Desmontando mitos. Anselm Grün. Nuevo libro del Libro del P. Federico Highton

Hace casi catorce años asistíamos a la primera Misa del Padre Federico Highton (¡si hasta parece mentira todo lo que ha pasado desde ese entonces!).

Era una capilla pequeña en un orfelinato, con apenas un par de personas mayores y algunas niñas. Pero sabíamos que nuestro antiguo alumno, amigo y camarada, estaba comenzando un ministerio que daría que hablar; alguien que, como muchas veces nos alentamos mutuamente, buscaría por todos los medios terminar su vida o mártir, o exhausto de cansancio por predicar la verdad. Todo, menos esos obituarios aburridos y patéticos que dicen: “aquí yace Fulano de Tal: que nació tal día y murió tal otro”.

Tuve la gracia de que me pidiera predicar y la segunda gracia de guardar esa homilía que, en sus partes finales, decía:

“Por último, Padre Federico, quedan las palabras que a vos se dirigen. Esas palabras que sólo se pueden decir en el marco de una primera Misa de alguien que va a hacer mucho bien a la Iglesia si, como creo, te mantienes fiel y radical como hasta ahora.

Hacía meses que esperaba esta ordenación y ayer no pude contener las lágrimas al imponer mis manos sobre tu cabeza, mientras imploraba del Espíritu Santo el don de Consejo, ese don que ilumina la inteligencia para saber cómo obrar en cada instante.

Pero no las diré de mi boca, sino de boca de aquel santo que ha guiado gran parte de nuestro camino de formación y que hoy, providencialmente celebramos en sus primeras vísperas: San Francisco Javier.

Así decía el gran santo navarro desde Japón a sus compañeros jesuitas que se hallaban en España:

‘Venid a la misión; disponeos a buscar mucha humildad persiguiéndoos a vosotros mismos en las cosas que sentís repugnancia… y de aquí creceréis en mayor Fe, esperanza y confianza y amor de Dios y caridad del prójimo’”.

Pues hoy, más de una década después, es lo que exactamente el Padre Federico ha hecho: estar en la primera línea de misión, haciendo la opción preferencial por los pobres, los de verdad, los paganos que no conocen a Cristo y, desde allí, con un poder de concentración que hasta ahora no he visto en otro mortal, leer y refutar con sus escritos algunos temas tan fundamentales como repugnantes, sean éstos el budismo tibetano, el islamismo herético o la cábala talmudista.

Y esta vez ha entrado en las profundidades de otro tipo, el del psicologismo newageísta barnizado de catolicismo de una de las últimas vacas sagradas de la espiritualidad progre contemporánea: el monje benedictino Anselm Grün.

Hay libros que nacen para adornar bibliotecas… y hay otros que nacen para hacerlas temblar. El que el lector tiene entre manos pertenece, sin duda, a la segunda especie, haciendo con este libro lo que muchos consideran imprudente y otros directamente imposible: leer, estudiar, analizar… y luego juzgar no uno, sino decenas de las obras del monje alemán, cuyas obras han sido traducidas a más de 30 idiomas con más de 15 millones de libros vendidos.

- Perdón, ¿dijo “juzgar”?

Exacto. El padre Federico juzga -a pesar de que esa palabra cause urticaria en muchos oídos “tolerantes” de hoy. Y el fenómeno que analiza —con paciencia de cirujano y sin anestesia retórica— es uno de los más curiosos de nuestro tiempo: el éxito masivo de ciertas propuestas “espirituales” que, cuanto más se alejan de la fe católica, más parecen gustar… incluso dentro de ambientes que se dicen “católicos”.

Uno podría preguntarse: ¿pero cómo es posible? La respuesta es incómoda: porque muchas veces se prefiere una mentira agradable a una verdad exigente. Y aquí es donde este libro cumple su función: desmontar, paso a paso, una construcción que ha seducido a no pocos, mostrando sus presupuestos, sus fuentes y, sobre todo, sus consecuencias.

No se trata de una crítica superficial ni de un panfleto apresurado. Es el producto de una tesis doctoral en teología; estamos ante un trabajo serio, documentado, trabajado con ese raro equilibrio entre inteligencia y combatividad que caracterizaba a los grandes polemistas católicos de otras épocas, cuando todavía se entendía que la caridad no consistía en callar la verdad, sino en decirla a tiempo.

Pero alguno dirá que este libro es “duro”. Probablemente lo sea. Pero conviene distinguir: no es duro con las personas; es duro con los errores. Y eso, lejos de ser un defecto, es una obra de misericordia espiritual, tan olvidada como necesaria. Porque el error —especialmente en materia de Fe— no es un simple desacierto académico: es un veneno. Y si no se alerta sobre los venenos, terminamos bebiéndolos.

Y el Padre Highton, aún desde su hábitat propio de la misión, ha decidido no mirar para otro lado. Y eso tiene un costo. Siempre lo tiene. Pero también tiene un mérito: el de servir a la verdad sin negociar con la moda. Al lector le espera, entonces, un recorrido exigente pero iluminador. No encontrará aquí frases hechas ni concesiones al espíritu del tiempo, sino algo mucho más valioso: argumentos.

Y en una época que ha reemplazado el argumento por la emoción, eso ya es, en sí mismo, una forma de resistencia.

Terminemos con una advertencia —o, si se prefiere, una invitación—: este no es un libro para quien busca confirmación de prejuicios, sino para quien todavía cree que la verdad existe… y que vale la pena defenderla.

Los demás, probablemente, lo encontrarán incómodo.

Y eso, lejos de ser un problema, es una excelente señal.

P. Javier Olivera Ravasi, SE (del Prólogo)


📙 «GRUNARRANISMO»

De la Gnosis Progre-Luciferina de Anselm Grün

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15 comentarios

  
Marcelo Fernando Gerstner.
Por lo poco que he podido conocer de Grun, se trataría en principio de una mezcla de junguismo fusionado con cristianismo. Otro caso semejante de junguismo es el del psicologo Jordan Peterson. El peor error que pude apreciar de éste último consiste en tomar la Sagrada BIblia y elogiarla, pero tan sólo como el mejor compendioo de lo que Jung llama los arquetipos del inconsciente. De manera que la Revelación de Dios en las Sagradas Escrituras termina siendo reducida a nada más que un excelente o incluso el mejor compendio de experiencias humanas ancestrales condensadaas en grandes imagenes arquetípicas..En otros términos, antropocentrismo al que se le somete la Sagrada BIblia. Me da toda la impresión de que todos los que profesan admiración por Jung quedan encantados por su aparente profundidad que en el fondo no es sino naturalismo con apariencia de Verdadera religiosidad. Como siempre en estos casos,el error esté en la fusión sin distinción de los planos natural y sobrenatural. Creo que ya le he dicho al Padre Federico que con todo gusto iba a leer su libro y comentarle luego lo que me parecía. Pero una vez que terminen de calmarse estos muy tormentosos últimos meses. Por lo pronto, me parecce un gran acierto que haya escrito un libro a modo de crítica a este autor, especialmente por la enorme difusión de sus libros y la gran influencia para nada buena que genera.
21/07/26 12:10 AM
  
Marcelo Fernando Gerstner.
Recién termino de dar una primera lectura superficial al libro sobre Grun, lo suficentemente clara como para enviarle al padre Federico lo que me parecía. De manera que gracias por el aviso del libro que en principio me pareció EXCELENTE. Y no le mando la breve reseña que recién le mandé al Padre Federico porque me pareció que tal vez era un poco FUERTE. Gracias de nuevo y no se olvide de rezar por mí.
21/07/26 2:26 AM
  
Álvaro Aranda Malaver
Recién vi el vídeo del presbítero Javier Olivera Ravassi en YouTube y seguí con este artículo corto, conciso, preciso y lleno de sabiduría. Admiro al Presbítero Javier por sus aportes en la enseñanza de sana doctrina y en ejercer su labor como profeta (denunciando aquello que lesiona a la iglesia) y después de escuchar al Presbítero Federico Highton encuentro en él otro adalid de la fe, no obstante, ello les signifique oprobio y ataques a su labor de misericordia al denunciar no a la persona sino a los errores en los que ella hace incurrir a quienes leen estos libros.
21/07/26 2:30 AM
  
JSP
1. La publicación de este libro está muy bien para detectar y rechazar la herejía de Anselm Grün. Pero, lo más efectivo es la medicina espiritual de la excomunión. Pues, a este sujeto peligroso hereje que pierde con mentira y engaños almas, la del prójimo, lo conocí hace tiempo por sus herejías y sigue en sus trece: contaminación espiritual de su monasterio, lectores y camino sinodal alemán.
2. ¿Acaso hemos olvidado que existe el Dicasterio Doctrina de la Fe (DDF)? Me parece que +300 libros con herejías publicados y perdiendo almas es suficiente para echarlo. Un mes de plazo daba San Ignacio de Loyola al hereje para rectificar una vez advertido, informado e instruido. Tal vez sea hora de formular al DDF. Yo no se hacerlo, ¿pueden explicar cómo se hace o hacerlo?
3. Corrección fraterna. Se intenta convencer al hereje mediante el diálogo, la enseñanza y la explicación de la Doctrina católica (cf. Mt 18,15-17; Tit 3,10).
4. Amonestación canónica. Si la persona persiste obstinadamente en negar o dudar una verdad que debe creerse con fe divina y católica, la autoridad eclesiástica puede amonestarla formalmente.
5. Declaración de herejía. Si, después de las advertencias, mantiene obstinadamente su error, puede ser declarada hereje. El Código de Derecho Canónico define la herejía en el canon 751 como la negación o duda pertinaz, después del bautismo, de una verdad que ha de creerse con fe divina y católica.
6. Pena canónica. El canon 1364 §1 establece que el hereje incurre en excomunión latae sententiae (automática), además de otras posibles penas según la gravedad del caso. La excomunión busca mover al arrepentimiento y proteger a los fieles del error.
7. Reconciliación. Si el hereje se arrepiente, hace profesión de la fe católica y es absuelto por la autoridad competente, puede ser plenamente reconciliado con la Iglesia. La Iglesia procede con paciencia, pero debe proceder: primero instruye y corrige; solo cuando hay pertinacia (obstinación consciente) aplica las penas canónicas. Es importante distinguir entre:

- Error material: una persona sostiene una doctrina falsa por ignorancia o sin darse cuenta de que contradice la fe; no es necesariamente hereje en sentido formal.
- Herejía formal: la persona conoce la enseñanza de la Iglesia y, aun así, la rechaza obstinadamente.

Por tanto, la respuesta de la Iglesia combina caridad y verdad: busca primero enseñar y convertir; solo cuando hay obstinación aplica sanciones canónicas para proteger la Fe católica y llamar al pecador a la conversión.
21/07/26 11:34 AM
  
Tobias
Anselm Grün, muy en la línea de lo que se enseña en muchas universidades católicas aquí, en España. Véase Iscreb, y otros institutos superiores, levantados y mantenidos por el arzobispado. Este y otros autores semejantes son referentes clásicos, intocables.
21/07/26 7:09 PM
  
Ricardo de Argentina
JSP
1. La publicación de este libro está muy bien para detectar y rechazar la herejía de Anselm Grün. Pero, lo más efectivo es la medicina espiritual de la excomunión. Pues, a este sujeto peligroso hereje que pierde con mentira y engaños almas, la del prójimo, lo conocí hace tiempo por sus herejías y sigue en sus trece: contaminación espiritual de su monasterio, lectores y camino sinodal alemán.
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JSP: El papa que inauguró el CVII dijo en el discurso ad hoc, entre otras cosas, lo siguiente:
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"Al iniciarse el Concilio Ecuménico Vaticano II, es evidente como nunca que la verdad del Señor permanece para siempre. Vemos, en efecto, al pasar de un tiempo a otro, cómo las opiniones de los hombres se suceden excluyéndose mutuamente y cómo los errores, luego de nacer, se desvanecen como la niebla ante el sol.

Cómo reprimir los errores

Siempre la Iglesia se opuso a estos errores. Frecuentemente los condenó con la mayor severidad. En nuestro tiempo, sin embargo, la Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia más que la de la severidad. Ella quiere venir al encuentro de las necesidades actuales, mostrando la validez de su doctrina más bien que renovando condenas. No es que falten doctrinas falaces, opiniones y conceptos peligrosos, que precisa prevenir y disipar; pero se hallan tan en evidente contradicción con la recta norma de la honestidad, y han dado frutos tan perniciosos, que ya los hombres, aun por sí solos, están propensos a condenarlos, singularmente aquellas costumbres de vida que desprecian a Dios y a su ley, la excesiva confianza en los progresos de la técnica, el bienestar fundado exclusivamente sobre las comodidades de la vida. "
22/07/26 1:30 AM
  
Ricardo de Argentina
Ahí puedes ver, estimado JSP, como ya en ese entonces -y ha pasado más de medio siglo de esto - la jerarquía se ilusionaba en que los errores se evaporarían solos y que era hora de aplicar miel y no vinagre.
Lo que en la práctica se ha traducido en manga ancha y tolerancia infinita para las herejías, y cancelaciones y persecución ad intra para quienes las denuncien y combatan.

Hay que decirlo con todas las letras, porque creo que ya es hora: Hay un Misterio de Iniquidad que afecta a cierta parte de la jerarquía romana.
En el AT (Jeremías es un claro ejemplo) a estas claudicaciones jerárquicas se las llama "prostitución con el mundo".
Y es tan evidente que esta terrible situación no justifica la actitud cismática de los lefebristas (que la han visto y la han denunciado), como que hay que decirlo de una vez por todas alto y claro, porque es una lacerante realidad que ya no se puede ocultar.

22/07/26 1:40 AM
  
JSP
1. Ricardo de Argentina, un Papa o un monaguillo no es bueno por omitir la denuncia de la injusticia contra la Verdad. Pues, se da el pecado de omisión, el misterio de iniquidad está en uno mismo y la fe "adulta" anula la justicia de la Verdad por Caridad.
3. Un discurso no es dogma ex-catedra, ni existe ningún documento conciliar que haya suprimido la denuncia de la herejía ante Doctrina de la Fe.
4. Pero, sí es cierto que la directriz de la jerarquía eclesial ha pecado de omisión o ha evitado declarar herejes después del Vaticano II poniendo la política por encima del cuidado y salvación de las almas -desconozco si porque a lo mejor no había hoy tantos pseudocatólicos con mayor cierre de seminarios, conventos y parroquias-. Por ej. Viganó denunció la red lavanda de McCarrick & Cía, si Roma, inclusive el Papa -protegió a dos en Roma, el chileno y el de los mosáicos-, protegió esta red de pederastas es porque a lo mejor se queda San Pedro solo en Roma. Viganó fue perseguido y excomulgado. Pero, esto no quiere decir que Viganó fuera contra Cristo. Pues, hubiese ido en Su contra si ve, oye y calla. En el Juicio particular y final NS Jesucristo da a cada uno lo suyo.
5. Personas formalmente declaradas herejes por la Congregación/Dicasterio para la Doctrina de la Fe (CDF/DDF) desde el Concilio Vaticano II (1962-1965)— el número es muy reducido, y no existe una lista oficial completa publicada por el Vaticano.
Después del Vaticano II, la CDF ha preferido normalmente emitir notificaciones doctrinales,
exigir correcciones o retractaciones, retirar licencias para enseñar teología, imponer sanciones canónicas, o condenar proposiciones concretas,
antes que declarar formalmente a alguien «hereje». Pero, todos vamos a ser juzgados por nuestros actos de caridad o no-caridad.
6. Entre los casos más conocidos de intervenciones doctrinales posteriores al Concilio están:
- Hans Küng (1979): se le retiró la misión canónica para enseñar teología católica, pero no fue declarado formalmente hereje.
- Leonardo Boff (1985): sancionado por cuestiones relacionadas con la teología de la liberación, sin declaración formal de herejía.
- Tissa Balasuriya (1997): fue declarado excomulgado por herejía al no retractarse de ciertos errores doctrinales; posteriormente se reconcilió con la Iglesia.
- Jon Sobrino (2007): varias de sus proposiciones fueron censuradas doctrinalmente, pero no fue declarado hereje.
- George de Nantes: la CDF exigió retractación de errores y acusaciones contra el Concilio y los Papas, pero tampoco lo declaró formalmente hereje.
7. Ante la Verdad, si tenemos Caridad, tenemos obligación moral de denunciar al hereje. Luego, lo demás, será juzgado por Dios dando a cada uno lo suyo en la Caridad. San Ireneo escribe en su obra Adversus Haereses (Contra las herejías), III, 3, 4:
"También hay quienes oyeron de Policarpo que Juan, el discípulo del Señor, al entrar en un baño en Éfeso y ver dentro a Cerinto, salió corriendo sin bañarse, diciendo: 'Huyamos, no sea que se derrumbe el baño, pues dentro está Cerinto, el enemigo de la verdad.'" El hereje es enemigo de la Verdad, de Cristo. El discípulo amado, con gran Caridad, no relativiza, sino con el ejemplo excomulga al hereje: esto es la Tradición. El hereje es quien enseña doctrinas contrarias a la fe apostólica, entre ellas que Jesús era un hombre sobre el que descendió el Cristo en el bautismo y del que se separó antes de la Pasión, negando así la verdadera Encarnación y la unidad de la Persona de Cristo. Este relato pretende mostrar la firmeza de San Juan frente a la herejía. No se trata de una prohibición absoluta de todo contacto con los herejes, sino de un gesto simbólico que expresa el rechazo a las doctrinas que corrompen la fe. El mismo San Juan escribe en su segunda carta: «Si alguno viene a vosotros y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa ni le saludéis; porque quien le saluda participa en sus malas obras» (2 Jn 10-11).
Y San Pablo exhorta: «Después de una y otra amonestación, evita al hombre hereje.» (Tito 3,10).
Por tanto, la tradición patrística presenta a San Juan como un modelo de caridad unida a la verdad, rechazando toda comunión con la herejía sin dejar de buscar, cuando fuera posible, la conversión del hereje.
22/07/26 1:15 PM
  
Marta de Jesús
Me parece interesante la aportación de Ricardo de Argentina. De los excesos/errores en la aplicación justicia, que cuando deja de ser justa ya no es tal; a los excesos en la aplicación de la misericordia, que cuando deja de ser realmente misericordíosa ya no se la puede considerar realmente compasiva, convirtiéndose simplemente en un barra libre de pecado obligatorio. El error es simplemente error. Opuesto a la Bondad de Dios. Jesús hoy por hoy habría llamado hipocritas a los falsamente misericordiosos y tolerantes, que simplemente emplean esas palabras para justificar pecados y obligar a cometerlos, como si estos fueran un bien; y no las aplican ante quienes nos negamos, como si fuéramos la mayor escoria del universo. Con esto no digo que no existan las personas verdaderamente misericordiosas. Pero no son aquellas que bendicen pecados y favorecen su extensión por el mundo. Son aquellas que corrigen con amor. Que muestran el Camino al Cielo, el estrecho, el único. Ese desprecio por parte del mundo no nos ha de sorprender. Pero al sufrirlo también desde dentro de la propia Iglesia, duele más. Dios nos consuele y nos guíe.

Los grandes elegidos de Dios tuvieron en común su gran humildad, a pesar de sus vidas tan diferentes y de haber vivido en momentos tan dispares de la historia. Todos cometieron algún error, incluso muchos; todos vivieron inicialmente una resistencia a la llamada; todos sintieron lo que les tiraba hacia abajo,... Pero los auténticos seguidores de Dios no permanecieron ciegos ni ante la llamada ni ante sus caídas. Afrontaron el reto. Lloraron sus errores. Quizá el mundo, al ir de un lado a otro, hace que nosotros como Iglesia nos veamos también zarandeados. Simplemente hemos de vivir el tiempo presente, sin estar tan obsesionados con el pasado, como si estuviera exento de fallos. Por favor no vayan por ahí.

Sigo diciendo que el CVII nos libró de una especie de fariseísmo mosaico. Había que estar en el mundo. No podíamos quedarnos al margen. Pero en las aguas tormentosas y profundas nos vimos en otro gran peligro, el de dejarnos arrastrar por el mundo en otra especie de fariseísmo, uno adámico. De la obligación de no pecar, a la obligación de pecar. El delicado equilibrio entre el rechazo al pecado y la compasión ante el pecador, no está ni en uno ni en otro. Estamos sufriendo lo que siempre se llamó paganismo, pero colándose en la fe, aderezado de culturas orientales, ideologías, modas...

Todo ha de cumplirse y se está cumpliendo. Confiar en Dios. Él ya venció. Solo hay que apostar a caballo ganador. Lo que venga, sea lo que sea, será por Bien de quienes le Aman.

Respecto al libro, todo lo que sea para desmontar errores desde la Caridad cristiana (el Amor puro que solo desea el Bien del Otro, Su Salvación), bienvenido sea. Cristo vuelve.
22/07/26 3:17 PM
  
Ricardo de Argentina
JSP:
Al punto 1. no te lo entiendo.
3. Es verdad que el Discurso Inaugural no es un documento conciliar propiamente dicho. Como también es verdad que en ese discurso están contenidas las directrices de lo que luego se llamó "el Espiritu del Concilio", que tantísimo mal hizo a la Iglesia.
Y es verdad también que de alguna manera ese discurso marcó la impronta del CVII, pues las dichas directrices inspiraron las argumentaciones y las embestidas del grupo llamado progresista, que obligaron a soluciones de concenso con el grupo conservador que resultaron irremediablemente ambiguas y por ende, alejadísimas del "Sí sí No no" de NSJC.

Ese (mal)"Espíritu del Concilio" fue el que determinó la realización concreta del CVII en las décadas posteriores.
O dicho de otra manera: se utilizaron los textos conciliares para hacer cosas que no estaban en dichos textos.
Pero que sí estaban implícitamente contenidos en el Discurso Inaugural.
O sea que lo que el sector progresista no pudo imponer en los textos del CVII, lo impuso en la práctica posterior, incluso negando parte de los mismos textos que invocaba.

Como todas estas cosas (que ofenden a Cristo y por lo tanto resultan increíbles para quien las viera desprevenidamente) hubieran resultado imposibles sin que una buena parte de la alta jerarquía se involucrara y las fogoneara, a mí no me queda más opción que suponer que el Misterio de Iniquidad está sobrevolando sobre Roma.
22/07/26 3:47 PM
  
JSP
1. Ricardo de Argentina le aclaro el 1er punto. La Tradición católica entiende por misterio de iniquidad:
- La acción de Satanás, que busca apartar a los hombres de Dios.
- La propagación del pecado, la herejía, la apostasía y el rechazo de la verdad revelada.
- Una realidad espiritual que prepara la manifestación del Anticristo, el "hombre de la iniquidad" del que habla el mismo capítulo (2 Tes 2,3-12).
2. San Agustín explica que este misterio es la obra escondida del diablo en el mundo, mientras que Santo Tomás de Aquino comenta que consiste en la actividad secreta de los falsos maestros y de quienes se oponen a Cristo antes de la manifestación del Anticristo.
3. El Catecismo de la Iglesia Católica, en los números 675-677, enseña que antes de la segunda venida de Cristo la Iglesia deberá pasar por una prueba final, caracterizada por una gran apostasía y un engaño religioso que ofrecerá soluciones aparentes a los problemas humanos a costa de abandonar la verdad de Dios. Ese contexto está estrechamente relacionado con el "misterio de iniquidad".
4. Por tanto, esa supuesta fe adulta = espíritu del Concilio de "nuestro tiempo", en que desde el Papa al monaguillo omiten por "bondad" la denuncia de la injusticia contra la Verdad: la propagación del pecado, la herejía, la apostasía y el rechazo de la verdad revelada. Pues, se da el pecado de omisión, el misterio de iniquidad está en uno mismo y la fe no obra en la Caridad en Cristo. Dicho de otra forma, es el enfriamiento de la Caridad en nosotros porque actúa el misterio de iniquidad en nosotros que ante el hereje y sus herejías no actúa para el cuidado y salvación de las almas, sino que lo deja estar. Y por esto se le llama al Papa o católico "bueno".
22/07/26 7:39 PM
  
JSP
¿Por qué no ha habido una condena oficial?

1. Hay que denunciar la injusticia contra la Verdad: la propagación del pecado, la herejía, la apostasía y el rechazo de la verdad revelada; ante el DDF. En caso contrario, no tenemos Caridad, y como dice San Pablo: sin Caridad no somos nada.
2. Pues, si el DDF no actúa de oficio por omisión por la fe adulta, primaveral, conciliar, sinodal, etc., debemos denunciar para que se de un juicio oficial del Magisterio. No es suficiente con publicar un libro.
3. De las herejías de Anselm Grün:
- Psicologización del Evangelio: Grün interpretaría los relatos bíblicos desde categorías psicológicas inspiradas en Jüng, de modo que el sentido espiritual o terapéutico desplazaría el sentido histórico y salvífico.
La Iglesia admite diversos sentidos de la Escritura (literal y espirituales), pero el sentido espiritual nunca puede negar o vaciar el sentido literal e histórico (CEC 115-119; Dei Verbum, 12). Si una interpretación redujera la Resurrección a una mera "curación interior" o los milagros a símbolos psicológicos, sería incompatible con la fe católica.
- La historicidad de la Resurrección: el núcleo de la fe cristiana es la resurrección real de Cristo (1 Cor 15). Si alguien sostuviera que la Resurrección fue únicamente una experiencia psicológica de los discípulos o un símbolo de renovación interior, contradice directamente la enseñanza apostólica y el Magisterio. Grün presenta en sus obras literarias, conferencias y prédicas interpretaciones psicológicas junto a la interpretación tradicional; se pueden citar sus textos para examinar y valorar el nivel de su herejía: contra dogma de fe.
- Demonio y pecado: Grün sustituye la realidad del demonio por la noción junguiana de la "sombra".
El Catecismo enseña que Satanás y los demonios son seres espirituales personales (CEC 391-395; 2851-2852). Asimismo, el pecado es una realidad moral que rompe la comunión con Dios (CEC 1849-1851). Si el mal quedara reducido a un conflicto psicológico interior, ello sería incompatible con la doctrina católica. Grün reduce el pecado a la "sombra" psicológica de la persona, lo que es contrario a la doctrina católica, que entiende el pecado como una realidad moral y espiritual, una ofensa a Dios y un acto libre contrario a su ley (CEC 1849-1851).
- Cristo y la libertad: Grün desplaza el centro del Evangelio desde la redención obrada por Cristo hacia la autorrealización psicológica. El NT presenta la libertad cristiana como fruto de la gracia y de la filiación divina (Jn 8,36; Gal 5,1; Rom 8,15-17). Si la libertad se definiera exclusivamente como integración psicológica del yo, sin referencia a la gracia y a la salvación en Cristo, es una radical diferencia doctrinal importante contrario al dogma católico.
- Jung y la "sombra": es incompatible con la espiritualidad cristiana la integración de la "sombra" junguiana cuando ello implique aceptar el pecado o lo demoníaco como elementos que deban integrarse en la personalidad. Desde la doctrina católica, el cristiano está llamado a combatir el pecado con la gracia, no a reconciliarse con él. Grün va en contra de la propia Psicología, porque reconocer los aspectos oscuros de la personalidad no equivale necesariamente a justificarlos. Por eso es importante distinguir entre el uso de una categoría psicológica y la afirmación de una tesis teológica.
- Homosexualidad: Grün afirma que debemos evitar ver la homosexualidad como un pecado. Hay que precisar qué entiende por "homosexualidad". La doctrina católica distingue entre: la inclinación homosexual, que no es en sí misma pecado (Catecismo 2358) y los actos homosexuales, que el Catecismo 2357 califica de "intrínsecamente desordenados" y que "no pueden recibir aprobación en ningún caso". Si se refiere a la inclinación, puede armonizarse con el Catecismo; si niega que los actos homosexuales puedan ser pecado, entraría en contradicción con la enseñanza constante de la Iglesia.
- Confía en tu fuerza interior: si significa que la salvación procede de un principio interior autónomo, independiente de Cristo y de Su gracia, entonces se acerca a planteamientos incompatibles con la doctrina católica.
- Modernismo: Grün está dentro de la corriente hereje "modernista". Históricamente, el modernismo condenado por Pío X en Pascendi Dominici Gregis se caracteriza por someter la fe revelada a criterios filosóficos o subjetivos que terminan relativizando, negando, los dogmas católicos.
4. Por supuesto, para aplicar la categoría de hereje a un autor concreto requiere un examen detallado de sus escritos y no puede hacerse únicamente por analogía. De ahí la importancia de que se pronuncie oficialmente el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, que es el órgano competente para emitir un juicio doctrinal auténtico en nombre de la Iglesia.
22/07/26 8:39 PM
  
Ricardo de Argentina
JSP, sí, es tal cual dices: el "buenismo" católico es relajación, permisividad, herejía y claudicación ante el mundo, el demonio y la carne.
Los buenistas y los de su laya se defienden de los que no claudican calificándolos de "integristas", "rígidos", "intolerantes", "faltos de caridad" y hasta de tener "cara de pepinillos en vinagre".
Entonces les hacen la vida imposible, ellos, los "buenos", echándolos de sus parroquias, de sus obispados y hasta de sus sedes cardenalicias. Cuando no sancionándolos hasta incluso llegar a reducirlos al estado laical. Y en no pocos casos infamándolos con denigrantes acusaciones falsas.
22/07/26 9:27 PM
  
franciscus
Es el tipo de clero heterodoxo -quizá en el punto más extremo- que ha podido proliferar a sus anchas después del Conilio pero, eso sí, "en plena comunión", es decir, con la estampilla del Vaticano.
23/07/26 5:59 PM
  
Carmen L
Y a mí me lo mostraron unas carmelitas que visité hace ya 10 años, como material de estudio, del que estaban encantadas. Cambiando a la santa reformadora del Carmelo por ese loco. Y así cuántos monasterios y de cuántas órdenes andarán extraviadas, con el hereje. Pero quiénes son los directores espirituales que tal permiten.
24/07/26 5:41 AM

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