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		<title>De libros, padres e hijos</title>
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				<title>Fantas&#237;a que sana; magia que esclaviza: Criterios de lectura</title>
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				<pubDate>Sun, 25 Oct 2026 08:45:57 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Miguel Sanmart&#237;n Fenollera</dc:creator>
				<category domain="main">Sin categor&#237;as</category>
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&lt;/tr&gt;
&lt;tr&gt;
&lt;td&gt;
&lt;blockquote style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;&amp;#171;Tres mujeres y tres lobos&amp;#187;. Obra de Eug&amp;#232;ne Grasset (1845-1917).&lt;/blockquote&gt;
&lt;/td&gt;
&lt;/tr&gt;
&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;p&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;blockquote style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
&lt;p&gt;&amp;#171;Se ha dicho que cuando los seres humanos dejan de creer en Dios, dejan de creer en nada. La verdad es mucho peor: creen en cualquier cosa&amp;#187;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Malcolm Muggeridge&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;I&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&amp;#201;mile Cammaerts, en su biograf&amp;#237;a sobre Chesterton, &lt;em&gt;The Laughing Prophet,&lt;/em&gt; menciona que para el escritor ingles &lt;em&gt;&amp;#171;el primer efecto de no creer en Dios es creer en cualquier cosa&amp;#187;&lt;/em&gt; (idea de la que es desarrollo la frase de Muggeridge que da inicio a este art&amp;#237;culo). Esta par&amp;#225;frasis recog&amp;#237;a fielmente las preocupaciones Chesterton sobre la p&amp;#233;rdida de la fe y la corrupci&amp;#243;n de la raz&amp;#243;n que el racionalismo traer&amp;#237;a consigo, cosa que hoy constatamos d&amp;#237;a s&amp;#237;, d&amp;#237;a tambi&amp;#233;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero no se trataba &amp;#250;nicamente de una destrucci&amp;#243;n de la raz&amp;#243;n, sino, igualmente, de una perversi&amp;#243;n de la espiritualidad. El hombre es una criatura ambivalente: carnal, pero, tambi&amp;#233;n espiritual. Hay en &amp;#233;l un ans&amp;#237;a que va m&amp;#225;s all&amp;#225; de lo corp&amp;#243;reo, que va m&amp;#225;s all&amp;#225; de este mundo. Un &lt;em&gt;&amp;#8220;hambre espiritual&amp;#8221;&lt;/em&gt; que si no es colmada en su dimensi&amp;#243;n de trascendencia divina, se llenar&amp;#225; de supersticiones absurdas o ideolog&amp;#237;as nefastas. Chesterton se lo hace decir a su padre Brown: &lt;em&gt;&amp;#171;Est&amp;#225; ahogando todo su viejo racionalismo y escepticismo; est&amp;#225; entrando como un mar, y su nombre es superstici&amp;#243;n&amp;#187;.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De esto quiero hablarles hoy: de ese vac&amp;#237;o existencial que alimenta la vieja herej&amp;#237;a de la idolatr&amp;#237;a, y de los &lt;em&gt;dioses extra&amp;#241;os&lt;/em&gt; de los que T. S. Eliot habl&amp;#243;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las causas particulares de esta situaci&amp;#243;n son m&amp;#250;ltiples, pero hay algunas sobre las que quisiera detenerme. An&amp;#225;lisis sociol&amp;#243;gicos recientes se&amp;#241;alan que las nuevas generaciones crecen en un entorno de crisis e inestabilidad. Frente a esta falta de certezas, las creencias alternativas ofrecen un c&amp;#243;modo refugio.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y entre estas creencias alternativas destacan la magia, la hechicer&amp;#237;a y la adivinaci&amp;#243;n, aunque no podemos olvidar tampoco el riesgo de la manipulaci&amp;#243;n mundana: embaucadores, falsos gur&amp;#250;s y embusteros de toda &amp;#237;ndole se aprovechan para enga&amp;#241;ar, manipular y obtener un vil provecho econ&amp;#243;mico o personal.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo creamos o no, existe un aumento constatable en la interacci&amp;#243;n con lo preternatural, lo que la teolog&amp;#237;a identifica como inteligencias ang&amp;#233;licas ca&amp;#237;das (o lo que se &lt;em&gt;&amp;#8220;vende&amp;#8221;&lt;/em&gt; como tal), y los j&amp;#243;venes se encuentran en una posici&amp;#243;n de particular vulnerabilidad frente a ello.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El vac&amp;#237;o de referentes estables les empuja a buscarlos en cualquier lugar donde se sientan escuchados. Y a sus ojos la magia parece ofrecer un atajo para controlar la realidad incierta de la que hemos hablado, en contraste con la paciencia y sumisi&amp;#243;n que exige la verdadera fe. En las redes sociales se normaliza el contacto con entidades ocultas bajo los conceptos &lt;em&gt;&amp;#8220;inofensivos&amp;#8221; &lt;/em&gt;de gu&amp;#237;as y energ&amp;#237;as.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Todo ello se agrava por la falta de inmunidad espiritual: al abandonar los sacramentos, la oraci&amp;#243;n y la vida moral, muchos j&amp;#243;venes han perdido el &lt;em&gt;&amp;#8220;escudo&amp;#8221;&lt;/em&gt; de la gracia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No es un simple juego contracultural, sino una tragedia ontol&amp;#243;gica: al huir del yugo amoroso de Dios buscando ser &lt;em&gt;&amp;#8220;due&amp;#241;os absolutos de s&amp;#237; mismos&amp;#8221;&lt;/em&gt;, las personas terminan esclavizadas por fuerzas reales e invisibles, naturales y preternaturales, que desprecian profundamente la naturaleza humana y su destino eterno.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Todo ello representa, en fin, una triple degradaci&amp;#243;n: de la raz&amp;#243;n (al abrazar el pensamiento m&amp;#225;gico), de la libertad (al someterse al fatalismo o a voluntades ajenas) y del esp&amp;#237;ritu (al sustituir a Dios por transacciones fr&amp;#237;as con &lt;em&gt;&amp;#8220;energ&amp;#237;as&amp;#8221;&lt;/em&gt; manipulables).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;II&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ya les he hablado en varias ocasiones del peligro que supone cierta literatura como puerta de entrada a este tipo de superstici&amp;#243;n. Y, hoy en d&amp;#237;a, este es un tema editorial estrella, hasta el punto de que algunos de los mayores &amp;#233;xitos de ventas de los &amp;#250;ltimos tiempos se asientan en historias que tienen la magia como coprotagonista.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando un escritor se enfrenta con la magia tiene dos opciones fundamentales: presentarla como un don concedido por la divinidad, o como una t&amp;#233;cnica, un saber oculto en el que se puede ser iniciado. En el primer caso, el elegido es &amp;#250;nicamente un instrumento de la divinidad, que es quien ostenta el poder. En el segundo, el hombre es poseedor de un secreto dominio sobre la naturaleza y sus leyes que lo hace cuasidivino &amp;#8212;aunque el calificativo m&amp;#225;s exacto ser&amp;#237;a demon&amp;#237;aco.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;M&amp;#225;s all&amp;#225; de esta distinci&amp;#243;n inicial, hay otros criterios: el lugar que la magia ocupa en la trama &amp;#8212;si es elemento marginal o sustancia misma de la historia&amp;#8212;; la valoraci&amp;#243;n moral que de ella se hace &amp;#8212;si se la presenta como algo oscuro y peligroso o como algo inocuo y positivo&amp;#8212;; y a qui&amp;#233;n se atribuye ese poder &amp;#8212;si a seres no humanos o a hombres.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Estas consideraciones permiten explicar por qu&amp;#233;, en los c&amp;#237;rculos cristianos, se aceptan sin dificultad las historias de Lewis y Tolkien y se suscitan reparos ante &lt;em&gt;Harry Potter.&lt;/em&gt; La respuesta no es caprichosa. En &lt;em&gt;El Se&amp;#241;or de los Anillos&lt;/em&gt;, la magia es tratada como un elemento ocasional y marginal, generalmente no humano. Y el uso de la magia, cuando aparece en manos humanas, conduce invariablemente al mal &amp;#8212;v&amp;#233;ase el caso de los anillos. En &lt;em&gt;Las Cr&amp;#243;nicas de Narnia&lt;/em&gt;, los escasos personajes humanos que usan la magia son reprendidos o sufren sus consecuencias. De ambas obras se desprende una doble lecci&amp;#243;n: los hombres no deben usar la magia para lograr sus objetivos, y su uso trae consigo malas consecuencias.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En contraste, en otras obras la magia es la esencia de las historias, el paisaje en la que se mueven y desenvuelven unos protagonistas que o son magos o son formados para serlo. Adem&amp;#225;s, la magia se presenta como una t&amp;#233;cnica que se hereda biol&amp;#243;gicamente o que se perfecciona mediante el estudio y la pr&amp;#225;ctica. Esto ense&amp;#241;a una falsedad inaceptable para la teolog&amp;#237;a cat&amp;#243;lica: la existencia de una &lt;em&gt;&amp;#8220;magia neutra&amp;#8221;&lt;/em&gt; aprensible. Como nos dice Aquino, un humano con esos poderes solo los obtendr&amp;#237;a por un milagro divino o por pacto demon&amp;#237;aco. No hay tercera v&amp;#237;a.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Adem&amp;#225;s, al situar algunas obras esta magia en nuestro propio mundo, se invita a la confusi&amp;#243;n entre realidad y fantas&amp;#237;a, sugiriendo a los j&amp;#243;venes que existen pr&amp;#225;cticas ocultas accesibles para obtener poder. Ciertos chicos pueden llegar a sentir que, al igual que los protagonistas de sus lecturas, tambi&amp;#233;n ellos podr&amp;#237;an acceder a ese poder, o aprovecharse de &amp;#233;l.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Presentar la magia como un camino leg&amp;#237;timo y deseable constituye un esc&amp;#225;ndalo moral &amp;#8212;inducir a otro al mal o a la confusi&amp;#243;n moral. Pero ello no significa que toda magia literaria sea mala: es l&amp;#237;cita y educativa cuando aparece como villan&amp;#237;a a combatir, o como enga&amp;#241;o del que huir. El peligro radica en su presentaci&amp;#243;n neutral o heroica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por ello, ser&amp;#237;a un error grave concluir que la literatura fant&amp;#225;stica es, en s&amp;#237; misma, nociva. La buena fantas&amp;#237;a puede ser profundamente beneficiosa. Como se&amp;#241;al&amp;#243; Chesterton, los cuentos de hadas no le dan al ni&amp;#241;o la idea del mal &amp;#8212;que ya conoce&amp;#8212;, sino que este puede ser derrotado, ense&amp;#241;&amp;#225;ndole adem&amp;#225;s que el bien reside en un l&amp;#237;mite condicionado y que nuestra felicidad plena est&amp;#225; m&amp;#225;s all&amp;#225; de esta vida. Tolkien a&amp;#241;ade que la fantas&amp;#237;a no ofende a la raz&amp;#243;n y que la eucat&amp;#225;strofe &amp;#8212;la alegr&amp;#237;a del final feliz&amp;#8212; ofrece una fugaz visi&amp;#243;n del gozo evang&amp;#233;lico. Y Lewis nos recuerda que esas historias nos ayudan a imaginar y aceptar ese mundo invisible en el que creemos y que, por el momento, no podemos alcanzar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El problema no es, pues, el uso de la fantas&amp;#237;a en el relato, ni siquiera que la magia, la adivinaci&amp;#243;n o el ocultismo aparezcan en el mismo. El problema estriba en c&amp;#243;mo son presentados y tratados, as&amp;#237; como sea asimilada esa ense&amp;#241;anza tras la lectura. Banalizar el ocultismo deja a las nuevas generaciones sin defensas espirituales.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;III&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Frente a este panorama, los padres deben aplicar la prudencia cristiana. La mayor batalla espiritual de nuestro tiempo, como prof&amp;#233;ticamente anunci&amp;#243; Newman, se libra en el campo de la imaginaci&amp;#243;n. El demonio no puede forzar la voluntad, pero puede seducir la imaginaci&amp;#243;n, haciendo repulsivo el bien y atractivo el mal. Lo que se imagina con deseo, tarde o temprano se busca en la realidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Crecer en una cultura saturada de brujas amigables y hechizos divertidos crea un h&amp;#225;bito de insensibilidad hacia lo oculto. Si se ense&amp;#241;a a los ni&amp;#241;os que el fuego no quema, no tendr&amp;#225;n el sano temor necesario cuando enfrenten el fuego real. El ocultismo, el espiritismo y la acci&amp;#243;n demon&amp;#237;aca existen. Si banalizamos estos peligros, dejamos a los j&amp;#243;venes sin defensas espirituales cuando el mundo real les ofrezca acercarse a la &lt;em&gt;Nueva Era&lt;/em&gt; o al ocultismo &lt;em&gt;&amp;#171;por diversi&amp;#243;n&amp;#187;, &lt;/em&gt;o buscando una &lt;em&gt;salida&lt;/em&gt; a los problemas de la vida.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Frente a esto y a la existencia en el mercado de literatura &lt;em&gt;t&amp;#243;xica&lt;/em&gt;, existen para los padres preocupados varios criterios pr&amp;#225;cticos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A este respecto, debe atenderse en primer t&amp;#233;rmino a la edad y madurez. Antes de los siete a&amp;#241;os, solo deben ofrecerse cuentos de hadas tradicionales con fronteras morales claras. M&amp;#225;s adelante, entre los siete y los doce, conviene priorizar la fantas&amp;#237;a cristiana cl&amp;#225;sica &amp;#8212;Lewis, Tolkien, Chesterton, MacDonald&amp;#8212;, mientras que en la adolescencia ya pueden abordarse textos m&amp;#225;s ambiguos, aunque siempre con un s&amp;#243;lido acompa&amp;#241;amiento.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En segundo lugar, influye el temperamento del ni&amp;#241;o, debiendo tenerse especial cuidado con aquellos que son sugestionables o muestran una inclinaci&amp;#243;n natural al misterio oculto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A ello se suman la formaci&amp;#243;n previa y el contexto: un ni&amp;#241;o con una vida sacramental s&amp;#243;lida est&amp;#225; mejor equipado y, sin duda, protegido; sin embargo, si ya se encuentra saturado de magia por la cultura &amp;#8212;televisi&amp;#243;n, redes sociales, videojuegos&amp;#8212;, resultar&amp;#225; imprudente a&amp;#241;adir m&amp;#225;s literatura m&amp;#225;gica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Asimismo, cabe considerar las alternativas disponibles. &amp;#191;Por qu&amp;#233; arriesgarse con libros problem&amp;#225;ticos cuando existe un tesoro de literatura fant&amp;#225;stica segura y sublime? Autores como Chesterton, George MacDonald, Tolkien o Lewis ofrecen opciones de calidad superior sin los peligros comentados.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por &amp;#250;ltimo, cuando resulte imposible evitar que un ni&amp;#241;o lea una obra problem&amp;#225;tica &amp;#8212;por ejemplo, por presi&amp;#243;n social en el colegio&amp;#8212;, entran en juego el acompa&amp;#241;amiento y el principio del mal menor: se debe leer la obra con &amp;#233;l, dialogar, contrastar sus premisas con la fe cat&amp;#243;lica y darle herramientas de lectura cr&amp;#237;tica, evitando en todo momento dejar al ni&amp;#241;o solo ante estos textos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Adem&amp;#225;s de todo ello, los padres siempre deberemos calificar y seleccionar los libros que puedan llegar a leer nuestros hijos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En este sentido, podemos poner la concreta obra bajo escrutinio a fin de determinar si contiene alguna de estas caracter&amp;#237;sticas: &amp;#191;Hay magia como dominio e instrumentalizaci&amp;#243;n del ser (&lt;em&gt;&amp;#8220;quiero X, aplico t&amp;#233;cnica/rito y lo obtengo&amp;#8221;&lt;/em&gt;)? &amp;#191;Hay magia como iniciaci&amp;#243;n y paso a la pertenencia de una &amp;#233;lite de elegidos (libro secreto, escuela oculta, &lt;em&gt;&amp;#8220;los que saben&amp;#8221;&lt;/em&gt; frente a &lt;em&gt;&amp;#8220;los profanos&amp;#8221;&lt;/em&gt;)? &amp;#191;Hay un juicio moral del orden natural o una ratificaci&amp;#243;n del mismo (si el relato castiga/limita esa perversa voluntad de poder, o la normaliza)? Y por &amp;#250;ltimo, &amp;#191;la obra contiene una inversi&amp;#243;n del orden de las cosas anticristiana? &amp;#191;Un deicidio simb&amp;#243;lico y una entronizaci&amp;#243;n o deificaci&amp;#243;n del hombre?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;O bien, simplemente, hacerse preguntas como las siguientes: &amp;#191;la magia que aparece en la obra exige un pacto o un servicio?, &amp;#191;se subordina a un bien objetivo o suplanta ese bien por la pura voluntad o capricho?, &amp;#191;se presenta como atajo a los l&amp;#237;mites naturales?, &amp;#191;hay &lt;em&gt;&amp;#8216;segunda realidad&amp;#8217; &lt;/em&gt;que sustituye lo real?, u otras por el estilo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No se trata de demonizar sin m&amp;#225;s determinadas sagas, sino de ser conscientes de la importancia de comprender qu&amp;#233; imagen del poder, del hombre y del mundo transmiten. Y eso exige discernimiento y acompa&amp;#241;amiento.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;IV&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nuestra tarea es, por tanto, educar el universo imaginativo de nuestros hijos con im&amp;#225;genes que reflejen la Verdad del orden creado. Debemos ofrecerles una fantas&amp;#237;a donde el hombre es una criatura humilde y necesitada de la gracia, donde el mal es real pero ha sido vencido por Cristo, donde el mayor poder no es el dominio t&amp;#233;cnico de la realidad, sino el sacrificio y el amor que se entrega. Una fantas&amp;#237;a donde la victoria se logra no por la acumulaci&amp;#243;n de poder m&amp;#225;gico, sino por la debilidad asumida, la humildad y la providencia &amp;#8212;como en Frodo, que falla, y en Aslan, que se sacrifica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esa literatura existe y es abundante. La fantasia, bien orientada, no compite con Dios: participa humildemente de su luz. Como dec&amp;#237;a Tolkien, &amp;#171;La Fantas&amp;#237;a sigue siendo un derecho del ser humano: creamos a nuestra medida y en forma delegada, porque hemos sido creados; pero no solo creamos, sino que lo hacemos a imagen y semejanza de un Creador&amp;#187;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Elijamos, pues, con sabidur&amp;#237;a. Ante el panorama inquietante que nos rodea &amp;#8212;y que va mucho m&amp;#225;s all&amp;#225; de los libros, alcanzando a una cultura que avanza son&amp;#225;mbula hacia una antropolog&amp;#237;a abiertamente contraria al hombre&amp;#8212;, m&amp;#225;s que alarmismo y p&amp;#225;nico, necesitamos claridad, formaci&amp;#243;n y firmeza. Que nuestros hijos aprendan a amar el mundo creado por Dios, y no a conformarse a las tinieblas de este siglo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Entradas relacionadas:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;#&quot; data-original-attrs=&quot;{&amp;quot;data-original-href&amp;quot;:&amp;quot;https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2019/04/la-magia-y-los-libros-para-chicos-i.html&amp;quot;}&quot;&gt;LA MAGIA Y LOS LIBROS PARA CHICOS (I)&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;#&quot; data-original-attrs=&quot;{&amp;quot;data-original-href&amp;quot;:&amp;quot;https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2019/04/la-magia-y-los-libros-para-chicos-ii.html&amp;quot;}&quot;&gt;LA MAGIA Y LOS LIBROS PARA CHICOS (II)&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;#&quot; data-original-attrs=&quot;{&amp;quot;data-original-href&amp;quot;:&amp;quot;https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2020/02/es-buena-la-fantasia-literaria-para.html&amp;quot;}&quot;&gt;&amp;#191;ES BUENA LA FANTAS&amp;#205;A LITERARIA PARA NUESTROS HIJOS?&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;#&quot; data-original-attrs=&quot;{&amp;quot;data-original-href&amp;quot;:&amp;quot;https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2023/02/magia-y-milagro-en-la-literatura-una.html&amp;quot;}&quot;&gt;MAGIA Y MILAGRO EN LA LITERATURA: UNA DISTINCI&amp;#211;N NECESARIA&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;item_footer&quot;&gt;&lt;p&gt;&lt;small&gt;&lt;a href=&quot;https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2610120739-fantasia-que-sana-magia-que-e&quot;&gt;Original post&lt;/a&gt; blogged on &lt;a href=&quot;http://b2evolution.net/&quot;&gt;b2evolution&lt;/a&gt;.&lt;/small&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;</description>
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<td><a href="https://www.infocatolica.com#" data-original-attrs="{&quot;data-original-href&quot;:&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEjllykoqoCOZ4VJyHnv58U1izHNI5HoFPrvDxxq_rysWGlEjJ7e9QHpuTWpL7ZHKMw8RhFjjXy43g5zID1aZ2GYzDQ8VY4QIiMGlBvdFlqOjYePPcsyCKzLmJ3yH07gYaboECQ81mNPT0B_z8bejdVvRqhEbFyTno58VaUTd9nUaNmPTbOX830dQHlRoMg&quot;,&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"><img src="https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEjllykoqoCOZ4VJyHnv58U1izHNI5HoFPrvDxxq_rysWGlEjJ7e9QHpuTWpL7ZHKMw8RhFjjXy43g5zID1aZ2GYzDQ8VY4QIiMGlBvdFlqOjYePPcsyCKzLmJ3yH07gYaboECQ81mNPT0B_z8bejdVvRqhEbFyTno58VaUTd9nUaNmPTbOX830dQHlRoMg=s1600" data-original-height="1078" data-original-width="864" /></a></td>
</tr>
<tr>
<td>
<blockquote style="text-align: center;">&#171;Tres mujeres y tres lobos&#187;. Obra de Eug&#232;ne Grasset (1845-1917).</blockquote>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>&#160;</p>
<p>&#160;</p>
<p>&#160;</p>
<blockquote style="text-align: center;">
<p>&#171;Se ha dicho que cuando los seres humanos dejan de creer en Dios, dejan de creer en nada. La verdad es mucho peor: creen en cualquier cosa&#187;.</p>
<p>Malcolm Muggeridge</p>
</blockquote>
<p>&#160;</p>
<p>&#160;</p>
<p>&#160;</p>
<p>I</p>
<p>&#201;mile Cammaerts, en su biograf&#237;a sobre Chesterton, <em>The Laughing Prophet,</em> menciona que para el escritor ingles <em>&#171;el primer efecto de no creer en Dios es creer en cualquier cosa&#187;</em> (idea de la que es desarrollo la frase de Muggeridge que da inicio a este art&#237;culo). Esta par&#225;frasis recog&#237;a fielmente las preocupaciones Chesterton sobre la p&#233;rdida de la fe y la corrupci&#243;n de la raz&#243;n que el racionalismo traer&#237;a consigo, cosa que hoy constatamos d&#237;a s&#237;, d&#237;a tambi&#233;n.</p>
<p>Pero no se trataba &#250;nicamente de una destrucci&#243;n de la raz&#243;n, sino, igualmente, de una perversi&#243;n de la espiritualidad. El hombre es una criatura ambivalente: carnal, pero, tambi&#233;n espiritual. Hay en &#233;l un ans&#237;a que va m&#225;s all&#225; de lo corp&#243;reo, que va m&#225;s all&#225; de este mundo. Un <em>&#8220;hambre espiritual&#8221;</em> que si no es colmada en su dimensi&#243;n de trascendencia divina, se llenar&#225; de supersticiones absurdas o ideolog&#237;as nefastas. Chesterton se lo hace decir a su padre Brown: <em>&#171;Est&#225; ahogando todo su viejo racionalismo y escepticismo; est&#225; entrando como un mar, y su nombre es superstici&#243;n&#187;.</em></p>
<p>De esto quiero hablarles hoy: de ese vac&#237;o existencial que alimenta la vieja herej&#237;a de la idolatr&#237;a, y de los <em>dioses extra&#241;os</em> de los que T. S. Eliot habl&#243;.</p>
<p>Las causas particulares de esta situaci&#243;n son m&#250;ltiples, pero hay algunas sobre las que quisiera detenerme. An&#225;lisis sociol&#243;gicos recientes se&#241;alan que las nuevas generaciones crecen en un entorno de crisis e inestabilidad. Frente a esta falta de certezas, las creencias alternativas ofrecen un c&#243;modo refugio.</p>
<p>Y entre estas creencias alternativas destacan la magia, la hechicer&#237;a y la adivinaci&#243;n, aunque no podemos olvidar tampoco el riesgo de la manipulaci&#243;n mundana: embaucadores, falsos gur&#250;s y embusteros de toda &#237;ndole se aprovechan para enga&#241;ar, manipular y obtener un vil provecho econ&#243;mico o personal.</p>
<p>Lo creamos o no, existe un aumento constatable en la interacci&#243;n con lo preternatural, lo que la teolog&#237;a identifica como inteligencias ang&#233;licas ca&#237;das (o lo que se <em>&#8220;vende&#8221;</em> como tal), y los j&#243;venes se encuentran en una posici&#243;n de particular vulnerabilidad frente a ello.</p>
<p>El vac&#237;o de referentes estables les empuja a buscarlos en cualquier lugar donde se sientan escuchados. Y a sus ojos la magia parece ofrecer un atajo para controlar la realidad incierta de la que hemos hablado, en contraste con la paciencia y sumisi&#243;n que exige la verdadera fe. En las redes sociales se normaliza el contacto con entidades ocultas bajo los conceptos <em>&#8220;inofensivos&#8221; </em>de gu&#237;as y energ&#237;as.</p>
<p>Todo ello se agrava por la falta de inmunidad espiritual: al abandonar los sacramentos, la oraci&#243;n y la vida moral, muchos j&#243;venes han perdido el <em>&#8220;escudo&#8221;</em> de la gracia.</p>
<p>No es un simple juego contracultural, sino una tragedia ontol&#243;gica: al huir del yugo amoroso de Dios buscando ser <em>&#8220;due&#241;os absolutos de s&#237; mismos&#8221;</em>, las personas terminan esclavizadas por fuerzas reales e invisibles, naturales y preternaturales, que desprecian profundamente la naturaleza humana y su destino eterno.</p>
<p>Todo ello representa, en fin, una triple degradaci&#243;n: de la raz&#243;n (al abrazar el pensamiento m&#225;gico), de la libertad (al someterse al fatalismo o a voluntades ajenas) y del esp&#237;ritu (al sustituir a Dios por transacciones fr&#237;as con <em>&#8220;energ&#237;as&#8221;</em> manipulables).</p>
<p></p>
<p>II</p>
<p>Ya les he hablado en varias ocasiones del peligro que supone cierta literatura como puerta de entrada a este tipo de superstici&#243;n. Y, hoy en d&#237;a, este es un tema editorial estrella, hasta el punto de que algunos de los mayores &#233;xitos de ventas de los &#250;ltimos tiempos se asientan en historias que tienen la magia como coprotagonista.</p>
<p>Cuando un escritor se enfrenta con la magia tiene dos opciones fundamentales: presentarla como un don concedido por la divinidad, o como una t&#233;cnica, un saber oculto en el que se puede ser iniciado. En el primer caso, el elegido es &#250;nicamente un instrumento de la divinidad, que es quien ostenta el poder. En el segundo, el hombre es poseedor de un secreto dominio sobre la naturaleza y sus leyes que lo hace cuasidivino &#8212;aunque el calificativo m&#225;s exacto ser&#237;a demon&#237;aco.</p>
<p>M&#225;s all&#225; de esta distinci&#243;n inicial, hay otros criterios: el lugar que la magia ocupa en la trama &#8212;si es elemento marginal o sustancia misma de la historia&#8212;; la valoraci&#243;n moral que de ella se hace &#8212;si se la presenta como algo oscuro y peligroso o como algo inocuo y positivo&#8212;; y a qui&#233;n se atribuye ese poder &#8212;si a seres no humanos o a hombres.</p>
<p>Estas consideraciones permiten explicar por qu&#233;, en los c&#237;rculos cristianos, se aceptan sin dificultad las historias de Lewis y Tolkien y se suscitan reparos ante <em>Harry Potter.</em> La respuesta no es caprichosa. En <em>El Se&#241;or de los Anillos</em>, la magia es tratada como un elemento ocasional y marginal, generalmente no humano. Y el uso de la magia, cuando aparece en manos humanas, conduce invariablemente al mal &#8212;v&#233;ase el caso de los anillos. En <em>Las Cr&#243;nicas de Narnia</em>, los escasos personajes humanos que usan la magia son reprendidos o sufren sus consecuencias. De ambas obras se desprende una doble lecci&#243;n: los hombres no deben usar la magia para lograr sus objetivos, y su uso trae consigo malas consecuencias.</p>
<p>En contraste, en otras obras la magia es la esencia de las historias, el paisaje en la que se mueven y desenvuelven unos protagonistas que o son magos o son formados para serlo. Adem&#225;s, la magia se presenta como una t&#233;cnica que se hereda biol&#243;gicamente o que se perfecciona mediante el estudio y la pr&#225;ctica. Esto ense&#241;a una falsedad inaceptable para la teolog&#237;a cat&#243;lica: la existencia de una <em>&#8220;magia neutra&#8221;</em> aprensible. Como nos dice Aquino, un humano con esos poderes solo los obtendr&#237;a por un milagro divino o por pacto demon&#237;aco. No hay tercera v&#237;a.</p>
<p>Adem&#225;s, al situar algunas obras esta magia en nuestro propio mundo, se invita a la confusi&#243;n entre realidad y fantas&#237;a, sugiriendo a los j&#243;venes que existen pr&#225;cticas ocultas accesibles para obtener poder. Ciertos chicos pueden llegar a sentir que, al igual que los protagonistas de sus lecturas, tambi&#233;n ellos podr&#237;an acceder a ese poder, o aprovecharse de &#233;l.</p>
<p>Presentar la magia como un camino leg&#237;timo y deseable constituye un esc&#225;ndalo moral &#8212;inducir a otro al mal o a la confusi&#243;n moral. Pero ello no significa que toda magia literaria sea mala: es l&#237;cita y educativa cuando aparece como villan&#237;a a combatir, o como enga&#241;o del que huir. El peligro radica en su presentaci&#243;n neutral o heroica.</p>
<p></p>
<p>Por ello, ser&#237;a un error grave concluir que la literatura fant&#225;stica es, en s&#237; misma, nociva. La buena fantas&#237;a puede ser profundamente beneficiosa. Como se&#241;al&#243; Chesterton, los cuentos de hadas no le dan al ni&#241;o la idea del mal &#8212;que ya conoce&#8212;, sino que este puede ser derrotado, ense&#241;&#225;ndole adem&#225;s que el bien reside en un l&#237;mite condicionado y que nuestra felicidad plena est&#225; m&#225;s all&#225; de esta vida. Tolkien a&#241;ade que la fantas&#237;a no ofende a la raz&#243;n y que la eucat&#225;strofe &#8212;la alegr&#237;a del final feliz&#8212; ofrece una fugaz visi&#243;n del gozo evang&#233;lico. Y Lewis nos recuerda que esas historias nos ayudan a imaginar y aceptar ese mundo invisible en el que creemos y que, por el momento, no podemos alcanzar.</p>
<p>El problema no es, pues, el uso de la fantas&#237;a en el relato, ni siquiera que la magia, la adivinaci&#243;n o el ocultismo aparezcan en el mismo. El problema estriba en c&#243;mo son presentados y tratados, as&#237; como sea asimilada esa ense&#241;anza tras la lectura. Banalizar el ocultismo deja a las nuevas generaciones sin defensas espirituales.</p>
<p></p>
<p>III</p>
<p>Frente a este panorama, los padres deben aplicar la prudencia cristiana. La mayor batalla espiritual de nuestro tiempo, como prof&#233;ticamente anunci&#243; Newman, se libra en el campo de la imaginaci&#243;n. El demonio no puede forzar la voluntad, pero puede seducir la imaginaci&#243;n, haciendo repulsivo el bien y atractivo el mal. Lo que se imagina con deseo, tarde o temprano se busca en la realidad.</p>
<p>Crecer en una cultura saturada de brujas amigables y hechizos divertidos crea un h&#225;bito de insensibilidad hacia lo oculto. Si se ense&#241;a a los ni&#241;os que el fuego no quema, no tendr&#225;n el sano temor necesario cuando enfrenten el fuego real. El ocultismo, el espiritismo y la acci&#243;n demon&#237;aca existen. Si banalizamos estos peligros, dejamos a los j&#243;venes sin defensas espirituales cuando el mundo real les ofrezca acercarse a la <em>Nueva Era</em> o al ocultismo <em>&#171;por diversi&#243;n&#187;, </em>o buscando una <em>salida</em> a los problemas de la vida.</p>
<p>Frente a esto y a la existencia en el mercado de literatura <em>t&#243;xica</em>, existen para los padres preocupados varios criterios pr&#225;cticos.</p>
<p>A este respecto, debe atenderse en primer t&#233;rmino a la edad y madurez. Antes de los siete a&#241;os, solo deben ofrecerse cuentos de hadas tradicionales con fronteras morales claras. M&#225;s adelante, entre los siete y los doce, conviene priorizar la fantas&#237;a cristiana cl&#225;sica &#8212;Lewis, Tolkien, Chesterton, MacDonald&#8212;, mientras que en la adolescencia ya pueden abordarse textos m&#225;s ambiguos, aunque siempre con un s&#243;lido acompa&#241;amiento.</p>
<p>En segundo lugar, influye el temperamento del ni&#241;o, debiendo tenerse especial cuidado con aquellos que son sugestionables o muestran una inclinaci&#243;n natural al misterio oculto.</p>
<p>A ello se suman la formaci&#243;n previa y el contexto: un ni&#241;o con una vida sacramental s&#243;lida est&#225; mejor equipado y, sin duda, protegido; sin embargo, si ya se encuentra saturado de magia por la cultura &#8212;televisi&#243;n, redes sociales, videojuegos&#8212;, resultar&#225; imprudente a&#241;adir m&#225;s literatura m&#225;gica.</p>
<p>Asimismo, cabe considerar las alternativas disponibles. &#191;Por qu&#233; arriesgarse con libros problem&#225;ticos cuando existe un tesoro de literatura fant&#225;stica segura y sublime? Autores como Chesterton, George MacDonald, Tolkien o Lewis ofrecen opciones de calidad superior sin los peligros comentados.</p>
<p>Por &#250;ltimo, cuando resulte imposible evitar que un ni&#241;o lea una obra problem&#225;tica &#8212;por ejemplo, por presi&#243;n social en el colegio&#8212;, entran en juego el acompa&#241;amiento y el principio del mal menor: se debe leer la obra con &#233;l, dialogar, contrastar sus premisas con la fe cat&#243;lica y darle herramientas de lectura cr&#237;tica, evitando en todo momento dejar al ni&#241;o solo ante estos textos.</p>
<p>Adem&#225;s de todo ello, los padres siempre deberemos calificar y seleccionar los libros que puedan llegar a leer nuestros hijos.</p>
<p>En este sentido, podemos poner la concreta obra bajo escrutinio a fin de determinar si contiene alguna de estas caracter&#237;sticas: &#191;Hay magia como dominio e instrumentalizaci&#243;n del ser (<em>&#8220;quiero X, aplico t&#233;cnica/rito y lo obtengo&#8221;</em>)? &#191;Hay magia como iniciaci&#243;n y paso a la pertenencia de una &#233;lite de elegidos (libro secreto, escuela oculta, <em>&#8220;los que saben&#8221;</em> frente a <em>&#8220;los profanos&#8221;</em>)? &#191;Hay un juicio moral del orden natural o una ratificaci&#243;n del mismo (si el relato castiga/limita esa perversa voluntad de poder, o la normaliza)? Y por &#250;ltimo, &#191;la obra contiene una inversi&#243;n del orden de las cosas anticristiana? &#191;Un deicidio simb&#243;lico y una entronizaci&#243;n o deificaci&#243;n del hombre?</p>
<p>O bien, simplemente, hacerse preguntas como las siguientes: &#191;la magia que aparece en la obra exige un pacto o un servicio?, &#191;se subordina a un bien objetivo o suplanta ese bien por la pura voluntad o capricho?, &#191;se presenta como atajo a los l&#237;mites naturales?, &#191;hay <em>&#8216;segunda realidad&#8217; </em>que sustituye lo real?, u otras por el estilo.</p>
<p>No se trata de demonizar sin m&#225;s determinadas sagas, sino de ser conscientes de la importancia de comprender qu&#233; imagen del poder, del hombre y del mundo transmiten. Y eso exige discernimiento y acompa&#241;amiento.</p>
<p></p>
<p>IV</p>
<p>Nuestra tarea es, por tanto, educar el universo imaginativo de nuestros hijos con im&#225;genes que reflejen la Verdad del orden creado. Debemos ofrecerles una fantas&#237;a donde el hombre es una criatura humilde y necesitada de la gracia, donde el mal es real pero ha sido vencido por Cristo, donde el mayor poder no es el dominio t&#233;cnico de la realidad, sino el sacrificio y el amor que se entrega. Una fantas&#237;a donde la victoria se logra no por la acumulaci&#243;n de poder m&#225;gico, sino por la debilidad asumida, la humildad y la providencia &#8212;como en Frodo, que falla, y en Aslan, que se sacrifica.</p>
<p>Esa literatura existe y es abundante. La fantasia, bien orientada, no compite con Dios: participa humildemente de su luz. Como dec&#237;a Tolkien, &#171;La Fantas&#237;a sigue siendo un derecho del ser humano: creamos a nuestra medida y en forma delegada, porque hemos sido creados; pero no solo creamos, sino que lo hacemos a imagen y semejanza de un Creador&#187;.</p>
<p>Elijamos, pues, con sabidur&#237;a. Ante el panorama inquietante que nos rodea &#8212;y que va mucho m&#225;s all&#225; de los libros, alcanzando a una cultura que avanza son&#225;mbula hacia una antropolog&#237;a abiertamente contraria al hombre&#8212;, m&#225;s que alarmismo y p&#225;nico, necesitamos claridad, formaci&#243;n y firmeza. Que nuestros hijos aprendan a amar el mundo creado por Dios, y no a conformarse a las tinieblas de este siglo.</p>
<p></p>
<p></p>
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<p></p>
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</div>]]></content:encoded>
					</item>
			<item>
				<title>El arte de trazar una l&#237;nea: Hablando de l&#237;mites</title>
				<link>https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2610120754-el-arte-de-trazar-una-linea-h?utm_medium=RSS&amp;utm_source=rss2-blog&amp;utm_campaign=B89</link>
				<pubDate>Mon, 19 Oct 2026 08:34:09 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Miguel Sanmart&#237;n Fenollera</dc:creator>
				<category domain="main">Sin categor&#237;as</category>
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&lt;/tr&gt;
&lt;tr&gt;
&lt;td style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
&lt;blockquote&gt;&amp;#171;La l&amp;#237;nea de la gloria&amp;#187;. Obra de Augusto Ferrer-Dalmau (1964-).&lt;/blockquote&gt;
&lt;/td&gt;
&lt;/tr&gt;
&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;p&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;blockquote style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;&amp;#171;Todo acto de voluntad es un acto de acto de autolimitaci&amp;#243;n&amp;#187;.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;G. K. Chesterton. &lt;em&gt;Ortodoxia&lt;/em&gt; (1908)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;blockquote style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
&lt;p&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;&amp;#171;El arte, como la moralidad, consiste en trazar una l&amp;#237;nea en alguna parte&amp;#187;.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;G. K. Chesterton, &lt;em&gt;Illustrated London News&lt;/em&gt;, (5 de mayo de 1928)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Se ha extendido entre nosotros los modernos la idea de que el l&amp;#237;mite como concepto &amp;#8212;incluso cualquier l&amp;#237;mite concreto&amp;#8212; es, en s&amp;#237; mismo, un mal. De ordinario se le identifica con t&amp;#233;rminos negativos como restricci&amp;#243;n, castraci&amp;#243;n, opresi&amp;#243;n e impotencia, y suele oponerse a la palabra libertad como su m&amp;#225;s directo ant&amp;#243;nimo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, todo ello no parece habernos venido bien. El siglo XX y lo que llevamos del XXI albergan pulsiones libertarias e irrestrictas que, lejos de traernos un ed&amp;#233;n, han poblado la tierra de peque&amp;#241;os y grandes infiernos. As&amp;#237;, junto a estos impulsos, han irrumpido &amp;#8212;como g&amp;#233;rmenes de disoluci&amp;#243;n&amp;#8212; tanto &lt;em&gt;&amp;#171;la l&amp;#243;gica monstruosa del terror&amp;#187;&lt;/em&gt; de la que hablaba Nietzsche, como los &lt;em&gt;&amp;#171;monstruos&amp;#187;&lt;/em&gt; que mencion&amp;#243; Gramsci.&lt;a href=&quot;https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2610120754-el-arte-de-trazar-una-linea-h#more48888&quot;&gt;Leer m&amp;#225;s... &amp;raquo;&lt;/a&gt;&lt;div class=&quot;item_footer&quot;&gt;&lt;p&gt;&lt;small&gt;&lt;a href=&quot;https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2610120754-el-arte-de-trazar-una-linea-h&quot;&gt;Original post&lt;/a&gt; blogged on &lt;a href=&quot;http://b2evolution.net/&quot;&gt;b2evolution&lt;/a&gt;.&lt;/small&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;</description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;">
<table cellspacing="0" cellpadding="0" align="center">
<tbody>
<tr>
<td><a href="https://www.infocatolica.com#" data-original-attrs="{&quot;data-original-href&quot;:&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEgDED2pzZHCkkF3eziulgANkpPvRXcKF2SIMtiPuoGGBD8jg880NZLfHO8Y7FdB4MbznQ1rXNvF12-jDaZiMgfk4fser64m81fthpKE37IkfuJ2NtqQUWR6xZKw_625BjRunLK5H0ulNJ73uWzD3huMroLB-tOqnCjd5t29cpRreu2fngpxgBMZ3I8QGyE&quot;,&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"><img src="https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEgDED2pzZHCkkF3eziulgANkpPvRXcKF2SIMtiPuoGGBD8jg880NZLfHO8Y7FdB4MbznQ1rXNvF12-jDaZiMgfk4fser64m81fthpKE37IkfuJ2NtqQUWR6xZKw_625BjRunLK5H0ulNJ73uWzD3huMroLB-tOqnCjd5t29cpRreu2fngpxgBMZ3I8QGyE=s1600" data-original-height="1111" data-original-width="1279" /></a></td>
</tr>
<tr>
<td style="text-align: center;">
<blockquote>&#171;La l&#237;nea de la gloria&#187;. Obra de Augusto Ferrer-Dalmau (1964-).</blockquote>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>&#160;</p>
<blockquote style="text-align: center;">
<p><em>&#171;Todo acto de voluntad es un acto de acto de autolimitaci&#243;n&#187;.</em></p>
<p>G. K. Chesterton. <em>Ortodoxia</em> (1908)</p>
</blockquote>
<p>&#160;</p>
<blockquote style="text-align: center;">
<p>&#160;</p>
<p><em>&#171;El arte, como la moralidad, consiste en trazar una l&#237;nea en alguna parte&#187;.</em></p>
<p>G. K. Chesterton, <em>Illustrated London News</em>, (5 de mayo de 1928)</p>
</blockquote>
<p>&#160;</p>
<p>&#160;</p>
<p>Se ha extendido entre nosotros los modernos la idea de que el l&#237;mite como concepto &#8212;incluso cualquier l&#237;mite concreto&#8212; es, en s&#237; mismo, un mal. De ordinario se le identifica con t&#233;rminos negativos como restricci&#243;n, castraci&#243;n, opresi&#243;n e impotencia, y suele oponerse a la palabra libertad como su m&#225;s directo ant&#243;nimo.</p>
<p>Sin embargo, todo ello no parece habernos venido bien. El siglo XX y lo que llevamos del XXI albergan pulsiones libertarias e irrestrictas que, lejos de traernos un ed&#233;n, han poblado la tierra de peque&#241;os y grandes infiernos. As&#237;, junto a estos impulsos, han irrumpido &#8212;como g&#233;rmenes de disoluci&#243;n&#8212; tanto <em>&#171;la l&#243;gica monstruosa del terror&#187;</em> de la que hablaba Nietzsche, como los <em>&#171;monstruos&#187;</em> que mencion&#243; Gramsci.<a href="https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2610120754-el-arte-de-trazar-una-linea-h#more48888">Leer m&#225;s... &raquo;</a>]]></content:encoded>
					</item>
			<item>
				<title>La belleza y sencillez de Sibylle von Olfers, otra vez</title>
				<link>https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2610070642-la-belleza-y-sencillez-de-sib?utm_medium=RSS&amp;utm_source=rss2-blog&amp;utm_campaign=B89</link>
				<pubDate>Wed, 07 Oct 2026 16:56:56 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Miguel Sanmart&#237;n Fenollera</dc:creator>
				<category domain="main">Sin categor&#237;as</category>
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						<description>&lt;div id=&quot;post-body-1208860025556127852&quot; style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;table cellspacing=&quot;0&quot; cellpadding=&quot;0&quot; align=&quot;center&quot;&gt;
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&lt;tr&gt;
&lt;td&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEj_d4WEE32SX9Y2taILvvH9WDfe16Aj-i__xQSaATRusc1LKXiBCP93aAcMaKIDJhmKn7YU489REykUJwe4WrSc8YllDoUxa5QqQhX3Few7q8H2_aja3HY9DdZhKf1O9bJBE16HHG3lelmIZxkPr1oZu9wqgUReDUbPm6ujum2EylQuBvB-1AEG4HLAOc0&quot;&gt;&lt;img src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEj_d4WEE32SX9Y2taILvvH9WDfe16Aj-i__xQSaATRusc1LKXiBCP93aAcMaKIDJhmKn7YU489REykUJwe4WrSc8YllDoUxa5QqQhX3Few7q8H2_aja3HY9DdZhKf1O9bJBE16HHG3lelmIZxkPr1oZu9wqgUReDUbPm6ujum2EylQuBvB-1AEG4HLAOc0=s1600&quot; data-original-height=&quot;1025&quot; data-original-width=&quot;1358&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;
&lt;/tr&gt;
&lt;tr&gt;
&lt;td style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
&lt;blockquote&gt;Ilustraci&amp;#243;n de &amp;#171;Lo que le ocurri&amp;#243; a Marilenita&amp;#187;.&lt;/blockquote&gt;
&lt;/td&gt;
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&lt;p&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;blockquote style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
&lt;p&gt;&amp;#171;En los libros de Sibylle von Olfers, la naturaleza real no se distorsiona, sino que ocupa su lugar con tranquilidad gracias a la espl&amp;#233;ndida fidelidad y naturalidad del dibujo&amp;#187;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bettina H&amp;#252;rlimann&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los fieles a este blog saben de mi predilecci&amp;#243;n por Sibylle von Olfers, de la que les he hablado en repetidas ocasiones (&lt;a href=&quot;https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2017/04/las-historias-de-sibylle-von-olfers.html&quot;&gt;aqu&amp;#237;&lt;/a&gt;, &lt;a href=&quot;https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2023/12/navidad-y-regalos-algunas.html&quot;&gt;aqu&amp;#237;&lt;/a&gt;&amp;#160;y &lt;a href=&quot;https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2020/01/y-que-hay-de-los-bebes.html&quot;&gt;aqu&amp;#237;&lt;/a&gt;),&amp;#160;convencido como estoy de que siempre es un acierto difundir su obra entre la infancia.&amp;#160;Por suerte, parece que no soy el &amp;#250;nico que piensa as&amp;#237;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No s&amp;#233; si conocen &lt;strong&gt;Ysabel Ediciones&lt;/strong&gt;, un nov&amp;#237;simo proyecto editorial de esos que hacen verdadera falta. Impulsado por un joven matrimonio, Bel&amp;#233;n y Manuel, nace con la intenci&amp;#243;n de hacer el bien, de buscar el bien de los otros. Es, por lo tanto, un proyecto lleno de amor. Y eso se nota.&lt;a href=&quot;https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2610070642-la-belleza-y-sencillez-de-sib#more48867&quot;&gt;Leer m&amp;#225;s... &amp;raquo;&lt;/a&gt;&lt;div class=&quot;item_footer&quot;&gt;&lt;p&gt;&lt;small&gt;&lt;a href=&quot;https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2610070642-la-belleza-y-sencillez-de-sib&quot;&gt;Original post&lt;/a&gt; blogged on &lt;a href=&quot;http://b2evolution.net/&quot;&gt;b2evolution&lt;/a&gt;.&lt;/small&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;</description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="post-body-1208860025556127852" style="text-align: justify;">
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<td><a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEj_d4WEE32SX9Y2taILvvH9WDfe16Aj-i__xQSaATRusc1LKXiBCP93aAcMaKIDJhmKn7YU489REykUJwe4WrSc8YllDoUxa5QqQhX3Few7q8H2_aja3HY9DdZhKf1O9bJBE16HHG3lelmIZxkPr1oZu9wqgUReDUbPm6ujum2EylQuBvB-1AEG4HLAOc0"><img src="https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEj_d4WEE32SX9Y2taILvvH9WDfe16Aj-i__xQSaATRusc1LKXiBCP93aAcMaKIDJhmKn7YU489REykUJwe4WrSc8YllDoUxa5QqQhX3Few7q8H2_aja3HY9DdZhKf1O9bJBE16HHG3lelmIZxkPr1oZu9wqgUReDUbPm6ujum2EylQuBvB-1AEG4HLAOc0=s1600" data-original-height="1025" data-original-width="1358" /></a></td>
</tr>
<tr>
<td style="text-align: center;">
<blockquote>Ilustraci&#243;n de &#171;Lo que le ocurri&#243; a Marilenita&#187;.</blockquote>
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<br />
<p>&#160;</p>
<p>&#160;</p>
<p>&#160;</p>
<p>&#160;</p>
<blockquote style="text-align: center;">
<p>&#171;En los libros de Sibylle von Olfers, la naturaleza real no se distorsiona, sino que ocupa su lugar con tranquilidad gracias a la espl&#233;ndida fidelidad y naturalidad del dibujo&#187;.</p>
<p>Bettina H&#252;rlimann</p>
</blockquote>
<p>&#160;</p>
<p>&#160;</p>
<p>&#160;</p>
<p>&#160;</p>
<p>Los fieles a este blog saben de mi predilecci&#243;n por Sibylle von Olfers, de la que les he hablado en repetidas ocasiones (<a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2017/04/las-historias-de-sibylle-von-olfers.html">aqu&#237;</a>, <a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2023/12/navidad-y-regalos-algunas.html">aqu&#237;</a>&#160;y <a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2020/01/y-que-hay-de-los-bebes.html">aqu&#237;</a>),&#160;convencido como estoy de que siempre es un acierto difundir su obra entre la infancia.&#160;Por suerte, parece que no soy el &#250;nico que piensa as&#237;.</p>
<p>No s&#233; si conocen <strong>Ysabel Ediciones</strong>, un nov&#237;simo proyecto editorial de esos que hacen verdadera falta. Impulsado por un joven matrimonio, Bel&#233;n y Manuel, nace con la intenci&#243;n de hacer el bien, de buscar el bien de los otros. Es, por lo tanto, un proyecto lleno de amor. Y eso se nota.<a href="https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2610070642-la-belleza-y-sencillez-de-sib#more48867">Leer m&#225;s... &raquo;</a>]]></content:encoded>
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				<title>La elecci&#243;n de los &#225;lbumes ilustrados</title>
				<link>https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2607051139-la-eleccion-de-los-albumes-il?utm_medium=RSS&amp;utm_source=rss2-blog&amp;utm_campaign=B89</link>
				<pubDate>Sun, 05 Jul 2026 09:39:47 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Miguel Sanmart&#237;n Fenollera</dc:creator>
				<category domain="main">Sin categor&#237;as</category>
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						<description>&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;table class=&quot;tr-caption-container&quot; cellspacing=&quot;0&quot; cellpadding=&quot;0&quot; align=&quot;center&quot;&gt;
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&lt;blockquote&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEgAfZ0MVTP9g6lm3Db6HT395zShb6mzjPnMrv8ONY-QMeFcSn-Ll1Mhz5x_xAIgNxzGa0ihXUbVO7X0NXjQuYxCgPKRrFe90toHAuLKHhNAufQUohsPJLd38tf3sylBwFT95drUlZe87zQL21Ie7Pt4PJYCNFErMBjUZvnELtiXSHk_cYwsh-h1Sq2uy9M&quot;&gt;&lt;img src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEgAfZ0MVTP9g6lm3Db6HT395zShb6mzjPnMrv8ONY-QMeFcSn-Ll1Mhz5x_xAIgNxzGa0ihXUbVO7X0NXjQuYxCgPKRrFe90toHAuLKHhNAufQUohsPJLd38tf3sylBwFT95drUlZe87zQL21Ie7Pt4PJYCNFErMBjUZvnELtiXSHk_cYwsh-h1Sq2uy9M=s1600&quot; data-original-height=&quot;1080&quot; data-original-width=&quot;720&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;
&lt;/td&gt;
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&lt;td class=&quot;tr-caption&quot;&gt;&amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#171;Madre e hija leyendo&amp;#187;. Jessie Willcox Smith (1863-1935).&lt;/td&gt;
&lt;/tr&gt;
&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
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&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&quot;center&quot;&gt;
&lt;p&gt;&amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;em&gt;&amp;#171;Solo lo m&amp;#225;s selecto de lo mejor en cualquier cosa puede ser lo suficientemente bueno para los j&amp;#243;venes&amp;#187;.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Walter de la Mare&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p class=&quot;center&quot;&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p data-original-attrs=&quot;{&amp;quot;style&amp;quot;:&amp;quot;&amp;quot;}&quot;&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p data-original-attrs=&quot;{&amp;quot;style&amp;quot;:&amp;quot;&amp;quot;}&quot;&gt;&lt;font size=&quot;6&quot; data-keep-original-tag=&quot;false&quot; data-original-attrs=&quot;{&amp;quot;style&amp;quot;:&amp;quot;&amp;quot;}&quot;&gt;&amp;#160;&lt;/font&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p data-original-attrs=&quot;{&amp;quot;style&amp;quot;:&amp;quot;&amp;quot;}&quot;&gt;&lt;font size=&quot;6&quot; data-keep-original-tag=&quot;false&quot; data-original-attrs=&quot;{&amp;quot;style&amp;quot;:&amp;quot;&amp;quot;}&quot;&gt;&amp;#160;&lt;/font&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Seguimos con la labor del discernimiento, de la necesaria elecci&amp;#243;n. Lo ideal en esta materia, como en casi todas, es examinar las obras directamente y en profundidad a fin de constatar la conveniencia de un libro concreto para un ni&amp;#241;o en particular. Sin embargo, sabemos que esto no siempre es posible; es m&amp;#225;s, en ocasiones puede ser incluso innecesario debido a la &amp;#237;ndole del asunto tratado y su clara inconveniencia.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Con todo, en los libros destinados a los primeros a&amp;#241;os, un vistazo breve suele ser suficiente. Esto ocurre cuando la materia del libro y su enfoque son expl&amp;#237;citos en el t&amp;#237;tulo, la sinopsis o la publicidad; a veces incluso basta &amp;#8212;especialmente en los &amp;#225;lbumes ilustrados de los que nos ocupamos&amp;#8212; un examen general de las ilustraciones y de las frases iniciales y finales.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Pero, para echar ese vistazo, es preciso tener el libro entre las manos. A estos efectos, recuerdo la infancia de mis hijas y nuestro peregrinar por las librer&amp;#237;as cada vez que ten&amp;#237;amos un momento; especialmente a una, ya desaparecida y que se encontraba muy cerca de casa, a la que sol&amp;#237;amos acudir. Era todo un ritual que ya he descrito &lt;a href=&quot;https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2017/08/construyendo-un-habito-iii-la-caza-de.html&quot;&gt;en otro lugar,&lt;/a&gt; pero que el tiempo dej&amp;#243; atr&amp;#225;s.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Como no todos los &amp;#225;lbumes se prestan a estos ex&amp;#225;menes someros ni siempre tenemos la oportunidad de hojearlos f&amp;#237;sicamente, compartir&amp;#233; con ustedes una serie de criterios para guiar esta labor de elecci&amp;#243;n.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El punto de partida: saber qu&amp;#233; buscamos&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Lo primero que debemos hacer es saber lo que queremos, lo que estamos buscando. Para ello, definir las caracter&amp;#237;sticas principales de nuestra cosmovisi&amp;#243;n &amp;#8212;aquella que nos sostiene en el d&amp;#237;a a d&amp;#237;a y que deseamos transmitir conscientemente a nuestros hijos&amp;#8212; es primordial, pues incluso estos libritos, aparentemente inofensivos, deber&amp;#225;n responder a ella. La m&amp;#237;a es bien conocida por ustedes: mi visi&amp;#243;n de la existencia se asienta en la filosof&amp;#237;a perenne y realista, y en la profesi&amp;#243;n de fe de la Iglesia cat&amp;#243;lica romana.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Desde esta concreta perspectiva, el universo y la naturaleza humana poseen una estructura estable y un prop&amp;#243;sito; la libertad no elimina los l&amp;#237;mites, sino que los presupone para poder existir; el amor es un acto de la voluntad que incluye la justicia y exige un orden en los afectos; y, por &amp;#250;ltimo, la imaginaci&amp;#243;n debe estar al servicio de la verdad objetiva.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Aunque estos puntos constituyen una simplificaci&amp;#243;n reductiva, me parece necesaria, pues me sirve para acotar la extensi&amp;#243;n de este escrito a unos l&amp;#237;mites razonables.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Fijados estos principios, reparemos en la naturaleza del objeto a elegir: el &amp;#225;lbum infantil ilustrado. Este g&amp;#233;nero rara vez ense&amp;#241;a doctrina de manera expl&amp;#237;cita; su funci&amp;#243;n principal es formar &amp;#8212;o deformar&amp;#8212; la imaginaci&amp;#243;n, sugiriendo y estimulando las pasiones con mayor intensidad que el intelecto. Por lo tanto, la pregunta clave que debemos formular es: &lt;strong&gt;&amp;#191;este &amp;#225;lbum ordena o desordena la imaginaci&amp;#243;n?&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;La necesidad de tal escrutinio es hoy extremadamente urgente. En la narrativa nacida de la uni&amp;#243;n entre imagen y palabra, los riesgos de la producci&amp;#243;n literaria actual radican en sugerir &amp;#171;verdades&amp;#187; tan peligrosas y distorsionantes como que el yo crea la realidad, que la caridad es posible sin la justicia, que la libertad es una ruptura autoafirmativa de los l&amp;#237;mites, o que la &amp;#171;autoestima&amp;#187; es un valor supremo y autosuficiente. Tambi&amp;#233;n se suele promover que la emoci&amp;#243;n debe suplantar a la verdad, que la identidad personal y sexual es fluida y contingente, o que la autoridad adulta es intr&amp;#237;nsecamente opresiva.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Toda esta jerga moderna me aburre profundamente; mucha palabrer&amp;#237;a y no poco desatino. Sin embargo, si queremos combatir y vencer, debemos conocer las armas del adversario. Las palabras son usadas hoy irresponsablemente, juegan con los sentimientos y pueden confundir la mente infantil. La imaginaci&amp;#243;n de un ni&amp;#241;o es un tesoro a proteger y cuidar, y debe nutrirse de im&amp;#225;genes que respeten la estructura del ser y la verdad de la naturaleza humana.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Contraste de modelos&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Sabemos que el &amp;#225;lbum ilustrado es un formato relativamente reciente que comenz&amp;#243; a consolidarse en el siglo XX; ello no empece que haya llegado a ser una categor&amp;#237;a sumamente valiosa &amp;#8211;y apreciada&amp;#8211; para y por los ni&amp;#241;os. Sin embargo, mientras que la mayor&amp;#237;a de los cl&amp;#225;sicos del siglo pasado se sostienen sobre una base ontol&amp;#243;gicamente estable, asentada en la realidad, gran parte de los &amp;#225;lbumes contempor&amp;#225;neos se ha desplazado hacia un constructivismo emocional e irracional. Ve&amp;#225;moslo m&amp;#225;s gr&amp;#225;ficamente con algunos ejemplos.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Tomemos dos &amp;#225;lbumes cl&amp;#225;sicos de los que ya les he hablado &lt;a href=&quot;https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2017/06/belleza-delicadeza-y-armonia-beatrix.html&quot;&gt;aqu&amp;#237; &lt;/a&gt;y &lt;a href=&quot;https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2017/04/albumes-ilustrados-con-animales.html&quot;&gt;aqu&amp;#237;&lt;/a&gt;; dos obritas que nos hablan de manera impl&amp;#237;cita de la virtud de la prudencia y de los tozudos l&amp;#237;mites de la realidad.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;El primero es &lt;em&gt;&lt;strong&gt;El cuento de Perico, el conejo travieso&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;, probablemente el relato m&amp;#225;s famoso de Beatrix Potter, donde el protagonista, tras desobedecer a su madre, sufre las consecuencias de su desaf&amp;#237;o y aprende a trav&amp;#233;s de la experiencia.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;El segundo, &lt;em&gt;&lt;strong&gt;La historia de Ping&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;, de Marjorie Flack, que muestra, a trav&amp;#233;s de las peripecias del pato protagonista, el error y sus consecuencias, y la reflexi&amp;#243;n y el regreso al orden a que da lugar. Ping huye por miedo al castigo y termina enfrentando un peligro mayor, descubriendo que la responsabilidad es m&amp;#225;s segura que la evasi&amp;#243;n.&lt;br /&gt;Ambas historias demuestran &amp;#8212;de forma suave y casi imperceptible&amp;#8212; que la realidad tiene una estructura s&amp;#243;lida e inteligible y que la imprudencia genera un da&amp;#241;o real.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Por el contrario, en lo que llevamos de siglo los ejemplos de signo opuesto son numerosos. Encontramos as&amp;#237; obras tan perturbadoras como &lt;em&gt;&lt;strong&gt;Soy Jazz&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;, de Jessica Herthel, un relato que presenta una antropolog&amp;#237;a de corte gn&amp;#243;stico donde la identidad se reduce a una &lt;em&gt;&amp;#171;autopercepci&amp;#243;n interior&amp;#187;&lt;/em&gt; desvinculada de la realidad biol&amp;#243;gica. En una l&amp;#237;nea similar se mueve &lt;em&gt;&lt;strong&gt;Tris, Trans,&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; de Tatiana Iglesias Bordoy, que aprovechando algunos procesos naturales de cambio, induce a la confusi&amp;#243;n del ni&amp;#241;o lector identific&amp;#225;ndolos con el, denominado eufem&amp;#237;sticamente&amp;#160;&lt;em&gt;transici&amp;#243;n de g&amp;#233;nero&lt;/em&gt;, bajo estos mismos postulados.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Ambos &amp;#225;lbumes niegan la naturaleza humana como una estructura dada, supedit&amp;#225;ndola a las preferencias personales del sujeto, promoviendo la identidad personal como una autoconstrucci&amp;#243;n radical que puede dar lugar, como desgraciadamente ya estamos viendo, a unas consecuencias irreversibles y tremendas.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Y voy acabando.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Podr&amp;#237;amos adentrarnos en muchos otros t&amp;#237;tulos, pero creo que esta peque&amp;#241;a muestra es suficiente para ilustrar el punto. Aunque no todo lo moderno es desechable, hoy m&amp;#225;s que nunca se requiere una extraordinaria atenci&amp;#243;n a aquello que se nos ofrece, un esmerado cuidado en aquello que se elige, y una atenta mediaci&amp;#243;n paterna, consciente y vigilante, sobre aquello que a nuestros hijos se les propone leer.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Les bastar&amp;#225; con volver, una y otra vez, a la pregunta clave: &lt;strong&gt;&amp;#191;este &amp;#225;lbum ordenar&amp;#225; o desordenar&amp;#225; la imaginaci&amp;#243;n de mi hijo?&lt;/strong&gt; Y en funci&amp;#243;n de cual sea la respuesta, elijan o desechen. Parece f&amp;#225;cil, pero, ciertamente, en ocasiones no lo ser&amp;#225; tanto, as&amp;#237; que &amp;#161;&amp;#225;nimo, sus hijos agradecer&amp;#225;n su esfuerzo!&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;item_footer&quot;&gt;&lt;p&gt;&lt;small&gt;&lt;a href=&quot;https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2607051139-la-eleccion-de-los-albumes-il&quot;&gt;Original post&lt;/a&gt; blogged on &lt;a href=&quot;http://b2evolution.net/&quot;&gt;b2evolution&lt;/a&gt;.&lt;/small&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;</description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p>
<table class="tr-caption-container" cellspacing="0" cellpadding="0" align="center">
<tbody>
<tr>
<td>
<blockquote><a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEgAfZ0MVTP9g6lm3Db6HT395zShb6mzjPnMrv8ONY-QMeFcSn-Ll1Mhz5x_xAIgNxzGa0ihXUbVO7X0NXjQuYxCgPKRrFe90toHAuLKHhNAufQUohsPJLd38tf3sylBwFT95drUlZe87zQL21Ie7Pt4PJYCNFErMBjUZvnELtiXSHk_cYwsh-h1Sq2uy9M"><img src="https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEgAfZ0MVTP9g6lm3Db6HT395zShb6mzjPnMrv8ONY-QMeFcSn-Ll1Mhz5x_xAIgNxzGa0ihXUbVO7X0NXjQuYxCgPKRrFe90toHAuLKHhNAufQUohsPJLd38tf3sylBwFT95drUlZe87zQL21Ie7Pt4PJYCNFErMBjUZvnELtiXSHk_cYwsh-h1Sq2uy9M=s1600" data-original-height="1080" data-original-width="720" /></a></blockquote>
</td>
</tr>
<tr>
<td class="tr-caption">&#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#171;Madre e hija leyendo&#187;. Jessie Willcox Smith (1863-1935).</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p><br /><br /></p>
<p></p>
<p>&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</p>
<p></p>
<p>&#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160;</p>
<p>&#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160;&#160;</p>
<blockquote class="center">
<p>&#160; &#160; &#160; &#160;</p>
<p><br /> <br /><em>&#171;Solo lo m&#225;s selecto de lo mejor en cualquier cosa puede ser lo suficientemente bueno para los j&#243;venes&#187;.</em></p>
<p>Walter de la Mare</p>
<p>&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</p>
</blockquote>
<p class="center"></p>
<p data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"></p>
<p></p>
<p></p>
<p data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</font></p>
<p data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</font></p>
<p class="text-justify">Seguimos con la labor del discernimiento, de la necesaria elecci&#243;n. Lo ideal en esta materia, como en casi todas, es examinar las obras directamente y en profundidad a fin de constatar la conveniencia de un libro concreto para un ni&#241;o en particular. Sin embargo, sabemos que esto no siempre es posible; es m&#225;s, en ocasiones puede ser incluso innecesario debido a la &#237;ndole del asunto tratado y su clara inconveniencia.</p>
<p class="text-justify">Con todo, en los libros destinados a los primeros a&#241;os, un vistazo breve suele ser suficiente. Esto ocurre cuando la materia del libro y su enfoque son expl&#237;citos en el t&#237;tulo, la sinopsis o la publicidad; a veces incluso basta &#8212;especialmente en los &#225;lbumes ilustrados de los que nos ocupamos&#8212; un examen general de las ilustraciones y de las frases iniciales y finales.</p>
<p class="text-justify">Pero, para echar ese vistazo, es preciso tener el libro entre las manos. A estos efectos, recuerdo la infancia de mis hijas y nuestro peregrinar por las librer&#237;as cada vez que ten&#237;amos un momento; especialmente a una, ya desaparecida y que se encontraba muy cerca de casa, a la que sol&#237;amos acudir. Era todo un ritual que ya he descrito <a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2017/08/construyendo-un-habito-iii-la-caza-de.html">en otro lugar,</a> pero que el tiempo dej&#243; atr&#225;s.</p>
<p class="text-justify">Como no todos los &#225;lbumes se prestan a estos ex&#225;menes someros ni siempre tenemos la oportunidad de hojearlos f&#237;sicamente, compartir&#233; con ustedes una serie de criterios para guiar esta labor de elecci&#243;n.<br /> <br /><strong>El punto de partida: saber qu&#233; buscamos</strong></p>
<p class="text-justify">Lo primero que debemos hacer es saber lo que queremos, lo que estamos buscando. Para ello, definir las caracter&#237;sticas principales de nuestra cosmovisi&#243;n &#8212;aquella que nos sostiene en el d&#237;a a d&#237;a y que deseamos transmitir conscientemente a nuestros hijos&#8212; es primordial, pues incluso estos libritos, aparentemente inofensivos, deber&#225;n responder a ella. La m&#237;a es bien conocida por ustedes: mi visi&#243;n de la existencia se asienta en la filosof&#237;a perenne y realista, y en la profesi&#243;n de fe de la Iglesia cat&#243;lica romana.</p>
<p class="text-justify">Desde esta concreta perspectiva, el universo y la naturaleza humana poseen una estructura estable y un prop&#243;sito; la libertad no elimina los l&#237;mites, sino que los presupone para poder existir; el amor es un acto de la voluntad que incluye la justicia y exige un orden en los afectos; y, por &#250;ltimo, la imaginaci&#243;n debe estar al servicio de la verdad objetiva.</p>
<p class="text-justify">Aunque estos puntos constituyen una simplificaci&#243;n reductiva, me parece necesaria, pues me sirve para acotar la extensi&#243;n de este escrito a unos l&#237;mites razonables.</p>
<p class="text-justify">Fijados estos principios, reparemos en la naturaleza del objeto a elegir: el &#225;lbum infantil ilustrado. Este g&#233;nero rara vez ense&#241;a doctrina de manera expl&#237;cita; su funci&#243;n principal es formar &#8212;o deformar&#8212; la imaginaci&#243;n, sugiriendo y estimulando las pasiones con mayor intensidad que el intelecto. Por lo tanto, la pregunta clave que debemos formular es: <strong>&#191;este &#225;lbum ordena o desordena la imaginaci&#243;n?</strong></p>
<p class="text-justify">La necesidad de tal escrutinio es hoy extremadamente urgente. En la narrativa nacida de la uni&#243;n entre imagen y palabra, los riesgos de la producci&#243;n literaria actual radican en sugerir &#171;verdades&#187; tan peligrosas y distorsionantes como que el yo crea la realidad, que la caridad es posible sin la justicia, que la libertad es una ruptura autoafirmativa de los l&#237;mites, o que la &#171;autoestima&#187; es un valor supremo y autosuficiente. Tambi&#233;n se suele promover que la emoci&#243;n debe suplantar a la verdad, que la identidad personal y sexual es fluida y contingente, o que la autoridad adulta es intr&#237;nsecamente opresiva.</p>
<p class="text-justify">Toda esta jerga moderna me aburre profundamente; mucha palabrer&#237;a y no poco desatino. Sin embargo, si queremos combatir y vencer, debemos conocer las armas del adversario. Las palabras son usadas hoy irresponsablemente, juegan con los sentimientos y pueden confundir la mente infantil. La imaginaci&#243;n de un ni&#241;o es un tesoro a proteger y cuidar, y debe nutrirse de im&#225;genes que respeten la estructura del ser y la verdad de la naturaleza humana.<br /> <br /><strong>Contraste de modelos</strong></p>
<p class="text-justify">Sabemos que el &#225;lbum ilustrado es un formato relativamente reciente que comenz&#243; a consolidarse en el siglo XX; ello no empece que haya llegado a ser una categor&#237;a sumamente valiosa &#8211;y apreciada&#8211; para y por los ni&#241;os. Sin embargo, mientras que la mayor&#237;a de los cl&#225;sicos del siglo pasado se sostienen sobre una base ontol&#243;gicamente estable, asentada en la realidad, gran parte de los &#225;lbumes contempor&#225;neos se ha desplazado hacia un constructivismo emocional e irracional. Ve&#225;moslo m&#225;s gr&#225;ficamente con algunos ejemplos.</p>
<p class="text-justify">Tomemos dos &#225;lbumes cl&#225;sicos de los que ya les he hablado <a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2017/06/belleza-delicadeza-y-armonia-beatrix.html">aqu&#237; </a>y <a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2017/04/albumes-ilustrados-con-animales.html">aqu&#237;</a>; dos obritas que nos hablan de manera impl&#237;cita de la virtud de la prudencia y de los tozudos l&#237;mites de la realidad.</p>
<p class="text-justify">El primero es <em><strong>El cuento de Perico, el conejo travieso</strong></em>, probablemente el relato m&#225;s famoso de Beatrix Potter, donde el protagonista, tras desobedecer a su madre, sufre las consecuencias de su desaf&#237;o y aprende a trav&#233;s de la experiencia.</p>
<p class="text-justify">El segundo, <em><strong>La historia de Ping</strong></em>, de Marjorie Flack, que muestra, a trav&#233;s de las peripecias del pato protagonista, el error y sus consecuencias, y la reflexi&#243;n y el regreso al orden a que da lugar. Ping huye por miedo al castigo y termina enfrentando un peligro mayor, descubriendo que la responsabilidad es m&#225;s segura que la evasi&#243;n.<br />Ambas historias demuestran &#8212;de forma suave y casi imperceptible&#8212; que la realidad tiene una estructura s&#243;lida e inteligible y que la imprudencia genera un da&#241;o real.</p>
<p class="text-justify">Por el contrario, en lo que llevamos de siglo los ejemplos de signo opuesto son numerosos. Encontramos as&#237; obras tan perturbadoras como <em><strong>Soy Jazz</strong></em>, de Jessica Herthel, un relato que presenta una antropolog&#237;a de corte gn&#243;stico donde la identidad se reduce a una <em>&#171;autopercepci&#243;n interior&#187;</em> desvinculada de la realidad biol&#243;gica. En una l&#237;nea similar se mueve <em><strong>Tris, Trans,</strong></em> de Tatiana Iglesias Bordoy, que aprovechando algunos procesos naturales de cambio, induce a la confusi&#243;n del ni&#241;o lector identific&#225;ndolos con el, denominado eufem&#237;sticamente&#160;<em>transici&#243;n de g&#233;nero</em>, bajo estos mismos postulados.</p>
<p class="text-justify">Ambos &#225;lbumes niegan la naturaleza humana como una estructura dada, supedit&#225;ndola a las preferencias personales del sujeto, promoviendo la identidad personal como una autoconstrucci&#243;n radical que puede dar lugar, como desgraciadamente ya estamos viendo, a unas consecuencias irreversibles y tremendas.</p>
<p class="text-justify">Y voy acabando.</p>
<p class="text-justify">Podr&#237;amos adentrarnos en muchos otros t&#237;tulos, pero creo que esta peque&#241;a muestra es suficiente para ilustrar el punto. Aunque no todo lo moderno es desechable, hoy m&#225;s que nunca se requiere una extraordinaria atenci&#243;n a aquello que se nos ofrece, un esmerado cuidado en aquello que se elige, y una atenta mediaci&#243;n paterna, consciente y vigilante, sobre aquello que a nuestros hijos se les propone leer.</p>
<p class="text-justify">Les bastar&#225; con volver, una y otra vez, a la pregunta clave: <strong>&#191;este &#225;lbum ordenar&#225; o desordenar&#225; la imaginaci&#243;n de mi hijo?</strong> Y en funci&#243;n de cual sea la respuesta, elijan o desechen. Parece f&#225;cil, pero, ciertamente, en ocasiones no lo ser&#225; tanto, as&#237; que &#161;&#225;nimo, sus hijos agradecer&#225;n su esfuerzo!</p>
<p class="text-justify"></p>]]></content:encoded>
					</item>
			<item>
				<title>La batalla por la imaginaci&#243;n: c&#243;mo la literatura infantil y juvenil moldea el alma de nuestros hijos</title>
				<link>https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2606230217-la-batalla-por-la-imaginacion?utm_medium=RSS&amp;utm_source=rss2-blog&amp;utm_campaign=B89</link>
				<pubDate>Tue, 23 Jun 2026 12:17:27 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Miguel Sanmart&#237;n Fenollera</dc:creator>
				<category domain="main">Sin categor&#237;as</category>
				<guid isPermaLink="false">48498@https://www.infocatolica.com/blog/</guid>
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&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;
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&lt;p class=&quot;center&quot;&gt;&lt;em&gt;&amp;#171;El coraz&amp;#243;n se alcanza com&amp;#250;nmente no a trav&amp;#233;s de la raz&amp;#243;n, sino a trav&amp;#233;s de la imaginaci&amp;#243;n&amp;#187;.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;center&quot;&gt;John Henry Newman&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;em&gt;&amp;#171;La imaginaci&amp;#243;n es el &amp;#243;rgano del significado, no de la verdad. La imaginaci&amp;#243;n, produciendo nuevas met&amp;#225;foras o revivificando las viejas, no es la causa de la verdad,pero si su condici&amp;#243;n&amp;#187;.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;center&quot;&gt;C. S. Lewis&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;center&quot;&gt;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;center&quot;&gt;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;center&quot;&gt;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;center&quot;&gt;&amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160;&amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;center&quot;&gt;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;center&quot;&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Toda obra literaria transmite una cosmovisi&amp;#243;n: la de su autor o la que este pretende proyectar. Puede hacerlo de forma profunda o superficial, pero siempre lo hace. Es cierto que, en principio, solo aquellas obras que muestran una cosmovisi&amp;#243;n de manera profunda son relevantes a la hora de educar o formar el alma de nuestros hijos. Sin embargo, no siempre es as&amp;#237;: la banalidad puede ser igualmente deformadora cuando se aplica a cuestiones que, por su naturaleza y trascendencia, debieran ser presentadas y reconocidas en toda su profundidad.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Sabemos esto desde siempre, pero los siglos XX y XXI se han caracterizado por un uso monopol&amp;#237;stico de esta verdad por parte de quienes trabajan &amp;#8212;lo sepan o no&amp;#8212; en la destrucci&amp;#243;n del orden de lo creado. Puede sonar excesivamente catastrofista o exagerado, pero cr&amp;#233;anme que no lo es: no cometamos el error de minusvalorar su alcance.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;El te&amp;#243;rico marxista italiano Antonio Gramsci es famoso precisamente por eso: por haber rescatado este mecanismo gnoseol&amp;#243;gico y haberlo puesto al servicio del desorden y la ruptura cultural. Nosotros deber&amp;#237;amos apropiarnos de ese mismo dinamismo para conocer y descubrir aquello que es verdadero, bello y bueno y difundirlo. Hoy me propongo profundizar un poco en ello.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;El mecanismo responde, en esencia, al modo propiamente humano de aprender; es lo que podr&amp;#237;amos llamar el mecanismo narrativo natural. Fuimos creados por la Palabra y a trav&amp;#233;s de la Palabra. &amp;#191;Qu&amp;#233; es el recitativo de la Santa Misa si no poes&amp;#237;a? &amp;#191;Qu&amp;#233; son los salmos sino modelos po&amp;#233;ticos? &amp;#191;Qu&amp;#233; eran las par&amp;#225;bolas de Nuestro Se&amp;#241;or sino la forma literaria magistral para revelar el Reino?&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Por lo tanto, no se trata de una herramienta propia de ninguna ideolog&amp;#237;a. Es humana y, por ello, tremendamente eficaz en nosotros. En el pasado no solo fue usada por Nuestro Se&amp;#241;or &amp;#8212;Quien nos conoce mejor que Aquel que nos ha creado&amp;#8212;, sino tambi&amp;#233;n por la literatura confesional, la novela nacionalista, la narrativa moralizante tradicional y la propaganda pol&amp;#237;tica de cualquier signo. Sin embargo, es innegable que, sobre todo en la segunda mitad del siglo XX y lo que llevamos del XXI, las ideolog&amp;#237;as (conformadas por m&amp;#250;ltiples corrientes como el modernismo, el feminismo, el socialismo, el liberalismo o el transhumanismo) casi la han monopolizado.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Y es que la ficci&amp;#243;n &amp;#8212;especialmente la destinada a los lectores j&amp;#243;venes&amp;#8212; transmite visiones del mundo no tanto mediante tesis expl&amp;#237;citas y abstractas, sino a trav&amp;#233;s de atm&amp;#243;sferas, identificaciones afectivas y marcos impl&amp;#237;citos. Por ello, es una herramienta poderosa que, si bien puede ser usada para el bien, igualmente puede emplearse para enga&amp;#241;ar o corromper.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Simplificando mucho, tal mecanismo podr&amp;#237;a estar compuesto de los siguientes elementos:&lt;/p&gt;
&lt;ul class=&quot;text-justify&quot;&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;La simpat&amp;#237;a afectiva:&lt;/strong&gt; Se presenta a los personajes que encarnan la visi&amp;#243;n que defiende la obra como entra&amp;#241;ables, reconocibles y f&amp;#225;cilmente amables; por el contrario, aquellos otros que representan lo que se quiere combatir o destruir son presentados como malvados o antip&amp;#225;ticos.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;La cosmovisi&amp;#243;n como atm&amp;#243;sfera:&lt;/strong&gt; Se plantea el entorno no como una tesis, sino como lo que demanda el &lt;em&gt;&amp;#171;sentido com&amp;#250;n&amp;#187;&lt;/em&gt; y como lo que es &lt;em&gt;&amp;#171;normal&amp;#187;&lt;/em&gt;, de manera que lo que en realidad es una construcci&amp;#243;n cultural subversiva aparece como una evidencia neutral y cuasi natural.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;La inmunizaci&amp;#243;n por medio de la iron&amp;#237;a y el sarcasmo:&lt;/strong&gt; Toda perspectiva alternativa o tradicional aparece como rid&amp;#237;cula o anacr&amp;#243;nica.&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Dentro de este marco general puede presentarse, desde luego, una amplia casu&amp;#237;stica, siendo los supuestos m&amp;#225;s comunes los siguientes:&lt;/p&gt;
&lt;ul class=&quot;text-justify&quot;&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;La normalizaci&amp;#243;n pseudofamiliar:&lt;/strong&gt; Se presenta un modelo de familia alternativo y rompedor con personajes encantadores. Al establecerlo como el &amp;#250;nico paisaje normal y ridiculizar a quien lo cuestione, se naturaliza la estructura cultural que se propone sin necesidad de argumentarla.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;La reconfiguraci&amp;#243;n del llamado &amp;#171;g&amp;#233;nero&amp;#187;:&lt;/strong&gt; Un protagonista carism&amp;#225;tico rompe estereotipos y figuras tradicionales, presentando cualquier diferencia natural entre sexos como una imposici&amp;#243;n opresiva. Quien defiende la tradici&amp;#243;n es caricaturizado, asociando la virtud con la deconstrucci&amp;#243;n o la inversi&amp;#243;n total de roles.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;El triunfo de la voluntad individual:&lt;/strong&gt; Se presenta a un protagonista cuyos &amp;#250;nicos l&amp;#237;mites radican en su propio deseo, confundiendo ilusi&amp;#243;n y realidad y dando paso a una visi&amp;#243;n pelagiana &amp;#8212;y, en el fondo, irreal&amp;#8212; de la existencia.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;El relativismo moral suave:&lt;/strong&gt; Un personaje entra&amp;#241;able, simp&amp;#225;tico y atractivo&amp;#160;rompe una norma que se dibuja como r&amp;#237;gida, mientras que la autoridad que la sostiene se muestra desconectada de la realidad del &lt;em&gt;&amp;#171;mundo&amp;#187;&lt;/em&gt; o anticuada. As&amp;#237;, la &amp;#233;tica objetiva se desplaza en favor de la autoexpresi&amp;#243;n y se crea una lealtad emocional hacia el sujeto transgresor.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;La secularizaci&amp;#243;n por omisi&amp;#243;n:&lt;/strong&gt; Se crea un mundo id&amp;#237;lico lleno de valores &amp;#8212;calificados astutamente de &lt;em&gt;&amp;#171;humanos&amp;#187;&lt;/em&gt;&amp;#8212; donde la dimensi&amp;#243;n religiosa simplemente no existe o se muestra como una excentricidad trasnochada, retr&amp;#243;grada o in&amp;#250;til. De este modo, se logra que el lector interiorice un marco puramente materialista de forma inconsciente.&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;&amp;#191;Ante este panorama (tan extendido en el mundo editorial de hoy), qu&amp;#233; podemos hacer?&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Les propongo una serie de preguntas que deber&amp;#237;amos hacernos antes de comprar o poner en manos de nuestros hijos cualquier libro, y que podr&amp;#237;an ayudarnos a desenmascarar estos &amp;#171;regalos&amp;#187; envenenados.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;En el libro en cuesti&amp;#243;n:&lt;/p&gt;
&lt;ol class=&quot;text-justify&quot;&gt;
&lt;li&gt;&amp;#191;El bien y el mal son objetivos?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&amp;#191;La virtud es recompensada y el vicio castigado?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&amp;#191;El protagonista crece moralmente?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&amp;#191;Hay figuras de autoridad respetables?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&amp;#191;Hay ausencia de contenido inmoral?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&amp;#191;Las virtudes son ense&amp;#241;adas mediante actos y no solo con teor&amp;#237;as o discursos?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&amp;#191;La realidad es objetiva y cognoscible? (Eximiendo a las historias de mundos fant&amp;#225;sticos secundarios).&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&amp;#191;Es la naturaleza humana coherente y constante, o maleable y cambiante?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&amp;#191;La Gracia (o la ayuda superior y trascendente) es respetada y est&amp;#225; presente?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&amp;#191;Hay belleza formal en el lenguaje y en las ilustraciones?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&amp;#191;Hay referencias expl&amp;#237;citas o impl&amp;#237;citas a Dios?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&amp;#191;Se reconoce una estructura sacramental del mundo donde se respeten los s&amp;#237;mbolos naturales?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&amp;#191;Se valora la comunidad, la tradici&amp;#243;n y el bien com&amp;#250;n?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&amp;#191;Hay un tratamiento del sufrimiento con realismo, esperanza y redenci&amp;#243;n?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&amp;#191;Tiene un final &amp;#171;eucatastr&amp;#243;fico&amp;#187; (una victoria inesperada del bien) que incluya el sacrificio?&lt;/li&gt;
&lt;/ol&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Muy probablemente habr&amp;#225; cuestiones relevantes no incluidas en este listado, pero incluso con sus limitaciones, quiz&amp;#225; pueda servirles de referencia y gu&amp;#237;a. Las respuestas a estas preguntas (u otras que se les ocurran) podr&amp;#237;an darnos una idea de si el libro es aceptable y formativo.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Como vemos, la batalla por las almas de nuestros hijos no se libra hoy en grandes debates teol&amp;#243;gicos ni en manifiestos ideol&amp;#243;gicos abstractos; entre otros lugares, se libra silenciosamente en las mesas de noche, en los cuentos de antes de dormir y en las lecturas escolares obligatorias. Si la estrategia del desorden y la confusi&amp;#243;n ha sido colonizar la imaginaci&amp;#243;n de los m&amp;#225;s j&amp;#243;venes a trav&amp;#233;s de la atm&amp;#243;sfera de la ficci&amp;#243;n, nuestra respuesta no puede ser la mera queja o la retirada sin combatir. Porque, como escribi&amp;#243; el cardenal Newman, &lt;em&gt;&amp;#171;es el coraz&amp;#243;n el que se mueve, no la raz&amp;#243;n la que se convence&amp;#187;.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Como padres y educadores, nos corresponde, pues, ejercer un discernimiento cr&amp;#237;tico y activo. No se trata de cerrarse al mundo (porque, aun no siendo del mundo, habitamos en el mundo, como dice la &lt;em&gt;Ep&amp;#237;stola a Diogneto&lt;/em&gt;), sino de poblar la mente de nuestros hijos de relatos que reflejen la verdadera estructura de la realidad.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Recuperemos, pues, el mecanismo narrativo natural para el bien, la belleza y la verdad. Volvamos a ofrecerles historias donde el sacrificio tenga sentido, donde la belleza eleve el esp&amp;#237;ritu y donde el bien no sea una opci&amp;#243;n subjetiva, sino un puerto seguro y firme. Solo as&amp;#237;, entrenando su sensibilidad afectiva y su coraz&amp;#243;n en el amor a lo verdadero, lo bueno y lo bello, los inmunizaremos contra la sutil pedagog&amp;#237;a de la mentira. La buena literatura, al fin y al cabo, siempre ha sido un mapa fiable para regresar a Casa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;item_footer&quot;&gt;&lt;p&gt;&lt;small&gt;&lt;a href=&quot;https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2606230217-la-batalla-por-la-imaginacion&quot;&gt;Original post&lt;/a&gt; blogged on &lt;a href=&quot;http://b2evolution.net/&quot;&gt;b2evolution&lt;/a&gt;.&lt;/small&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;</description>
			<content:encoded><![CDATA[<table class="tr-caption-container" cellspacing="0" cellpadding="0" align="center">
<tbody>
<tr>
<td><a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEjJ6llPuNXYtqKqPE8jgh8TRNoU4PnL5eHqlW5Sln9PiT1naw9-GSIxgjN65AG5WTwfeiTHo7ASOD-BWM8c6uoVrtFSOjvAYqpApn3ZWUVVW_LIGDzNAO28ZU6i8uAEyN9eW593XiV2Curyw5ijx8j2HOfhTeUW1eOZh9u6_r-ob96jnKEprfKHFdYX26I"><img src="https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEjJ6llPuNXYtqKqPE8jgh8TRNoU4PnL5eHqlW5Sln9PiT1naw9-GSIxgjN65AG5WTwfeiTHo7ASOD-BWM8c6uoVrtFSOjvAYqpApn3ZWUVVW_LIGDzNAO28ZU6i8uAEyN9eW593XiV2Curyw5ijx8j2HOfhTeUW1eOZh9u6_r-ob96jnKEprfKHFdYX26I=s16000" data-original-height="995" data-original-width="1231" /></a></td>
</tr>
<tr>
<td class="tr-caption">
<blockquote>&#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160;&#171;La lectura&#187;. Obra de&#160;Edmund Adler (1876&#8211;1965).</blockquote>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p><br /><br /><br /></p>
<p></p>
<p></p>
<p></p>
<p></p>
<p data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"></p>
<p data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</p>
<blockquote>
<p data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"></p>
<p data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"></p>
<p data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</font></p>
<p></p>
<p></p>
</blockquote>
<p></p>
<blockquote>
<p class="center"><em>&#171;El coraz&#243;n se alcanza com&#250;nmente no a trav&#233;s de la raz&#243;n, sino a trav&#233;s de la imaginaci&#243;n&#187;.</em></p>
<p class="center">John Henry Newman<br /> <br /> <br /> <br /><em>&#171;La imaginaci&#243;n es el &#243;rgano del significado, no de la verdad. La imaginaci&#243;n, produciendo nuevas met&#225;foras o revivificando las viejas, no es la causa de la verdad,pero si su condici&#243;n&#187;.</em></p>
<p class="center">C. S. Lewis</p>
<p class="center">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</p>
<p class="center">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</p>
<p class="center">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</p>
<p class="center">&#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160;&#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160;</p>
<p class="center">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</p>
<p class="center"></p>
</blockquote>
<p></p>
<p></p>
<p class="text-justify">Toda obra literaria transmite una cosmovisi&#243;n: la de su autor o la que este pretende proyectar. Puede hacerlo de forma profunda o superficial, pero siempre lo hace. Es cierto que, en principio, solo aquellas obras que muestran una cosmovisi&#243;n de manera profunda son relevantes a la hora de educar o formar el alma de nuestros hijos. Sin embargo, no siempre es as&#237;: la banalidad puede ser igualmente deformadora cuando se aplica a cuestiones que, por su naturaleza y trascendencia, debieran ser presentadas y reconocidas en toda su profundidad.</p>
<p class="text-justify">Sabemos esto desde siempre, pero los siglos XX y XXI se han caracterizado por un uso monopol&#237;stico de esta verdad por parte de quienes trabajan &#8212;lo sepan o no&#8212; en la destrucci&#243;n del orden de lo creado. Puede sonar excesivamente catastrofista o exagerado, pero cr&#233;anme que no lo es: no cometamos el error de minusvalorar su alcance.</p>
<p class="text-justify">El te&#243;rico marxista italiano Antonio Gramsci es famoso precisamente por eso: por haber rescatado este mecanismo gnoseol&#243;gico y haberlo puesto al servicio del desorden y la ruptura cultural. Nosotros deber&#237;amos apropiarnos de ese mismo dinamismo para conocer y descubrir aquello que es verdadero, bello y bueno y difundirlo. Hoy me propongo profundizar un poco en ello.</p>
<p class="text-justify">El mecanismo responde, en esencia, al modo propiamente humano de aprender; es lo que podr&#237;amos llamar el mecanismo narrativo natural. Fuimos creados por la Palabra y a trav&#233;s de la Palabra. &#191;Qu&#233; es el recitativo de la Santa Misa si no poes&#237;a? &#191;Qu&#233; son los salmos sino modelos po&#233;ticos? &#191;Qu&#233; eran las par&#225;bolas de Nuestro Se&#241;or sino la forma literaria magistral para revelar el Reino?</p>
<p class="text-justify">Por lo tanto, no se trata de una herramienta propia de ninguna ideolog&#237;a. Es humana y, por ello, tremendamente eficaz en nosotros. En el pasado no solo fue usada por Nuestro Se&#241;or &#8212;Quien nos conoce mejor que Aquel que nos ha creado&#8212;, sino tambi&#233;n por la literatura confesional, la novela nacionalista, la narrativa moralizante tradicional y la propaganda pol&#237;tica de cualquier signo. Sin embargo, es innegable que, sobre todo en la segunda mitad del siglo XX y lo que llevamos del XXI, las ideolog&#237;as (conformadas por m&#250;ltiples corrientes como el modernismo, el feminismo, el socialismo, el liberalismo o el transhumanismo) casi la han monopolizado.</p>
<p class="text-justify">Y es que la ficci&#243;n &#8212;especialmente la destinada a los lectores j&#243;venes&#8212; transmite visiones del mundo no tanto mediante tesis expl&#237;citas y abstractas, sino a trav&#233;s de atm&#243;sferas, identificaciones afectivas y marcos impl&#237;citos. Por ello, es una herramienta poderosa que, si bien puede ser usada para el bien, igualmente puede emplearse para enga&#241;ar o corromper.</p>
<p class="text-justify">Simplificando mucho, tal mecanismo podr&#237;a estar compuesto de los siguientes elementos:</p>
<ul class="text-justify">
<li><strong>La simpat&#237;a afectiva:</strong> Se presenta a los personajes que encarnan la visi&#243;n que defiende la obra como entra&#241;ables, reconocibles y f&#225;cilmente amables; por el contrario, aquellos otros que representan lo que se quiere combatir o destruir son presentados como malvados o antip&#225;ticos.</li>
<li><strong>La cosmovisi&#243;n como atm&#243;sfera:</strong> Se plantea el entorno no como una tesis, sino como lo que demanda el <em>&#171;sentido com&#250;n&#187;</em> y como lo que es <em>&#171;normal&#187;</em>, de manera que lo que en realidad es una construcci&#243;n cultural subversiva aparece como una evidencia neutral y cuasi natural.</li>
<li><strong>La inmunizaci&#243;n por medio de la iron&#237;a y el sarcasmo:</strong> Toda perspectiva alternativa o tradicional aparece como rid&#237;cula o anacr&#243;nica.</li>
</ul>
<p class="text-justify">Dentro de este marco general puede presentarse, desde luego, una amplia casu&#237;stica, siendo los supuestos m&#225;s comunes los siguientes:</p>
<ul class="text-justify">
<li><strong>La normalizaci&#243;n pseudofamiliar:</strong> Se presenta un modelo de familia alternativo y rompedor con personajes encantadores. Al establecerlo como el &#250;nico paisaje normal y ridiculizar a quien lo cuestione, se naturaliza la estructura cultural que se propone sin necesidad de argumentarla.</li>
<li><strong>La reconfiguraci&#243;n del llamado &#171;g&#233;nero&#187;:</strong> Un protagonista carism&#225;tico rompe estereotipos y figuras tradicionales, presentando cualquier diferencia natural entre sexos como una imposici&#243;n opresiva. Quien defiende la tradici&#243;n es caricaturizado, asociando la virtud con la deconstrucci&#243;n o la inversi&#243;n total de roles.</li>
<li><strong>El triunfo de la voluntad individual:</strong> Se presenta a un protagonista cuyos &#250;nicos l&#237;mites radican en su propio deseo, confundiendo ilusi&#243;n y realidad y dando paso a una visi&#243;n pelagiana &#8212;y, en el fondo, irreal&#8212; de la existencia.</li>
<li><strong>El relativismo moral suave:</strong> Un personaje entra&#241;able, simp&#225;tico y atractivo&#160;rompe una norma que se dibuja como r&#237;gida, mientras que la autoridad que la sostiene se muestra desconectada de la realidad del <em>&#171;mundo&#187;</em> o anticuada. As&#237;, la &#233;tica objetiva se desplaza en favor de la autoexpresi&#243;n y se crea una lealtad emocional hacia el sujeto transgresor.</li>
<li><strong>La secularizaci&#243;n por omisi&#243;n:</strong> Se crea un mundo id&#237;lico lleno de valores &#8212;calificados astutamente de <em>&#171;humanos&#187;</em>&#8212; donde la dimensi&#243;n religiosa simplemente no existe o se muestra como una excentricidad trasnochada, retr&#243;grada o in&#250;til. De este modo, se logra que el lector interiorice un marco puramente materialista de forma inconsciente.</li>
</ul>
<p class="text-justify">&#191;Ante este panorama (tan extendido en el mundo editorial de hoy), qu&#233; podemos hacer?</p>
<p class="text-justify">Les propongo una serie de preguntas que deber&#237;amos hacernos antes de comprar o poner en manos de nuestros hijos cualquier libro, y que podr&#237;an ayudarnos a desenmascarar estos &#171;regalos&#187; envenenados.</p>
<p class="text-justify">En el libro en cuesti&#243;n:</p>
<ol class="text-justify">
<li>&#191;El bien y el mal son objetivos?</li>
<li>&#191;La virtud es recompensada y el vicio castigado?</li>
<li>&#191;El protagonista crece moralmente?</li>
<li>&#191;Hay figuras de autoridad respetables?</li>
<li>&#191;Hay ausencia de contenido inmoral?</li>
<li>&#191;Las virtudes son ense&#241;adas mediante actos y no solo con teor&#237;as o discursos?</li>
<li>&#191;La realidad es objetiva y cognoscible? (Eximiendo a las historias de mundos fant&#225;sticos secundarios).</li>
<li>&#191;Es la naturaleza humana coherente y constante, o maleable y cambiante?</li>
<li>&#191;La Gracia (o la ayuda superior y trascendente) es respetada y est&#225; presente?</li>
<li>&#191;Hay belleza formal en el lenguaje y en las ilustraciones?</li>
<li>&#191;Hay referencias expl&#237;citas o impl&#237;citas a Dios?</li>
<li>&#191;Se reconoce una estructura sacramental del mundo donde se respeten los s&#237;mbolos naturales?</li>
<li>&#191;Se valora la comunidad, la tradici&#243;n y el bien com&#250;n?</li>
<li>&#191;Hay un tratamiento del sufrimiento con realismo, esperanza y redenci&#243;n?</li>
<li>&#191;Tiene un final &#171;eucatastr&#243;fico&#187; (una victoria inesperada del bien) que incluya el sacrificio?</li>
</ol>
<p class="text-justify">Muy probablemente habr&#225; cuestiones relevantes no incluidas en este listado, pero incluso con sus limitaciones, quiz&#225; pueda servirles de referencia y gu&#237;a. Las respuestas a estas preguntas (u otras que se les ocurran) podr&#237;an darnos una idea de si el libro es aceptable y formativo.</p>
<p class="text-justify">Como vemos, la batalla por las almas de nuestros hijos no se libra hoy en grandes debates teol&#243;gicos ni en manifiestos ideol&#243;gicos abstractos; entre otros lugares, se libra silenciosamente en las mesas de noche, en los cuentos de antes de dormir y en las lecturas escolares obligatorias. Si la estrategia del desorden y la confusi&#243;n ha sido colonizar la imaginaci&#243;n de los m&#225;s j&#243;venes a trav&#233;s de la atm&#243;sfera de la ficci&#243;n, nuestra respuesta no puede ser la mera queja o la retirada sin combatir. Porque, como escribi&#243; el cardenal Newman, <em>&#171;es el coraz&#243;n el que se mueve, no la raz&#243;n la que se convence&#187;.</em></p>
<p class="text-justify">Como padres y educadores, nos corresponde, pues, ejercer un discernimiento cr&#237;tico y activo. No se trata de cerrarse al mundo (porque, aun no siendo del mundo, habitamos en el mundo, como dice la <em>Ep&#237;stola a Diogneto</em>), sino de poblar la mente de nuestros hijos de relatos que reflejen la verdadera estructura de la realidad.</p>
<p class="text-justify">Recuperemos, pues, el mecanismo narrativo natural para el bien, la belleza y la verdad. Volvamos a ofrecerles historias donde el sacrificio tenga sentido, donde la belleza eleve el esp&#237;ritu y donde el bien no sea una opci&#243;n subjetiva, sino un puerto seguro y firme. Solo as&#237;, entrenando su sensibilidad afectiva y su coraz&#243;n en el amor a lo verdadero, lo bueno y lo bello, los inmunizaremos contra la sutil pedagog&#237;a de la mentira. La buena literatura, al fin y al cabo, siempre ha sido un mapa fiable para regresar a Casa.</p>
<p></p>]]></content:encoded>
					</item>
			<item>
				<title>Cuatro criterios para reconocer la buena literatura</title>
				<link>https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2606171033-cuatro-criterios-para-reconoc?utm_medium=RSS&amp;utm_source=rss2-blog&amp;utm_campaign=B89</link>
				<pubDate>Wed, 17 Jun 2026 08:33:29 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Miguel Sanmart&#237;n Fenollera</dc:creator>
				<category domain="main">Sin categor&#237;as</category>
				<guid isPermaLink="false">48475@https://www.infocatolica.com/blog/</guid>
						<description>&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;table class=&quot;tr-caption-container&quot; cellspacing=&quot;0&quot; cellpadding=&quot;0&quot; align=&quot;center&quot;&gt;
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&lt;/td&gt;
&lt;/tr&gt;
&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;
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&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&lt;/p&gt;
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&lt;blockquote&gt;
&lt;p class=&quot;center&quot;&gt;&lt;em&gt;&amp;#171;Un cl&amp;#225;sico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir&amp;#187;.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;center&quot;&gt;Italo Calvino.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;center&quot;&gt;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;center&quot;&gt;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;center&quot;&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;center&quot;&gt;&lt;em&gt;&amp;#171;Cada lector es, cuando lee, el propio lector de s&amp;#237; mismo&amp;#187;.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;center&quot;&gt;Marcel Proust&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;En una charla que impart&amp;#237; recientemente, uno de los asistentes me plante&amp;#243; una interesante y dif&amp;#237;cil pregunta: &amp;#191;c&amp;#243;mo podemos reconocer la buena literatura? Improvis&amp;#233; como pude una respuesta, en la que todav&amp;#237;a creo, pero que, tras mucha reflexi&amp;#243;n, encuentro insuficiente e incompleta. Por ello, sin intenci&amp;#243;n de agotar el tema (inabarcable para m&amp;#237;), me he decidido a escribir sobre el asunto para darles mi parecer. Lo hago a continuaci&amp;#243;n esbozando cuatro circunstancias que podr&amp;#237;an ayudar a ese reconocimiento y a las que, osadamente, me atrevo a denominar &lt;em&gt;&amp;#171;pruebas&amp;#187;.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;strong&gt;1&amp;#170;.- La prueba del tiempo: cuando la tradici&amp;#243;n habla&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Comienzo con un principio fundamental en la valoraci&amp;#243;n literaria que podr&amp;#237;amos enunciar con sencillez: lo verdaderamente bueno perdura. No se trata de un argumento de autoridad ni de un conservadurismo nost&amp;#225;lgico, sino de una constataci&amp;#243;n emp&amp;#237;rica que desaf&amp;#237;a el relativismo cultural. Si la bondad literaria fuera puramente subjetiva, completamente dependiente de modas pasajeras u opiniones circunstanciales, cada &amp;#233;poca rechazar&amp;#237;a inevitablemente la literatura de la anterior, como quien se deshace de un vestuario anticuado. Sin embargo, la experiencia hist&amp;#243;rica demuestra lo contrario.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Los buenos libros son intemporales y transtemporales: atraviesan los siglos con una vitalidad inc&amp;#243;lume y pertenecen, por igual, a todas las &amp;#233;pocas. Homero lleva siendo le&amp;#237;do 2800 a&amp;#241;os; Dante, desde hace siete siglos; Shakespeare y Cervantes, desde hace cuatro centurias, y Dostoievski, desde hace siglo y medio. La lectura de todos ellos sigue siendo un&amp;#225;nimemente percibida &amp;#8212;por lectores de las m&amp;#225;s diversas procedencias culturales&amp;#8212; como buena, bella y verdadera. Esta unanimidad transgeneracional no es casual: es el testimonio de una bondad objetiva que trasciende los caprichos de cada momento hist&amp;#243;rico.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Como criterio pr&amp;#225;ctico, podemos afirmar que si una obra ha sido considerada valiosa por m&amp;#250;ltiples &amp;#233;pocas y culturas, es altamente probable que posea una bondad intr&amp;#237;nseca y objetiva. No obstante, conviene introducir dos matices imprescindibles. Por un lado, no todo lo antiguo es bueno: existe abundante basura literaria que el tiempo ha olvidado con justa raz&amp;#243;n, y cuyo rescate arqueol&amp;#243;gico resultar&amp;#237;a innecesario. Por otro, no todo lo moderno es indigno: hay obras contempor&amp;#225;neas muy estimables que, probablemente, resistir&amp;#225;n el paso de los a&amp;#241;os y se integrar&amp;#225;n al canon de los cl&amp;#225;sicos. Sin embargo, la probabilidad de acierto aumenta dr&amp;#225;sticamente cuando nos acercamos a aquellas obras que ya han sido pasadas por el riguroso tamiz del tiempo: cuanto m&amp;#225;s tiempo haya transcurrido, m&amp;#225;s probabilidad habr&amp;#225; de que se trate de un buen libro.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;strong&gt;2&amp;#170;.- La prueba de la relectura: el retorno imperativo&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Lo verdaderamente bueno invita a volver. Este segundo criterio es tan significativo como el primero, y acaso m&amp;#225;s &amp;#237;ntimo y personal, aunque igual de revelador. Cuando un libro es mero entretenimiento y carece de bondad, belleza y verdad, su consumo es puramente mercantil, semejante al de un producto desechable. Una vez terminado, el libro simplemente se descarta: pierde su inter&amp;#233;s y su raz&amp;#243;n de ser. No hay lugar para una segunda lectura debido a dos razones fundamentales. Primero, porque su superficialidad permite extraer todo lo que el libro ofrece en el primer y &amp;#250;nico intento, como quien vac&amp;#237;a un recipiente de escaso contenido. Segundo, porque, dado que lo que ofrece no es memorable ni deleitoso, ni provechoso ni profundo, el lector no regresa porque sabe, por instinto, que no encontrar&amp;#225; ni sacar&amp;#225; nada bueno ni nada nuevo en esa visita.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Borges relacionaba esta circunstancia con la filosof&amp;#237;a de Her&amp;#225;clito y su famoso r&amp;#237;o, en el que, en principio, nadie puede ba&amp;#241;arse dos veces; seg&amp;#250;n &amp;#233;l, &lt;em&gt;&amp;#171;uno no lee dos veces el mismo libro&amp;#187;.&lt;/em&gt; Si al iniciar la relectura nos parece el mismo, el libro no es bueno.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Esto no es nada extra&amp;#241;o, dado que el mal libro se apoya, por lo general, en situaciones contingentes y ef&amp;#237;meras: la sorpresa, el shock, la novedad o la curiosidad morbosa. Todos estos son elementos que se agotan en s&amp;#237; mismos, como fuegos artificiales que brillan intensamente por un instante y luego desaparecen en la oscuridad. Por el contrario, el buen libro descansa en presupuestos radicalmente distintos: estructura, significado, profundidad y resonancia. Esto lo convierte en un pozo sin fondo que no solo invita a volver, sino que revela &amp;#8212;tanto en los matices de su superficie tornasolada como en las cambiantes corrientes de sus profundidades&amp;#8212; aspectos nuevos, visiones insospechadas y honduras sorprendentes antes ocultas en cada relectura.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Vladimir Nabokov, en sus legendarias &lt;em&gt;Lecciones de literatura&lt;/em&gt; impartidas en la Universidad de Cornell, tras lanzar a sus alumnos una provocaci&amp;#243;n dici&amp;#233;ndoles que &lt;em&gt;&amp;#171;uno no puede leer un libro: solo puede releerlo&amp;#187;,&lt;/em&gt; esbozaba una raz&amp;#243;n m&amp;#225;s: una raz&amp;#243;n f&amp;#237;sica y no intelectual. Nabokov sosten&amp;#237;a que, en una primera lectura, el esfuerzo f&amp;#237;sico de mover los ojos de izquierda a derecha, de asimilar a los personajes, el escenario y el desarrollo temporal de la trama, nos impide apreciar la obra de arte. Solo en la relectura, cuando todo lo anterior ya no nos distrae, somos capaces de apreciar el cuadro en su totalidad: los matices, la estructura, los motivos ocultos y la verdadera genialidad del autor. Por ello, seg&amp;#250;n &amp;#233;l, si un libro no soporta esta segunda mirada sin desmoronarse por su propia superficialidad, no es gran literatura.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;strong&gt;3&amp;#170;.- La prueba de la preferencia: el espejo del alma&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Los buenos libros tratan de nosotros mismos con tanta verdad que resulta imposible no reconocerse ni interesarse en ellos. La gran literatura aborda qu&amp;#233; es el hombre y cu&amp;#225;l es su lugar en el mundo de manera seria, verdadera y profunda; por eso apela a los seres humanos de cualquier tiempo y lugar, m&amp;#225;s all&amp;#225; de las diferencias culturales o hist&amp;#243;ricas. Y esto les interesa a todos ellos enormemente porque se reconocen.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;William Shakespeare, al igual que otros grandes autores, cre&amp;#243; personajes de una profundidad psicol&amp;#243;gica y una autenticidad humana tal que el Dr. Samuel Johnson pudo escribir: &lt;em&gt;&amp;#171;Los personajes de Shakespeare no son modificados por las costumbres de lugares particulares&amp;#8230; son los aut&amp;#233;nticos descendientes de la naturaleza humana com&amp;#250;n&amp;#8230; En las obras de otros poetas, frecuentemente, es el personaje el que habla; en las de Shakespeare, el que habla es el hombre&amp;#187;.&lt;/em&gt; Hamlet, Macbeth, Lear o Otelo no son simplemente personajes de ficci&amp;#243;n, sujetos y limitados por su &amp;#233;poca: son arquetipos eternos de las pasiones, dilemas y grandezas humanas.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Esta tendencia o afici&amp;#243;n a conocernos a nosotros mismos y a interesarnos por nosotros mismos tiene fundamento en nuestra propia naturaleza; en c&amp;#243;mo estamos hechos. Como bien dec&amp;#237;a Arist&amp;#243;teles en la apertura de su &lt;em&gt;Metaf&amp;#237;sica:&lt;/em&gt; &lt;em&gt;&amp;#171;Todos los hombres por naturaleza desean saber&amp;#187;.&lt;/em&gt; Y, m&amp;#225;s espec&amp;#237;ficamente, santo Tom&amp;#225;s de Aquino se&amp;#241;alaba que &amp;#171;&lt;em&gt;el conocimiento de las cosas que nos son connaturales es el m&amp;#225;s perfecto, porque el alma, al conocerse a s&amp;#237; misma, conoce tambi&amp;#233;n a Dios, de quien es imagen&amp;#187;.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Al unir ambas m&amp;#225;ximas, comprendemos el porqu&amp;#233; de nuestra innata afici&amp;#243;n a saber de nosotros mismos. Esta preferencia de los humanos por lo humano se fundamenta en tres razones profundas. La primera es la autorreflexi&amp;#243;n: aunque nuestro conocimiento comienza necesariamente en el mundo exterior, nuestra m&amp;#225;xima perfecci&amp;#243;n natural se alcanza cuando volvemos la mirada sobre nosotros mismos para entender nuestra propia realidad.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;La segunda raz&amp;#243;n es la &lt;em&gt;Imago Dei:&lt;/em&gt; fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, y este deseo de conocer habita en nosotros porque intuimos que, al descifrar el misterio de nuestra propia alma, encontraremos un reflejo m&amp;#225;s claro del Creador.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;La tercera raz&amp;#243;n es el orden moral: nadie puede amar o elegir lo que no conoce. Necesitamos conocer nuestra propia naturaleza &amp;#8212;con sus l&amp;#237;mites, virtudes y fines&amp;#8212; para conducirnos a nuestro florecimiento y perfecci&amp;#243;n. Debemos conocernos para que el intelecto gu&amp;#237;e a la voluntad a obrar el bien, a alcanzar la virtud y a disponerse a recibir la gracia de la contemplaci&amp;#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Todos los grandes autores lo sab&amp;#237;an y fueron impulsados por ello. Fi&amp;#243;dor Dostoievski se expresa por todos ellos cuando escribi&amp;#243;:&amp;#160;&lt;em&gt;&amp;#171;El hombre es un misterio. Es necesario desentra&amp;#241;arlo, y si pasas toda tu vida desentra&amp;#241;&amp;#225;ndolo, no digas que has perdido el tiempo; yo me ocupo de este misterio porque quiero ser hombre&amp;#187;.&lt;/em&gt;Toda su obra &amp;#8212;desde &lt;em&gt;Crimen y castigo&lt;/em&gt; hasta &lt;em&gt;Los hermanos Karamazov&lt;/em&gt;&amp;#8212; es un estudio exhaustivo del alma humana en sus profundidades m&amp;#225;s oscuras y sus elevaciones m&amp;#225;s sublimes.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;4&amp;#170;.- La prueba de la transformaci&amp;#243;n: el poder formativo de la buena literatura&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Lo bueno cambia al que lo conoce, lo contempla y lo frecuenta. Esta no es una afirmaci&amp;#243;n meramente psicol&amp;#243;gica o emotiva, sino que posee un fundamento metaf&amp;#237;sico: el bien es un trascendental del ser; por lo tanto, participa de &amp;#233;l y posee un poder causal y transformador innegable. No es un objeto inerte o meramente &amp;#250;til que podamos usar y desechar sin consecuencias. El bien no resbala sobre la superficie: penetra por los poros del alma y deja en ella rastro. Es un agente activo que la conforma, otorg&amp;#225;ndole esplendor, belleza y bondad.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;La experiencia concreta lo confirma: tras leer una obra verdaderamente buena, no volvemos a ser los mismos. Todos hemos experimentado esto. El mundo se percibe diferente: los deseos se reordenan, la imaginaci&amp;#243;n se expande y el lenguaje interior se enriquece. Aunque estos cambios parezcan imperceptibles al principio, el tiempo demuestra que se sedimentan, sin prisa pero sin pausa, en los estratos m&amp;#225;s profundos del alma.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Los testimonios abundan. C. S. Lewis confes&amp;#243; que leer &lt;em&gt;Phantastes,&lt;/em&gt; de George MacDonald, &lt;em&gt;&amp;#171;bautiz&amp;#243; su imaginaci&amp;#243;n&amp;#187;&lt;/em&gt; a&amp;#241;os antes de su conversi&amp;#243;n intelectual. T. S. Eliot reconoci&amp;#243; que la lectura de Dante transform&amp;#243; radicalmente su visi&amp;#243;n po&amp;#233;tica y espiritual. E innumerables lectores han testimoniado c&amp;#243;mo el encuentro con muchas grandes obras redefini&amp;#243; el rumbo entero de sus vidas, abriendo horizontes que jam&amp;#225;s imaginaron posibles. Marcel Proust, en su obra magna, &lt;em&gt;En busca del tiempo perdido&lt;/em&gt;, escribi&amp;#243; que &lt;em&gt;&amp;#171;el libro es un instrumento &amp;#243;ptico que el escritor ofrece al lector para que pueda discernir lo que, sin ese libro, no habr&amp;#237;a visto en s&amp;#237; mismo&amp;#187;;&lt;/em&gt; si tras la lectura nos conocemos m&amp;#225;s o mejor, ser&amp;#225;, pues, signo de que hemos estado ante una buena obra.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;En todo caso, hay una prueba definitiva y sencilla: podemos evaluar cualquier lectura bajo una pregunta desarmante en su simplicidad: &amp;#191;Somos los mismos despu&amp;#233;s de cerrar el libro? Si solo nos ayud&amp;#243; a pasar el tiempo, probablemente estemos ante un libro prescindible, uno m&amp;#225;s de los muchos que pueblan las estanter&amp;#237;as. Pero si hemos sido transformados, si algo en nosotros ha cambiado irreversiblemente, sin duda nos hemos encontrado con una aut&amp;#233;ntica obra de arte.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Estas cuatro &lt;em&gt;&amp;#171;pruebas&amp;#187;&lt;/em&gt; no son m&amp;#225;s que unas pocas de las que podr&amp;#237;an encontrarse para ayudarnos en esa labor de discernimiento sobre qu&amp;#233; leer, m&amp;#225;s necesaria hoy que nunca, dado el mundo de abundancia editorial en el que vivimos. &amp;#191;Se les ocurren otras?&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;item_footer&quot;&gt;&lt;p&gt;&lt;small&gt;&lt;a href=&quot;https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2606171033-cuatro-criterios-para-reconoc&quot;&gt;Original post&lt;/a&gt; blogged on &lt;a href=&quot;http://b2evolution.net/&quot;&gt;b2evolution&lt;/a&gt;.&lt;/small&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;</description>
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<table class="tr-caption-container" cellspacing="0" cellpadding="0" align="center">
<tbody>
<tr>
<td><a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEjCzIbbhBTJ0bBkHfW9Ppzp-EuzAcF9jNEc9roj3R98Y5hORyiaOUabz-mLYRhyQMQ0UEJehHEx5H_49EUTV2YRU2O6OZb0Ll_sz_bB9o8sBWZVNpcUO4xng1yqYp6wZBdvHrd2AiEygtScsxiqtCwnbq3bdJ0h0ffP77jgPXjkrot1mXxiVLjqBcwxP8g"><img src="https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEjCzIbbhBTJ0bBkHfW9Ppzp-EuzAcF9jNEc9roj3R98Y5hORyiaOUabz-mLYRhyQMQ0UEJehHEx5H_49EUTV2YRU2O6OZb0Ll_sz_bB9o8sBWZVNpcUO4xng1yqYp6wZBdvHrd2AiEygtScsxiqtCwnbq3bdJ0h0ffP77jgPXjkrot1mXxiVLjqBcwxP8g=s16000" data-original-height="1950" data-original-width="1602" /></a></td>
</tr>
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<td class="tr-caption">
<blockquote>&#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160;&#171;Tiempo de lectura&#187;. Obra de&#160;Charles Moreau (1830&#8211;1891).</blockquote>
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</tbody>
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<p class="center"><em>&#171;Un cl&#225;sico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir&#187;.</em></p>
<p class="center">Italo Calvino.</p>
<p class="center">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</p>
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<p class="center"></p>
<p class="center"><em>&#171;Cada lector es, cuando lee, el propio lector de s&#237; mismo&#187;.</em></p>
<p class="center">Marcel Proust</p>
</blockquote>
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<p>&#160;&#160;&#160;</p>
<p></p>
<p></p>
<p class="text-justify">En una charla que impart&#237; recientemente, uno de los asistentes me plante&#243; una interesante y dif&#237;cil pregunta: &#191;c&#243;mo podemos reconocer la buena literatura? Improvis&#233; como pude una respuesta, en la que todav&#237;a creo, pero que, tras mucha reflexi&#243;n, encuentro insuficiente e incompleta. Por ello, sin intenci&#243;n de agotar el tema (inabarcable para m&#237;), me he decidido a escribir sobre el asunto para darles mi parecer. Lo hago a continuaci&#243;n esbozando cuatro circunstancias que podr&#237;an ayudar a ese reconocimiento y a las que, osadamente, me atrevo a denominar <em>&#171;pruebas&#187;.</em><br /> <br /><strong>1&#170;.- La prueba del tiempo: cuando la tradici&#243;n habla</strong></p>
<p class="text-justify">Comienzo con un principio fundamental en la valoraci&#243;n literaria que podr&#237;amos enunciar con sencillez: lo verdaderamente bueno perdura. No se trata de un argumento de autoridad ni de un conservadurismo nost&#225;lgico, sino de una constataci&#243;n emp&#237;rica que desaf&#237;a el relativismo cultural. Si la bondad literaria fuera puramente subjetiva, completamente dependiente de modas pasajeras u opiniones circunstanciales, cada &#233;poca rechazar&#237;a inevitablemente la literatura de la anterior, como quien se deshace de un vestuario anticuado. Sin embargo, la experiencia hist&#243;rica demuestra lo contrario.</p>
<p class="text-justify">Los buenos libros son intemporales y transtemporales: atraviesan los siglos con una vitalidad inc&#243;lume y pertenecen, por igual, a todas las &#233;pocas. Homero lleva siendo le&#237;do 2800 a&#241;os; Dante, desde hace siete siglos; Shakespeare y Cervantes, desde hace cuatro centurias, y Dostoievski, desde hace siglo y medio. La lectura de todos ellos sigue siendo un&#225;nimemente percibida &#8212;por lectores de las m&#225;s diversas procedencias culturales&#8212; como buena, bella y verdadera. Esta unanimidad transgeneracional no es casual: es el testimonio de una bondad objetiva que trasciende los caprichos de cada momento hist&#243;rico.</p>
<p class="text-justify">Como criterio pr&#225;ctico, podemos afirmar que si una obra ha sido considerada valiosa por m&#250;ltiples &#233;pocas y culturas, es altamente probable que posea una bondad intr&#237;nseca y objetiva. No obstante, conviene introducir dos matices imprescindibles. Por un lado, no todo lo antiguo es bueno: existe abundante basura literaria que el tiempo ha olvidado con justa raz&#243;n, y cuyo rescate arqueol&#243;gico resultar&#237;a innecesario. Por otro, no todo lo moderno es indigno: hay obras contempor&#225;neas muy estimables que, probablemente, resistir&#225;n el paso de los a&#241;os y se integrar&#225;n al canon de los cl&#225;sicos. Sin embargo, la probabilidad de acierto aumenta dr&#225;sticamente cuando nos acercamos a aquellas obras que ya han sido pasadas por el riguroso tamiz del tiempo: cuanto m&#225;s tiempo haya transcurrido, m&#225;s probabilidad habr&#225; de que se trate de un buen libro.<br /> <br /><strong>2&#170;.- La prueba de la relectura: el retorno imperativo</strong></p>
<p class="text-justify">Lo verdaderamente bueno invita a volver. Este segundo criterio es tan significativo como el primero, y acaso m&#225;s &#237;ntimo y personal, aunque igual de revelador. Cuando un libro es mero entretenimiento y carece de bondad, belleza y verdad, su consumo es puramente mercantil, semejante al de un producto desechable. Una vez terminado, el libro simplemente se descarta: pierde su inter&#233;s y su raz&#243;n de ser. No hay lugar para una segunda lectura debido a dos razones fundamentales. Primero, porque su superficialidad permite extraer todo lo que el libro ofrece en el primer y &#250;nico intento, como quien vac&#237;a un recipiente de escaso contenido. Segundo, porque, dado que lo que ofrece no es memorable ni deleitoso, ni provechoso ni profundo, el lector no regresa porque sabe, por instinto, que no encontrar&#225; ni sacar&#225; nada bueno ni nada nuevo en esa visita.</p>
<p class="text-justify">Borges relacionaba esta circunstancia con la filosof&#237;a de Her&#225;clito y su famoso r&#237;o, en el que, en principio, nadie puede ba&#241;arse dos veces; seg&#250;n &#233;l, <em>&#171;uno no lee dos veces el mismo libro&#187;.</em> Si al iniciar la relectura nos parece el mismo, el libro no es bueno.</p>
<p class="text-justify">Esto no es nada extra&#241;o, dado que el mal libro se apoya, por lo general, en situaciones contingentes y ef&#237;meras: la sorpresa, el shock, la novedad o la curiosidad morbosa. Todos estos son elementos que se agotan en s&#237; mismos, como fuegos artificiales que brillan intensamente por un instante y luego desaparecen en la oscuridad. Por el contrario, el buen libro descansa en presupuestos radicalmente distintos: estructura, significado, profundidad y resonancia. Esto lo convierte en un pozo sin fondo que no solo invita a volver, sino que revela &#8212;tanto en los matices de su superficie tornasolada como en las cambiantes corrientes de sus profundidades&#8212; aspectos nuevos, visiones insospechadas y honduras sorprendentes antes ocultas en cada relectura.</p>
<p class="text-justify">Vladimir Nabokov, en sus legendarias <em>Lecciones de literatura</em> impartidas en la Universidad de Cornell, tras lanzar a sus alumnos una provocaci&#243;n dici&#233;ndoles que <em>&#171;uno no puede leer un libro: solo puede releerlo&#187;,</em> esbozaba una raz&#243;n m&#225;s: una raz&#243;n f&#237;sica y no intelectual. Nabokov sosten&#237;a que, en una primera lectura, el esfuerzo f&#237;sico de mover los ojos de izquierda a derecha, de asimilar a los personajes, el escenario y el desarrollo temporal de la trama, nos impide apreciar la obra de arte. Solo en la relectura, cuando todo lo anterior ya no nos distrae, somos capaces de apreciar el cuadro en su totalidad: los matices, la estructura, los motivos ocultos y la verdadera genialidad del autor. Por ello, seg&#250;n &#233;l, si un libro no soporta esta segunda mirada sin desmoronarse por su propia superficialidad, no es gran literatura.<br /> <br /><strong>3&#170;.- La prueba de la preferencia: el espejo del alma</strong></p>
<p class="text-justify">Los buenos libros tratan de nosotros mismos con tanta verdad que resulta imposible no reconocerse ni interesarse en ellos. La gran literatura aborda qu&#233; es el hombre y cu&#225;l es su lugar en el mundo de manera seria, verdadera y profunda; por eso apela a los seres humanos de cualquier tiempo y lugar, m&#225;s all&#225; de las diferencias culturales o hist&#243;ricas. Y esto les interesa a todos ellos enormemente porque se reconocen.</p>
<p class="text-justify">William Shakespeare, al igual que otros grandes autores, cre&#243; personajes de una profundidad psicol&#243;gica y una autenticidad humana tal que el Dr. Samuel Johnson pudo escribir: <em>&#171;Los personajes de Shakespeare no son modificados por las costumbres de lugares particulares&#8230; son los aut&#233;nticos descendientes de la naturaleza humana com&#250;n&#8230; En las obras de otros poetas, frecuentemente, es el personaje el que habla; en las de Shakespeare, el que habla es el hombre&#187;.</em> Hamlet, Macbeth, Lear o Otelo no son simplemente personajes de ficci&#243;n, sujetos y limitados por su &#233;poca: son arquetipos eternos de las pasiones, dilemas y grandezas humanas.</p>
<p class="text-justify">Esta tendencia o afici&#243;n a conocernos a nosotros mismos y a interesarnos por nosotros mismos tiene fundamento en nuestra propia naturaleza; en c&#243;mo estamos hechos. Como bien dec&#237;a Arist&#243;teles en la apertura de su <em>Metaf&#237;sica:</em> <em>&#171;Todos los hombres por naturaleza desean saber&#187;.</em> Y, m&#225;s espec&#237;ficamente, santo Tom&#225;s de Aquino se&#241;alaba que &#171;<em>el conocimiento de las cosas que nos son connaturales es el m&#225;s perfecto, porque el alma, al conocerse a s&#237; misma, conoce tambi&#233;n a Dios, de quien es imagen&#187;.</em></p>
<p class="text-justify">Al unir ambas m&#225;ximas, comprendemos el porqu&#233; de nuestra innata afici&#243;n a saber de nosotros mismos. Esta preferencia de los humanos por lo humano se fundamenta en tres razones profundas. La primera es la autorreflexi&#243;n: aunque nuestro conocimiento comienza necesariamente en el mundo exterior, nuestra m&#225;xima perfecci&#243;n natural se alcanza cuando volvemos la mirada sobre nosotros mismos para entender nuestra propia realidad.</p>
<p class="text-justify">La segunda raz&#243;n es la <em>Imago Dei:</em> fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, y este deseo de conocer habita en nosotros porque intuimos que, al descifrar el misterio de nuestra propia alma, encontraremos un reflejo m&#225;s claro del Creador.</p>
<p class="text-justify">La tercera raz&#243;n es el orden moral: nadie puede amar o elegir lo que no conoce. Necesitamos conocer nuestra propia naturaleza &#8212;con sus l&#237;mites, virtudes y fines&#8212; para conducirnos a nuestro florecimiento y perfecci&#243;n. Debemos conocernos para que el intelecto gu&#237;e a la voluntad a obrar el bien, a alcanzar la virtud y a disponerse a recibir la gracia de la contemplaci&#243;n.</p>
<p class="text-justify">Todos los grandes autores lo sab&#237;an y fueron impulsados por ello. Fi&#243;dor Dostoievski se expresa por todos ellos cuando escribi&#243;:&#160;<em>&#171;El hombre es un misterio. Es necesario desentra&#241;arlo, y si pasas toda tu vida desentra&#241;&#225;ndolo, no digas que has perdido el tiempo; yo me ocupo de este misterio porque quiero ser hombre&#187;.</em>Toda su obra &#8212;desde <em>Crimen y castigo</em> hasta <em>Los hermanos Karamazov</em>&#8212; es un estudio exhaustivo del alma humana en sus profundidades m&#225;s oscuras y sus elevaciones m&#225;s sublimes.</p>
<p class="text-justify"><br /><strong>4&#170;.- La prueba de la transformaci&#243;n: el poder formativo de la buena literatura</strong></p>
<p class="text-justify">Lo bueno cambia al que lo conoce, lo contempla y lo frecuenta. Esta no es una afirmaci&#243;n meramente psicol&#243;gica o emotiva, sino que posee un fundamento metaf&#237;sico: el bien es un trascendental del ser; por lo tanto, participa de &#233;l y posee un poder causal y transformador innegable. No es un objeto inerte o meramente &#250;til que podamos usar y desechar sin consecuencias. El bien no resbala sobre la superficie: penetra por los poros del alma y deja en ella rastro. Es un agente activo que la conforma, otorg&#225;ndole esplendor, belleza y bondad.</p>
<p class="text-justify">La experiencia concreta lo confirma: tras leer una obra verdaderamente buena, no volvemos a ser los mismos. Todos hemos experimentado esto. El mundo se percibe diferente: los deseos se reordenan, la imaginaci&#243;n se expande y el lenguaje interior se enriquece. Aunque estos cambios parezcan imperceptibles al principio, el tiempo demuestra que se sedimentan, sin prisa pero sin pausa, en los estratos m&#225;s profundos del alma.</p>
<p class="text-justify">Los testimonios abundan. C. S. Lewis confes&#243; que leer <em>Phantastes,</em> de George MacDonald, <em>&#171;bautiz&#243; su imaginaci&#243;n&#187;</em> a&#241;os antes de su conversi&#243;n intelectual. T. S. Eliot reconoci&#243; que la lectura de Dante transform&#243; radicalmente su visi&#243;n po&#233;tica y espiritual. E innumerables lectores han testimoniado c&#243;mo el encuentro con muchas grandes obras redefini&#243; el rumbo entero de sus vidas, abriendo horizontes que jam&#225;s imaginaron posibles. Marcel Proust, en su obra magna, <em>En busca del tiempo perdido</em>, escribi&#243; que <em>&#171;el libro es un instrumento &#243;ptico que el escritor ofrece al lector para que pueda discernir lo que, sin ese libro, no habr&#237;a visto en s&#237; mismo&#187;;</em> si tras la lectura nos conocemos m&#225;s o mejor, ser&#225;, pues, signo de que hemos estado ante una buena obra.</p>
<p class="text-justify">En todo caso, hay una prueba definitiva y sencilla: podemos evaluar cualquier lectura bajo una pregunta desarmante en su simplicidad: &#191;Somos los mismos despu&#233;s de cerrar el libro? Si solo nos ayud&#243; a pasar el tiempo, probablemente estemos ante un libro prescindible, uno m&#225;s de los muchos que pueblan las estanter&#237;as. Pero si hemos sido transformados, si algo en nosotros ha cambiado irreversiblemente, sin duda nos hemos encontrado con una aut&#233;ntica obra de arte.</p>
<p class="text-justify">Estas cuatro <em>&#171;pruebas&#187;</em> no son m&#225;s que unas pocas de las que podr&#237;an encontrarse para ayudarnos en esa labor de discernimiento sobre qu&#233; leer, m&#225;s necesaria hoy que nunca, dado el mundo de abundancia editorial en el que vivimos. &#191;Se les ocurren otras?</p>
<p class="text-justify"></p>]]></content:encoded>
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				<title>Un mundo sin atenci&#243;n ni tiempo: En busca de la sagrada quietud a trav&#233;s de los libros</title>
				<link>https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2606080540-un-mundo-sin-atencion-ni-tiem?utm_medium=RSS&amp;utm_source=rss2-blog&amp;utm_campaign=B89</link>
				<pubDate>Mon, 08 Jun 2026 15:42:23 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Miguel Sanmart&#237;n Fenollera</dc:creator>
				<category domain="main">Sin categor&#237;as</category>
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&lt;blockquote&gt;&amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#171;La joven de las nomeolvides&amp;#187; (detalle). Gabriel Schachinger (1850-1912).&lt;/blockquote&gt;
&lt;/td&gt;
&lt;/tr&gt;
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&lt;/table&gt;
&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;font size=&quot;6&quot; data-keep-original-tag=&quot;false&quot; data-original-attrs=&quot;{&amp;quot;style&amp;quot;:&amp;quot;&amp;quot;}&quot;&gt;&amp;#160;&lt;/font&gt;&lt;/p&gt;
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&lt;blockquote&gt;
&lt;p class=&quot;center&quot;&gt;&lt;em&gt;&amp;#171;Me detuve ante el triple puerto del norte &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Donde formas dedicadas de santos y reyes,&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;rostros severos ensombrecidos por la vigilancia inmemorial,&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Miraban hacia abajo benignamente graves y parec&amp;#237;an decir,&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Vosotros vais y ven&amp;#237;s sin cesar; nosotros permanecemos&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;A salvo, en la sagrada quietud del pasado;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Sed reverentes, vosotros que revolote&amp;#225;is y sois olvidados,&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;de una fe tan noblemente realizada como &amp;#233;sta&amp;#187;.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;center&quot;&gt;&lt;br /&gt;James Russell Lowell. &lt;em&gt;La Catedral&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&lt;font size=&quot;6&quot; data-keep-original-tag=&quot;false&quot; data-original-attrs=&quot;{&amp;quot;style&amp;quot;:&amp;quot;&amp;quot;}&quot;&gt;&amp;#160;&lt;/font&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;font size=&quot;6&quot; data-keep-original-tag=&quot;false&quot; data-original-attrs=&quot;{&amp;quot;style&amp;quot;:&amp;quot;&amp;quot;}&quot;&gt;&amp;#160;&lt;/font&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;font size=&quot;6&quot; data-keep-original-tag=&quot;false&quot; data-original-attrs=&quot;{&amp;quot;style&amp;quot;:&amp;quot;&amp;quot;}&quot;&gt;&amp;#160;&lt;/font&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;&amp;#191;Cu&amp;#225;ntas veces dejamos de disfrutar de un atardecer por &amp;#8220;inmortalizarlo&amp;#8221; con la c&amp;#225;mara, para no verlo nunca? &amp;#191;Nos arrepentiremos de sacrificar la experiencia directa por almacenar p&amp;#237;xeles que jam&amp;#225;s revisaremos? Pienso en los primeros pasos de nuestros hijos, sus primeras palabras, sus primeras brazadas o sus ma&amp;#241;anas de Reyes. Todos esos momentos est&amp;#225;n en alg&amp;#250;n disco duro, pero &amp;#191;est&amp;#225;n en nuestros corazones? &amp;#191;Forman parte de nuestra memoria sentimental, esa que San Agust&amp;#237;n llamaba el &lt;em&gt;&amp;#171;vientre del alma&amp;#187;&lt;/em&gt; y que Santo Tom&amp;#225;s considera parte integral de la virtud de la Prudencia? Si no es as&amp;#237;, ser&amp;#225;n algo perdido que no podremos recuperar.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Aunque quisi&amp;#233;ramos rescatarlo, deber&amp;#237;amos preguntarnos qu&amp;#233; encontraremos all&amp;#237;. &amp;#191;La realidad pasada? &amp;#191;Puede revivirse lo pasado cuando no hemos prestado atenci&amp;#243;n, cuando no hemos puesto nada nuestro en aquello que hemos grabado? &amp;#191;O es un pat&amp;#233;tico simulacro, una impostura que sustituye la vivencia ontol&amp;#243;gica por un mero registro t&amp;#233;cnico?&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Por otro lado, &amp;#191;cu&amp;#225;ndo atendemos a las denominadas por los sabios &lt;em&gt;&amp;#171;cosas permanentes&amp;#187;&lt;/em&gt;? &amp;#191;Nos paramos a pensar en las grandes preguntas: qu&amp;#233; somos, qu&amp;#233; hacemos aqu&amp;#237;, qu&amp;#233; sentido tiene todo esto en lo que estamos inmersos &amp;#8211;de manera involuntaria&amp;#8211; y que llamamos vida? &amp;#191;Cu&amp;#225;ndo cultivamos esa capacidad propiamente humana de detenernos, contemplar y preguntarnos por lo esencial? La respuesta es inquietante: casi nunca. Y esto es lo profundamente inhumano de nuestra &amp;#233;poca, un tiempo que ha sustituido la contemplaci&amp;#243;n de la Verdad por el consumo fren&amp;#233;tico de datos.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Quiz&amp;#225;s solo nos quede prestar atenci&amp;#243;n a lo vivido y recoger alg&amp;#250;n detalle por escrito, buceando en la memoria para poder recuperarlo alg&amp;#250;n d&amp;#237;a, m&amp;#225;s fielmente, m&amp;#225;s realmente, m&amp;#225;s humanamente&amp;#8230; quiz&amp;#225;s.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Pero para eso, necesitamos recuperar la atenci&amp;#243;n. Proveniente del lat&amp;#237;n &lt;em&gt;attentio&lt;/em&gt; (de &lt;em&gt;ad-tendere&lt;/em&gt;, tender hacia), se trata de un &lt;em&gt;facere&lt;/em&gt;, de algo que requiere nuestro esfuerzo, de algo activo y no pasivo. Y, como sabemos, hoy estamos en un mundo m&amp;#225;s de percepci&amp;#243;n y sentimiento que de acci&amp;#243;n y voluntad, donde los apetitos sensibles han eclipsado el gobierno de la raz&amp;#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Porque, como dice Santo Tom&amp;#225;s siguiendo a San Agust&amp;#237;n, la paz y la tranquilidad brotan del orden: es la &lt;em&gt;Tranquillitas Ordinis&lt;/em&gt; lo que necesitamos. Para que el entendimiento pueda &amp;#8220;atender&quot;, las potencias del alma deben estar ordenadas. Si las pasiones est&amp;#225;n desbocadas, el alma se encuentra en estado de sedici&amp;#243;n interna. Pensemos en un ejemplo cotidiano: cuando intentamos leer algo profundo tras haber pasado horas en redes sociales, descubrimos que nuestra mente no puede sosegarse. Las palabras resbalan sin penetrar en nosotros. Hemos perdido la capacidad de habitar el silencio necesario para el verdadero conocimiento, cayendo en la &lt;em&gt;curiositas&lt;/em&gt; desordenada (&amp;#161;sobre la que ya alertaba Aquino aun sin conocer Internet!), que nos aleja de la realidad profunda de las cosas.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Por eso, la tranquilidad, el sosiego y la paz de esp&amp;#237;ritu necesitan ser reivindicadas con urgencia en una &amp;#233;poca caracterizada por una dispersa, fragmentada y deficiente atenci&amp;#243;n. La tecnolog&amp;#237;a ha irrumpido de golpe en nuestras vidas arrebat&amp;#225;ndonos el tiempo y la concentraci&amp;#243;n. Es verdad que lo hace bajo la apariencia de un ilusionista que entretiene y hace las delicias del p&amp;#250;blico con sus trucos. Pero, aun siendo as&amp;#237;, lo cierto es que nos hemos dejado seducir y hemos entregado voluntariamente nuestra libertad.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Esta necesidad de un orden tranquilo, de una &lt;em&gt;sagrada quietud&lt;/em&gt;, comienza a ser percibida hoy. Existe preocupaci&amp;#243;n por la influencia de los medios digitales en nuestros h&amp;#225;bitos, y por los efectos perniciosos que est&amp;#225;n provocando en nosotros, y, sobre todo, en nuestros hijos. Autores como Catherine L&amp;#8217;Ecuyer (&lt;em&gt;Educar en la realidad&lt;/em&gt;),&amp;#160;Nicholas Carr (&lt;em&gt;Superficiales&lt;/em&gt;), Y Matthew B. Crawford (&lt;em&gt;El mundo m&amp;#225;s all&amp;#225; de tu cabeza&lt;/em&gt;), han despertado muchas conciencias, pero la mayor&amp;#237;a sigue sin prestarle atenci&amp;#243;n a ese grav&amp;#237;simo asunto. &amp;#191;C&amp;#243;mo va a reparar en ello un mundo que lamina la atenci&amp;#243;n y la aparta a un oscuro rinc&amp;#243;n impidiendo la hospitalidad necesaria para que el Logos resuene en nosotros?&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Las ciencias de la salud tambi&amp;#233;n est&amp;#225;n lanzando advertencias. El neurocient&amp;#237;fico Adam Gazzaley y el psic&amp;#243;logo Larry D. Rosen estudian en &lt;em&gt;The Distracted Mind&lt;/em&gt; las desalentadoras consecuencias de esta hiperconexi&amp;#243;n: ansiedad, aburrimiento, desmemoria, dispersi&amp;#243;n, y p&amp;#233;rdida de control cognitivo. En nuestros d&amp;#237;as somos m&amp;#225;s inseguros, m&amp;#225;s manipulables, nos distraemos m&amp;#225;s a menudo, y padecemos m&amp;#225;s ansiedad y depresi&amp;#243;n que hace d&amp;#233;cadas.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Necesitamos pues pacificar el alma. No se puede prestar atenci&amp;#243;n profunda a lo Verdadero, lo Bueno y lo Bello si el esp&amp;#237;ritu est&amp;#225; agitado por la mundanidad. La atenci&amp;#243;n verdadera requiere una ascesis, un vaciamiento del tumulto exterior e interior.&lt;br /&gt;Y, aun cuando nuestra naturaleza ca&amp;#237;da tiende naturalmente a la dispersi&amp;#243;n; aun cuando la atenci&amp;#243;n m&amp;#225;s pura (aquella que, como dec&amp;#237;a Simone Weil, es la sustancia misma de la oraci&amp;#243;n) requiere un acto de la voluntad sostenido por la Gracia, nosotros podemos &amp;#8211;y debemos&amp;#8211; poner algo de nuestra parte.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Y el libro, la buena literatura, puede ser un comienzo.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;strong&gt;EL LIBRO COMO REFUGIO&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Frente a este desasosiego, todo aquel que se haya acercado a un libro sabe que la calma, el sosiego, son imprescindibles para establecer una relaci&amp;#243;n con &amp;#233;l. Es preciso un clima, mezcla de tranquilidad y de tiempo, que hoy cuesta alcanzar.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;A salvo entre los silencios sagrados del pasado, un buen libro es un pedazo de sosiego en un oc&amp;#233;ano de dispersi&amp;#243;n, inquietud y prisa. Es la actualizaci&amp;#243;n de lo que Josef Pieper llamaba el &lt;em&gt;&amp;#171;ocio creativo&amp;#187;,&lt;/em&gt; la capacidad de estar en silencio para que la realidad nos sea dada.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;El libro verdadero, bueno y bello, puede darnos algo m&amp;#225;s que lo que guarda en su interior. Puede regalarnos el tiempo y la atenci&amp;#243;n justos y necesarios para poder realizar todas esas funciones propias de la inteligencia hoy tan abandonadas, como pensar, recordar, comparar, discriminar y criticar; y quiz&amp;#225;, &amp;#191;por qu&amp;#233; no?, podr&amp;#225; ayudarnos, aunque sea solo un poco, a contemplar y a atisbar hacia d&amp;#243;nde nos dirigimos. Porque el libro proscribe todas esas urgencias, distracciones y fragmentaciones que Internet trae consigo, sustituyendo el ruido semi&amp;#243;tico por una densidad de sentido, y puede conducirnos a una vida rica, profunda, y m&amp;#225;s humana.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Y as&amp;#237; la obra literaria verdadera puede darnos una salida, un medio de escapar de nuestro encierro, una lima para tronchar los barrotes de nuestra esclavitud, d&amp;#225;ndonos, entre otras muchas cosas, el tiempo y la atenci&amp;#243;n que nos falta.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;LA FUGA DEL PRISIONERO&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Esta capacidad del libro para ofrecernos refugio conecta con una idea que dos grandes pensadores del siglo XX desarrollaron magistralmente: la del escape necesario a trav&amp;#233;s de la lectura.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Tolkien y Lewis nos ayudar&amp;#225;n a despojarnos de los prejuicios que acompa&amp;#241;an hoy a la idea de &lt;em&gt;&amp;#8220;escape&amp;#8221;&lt;/em&gt; anudada a la lectura.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;C. S. Lewis se refiri&amp;#243; a esta &amp;#171;fuga&amp;#187; en su ensayo &lt;em&gt;On Science Fiction&lt;/em&gt;, argumentando que algunos eran hostiles a la imaginaci&amp;#243;n porque deseaban &lt;em&gt;&amp;#171;mantenernos totalmente aprisionados en el conflicto inmediato&amp;#187;:&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;&lt;em&gt;&amp;#171;Quiz&amp;#225; por eso la gente est&amp;#225; tan dispuesta a acusarnos de &amp;#8220;evasi&amp;#243;n&quot;. Nunca lo entend&amp;#237; del todo hasta que mi amigo el profesor Tolkien me hizo una pregunta muy sencilla: &amp;#8220;&amp;#191;Qu&amp;#233; clase de hombres esperar&amp;#237;a usted que estuvieran m&amp;#225;s preocupados por la idea de la evasi&amp;#243;n y fueran m&amp;#225;s hostiles a ella?&quot;, y le di la respuesta obvia: los carceleros&amp;#187;.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Tolkien, efectivamente, hab&amp;#237;a abordado la idea tiempo atr&amp;#225;s, en su ensayo &lt;em&gt;Sobre los cuentos de hadas&lt;/em&gt;, donde defendi&amp;#243; el valor de la literatura escapista como medio para huir a la verdadera realidad:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;&lt;em&gt;&amp;#171;&amp;#191;Por qu&amp;#233; deber&amp;#237;a ser despreciado un hombre si, encontr&amp;#225;ndose en prisi&amp;#243;n, intenta salir y volver a casa? &amp;#191;O si, cuando no puede hacerlo, piensa y habla de otros temas que no sean los carceleros y los muros de la prisi&amp;#243;n? El mundo exterior no es menos real porque el preso no pueda verlo. Al utilizar Fuga de esta manera, los cr&amp;#237;ticos [&amp;#8230;] est&amp;#225;n confundiendo, no siempre por error sincero, la Fuga del Prisionero con la Huida del Desertor&amp;#187;.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;El &lt;em&gt;&amp;#8220;carcelero&amp;#8221;&lt;/em&gt; no es otro que el cronos moderno &amp;#8212;el tiempo lineal y funcional que nos esclaviza&amp;#8212;, mientras que el libro nos permite acceder al kairos &amp;#8212;el tiempo de la plenitud y la verdad&amp;#8212;. Por ello, la lectura aut&amp;#233;ntica nos pone en la disposici&amp;#243;n correcta, y nos ayuda a ordenarnos debidamente, calmadamente, hacia aquello para lo que fuimos hechos. Pero antes, es necesario ser consciente de que somos prisioneros, y que, por ello, es nuestra obligaci&amp;#243;n buscar la liberaci&amp;#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;LA P&amp;#193;GINA SE&amp;#209;ALADA: EL PR&amp;#205;NCIPE Y SU LIBRO&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Termino con la historia de aquel pr&amp;#237;ncipe que estaba leyendo un libro cuando el verdugo fue a buscarle; al levantarse y antes de cerrarlo, el pr&amp;#237;ncipe se demor&amp;#243; un instante poniendo un abrecartas para se&amp;#241;alar la p&amp;#225;gina. Al marcar el libro realizaba un acto de esperanza: cre&amp;#237;a que la historia no terminaba con el verdugo, porque hab&amp;#237;a habitado un mundo (el del libro) que sab&amp;#237;a part&amp;#237;cipe de lo eterno.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Lo que le&amp;#237;a era, sin duda, un buen libro, porque los buenos libros pueden ayudarnos a liberarnos de esa prisi&amp;#243;n que es el tiempo y la desatenci&amp;#243;n, y de nuestras pasiones desordenadas, prepar&amp;#225;ndonos para la contemplaci&amp;#243;n verdadera, para traspasar el umbral de esa puerta que todos habremos de cruzar.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;All&amp;#237; nos aguardar&amp;#225; algo que, si bien es inefable, quiz&amp;#225; sea a lo que apunte, muy torpe y deficientemente, una obra literaria verdadera. As&amp;#237; que, hagan como el pr&amp;#237;ncipe cautivo, se&amp;#241;alen bien la p&amp;#225;gina del libro de su vida, porque hemos de confiar en que se nos conceder&amp;#225; la dicha de continuar ley&amp;#233;ndolo por toda la eternidad&amp;#8230; eso s&amp;#237;, se nos pide algo: atenci&amp;#243;n, voluntad y mucha, mucha fe, esperanza y amor, pues la lectura que aqu&amp;#237; iniciamos en la quietud es solo el preludio del di&amp;#225;logo eterno con el Logos en la inmensidad de la Luz.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Entradas relacionada:&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2018/09/de-la-ociosidad-sagrada.html&quot;&gt;DE LA OCIOSIDAD SAGRADA&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2022/11/para-que-educar.html&quot;&gt;&amp;#191;PARA QU&amp;#201; EDUCAR?&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2017/04/el-valor-de-los-buenos-libros.html&quot;&gt;EL VALOR DE LOS BUENOS LIBROS&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2022/02/los-buenos-libros-un-camino-hacia-la.html&quot;&gt;LOS BUENOS LIBROS: UN CAMINO HACIA LA VERDAD, LA BELLEZA Y LA BONDAD&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;item_footer&quot;&gt;&lt;p&gt;&lt;small&gt;&lt;a href=&quot;https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2606080540-un-mundo-sin-atencion-ni-tiem&quot;&gt;Original post&lt;/a&gt; blogged on &lt;a href=&quot;http://b2evolution.net/&quot;&gt;b2evolution&lt;/a&gt;.&lt;/small&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;</description>
			<content:encoded><![CDATA[<table class="tr-caption-container" cellspacing="0" cellpadding="0" align="center" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">
<tbody>
<tr>
<td data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"><a href="https://www.infocatolica.com#" data-original-attrs="{&quot;data-original-href&quot;:&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEgIDfUWVIrkmZH2gbV9DMn-yJr7gIjcNOpq7QTF1kOdSXpk082nskbrCFOYiyVi5a6dcCxVmRJH8XOsMZMGtPfC0KmtltK14YuvMrsoNSidJMErSHhpQSiJxV2lhj6-I9dQq_ldh4nOfj5YYp740IEpLazZjN975qfZXszrcu6b76QOeVqyiQmbRxjG4qw&quot;,&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"><img src="https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEgIDfUWVIrkmZH2gbV9DMn-yJr7gIjcNOpq7QTF1kOdSXpk082nskbrCFOYiyVi5a6dcCxVmRJH8XOsMZMGtPfC0KmtltK14YuvMrsoNSidJMErSHhpQSiJxV2lhj6-I9dQq_ldh4nOfj5YYp740IEpLazZjN975qfZXszrcu6b76QOeVqyiQmbRxjG4qw=s16000" data-original-height="1255" data-original-width="1388" /></a></td>
</tr>
<tr>
<td class="tr-caption" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">
<blockquote>&#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#171;La joven de las nomeolvides&#187; (detalle). Gabriel Schachinger (1850-1912).</blockquote>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p><br /><br /></p>
<p></p>
<p><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</font></p>
<p data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</font></p>
<blockquote>
<p class="center"><em>&#171;Me detuve ante el triple puerto del norte </em><br /><em>Donde formas dedicadas de santos y reyes,</em><br /><em>rostros severos ensombrecidos por la vigilancia inmemorial,</em><br /><em>Miraban hacia abajo benignamente graves y parec&#237;an decir,</em><br /><em>Vosotros vais y ven&#237;s sin cesar; nosotros permanecemos</em><br /><em>A salvo, en la sagrada quietud del pasado;</em><br /><em>Sed reverentes, vosotros que revolote&#225;is y sois olvidados,</em><br /><em>de una fe tan noblemente realizada como &#233;sta&#187;.</em></p>
<p class="center"><br />James Russell Lowell. <em>La Catedral</em></p>
</blockquote>
<p><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</font></p>
<p><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</font></p>
<p><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</font></p>
<p class="text-justify">&#191;Cu&#225;ntas veces dejamos de disfrutar de un atardecer por &#8220;inmortalizarlo&#8221; con la c&#225;mara, para no verlo nunca? &#191;Nos arrepentiremos de sacrificar la experiencia directa por almacenar p&#237;xeles que jam&#225;s revisaremos? Pienso en los primeros pasos de nuestros hijos, sus primeras palabras, sus primeras brazadas o sus ma&#241;anas de Reyes. Todos esos momentos est&#225;n en alg&#250;n disco duro, pero &#191;est&#225;n en nuestros corazones? &#191;Forman parte de nuestra memoria sentimental, esa que San Agust&#237;n llamaba el <em>&#171;vientre del alma&#187;</em> y que Santo Tom&#225;s considera parte integral de la virtud de la Prudencia? Si no es as&#237;, ser&#225;n algo perdido que no podremos recuperar.</p>
<p class="text-justify">Aunque quisi&#233;ramos rescatarlo, deber&#237;amos preguntarnos qu&#233; encontraremos all&#237;. &#191;La realidad pasada? &#191;Puede revivirse lo pasado cuando no hemos prestado atenci&#243;n, cuando no hemos puesto nada nuestro en aquello que hemos grabado? &#191;O es un pat&#233;tico simulacro, una impostura que sustituye la vivencia ontol&#243;gica por un mero registro t&#233;cnico?</p>
<p class="text-justify">Por otro lado, &#191;cu&#225;ndo atendemos a las denominadas por los sabios <em>&#171;cosas permanentes&#187;</em>? &#191;Nos paramos a pensar en las grandes preguntas: qu&#233; somos, qu&#233; hacemos aqu&#237;, qu&#233; sentido tiene todo esto en lo que estamos inmersos &#8211;de manera involuntaria&#8211; y que llamamos vida? &#191;Cu&#225;ndo cultivamos esa capacidad propiamente humana de detenernos, contemplar y preguntarnos por lo esencial? La respuesta es inquietante: casi nunca. Y esto es lo profundamente inhumano de nuestra &#233;poca, un tiempo que ha sustituido la contemplaci&#243;n de la Verdad por el consumo fren&#233;tico de datos.</p>
<p class="text-justify">Quiz&#225;s solo nos quede prestar atenci&#243;n a lo vivido y recoger alg&#250;n detalle por escrito, buceando en la memoria para poder recuperarlo alg&#250;n d&#237;a, m&#225;s fielmente, m&#225;s realmente, m&#225;s humanamente&#8230; quiz&#225;s.</p>
<p class="text-justify">Pero para eso, necesitamos recuperar la atenci&#243;n. Proveniente del lat&#237;n <em>attentio</em> (de <em>ad-tendere</em>, tender hacia), se trata de un <em>facere</em>, de algo que requiere nuestro esfuerzo, de algo activo y no pasivo. Y, como sabemos, hoy estamos en un mundo m&#225;s de percepci&#243;n y sentimiento que de acci&#243;n y voluntad, donde los apetitos sensibles han eclipsado el gobierno de la raz&#243;n.</p>
<p class="text-justify">Porque, como dice Santo Tom&#225;s siguiendo a San Agust&#237;n, la paz y la tranquilidad brotan del orden: es la <em>Tranquillitas Ordinis</em> lo que necesitamos. Para que el entendimiento pueda &#8220;atender", las potencias del alma deben estar ordenadas. Si las pasiones est&#225;n desbocadas, el alma se encuentra en estado de sedici&#243;n interna. Pensemos en un ejemplo cotidiano: cuando intentamos leer algo profundo tras haber pasado horas en redes sociales, descubrimos que nuestra mente no puede sosegarse. Las palabras resbalan sin penetrar en nosotros. Hemos perdido la capacidad de habitar el silencio necesario para el verdadero conocimiento, cayendo en la <em>curiositas</em> desordenada (&#161;sobre la que ya alertaba Aquino aun sin conocer Internet!), que nos aleja de la realidad profunda de las cosas.</p>
<p class="text-justify">Por eso, la tranquilidad, el sosiego y la paz de esp&#237;ritu necesitan ser reivindicadas con urgencia en una &#233;poca caracterizada por una dispersa, fragmentada y deficiente atenci&#243;n. La tecnolog&#237;a ha irrumpido de golpe en nuestras vidas arrebat&#225;ndonos el tiempo y la concentraci&#243;n. Es verdad que lo hace bajo la apariencia de un ilusionista que entretiene y hace las delicias del p&#250;blico con sus trucos. Pero, aun siendo as&#237;, lo cierto es que nos hemos dejado seducir y hemos entregado voluntariamente nuestra libertad.</p>
<p class="text-justify">Esta necesidad de un orden tranquilo, de una <em>sagrada quietud</em>, comienza a ser percibida hoy. Existe preocupaci&#243;n por la influencia de los medios digitales en nuestros h&#225;bitos, y por los efectos perniciosos que est&#225;n provocando en nosotros, y, sobre todo, en nuestros hijos. Autores como Catherine L&#8217;Ecuyer (<em>Educar en la realidad</em>),&#160;Nicholas Carr (<em>Superficiales</em>), Y Matthew B. Crawford (<em>El mundo m&#225;s all&#225; de tu cabeza</em>), han despertado muchas conciencias, pero la mayor&#237;a sigue sin prestarle atenci&#243;n a ese grav&#237;simo asunto. &#191;C&#243;mo va a reparar en ello un mundo que lamina la atenci&#243;n y la aparta a un oscuro rinc&#243;n impidiendo la hospitalidad necesaria para que el Logos resuene en nosotros?</p>
<p class="text-justify">Las ciencias de la salud tambi&#233;n est&#225;n lanzando advertencias. El neurocient&#237;fico Adam Gazzaley y el psic&#243;logo Larry D. Rosen estudian en <em>The Distracted Mind</em> las desalentadoras consecuencias de esta hiperconexi&#243;n: ansiedad, aburrimiento, desmemoria, dispersi&#243;n, y p&#233;rdida de control cognitivo. En nuestros d&#237;as somos m&#225;s inseguros, m&#225;s manipulables, nos distraemos m&#225;s a menudo, y padecemos m&#225;s ansiedad y depresi&#243;n que hace d&#233;cadas.</p>
<p class="text-justify">Necesitamos pues pacificar el alma. No se puede prestar atenci&#243;n profunda a lo Verdadero, lo Bueno y lo Bello si el esp&#237;ritu est&#225; agitado por la mundanidad. La atenci&#243;n verdadera requiere una ascesis, un vaciamiento del tumulto exterior e interior.<br />Y, aun cuando nuestra naturaleza ca&#237;da tiende naturalmente a la dispersi&#243;n; aun cuando la atenci&#243;n m&#225;s pura (aquella que, como dec&#237;a Simone Weil, es la sustancia misma de la oraci&#243;n) requiere un acto de la voluntad sostenido por la Gracia, nosotros podemos &#8211;y debemos&#8211; poner algo de nuestra parte.</p>
<p class="text-justify">Y el libro, la buena literatura, puede ser un comienzo.<br /> <br /><strong>EL LIBRO COMO REFUGIO</strong></p>
<p class="text-justify">Frente a este desasosiego, todo aquel que se haya acercado a un libro sabe que la calma, el sosiego, son imprescindibles para establecer una relaci&#243;n con &#233;l. Es preciso un clima, mezcla de tranquilidad y de tiempo, que hoy cuesta alcanzar.</p>
<p class="text-justify">A salvo entre los silencios sagrados del pasado, un buen libro es un pedazo de sosiego en un oc&#233;ano de dispersi&#243;n, inquietud y prisa. Es la actualizaci&#243;n de lo que Josef Pieper llamaba el <em>&#171;ocio creativo&#187;,</em> la capacidad de estar en silencio para que la realidad nos sea dada.</p>
<p class="text-justify">El libro verdadero, bueno y bello, puede darnos algo m&#225;s que lo que guarda en su interior. Puede regalarnos el tiempo y la atenci&#243;n justos y necesarios para poder realizar todas esas funciones propias de la inteligencia hoy tan abandonadas, como pensar, recordar, comparar, discriminar y criticar; y quiz&#225;, &#191;por qu&#233; no?, podr&#225; ayudarnos, aunque sea solo un poco, a contemplar y a atisbar hacia d&#243;nde nos dirigimos. Porque el libro proscribe todas esas urgencias, distracciones y fragmentaciones que Internet trae consigo, sustituyendo el ruido semi&#243;tico por una densidad de sentido, y puede conducirnos a una vida rica, profunda, y m&#225;s humana.</p>
<p class="text-justify">Y as&#237; la obra literaria verdadera puede darnos una salida, un medio de escapar de nuestro encierro, una lima para tronchar los barrotes de nuestra esclavitud, d&#225;ndonos, entre otras muchas cosas, el tiempo y la atenci&#243;n que nos falta.</p>
<p class="text-justify"><br /><strong>LA FUGA DEL PRISIONERO</strong></p>
<p class="text-justify">Esta capacidad del libro para ofrecernos refugio conecta con una idea que dos grandes pensadores del siglo XX desarrollaron magistralmente: la del escape necesario a trav&#233;s de la lectura.</p>
<p class="text-justify">Tolkien y Lewis nos ayudar&#225;n a despojarnos de los prejuicios que acompa&#241;an hoy a la idea de <em>&#8220;escape&#8221;</em> anudada a la lectura.</p>
<p class="text-justify">C. S. Lewis se refiri&#243; a esta &#171;fuga&#187; en su ensayo <em>On Science Fiction</em>, argumentando que algunos eran hostiles a la imaginaci&#243;n porque deseaban <em>&#171;mantenernos totalmente aprisionados en el conflicto inmediato&#187;:</em></p>
<blockquote>
<p class="text-justify"><em>&#171;Quiz&#225; por eso la gente est&#225; tan dispuesta a acusarnos de &#8220;evasi&#243;n". Nunca lo entend&#237; del todo hasta que mi amigo el profesor Tolkien me hizo una pregunta muy sencilla: &#8220;&#191;Qu&#233; clase de hombres esperar&#237;a usted que estuvieran m&#225;s preocupados por la idea de la evasi&#243;n y fueran m&#225;s hostiles a ella?", y le di la respuesta obvia: los carceleros&#187;.</em></p>
</blockquote>
<p class="text-justify">Tolkien, efectivamente, hab&#237;a abordado la idea tiempo atr&#225;s, en su ensayo <em>Sobre los cuentos de hadas</em>, donde defendi&#243; el valor de la literatura escapista como medio para huir a la verdadera realidad:</p>
<blockquote>
<p class="text-justify"><em>&#171;&#191;Por qu&#233; deber&#237;a ser despreciado un hombre si, encontr&#225;ndose en prisi&#243;n, intenta salir y volver a casa? &#191;O si, cuando no puede hacerlo, piensa y habla de otros temas que no sean los carceleros y los muros de la prisi&#243;n? El mundo exterior no es menos real porque el preso no pueda verlo. Al utilizar Fuga de esta manera, los cr&#237;ticos [&#8230;] est&#225;n confundiendo, no siempre por error sincero, la Fuga del Prisionero con la Huida del Desertor&#187;.</em></p>
</blockquote>
<p class="text-justify">El <em>&#8220;carcelero&#8221;</em> no es otro que el cronos moderno &#8212;el tiempo lineal y funcional que nos esclaviza&#8212;, mientras que el libro nos permite acceder al kairos &#8212;el tiempo de la plenitud y la verdad&#8212;. Por ello, la lectura aut&#233;ntica nos pone en la disposici&#243;n correcta, y nos ayuda a ordenarnos debidamente, calmadamente, hacia aquello para lo que fuimos hechos. Pero antes, es necesario ser consciente de que somos prisioneros, y que, por ello, es nuestra obligaci&#243;n buscar la liberaci&#243;n.</p>
<p class="text-justify"><br /><strong>LA P&#193;GINA SE&#209;ALADA: EL PR&#205;NCIPE Y SU LIBRO</strong></p>
<p class="text-justify">Termino con la historia de aquel pr&#237;ncipe que estaba leyendo un libro cuando el verdugo fue a buscarle; al levantarse y antes de cerrarlo, el pr&#237;ncipe se demor&#243; un instante poniendo un abrecartas para se&#241;alar la p&#225;gina. Al marcar el libro realizaba un acto de esperanza: cre&#237;a que la historia no terminaba con el verdugo, porque hab&#237;a habitado un mundo (el del libro) que sab&#237;a part&#237;cipe de lo eterno.</p>
<p class="text-justify">Lo que le&#237;a era, sin duda, un buen libro, porque los buenos libros pueden ayudarnos a liberarnos de esa prisi&#243;n que es el tiempo y la desatenci&#243;n, y de nuestras pasiones desordenadas, prepar&#225;ndonos para la contemplaci&#243;n verdadera, para traspasar el umbral de esa puerta que todos habremos de cruzar.</p>
<p class="text-justify">All&#237; nos aguardar&#225; algo que, si bien es inefable, quiz&#225; sea a lo que apunte, muy torpe y deficientemente, una obra literaria verdadera. As&#237; que, hagan como el pr&#237;ncipe cautivo, se&#241;alen bien la p&#225;gina del libro de su vida, porque hemos de confiar en que se nos conceder&#225; la dicha de continuar ley&#233;ndolo por toda la eternidad&#8230; eso s&#237;, se nos pide algo: atenci&#243;n, voluntad y mucha, mucha fe, esperanza y amor, pues la lectura que aqu&#237; iniciamos en la quietud es solo el preludio del di&#225;logo eterno con el Logos en la inmensidad de la Luz.<br /> <br />Entradas relacionada:</p>
<p class="text-justify"><a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2018/09/de-la-ociosidad-sagrada.html">DE LA OCIOSIDAD SAGRADA</a></p>
<p class="text-justify"><a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2022/11/para-que-educar.html">&#191;PARA QU&#201; EDUCAR?</a></p>
<p class="text-justify"><a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2017/04/el-valor-de-los-buenos-libros.html">EL VALOR DE LOS BUENOS LIBROS</a></p>
<p class="text-justify"><a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2022/02/los-buenos-libros-un-camino-hacia-la.html">LOS BUENOS LIBROS: UN CAMINO HACIA LA VERDAD, LA BELLEZA Y LA BONDAD</a></p>]]></content:encoded>
					</item>
			<item>
				<title>&#191;Literatura de terror? (V) Ep&#237;logo</title>
				<link>https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2606010917-iliteratura-de-terror-v-epilo?utm_medium=RSS&amp;utm_source=rss2-blog&amp;utm_campaign=B89</link>
				<pubDate>Mon, 01 Jun 2026 07:31:06 +0000</pubDate>
				<dc:creator>Miguel Sanmart&#237;n Fenollera</dc:creator>
				<category domain="main">Sin categor&#237;as</category>
				<guid isPermaLink="false">48425@https://www.infocatolica.com/blog/</guid>
						<description>&lt;p&gt;&lt;img height=&quot;1784&quot; src=&quot;https://uploads5.wikiart.org/00473/images/marianne-stokes/death-and-the-maiden-1908.png&quot; width=&quot;2564&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;p&gt;&amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#160; &amp;#171;La muerte y la doncella&amp;#187;. Obra de Marianne Stokes (1855-1927).&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
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&lt;p&gt;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
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&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
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&lt;blockquote&gt;
&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span class=&quot;center&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;center&quot;&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;center&quot;&gt;&lt;em&gt;&amp;#171;En alg&amp;#250;n punto del camino hemos acabado confundiendo la inocencia con la ignorancia. Para santo Tom&amp;#225;s, la inocencia no es ausencia de conocimiento del mal, sino ausencia de pecado original. Los ni&amp;#241;os no son inocentes porque desconozcan el mal; lo conocen instintivamente&amp;#187;.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;center&quot;&gt;Flannery O&amp;#8217;Connor.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&lt;font size=&quot;6&quot; data-keep-original-tag=&quot;false&quot; data-original-attrs=&quot;{&amp;quot;style&amp;quot;:&amp;quot;&amp;quot;}&quot;&gt;&amp;#160;&lt;/font&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;font size=&quot;6&quot; data-keep-original-tag=&quot;false&quot; data-original-attrs=&quot;{&amp;quot;style&amp;quot;:&amp;quot;&amp;quot;}&quot;&gt;&amp;#160;&lt;/font&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p data-original-attrs=&quot;{&amp;quot;style&amp;quot;:&amp;quot;&amp;quot;}&quot;&gt;&lt;font size=&quot;6&quot; data-keep-original-tag=&quot;false&quot; data-original-attrs=&quot;{&amp;quot;style&amp;quot;:&amp;quot;&amp;quot;}&quot;&gt;&amp;#160;&lt;/font&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;En las cuatro &amp;#250;ltimas entradas hemos hablado del horror y el miedo en la literatura. Hemos examinado, de modo somero, obras destacadas del g&amp;#233;nero, al tiempo que intent&amp;#225;bamos proponer algunas reglas orientativas sobre la conveniencia o inconveniencia de esas lecturas, tanto en funci&amp;#243;n de la edad, la formaci&amp;#243;n y la madurez del lector como de la orientaci&amp;#243;n &amp;#250;ltima de la obra.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Resta, quiz&amp;#225;, a modo de ep&amp;#237;logo, intentar esbozar una explicaci&amp;#243;n &amp;#8212;si la hay&amp;#8212;, primero, de por qu&amp;#233; existe esta pasi&amp;#243;n que es el miedo, presente potencialmente desde el inicio de la vida y observable muy pronto; y, en segundo lugar, del porqu&amp;#233; de esa pulsi&amp;#243;n que nos empuja a acercarnos al horror, un horror que en muchas ocasiones incluso llega a fascinarnos.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Responder a estas preguntas no es un mero ejercicio ret&amp;#243;rico: puede ayudarnos, como padres y educadores, a acompa&amp;#241;ar mejor las lecturas y los temores de nuestros hijos y alumnos.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Por qu&amp;#233; existe el miedo&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Dec&amp;#237;an los escol&amp;#225;sticos que el miedo o temor (&lt;em&gt;timor&lt;/em&gt;) es una pasi&amp;#243;n del apetito irascible (es decir, de esa dimensi&amp;#243;n afectiva que nos impulsa a afrontar o huir ante lo dif&amp;#237;cil o peligroso) que se encuentra en potencia en todo ser humano y que se actualiza cuando se percibe un mal como futuro y dif&amp;#237;cil de evitar. Dicho m&amp;#225;s sencillamente: tenemos miedo de aquello que percibimos como una amenaza real que no sabemos si podremos superar. Y creo que se trata de una definici&amp;#243;n m&amp;#225;s exacta que la de las modernas psicolog&amp;#237;as.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Siendo esto el miedo, la raz&amp;#243;n de su existencia se apoya en varios hechos particulares:&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;De entrada, el ser humano nace vulnerable; es, en efecto, uno de los seres vivos m&amp;#225;s desprotegidos y fr&amp;#225;giles en sus primeros a&amp;#241;os de vida, situaci&amp;#243;n que se prolonga durante m&amp;#225;s tiempo que en cualquier otra especie animal.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Adem&amp;#225;s, desde un punto de vista teol&amp;#243;gico, el hombre nace en un mundo ca&amp;#237;do (a consecuencia del pecado original). En la experiencia cotidiana, ese mundo ca&amp;#237;do puede ser &amp;#225;rido y duro: el ser humano experimenta hambre, fr&amp;#237;o y soledad; sufre desamparo e incluso puede padecer violencia y abuso a manos de sus propios cong&amp;#233;neres. Los miedos infantiles a la oscuridad, a la separaci&amp;#243;n o al abandono no son simples &lt;em&gt;&amp;#8220;caprichos&amp;#8221;:&lt;/em&gt; nos hablan de esta vulnerabilidad real.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Por &amp;#250;ltimo, en lo que se refiere a la conciencia, la oscuridad, lo desconocido y la sensaci&amp;#243;n de p&amp;#233;rdida y abandono son datos primarios, contrastables y observables desde muy temprano. Cualquier padre ha experimentado c&amp;#243;mo el ni&amp;#241;o, aun muy peque&amp;#241;o, teme aquello que no comprende o no puede controlar.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;De manera que el miedo no puede reducirse a una construcci&amp;#243;n social ni tampoco a una herramienta de dominio ni a una mera disfunci&amp;#243;n psicol&amp;#243;gica. Es una respuesta natural ante un mundo que no es plenamente seguro. Por ello, los cuentos no &lt;em&gt;&amp;#8220;crean&amp;#8221;&lt;/em&gt; el miedo: lo presuponen y lo ordenan adecuadamente, de tal manera que facilitan que cumpla con su funci&amp;#243;n natural. Un cuento como &lt;em&gt;Hansel y Gretel&lt;/em&gt; no inventa el temor al abandono: lo toma y le da forma, sentido y desenlace. Y as&amp;#237;, los cuentos lo nombran, lo enmarcan y, adem&amp;#225;s, proveen herramientas para encauzarlo (prudencia, esperanza, fortaleza). En este sentido, la buena literatura puede convertirse en aliada educativa.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Por qu&amp;#233; buscamos el horror&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;La segunda de las cuestiones tiene que ver con una tendencia que, no por parecer enfermiza, es menos com&amp;#250;n: &amp;#191;por qu&amp;#233; disfrutamos de obras destinadas a evocar emociones dolorosas, oscuras y negativas? &amp;#191;Por qu&amp;#233; un adolescente puede sentirse atra&amp;#237;do por una novela inquietante o por una pel&amp;#237;cula que provoca miedo?&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Existen dos teor&amp;#237;as c&amp;#233;lebres y muy influyentes que abordan este parad&amp;#243;jico deseo humano de experimentar lo horripilante: la catarsis aristot&amp;#233;lica y el psicoan&amp;#225;lisis freudiano. Simplificando mucho, la primera sostiene que descargamos emociones acumuladas; la segunda, que damos salida simb&amp;#243;lica a traumas reprimidos. Ahora bien, frente a estas dos explicaciones, la Filosof&amp;#237;a Perenne esboza una explicaci&amp;#243;n alternativa y, muy probablemente, m&amp;#225;s fundada.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Las dos teor&amp;#237;as preponderantes parten de concepciones del hombre muy dispares de la de la Filosof&amp;#237;a Perenne. Esta tradici&amp;#243;n no ve al hombre ni como un &lt;em&gt;&amp;#8220;mero animal&amp;#8221;&lt;/em&gt; que solo necesite descarga afectiva (en una lectura reductiva de la catarsis aristot&amp;#233;lica) ni como un sujeto explicado principalmente por lo reprimido (el trauma freudiano). Su idea del hombre es la de un ser compuesto de cuerpo y alma (una unidad), dotado de inteligencia, voluntad y pasiones; creado para un fin (el Bien Supremo, Dios), pero herido por la ca&amp;#237;da (el pecado original) y sometido a la temporalidad y la muerte.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Desde aqu&amp;#237;, desde esta antropolog&amp;#237;a, puede entenderse mejor el fen&amp;#243;meno.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;El mal no tiene entidad propia: es privaci&amp;#243;n (ausencia) de un bien debido. As&amp;#237; como la oscuridad no es &lt;em&gt;&amp;#8220;algo&amp;#8221;&lt;/em&gt; positivo, sino ausencia de luz, el mal es ausencia de bien. Por otro lado, el intelecto humano est&amp;#225; naturalmente inclinado a conocer la verdad: toda la verdad, incluido el mal y nuestra fragilidad frente a &amp;#233;l. Partiendo de estas ideas, la ficci&amp;#243;n de horror funciona como mediaci&amp;#243;n que nos permite apercibirnos de nuestra vulnerabilidad y del mal, y hacerlo de forma segura. Leer &lt;em&gt;Dr&amp;#225;cula&lt;/em&gt; o &lt;em&gt;El coraz&amp;#243;n delator,&lt;/em&gt; o incluso una numinosa historia de Lovecraft, nos permite asomarnos al mal sin padecerlo realmente. El placer no nacer&amp;#237;a, por tanto, de la mera contemplaci&amp;#243;n del espanto (ficticio, pero espanto al fin), sino de la comprensi&amp;#243;n de verdades profundas sobre el mal, la fragilidad y la necesidad de redenci&amp;#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;En el &amp;#225;mbito psicol&amp;#243;gico, el miedo es una pasi&amp;#243;n que, bien ordenada, nos inclina a evitar el mal. El horror ficticio y est&amp;#233;tico desencadena &amp;#8212;de modo controlado&amp;#8212; esa pasi&amp;#243;n. Es un &lt;em&gt;&amp;#8220;entrenamiento emocional&amp;#8221;&lt;/em&gt;: el lector siente miedo, pero sabe &amp;#8212;en un nivel racional&amp;#8212; que est&amp;#225; a salvo (de ah&amp;#237; la importancia de la pericia del artista para lograr la suspensi&amp;#243;n de la incredulidad). De este modo surge un placer superior: el de la raz&amp;#243;n gobernando la pasi&amp;#243;n. Para un joven lector, esto puede traducirse en mayor fortaleza ante miedos reales.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Por &amp;#250;ltimo, cabr&amp;#237;a a&amp;#241;adir dos razones trascendentes.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;De menor a mayor alcance, la primera est&amp;#225; basada en la ley natural (justicia y orden): frente a ciertos enfoques nihilistas contempor&amp;#225;neos, el horror cl&amp;#225;sico suele apoyarse en una visi&amp;#243;n moral y en el respeto al orden de lo real. En muchas historias, el mal no queda impune: hay una restauraci&amp;#243;n del orden. Pensemos en tantos relatos donde la soberbia o la ambici&amp;#243;n desmedida conducen a la ca&amp;#237;da del personaje. El placer del lector puede surgir al presenciar el desenvolvimiento de una justicia &lt;em&gt;&amp;#8220;c&amp;#243;smica&amp;#8221;&lt;/em&gt;: la mente experimenta un gozo profundo al ver que el caos &amp;#8212;tras el sufrimiento que sigue como pena debida&amp;#8212; es revertido, quien quiera que sea el causante del mal es castigado, y el orden metaf&amp;#237;sico del universo es restaurado prevaleciendo sobre el mal (la &lt;em&gt;eucat&amp;#225;strofe&lt;/em&gt; de Tolkien, el final feliz de los cuentos de hadas).&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;La segunda raz&amp;#243;n trascendente se relaciona con el anhelo del &lt;em&gt;mysterium tremendum et fascinans.&lt;/em&gt; esa experiencia descrita por Rudolf Otto como una mezcla de temor y fascinaci&amp;#243;n ante lo sagrado. En ocasiones, el horror act&amp;#250;a como una sombra deformada de esa experiencia religiosa. Lo demon&amp;#237;aco, incluso cuando se presenta de modo literario, remite &amp;#8212;por contraste&amp;#8212; a la realidad de lo ang&amp;#233;lico y de Dios. Muchos j&amp;#243;venes, en contextos secularizados, pueden reencontrar preguntas religiosas profundas a trav&amp;#233;s de narraciones que despiertan asombro y estremecimiento, permiti&amp;#233;ndoles recuperar el sentido de lo trascendente a trav&amp;#233;s de aquello que aterra y fascina a la vez.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;Por tanto, quiz&amp;#225; busquemos el horror, no porque necesitemos purgar nuestras pasiones o porque estemos atormentados por un trauma del que liberarnos, sino porque somos como somos: seres racionales ca&amp;#237;dos, pero con sed de eternidad. No disfrutamos del horror por el horror &amp;#8212;cuando as&amp;#237; sucede, se trata de una corrupci&amp;#243;n que conviene evitar&amp;#8212;, sino porque deseamos comprender el misterio de la muerte y del mal desde un lugar seguro; porque gozamos al ver que nuestras pasiones pueden ordenarse bajo la raz&amp;#243;n; y porque el terror, bien encauzado, puede recordarnos que habitamos un cosmos espiritual y moral donde nuestras acciones cuentan.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;De ah&amp;#237; la importancia del discernimiento: no todo horror educa, pero tampoco todo horror corrompe. Solo queda discernir &amp;#8212;con prudencia&amp;#8212; a qu&amp;#233; horrores nos exponemos (y con nosotros, a nuestros hijos), cu&amp;#225;ndo y por qu&amp;#233;. Y a ello se han dedicado estas &amp;#250;ltimas entradas.&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&amp;#160;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2026/04/literatura-de-terror.html&quot;&gt;&amp;#191;LITERATURA DE TERROR? (I)&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2026/05/literatura-de-terror-edgar-allan-poe-y.html&quot;&gt;&amp;#191;LITERATURA DE TERROR? EDGAR ALLAN POE Y BRAM STOKER (II)&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2026/05/literatura-de-terror-h-p-lovecraft-y.html&quot;&gt;&amp;#191;LITERATURA DE TERROR? H. P. LOVECRAFT Y ROBERT HUGH BENSON (III)&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2026/05/literatura-de-terror-el-miedo-infantil.html&quot;&gt;&amp;#191;LITERATURA DE TERROR? EL MIEDO INFANTIL (IV)&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;text-justify&quot;&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;item_footer&quot;&gt;&lt;p&gt;&lt;small&gt;&lt;a href=&quot;https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2606010917-iliteratura-de-terror-v-epilo&quot;&gt;Original post&lt;/a&gt; blogged on &lt;a href=&quot;http://b2evolution.net/&quot;&gt;b2evolution&lt;/a&gt;.&lt;/small&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;</description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img height="1784" src="https://uploads5.wikiart.org/00473/images/marianne-stokes/death-and-the-maiden-1908.png" width="2564" /></p>
<blockquote>
<p>&#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#171;La muerte y la doncella&#187;. Obra de Marianne Stokes (1855-1927).</p>
</blockquote>
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<blockquote>
<p><br /><em><span class="center"><br /></span></em></p>
<p class="center"></p>
<p class="center"><em>&#171;En alg&#250;n punto del camino hemos acabado confundiendo la inocencia con la ignorancia. Para santo Tom&#225;s, la inocencia no es ausencia de conocimiento del mal, sino ausencia de pecado original. Los ni&#241;os no son inocentes porque desconozcan el mal; lo conocen instintivamente&#187;.</em></p>
<p class="center">Flannery O&#8217;Connor.</p>
</blockquote>
<p><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</font></p>
<p><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</font></p>
<p></p>
<p data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</font></p>
<p class="text-justify">En las cuatro &#250;ltimas entradas hemos hablado del horror y el miedo en la literatura. Hemos examinado, de modo somero, obras destacadas del g&#233;nero, al tiempo que intent&#225;bamos proponer algunas reglas orientativas sobre la conveniencia o inconveniencia de esas lecturas, tanto en funci&#243;n de la edad, la formaci&#243;n y la madurez del lector como de la orientaci&#243;n &#250;ltima de la obra.</p>
<p class="text-justify">Resta, quiz&#225;, a modo de ep&#237;logo, intentar esbozar una explicaci&#243;n &#8212;si la hay&#8212;, primero, de por qu&#233; existe esta pasi&#243;n que es el miedo, presente potencialmente desde el inicio de la vida y observable muy pronto; y, en segundo lugar, del porqu&#233; de esa pulsi&#243;n que nos empuja a acercarnos al horror, un horror que en muchas ocasiones incluso llega a fascinarnos.</p>
<p class="text-justify">Responder a estas preguntas no es un mero ejercicio ret&#243;rico: puede ayudarnos, como padres y educadores, a acompa&#241;ar mejor las lecturas y los temores de nuestros hijos y alumnos.</p>
<p class="text-justify"><br /><strong>Por qu&#233; existe el miedo</strong></p>
<p class="text-justify">Dec&#237;an los escol&#225;sticos que el miedo o temor (<em>timor</em>) es una pasi&#243;n del apetito irascible (es decir, de esa dimensi&#243;n afectiva que nos impulsa a afrontar o huir ante lo dif&#237;cil o peligroso) que se encuentra en potencia en todo ser humano y que se actualiza cuando se percibe un mal como futuro y dif&#237;cil de evitar. Dicho m&#225;s sencillamente: tenemos miedo de aquello que percibimos como una amenaza real que no sabemos si podremos superar. Y creo que se trata de una definici&#243;n m&#225;s exacta que la de las modernas psicolog&#237;as.</p>
<p class="text-justify">Siendo esto el miedo, la raz&#243;n de su existencia se apoya en varios hechos particulares:</p>
<p class="text-justify">De entrada, el ser humano nace vulnerable; es, en efecto, uno de los seres vivos m&#225;s desprotegidos y fr&#225;giles en sus primeros a&#241;os de vida, situaci&#243;n que se prolonga durante m&#225;s tiempo que en cualquier otra especie animal.</p>
<p class="text-justify">Adem&#225;s, desde un punto de vista teol&#243;gico, el hombre nace en un mundo ca&#237;do (a consecuencia del pecado original). En la experiencia cotidiana, ese mundo ca&#237;do puede ser &#225;rido y duro: el ser humano experimenta hambre, fr&#237;o y soledad; sufre desamparo e incluso puede padecer violencia y abuso a manos de sus propios cong&#233;neres. Los miedos infantiles a la oscuridad, a la separaci&#243;n o al abandono no son simples <em>&#8220;caprichos&#8221;:</em> nos hablan de esta vulnerabilidad real.</p>
<p class="text-justify">Por &#250;ltimo, en lo que se refiere a la conciencia, la oscuridad, lo desconocido y la sensaci&#243;n de p&#233;rdida y abandono son datos primarios, contrastables y observables desde muy temprano. Cualquier padre ha experimentado c&#243;mo el ni&#241;o, aun muy peque&#241;o, teme aquello que no comprende o no puede controlar.</p>
<p class="text-justify">De manera que el miedo no puede reducirse a una construcci&#243;n social ni tampoco a una herramienta de dominio ni a una mera disfunci&#243;n psicol&#243;gica. Es una respuesta natural ante un mundo que no es plenamente seguro. Por ello, los cuentos no <em>&#8220;crean&#8221;</em> el miedo: lo presuponen y lo ordenan adecuadamente, de tal manera que facilitan que cumpla con su funci&#243;n natural. Un cuento como <em>Hansel y Gretel</em> no inventa el temor al abandono: lo toma y le da forma, sentido y desenlace. Y as&#237;, los cuentos lo nombran, lo enmarcan y, adem&#225;s, proveen herramientas para encauzarlo (prudencia, esperanza, fortaleza). En este sentido, la buena literatura puede convertirse en aliada educativa.</p>
<p class="text-justify"><br /><strong>Por qu&#233; buscamos el horror</strong></p>
<p class="text-justify">La segunda de las cuestiones tiene que ver con una tendencia que, no por parecer enfermiza, es menos com&#250;n: &#191;por qu&#233; disfrutamos de obras destinadas a evocar emociones dolorosas, oscuras y negativas? &#191;Por qu&#233; un adolescente puede sentirse atra&#237;do por una novela inquietante o por una pel&#237;cula que provoca miedo?</p>
<p class="text-justify">Existen dos teor&#237;as c&#233;lebres y muy influyentes que abordan este parad&#243;jico deseo humano de experimentar lo horripilante: la catarsis aristot&#233;lica y el psicoan&#225;lisis freudiano. Simplificando mucho, la primera sostiene que descargamos emociones acumuladas; la segunda, que damos salida simb&#243;lica a traumas reprimidos. Ahora bien, frente a estas dos explicaciones, la Filosof&#237;a Perenne esboza una explicaci&#243;n alternativa y, muy probablemente, m&#225;s fundada.</p>
<p class="text-justify">Las dos teor&#237;as preponderantes parten de concepciones del hombre muy dispares de la de la Filosof&#237;a Perenne. Esta tradici&#243;n no ve al hombre ni como un <em>&#8220;mero animal&#8221;</em> que solo necesite descarga afectiva (en una lectura reductiva de la catarsis aristot&#233;lica) ni como un sujeto explicado principalmente por lo reprimido (el trauma freudiano). Su idea del hombre es la de un ser compuesto de cuerpo y alma (una unidad), dotado de inteligencia, voluntad y pasiones; creado para un fin (el Bien Supremo, Dios), pero herido por la ca&#237;da (el pecado original) y sometido a la temporalidad y la muerte.</p>
<p class="text-justify">Desde aqu&#237;, desde esta antropolog&#237;a, puede entenderse mejor el fen&#243;meno.</p>
<p class="text-justify">El mal no tiene entidad propia: es privaci&#243;n (ausencia) de un bien debido. As&#237; como la oscuridad no es <em>&#8220;algo&#8221;</em> positivo, sino ausencia de luz, el mal es ausencia de bien. Por otro lado, el intelecto humano est&#225; naturalmente inclinado a conocer la verdad: toda la verdad, incluido el mal y nuestra fragilidad frente a &#233;l. Partiendo de estas ideas, la ficci&#243;n de horror funciona como mediaci&#243;n que nos permite apercibirnos de nuestra vulnerabilidad y del mal, y hacerlo de forma segura. Leer <em>Dr&#225;cula</em> o <em>El coraz&#243;n delator,</em> o incluso una numinosa historia de Lovecraft, nos permite asomarnos al mal sin padecerlo realmente. El placer no nacer&#237;a, por tanto, de la mera contemplaci&#243;n del espanto (ficticio, pero espanto al fin), sino de la comprensi&#243;n de verdades profundas sobre el mal, la fragilidad y la necesidad de redenci&#243;n.</p>
<p class="text-justify">En el &#225;mbito psicol&#243;gico, el miedo es una pasi&#243;n que, bien ordenada, nos inclina a evitar el mal. El horror ficticio y est&#233;tico desencadena &#8212;de modo controlado&#8212; esa pasi&#243;n. Es un <em>&#8220;entrenamiento emocional&#8221;</em>: el lector siente miedo, pero sabe &#8212;en un nivel racional&#8212; que est&#225; a salvo (de ah&#237; la importancia de la pericia del artista para lograr la suspensi&#243;n de la incredulidad). De este modo surge un placer superior: el de la raz&#243;n gobernando la pasi&#243;n. Para un joven lector, esto puede traducirse en mayor fortaleza ante miedos reales.</p>
<p class="text-justify">Por &#250;ltimo, cabr&#237;a a&#241;adir dos razones trascendentes.</p>
<p class="text-justify">De menor a mayor alcance, la primera est&#225; basada en la ley natural (justicia y orden): frente a ciertos enfoques nihilistas contempor&#225;neos, el horror cl&#225;sico suele apoyarse en una visi&#243;n moral y en el respeto al orden de lo real. En muchas historias, el mal no queda impune: hay una restauraci&#243;n del orden. Pensemos en tantos relatos donde la soberbia o la ambici&#243;n desmedida conducen a la ca&#237;da del personaje. El placer del lector puede surgir al presenciar el desenvolvimiento de una justicia <em>&#8220;c&#243;smica&#8221;</em>: la mente experimenta un gozo profundo al ver que el caos &#8212;tras el sufrimiento que sigue como pena debida&#8212; es revertido, quien quiera que sea el causante del mal es castigado, y el orden metaf&#237;sico del universo es restaurado prevaleciendo sobre el mal (la <em>eucat&#225;strofe</em> de Tolkien, el final feliz de los cuentos de hadas).</p>
<p class="text-justify">La segunda raz&#243;n trascendente se relaciona con el anhelo del <em>mysterium tremendum et fascinans.</em> esa experiencia descrita por Rudolf Otto como una mezcla de temor y fascinaci&#243;n ante lo sagrado. En ocasiones, el horror act&#250;a como una sombra deformada de esa experiencia religiosa. Lo demon&#237;aco, incluso cuando se presenta de modo literario, remite &#8212;por contraste&#8212; a la realidad de lo ang&#233;lico y de Dios. Muchos j&#243;venes, en contextos secularizados, pueden reencontrar preguntas religiosas profundas a trav&#233;s de narraciones que despiertan asombro y estremecimiento, permiti&#233;ndoles recuperar el sentido de lo trascendente a trav&#233;s de aquello que aterra y fascina a la vez.</p>
<p class="text-justify">Por tanto, quiz&#225; busquemos el horror, no porque necesitemos purgar nuestras pasiones o porque estemos atormentados por un trauma del que liberarnos, sino porque somos como somos: seres racionales ca&#237;dos, pero con sed de eternidad. No disfrutamos del horror por el horror &#8212;cuando as&#237; sucede, se trata de una corrupci&#243;n que conviene evitar&#8212;, sino porque deseamos comprender el misterio de la muerte y del mal desde un lugar seguro; porque gozamos al ver que nuestras pasiones pueden ordenarse bajo la raz&#243;n; y porque el terror, bien encauzado, puede recordarnos que habitamos un cosmos espiritual y moral donde nuestras acciones cuentan.</p>
<p class="text-justify">De ah&#237; la importancia del discernimiento: no todo horror educa, pero tampoco todo horror corrompe. Solo queda discernir &#8212;con prudencia&#8212; a qu&#233; horrores nos exponemos (y con nosotros, a nuestros hijos), cu&#225;ndo y por qu&#233;. Y a ello se han dedicado estas &#250;ltimas entradas.</p>
<p class="text-justify"></p>
<p class="text-justify">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</p>
<p><a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2026/04/literatura-de-terror.html">&#191;LITERATURA DE TERROR? (I)</a></p>
<p><a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2026/05/literatura-de-terror-edgar-allan-poe-y.html">&#191;LITERATURA DE TERROR? EDGAR ALLAN POE Y BRAM STOKER (II)</a></p>
<p><a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2026/05/literatura-de-terror-h-p-lovecraft-y.html">&#191;LITERATURA DE TERROR? H. P. LOVECRAFT Y ROBERT HUGH BENSON (III)</a></p>
<p><a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2026/05/literatura-de-terror-el-miedo-infantil.html">&#191;LITERATURA DE TERROR? EL MIEDO INFANTIL (IV)</a></p>
<p class="text-justify"></p>]]></content:encoded>
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