Venerable Marta Robin – Otro año para la Venerable francesa

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

             Resultado de imagen de Journal. Décembre 1929, Novembre 1932

Por eso, nos vamos a acercar a su obra espiritual a través del contenido del libro “Journal. Décembre 1929, Novembre 1932) publicado en 2013 por Editions Foyer de Charité y que recoge, como su nombre indica, el contenido del Diario íntimo y personal de la Venerable Marta Robin entre las fechas que se indican en el título del mismo.

Venerable Marta Robin – Otro año para la Venerable frances

 

Que uno recuerde, hace casi seis años que vengo escribiendo sobre la Venerable francesa Marta Robin, a la sazón hermana nuestra en la fe y muy dada a la oración, al sufrimiento y al creer de verdad y con franqueza.

Repasando los artículos escritos a partir de textos suyos me tengo que remontar al año 2015 cuando escribí, en la “Serie oraciones-invocaciones” un artículo al que titulé “Un amplio y gozoso Pentecostés” porque trataba la oración de Marta sobre un tema tan espiritualmente gozoso como es el que contiene tal cita y fecha en el calendario espiritual. Entonces decía, al respecto de esto:

“Señor, renovad vuestro primer Pentecostés. Conceded, Jesús, a todos vuestros queridos sacerdotes la gracia del discernimiento de espíritus, colmadlos de vuestros dones, aumentad su amor, haced a todos valientes apóstoles y verdaderos santos entre los hombres.

Espíritu Santo, Dios de amor, venid como un viento potente, a nuestras catedrales, a nuestras iglesias, a nuestras capillas, a nuestros cenáculos, a las más lujosas mansiones como a las más humildes moradas. Llenad la tierra entera de vuestra luz, de vuestros consuelos y de vuestro amor. Venid, Espíritu de amor, traed al mundo el frescor de vuestro soplo santificante. Envolved a todos los hombres con el fulgor de vuestra gracia. Arrastradles a todos en el esplendor de vuestra gloria.

Venid a reconfortarles en este presente tan cargado de angustia, iluminad el porvenir incierto de tantos, reafirmad a aquellos que titubean también en los senderos divinos. Espíritu de luz, disipad todas las tinieblas de la tierra, guiad a todas las ovejas errantes al divino redil, traspasad las nubes con vuestras misteriosas claridades. Manifestaos a los hombres y que ese día sea el anuncio de una nueva aurora. Llenad todos los corazones de vuestros dones múltiples y preciosos. Fruto divino de la inmolación del Calvario, prenda magnífica de las promesas de Cristo. Espíritu divino, fuego de amor, gozo que sobrepasa toda la plenitud, luz que ahuyenta las más lamentables oscuridades, inspirador de toda alabanza, Espíritu de la Verdad, poned en todas las almas el gusto de las cosas santas, hacedlas penetrar en las profundas bellezas de vuestras misteriosas moradas. Que entren en el reino secreto de los misterios divinos según la promesa del Verbo, y su vida, totalmente transformada, transfigurada, divinizada en Cristo, alcanzará una fuerza infinita por el valor mismo de vuestras divinas riquezas.

Divino consolador de nuestras penas, encanto precioso de fecundas soledades, animador de todas nuestras alegrías, germen sagrado de toda vida espiritual, extended sobre todo el universo vuestra inmensidad. Llenad el mundo de vuestra plenitud. Absorbed nuestra sustancia humana en el misterio de vuestra amistad divina, imprimid en los corazones el sello de las promesas del Padre, despejad toda sombra de nuestras frentes, poned sobre todos los labios la embriaguez del cáliz de Jesús y pronto toda una cosecha de santos saldrá a la luz.”

 

esto que sigue:

“Esta oración es, sencillamente, luminosa o, mejor, sencilla y luminosa. Con ella nos acercamos a una voluntad expresa de querer atraer al mundo el amor de Dios a través de su Espíritu Santo.

El ansia de renovación del espíritu se manifiesta en una voluntad de petición a Dios acerca de la importancia que tiene que aquel momento en el que Jesús envío al mundo a sus discípulos se renueve. Es más, que nunca cese de renovarse.

No es, tal voluntad, una que se expresión de voluntarismo sin sentido sino que tiene unas sólidas razones de fe que minuciosamente se expresan aquí.

Así, por ejemplo, pide por los sacerdotes (un gran amor de Marta Robin) porque los necesitamos santos y, por eso mismo, los necesita, los necesitamos valientes porque de su valentía se deducirán grandes beneficios espirituales. Y, para eso, es más que necesario que aquel espíritu inicial del primer Pentecostés se renueve constantemente porque ya podemos imaginar qué pasaría por el corazón de aquellos que veían alejarse a Jesús y que sabían que tenían una misión que cumplir.

Pero también pide, pedimos, con esta oración para que el Espíritu Santo sea consuelo en las tribulaciones por las que pasa la humanidad y por las que, personalmente, podamos estar pasando. Y le pedimos gracia y gloria porque sabemos que nos son necesarias para caminar hacia el definitivo Reino de Dios.

Por otra parte, esta oración abunda en gozosas palabras alabando al Espíritu Santo. Y no es poco lo que se dice y no menos lo que merece la Tercera Persona de la Santísima Trinidad.

Así, le llama “consolador de nuestras penas”… porque lo es; “animador de nuestras alegrías” porque, en efecto, ilumina nuestras vidas dándonos una fuerza espiritual sin la cual no podríamos seguir adelante y, por ejemplo, “germen sagrado de toda vida espiritual” porque en nosotros siembra lo que ha de ser una vida espiritual fecunda y gozosa.

Esta oración de Marta Robin abunda también en algo que es muy importante en estos tiempos de increencia. Tiene que ver con la voluntad de querer creer, con aquel secreto designio que Dios sembró en nuestros corazones pero que, en demasiadas ocasiones, no dejamos salir de nuestro corazón. Por eso le pedimos a Dios que aquello que es santo sea querido por aquellos que somos hijos de Dios y, como diría san Juan, ¡lo somos!

En realidad, bien sabemos que dijo Cristo que si se iba junto al Padre o, mejor, hasta que no se fuese junto al Padre, no podría enviarnos al Espíritu Santo. Y a tal verdad la llama Marta Robin de una forma maravillosa: “fruto divino de la inmolación del Calvario” porque lo fue y porque lo es. Y es tal Pentecostés al que nos aclamamos a Dios a Quien nos dirigimos para quede bien dicho que somos hijos suyos y que, por eso mismo, anhelamos su Santo Espíritu y que no vamos a dejar de pedírselo.

Amén sea dicho y dadas las gracias a Dios por esta gran luz procedente de una humilde, y Venerable, creyente católica.”

 

El caso es que, al comenzar un año y ver que, por delante, tenemos otros 12 meses que Dios nos regala para que hagamos con los dones lo mejor que sepamos (al menos algo que no sea esconderlos debajo de algún celemín por miedo, egoísmo o cualquier excusa que podamos encontrar y nos venga bien) es bueno tener en la mente y en el corazón lo que la Venerable francesa Marta Robin dejó escrito en su Diario, íntimo a más señas pues no puede haber nada más íntimo que escribir sobre el corazón y sobre los efectos gozosos que producen en el mismo las presencias divinas de Dios, su Madre, Cristo, el Espíritu Santo y, en fin, todo lo que tiene que ver con lo bueno y mejor que pueda haber en tal tipo de temas espirituales.

Y sí, tengo intención de seguir haciendo esto porque, como diría San Josemaría, me da la santa gana.

Y gracias, por cierto, a Marta Robin, por ser tan adorable y tan santa.

  

Eleuterio Fernández Guzmán

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Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

La Venerable Marta Robin es buen ejemplo de lo que se puede llegar a ser: hija de Dios.

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Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.   

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