecieron en su estado de creación, vinculado a su Creador. El mal que se extendió sobre la tierra provino de su aquiescencia a las fuerzas angélicas que, creadas por Dios antes de los hombres, se rebelaron en parte al ver el resultado del plan creativo divino (del que se habla muy poco).

Así pues, era necesaria una Salvación de parte de un Dios que Se reveló como «Luz» (1 Juan 1:5) y «Amor» (1 Juan 4:7-19) —en tanto se pueda comprender esta palabra, tan desgastada hoy en día, cuyo significado más esencial es el de amistad. Por el contrario, un «Dios» tiránico u oculto no apela a la libertad humana, sino más bien a resortes humanos que son muy opuestos a la luz y al amor, aunque a veces puedan parecer tales, ya que las cosas humanas nunca son en blanco y negro.

He aquí un pequeño resumen circunstancial de la Revelación cristiana; adjetivo que, por cierto, resulta útil dada la gran cantidad de otras «revelaciones» que han aparecido en el mercado a raíz del cristianismo, a lo largo de los siglos.

P. Édouard-Marie Gallez csj

Fuente: https://www.eecho.fr/dieu-en-resume/ (con pequeñas modificaciones realizadas por el autor).

Traducción de Daniel Iglesias Grèzes


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4 comentarios

  
Sancho
El concepto de Dios creador es algo tan abstracto e inconcebible como aquello que se pretende explicar con él, puesto que no podemos concebir que algo exista desde siempre ni tampoco que surja de la nada, así como no podemos concebir que el espacio tenga un límite ni tampoco que no lo tenga.

De Dios sólo podemos saber aquello que Él mismo quiere revelarnos, procurando no dejarnos engañar por ángeles caídos, espíritus impuros, hombres sin escrúpulos o meras supersticiones, elaboradas para ayudar a mantener cierta calma ante las incertidumbres y peligros de la vida.

Está fuera de toda duda, al menos para mí, que alguien que está y se mueve por el cielo sacó a los israelitas de Egipto, dividió las aguas del mar para que pudiesen huir, los guiaba con una columna de nube de día y de fuego de noche, y los alimentó en el desierto durante cuarenta años con el maná. "Yo voy a enviar un ángel delante de ti, para que te proteja en el camino y te conduzca hasta el lugar que te he preparado" (Ex. 23, 20). También que desde la venida de Jesucristo en adelante se han producido innumerables milagros relacionados con Él, incluida su resurrección.

La pregunta que los que conocen todo eso pueden hacerse ya no es si existe el Dios de Israel, sino ¿quién es ese Dios?, porque, como dijo Jesucristo, "nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, y quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere revelarlo" (Lc. 10, 22); por lo que también el apóstol Pablo dijo: "nadie puede decir: "Jesús es el Señor", si no está impulsado por el Espíritu Santo" (1 Cor. 12, 3). La verdadera fe es un don de Dios, todo lo demás es fanatismo.
07/03/26 11:58 AM
  
sofía
Parece interesante. No sé si podrá tener alguna pega leído en detalle, pero en principio pinta muy bien.
07/03/26 12:17 PM
  
Marta de Jesús
Añadir al interesante comentario de Sancho... Si le pudiéramos comprender totalmente, no sería Dios, y nosotros no seríamos sus criaturas. Así debe ser. De ahí surge la Confianza, la Esperanza de quienes creemos y amamos.
07/03/26 3:52 PM
  
Luis López
Jamás he sido ateo, y no sólo sólo por la gracia de Dios; para mí es una cuestión resuelta por la razón, desde que era un niño y después como adulto. Tras pensar en este asunto desde siempre, y seguir hoy pensando y leyendo cosas sobre el mismo (de prestigiosos ateos y creyentes), cada vez me confirmo más en que es una actitud irracional y sobre todo soberbia asumir la existencia de nuestra vida, absolutamente contingente e innecesaria, y negar la de una causa incausada y necesaria como Dios. Que un ser contingente como el hombre (de tal complejidad biológica y espiritual) diga que no existe un ser necesario me parece un dislate. Y además -desde el punto de vista religioso- un pecado y muy grave.

Para mí, las razones definitivas de la existencia de Dios -del Ser, sin entrar en aspectos religiosos- son por una parte el hecho de que exista cualquier cosa (hasta la partícula atómica más insignificante) pues nada tiene en sí mismo la razón de existencia (decir con Bertrand Russell que existen los hechos brutos sin causa no tiene sentido alguno. El principio de razón suficiente desmonta los hechos brutos). Y segundo, que existan billones y billones de átomos en el universo (y más aún de partículas subatómicas), y que estén organizadas de modo que no sólo se expliquen por unas leyes inmutables sino que haya dado lugar a que alguien tan contigente e innecesario como yo esté pensando por qué existo. Decir que el azar + tiempo ha causado todo esto es absurdo, y decir que hay una ley estrictamente natural en la realidad que ha provocado todo este orden -llámese la evolución o como se quiera-, vuelve a plantearnos la existencia de un legislador racional.

Que Dios existe se comprueba solamente usando la razon (y sobre todo dejando la soberbia en un rincón). Que ese Dios es el Dios cristiano, usando la fe y la razón.
08/03/26 8:54 AM

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