InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Archivos para: Octubre 2017

25.10.17

Reseña: “El Bien, Jesucristo, el Cielo”

El Bien, Jesucristo, el Cielo                El Bien, Jesucristo, el Cielo      

 

Título: El Bien, Jesucristo, el Cielo

Autor: Eleuterio Fernández Guzmán

Editorial: Lulu

Páginas: 50

Precio aprox.: 2. 99 € en papel – 0.90 € formato electrónico.

ISBN:  5 800124 911535 papel; 978-0-244-94130-7 electrónico.

Año edición: 2017

Lo puedes adquirir en Lulu.

“El Bien, Jesucristo, el Cielo” - de Eleuterio Fernández Guzmán

 

Continuamos con la publicación de textos dentro de la Colección Fe sencilla. Este libro pertenece al apartado de título Realidades espirituales y es, digamos, el antagónico de otro de título “El Mal, el Diablo, el Infierno” publicado, también, dentro de esta colección.

Vayamos, pues, con la reseña. Y, para eso, reproducimos la “Presentación” del libro.

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24.10.17

Un amigo de Lolo – "Lolo, libro a libro"- Me acuso (1)

Presentación

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Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

Resultado de imagen de Mesa redonda con Dios

 

A partir de hoy, y con la ayuda de Dios, vamos a dedicar los próximos artículos referidos al Beato Manuel Lozano Garrido, a traer aquí textos de sus libros. Y vamos a hacerlo empezando por el primero de ellos, de título “Mesa redonda con Dios”. 

Me acuso (1)

 

Durante unas semanas vamos a traer a este especial apartado dedicado al Beato Lolo una serie de “acusaciones” que nos vienen la mar de bien para, si es posible, evitarlas nosotros. Se encuentran en la página 166 de su “Mesa redonda con Dios”.

 

“No, Cristo, no hables, que soy yo quien debe hacer de propio fiscal:

 

Ahí voy:

-Me acuso de, al comulgar, ofrecerte cada mañana un corazón de invernadero, con su puerta cerrada y su estufa y todo, para que te quedes dentro, sin salir, bien abrigadito.”

 

Creer una cosa y hacer otra. A veces. Eso nos pasa. 

Esto que escribe el Beato Manuel Lozano Garrido es una enmienda a la totalidad. Es decir, es, por lo básico en el comportamiento del creyente católico, lo que debe evitar y, en fin, algo que debe tener en cuenta si es que quiere obtener fruto espiritual de su fe.

El caso es que, muchas veces, podemos darnos cuenta de qué es lo que nos pasa en este tipo de cosas del alma, pero no demasiadas somos capaces de confesar acerca de ellas y, menos aún, a dejarlo por escrito como hace el Beato Lolo

Lolo, sin embargo, hombre de fe donde los haya, no tiene problema alguno en poner sus “vergüenzas” personales sobre la mesa. Seguramente podrá servir, tal acto, para muchos que se den cuenta de que, lo mismo que nuestro Beato de Linares (Jaén, España), no es imposible darse cuenta de determinadas formas de ser en las que caemos.

Digamos que lo mejor de esto es, precisamente, el “entorno” en el que se produce lo que Lolo nos dice. Y es que habla acerca de que cada mañana (¡cada mañana) comulga y, entonces, pasa lo que pasa…

Aquí, de todas formas, tampoco es importante del todo que comulgue cada mañana (que lo es, claro está) sino que sí lo es la forma que tiene, según él, de hacerlo.

Arriba hemos dicho que una cosa es una cosa es creer y otra, mostrarlo.

Lolo nos dice que es, al menos eso le pasa a él, normal u ordinario que, al comulgar, lo que le ofrezca al Cuerpo de Cristo no es un corazón abierto sin cerrado.

Es bien cierto, a este respecto, que en un invernadero se pueden plantar productos que están a cubierto de lo que pueda pasar fuera pero, eso, en materia de fe y de creencia no es nada bueno porque supone, hacer eso, recibir así a Jesucristo, actuar de forma egoísta.

Quiere decirnos el Beato Manuel Lozano Garrido que cuando se recibe a Cristo, a su Cuerpo y a su Sangre, no deberíamos hacer como dice que hace él. Es decir, que no debemos querer que Cristo se “apalanque” en nuestro corazón, que ahí se quede. No. Lo que debemos hacer es todo lo contrario: que salga fuera a través de nuestra vida, de nuestro corazón y de nuestra alma.

Resultan muy bien puestas las imágenes de las que hace uso nuestro Beato. Y es palabras como “abrigadito” vienen a expresar lo que puede querer quien, sabiendo a Cristo a buen recaudo (el corazón es su templo), prefiere que ahí se quede sin recordar que ha quedado dicho que debemos proclamar, desde las terrazas, lo que hemos aprendido acerca de Dios. No podemos negar, a tal respecto, que aceptar a Cristo en el corazón hacemos que llegue, al mismo, el Amor, la misericordia, el perdón.

Digamos, por último, que esta forma de actuar, esta acusación clara hacia sí mismo es una buena forma de que los demás, aquellos que ahora leemos esto o los muchos que ya lo han leído, veamos que los santos también pasan por esos momentos y que, a diferencia de la gran mayoría de creyentes católicos, no se paran ante eso sino que le hacen frente y procuran seguir adelante sin tal lastre. Y, además, nos lo dicen.

  

Eleuterio Fernández Guzmán

 Nazareno

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A la venta la 2ª edición del libro inédito del beato Lolo

Segunda edición del libro inédito del beato Lolo

Ya está disponible la 2ª edición de Las siete vidas del hombre de la calle, libro inédito de nuestro querido beato Lolo. La acogida ha sido tal que hemos tenido que reeditarlo para atender la creciente demanda del mismo: amigos de Lolo y su obra, para regalar, para centros de lectura y bibliotecas, librerías,… innumerables destinos para los hemos realizado una segunda edición de hermoso e inédito libro.


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Por la libertad de Asia Bibi. 
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Por el respeto a la libertad religiosa 
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Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

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Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

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22.10.17

La Palabra del Domingo - 22 de octubre de 2017

Mt 22, 15-21

 

“15 Entonces los fariseos se fueron y celebraron consejo sobre la forma de sorprenderle en alguna palabra. 16        Y le envían sus discípulos, junto con los herodianos, a decirle: ‘Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios con franqueza y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas.17 Dinos, pues, qué te parece, ¿es lícito pagar tributo al César o no?’18 Mas Jesús, conociendo su malicia, dijo: ‘Hipócritas, ¿por qué me tentáis? 19 Mostradme la moneda del tributo.’ Ellos le presentaron un denario.        20 Y les dice: ‘¿De quién es esta imagen y la inscripción?’ 21 Dícenle: ‘Del César.’ Entonces les dice: ‘Pues lo del César devolvédselo al César, y lo de Dios a Dios.’”

 

COMENTARIO

 

Hay que dar a Dios lo que es de Dios

 

Seguramente la expresión de Jesús, lo que nos dice, en este texto del evangelio de San Mateo, es una de las más conocidas de las muchas que dijo a lo largo de su vida pública. Y de ella, además, se ha interpretado lo que tiene que ver con la vida, en general del creyente católico.

Sin embargo, siendo esto importante (y algo se dirá después) el caso es que el contexto en el que Jesús dice lo que dice tiene mucho que ver con la trampa y con el engaño aunque, de verdad, también tiene que ver con la ignorancia absoluta acerca de Quién era Jesús cuando habla al respecto del César y de Dios.

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21.10.17

Serie “Al hilo de la Biblia- Y Jesús dijo…” – Dar testimonio de Cristo

Sagrada Biblia

Dice S. Pablo, en su Epístola a los Romanos, concretamente, en los versículos 14 y 15 del capítulo 2 que, en efecto, cuando los gentiles, que no tienen ley, cumplen naturalmente las prescripciones de la ley, sin tener ley, para sí mismos son ley; como quienes muestran tener la realidad de esa ley escrita en su corazón, atestiguándolo su conciencia, y los juicios contrapuestos de condenación o alabanza. Esto, que en un principio, puede dar la impresión de ser, o tener, un sentido de lógica extensión del mensaje primero del Creador y, por eso, por el hecho mismo de que Pablo lo utilice no debería dársele la mayor importancia, teniendo en cuenta su propio apostolado. Esto, claro, en una primera impresión.

Sin embargo, esta afirmación del convertido, y convencido, Saulo, encierra una verdad que va más allá de esta mención de la Ley natural que, como tal, está en el cada ser de cada persona y que, en este tiempo de verano (o de invierno o de cuando sea) no podemos olvidar.

Lo que nos dice el apóstol es que, al menos, a los que nos consideramos herederos de ese reino de amor, nos ha de “picar” (por así decirlo) esa sana curiosidad de saber dónde podemos encontrar el culmen de la sabiduría de Dios, dónde podemos encontrar el camino, ya trazado, que nos lleve a pacer en las dulces praderas del Reino del Padre.

Aquí, ahora, como en tantas otras ocasiones, hemos de acudir a lo que nos dicen aquellos que conocieron a Jesús o aquellos que recogieron, con el paso de los años, la doctrina del Jristós o enviado, por Dios a comunicarnos, a traernos, la Buena Noticia y, claro, a todo aquello que se recoge en los textos sagrados escritos antes de su advenimiento y que en las vacaciones veraniegas se ofrece con toda su fuerza y desea ser recibido en nuestros corazones sin el agobio propio de los periodos de trabajo, digamos, obligado aunque necesario. Y también, claro está, a lo que aquellos que lo precedieron fueron sembrando la Santa Escritura de huellas de lo que tenía que venir, del Mesías allí anunciado.

Por otra parte, Pedro, aquel que sería el primer Papa de la Iglesia fundada por Cristo, sabía que los discípulos del Mesías debían estar

“siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza” (1 Pe 3, 15)

Y la tal razón la encontramos intacta en cada uno de los textos que nos ofrecen estos más de 70 libros que recogen, en la Antigua y Nueva Alianza, un quicio sobre el que apoyar el edificio de nuestra vida, una piedra angular que no pueda desechar el mundo porque es la que le da forma, la que encierra respuestas a sus dudas, la que brota para hacer sucumbir nuestra falta de esperanza, esa virtud sin la cual nuestra existencia no deja de ser sino un paso vacío por un valle yerto.

La Santa Biblia es, pues, el instrumento espiritual del que podemos valernos para afrontar aquello que nos pasa. No es, sin embargo, un recetario donde se nos indican las proporciones de estas o aquellas virtudes. Sin embargo, a tenor de lo que dice Francisco Varo en su libro “¿Sabes leer la Biblia? “ (Planeta Testimonio, 2006, p. 153)

“Un Padre de la Iglesia, san Gregorio Magno, explicaba en el siglo VI al médico Teodoro qué es verdaderamente la Biblia: un carta de Dios dirigida a su criatura”. Ciertamente, es un modo de hablar. Pero se trata de una manera de decir que expresa de modo gráfico y preciso, dentro de su sencillez, qué es la Sagrada Escritura para un cristiano: una carta de Dios”.

Pues bien, en tal “carta” podemos encontrar muchas cosas que nos pueden venir muy bien para conocer mejor, al fin y al cabo, nuestra propia historia como pueblo elegido por Dios para transmitir su Palabra y llevarla allí donde no es conocida o donde, si bien se conocida, no es apreciada en cuanto vale.

Por tanto, vamos a traer de traer, a esta serie de título “Al hilo de la Biblia”, aquello que está unido entre sí por haber sido inspirado por Dios mismo a través del Espíritu Santo y, por eso mismo, a nosotros mismos, por ser sus destinatarios últimos.

Por otra parte, es bien cierto que Jesucristo, a lo largo de la llamada “vida pública” se dirigió en múltiples ocasiones a los que querían escucharle e, incluso, a los que preferían tenerlo lejos porque no gustaban con lo que le oían decir.

Sin embargo, en muchas ocasiones Jesús decía lo que era muy importante que se supiera y lo que, sobre todo, sus discípulos tenían que comprender y, también, aprender para luego transmitirlo a los demás.

Vamos, pues, a traer a esta serie sobre la Santa Biblia parte de aquellos momentos en los que, precisamente, Jesús dijo.

Dar testimonio de Cristo

Resultado de imagen de ¿Por qué me preguntas? Pregunta a los que me han oído lo que les he hablado; ellos saben lo que he dicho  

Y Jesús dijo… (Jn 18, 21)

 

“¿Por qué me preguntas? Pregunta a los que me han oído lo que les he hablado; ellos saben lo que he dicho”.

 

En realidad, lo que dice Cristo aquí no es que valiera entonces, cuando lo dijo, sino que, trasladado a nuestro presente, nos pregunta y nos inquieta.

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20.10.17

Serie “De Ramos a Resurrección” - Que demos fruto es un mandato divino

 De-ramos-a-resurrección

En las próximas semanas, con la ayuda de Dios y el permiso de la editorial, vamos a traer al blog el libro escrito por el que esto escribe de título “De Ramos a Resurrección”. Semana a semana vamos a ir reproduciendo los apartados a los que hace referencia el Índice que es, a saber:

Introducción                                        

I. Antes de todo                                           

 El Mal que acecha                                  

 Hay grados entre los perseguidores          

 Quien lo conoce todo bien sabe               

II. El principio del fin                          

 Un júbilo muy esperado                                       

 Los testigos del Bueno                           

 Inoculando el veneno del Mal                         

III. El aviso de Cristo                           

 Los que buscan al Maestro                      

 El cómo de la vida eterna                              

 Dios se dirige a quien ama                      

 Los que no entienden están en las tinieblas      

 Lo que ha de pasar                                 

Incredulidad de los hombres                    

El peligro de caminar en las tinieblas         

       Cuando no se reconoce la luz                   

       Los ánimos que da Cristo                  

       Aún hay tiempo de creer en Cristo            

IV. Una cena conformante y conformadora 

 El ejemplo más natural y santo a seguir          

 El aliado del Mal                                    

 Las mansiones de Cristo                                

 Sobre viñas y frutos                               

 El principal mandato de Cristo                         

       Sobre el amor como Ley                          

       El mandato principal                         

Elegidos por Dios                                    

Que demos fruto es un mandato divino            

El odio del mundo                                   

El otro Paráclito                                      

Santa Misa                                             

La presencia real de Cristo en la Eucaristía        

El valor sacrificial de la Santa Misa                   

El Cuerpo y la Sangre de Cristo                 

La institución del sacerdocio                     

V. La urdimbre del Mal                         

VI. Cuando se cumple lo escrito                 

En el Huerto de los Olivos                              

La voluntad de Dios                                        

Dormidos por la tentación                        

Entregar al Hijo del hombre                            

       Jesús sabía lo que Judas iba a cumplir       

       La terrible tristeza del Maestro                  

El prendimiento de Jesús                                

       Yo soy                                            

       El arrebato de Pedro y el convencimiento   

       de Cristo

Idas y venidas de una condena ilegal e injusta  

Fin de un calvario                                   

Un final muy esperado por Cristo              

En cumplimiento de la Sagrada Escritura

        La verdad de Pilatos                        

        Lanza, sangre y agua                      

 Los que permanecen ante la Cruz                   

       Hasta el último momento                  

       Cuando María se convirtió en Madre          

       de todos

 La intención de los buenos                      

       Los que saben la Verdad  y la sirven          

VII. Cuando Cristo venció a la muerte        

El primer día de una nueva creación                 

El ansia de Pedro y Juan                          

A quien mucho se le perdonó, mucho amó        

 

VIII. Sobre la glorificación

 La glorificación de Dios                            

 

Cuando el Hijo glorifica al Padre                       

Sobre los frutos y la gloria de Dios                  

La eternidad de la gloria de Dios                      

 

La glorificación de Cristo                                

 

Primera Palabra                                             

Segunda Palabra                                           

Tercera Palabra                                             

Cuarta Palabra                                               

Quinta Palabra                                        

Sexta Palabra                                         

Séptima Palabra                                     

 

Conclusión                                          

 

 El libro ha sido publicado por la Editorial Bendita María. A tener en cuenta es que los gastos de envío son gratuitos.

  

“De Ramos a Resurrección” -  Que demos fruto es un mandato  divino

 

Ciertamente que Jesús no escoge a los que van a ser discípulos suyos como algo, digamos, de poca importancia. Sabe que han de cumplir una misión que se medirá por el fruto que sepan dar de aquello que han aprendido a su lado.

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