InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Archivos para: Enero 2018

19.01.18

Reseña: “Orar y meditar con Santa Teresita del Niño Jesús”

Orar y meditar con Santa Teresita del Niño Jesús                 Orar y meditar con Santa Teresita del Niño Jesús

Título: Orar y meditar con Santa Teresita del Niño Jesús

Autor: Eleuterio Fernández Guzmán

Editorial: Lulu

Páginas: 108

Precio aprox.:   3.99 € en papel –  0.99 € formato electrónico.

ISBN:  5800126420325 papel;   978-0-244-36164-8 electrónico.

Año edición: 2018

 

Los puedes adquirir en Lulu.

 

“Orar y meditar con Santa Teresita del Niño Jesús” - de Eleuterio Fernández Guzmán

 

Continuamos con la publicación de textos dentro de la Colección Fe sencilla. Este libro pertenece al apartado de título Oración.

Vayamos, pues, con la reseña. Y, para eso, reproducimos el primer apartado del libro que bien puede servirnos de presentación del mismo y que se titula, el tal apartado, “Santa Teresita del Niño Jesús.”

 

Cristo como ejemplo.

Así veía Santa Teresita del Niño Jesús al Hijo de Dios. Y como ejemplo no sólo a admirar sino, sobre todo, a seguir e imitar.

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18.01.18

El rincón del hermano Rafael - "Saber esperar". Anhelo que da vida

“Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.”

Esta parte de una biografía que sobre nuestro santo la podemos encontrar en multitud de sitios de la red de redes o en los libros que sobre él se han escrito.

Hasta hace bien poco hemos dedicado este espacio a escribir sobre lo que el hermano Rafael había dejado dicho en su diario “Dios y mi alma”. Sin embargo, como es normal, terminó en su momento nuestro santo de dar forma a su pensamiento espiritual.

Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón había escrito mucho antes de dejar sus impresiones personales en aquel diario. Y algo de aquello es lo que vamos a traer aquí a partir de ahora.

             

Bajo el título “Saber esperar” se han recogido muchos pensamientos, divididos por temas, que manifestó el hermano Rafael. Y a los mismos vamos a tratar de referirnos en lo sucesivo.

 

“Saber Esperar” - Anhelo que da vida

 

“Señor, tengo un deseo inmenso de cumplir tu Voluntad y nada más que ella; hundirme en tu Voluntad, amarla hasta morir, ahogarme en ella, y vivir sólo para cumplirla…, esto es cierto.”

 

Lo que se puede expresar desde la fe católica alcanza, si es cierto y verdad, altas cotas de espiritualidad si se hace y dice con franqueza y sin inútiles manipulaciones de la fe. Y es que, sabiendo que Dios todo lo conoce nosotros, sus hijos, no es nada extraño que hermanos nuestros como el Hermano Rafael ponga sobre la mesa un anhelo que bien debería ser el cada uno de nosotros.

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17.01.18

Serie “Los barros y los lodos”- 1. La voluntad de Dios

 

“De aquellos barros vienen estos lodos”. 

Esta expresión de la sabiduría popular nos viene más que bien para el tema que traemos a este libro de temática bíblica. 

Aunque el subtítulo del mismo, “Sobre el pecado original”, debería hacer posible que esto, esta Presentación, terminara aquí mismo (podemos imaginar qué son los barros y qué los lodos) no lo vamos a hacer tan sencillo sino que vamos a presentar lo que fue aquello y lo que es hoy el resultado de tal aquello. 

¿Quién no se ha preguntado alguna vez que sería, ahora, de nosotros, sin “aquello”?

“Aquello” fue, para quienes sus protagonistas fueron, un acontecimiento terrible que les cambió tanto la vida que, bien podemos decir, que hay un antes y un después del pecado original. 

La vida, antes de eso, era bien sencilla. Y es que vivían en el Paraíso terrenal donde Dios los había puesto. Nada debían sufrir porque tenían los dones que Dios les había dado: la inmortalidad, la integridad y la impasibilidad o, lo que es lo mismo, no morían (como entendemos hoy el morir), dominaban completamente sus pasiones y no sufrían nada de nada, ni física ni moralmente. 

A más de una persona que esté leyendo ahora esto se le deben estar poniendo los dientes largos. Y es que ¿todo eso se perdió por el pecado original? 

En efecto. Cuando Dios crea al hombre a su imagen y semejanza, lo dota de una serie de bienes que lo hacen, por decirlo pronto y claro, un ser muy especial. Es más, es el único que tiene dones como los citados arriba. Y de eso gozaron el tiempo que duró la alegría de no querer ser como Dios… 

Lo que no valía era la traición a lo dicho por el Creador. Y es que lo dijo con toda claridad: podéis comer de todo menos de esto. Y tal “esto” ni era una manzana ni sabemos qué era. Lo de la manzana es una atribución natural hecha mucho tiempo después. Sin embargo, no importa lo más mínimo que fuera una fruta, un tubérculo o, simplemente, que Dios hubiera dicho, por ejemplo, “no paséis de este punto del Paraíso” porque, de pasar, será la muerte y el pecado: primero, lo segundo; lo primero, segundo. 

¡La muerte y el pecado! 

Estas dos realidades eran la “promesa negra” que Dios les había hecho si incumplían aquello que no parecía tan difícil de entender. Es decir, no era un castigo que el Creador destinaba a su especial creación pero lo era si no hacían lo que les decía que debían hacer. Si no lo incumplían, el Paraíso terrenal no se cerraría y ellos no serían expulsados del mismo. 

Y se cerró. El Paraíso terrenal se cerró. 

1 -  La voluntad de Dios 

 

“En el principio creó Dios el cielo y la tierra”

(Gn 1, 1)

 

Sin duda alguna, Dios, el Creador, podría haber hecho las cosas de otra forma. Queremos decir que, siendo Todopoderoso, hacer, por el Padre, no era problema alguno.

El breve texto que hemos traído aquí para encabezar este apartado dice mucho. No se trata de cosa baladí sino de algo muy importante y que tiene que ver con el resultado de aquello que inició Quien podía hacerlo en aquel primer principio de todo lo que fue. 

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16.01.18

Un amigo de Lolo – "Lolo, libro a libro"- Dios está así en la vida del hombre

Presentación

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Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

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A partir de hoy, y con la ayuda de Dios, vamos a dedicar los próximos artículos referidos al Beato Manuel Lozano Garrido, a traer aquí textos de sus libros. Y vamos a hacerlo empezando por el primero de ellos, de título “Mesa redonda con Dios”. 

 

Durante las próximas semanas, y hasta cuando Dios quiera, vamos a traer aquí un capítulo del libro de título “La verdad de las cosas bonitas” que viene a ser como las palabras dichas por el Creador a sus hijos.

 

Dios está así en la vida del hombre

 

“Todo lo que de Mí es radical y plenamente bonito, de una belleza sin tijeretazos. Ocurre como con el sol, que vierte a chorros su luz y calorías por el firmamento, para que sólo os llegue una parte infinitesimal, la justa para sentir la armonía y el punto de caramelo de la lumbre y la claridad”.

 

Cuando Dios habla al hombre de la forma que sea (pongamos, por ejemplo, en la Sagrada Escritura o de la forma que sea que haya tal tipo de manifestación divina) sabemos que podemos esperar, sólo, lo mejor y que no van a haber palabras vanas, dichas por decir o que sobren. No. Nosotros sabemos, porque así se ha demostrado a lo largo de la historia de la salvación, que nuestro Creador dice lo que tiene que decir y que eso, como suele decirse, va a misa.

Pues bien, este texto del Beato Manuel Lozano Garrido muestra muy bien lo que es, qué es Dios, para el hombre. Vemos, como es de esperar, que no es sea más o menos, sino que es, sencillamente, todo.

Para empezar, cuando Dios dice que todo lo suyo es radical nos está diciendo que todo lo que viene del Todopoderoso es, primero, origen de todo y, luego, que es la base de todo: todo nace de Él y todo le pertenece a Él.

Además, nadie duda que lo que tiene relación, digamos, directa con Dios, puede calificarse de bonito que es una apreciación dulce y amigable de lo que es bueno y mejor. Y, como sabemos que todo en Dios es bueno y mejor, no nos extraña, para nada, que afirme nuestro Señor y Padre que todo en Él es bonito. Y es que lo es, como bien saben aquellos que creemos en nuestro Creador.

En realidad, todo, aquí es mano de Dios, corazónmano en cuanto todo lo ordena en bien del hombre; es corazón, en cuanto tal orden tiene el origen de su bondad, de su amor y de su misericordia. Por eso decimos, y estamos totalmente de acuerdo con Lolo, que Dios es bello sin tener que quitar nada de tal belleza. Y es que nada nos sobra de la plenitud de la belleza y nada debemos tener por no verdad: todo, en Dios, es bello y maravilloso y lo es por mucho que no seamos capaces de entender ni una mínima parte de tal belleza porque sólo en el Cielo podremos comprenderla y, es más, contemplarla. 

Antes hemos dicho que la mano de Dios tiene una importancia más que decisiva. Y aquí lo vemos a la perfección.

Cuando Dios crea de la nada no lo hace, digamos, a tontas y a locas y sin tener en cuenta lo que eso puede suponer para lo que sería la culminación de su creación, el hombre. No. Lo hace con una conciencia acertada y perfecta. Por eso, lo que puede suponer un detalle de poca importancia, y nos referimos al sol, al llamado astro rey, es, en realidad, algo muy importante.

Con esto queremos decir que lo que aparenta poca cosa, el citado tema del sol, nos dice que Dios, al poner la Tierra donde la puso hizo lo mejor que podía y, en tal sentido, lo que era necesario para la vida en ella y para un correcto desarrollo de su criatura humana. Por eso nos dice Lolo, poniéndolo en boca y corazón de Dios, que del sol nos llega lo justo y necesario y no lo que sobra y podía hacer daño.

Entonces, en tal momento, vincula Dios qué es Él mismo y lo que apreciamos, o podemos apreciar del sol: es lo mejor, los justo que necesitamos, lo necesario a lo que podemos abocarnos en nuestras necesidades y tribulaciones.

Lo que nos quiere decir, eso creemos nosotros, Dios es que de nuestro Señor conocemos lo absolutamente necesario para adorarlo y alabarlo: lo ha creado todo, también a nosotros los hombres y, por último, nos ha amado tanto y nos ama tanto que ha entregado a su Hijo para que, muriendo, nos salvara al resto de sus hermanos. Y es que, en realidad, saber mucho más haría estallar nuestro corazón de gozo y, para eso, ya está el Cielo, cuando Dios quiera que eso sea y si nosotros ponemos de nuestra parte, claro. 

  

Eleuterio Fernández Guzmán

Nazareno

Para entrar en la Liga de Defensa Católica

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Ya está disponible la 2ª edición de Las siete vidas del hombre de la calle, libro inédito de nuestro querido beato Lolo. La acogida ha sido tal que hemos tenido que reeditarlo para atender la creciente demanda del mismo: amigos de Lolo y su obra, para regalar, para centros de lectura y bibliotecas, librerías,… innumerables destinos para los hemos realizado una segunda edición de hermoso e inédito libro.


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Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

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14.01.18

La Palabra del domingo - Domingo, 14 de enero de 2018

 

Jn 1, 35-42

 

35 Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. 35 Fijándose en Jesús que pasaba, dice: ‘He ahí el Cordero de Dios’. 37 Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. 38. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: ‘¿Qué buscáis?’. Ellos le respondieron: ‘Rabbi’ – que quiere decir ‘Maestro’ - ‘¿dónde vives?’. 39 Les respondió: ‘Venid y lo veréis’. Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron aquel día. Era más o menos la hora décima.

 

40 Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. 41 Este se encuentra primeramente con su hermano Simón y le dice: ‘Hemos encontrado al Mesías’, que quiere decir Cristo. 42 Y le llevó donde Jesús. Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: ‘Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas’, que quiere decir ‘Piedra’.

 

 

COMENTARIO

Quien tenía que venir

Quien lea el texto del evangelista Juan se dará cuenta que a Juan, el Bautista, se le había comunicado cuál era la finalidad de su labor y qué, sobre todo, tenía que anunciar. 

Cuando da testimonio es porque es testigo de la venida del Mesías. Él, a lo mejor el único que así aprecia tal cosa, ve al Espíritu Santo bajar sobre Jesús cuando sale de las aguas del Jordán tras el bautizo. Fue, con toda seguridad, una gracia de Dios otorgada a quien se le había dicho lo que tenía que hacer y lo había hecho. 

Había pasado un día desde que Jesús se acercó al Bautista para que le limpiara las impurezas que su alma podía tener. Bien sabemos que eso debía ser, sobre todo, para dar ejemplo, porque es bien cierto que el Hijo de Dios no tenía pecado ni podía tenerlo. Tenía, sin embargo, que cumplir la misión que le había sido encargado (“para eso he salido” diría en una ocasión) que no era otra que hacer cumplir la Ley de Dios y la conversión del corazón era uno de sus principales motivos de vida.

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