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24.08.21

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - La Gloria en paracaídas (El Reino) –5– Que estés, está ya, con nosotros

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

La Gloria en paracaídas (El Reino) –5– Que estés, está ya, con nosotros

 

“Planta tu tienda entre nosotros. Oigas lo que oigas de los hombres, todos a una te vienen a decir lo que te aman en la antigua y siempre nueva nostalgia de la felicidad. Que el ‘tu reino venga a nosotros’, te llegue como una voz con mucha hambre y como lo sientas Tú: es como una sensación de himno que reconoce y canta tu generosidad o como el cohete que ya en la víspera anuncia ese festejo que es tu presencia entre nosotros. ¡Si ya estás conmigo entre ellos, Padre…!” (Mesa redonda con Dios, 216)

 

 Seguimos con este texto perteneciente al capítulo “Dios al volante” en el que el Todopoderoso está más cerca de sus hijos que nunca porque cae, digamos, como dice el título de esto, “en paracaídas”. 

Este texto del Beato de Linares (Jaén, España) es verdaderamente redondo. Y no lo decimos porque le haya salido perfecto (que también) ni porque sus palabras estén acertadas (que también) Lo decimos porque empieza como acaba o acaba como empieza (al menos en intención y voluntad expresada por Lolo) si ustedes nos entienden no siendo esto ninguna especie de trabalenguas ni nada por el estilo. ¡Ah!, y entre el comienzo y el final toda una serie de verdades espirituales que no tienen desperdicio alguno sino, al contrario, que son aprovechables y más que aprovechables. 

Vayamos, por tanto, al meollo de todo esto. 

Estamos dedicando unos artículos al capítulo de “Mesa redonda con Dios” (obra escrita de Lolo) de título “Dios al volante” y, dentro del mismo, al apartado que tiene un nombre bien curioso pero que está, como todos, todos, los de Manuel Lozano Garrido, perfectamente puesto. Y es que, en efecto, lo que pasa es que “La Gloria en paracaídas” (que es el título del apartado al que nos referimos) cae sobre los hijos de Dios. Así se sencillo. Y eso lo dice de muchas formas y se acerca al Creador y a nosotros, su descendencia, de las misma forma. 

Esto lo decimos por eso del principio y del final de este texto: quiere Lolo que Dios ponga su tienda entre sus hijos (al igual que lo hizo en tiempos antiguos de la Antigua Alianza con el hombre) pero acaba diciendo que ya está entre nosotros. ¿Es esto una contradicción? 

A esta pregunta decimos que no. Se trata, más bien, de la expresión de una voluntad y de la constatación del cumplimiento de tal voluntad. Y en medio… 

Es cierto que eso es lo que quiere Lolo pero también sabe que Dios, que todo lo conoce, sabe más que bien cómo somos sus hijos. Y por eso, antes que nada, quiere nuestro amigo de Linares disculpar, quizá disculparse si así se cree también incluido en el grupo de los hijos de Dios, la forma de ser de la descendencia del Todopoderoso. Sí. Y es, que seamos como seamos nosotros, quiere Lolo que Dios esté aquí mismo, no lejano o como un Creador fuera del alcance de su Creación sino al contrario: aquí, aquí, aquí mismo. 

Al fin al cabo, cuando creemos que somos felices (y seguramente muchas veces lo seamos) es a Dios a quien le debemos la felicidad. Por eso habla Lolo de la felicidad efectiva, la que gozamos en determinados momentos, y la “nostalgia” de la misma o, lo que es lo mismo, cuando nos acordamos de que fuimos felices. Y ahí está el agradecimiento del hombre hacia su Padre Eterno. Y entonces, Dios está en efecto entre nosotros, por si no nos habíamos dado cuenta. 

Entonces acude Manuel Lozano Garrido a una parte de la oración que Cristo enseñó a los ávidos de acercamiento a Dios. Ellos querían saber y, entonces, no les enseñó una oración larga o estropajosa de decir o aprender. No. Les enseñó el Padre Nuestro que es oración no muy extensa pero, sobre todo, muy fácil de entender y aplicarse a la vida de uno mismo. 

Pues bien, dice Lo que quiere que el Reino de Dios, cuando le pedimos que venga a nosotros, en efecto, sea tenido por el Creador como una petición de alguien que tiene “hambre” de Dios, que lo quiere cerca y que le pide, le pide y le pide, que su Reino venga al mundo y, a ser posible, se quede para siempre pues ya vino una vez y lo mataron los hombres que no sabían lo que hacían… 

De todas formas, nosotros reconocemos que Dios es generoso, más que generoso, con una descendencia que tantas veces se muestra desagradecida con Quien lo creó y mantiene. Y por eso que “tu reino venga a nosotros” es algo así como aquello que nos une a todos bajo la bandera de la fe y la creencia en Dios Todopoderoso. Y lo hacemos, al decirlo, ruego, esperanza, Luz que queremos que venga aún sabiendo, como nos dice Lolo que, en realidad, aquí ya está. Aquí y ahora mismo.

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

17.08.21

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - La Gloria en paracaídas (El Reino) –4– Dios, cerca, cerca, cerca.

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

La Gloria en paracaídas (El Reino) -4– Dios, cerca, cerca, cerca

  

“Pero tu Reino no está lejos o, si lo está, no resulta tan inasequible, desde que has plantado en nuestro erial la flor de tu esperanza. ¿Quién te ha visto murallas, fronteras o puertas retrancadas? ¿Quién te dijo asentado sobre un lugar inasequible? ¿En qué sitio no hay un hueco en el que Tú no puedas meter una semilla?” (Mesa redonda con Dios, 215)

 

Seguimos con este texto perteneciente al capítulo “Dios al volante” en el que el Todopoderoso está más cerca de sus hijos que nunca porque cae, digamos, como dice el título de esto, “en paracaídas”. 

Pues bien, en determinadas ocasiones se plantea la pregunta de como podemos confiar en Dios y, en definitiva, si está cerca o lejos de nosotros, sus hijos. Y el Beato de Linares (Jaén, España) muestra lo equivocados que estamos muchas veces. 

Es cierto y verdad que podemos creer que Dios está lejos. Sin embargo, nuestro Creador siembra en nosotros una semilla que determina que es justo al revés la verdad: la esperanza. 

Como tenemos claro (es una general de la fe cristiana), no cabe desesperación que no sea pecado en el creyente cristiano, aquí católico. Y eso es así porque caer en la misma es hacer de menos a Quien todo provee que no es otro que Dios mismo. Entonces, es verdad que podemos creer lo que queramos creer (para eso el Todopoderoso nos ha dado libertad) pero, en el fondo, sabemos (debemos saber y no podemos hacer otra cosa) que en nosotros radica la esperanza y siempre, por tanto, podemos abocarnos a Dios. 

Dice Lolo que nosotros somos un “erial”. Y, en fin, conociendo cómo somos, es bien cierto que lo somos. Y lo somos porque muchas veces no regamos con fe nuestro campo donde Dios ha de sembrar las semillas de la vida eterna y, claro, no acaba fructificando. 

En realidad, a pesar de ser, eso, un erial, el linarense universal plantea una serie de preguntas que tienen todo que ver con la confianza que debemos tener en Dios y en su presencia en nuestro corazón. 

¿Dios pone obstáculos a nuestro acercamiento?

¿Está Dios lejos de nosotros? 

¿Dios todo lo puede? 

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10.08.21

Beato Manuel Lozano Garrido - “Lolo, libro a libro”- Dios perdona y construye desde nuestra nada

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

La Gloria en paracaídas (El Reino) –3 – Dios perdona y construye desde nuestra nada

 

“Eres, Señor, de un azul destacado por estrellas y lo que entre nosotros domina son las piedras, pero Tú no nos desechas, porque de una dureza se pueden hacer unos cimientos, donde levantar un muro y construir una morada. Nuestro solar, Bueno Dios, para que Tú nos hagas esa América que nunca por sí pudiéramos alcanzar.” (Mesa redonda con Dios, p. 215)

 

¡Qué bien conoce Lolo la diferencia existente en Dios, Creador nuestro, y nosotros!

Para Manuel Lozano Garrido el Señor vendría a ser como un cielo azul que es cuando consideramos, y decimos, que hay “buen tiempo”. Dios, pues, es para nosotros ese buen tiempo que llena con su Amor y que con su Amor ama a sus hijos.

Cuando el cielo está azul sabemos que no hay nubes que lo enturbien. Y eso ha de ser Dios para nosotros: un cielo donde nada estropea un tiempo así. Y si, además, hay estrellas que iluminan la noche… en fin, como se diría en la Santa Escritura, es como miel sobre hojuelas o, lo que es lo mismo, lo mejor sobre lo bueno. Y así es Dios, según el Beato de Linares (Jaén, España)

Nos dice Lolo, conociendo la naturaleza del hombre, que en nosotros predominan “las piedras”. Y eso ha querer decir muchas cosas como, por ejemplo,

-que tenemos el corazón demasiado duro, como un piedra,

-que nosotros mismos nos ponemos piedras en el camino,

-que también somos excesivamente duros con nuestro prójimo.

Nosotros, en efecto, somos piedras o, mejor, en nosotros predomina tal forma de ser porque tampoco podemos afirmar que siempre seamos así. Pero sí, una forma generalizada de comportarnos es, eso, siendo “piedras” en el sentido que creemos que eso significa.

A pesar de eso, de que en nosotros domine tal forma de ser, nos dice Lolo que Dios no nos rechaza. Dice a Dios que Él no nos rechaza pues ya sabemos qué haríamos nosotros en caso de que alguien se nos presentara de tal guisa, en forma de “piedra” del corazón…

Es más, no es que no nos rechace Dios (que ya es bastante) sino que aprovecha de lo malo que tenemos, además, para construir algo bueno y/o mejor. Y es que sí, eso duro que muchas veces somos, a partir de eso, el Creador (que todo lo puede) puede servirle al Señor para elevar una casa donde poder morar y sobre tal casa espiritual, en fin, poder ser muy a pesar de cómo somos, de tales “piedras” de las que habla el linarense universal.

Eso sí, debemos tener confianza absoluta de que Dios es capaz de hacer en nosotros lo que sus hijos no somos capaces de hacer. Y es que, como bien dice Lolo, somos como un “solar” o, lo que es lo mismo, como sobre lo que se puede construir y hacerlo, así, mejor que sin la colaboración del Todopoderoso.

Podemos decir que tan necesaria es la confianza que debemos tener en Dios que sin Él, como bien sabemos, no podemos hacer nada y por eso mismo es totalmente necesaria la intervención del Creador que todo lo hizo y mantiene. Así, como dice Lolo, podremos alcanzar el Cielo que, nosotros creemos, es la “América” de la que habla nuestro amigo: siempre confiando en Dios, tal debería ser nuestro lema de vida y serlo para siempre y siempre. 

Es verdad que Dios nos perdona y, aunque eso haya quien no lo crea, prefiere que no volvamos a pecar pero sí, nos perdona no sin olvidar (no puede del todo) que debemos contraponer al pecado una pena y, en efecto, la mayor de todas es sabernos alejados de Dios pues a eso llamamos, también, infierno.

 

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

3.08.21

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - La Gloria en paracaídas (El Reino) –2 – Ansia de Dios, Padre.

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

La Gloria en paracaídas (El Reino) –2 – Ansia de Dios Padre

 

“Y, sin embargo, ¡qué sed, qué sueño y qué felicidad de Ti! No es lo malo morir, que ha de ser un día más o menos lejano, sino vivir sorbidos desde tu felicidad o atronados por tu llamamiento y tener que caminar como las tortuguitas, con su carga a cuestas, con su carga a cuestas y el paso lento y cansino.” (Mesa redonda con Dios, 215)

 

Seguimos con este texto perteneciente al capítulo “Dios al volante” en el que el Todopoderoso está más cerca de sus hijos que nunca porque cae, digamos, como dice el título de esto, “en paracaídas”. 

Como reconoce el Beato de Linares (Jaén, España) es difícil, por según cómo somos, alcanzar el corazón de Dios. Sin embargo, lo que no cabe la menor duda es que sí es posible tener algo que a nadie se nos puede negar: ansia del Padre. 

Como pasa, por lo general, con los santos y personas especialmente fieles y devotas, y sin confundir lo que eso significa de cara a su vida y existencia en el mundo, existe un ansia de Dios que va tan más allá del más acá que se manifiesta en querer estar cerca de Dios, pero cerca y más que cerca. Y ejemplo de esto es el tan conocido “muero porque no muero” aunque, decimos, no hay que equivocarse al querer entender esto como la manifestación de un querer “quitarse de en medio” para estar con Dio pues eso no es ni permitido por el Creador ni debe ser querido por ningún hijo suyo. 

Buenos, pues una vez aclarado esto, digamos que Lolo dice que tiene esto refiriéndose a Dios al ansiar querer su cercanía

 

1. Sed 

2. Sueño 

3. Felicidad

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27.07.21

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” – 1- La Gloria en paracaídas (El Reino)

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

La Gloria en paracaídas (El Reino)

 

 

“¿Hay, Padre, algún hombre que de por sí pudiera alcanzar tu corazón y, todavía más, merecerlo? Cada distancia, desde el esfuerzo personal, ¿no es como si cada cual quisiera remontarse por una cuerda de nudos? ¡Ahondar en ti, para verte, como el lugareño para contemplar el gran coto de caza desde la empalizada de su indignidad como los novios que, en la promesa de su dicha, ya muy inmediata, dan a vista un ajuar que sólo ellos han de disfrutar” (Mesa redonda con Dios, 215)

 

Otro capítulo de este especial “Dios al volante”. El título es más que significativo pues nos muestra la Gloria de Dios muy cercana, que cae sobre nosotros, sus hijos y, además, que es el Reino, el de Dios, el definitivo que llamamos Cielo por no tener mejor palabra para definir la Bienaventuranza y la Visión Beatífica. 

En realidad, en las primeras palabras que Lolo nos dice se escucha el eco del Salmo 14 que dice: “Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda y habitar en tu monte santo?” Para luego responder: “El que procede honradamente y practica la justicia, el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua” Y así sigue un rato este Salmo que tiene como objetivo, en definitiva, conducir el ser de los hijos de Dios para que puedan, eso entrar en Su tienda. 

Por eso decimos que el Beato de Linares (Jaén, España) pregunta lo que pregunta pero lo hace conociendo la naturaleza del ser humano, incluso, creyente. Y dice “algún” porque a lo mejor no hay, siquiera, nadie que pueda alcanzar el corazón de Dios sin limpiar antes el alma… 

El caso es que ni en esto, sobre todo en esto, Dios abandona a su prole. Y es que nos habla Lolo de alguien que, para alcanzar el corazón de Dios hace uso de una “cuerda de nudos”. Y esto ha de querer decir que sería muy diferente, haciendo uso de tal imagen espiritual, querer alcanzarlo utilizando una cuerda “lisa” y sin nudos pues cualquiera sabe que es mucho mejor tener el nudo apoyarse en él y no la escasa ayuda que proporciona una cuerda que no los tiene… Y nosotros creemos que los nudos son las gracias, dones y regalos que Dios ofrece a sus hijos para que sean aceptados y, luego, haga uso de los mismos. Así resulta más fácil tratar de alcanzar el corazón de Quien nos ha creado.

Pero también se nos ofrece otra posibilidad: se ha alcanzado el corazón de Dios pero queremos ahondar en el mismo. Y entonces Lolo nos ofrece dos imágenes. 

En una de ella nos vemos como aquel que se saber indigno de un goce así. Y es algo parecido al publicano que reconocía que lo era ante Dios y así lo decía. Y, entonces, ver al Creador con humildad, desde nuestra obligada humildad pues nada somos ni debemos creernos nada más, ni menos, que hijos suyos. 

Es verdad que eso lastra mucho nuestra visión de Dios. Es decir, por mucho que el Todopoderoso se nos ofrezca como es o, por decirlo pronto, tan bueno y misericordioso como es, no son pocas las ocasiones en las que no queremos sentirnos indignos pues eso afecta mucho a nuestro “ego” y no queremos darnos cuenta, precisamente, de lo indignos que somos…

Pero no podemos dejar de reconocer que la imagen de los novios que pronto dejarán de serlo para contraer matrimonio tiene una fuerza más que especial. 

Esto lo decimos porque en tal relación hay mucho de esperanza y mucha ansia por el porvenir, por el qué será de sus vidas. Y es que ellos se saben dichosos y tal dicha fomenta en sus corazones el don preciado del amor y por el miso se conducen sus existencias. 

En realidad, creemos que Lolo nos está diciendo que el goce de acercarnos a Dios es algo más que personal, muy nuestro y muy particular pues el Creador es uno que lo es Dios personal. Por tanto, alcanzar su corazón no es cualquier cosa sino la forma más directa de sabernos hijos y de creer que todo esto es cierto y es verdad. 

Ciertamente, la Gloria de Dios cae sobre nosotros para fundamentar nuestra existencia con un fondo perfecto de Amor y misericordia. Y es lo que debemos aceptar.

 

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.