InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Archivos para: Febrero 2016

3.02.16

Serie pueblo gitano - Majarí Calí: ¿Qué piensa la Iglesia universal sobre el pueblo gitano?

Majarí Calí

Como es propio de la Madre de Dios, el mundo gitano tiene, también, su advocación. A ella ya hemos hecho referencia en la serie dedicada a Vírgenes y Santos. Y nos referimos a la Majarí Calí que, como no podía ser de otra forma, es quien, propiamente, da nombre a esta categoría.  La Majarí Calí, santa gitana que acompaña al pueblo gitano por el mundo, es la protagonista primera de lo que vamos a tratar de traer aquí.

Pero debemos decir algo acerca de lo que va a formar parte de lo que empieza hoy. Y es lo que sigue:

 

1. La intención de este blog: transmitir todo lo referido al mundo gitano católico.

2. Traer aquellos casos que se encuentran bien en proceso de canonización  o de beatificación.

3. Hacer aportaciones acerca de la pastoral gitana de la Conferencia Episcopal Española.

 4. Lo que Dios buenamente inspire al que esto escribe acerca del pueblo gitano.

Al respecto de esto último, la reunión de Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, LXXIX de las habidas, en fecha de 2 de noviembre de 2002 publicó el documento de título “La Iglesia de España y los gitanos” en los que, entre otras realidades (que iremos trayendo aquí) dice que el pueblo gitano mantiene y defiende una serie de valores muy a tener en cuenta (dadas las circunstancias de la sociedad actual) que son, a saber:

-El respeto a la familia como institución suprema de la sociedad gitana. La identidad personal del gitano viene en gran medida determinada por su familia: siempre será miembro de esta o de aquella familia y cargará gustosamente con sus ventajas e inconvenientes;

-La veneración por los miembros de más edad. Los mayores son acreedores de un respeto especial porque acumulan la memoria y la sabiduría de la vida. En momentos delicados buscarán el consejo de los “tíos” y su parecer será muy tenido en cuenta;

-Una concepción más humana del trabajo. El trabajo no lo es todo ni lo más importante para un gitano. El gitano no vive para trabajar, trabaja para vivir. Lo fundamental es la vida, la familia, la convivencia. El trabajo es sólo un medio al servicio de la vida y la familia;

-La hospitalidad y la solidaridad con los miembros de la etnia. Los gitanos guardan memoria de la necesidad y los malos momentos pasados y desean evitarlos a los que son de los suyos. Entre ellos hay una corriente de solidaridad profunda que no puede olvidar que el gitano desconocido, es un primo, un familiar;

-La virginidad de la mujer antes del matrimonio, que es un valor cristiano en sí, ha venido siendo un signo característico de la comunidad gitana, si bien ha dado lugar a que muchas jóvenes, con frecuencia, contrajeran matrimonio prematuramente.

-El respeto a los muertos. Los muertos siguen vivos de otro modo; merecen más que nunca todo el respeto del mundo. Ofender la memoria de un familiar difunto se considera una ofensa gravísima.

                               

Además, añade, digamos que como valores a tener en cuenta, estos:

-El sentido de libertad.

-El respeto a la palabra dada.

-El amor a la naturaleza,

Etc.

 

Bien podemos ver que el pueblo gitano aporta más de lo que, por lo común, se cree, a la sociedad católica en la que nos movemos. Hagamos lo posible para que esto no se olvide. 

 

Serie pueblo gitano – Majarí Calí:  ¿Qué piensa la Iglesia universal sobre el pueblo gitano?

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Muy al contrario de lo que pudiera pensarse, la Iglesia universal tiene al pueblo gitano católico como objeto de atención más allá de la simple consideración de fieles hijos de Dios que, con voluntad propia, quieren ser, por eso mismo, católicos. Es decir, es evidente que la Esposa de Cristo no puede tener en consideración a los gitanos que no lo sean. Pero a los que lo son sí los tiene en cuenta.

Existe un documento eclesial que nos dice mucho acerca de lo que aquí decimos. Su título es “Orientaciones para una pastoral de los gitanos” y fue dado a la luz pública el 8 de diciembre de 2005.

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2.02.16

Un amigo de Lolo – Lo bueno de la Cruz y de nuestras cruces

Presentación

Lolo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

  Libro de oración

En el libro “Rezar con el Beato Manuel Lozano, Lolo” (Publicado por Editorial Cobel, www.cobelediciones.com ) se hace referencia a una serie de textos del Beato de Linares (Jaén-España) en el que refleja la fe de nuestro amigo. Vamos a traer una selección de los mismos.

 

Lo bueno de la Cruz y de nuestras cruces

 

“Lo que nos vienes a decir con todo es que la Cruz está hecha de madera corriente y moliente y nada de ponerle celofán a las cicatrices. Lo que importa no es que te hagas excepcional, sino que todas las criaturas del mundo tengan su fortunilla en los latigazos, troncos sobre las espaldas y esponjas de hiel. En casa, cruces, y Calvario también en el taller y la convivencia. Lo que cuenta no es que tu sudor y tu sangre tengan barnices de colores bonitos, sino que se viva el acre goterón de la muerte, ese mismo que fue por la vida empapando las virutas, y el desgarrón de tu Carne Redentora”. (Mesa redonda con Dios, p. 171)

 

Aquellos que no creen en Dios Todopoderoso y no tienen a Cristo como su Maestro, es más que probable que tengan por bueno y verdad que la Cruz es una necedad o una locura. De hecho eso era lo que pensaban muchos que, en tiempos del Hijo de Dios conocieron lo que pasó con aquel Maestro al que mandó crucificar el Gobernador Pilato.

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1.02.16

Serie oraciones – invocaciones – expresiones de fe -Marta Robin: Sagrado Corazón de Jesús - 4- Para los alejados de Dios.

 Orar

 No sé cómo me llamo…

Tú lo sabes, Señor.
Tú conoces el nombre
que hay en tu corazón
y es solamente mío;
el nombre que tu amor
me dará para siempre
si respondo a tu voz.
Pronuncia esa palabra
De júbilo o dolor…
¡Llámame por el nombre 
que me diste, Señor!

Este poema de Ernestina de Champurcin habla de aquella llamada que hace quien así lo entiende importante para su vida. Se dirige a Dios para que, si es su voluntad, la voz del corazón del Padre se dirija a su corazón. Y lo espera con ansia porque conoce que es el Creador quien llama y, como mucho, quien responde es su criatura.

No obstante, con el Salmo 138 también pide algo que es, en sí mismo, una prueba de amor y de entrega:

“Señor, sondéame y conoce mi corazón, 
ponme a prueba y conoce mis sentimientos, 
mira si mi camino se desvía,
guíame por el camino eterno”

Porque el camino que le lleva al definitivo Reino de Dios es, sin duda alguna, el que garantiza eternidad y el que, por eso mismo, es anhelado y soñado por todo hijo de Dios.

Sin embargo, además de ser las personas que quieren seguir una vocación cierta y segura, la de Dios, la del Hijo y la del Espíritu Santo y quieren manifestar tal voluntad perteneciendo al elegido pueblo de Dios que así lo manifiesta, también, el resto de creyentes en Dios estamos en disposición de hacer algo que puede resultar decisivo para que el Padre envíe viñadores: orar.

Orar es, por eso mismo, quizá decir esto:

-Estoy, Señor, aquí, porque no te olvido.

-Estoy, Señor, aquí, porque quiero tenerte presente.

-Estoy, Señor, aquí, porque quiero vivir el Evangelio en su plenitud. 

-Estoy, Señor, aquí, porque necesito tu impulso para compartir.

-Estoy, Señor, aquí, porque no puedo dejar de tener un corazón generoso. 

-Estoy, Señor, aquí, porque no quiero olvidar Quién es mi Creador. 

-Estoy, Señor, aquí, porque tu tienda espera para hospedarme en ella.

Pero orar es querer manifestar a Dios que creemos en nuestra filiación divina y que la tenemos como muy importante para nosotros.

Dice, a tal respecto, san Josemaría (Forja, 439) que “La oración es el arma más poderosa del cristiano. La oración nos hace eficaces. La oración nos hace felices. La oración nos da toda la fuerza necesaria, para cumplir los mandatos de Dios. —¡Sí!, toda tu vida puede y debe ser oración”.

Por tanto, el santo de lo ordinario nos dice que es muy conveniente para nosotros, hijos de Dios que sabemos que lo somos, orar: nos hace eficaces en el mundo en el que nos movemos y existimos pero, sobre todo, nos hace felices. Y nos hace felices porque nos hace conscientes de quiénes somos y qué somos de cara al Padre. Es más, por eso nos dice san Josemaría que nuestra vida, nuestra existencia, nuestro devenir no sólo “puede” sino que “debe” ser oración.

Por otra parte, decía santa Teresita del Niño Jesús (ms autob. C 25r) que, para ella la oración “es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría”.

Pero, como ejemplos de cómo ha de ser la oración, con qué perseverancia debemos llevarla a cabo, el evangelista san Lucas nos transmite tres parábolas que bien podemos considerarlas relacionadas directamente con la oración. Son a saber:

La del “amigo importuno” (cf Lc 11, 5-13) y la de la “mujer importuna” (cf. Lc 18, 1-8), donde se nos invita a una oración insistente en la confianza de a Quién se pide.

La del “fariseo y el publicano” (cf Lc 18, 9-14), que nos muestra que en la oración debemos ser humildes porque, en realidad, lo somos, recordando aquello sobre la compasión que pide el publicano a Dios cuando, encontrándose al final del templo se sabe pecador frente al fariseo que, en los primeros lugares del mismo, se alaba a sí mismo frente a Dios y no recuerda, eso parece, que es pecador.

Así, orar es, para nosotros, una manera de sentirnos cercanos a Dios porque, si bien es cierto que no siempre nos dirigimos a Dios sino a su propio Hijo, a su Madre o a los muchos santos y beatos que en el Cielo son y están, no es menos cierto que orando somos, sin duda alguna, mejores hijos pues manifestamos, de tal forma, una confianza sin límite en la bondad y misericordia del Todopoderoso (¡Alabado sea por siempre!).

Esta serie se dedica, por lo tanto, al orar o, mejor, a algunas de las oraciones de las que nos podemos valer en nuestra especial situación personal y pecadora.

A este respecto, el 4 de junio de 1937 celebraba la Iglesia católica la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. Para tal ocasión escribe nuestra Venerable Marta Robin una oración que vamos a traer aquí a lo largo de varias semanas. El caso es que ella “no ofrece sus propios sufrimientos sino, en todo caso, las heridas sagradas de Cristo” (de “Marthe Robin. La Croix et la Joie”, 1981, p. 126).

 

Serie Oraciones – Invocaciones –Expresiones de fe: Marta Robin –  Sagrado Corazón de Jesús -  4- Para los alejados de Dios.

 

“Sumerjo los corazones fríos, endurecidos y rebeldes en el océano infinito de su ternura”

Seguimos con esta oración escrita a favor del ser humano y que partiendo del amor a Cristo y a su Sagrado Corazón, procura enmendar los errores espirituales de muchos.

A lo largo de las últimas semanas hemos podido ver como nuestra Venerable Marta Robin no cesa de buscar cierta compensación de los males hechos por el hombre. Decimos que busca compensarlos porque trata de hacer lo posible, vía la oración, para que Cristo intervenga en beneficio de aquellos que se han equivocado y que, de una forma o de otra, se han hecho daño a sí mismos y a la Iglesia de la que forman parte.

En este caso no podemos decir que lo que aquí se presenta sea de poca importancia porque se trata de la manifestación de un amor escaso por parte de quien tenía que tenerlo grande para su Señor y para su prójimo. Y a eso sólo puede responder Marta Robin con una sana intención: hacer que determinados corazones sanen de sus espirituales enfermedades.

Nos habla la Venerable francesa de los corazones fríos,

nos habla de los corazones endurecidos,

Y, por fin, nos habla de los corazones rebeldes.

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