Algunos antecedentes históricos del voluntarismo y el nominalismo modernos.
El pensamiento de Santo Tomás encontró la oposición de los teólogos medievales partidarios del agustinismo, principalmente en la orden franciscana, y también algunos en la orden dominicana o en el clero secular. Desde ya advertimos que según historiadores como Gilson los agustinianos medievales no siempre eran buenos discípulos de San Agustín y a veces estaban influenciados más bien por el filósofo musulmán Avicena.
La oposición se daba principalmente en dos terrenos: la filosofía aristotélica de la naturaleza frente a la teoría agustiniana de la “iluminación”, y el primado tomista de la inteligencia frente al primado que los agustinianos de su tiempo daban a la voluntad. Veremos solamente algunos aspectos de la misma.
En el primer punto, los agustinianos se oponían al reconocimiento tomista de la consistencia y actividad propias de lo creado, en lo que veían un atentado al teocentrismo propio de la fe cristiana. La respuesta de Santo Tomás fue que no se aumenta la gloria del Creador disminuyendo la perfección de sus obras.

Habíamos prometido un quinto “post” sobre la moción divina de la voluntad humana y cómo se puede conciliar con el libre albedrío, pero nos parece más urgente por ahora el tema que vamos a tratar aquí, si bien esperamos cumplir con aquella promesa en breve.
Parece útil ofrecer un breve resumen de lo que entendemos son algunos principios fundamentales del tomismo en esta materia, como base para toda discusión filosófica o teológica sobre estos temas.
¿Qué pensar de esta proposición: “Lo preliminar en el saber no es el problema gnoseológico: es un tema ético, de buen amor, que es como puede empezar a saberse bien”? Como decíamos en la respuesta a un mensaje del “post” anterior, hay que distinguir.