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	<title>De libros, padres e hijos</title>
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	<updated>2026-07-29T16:33:47Z</updated>
	
	<entry>
		<title type="text">La elecci&#243;n de los &#225;lbumes ilustrados</title>
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		<author>
			<name>Miguel Sanmart&#237;n Fenollera</name>
					</author>
		<id>https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2607051139-la-eleccion-de-los-albumes-il</id>
		<published>2026-07-05T09:39:47Z</published>
		<updated>2026-07-05T10:09:13Z</updated>
				<content type="html"><![CDATA[<p></p>
<table class="tr-caption-container" cellspacing="0" cellpadding="0" align="center">
<tbody>
<tr>
<td>
<blockquote><a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEgAfZ0MVTP9g6lm3Db6HT395zShb6mzjPnMrv8ONY-QMeFcSn-Ll1Mhz5x_xAIgNxzGa0ihXUbVO7X0NXjQuYxCgPKRrFe90toHAuLKHhNAufQUohsPJLd38tf3sylBwFT95drUlZe87zQL21Ie7Pt4PJYCNFErMBjUZvnELtiXSHk_cYwsh-h1Sq2uy9M"><img src="https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEgAfZ0MVTP9g6lm3Db6HT395zShb6mzjPnMrv8ONY-QMeFcSn-Ll1Mhz5x_xAIgNxzGa0ihXUbVO7X0NXjQuYxCgPKRrFe90toHAuLKHhNAufQUohsPJLd38tf3sylBwFT95drUlZe87zQL21Ie7Pt4PJYCNFErMBjUZvnELtiXSHk_cYwsh-h1Sq2uy9M=s1600" data-original-height="1080" data-original-width="720" /></a></blockquote>
</td>
</tr>
<tr>
<td class="tr-caption">&#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#171;Madre e hija leyendo&#187;. Jessie Willcox Smith (1863-1935).</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p><br /><br /></p>
<p></p>
<p>&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</p>
<p></p>
<p>&#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160;</p>
<p>&#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160;&#160;</p>
<blockquote class="center">
<p>&#160; &#160; &#160; &#160;</p>
<p><br /> <br /><em>&#171;Solo lo m&#225;s selecto de lo mejor en cualquier cosa puede ser lo suficientemente bueno para los j&#243;venes&#187;.</em></p>
<p>Walter de la Mare</p>
<p>&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</p>
</blockquote>
<p class="center"></p>
<p data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"></p>
<p></p>
<p></p>
<p data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</font></p>
<p data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</font></p>
<p class="text-justify">Seguimos con la labor del discernimiento, de la necesaria elecci&#243;n. Lo ideal en esta materia, como en casi todas, es examinar las obras directamente y en profundidad a fin de constatar la conveniencia de un libro concreto para un ni&#241;o en particular. Sin embargo, sabemos que esto no siempre es posible; es m&#225;s, en ocasiones puede ser incluso innecesario debido a la &#237;ndole del asunto tratado y su clara inconveniencia.</p>
<p class="text-justify">Con todo, en los libros destinados a los primeros a&#241;os, un vistazo breve suele ser suficiente. Esto ocurre cuando la materia del libro y su enfoque son expl&#237;citos en el t&#237;tulo, la sinopsis o la publicidad; a veces incluso basta &#8212;especialmente en los &#225;lbumes ilustrados de los que nos ocupamos&#8212; un examen general de las ilustraciones y de las frases iniciales y finales.</p>
<p class="text-justify">Pero, para echar ese vistazo, es preciso tener el libro entre las manos. A estos efectos, recuerdo la infancia de mis hijas y nuestro peregrinar por las librer&#237;as cada vez que ten&#237;amos un momento; especialmente a una, ya desaparecida y que se encontraba muy cerca de casa, a la que sol&#237;amos acudir. Era todo un ritual que ya he descrito <a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2017/08/construyendo-un-habito-iii-la-caza-de.html">en otro lugar,</a> pero que el tiempo dej&#243; atr&#225;s.</p>
<p class="text-justify">Como no todos los &#225;lbumes se prestan a estos ex&#225;menes someros ni siempre tenemos la oportunidad de hojearlos f&#237;sicamente, compartir&#233; con ustedes una serie de criterios para guiar esta labor de elecci&#243;n.<br /> <br /><strong>El punto de partida: saber qu&#233; buscamos</strong></p>
<p class="text-justify">Lo primero que debemos hacer es saber lo que queremos, lo que estamos buscando. Para ello, definir las caracter&#237;sticas principales de nuestra cosmovisi&#243;n &#8212;aquella que nos sostiene en el d&#237;a a d&#237;a y que deseamos transmitir conscientemente a nuestros hijos&#8212; es primordial, pues incluso estos libritos, aparentemente inofensivos, deber&#225;n responder a ella. La m&#237;a es bien conocida por ustedes: mi visi&#243;n de la existencia se asienta en la filosof&#237;a perenne y realista, y en la profesi&#243;n de fe de la Iglesia cat&#243;lica romana.</p>
<p class="text-justify">Desde esta concreta perspectiva, el universo y la naturaleza humana poseen una estructura estable y un prop&#243;sito; la libertad no elimina los l&#237;mites, sino que los presupone para poder existir; el amor es un acto de la voluntad que incluye la justicia y exige un orden en los afectos; y, por &#250;ltimo, la imaginaci&#243;n debe estar al servicio de la verdad objetiva.</p>
<p class="text-justify">Aunque estos puntos constituyen una simplificaci&#243;n reductiva, me parece necesaria, pues me sirve para acotar la extensi&#243;n de este escrito a unos l&#237;mites razonables.</p>
<p class="text-justify">Fijados estos principios, reparemos en la naturaleza del objeto a elegir: el &#225;lbum infantil ilustrado. Este g&#233;nero rara vez ense&#241;a doctrina de manera expl&#237;cita; su funci&#243;n principal es formar &#8212;o deformar&#8212; la imaginaci&#243;n, sugiriendo y estimulando las pasiones con mayor intensidad que el intelecto. Por lo tanto, la pregunta clave que debemos formular es: <strong>&#191;este &#225;lbum ordena o desordena la imaginaci&#243;n?</strong></p>
<p class="text-justify">La necesidad de tal escrutinio es hoy extremadamente urgente. En la narrativa nacida de la uni&#243;n entre imagen y palabra, los riesgos de la producci&#243;n literaria actual radican en sugerir &#171;verdades&#187; tan peligrosas y distorsionantes como que el yo crea la realidad, que la caridad es posible sin la justicia, que la libertad es una ruptura autoafirmativa de los l&#237;mites, o que la &#171;autoestima&#187; es un valor supremo y autosuficiente. Tambi&#233;n se suele promover que la emoci&#243;n debe suplantar a la verdad, que la identidad personal y sexual es fluida y contingente, o que la autoridad adulta es intr&#237;nsecamente opresiva.</p>
<p class="text-justify">Toda esta jerga moderna me aburre profundamente; mucha palabrer&#237;a y no poco desatino. Sin embargo, si queremos combatir y vencer, debemos conocer las armas del adversario. Las palabras son usadas hoy irresponsablemente, juegan con los sentimientos y pueden confundir la mente infantil. La imaginaci&#243;n de un ni&#241;o es un tesoro a proteger y cuidar, y debe nutrirse de im&#225;genes que respeten la estructura del ser y la verdad de la naturaleza humana.<br /> <br /><strong>Contraste de modelos</strong></p>
<p class="text-justify">Sabemos que el &#225;lbum ilustrado es un formato relativamente reciente que comenz&#243; a consolidarse en el siglo XX; ello no empece que haya llegado a ser una categor&#237;a sumamente valiosa &#8211;y apreciada&#8211; para y por los ni&#241;os. Sin embargo, mientras que la mayor&#237;a de los cl&#225;sicos del siglo pasado se sostienen sobre una base ontol&#243;gicamente estable, asentada en la realidad, gran parte de los &#225;lbumes contempor&#225;neos se ha desplazado hacia un constructivismo emocional e irracional. Ve&#225;moslo m&#225;s gr&#225;ficamente con algunos ejemplos.</p>
<p class="text-justify">Tomemos dos &#225;lbumes cl&#225;sicos de los que ya les he hablado <a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2017/06/belleza-delicadeza-y-armonia-beatrix.html">aqu&#237; </a>y <a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2017/04/albumes-ilustrados-con-animales.html">aqu&#237;</a>; dos obritas que nos hablan de manera impl&#237;cita de la virtud de la prudencia y de los tozudos l&#237;mites de la realidad.</p>
<p class="text-justify">El primero es <em><strong>El cuento de Perico, el conejo travieso</strong></em>, probablemente el relato m&#225;s famoso de Beatrix Potter, donde el protagonista, tras desobedecer a su madre, sufre las consecuencias de su desaf&#237;o y aprende a trav&#233;s de la experiencia.</p>
<p class="text-justify">El segundo, <em><strong>La historia de Ping</strong></em>, de Marjorie Flack, que muestra, a trav&#233;s de las peripecias del pato protagonista, el error y sus consecuencias, y la reflexi&#243;n y el regreso al orden a que da lugar. Ping huye por miedo al castigo y termina enfrentando un peligro mayor, descubriendo que la responsabilidad es m&#225;s segura que la evasi&#243;n.<br />Ambas historias demuestran &#8212;de forma suave y casi imperceptible&#8212; que la realidad tiene una estructura s&#243;lida e inteligible y que la imprudencia genera un da&#241;o real.</p>
<p class="text-justify">Por el contrario, en lo que llevamos de siglo los ejemplos de signo opuesto son numerosos. Encontramos as&#237; obras tan perturbadoras como <em><strong>Soy Jazz</strong></em>, de Jessica Herthel, un relato que presenta una antropolog&#237;a de corte gn&#243;stico donde la identidad se reduce a una <em>&#171;autopercepci&#243;n interior&#187;</em> desvinculada de la realidad biol&#243;gica. En una l&#237;nea similar se mueve <em><strong>Tris, Trans,</strong></em> de Tatiana Iglesias Bordoy, que aprovechando algunos procesos naturales de cambio, induce a la confusi&#243;n del ni&#241;o lector identific&#225;ndolos con el, denominado eufem&#237;sticamente&#160;<em>transici&#243;n de g&#233;nero</em>, bajo estos mismos postulados.</p>
<p class="text-justify">Ambos &#225;lbumes niegan la naturaleza humana como una estructura dada, supedit&#225;ndola a las preferencias personales del sujeto, promoviendo la identidad personal como una autoconstrucci&#243;n radical que puede dar lugar, como desgraciadamente ya estamos viendo, a unas consecuencias irreversibles y tremendas.</p>
<p class="text-justify">Y voy acabando.</p>
<p class="text-justify">Podr&#237;amos adentrarnos en muchos otros t&#237;tulos, pero creo que esta peque&#241;a muestra es suficiente para ilustrar el punto. Aunque no todo lo moderno es desechable, hoy m&#225;s que nunca se requiere una extraordinaria atenci&#243;n a aquello que se nos ofrece, un esmerado cuidado en aquello que se elige, y una atenta mediaci&#243;n paterna, consciente y vigilante, sobre aquello que a nuestros hijos se les propone leer.</p>
<p class="text-justify">Les bastar&#225; con volver, una y otra vez, a la pregunta clave: <strong>&#191;este &#225;lbum ordenar&#225; o desordenar&#225; la imaginaci&#243;n de mi hijo?</strong> Y en funci&#243;n de cual sea la respuesta, elijan o desechen. Parece f&#225;cil, pero, ciertamente, en ocasiones no lo ser&#225; tanto, as&#237; que &#161;&#225;nimo, sus hijos agradecer&#225;n su esfuerzo!</p>
<p class="text-justify"></p>]]></content>
				</entry>

	
	<entry>
		<title type="text">La batalla por la imaginaci&#243;n: c&#243;mo la literatura infantil y juvenil moldea el alma de nuestros hijos</title>
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		<author>
			<name>Miguel Sanmart&#237;n Fenollera</name>
					</author>
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		<published>2026-06-23T12:17:27Z</published>
		<updated>2026-06-29T18:41:53Z</updated>
				<content type="html"><![CDATA[<table class="tr-caption-container" cellspacing="0" cellpadding="0" align="center">
<tbody>
<tr>
<td><a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEjJ6llPuNXYtqKqPE8jgh8TRNoU4PnL5eHqlW5Sln9PiT1naw9-GSIxgjN65AG5WTwfeiTHo7ASOD-BWM8c6uoVrtFSOjvAYqpApn3ZWUVVW_LIGDzNAO28ZU6i8uAEyN9eW593XiV2Curyw5ijx8j2HOfhTeUW1eOZh9u6_r-ob96jnKEprfKHFdYX26I"><img src="https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEjJ6llPuNXYtqKqPE8jgh8TRNoU4PnL5eHqlW5Sln9PiT1naw9-GSIxgjN65AG5WTwfeiTHo7ASOD-BWM8c6uoVrtFSOjvAYqpApn3ZWUVVW_LIGDzNAO28ZU6i8uAEyN9eW593XiV2Curyw5ijx8j2HOfhTeUW1eOZh9u6_r-ob96jnKEprfKHFdYX26I=s16000" data-original-height="995" data-original-width="1231" /></a></td>
</tr>
<tr>
<td class="tr-caption">
<blockquote>&#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160;&#171;La lectura&#187;. Obra de&#160;Edmund Adler (1876&#8211;1965).</blockquote>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p><br /><br /><br /></p>
<p></p>
<p></p>
<p></p>
<p></p>
<p data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"></p>
<p data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</p>
<blockquote>
<p data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"></p>
<p data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"></p>
<p data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</font></p>
<p></p>
<p></p>
</blockquote>
<p></p>
<blockquote>
<p class="center"><em>&#171;El coraz&#243;n se alcanza com&#250;nmente no a trav&#233;s de la raz&#243;n, sino a trav&#233;s de la imaginaci&#243;n&#187;.</em></p>
<p class="center">John Henry Newman<br /> <br /> <br /> <br /><em>&#171;La imaginaci&#243;n es el &#243;rgano del significado, no de la verdad. La imaginaci&#243;n, produciendo nuevas met&#225;foras o revivificando las viejas, no es la causa de la verdad,pero si su condici&#243;n&#187;.</em></p>
<p class="center">C. S. Lewis</p>
<p class="center">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</p>
<p class="center">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</p>
<p class="center">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</p>
<p class="center">&#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160;&#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160;</p>
<p class="center">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</p>
<p class="center"></p>
</blockquote>
<p></p>
<p></p>
<p class="text-justify">Toda obra literaria transmite una cosmovisi&#243;n: la de su autor o la que este pretende proyectar. Puede hacerlo de forma profunda o superficial, pero siempre lo hace. Es cierto que, en principio, solo aquellas obras que muestran una cosmovisi&#243;n de manera profunda son relevantes a la hora de educar o formar el alma de nuestros hijos. Sin embargo, no siempre es as&#237;: la banalidad puede ser igualmente deformadora cuando se aplica a cuestiones que, por su naturaleza y trascendencia, debieran ser presentadas y reconocidas en toda su profundidad.</p>
<p class="text-justify">Sabemos esto desde siempre, pero los siglos XX y XXI se han caracterizado por un uso monopol&#237;stico de esta verdad por parte de quienes trabajan &#8212;lo sepan o no&#8212; en la destrucci&#243;n del orden de lo creado. Puede sonar excesivamente catastrofista o exagerado, pero cr&#233;anme que no lo es: no cometamos el error de minusvalorar su alcance.</p>
<p class="text-justify">El te&#243;rico marxista italiano Antonio Gramsci es famoso precisamente por eso: por haber rescatado este mecanismo gnoseol&#243;gico y haberlo puesto al servicio del desorden y la ruptura cultural. Nosotros deber&#237;amos apropiarnos de ese mismo dinamismo para conocer y descubrir aquello que es verdadero, bello y bueno y difundirlo. Hoy me propongo profundizar un poco en ello.</p>
<p class="text-justify">El mecanismo responde, en esencia, al modo propiamente humano de aprender; es lo que podr&#237;amos llamar el mecanismo narrativo natural. Fuimos creados por la Palabra y a trav&#233;s de la Palabra. &#191;Qu&#233; es el recitativo de la Santa Misa si no poes&#237;a? &#191;Qu&#233; son los salmos sino modelos po&#233;ticos? &#191;Qu&#233; eran las par&#225;bolas de Nuestro Se&#241;or sino la forma literaria magistral para revelar el Reino?</p>
<p class="text-justify">Por lo tanto, no se trata de una herramienta propia de ninguna ideolog&#237;a. Es humana y, por ello, tremendamente eficaz en nosotros. En el pasado no solo fue usada por Nuestro Se&#241;or &#8212;Quien nos conoce mejor que Aquel que nos ha creado&#8212;, sino tambi&#233;n por la literatura confesional, la novela nacionalista, la narrativa moralizante tradicional y la propaganda pol&#237;tica de cualquier signo. Sin embargo, es innegable que, sobre todo en la segunda mitad del siglo XX y lo que llevamos del XXI, las ideolog&#237;as (conformadas por m&#250;ltiples corrientes como el modernismo, el feminismo, el socialismo, el liberalismo o el transhumanismo) casi la han monopolizado.</p>
<p class="text-justify">Y es que la ficci&#243;n &#8212;especialmente la destinada a los lectores j&#243;venes&#8212; transmite visiones del mundo no tanto mediante tesis expl&#237;citas y abstractas, sino a trav&#233;s de atm&#243;sferas, identificaciones afectivas y marcos impl&#237;citos. Por ello, es una herramienta poderosa que, si bien puede ser usada para el bien, igualmente puede emplearse para enga&#241;ar o corromper.</p>
<p class="text-justify">Simplificando mucho, tal mecanismo podr&#237;a estar compuesto de los siguientes elementos:</p>
<ul class="text-justify">
<li><strong>La simpat&#237;a afectiva:</strong> Se presenta a los personajes que encarnan la visi&#243;n que defiende la obra como entra&#241;ables, reconocibles y f&#225;cilmente amables; por el contrario, aquellos otros que representan lo que se quiere combatir o destruir son presentados como malvados o antip&#225;ticos.</li>
<li><strong>La cosmovisi&#243;n como atm&#243;sfera:</strong> Se plantea el entorno no como una tesis, sino como lo que demanda el <em>&#171;sentido com&#250;n&#187;</em> y como lo que es <em>&#171;normal&#187;</em>, de manera que lo que en realidad es una construcci&#243;n cultural subversiva aparece como una evidencia neutral y cuasi natural.</li>
<li><strong>La inmunizaci&#243;n por medio de la iron&#237;a y el sarcasmo:</strong> Toda perspectiva alternativa o tradicional aparece como rid&#237;cula o anacr&#243;nica.</li>
</ul>
<p class="text-justify">Dentro de este marco general puede presentarse, desde luego, una amplia casu&#237;stica, siendo los supuestos m&#225;s comunes los siguientes:</p>
<ul class="text-justify">
<li><strong>La normalizaci&#243;n pseudofamiliar:</strong> Se presenta un modelo de familia alternativo y rompedor con personajes encantadores. Al establecerlo como el &#250;nico paisaje normal y ridiculizar a quien lo cuestione, se naturaliza la estructura cultural que se propone sin necesidad de argumentarla.</li>
<li><strong>La reconfiguraci&#243;n del llamado &#171;g&#233;nero&#187;:</strong> Un protagonista carism&#225;tico rompe estereotipos y figuras tradicionales, presentando cualquier diferencia natural entre sexos como una imposici&#243;n opresiva. Quien defiende la tradici&#243;n es caricaturizado, asociando la virtud con la deconstrucci&#243;n o la inversi&#243;n total de roles.</li>
<li><strong>El triunfo de la voluntad individual:</strong> Se presenta a un protagonista cuyos &#250;nicos l&#237;mites radican en su propio deseo, confundiendo ilusi&#243;n y realidad y dando paso a una visi&#243;n pelagiana &#8212;y, en el fondo, irreal&#8212; de la existencia.</li>
<li><strong>El relativismo moral suave:</strong> Un personaje entra&#241;able, simp&#225;tico y atractivo&#160;rompe una norma que se dibuja como r&#237;gida, mientras que la autoridad que la sostiene se muestra desconectada de la realidad del <em>&#171;mundo&#187;</em> o anticuada. As&#237;, la &#233;tica objetiva se desplaza en favor de la autoexpresi&#243;n y se crea una lealtad emocional hacia el sujeto transgresor.</li>
<li><strong>La secularizaci&#243;n por omisi&#243;n:</strong> Se crea un mundo id&#237;lico lleno de valores &#8212;calificados astutamente de <em>&#171;humanos&#187;</em>&#8212; donde la dimensi&#243;n religiosa simplemente no existe o se muestra como una excentricidad trasnochada, retr&#243;grada o in&#250;til. De este modo, se logra que el lector interiorice un marco puramente materialista de forma inconsciente.</li>
</ul>
<p class="text-justify">&#191;Ante este panorama (tan extendido en el mundo editorial de hoy), qu&#233; podemos hacer?</p>
<p class="text-justify">Les propongo una serie de preguntas que deber&#237;amos hacernos antes de comprar o poner en manos de nuestros hijos cualquier libro, y que podr&#237;an ayudarnos a desenmascarar estos &#171;regalos&#187; envenenados.</p>
<p class="text-justify">En el libro en cuesti&#243;n:</p>
<ol class="text-justify">
<li>&#191;El bien y el mal son objetivos?</li>
<li>&#191;La virtud es recompensada y el vicio castigado?</li>
<li>&#191;El protagonista crece moralmente?</li>
<li>&#191;Hay figuras de autoridad respetables?</li>
<li>&#191;Hay ausencia de contenido inmoral?</li>
<li>&#191;Las virtudes son ense&#241;adas mediante actos y no solo con teor&#237;as o discursos?</li>
<li>&#191;La realidad es objetiva y cognoscible? (Eximiendo a las historias de mundos fant&#225;sticos secundarios).</li>
<li>&#191;Es la naturaleza humana coherente y constante, o maleable y cambiante?</li>
<li>&#191;La Gracia (o la ayuda superior y trascendente) es respetada y est&#225; presente?</li>
<li>&#191;Hay belleza formal en el lenguaje y en las ilustraciones?</li>
<li>&#191;Hay referencias expl&#237;citas o impl&#237;citas a Dios?</li>
<li>&#191;Se reconoce una estructura sacramental del mundo donde se respeten los s&#237;mbolos naturales?</li>
<li>&#191;Se valora la comunidad, la tradici&#243;n y el bien com&#250;n?</li>
<li>&#191;Hay un tratamiento del sufrimiento con realismo, esperanza y redenci&#243;n?</li>
<li>&#191;Tiene un final &#171;eucatastr&#243;fico&#187; (una victoria inesperada del bien) que incluya el sacrificio?</li>
</ol>
<p class="text-justify">Muy probablemente habr&#225; cuestiones relevantes no incluidas en este listado, pero incluso con sus limitaciones, quiz&#225; pueda servirles de referencia y gu&#237;a. Las respuestas a estas preguntas (u otras que se les ocurran) podr&#237;an darnos una idea de si el libro es aceptable y formativo.</p>
<p class="text-justify">Como vemos, la batalla por las almas de nuestros hijos no se libra hoy en grandes debates teol&#243;gicos ni en manifiestos ideol&#243;gicos abstractos; entre otros lugares, se libra silenciosamente en las mesas de noche, en los cuentos de antes de dormir y en las lecturas escolares obligatorias. Si la estrategia del desorden y la confusi&#243;n ha sido colonizar la imaginaci&#243;n de los m&#225;s j&#243;venes a trav&#233;s de la atm&#243;sfera de la ficci&#243;n, nuestra respuesta no puede ser la mera queja o la retirada sin combatir. Porque, como escribi&#243; el cardenal Newman, <em>&#171;es el coraz&#243;n el que se mueve, no la raz&#243;n la que se convence&#187;.</em></p>
<p class="text-justify">Como padres y educadores, nos corresponde, pues, ejercer un discernimiento cr&#237;tico y activo. No se trata de cerrarse al mundo (porque, aun no siendo del mundo, habitamos en el mundo, como dice la <em>Ep&#237;stola a Diogneto</em>), sino de poblar la mente de nuestros hijos de relatos que reflejen la verdadera estructura de la realidad.</p>
<p class="text-justify">Recuperemos, pues, el mecanismo narrativo natural para el bien, la belleza y la verdad. Volvamos a ofrecerles historias donde el sacrificio tenga sentido, donde la belleza eleve el esp&#237;ritu y donde el bien no sea una opci&#243;n subjetiva, sino un puerto seguro y firme. Solo as&#237;, entrenando su sensibilidad afectiva y su coraz&#243;n en el amor a lo verdadero, lo bueno y lo bello, los inmunizaremos contra la sutil pedagog&#237;a de la mentira. La buena literatura, al fin y al cabo, siempre ha sido un mapa fiable para regresar a Casa.</p>
<p></p>]]></content>
				</entry>

	
	<entry>
		<title type="text">Cuatro criterios para reconocer la buena literatura</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2606171033-cuatro-criterios-para-reconoc?utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom-blog&amp;utm_campaign=B89" />
		<author>
			<name>Miguel Sanmart&#237;n Fenollera</name>
					</author>
		<id>https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2606171033-cuatro-criterios-para-reconoc</id>
		<published>2026-06-17T08:33:29Z</published>
		<updated>2026-06-17T08:33:29Z</updated>
				<content type="html"><![CDATA[<p></p>
<table class="tr-caption-container" cellspacing="0" cellpadding="0" align="center">
<tbody>
<tr>
<td><a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEjCzIbbhBTJ0bBkHfW9Ppzp-EuzAcF9jNEc9roj3R98Y5hORyiaOUabz-mLYRhyQMQ0UEJehHEx5H_49EUTV2YRU2O6OZb0Ll_sz_bB9o8sBWZVNpcUO4xng1yqYp6wZBdvHrd2AiEygtScsxiqtCwnbq3bdJ0h0ffP77jgPXjkrot1mXxiVLjqBcwxP8g"><img src="https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEjCzIbbhBTJ0bBkHfW9Ppzp-EuzAcF9jNEc9roj3R98Y5hORyiaOUabz-mLYRhyQMQ0UEJehHEx5H_49EUTV2YRU2O6OZb0Ll_sz_bB9o8sBWZVNpcUO4xng1yqYp6wZBdvHrd2AiEygtScsxiqtCwnbq3bdJ0h0ffP77jgPXjkrot1mXxiVLjqBcwxP8g=s16000" data-original-height="1950" data-original-width="1602" /></a></td>
</tr>
<tr>
<td class="tr-caption">
<blockquote>&#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160;&#171;Tiempo de lectura&#187;. Obra de&#160;Charles Moreau (1830&#8211;1891).</blockquote>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p><br /><br /></p>
<p></p>
<p></p>
<p>&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</p>
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<p></p>
<p></p>
<blockquote>
<p class="center"><em>&#171;Un cl&#225;sico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir&#187;.</em></p>
<p class="center">Italo Calvino.</p>
<p class="center">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</p>
<p class="center">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</p>
<p class="center"></p>
<p class="center"><em>&#171;Cada lector es, cuando lee, el propio lector de s&#237; mismo&#187;.</em></p>
<p class="center">Marcel Proust</p>
</blockquote>
<p></p>
<p></p>
<p>&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</p>
<p></p>
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<p>&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</p>
<p>&#160;&#160;&#160;</p>
<p></p>
<p></p>
<p class="text-justify">En una charla que impart&#237; recientemente, uno de los asistentes me plante&#243; una interesante y dif&#237;cil pregunta: &#191;c&#243;mo podemos reconocer la buena literatura? Improvis&#233; como pude una respuesta, en la que todav&#237;a creo, pero que, tras mucha reflexi&#243;n, encuentro insuficiente e incompleta. Por ello, sin intenci&#243;n de agotar el tema (inabarcable para m&#237;), me he decidido a escribir sobre el asunto para darles mi parecer. Lo hago a continuaci&#243;n esbozando cuatro circunstancias que podr&#237;an ayudar a ese reconocimiento y a las que, osadamente, me atrevo a denominar <em>&#171;pruebas&#187;.</em><br /> <br /><strong>1&#170;.- La prueba del tiempo: cuando la tradici&#243;n habla</strong></p>
<p class="text-justify">Comienzo con un principio fundamental en la valoraci&#243;n literaria que podr&#237;amos enunciar con sencillez: lo verdaderamente bueno perdura. No se trata de un argumento de autoridad ni de un conservadurismo nost&#225;lgico, sino de una constataci&#243;n emp&#237;rica que desaf&#237;a el relativismo cultural. Si la bondad literaria fuera puramente subjetiva, completamente dependiente de modas pasajeras u opiniones circunstanciales, cada &#233;poca rechazar&#237;a inevitablemente la literatura de la anterior, como quien se deshace de un vestuario anticuado. Sin embargo, la experiencia hist&#243;rica demuestra lo contrario.</p>
<p class="text-justify">Los buenos libros son intemporales y transtemporales: atraviesan los siglos con una vitalidad inc&#243;lume y pertenecen, por igual, a todas las &#233;pocas. Homero lleva siendo le&#237;do 2800 a&#241;os; Dante, desde hace siete siglos; Shakespeare y Cervantes, desde hace cuatro centurias, y Dostoievski, desde hace siglo y medio. La lectura de todos ellos sigue siendo un&#225;nimemente percibida &#8212;por lectores de las m&#225;s diversas procedencias culturales&#8212; como buena, bella y verdadera. Esta unanimidad transgeneracional no es casual: es el testimonio de una bondad objetiva que trasciende los caprichos de cada momento hist&#243;rico.</p>
<p class="text-justify">Como criterio pr&#225;ctico, podemos afirmar que si una obra ha sido considerada valiosa por m&#250;ltiples &#233;pocas y culturas, es altamente probable que posea una bondad intr&#237;nseca y objetiva. No obstante, conviene introducir dos matices imprescindibles. Por un lado, no todo lo antiguo es bueno: existe abundante basura literaria que el tiempo ha olvidado con justa raz&#243;n, y cuyo rescate arqueol&#243;gico resultar&#237;a innecesario. Por otro, no todo lo moderno es indigno: hay obras contempor&#225;neas muy estimables que, probablemente, resistir&#225;n el paso de los a&#241;os y se integrar&#225;n al canon de los cl&#225;sicos. Sin embargo, la probabilidad de acierto aumenta dr&#225;sticamente cuando nos acercamos a aquellas obras que ya han sido pasadas por el riguroso tamiz del tiempo: cuanto m&#225;s tiempo haya transcurrido, m&#225;s probabilidad habr&#225; de que se trate de un buen libro.<br /> <br /><strong>2&#170;.- La prueba de la relectura: el retorno imperativo</strong></p>
<p class="text-justify">Lo verdaderamente bueno invita a volver. Este segundo criterio es tan significativo como el primero, y acaso m&#225;s &#237;ntimo y personal, aunque igual de revelador. Cuando un libro es mero entretenimiento y carece de bondad, belleza y verdad, su consumo es puramente mercantil, semejante al de un producto desechable. Una vez terminado, el libro simplemente se descarta: pierde su inter&#233;s y su raz&#243;n de ser. No hay lugar para una segunda lectura debido a dos razones fundamentales. Primero, porque su superficialidad permite extraer todo lo que el libro ofrece en el primer y &#250;nico intento, como quien vac&#237;a un recipiente de escaso contenido. Segundo, porque, dado que lo que ofrece no es memorable ni deleitoso, ni provechoso ni profundo, el lector no regresa porque sabe, por instinto, que no encontrar&#225; ni sacar&#225; nada bueno ni nada nuevo en esa visita.</p>
<p class="text-justify">Borges relacionaba esta circunstancia con la filosof&#237;a de Her&#225;clito y su famoso r&#237;o, en el que, en principio, nadie puede ba&#241;arse dos veces; seg&#250;n &#233;l, <em>&#171;uno no lee dos veces el mismo libro&#187;.</em> Si al iniciar la relectura nos parece el mismo, el libro no es bueno.</p>
<p class="text-justify">Esto no es nada extra&#241;o, dado que el mal libro se apoya, por lo general, en situaciones contingentes y ef&#237;meras: la sorpresa, el shock, la novedad o la curiosidad morbosa. Todos estos son elementos que se agotan en s&#237; mismos, como fuegos artificiales que brillan intensamente por un instante y luego desaparecen en la oscuridad. Por el contrario, el buen libro descansa en presupuestos radicalmente distintos: estructura, significado, profundidad y resonancia. Esto lo convierte en un pozo sin fondo que no solo invita a volver, sino que revela &#8212;tanto en los matices de su superficie tornasolada como en las cambiantes corrientes de sus profundidades&#8212; aspectos nuevos, visiones insospechadas y honduras sorprendentes antes ocultas en cada relectura.</p>
<p class="text-justify">Vladimir Nabokov, en sus legendarias <em>Lecciones de literatura</em> impartidas en la Universidad de Cornell, tras lanzar a sus alumnos una provocaci&#243;n dici&#233;ndoles que <em>&#171;uno no puede leer un libro: solo puede releerlo&#187;,</em> esbozaba una raz&#243;n m&#225;s: una raz&#243;n f&#237;sica y no intelectual. Nabokov sosten&#237;a que, en una primera lectura, el esfuerzo f&#237;sico de mover los ojos de izquierda a derecha, de asimilar a los personajes, el escenario y el desarrollo temporal de la trama, nos impide apreciar la obra de arte. Solo en la relectura, cuando todo lo anterior ya no nos distrae, somos capaces de apreciar el cuadro en su totalidad: los matices, la estructura, los motivos ocultos y la verdadera genialidad del autor. Por ello, seg&#250;n &#233;l, si un libro no soporta esta segunda mirada sin desmoronarse por su propia superficialidad, no es gran literatura.<br /> <br /><strong>3&#170;.- La prueba de la preferencia: el espejo del alma</strong></p>
<p class="text-justify">Los buenos libros tratan de nosotros mismos con tanta verdad que resulta imposible no reconocerse ni interesarse en ellos. La gran literatura aborda qu&#233; es el hombre y cu&#225;l es su lugar en el mundo de manera seria, verdadera y profunda; por eso apela a los seres humanos de cualquier tiempo y lugar, m&#225;s all&#225; de las diferencias culturales o hist&#243;ricas. Y esto les interesa a todos ellos enormemente porque se reconocen.</p>
<p class="text-justify">William Shakespeare, al igual que otros grandes autores, cre&#243; personajes de una profundidad psicol&#243;gica y una autenticidad humana tal que el Dr. Samuel Johnson pudo escribir: <em>&#171;Los personajes de Shakespeare no son modificados por las costumbres de lugares particulares&#8230; son los aut&#233;nticos descendientes de la naturaleza humana com&#250;n&#8230; En las obras de otros poetas, frecuentemente, es el personaje el que habla; en las de Shakespeare, el que habla es el hombre&#187;.</em> Hamlet, Macbeth, Lear o Otelo no son simplemente personajes de ficci&#243;n, sujetos y limitados por su &#233;poca: son arquetipos eternos de las pasiones, dilemas y grandezas humanas.</p>
<p class="text-justify">Esta tendencia o afici&#243;n a conocernos a nosotros mismos y a interesarnos por nosotros mismos tiene fundamento en nuestra propia naturaleza; en c&#243;mo estamos hechos. Como bien dec&#237;a Arist&#243;teles en la apertura de su <em>Metaf&#237;sica:</em> <em>&#171;Todos los hombres por naturaleza desean saber&#187;.</em> Y, m&#225;s espec&#237;ficamente, santo Tom&#225;s de Aquino se&#241;alaba que &#171;<em>el conocimiento de las cosas que nos son connaturales es el m&#225;s perfecto, porque el alma, al conocerse a s&#237; misma, conoce tambi&#233;n a Dios, de quien es imagen&#187;.</em></p>
<p class="text-justify">Al unir ambas m&#225;ximas, comprendemos el porqu&#233; de nuestra innata afici&#243;n a saber de nosotros mismos. Esta preferencia de los humanos por lo humano se fundamenta en tres razones profundas. La primera es la autorreflexi&#243;n: aunque nuestro conocimiento comienza necesariamente en el mundo exterior, nuestra m&#225;xima perfecci&#243;n natural se alcanza cuando volvemos la mirada sobre nosotros mismos para entender nuestra propia realidad.</p>
<p class="text-justify">La segunda raz&#243;n es la <em>Imago Dei:</em> fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, y este deseo de conocer habita en nosotros porque intuimos que, al descifrar el misterio de nuestra propia alma, encontraremos un reflejo m&#225;s claro del Creador.</p>
<p class="text-justify">La tercera raz&#243;n es el orden moral: nadie puede amar o elegir lo que no conoce. Necesitamos conocer nuestra propia naturaleza &#8212;con sus l&#237;mites, virtudes y fines&#8212; para conducirnos a nuestro florecimiento y perfecci&#243;n. Debemos conocernos para que el intelecto gu&#237;e a la voluntad a obrar el bien, a alcanzar la virtud y a disponerse a recibir la gracia de la contemplaci&#243;n.</p>
<p class="text-justify">Todos los grandes autores lo sab&#237;an y fueron impulsados por ello. Fi&#243;dor Dostoievski se expresa por todos ellos cuando escribi&#243;:&#160;<em>&#171;El hombre es un misterio. Es necesario desentra&#241;arlo, y si pasas toda tu vida desentra&#241;&#225;ndolo, no digas que has perdido el tiempo; yo me ocupo de este misterio porque quiero ser hombre&#187;.</em>Toda su obra &#8212;desde <em>Crimen y castigo</em> hasta <em>Los hermanos Karamazov</em>&#8212; es un estudio exhaustivo del alma humana en sus profundidades m&#225;s oscuras y sus elevaciones m&#225;s sublimes.</p>
<p class="text-justify"><br /><strong>4&#170;.- La prueba de la transformaci&#243;n: el poder formativo de la buena literatura</strong></p>
<p class="text-justify">Lo bueno cambia al que lo conoce, lo contempla y lo frecuenta. Esta no es una afirmaci&#243;n meramente psicol&#243;gica o emotiva, sino que posee un fundamento metaf&#237;sico: el bien es un trascendental del ser; por lo tanto, participa de &#233;l y posee un poder causal y transformador innegable. No es un objeto inerte o meramente &#250;til que podamos usar y desechar sin consecuencias. El bien no resbala sobre la superficie: penetra por los poros del alma y deja en ella rastro. Es un agente activo que la conforma, otorg&#225;ndole esplendor, belleza y bondad.</p>
<p class="text-justify">La experiencia concreta lo confirma: tras leer una obra verdaderamente buena, no volvemos a ser los mismos. Todos hemos experimentado esto. El mundo se percibe diferente: los deseos se reordenan, la imaginaci&#243;n se expande y el lenguaje interior se enriquece. Aunque estos cambios parezcan imperceptibles al principio, el tiempo demuestra que se sedimentan, sin prisa pero sin pausa, en los estratos m&#225;s profundos del alma.</p>
<p class="text-justify">Los testimonios abundan. C. S. Lewis confes&#243; que leer <em>Phantastes,</em> de George MacDonald, <em>&#171;bautiz&#243; su imaginaci&#243;n&#187;</em> a&#241;os antes de su conversi&#243;n intelectual. T. S. Eliot reconoci&#243; que la lectura de Dante transform&#243; radicalmente su visi&#243;n po&#233;tica y espiritual. E innumerables lectores han testimoniado c&#243;mo el encuentro con muchas grandes obras redefini&#243; el rumbo entero de sus vidas, abriendo horizontes que jam&#225;s imaginaron posibles. Marcel Proust, en su obra magna, <em>En busca del tiempo perdido</em>, escribi&#243; que <em>&#171;el libro es un instrumento &#243;ptico que el escritor ofrece al lector para que pueda discernir lo que, sin ese libro, no habr&#237;a visto en s&#237; mismo&#187;;</em> si tras la lectura nos conocemos m&#225;s o mejor, ser&#225;, pues, signo de que hemos estado ante una buena obra.</p>
<p class="text-justify">En todo caso, hay una prueba definitiva y sencilla: podemos evaluar cualquier lectura bajo una pregunta desarmante en su simplicidad: &#191;Somos los mismos despu&#233;s de cerrar el libro? Si solo nos ayud&#243; a pasar el tiempo, probablemente estemos ante un libro prescindible, uno m&#225;s de los muchos que pueblan las estanter&#237;as. Pero si hemos sido transformados, si algo en nosotros ha cambiado irreversiblemente, sin duda nos hemos encontrado con una aut&#233;ntica obra de arte.</p>
<p class="text-justify">Estas cuatro <em>&#171;pruebas&#187;</em> no son m&#225;s que unas pocas de las que podr&#237;an encontrarse para ayudarnos en esa labor de discernimiento sobre qu&#233; leer, m&#225;s necesaria hoy que nunca, dado el mundo de abundancia editorial en el que vivimos. &#191;Se les ocurren otras?</p>
<p class="text-justify"></p>]]></content>
				</entry>

	
	<entry>
		<title type="text">Un mundo sin atenci&#243;n ni tiempo: En busca de la sagrada quietud a trav&#233;s de los libros</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2606080540-un-mundo-sin-atencion-ni-tiem?utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom-blog&amp;utm_campaign=B89" />
		<author>
			<name>Miguel Sanmart&#237;n Fenollera</name>
					</author>
		<id>https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2606080540-un-mundo-sin-atencion-ni-tiem</id>
		<published>2026-06-08T15:42:23Z</published>
		<updated>2026-06-08T15:42:23Z</updated>
				<content type="html"><![CDATA[<table class="tr-caption-container" cellspacing="0" cellpadding="0" align="center" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">
<tbody>
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</tr>
<tr>
<td class="tr-caption" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">
<blockquote>&#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#171;La joven de las nomeolvides&#187; (detalle). Gabriel Schachinger (1850-1912).</blockquote>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p><br /><br /></p>
<p></p>
<p><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</font></p>
<p data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</font></p>
<blockquote>
<p class="center"><em>&#171;Me detuve ante el triple puerto del norte </em><br /><em>Donde formas dedicadas de santos y reyes,</em><br /><em>rostros severos ensombrecidos por la vigilancia inmemorial,</em><br /><em>Miraban hacia abajo benignamente graves y parec&#237;an decir,</em><br /><em>Vosotros vais y ven&#237;s sin cesar; nosotros permanecemos</em><br /><em>A salvo, en la sagrada quietud del pasado;</em><br /><em>Sed reverentes, vosotros que revolote&#225;is y sois olvidados,</em><br /><em>de una fe tan noblemente realizada como &#233;sta&#187;.</em></p>
<p class="center"><br />James Russell Lowell. <em>La Catedral</em></p>
</blockquote>
<p><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</font></p>
<p><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</font></p>
<p><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</font></p>
<p class="text-justify">&#191;Cu&#225;ntas veces dejamos de disfrutar de un atardecer por &#8220;inmortalizarlo&#8221; con la c&#225;mara, para no verlo nunca? &#191;Nos arrepentiremos de sacrificar la experiencia directa por almacenar p&#237;xeles que jam&#225;s revisaremos? Pienso en los primeros pasos de nuestros hijos, sus primeras palabras, sus primeras brazadas o sus ma&#241;anas de Reyes. Todos esos momentos est&#225;n en alg&#250;n disco duro, pero &#191;est&#225;n en nuestros corazones? &#191;Forman parte de nuestra memoria sentimental, esa que San Agust&#237;n llamaba el <em>&#171;vientre del alma&#187;</em> y que Santo Tom&#225;s considera parte integral de la virtud de la Prudencia? Si no es as&#237;, ser&#225;n algo perdido que no podremos recuperar.</p>
<p class="text-justify">Aunque quisi&#233;ramos rescatarlo, deber&#237;amos preguntarnos qu&#233; encontraremos all&#237;. &#191;La realidad pasada? &#191;Puede revivirse lo pasado cuando no hemos prestado atenci&#243;n, cuando no hemos puesto nada nuestro en aquello que hemos grabado? &#191;O es un pat&#233;tico simulacro, una impostura que sustituye la vivencia ontol&#243;gica por un mero registro t&#233;cnico?</p>
<p class="text-justify">Por otro lado, &#191;cu&#225;ndo atendemos a las denominadas por los sabios <em>&#171;cosas permanentes&#187;</em>? &#191;Nos paramos a pensar en las grandes preguntas: qu&#233; somos, qu&#233; hacemos aqu&#237;, qu&#233; sentido tiene todo esto en lo que estamos inmersos &#8211;de manera involuntaria&#8211; y que llamamos vida? &#191;Cu&#225;ndo cultivamos esa capacidad propiamente humana de detenernos, contemplar y preguntarnos por lo esencial? La respuesta es inquietante: casi nunca. Y esto es lo profundamente inhumano de nuestra &#233;poca, un tiempo que ha sustituido la contemplaci&#243;n de la Verdad por el consumo fren&#233;tico de datos.</p>
<p class="text-justify">Quiz&#225;s solo nos quede prestar atenci&#243;n a lo vivido y recoger alg&#250;n detalle por escrito, buceando en la memoria para poder recuperarlo alg&#250;n d&#237;a, m&#225;s fielmente, m&#225;s realmente, m&#225;s humanamente&#8230; quiz&#225;s.</p>
<p class="text-justify">Pero para eso, necesitamos recuperar la atenci&#243;n. Proveniente del lat&#237;n <em>attentio</em> (de <em>ad-tendere</em>, tender hacia), se trata de un <em>facere</em>, de algo que requiere nuestro esfuerzo, de algo activo y no pasivo. Y, como sabemos, hoy estamos en un mundo m&#225;s de percepci&#243;n y sentimiento que de acci&#243;n y voluntad, donde los apetitos sensibles han eclipsado el gobierno de la raz&#243;n.</p>
<p class="text-justify">Porque, como dice Santo Tom&#225;s siguiendo a San Agust&#237;n, la paz y la tranquilidad brotan del orden: es la <em>Tranquillitas Ordinis</em> lo que necesitamos. Para que el entendimiento pueda &#8220;atender", las potencias del alma deben estar ordenadas. Si las pasiones est&#225;n desbocadas, el alma se encuentra en estado de sedici&#243;n interna. Pensemos en un ejemplo cotidiano: cuando intentamos leer algo profundo tras haber pasado horas en redes sociales, descubrimos que nuestra mente no puede sosegarse. Las palabras resbalan sin penetrar en nosotros. Hemos perdido la capacidad de habitar el silencio necesario para el verdadero conocimiento, cayendo en la <em>curiositas</em> desordenada (&#161;sobre la que ya alertaba Aquino aun sin conocer Internet!), que nos aleja de la realidad profunda de las cosas.</p>
<p class="text-justify">Por eso, la tranquilidad, el sosiego y la paz de esp&#237;ritu necesitan ser reivindicadas con urgencia en una &#233;poca caracterizada por una dispersa, fragmentada y deficiente atenci&#243;n. La tecnolog&#237;a ha irrumpido de golpe en nuestras vidas arrebat&#225;ndonos el tiempo y la concentraci&#243;n. Es verdad que lo hace bajo la apariencia de un ilusionista que entretiene y hace las delicias del p&#250;blico con sus trucos. Pero, aun siendo as&#237;, lo cierto es que nos hemos dejado seducir y hemos entregado voluntariamente nuestra libertad.</p>
<p class="text-justify">Esta necesidad de un orden tranquilo, de una <em>sagrada quietud</em>, comienza a ser percibida hoy. Existe preocupaci&#243;n por la influencia de los medios digitales en nuestros h&#225;bitos, y por los efectos perniciosos que est&#225;n provocando en nosotros, y, sobre todo, en nuestros hijos. Autores como Catherine L&#8217;Ecuyer (<em>Educar en la realidad</em>),&#160;Nicholas Carr (<em>Superficiales</em>), Y Matthew B. Crawford (<em>El mundo m&#225;s all&#225; de tu cabeza</em>), han despertado muchas conciencias, pero la mayor&#237;a sigue sin prestarle atenci&#243;n a ese grav&#237;simo asunto. &#191;C&#243;mo va a reparar en ello un mundo que lamina la atenci&#243;n y la aparta a un oscuro rinc&#243;n impidiendo la hospitalidad necesaria para que el Logos resuene en nosotros?</p>
<p class="text-justify">Las ciencias de la salud tambi&#233;n est&#225;n lanzando advertencias. El neurocient&#237;fico Adam Gazzaley y el psic&#243;logo Larry D. Rosen estudian en <em>The Distracted Mind</em> las desalentadoras consecuencias de esta hiperconexi&#243;n: ansiedad, aburrimiento, desmemoria, dispersi&#243;n, y p&#233;rdida de control cognitivo. En nuestros d&#237;as somos m&#225;s inseguros, m&#225;s manipulables, nos distraemos m&#225;s a menudo, y padecemos m&#225;s ansiedad y depresi&#243;n que hace d&#233;cadas.</p>
<p class="text-justify">Necesitamos pues pacificar el alma. No se puede prestar atenci&#243;n profunda a lo Verdadero, lo Bueno y lo Bello si el esp&#237;ritu est&#225; agitado por la mundanidad. La atenci&#243;n verdadera requiere una ascesis, un vaciamiento del tumulto exterior e interior.<br />Y, aun cuando nuestra naturaleza ca&#237;da tiende naturalmente a la dispersi&#243;n; aun cuando la atenci&#243;n m&#225;s pura (aquella que, como dec&#237;a Simone Weil, es la sustancia misma de la oraci&#243;n) requiere un acto de la voluntad sostenido por la Gracia, nosotros podemos &#8211;y debemos&#8211; poner algo de nuestra parte.</p>
<p class="text-justify">Y el libro, la buena literatura, puede ser un comienzo.<br /> <br /><strong>EL LIBRO COMO REFUGIO</strong></p>
<p class="text-justify">Frente a este desasosiego, todo aquel que se haya acercado a un libro sabe que la calma, el sosiego, son imprescindibles para establecer una relaci&#243;n con &#233;l. Es preciso un clima, mezcla de tranquilidad y de tiempo, que hoy cuesta alcanzar.</p>
<p class="text-justify">A salvo entre los silencios sagrados del pasado, un buen libro es un pedazo de sosiego en un oc&#233;ano de dispersi&#243;n, inquietud y prisa. Es la actualizaci&#243;n de lo que Josef Pieper llamaba el <em>&#171;ocio creativo&#187;,</em> la capacidad de estar en silencio para que la realidad nos sea dada.</p>
<p class="text-justify">El libro verdadero, bueno y bello, puede darnos algo m&#225;s que lo que guarda en su interior. Puede regalarnos el tiempo y la atenci&#243;n justos y necesarios para poder realizar todas esas funciones propias de la inteligencia hoy tan abandonadas, como pensar, recordar, comparar, discriminar y criticar; y quiz&#225;, &#191;por qu&#233; no?, podr&#225; ayudarnos, aunque sea solo un poco, a contemplar y a atisbar hacia d&#243;nde nos dirigimos. Porque el libro proscribe todas esas urgencias, distracciones y fragmentaciones que Internet trae consigo, sustituyendo el ruido semi&#243;tico por una densidad de sentido, y puede conducirnos a una vida rica, profunda, y m&#225;s humana.</p>
<p class="text-justify">Y as&#237; la obra literaria verdadera puede darnos una salida, un medio de escapar de nuestro encierro, una lima para tronchar los barrotes de nuestra esclavitud, d&#225;ndonos, entre otras muchas cosas, el tiempo y la atenci&#243;n que nos falta.</p>
<p class="text-justify"><br /><strong>LA FUGA DEL PRISIONERO</strong></p>
<p class="text-justify">Esta capacidad del libro para ofrecernos refugio conecta con una idea que dos grandes pensadores del siglo XX desarrollaron magistralmente: la del escape necesario a trav&#233;s de la lectura.</p>
<p class="text-justify">Tolkien y Lewis nos ayudar&#225;n a despojarnos de los prejuicios que acompa&#241;an hoy a la idea de <em>&#8220;escape&#8221;</em> anudada a la lectura.</p>
<p class="text-justify">C. S. Lewis se refiri&#243; a esta &#171;fuga&#187; en su ensayo <em>On Science Fiction</em>, argumentando que algunos eran hostiles a la imaginaci&#243;n porque deseaban <em>&#171;mantenernos totalmente aprisionados en el conflicto inmediato&#187;:</em></p>
<blockquote>
<p class="text-justify"><em>&#171;Quiz&#225; por eso la gente est&#225; tan dispuesta a acusarnos de &#8220;evasi&#243;n". Nunca lo entend&#237; del todo hasta que mi amigo el profesor Tolkien me hizo una pregunta muy sencilla: &#8220;&#191;Qu&#233; clase de hombres esperar&#237;a usted que estuvieran m&#225;s preocupados por la idea de la evasi&#243;n y fueran m&#225;s hostiles a ella?", y le di la respuesta obvia: los carceleros&#187;.</em></p>
</blockquote>
<p class="text-justify">Tolkien, efectivamente, hab&#237;a abordado la idea tiempo atr&#225;s, en su ensayo <em>Sobre los cuentos de hadas</em>, donde defendi&#243; el valor de la literatura escapista como medio para huir a la verdadera realidad:</p>
<blockquote>
<p class="text-justify"><em>&#171;&#191;Por qu&#233; deber&#237;a ser despreciado un hombre si, encontr&#225;ndose en prisi&#243;n, intenta salir y volver a casa? &#191;O si, cuando no puede hacerlo, piensa y habla de otros temas que no sean los carceleros y los muros de la prisi&#243;n? El mundo exterior no es menos real porque el preso no pueda verlo. Al utilizar Fuga de esta manera, los cr&#237;ticos [&#8230;] est&#225;n confundiendo, no siempre por error sincero, la Fuga del Prisionero con la Huida del Desertor&#187;.</em></p>
</blockquote>
<p class="text-justify">El <em>&#8220;carcelero&#8221;</em> no es otro que el cronos moderno &#8212;el tiempo lineal y funcional que nos esclaviza&#8212;, mientras que el libro nos permite acceder al kairos &#8212;el tiempo de la plenitud y la verdad&#8212;. Por ello, la lectura aut&#233;ntica nos pone en la disposici&#243;n correcta, y nos ayuda a ordenarnos debidamente, calmadamente, hacia aquello para lo que fuimos hechos. Pero antes, es necesario ser consciente de que somos prisioneros, y que, por ello, es nuestra obligaci&#243;n buscar la liberaci&#243;n.</p>
<p class="text-justify"><br /><strong>LA P&#193;GINA SE&#209;ALADA: EL PR&#205;NCIPE Y SU LIBRO</strong></p>
<p class="text-justify">Termino con la historia de aquel pr&#237;ncipe que estaba leyendo un libro cuando el verdugo fue a buscarle; al levantarse y antes de cerrarlo, el pr&#237;ncipe se demor&#243; un instante poniendo un abrecartas para se&#241;alar la p&#225;gina. Al marcar el libro realizaba un acto de esperanza: cre&#237;a que la historia no terminaba con el verdugo, porque hab&#237;a habitado un mundo (el del libro) que sab&#237;a part&#237;cipe de lo eterno.</p>
<p class="text-justify">Lo que le&#237;a era, sin duda, un buen libro, porque los buenos libros pueden ayudarnos a liberarnos de esa prisi&#243;n que es el tiempo y la desatenci&#243;n, y de nuestras pasiones desordenadas, prepar&#225;ndonos para la contemplaci&#243;n verdadera, para traspasar el umbral de esa puerta que todos habremos de cruzar.</p>
<p class="text-justify">All&#237; nos aguardar&#225; algo que, si bien es inefable, quiz&#225; sea a lo que apunte, muy torpe y deficientemente, una obra literaria verdadera. As&#237; que, hagan como el pr&#237;ncipe cautivo, se&#241;alen bien la p&#225;gina del libro de su vida, porque hemos de confiar en que se nos conceder&#225; la dicha de continuar ley&#233;ndolo por toda la eternidad&#8230; eso s&#237;, se nos pide algo: atenci&#243;n, voluntad y mucha, mucha fe, esperanza y amor, pues la lectura que aqu&#237; iniciamos en la quietud es solo el preludio del di&#225;logo eterno con el Logos en la inmensidad de la Luz.<br /> <br />Entradas relacionada:</p>
<p class="text-justify"><a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2018/09/de-la-ociosidad-sagrada.html">DE LA OCIOSIDAD SAGRADA</a></p>
<p class="text-justify"><a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2022/11/para-que-educar.html">&#191;PARA QU&#201; EDUCAR?</a></p>
<p class="text-justify"><a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2017/04/el-valor-de-los-buenos-libros.html">EL VALOR DE LOS BUENOS LIBROS</a></p>
<p class="text-justify"><a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2022/02/los-buenos-libros-un-camino-hacia-la.html">LOS BUENOS LIBROS: UN CAMINO HACIA LA VERDAD, LA BELLEZA Y LA BONDAD</a></p>]]></content>
				</entry>

	
	<entry>
		<title type="text">&#191;Literatura de terror? (V) Ep&#237;logo</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2606010917-iliteratura-de-terror-v-epilo?utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom-blog&amp;utm_campaign=B89" />
		<author>
			<name>Miguel Sanmart&#237;n Fenollera</name>
					</author>
		<id>https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2606010917-iliteratura-de-terror-v-epilo</id>
		<published>2026-06-01T07:31:06Z</published>
		<updated>2026-06-01T07:31:06Z</updated>
				<content type="html"><![CDATA[<p><img height="1784" src="https://uploads5.wikiart.org/00473/images/marianne-stokes/death-and-the-maiden-1908.png" width="2564" /></p>
<blockquote>
<p>&#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#171;La muerte y la doncella&#187;. Obra de Marianne Stokes (1855-1927).</p>
</blockquote>
<p></p>
<p></p>
<p></p>
<p>&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</p>
<p>&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</p>
<p></p>
<p>&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</p>
<p></p>
<p>&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</p>
<blockquote>
<p><br /><em><span class="center"><br /></span></em></p>
<p class="center"></p>
<p class="center"><em>&#171;En alg&#250;n punto del camino hemos acabado confundiendo la inocencia con la ignorancia. Para santo Tom&#225;s, la inocencia no es ausencia de conocimiento del mal, sino ausencia de pecado original. Los ni&#241;os no son inocentes porque desconozcan el mal; lo conocen instintivamente&#187;.</em></p>
<p class="center">Flannery O&#8217;Connor.</p>
</blockquote>
<p><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</font></p>
<p><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</font></p>
<p></p>
<p data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</font></p>
<p class="text-justify">En las cuatro &#250;ltimas entradas hemos hablado del horror y el miedo en la literatura. Hemos examinado, de modo somero, obras destacadas del g&#233;nero, al tiempo que intent&#225;bamos proponer algunas reglas orientativas sobre la conveniencia o inconveniencia de esas lecturas, tanto en funci&#243;n de la edad, la formaci&#243;n y la madurez del lector como de la orientaci&#243;n &#250;ltima de la obra.</p>
<p class="text-justify">Resta, quiz&#225;, a modo de ep&#237;logo, intentar esbozar una explicaci&#243;n &#8212;si la hay&#8212;, primero, de por qu&#233; existe esta pasi&#243;n que es el miedo, presente potencialmente desde el inicio de la vida y observable muy pronto; y, en segundo lugar, del porqu&#233; de esa pulsi&#243;n que nos empuja a acercarnos al horror, un horror que en muchas ocasiones incluso llega a fascinarnos.</p>
<p class="text-justify">Responder a estas preguntas no es un mero ejercicio ret&#243;rico: puede ayudarnos, como padres y educadores, a acompa&#241;ar mejor las lecturas y los temores de nuestros hijos y alumnos.</p>
<p class="text-justify"><br /><strong>Por qu&#233; existe el miedo</strong></p>
<p class="text-justify">Dec&#237;an los escol&#225;sticos que el miedo o temor (<em>timor</em>) es una pasi&#243;n del apetito irascible (es decir, de esa dimensi&#243;n afectiva que nos impulsa a afrontar o huir ante lo dif&#237;cil o peligroso) que se encuentra en potencia en todo ser humano y que se actualiza cuando se percibe un mal como futuro y dif&#237;cil de evitar. Dicho m&#225;s sencillamente: tenemos miedo de aquello que percibimos como una amenaza real que no sabemos si podremos superar. Y creo que se trata de una definici&#243;n m&#225;s exacta que la de las modernas psicolog&#237;as.</p>
<p class="text-justify">Siendo esto el miedo, la raz&#243;n de su existencia se apoya en varios hechos particulares:</p>
<p class="text-justify">De entrada, el ser humano nace vulnerable; es, en efecto, uno de los seres vivos m&#225;s desprotegidos y fr&#225;giles en sus primeros a&#241;os de vida, situaci&#243;n que se prolonga durante m&#225;s tiempo que en cualquier otra especie animal.</p>
<p class="text-justify">Adem&#225;s, desde un punto de vista teol&#243;gico, el hombre nace en un mundo ca&#237;do (a consecuencia del pecado original). En la experiencia cotidiana, ese mundo ca&#237;do puede ser &#225;rido y duro: el ser humano experimenta hambre, fr&#237;o y soledad; sufre desamparo e incluso puede padecer violencia y abuso a manos de sus propios cong&#233;neres. Los miedos infantiles a la oscuridad, a la separaci&#243;n o al abandono no son simples <em>&#8220;caprichos&#8221;:</em> nos hablan de esta vulnerabilidad real.</p>
<p class="text-justify">Por &#250;ltimo, en lo que se refiere a la conciencia, la oscuridad, lo desconocido y la sensaci&#243;n de p&#233;rdida y abandono son datos primarios, contrastables y observables desde muy temprano. Cualquier padre ha experimentado c&#243;mo el ni&#241;o, aun muy peque&#241;o, teme aquello que no comprende o no puede controlar.</p>
<p class="text-justify">De manera que el miedo no puede reducirse a una construcci&#243;n social ni tampoco a una herramienta de dominio ni a una mera disfunci&#243;n psicol&#243;gica. Es una respuesta natural ante un mundo que no es plenamente seguro. Por ello, los cuentos no <em>&#8220;crean&#8221;</em> el miedo: lo presuponen y lo ordenan adecuadamente, de tal manera que facilitan que cumpla con su funci&#243;n natural. Un cuento como <em>Hansel y Gretel</em> no inventa el temor al abandono: lo toma y le da forma, sentido y desenlace. Y as&#237;, los cuentos lo nombran, lo enmarcan y, adem&#225;s, proveen herramientas para encauzarlo (prudencia, esperanza, fortaleza). En este sentido, la buena literatura puede convertirse en aliada educativa.</p>
<p class="text-justify"><br /><strong>Por qu&#233; buscamos el horror</strong></p>
<p class="text-justify">La segunda de las cuestiones tiene que ver con una tendencia que, no por parecer enfermiza, es menos com&#250;n: &#191;por qu&#233; disfrutamos de obras destinadas a evocar emociones dolorosas, oscuras y negativas? &#191;Por qu&#233; un adolescente puede sentirse atra&#237;do por una novela inquietante o por una pel&#237;cula que provoca miedo?</p>
<p class="text-justify">Existen dos teor&#237;as c&#233;lebres y muy influyentes que abordan este parad&#243;jico deseo humano de experimentar lo horripilante: la catarsis aristot&#233;lica y el psicoan&#225;lisis freudiano. Simplificando mucho, la primera sostiene que descargamos emociones acumuladas; la segunda, que damos salida simb&#243;lica a traumas reprimidos. Ahora bien, frente a estas dos explicaciones, la Filosof&#237;a Perenne esboza una explicaci&#243;n alternativa y, muy probablemente, m&#225;s fundada.</p>
<p class="text-justify">Las dos teor&#237;as preponderantes parten de concepciones del hombre muy dispares de la de la Filosof&#237;a Perenne. Esta tradici&#243;n no ve al hombre ni como un <em>&#8220;mero animal&#8221;</em> que solo necesite descarga afectiva (en una lectura reductiva de la catarsis aristot&#233;lica) ni como un sujeto explicado principalmente por lo reprimido (el trauma freudiano). Su idea del hombre es la de un ser compuesto de cuerpo y alma (una unidad), dotado de inteligencia, voluntad y pasiones; creado para un fin (el Bien Supremo, Dios), pero herido por la ca&#237;da (el pecado original) y sometido a la temporalidad y la muerte.</p>
<p class="text-justify">Desde aqu&#237;, desde esta antropolog&#237;a, puede entenderse mejor el fen&#243;meno.</p>
<p class="text-justify">El mal no tiene entidad propia: es privaci&#243;n (ausencia) de un bien debido. As&#237; como la oscuridad no es <em>&#8220;algo&#8221;</em> positivo, sino ausencia de luz, el mal es ausencia de bien. Por otro lado, el intelecto humano est&#225; naturalmente inclinado a conocer la verdad: toda la verdad, incluido el mal y nuestra fragilidad frente a &#233;l. Partiendo de estas ideas, la ficci&#243;n de horror funciona como mediaci&#243;n que nos permite apercibirnos de nuestra vulnerabilidad y del mal, y hacerlo de forma segura. Leer <em>Dr&#225;cula</em> o <em>El coraz&#243;n delator,</em> o incluso una numinosa historia de Lovecraft, nos permite asomarnos al mal sin padecerlo realmente. El placer no nacer&#237;a, por tanto, de la mera contemplaci&#243;n del espanto (ficticio, pero espanto al fin), sino de la comprensi&#243;n de verdades profundas sobre el mal, la fragilidad y la necesidad de redenci&#243;n.</p>
<p class="text-justify">En el &#225;mbito psicol&#243;gico, el miedo es una pasi&#243;n que, bien ordenada, nos inclina a evitar el mal. El horror ficticio y est&#233;tico desencadena &#8212;de modo controlado&#8212; esa pasi&#243;n. Es un <em>&#8220;entrenamiento emocional&#8221;</em>: el lector siente miedo, pero sabe &#8212;en un nivel racional&#8212; que est&#225; a salvo (de ah&#237; la importancia de la pericia del artista para lograr la suspensi&#243;n de la incredulidad). De este modo surge un placer superior: el de la raz&#243;n gobernando la pasi&#243;n. Para un joven lector, esto puede traducirse en mayor fortaleza ante miedos reales.</p>
<p class="text-justify">Por &#250;ltimo, cabr&#237;a a&#241;adir dos razones trascendentes.</p>
<p class="text-justify">De menor a mayor alcance, la primera est&#225; basada en la ley natural (justicia y orden): frente a ciertos enfoques nihilistas contempor&#225;neos, el horror cl&#225;sico suele apoyarse en una visi&#243;n moral y en el respeto al orden de lo real. En muchas historias, el mal no queda impune: hay una restauraci&#243;n del orden. Pensemos en tantos relatos donde la soberbia o la ambici&#243;n desmedida conducen a la ca&#237;da del personaje. El placer del lector puede surgir al presenciar el desenvolvimiento de una justicia <em>&#8220;c&#243;smica&#8221;</em>: la mente experimenta un gozo profundo al ver que el caos &#8212;tras el sufrimiento que sigue como pena debida&#8212; es revertido, quien quiera que sea el causante del mal es castigado, y el orden metaf&#237;sico del universo es restaurado prevaleciendo sobre el mal (la <em>eucat&#225;strofe</em> de Tolkien, el final feliz de los cuentos de hadas).</p>
<p class="text-justify">La segunda raz&#243;n trascendente se relaciona con el anhelo del <em>mysterium tremendum et fascinans.</em> esa experiencia descrita por Rudolf Otto como una mezcla de temor y fascinaci&#243;n ante lo sagrado. En ocasiones, el horror act&#250;a como una sombra deformada de esa experiencia religiosa. Lo demon&#237;aco, incluso cuando se presenta de modo literario, remite &#8212;por contraste&#8212; a la realidad de lo ang&#233;lico y de Dios. Muchos j&#243;venes, en contextos secularizados, pueden reencontrar preguntas religiosas profundas a trav&#233;s de narraciones que despiertan asombro y estremecimiento, permiti&#233;ndoles recuperar el sentido de lo trascendente a trav&#233;s de aquello que aterra y fascina a la vez.</p>
<p class="text-justify">Por tanto, quiz&#225; busquemos el horror, no porque necesitemos purgar nuestras pasiones o porque estemos atormentados por un trauma del que liberarnos, sino porque somos como somos: seres racionales ca&#237;dos, pero con sed de eternidad. No disfrutamos del horror por el horror &#8212;cuando as&#237; sucede, se trata de una corrupci&#243;n que conviene evitar&#8212;, sino porque deseamos comprender el misterio de la muerte y del mal desde un lugar seguro; porque gozamos al ver que nuestras pasiones pueden ordenarse bajo la raz&#243;n; y porque el terror, bien encauzado, puede recordarnos que habitamos un cosmos espiritual y moral donde nuestras acciones cuentan.</p>
<p class="text-justify">De ah&#237; la importancia del discernimiento: no todo horror educa, pero tampoco todo horror corrompe. Solo queda discernir &#8212;con prudencia&#8212; a qu&#233; horrores nos exponemos (y con nosotros, a nuestros hijos), cu&#225;ndo y por qu&#233;. Y a ello se han dedicado estas &#250;ltimas entradas.</p>
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<p><a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2026/04/literatura-de-terror.html">&#191;LITERATURA DE TERROR? (I)</a></p>
<p><a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2026/05/literatura-de-terror-edgar-allan-poe-y.html">&#191;LITERATURA DE TERROR? EDGAR ALLAN POE Y BRAM STOKER (II)</a></p>
<p><a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2026/05/literatura-de-terror-h-p-lovecraft-y.html">&#191;LITERATURA DE TERROR? H. P. LOVECRAFT Y ROBERT HUGH BENSON (III)</a></p>
<p><a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2026/05/literatura-de-terror-el-miedo-infantil.html">&#191;LITERATURA DE TERROR? EL MIEDO INFANTIL (IV)</a></p>
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				</entry>

	
	<entry>
		<title type="text">&#191;Literatura de terror? (IV) El miedo infantil</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2605261228-iliteratura-de-terror-el-mied?utm_medium=RSS&amp;utm_source=atom-blog&amp;utm_campaign=B89" />
		<author>
			<name>Miguel Sanmart&#237;n Fenollera</name>
					</author>
		<id>https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2605261228-iliteratura-de-terror-el-mied</id>
		<published>2026-05-26T10:28:43Z</published>
		<updated>2026-06-01T07:19:34Z</updated>
				<content type="html"><![CDATA[<p></p>
<table class="tr-caption-container" cellspacing="0" cellpadding="0" align="center">
<tbody>
<tr>
<td><a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEifgS0WtWA5p9umVSSrGUkek-6Usq3TiiZS1POiq9QFJkP6QaUvLJasEeyqY5g1c45PUaFFjemyl9bWRgPvVGrZ2Cf2jlLNGCfiZ_uqLl0Cca-i9-2Wdwe-JiLmhxRA_gi4WWnOzArHZThDa2PE8idUrGRCwNzO0eJcoJqbRQHKbZaSgEIl9ddKXcPJckc"><img src="https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEifgS0WtWA5p9umVSSrGUkek-6Usq3TiiZS1POiq9QFJkP6QaUvLJasEeyqY5g1c45PUaFFjemyl9bWRgPvVGrZ2Cf2jlLNGCfiZ_uqLl0Cca-i9-2Wdwe-JiLmhxRA_gi4WWnOzArHZThDa2PE8idUrGRCwNzO0eJcoJqbRQHKbZaSgEIl9ddKXcPJckc=s16000" data-original-height="1944" data-original-width="1300" /></a></td>
</tr>
<tr>
<td class="tr-caption">
<blockquote>&#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160;&#171;El contador de historias&#187;. Obra de Arthur Rackham (1867-1939).</blockquote>
</td>
</tr>
</tbody>
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<blockquote>
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<p class="center"><em>&#171;Bienvenidos sean los reyes malvados y las decapitaciones, las batallas y las mazmorras, los gigantes y los dragones, y que los villanos mueran espectacularmente al final del relato. Nada me convencer&#225; de que esto induce en un ni&#241;o normal ning&#250;n miedo m&#225;s all&#225; del que desea, y necesita, sentir. Porque, por supuesto, el ni&#241;o quiere que le asusten un poco&#187;.</em></p>
<p class="center">C. S. Lewis. <em>Tres formas de escribir para ni&#241;os.</em></p>
</blockquote>
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<p class="text-justify">Iniciaba esta especie de serie sobre la literatura del miedo habl&#225;ndoles de j&#243;venes. Pero lo cierto es que el miedo (y el terror, que no es sino el miedo mismo en su m&#225;xima intensidad) es consustancial al propio ni&#241;o; viene con &#233;l de f&#225;brica. Chesterton, en un famoso p&#225;rrafo, explicaba que los cuentos de hadas no le descubren al ni&#241;o la existencia del mal o de los monstruos, porque eso ya est&#225; en su imaginaci&#243;n; lo que le aportan es la primera idea clara de que el monstruo puede ser derrotado por un San Jorge.</p>
<p class="text-justify">En todo caso, el miedo aparecer&#237;a inevitablemente en sus vidas porque el mundo es un lugar amenazante, especialmente para un ni&#241;o. Ante este hecho, C. S. Lewis, en el art&#237;culo del que se extrae la cita de inicio, plantea b&#225;sicamente dos formas de actuar que resultan complementarias.</p>
<p class="text-justify">Por un lado, seg&#250;n &#233;l, debemos evitar provocar en el ni&#241;o fobias o miedos patol&#243;gicos contra los que el coraje ordinario no puede actuar, manteniendo su mente libre de cosas que no pueda soportar.</p>
<p class="text-justify">Por otro lado, nos dice que no hay que ocultarle que ha nacido en un mundo de muerte, violencia, hero&#237;smo, cobard&#237;a, bien y mal. Para Lewis, lo contrario ser&#237;a alimentar al ni&#241;o con un escapismo da&#241;ino. Aunque ser&#237;a ideal que ning&#250;n ni&#241;o pasara miedo en la cama, si va a asustarse, es mejor que piense en gigantes, dragones y en un San Jorge como brillante palad&#237;n, antes que en simples ladrones o en cualquier polic&#237;a.</p>
<p class="text-justify">Estoy con Chesterton y Lewis: el miedo est&#225; ya en el ni&#241;o. Y por supuesto, hay que protegerlo de miedos perniciosos, pero tambi&#233;n hay que prepararlo para combatir el mal del mundo, lo que exige conocer al enemigo y sus peligros.</p>
<p class="text-justify">As&#237; que, vengan o no los ni&#241;os con el miedo de f&#225;brica, est&#225; claro que convendr&#225; entrenarlos para que puedan hacerle frente, para que sepan tratarlo y para que aprendan a reconocerlo, ya que el miedo ser&#225; &#8211;pr&#225;cticamente desde el principio&#8211; algo inevitable en sus vidas.</p>
<p class="text-justify">Por lo tanto, estaremos de acuerdo en que los ni&#241;os deben ser educados gradualmente en todas las virtudes, y eso incluye la fortaleza, que es la virtud que entra en juego ante el miedo y el terror. Es apropiado, entonces, que los ni&#241;os enfrenten miedos proporcionales a su edad de forma imaginativa (a trav&#233;s de cuentos), lo que les preparar&#225; para afrontar miedos reales posteriormente.</p>
<p class="text-justify">La cuesti&#243;n est&#225;, como venimos apuntando en las entradas anteriores, en la forma y en la medida de este trato, de ese entrenamiento. De este tema nos ocuparemos a continuaci&#243;n, guiados por algunos libros.</p>
<p class="text-justify">Como sabemos, el miedo no es bueno ni malo por s&#237; mismo; es una reacci&#243;n natural ante un peligro futuro dif&#237;cil de evitar, y su valor moral depende de si est&#225; ordenado por la raz&#243;n y sujeto a ella a trav&#233;s de la virtud de la fortaleza.</p>
<p class="text-justify">La literatura de terror funciona, por lo tanto, como un <em>&#8220;gimnasio&#8221;</em> para enfrentar y conocer mejor al miedo, pero de forma vicaria, no personal. A trav&#233;s de la ficci&#243;n, el arte puede producir una catarsis saludable que edifica y fortalece virtudes como la prudencia y la fortaleza. Sin embargo, si la obra carece de un cosmos moral claro o de una estructura que contenga la angustia sin una resoluci&#243;n feliz, corre el riesgo de desordenar el alma del ni&#241;o, alimentando pasiones sin gobierno, morbo, ansiedad o desesperanza.</p>
<p class="text-justify">Por ello, debemos guiarnos en la elecci&#243;n por ciertos principios, que denominar&#233; chestertoniano, tolkieniano, lewisiano y aristot&#233;lico.</p>
<p class="text-justify">De esta forma, de acuerdo con Chesterton, el cuento deber&#225; mostrar que el drag&#243;n (el mal, el peligro) puede ser vencido; conforme a lo sostenido por Tolkien, en toda historia debe haber una <em>eucat&#225;strofe</em> (un giro s&#250;bito hacia la alegr&#237;a y el final feliz); de acuerdo con Lewis, debe haber en el relato cierta numinosidad (que lo terrible es hermoso y trascendente); y finalmente, y siguiendo a Arist&#243;teles, la historia debe permitir una catarsis simb&#243;lica.</p>
<p class="text-justify">Por otro lado, cada edad tiene sus caracter&#237;sticas, que podr&#237;amos ordenar del siguiente modo: de los cero a los tres a&#241;os ha de tratarse de un miedo domesticado (separaci&#243;n-reencuentro, seguridad del hogar); de los cuatro a los seis a&#241;os, las historias deben mostrar que el miedo puede ser derrotado (monstruos vencibles); de los siete a los diez u once a&#241;os, am&#233;n de alimentar esa fortaleza para afrontar los diversos peligros que acechan la existencia, los ni&#241;os podr&#237;an comenzar a tratar con el terror numinoso (lo sublime, lo inmenso); y de ah&#237; en adelante &#8211;y seg&#250;n la madurez de los chicos&#8211; podr&#237;an internarse en lecturas que contengan algo de horror moral (el mal como perversi&#243;n; como desorden antinatural).<br /> <br /><strong>PRIMEROS A&#209;OS</strong></p>
<p class="text-justify">En los primeros a&#241;os (0 a 3 a&#241;os), los miedos m&#225;s intensos son a la separaci&#243;n y a la oscuridad. Por eso los &#225;lbumes ilustrados de Margaret Wise Brown, <a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2017/10/elogio-de-la-repeticion.html"><em>El conejito andar&#237;n</em></a> y <a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2017/03/tres-pequenos-libros-para-ninos-pequenos.html"><em>Buenas noches, luna</em>,</a> son muy adecuados para apaciguarlos.</p>
<p class="text-justify">En el primero de ellos, se da al ni&#241;o la seguridad de que la exploraci&#243;n o la separaci&#243;n no devendr&#225;n en ansiedad, y que la madre siempre, siempre estar&#225; ah&#237;, y siempre, siempre encontrar&#225; a su hijo; esto calma y apacigua esa angustia natural. La madre conejo siempre encuentra a su cachorro, no importa d&#243;nde est&#233; ni a d&#243;nde haya ido: por lo tanto, el mundo es explorable pero seguro.</p>
<p class="text-justify">El segundo de los cuentos, <em>Buenas noches, luna,</em> trata de otro tipo de miedo muy natural: el temor a la oscuridad y a lasoledad nocturna que se cierne sobre todo ni&#241;o a la hora de dormir. Este libro transmite al peque&#241;o un remedio para combatirlo: nombrar cada cosa que le rodea para hacerla m&#225;s suya, para domesticar el espacio. Se trata de una traducci&#243;n muy simplista, pero eficaz, del principio tomista de que <em>nominare est dominari</em> (nombrar es dominar).</p>
<p class="text-justify">Por &#250;ltimo, <a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2017/06/belleza-delicadeza-y-armonia-beatrix.html">los cuentos de Beatrix Potter</a> son igualmente un buen recurso; por ejemplo, <em>Perico, el conejo</em> trata, entre otras cosas, del peligro que espera, acechante, tras los muros de casa, y de la seguridad que siempre proporciona el hogar.<br /> <br /><strong>INFANCIA</strong></p>
<p class="text-justify">En la infancia (4 a 7 a&#241;os), el miedo ha de seguir mostr&#225;ndose como algo domesticado y sujeto a un f&#225;cil y natural retorno al siempre seguro y conocido orden.&#160;Se ha de tratar, por lo tanto, de un miedo estrictamente acotado y siempre superable.</p>
<p class="text-justify"><a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2017/02/donde-viven-los-monstruos_19.html"><em>Donde viven los monstruos</em>,</a> de Maurice Sendak, puede ayudarnos a ello. En este famoso &#225;lbum ilustrado, el temor est&#225; ligado a la propia ira e impulsos del ni&#241;o. Los monstruos no son un mal absoluto, sino un reflejo del desorden interior que el protagonista logra finalmente dominar. El valor de la obra radica en que existe un l&#237;mite claro para los miedos y los monstruos que estos crean, y un marco protector al que regresar: la fantas&#237;a se disipa para volver a la seguridad del hogar y al perd&#243;n paternal, simbolizado en la cena que a&#250;n espera caliente al ni&#241;o.</p>
<p class="text-justify">Por su parte, otro magn&#237;fico &#225;lbum ilustrado, <em>El gr&#250;falo</em>, de Julia Donaldson, aborda el miedo desde otro enfoque: ahora no se trata de conflictos interiores nacidos de pasiones desordenadas, sino de peligros reales, aunque el asunto se aborda desde una perspectiva c&#243;mica. La estructura r&#237;tmica y repetitiva del relato permite al ni&#241;o anticipar los hechos, lo que reduce la ansiedad. El cuento resulta formativo porque ense&#241;a prudencia pr&#225;ctica y astucia leg&#237;tima como herramientas de supervivencia que permiten que el d&#233;bil pueda doblegar al fuerte, lo que da confianza al ni&#241;o para enfrentar y vencer temores nacidos de su peque&#241;ez o su debilidad f&#237;sica.</p>
<p class="text-justify">Y, por supuesto, est&#225;n los cuentos de hadas tradicionales (<a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2016/12/los-cuentos-de-hadas-germanicos-los.html">Grimm,</a> <a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2021/04/los-cuentos-de-perrault.html">Perrault,</a> etc.). Por ejemplo, en <em>Jack y las habichuelas m&#225;gicas</em>, el miedo al monstruo gigante es el centro del relato; por medio de la audacia y la astucia, el peque&#241;o Jack derrota al gigante comeni&#241;os; el monstruo, pues, puede ser derrotado. En <em>Hansel y Gretel,</em> el terror est&#225; plenamente presente: el miedo al abandono, al encierro y a la muerte se sienten en todo momento, pero son vencidos por la astucia infantil y la cooperaci&#243;n fraternal. Bettelheim habla aqu&#237; de una catarsis del miedo al rechazo parental. En todo caso, conviene tener cuidado con los ni&#241;os impresionables; aunque es un cuento muy recomendable, puede precisar acompa&#241;amiento.<br /> <br /><strong>PREADOLESCENCIA</strong></p>
<p class="text-justify">M&#225;s adelante (8 a 11 a&#241;os), en una hoy ya precoz preadolescencia, el miedo ha de estar presente como reacci&#243;n ante un peligro real y como v&#237;a para vislumbrar lo &#8220;aterrador&#8221; de nuestra insignificante existencia.</p>
<p class="text-justify"><em>Las brujas</em>, de Roald Dahl, introduce un miedo m&#225;s intenso: el mal que se camufla en lo cotidiano. Es valioso porque ayuda a educar el discernimiento (no todo lo que parece amable es bueno) y fomenta la fortaleza para hacer frente a los peligros. Sin embargo, el texto tiene sus riesgos debido a sus descripciones repulsivas y a un final agridulce que ofrece aceptaci&#243;n en lugar de una victoria total, por lo que se sugiere leerlo con acompa&#241;amiento adulto.</p>
<p class="text-justify">Una mejor lectura la representan <a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2016/12/el-hobbit.html"><em>El hobbit,</em></a> de Tolkien, y <em><a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2017/07/las-cronicas-de-narnia-el-regalo-de.html">Las cr&#243;nicas de Narnia</a>,</em> de C. S. Lewis.</p>
<p class="text-justify">En el primero, el ni&#241;o lector habr&#225; de enfrentarse a varios miedos que escalan de forma progresiva. Bilbo Bols&#243;n pasa de enfrentar monstruos cl&#225;sicos de cuento de hadas a experimentar el terror profundo ante el drag&#243;n Smaug y, finalmente, el horror real de la guerra. La historia se resuelve mediante un giro inesperado hacia un final feliz que trae reconciliaci&#243;n y regreso al hogar. Su gran lecci&#243;n: el verdadero valor no consiste en no tener miedo, sino en ser capaces de actuar a pesar de &#233;l.</p>
<p class="text-justify">En las <em>Cr&#243;nicas</em> de Lewis, la historia se despliega como un viaje inici&#225;tico que madura a la par del lector. Esta odisea comienza entre los ocho y nueve a&#241;os con <em>El le&#243;n, la bruja y el armario</em>, donde el ni&#241;o descubre la solemnidad del sacrificio y el peso de la traici&#243;n. Al alcanzar los diez a&#241;os, la traves&#237;a se vuelve existencial (con un atisbo del <em>mysterium tremendum</em>) con <em>El pr&#237;ncipe Caspian</em>, lo que ense&#241;a a sostener la fe frente a la incertidumbre. Contin&#250;a hacia el final de la preadolescencia con <em>La traves&#237;a del Viajero del Alba</em> y <em>La silla de plata</em>, etapas que confrontan al joven con el horror de la transformaci&#243;n f&#237;sica y la manipulaci&#243;n psicol&#243;gica de la realidad. Finalmente, el camino culmina ya casi al comienzo de la adolescencia, con la madurez para afrontar los temas de la esclavitud, la guerra y el apocalipsis presentes en <em>El caballo y el muchacho</em> y <em>La &#250;ltima batalla.</em><br /> <br /><strong>ADOLESCENCIA</strong></p>
<p class="text-justify">Finalmente, en la adolescencia (12 a 17 a&#241;os), se pueden tener contactos literarios m&#225;s intensos con el miedo existencial y espiritual. En este momento, el miedo y el terror ya no se enfocan en asustar por asustar, sino en confrontar las verdades m&#225;s profundas de la existencia.</p>
<p class="text-justify">La obra magna de Tolkien resulta apropiada. La lectura de <a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2018/09/el-senor-de-los-anillos.html"><em>El Se&#241;or de los Anillos</em></a> requiere una madurez que comienza a los doce a&#241;os, pero que alcanza su plenitud hacia los diecis&#233;is o diecisiete, cuando el lector puede procesar su compleja carga simb&#243;lica. Lejos de ser un cuento de hadas convencional, la obra sumerge al joven en un horror moral progresivo: desde la lenta corrupci&#243;n de la voluntad y la autodestrucci&#243;n de Gollum, hasta la traici&#243;n de la sabidur&#237;a en Saruman y el abismo de la desesperaci&#243;n en Denethor. Pero lo hace con el claro contrapeso de la esperanza &#8211;que viaja con el lector por todo el relato&#8211; y por la eucat&#225;strofe final.</p>
<p class="text-justify">Este viaje se ve intensificado por un clima de terror numinoso (la amenaza latente que se irradia desde Mordor) y terrores reales y f&#237;sicos &#8212;encarnados, por ejemplo, en la depredaci&#243;n de Ella-Lara&#241;a&#8212; que preparan el terreno para una de las grandes lecciones de la obra: el reconocimiento de la fragilidad humana y de toda criatura, y su impotencia para enfrentar decisivamente y vencer finalmente al mal. Al fracasar Frodo en su misi&#243;n final, el relato ense&#241;a que la voluntad personal es precaria y limitada, y que solo la gracia, activada a trav&#233;s de la misericordia pasada hacia el enemigo, permite la <em>&#8220;eucat&#225;strofe&#8221;</em> o el giro inesperado que salva al mundo cuando todo parece perdido.</p>
<p class="text-justify">Una obra reciente que ilustra lo que les comento (aunque me abstengo de recomendarla) es <em>Un monstruo viene a verme</em>, de Patrick Ness. La novela traslada el miedo al terreno del duelo, la enfermedad y la culpa. El monstruo del t&#237;tulo ayuda al protagonista a procesar la compleja ambivalencia afectiva de perder a su madre. Aunque literariamente es una obra de calidad que pretende ayudar a discernir entre los sentimientos inevitables ante tal situaci&#243;n y su desviaci&#243;n obsesiva, el texto carece de un marco de esperanza cristiana (ofrece una aceptaci&#243;n estoica pero no la promesa eterna). Por ello, a aquellos que decidan que sus hijos inicien su lectura, les aconsejo un cuidadoso acompa&#241;amiento espiritual y familiar antes, durante y despu&#233;s.</p>
<p class="text-justify"></p>
<p class="text-justify"><strong>CONCLUSI&#211;N</strong></p>
<p class="text-justify">En &#250;ltima instancia, vemos c&#243;mo, incluso desde la misma cuna, habremos de enfrentarnos al miedo, lo queramos o no; lo quieran o no nuestros padres. Y los cuentos, las historias y la literatura, en suma, pueden ayudarnos en eso.</p>
<p class="text-justify">La gran paradoja es que esa literatura que trata sobre el miedo no busca espantarnos, sino liberarnos. A trav&#233;s de sus p&#225;ginas, el ni&#241;o y el adolescente no solo descubren la existencia de las sombras, sino que ejercitan las virtudes necesarias para disiparlas. Ofrecerles estas lecturas de forma sabia y ordenada es, en el fondo, darles las llaves de ese gimnasio del alma donde se forja la verdadera fortaleza; una que les permita mantenerse firmes cuando el ma&#241;ana les traiga tempestades reales: porque los monstruos siempre pueden ser derrotados y, al final del camino, la luz y el hogar, est&#233; d&#243;nde est&#233; este, siempre aguardan.</p>
<p class="text-justify" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"></p>
<p class="text-justify" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</p>]]></content>
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		<title type="text">&#191;Literatura de terror? (III) H. P. Lovecraft y Robert Hugh Benson</title>
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		<author>
			<name>Miguel Sanmart&#237;n Fenollera</name>
					</author>
		<id>https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2605191239-iliteratura-de-terror-h-p-lov</id>
		<published>2026-05-19T10:39:54Z</published>
		<updated>2026-06-01T07:19:06Z</updated>
				<content type="html"><![CDATA[<table class="tr-caption-container" cellspacing="0" cellpadding="0" align="center" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">
<tbody>
<tr>
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</tr>
<tr>
<td class="tr-caption" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">
<blockquote>&#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#171;&#193;ngeles ca&#237;dos en el infierno&#187;. Obra de&#160;John Martin (1789&#8211;1854).</blockquote>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"><em><br /><br /></em></font></p>
<p></p>
<p data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"></p>
<p data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"><em>&#160;</em></font></p>
<blockquote>
<p class="center"><em>&#171;Vivimos en una pl&#225;cida isla de ignorancia en medio de los mares negros del infinito&#187;.</em></p>
<p class="center">H. P. Lovecraft. <em>La llamada de Cthulhu.</em></p>
<p class="center">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</p>
<p class="center">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;<br /> <br /><em>&#171;Ver&#225;s, puedes ser casi cualquier otra cosa si eres espiritista, pero no puedes ser cat&#243;lico romano&#187;.</em></p>
<p class="center">Robert Hugh Benson. <em>Los espiritistas.</em></p>
</blockquote>
<p><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</font></p>
<p><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</font></p>
<p><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</font></p>
<p data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"></p>
<p class="text-justify">La inmensidad del universo, confrontada con nuestra insignificancia, resulta sobrecogedora con solo detenerse a pensar en ella. Ese impacto existencial es, en su ra&#237;z misma, profundamente inquietante, incluso terror&#237;fico. Esta experiencia est&#225; en la ra&#237;z de muchas creencias de&#237;stas, al igual que de muchas convicciones ateas. Ocurre que el ate&#237;smo puede arrojarnos a especulaciones insoportables y alienantes, pues en el hay una ausencia pavorosa de esperanza. Por ello tambi&#233;n est&#225; en el origen de muchas pesadillas. Un escritor norteamericano de las primeras d&#233;cadas del siglo XX, enigm&#225;tico y de pasmosa imaginaci&#243;n, llamado H. P. Lovecraft, es el mejor exponente de ambas cosas. Y otro escritor, este sacerdote cat&#243;lico, m&#225;s o menos de la misma &#233;poca, Robert Hugh Benson, es un buen exponente de todo lo contrario. Deteng&#225;monos un momento en ambos.<br /> <br /><strong>H. P. LOVECRAFT (1890-1937)</strong></p>
<p class="text-justify">Lovecraft fue ante todo un convencido ateo de raigambre materialista. En su universo literario el horror no proviene de lo m&#225;gico ni siquiera de lo sobrenatural &#8212;al menos no exclusivamente&#8212;, sino de la convicci&#243;n de que las leyes de la f&#237;sica y la escala del universo son indiferentes a la humanidad. El <em>&#171;Pa&#237;s de las Hadas&#187;</em> es reemplazado en &#233;l por un vac&#237;o c&#243;smico hostil. Esta insignificancia humana ante un universo infinito e indiferente genera en sus obras una atm&#243;sfera despojada de toda teleolog&#237;a: no hay justicia ni sentido ni providencia; no hay esperanza; solo vastedad y accidente. Los <em>&#171;Primigenios&#187;</em> son poderes c&#243;smicos que reducen la humanidad a la irrelevancia. El conocimiento conduce a la locura.</p>
<p class="text-justify">A pesar de ello, quienes hemos le&#237;do a Lovecraft conocemos su atractivo. Hemos deambulado, entre fascinados, asombrados e inquietos, por ese universo tan particular, siempre bajo la mirada temblorosa de la insignificante criatura humana: un capitel oscuro en una iglesia cualquiera, desacralizada y abandonada, de la vieja Providence; un pozo desamparado que brilla con un color sin nombre; edificios del tama&#241;o de catedrales donde impera la geometr&#237;a del absurdo, previos al amanecer de la humanidad; una desoladora expedici&#243;n a la Ant&#225;rtida escrita por un superviviente desde el horror; un escritor de novelas baratas encontrado muerto en su escritorio, con una expresi&#243;n de horror helado en el rostro; un libro imp&#237;o y lleno de misterios y horrores, escrito al otro lado del mundo por un viejo nigromante &#225;rabe enloquecido; dioses alien&#237;genas, antiguos y terribles, que sue&#241;an dormidos bajo el mar, esperando no ser despertados; criaturas anfibias y degeneradas, mezcla de razas antiguas y hombres, escondidas en las costas de Maine, azotadas por vientos y olas rompientes&#8230; Ese es el extra&#241;o mundo de H. P. Lovecraft.</p>
<p class="text-justify">La influencia de sus <em>Mitos de Cthulhu</em> en la literatura de terror y la ciencia ficci&#243;n del siglo XX es inmensa, alcanzando, pese a su aparente elitismo, incluso la cultura popular, desde el death metal y <em>La Liga de los Caballeros Extraordinarios</em>, de Alan Moore, hasta los dibujos animados de Hannah-Barbera, <em>Scooby-Doo</em>. Esa influencia (creadora, a su pesar, de una &#171;escuela&#187; propia, en la que destacan escritores como August Derleth, Robert E. Howard y Robert Bloch) dio impulso a la prol&#237;fica tradici&#243;n de la literatura de terror estadounidense, desde el pulp hasta el best seller, desde el citado Robert Bloch, pasando por Richard Matheson y Neil Gaiman, hasta Stephen King y el perturbador Clive Barker (en absoluto recomendable).</p>
<p class="text-justify"><em>La llamada de Cthulhu, En las monta&#241;as de la locura, El color que cay&#243; del cielo</em> o <em>La sombra sobre Innsmouth</em> son t&#237;tulos intrigantes y seductores. Adem&#225;s, Lovecraft era un consumado estilista de las letras; su prosa es de alta calidad y, con ella y su vasta imaginaci&#243;n, ofrece en sus relatos atm&#243;sferas asfixiantes y oscuras, magistralmente construidas.</p>
<p class="text-justify">Pero ah&#237; reside tambi&#233;n su problema: en la seducci&#243;n inseparable de su universo nihilista. Por ello hay que tomarlo con cierto recelo, sobre todo si el lector es joven. Y, si bien es cierto que su lectura podr&#237;a servir para diagnosticar una morbilidad moderna &#8212;el pavor cuando se pierde la idea de orden y significado&#8212;, sus riesgos son evidentes para esp&#237;ritus <em>&#171;sensibles&#187;</em> y mentes poco formadas. Tanto es as&#237; que, pese a su escepticismo declarado, la ficci&#243;n de Lovecraft, trascendiendo su valor literario, ha llegado a convertirse en una piedra angular del ocultismo moderno.</p>
<p class="text-justify">No obstante, hay en Lovecraft un evidente poder que reside en su capacidad para articular lo inefable y lo radicalmente ajeno a la experiencia humana. Por ello, una vez superadas su falta de prop&#243;sito, su ausencia de esperanza trascendente y su concepci&#243;n del conocimiento como maldici&#243;n (su lector requiere madurez, por lo que no lo recomendar&#237;a a menores de 18 a&#241;os), junto al disfrute de su excelente prosa y su magistral creaci&#243;n de ambientes, puede leerse cr&#237;ticamente como una verdadera <em>reductio ad absurdum</em> ontol&#243;gica, como ejemplo de la cosmovisi&#243;n materialista llevada hasta su conclusi&#243;n extrema: la desesperaci&#243;n.<br /> <br /><strong>ROBERT HUGH BENSON (1871-1914)</strong></p>
<p class="text-justify">Si Lovecraft explora el v&#233;rtigo de un universo sin Dios, Benson se adentra en el peligro de buscar lo sobrenatural al margen de &#201;l.</p>
<p class="text-justify">Robert Hugh Benson fue un escritor de talento extraordinario. Ya he tratado <a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2024/07/el-senor-del-mundo.html">aqu&#237;</a> de su obra m&#225;s c&#233;lebre, <em>El se&#241;or del mundo</em>, y de sus colecciones de relatos, tambi&#233;n de tema sobrenatural, <a href="https://delibrospadresehijos.blogspot.com/2023/03/mas-buenos-libros-sobre-el-bien-pensar.html"><em>El espejo de Shalott</em> y <em>La Invisible Luz.</em></a></p>
<p class="text-justify">A Benson, cl&#233;rigo anglicano converso al catolicismo y devenido monse&#241;or antes de su prematura muerte a los 43 a&#241;os, dada su formaci&#243;n teol&#243;gica, no le result&#243; dif&#237;cil construir ni los ambientes ni las tramas de la novela de la que quiero hablarles: <em>Los espiritistas</em> (1909).</p>
<p class="text-justify">La obra pertenece al g&#233;nero de terror sobrenatural y est&#225; considerada, junto con la ya citada <em>El se&#241;or del mundo</em>, la mejor novela de Benson. Su t&#237;tulo es inequ&#237;voco y no enga&#241;a: trata del espiritismo como la perversi&#243;n del natural anhelo espiritual que anida en el coraz&#243;n humano, y que deviene en la pr&#225;ctica de la evocaci&#243;n de las almas de los muertos con el objeto de conectar con ellos y, en su caso, sacar alg&#250;n provecho. La Iglesia cat&#243;lica decret&#243; en 1917, unos pocos a&#241;os despu&#233;s de la publicaci&#243;n de la novela, una prohibici&#243;n sobre estas pr&#225;cticas espiritistas en los siguientes t&#233;rminos: <em>&#171;no es l&#237;cito, por medio del llamado medium, o sin &#233;l, tomar parte en las sesiones espiritistas&#187;</em>. Benson, como veremos, se adelant&#243; en cuanto a presentar al p&#250;blico los peligros e inconveniencias de tales pr&#225;cticas, que viv&#237;an entonces su apogeo.</p>
<p class="text-justify">En consonancia con la referida prohibici&#243;n, la Iglesia sostiene que las manifestaciones paranormales consideradas por los espiritistas como procedentes de esp&#237;ritus desencarnados, tienen origen en la acci&#243;n diab&#243;lica, siempre &#8212;bien entendido&#8212; que se excluya el truco y no se pueda encontrar una explicaci&#243;n de orden claramente cient&#237;fico de cada fen&#243;meno particular. De esta cuesti&#243;n les he hablado ya <a href="https://www.infocatolica.com/blog/La%20inmensidad%20del%20universo,%20confrontada%20con%20nuestra%20insignificancia,%20resulta%20sobrecogedora%20con%20solo%20detenerse%20a%20pensar%20en%20ella.%20Ese%20impacto%20existencial%20es,%20en%20su%20ra&#237;z%20misma,%20profundamente%20inquietante,%20incluso%20terror&#237;fico.%20Esta%20experiencia%20est&#225;%20en%20la%20ra&#237;z%20de%20muchas%20creencias%20de&#237;stas,%20al%20igual%20que%20de%20muchas%20convicciones%20ateas.%20Ocurre%20que%20el%20ate&#237;smo%20puede%20arrojarnos%20a%20especulaciones%20insoportables%20y%20alienantes,%20pues%20en%20el%20hay%20una%20ausencia%20pavorosa%20de%20esperanza.%20Por%20ello%20tambi&#233;n%20est&#225;%20en%20el%20origen%20de%20muchas%20pesadillas.%20Un%20escritor%20norteamericano%20de%20las%20primeras%20d&#233;cadas%20del%20siglo%20XX,%20enigm&#225;tico%20y%20de%20pasmosa%20imaginaci&#243;n,%20llamado%20H.%20P.%20Lovecraft,%20es%20el%20mejor%20exponente%20de%20ambas%20cosas.%20Y%20otro%20escritor,%20este%20sacerdote%20cat&#243;lico,%20m&#225;s%20o%20menos%20de%20la%20misma%20&#233;poca,%20Robert%20Hugh%20Benson,%20es%20un%20buen%20exponente%20de%20todo%20lo%20contrario.%20Deteng&#225;monos%20un%20momento%20en%20ambos.%20%20%20H.%20P.%20LOVECRAFT%20(1890-1937)%20Lovecraft%20fue%20ante%20todo%20un%20convencido%20ateo%20de%20raigambre%20materialista.%20En%20su%20universo%20literario%20el%20horror%20no%20proviene%20de%20lo%20m&#225;gico%20ni%20siquiera%20de%20lo%20sobrenatural%20&#8212;al%20menos%20no%20exclusivamente&#8212;,%20sino%20de%20la%20convicci&#243;n%20de%20que%20las%20leyes%20de%20la%20f&#237;sica%20y%20la%20escala%20del%20universo%20son%20indiferentes%20a%20la%20humanidad.%20El%20&#171;Pa&#237;s%20de%20las%20Hadas&#187;%20es%20reemplazado%20en%20&#233;l%20por%20un%20vac&#237;o%20c&#243;smico%20hostil.%20Esta%20insignificancia%20humana%20ante%20un%20universo%20infinito%20e%20indiferente%20genera%20en%20sus%20obras%20una%20atm&#243;sfera%20despojada%20de%20toda%20teleolog&#237;a:%20no%20hay%20justicia%20ni%20sentido%20ni%20providencia;%20no%20hay%20esperanza;%20solo%20vastedad%20y%20accidente.%20Los%20&#171;Grandes%20Antiguos&#187;%20son%20poderes%20c&#243;smicos%20que%20reducen%20la%20humanidad%20a%20la%20irrelevancia.%20El%20conocimiento%20conduce%20a%20la%20locura.%20A%20pesar%20de%20ello,%20quienes%20hemos%20le&#237;do%20a%20Lovecraft%20conocemos%20su%20atractivo.%20Hemos%20deambulado,%20entre%20fascinados,%20asombrados%20e%20inquietos,%20por%20ese%20universo%20tan%20particular,%20siempre%20bajo%20la%20mirada%20temblorosa%20de%20la%20insignificante%20criatura%20humana:%20un%20capitel%20oscuro%20en%20una%20iglesia%20cualquiera,%20desacralizada%20y%20abandonada,%20de%20la%20vieja%20Providence;%20un%20pozo%20desamparado%20que%20brilla%20con%20un%20color%20sin%20nombre;%20edificios%20del%20tama&#241;o%20de%20catedrales%20donde%20impera%20la%20geometr&#237;a%20del%20absurdo,%20previos%20al%20amanecer%20de%20la%20humanidad;%20una%20desoladora%20expedici&#243;n%20a%20la%20Ant&#225;rtida%20escrita%20por%20un%20superviviente%20desde%20el%20horror;%20%20un%20escritor%20de%20novelas%20baratas%20encontrado%20muerto%20en%20su%20escritorio,%20con%20una%20expresi&#243;n%20de%20horror%20helado%20en%20el%20rostro;%20un%20libro%20imp&#237;o%20y%20lleno%20de%20misterios%20y%20horrores,%20escrito%20al%20otro%20lado%20del%20mundo%20por%20un%20viejo%20nigromante%20&#225;rabe%20enloquecido;%20dioses%20alien&#237;genas,%20antiguos%20y%20terribles,%20que%20sue&#241;an%20dormidos%20bajo%20el%20mar,%20esperando%20no%20ser%20despertados;%20criaturas%20anfibias%20y%20degeneradas,%20mezcla%20de%20razas%20antiguas%20y%20hombres,%20escondidas%20en%20las%20costas%20de%20Maine,%20azotadas%20por%20vientos%20y%20olas%20rompientes&#8230;%20Ese%20es%20el%20extra&#241;o%20mundo%20de%20H.%20P.%20Lovecraft.%20La%20influencia%20de%20sus%20Mitos%20de%20Cthulhu%20en%20la%20literatura%20de%20terror%20y%20la%20ciencia%20ficci&#243;n%20del%20siglo%20XX%20es%20inmensa,%20alcanzando,%20pese%20a%20su%20aparente%20elitismo,%20incluso%20la%20cultura%20popular,%20desde%20el%20death%20metal%20y%20La%20Liga%20de%20los%20Caballeros%20Extraordinarios,%20de%20Alan%20Moore,%20hasta%20los%20dibujos%20animados%20de%20Hannah-Barbera,%20Scooby-Doo.%20Esa%20influencia%20(creadora,%20a%20su%20pesar,%20de%20una%20&#171;escuela&#187;%20propia,%20en%20la%20que%20destacan%20escritores%20como%20August%20Derleth,%20Robert%20E.%20Howard%20y%20Robert%20Bloch)%20dio%20impulso%20a%20la%20prol&#237;fica%20tradici&#243;n%20de%20la%20literatura%20de%20terror%20estadounidense,%20desde%20el%20pulp%20hasta%20el%20best%20seller,%20desde%20el%20citado%20Robert%20Bloch,%20pasando%20por%20Richard%20Matheson%20y%20Neil%20Gaiman,%20hasta%20Stephen%20King%20y%20el%20perturbador%20Clive%20Barker%20(en%20absoluto%20recomendable).%20La%20llamada%20de%20Cthulhu,%20En%20las%20monta&#241;as%20de%20la%20locura,%20El%20color%20que%20cay&#243;%20del%20cielo%20o%20La%20sombra%20sobre%20Innsmouth%20son%20t&#237;tulos%20intrigantes%20y%20seductores.%20Adem&#225;s,%20Lovecraft%20era%20un%20consumado%20estilista%20de%20las%20letras;%20su%20prosa%20es%20de%20alta%20calidad%20y,%20con%20ella%20y%20su%20vasta%20imaginaci&#243;n,%20ofrece%20en%20sus%20relatos%20atm&#243;sferas%20asfixiantes%20y%20oscuras,%20magistralmente%20construidas.%20Pero%20ah&#237;%20reside%20tambi&#233;n%20su%20problema:%20en%20la%20seducci&#243;n%20inseparable%20de%20su%20universo%20nihilista.%20Por%20ello%20hay%20que%20tomarlo%20con%20cierto%20recelo,%20sobre%20todo%20si%20el%20lector%20es%20joven.%20Y,%20si%20bien%20es%20cierto%20que%20su%20lectura%20podr&#237;a%20servir%20para%20diagnosticar%20una%20morbilidad%20moderna%20&#8212;el%20pavor%20cuando%20se%20pierde%20la%20idea%20de%20orden%20y%20significado&#8212;,%20sus%20riesgos%20son%20evidentes%20para%20esp&#237;ritus%20&#171;sensibles&#187;%20y%20mentes%20poco%20formadas.%20Tanto%20es%20as&#237;%20que,%20pese%20a%20su%20escepticismo%20declarado,%20la%20ficci&#243;n%20de%20Lovecraft,%20trascendiendo%20su%20valor%20literario,%20ha%20llegado%20a%20convertirse%20en%20una%20piedra%20angular%20del%20ocultismo%20moderno.%20No%20obstante,%20hay%20en%20Lovecraft%20un%20evidente%20poder%20que%20reside%20en%20su%20capacidad%20para%20articular%20lo%20inefable%20y%20lo%20radicalmente%20ajeno%20a%20la%20experiencia%20humana.%20Por%20ello,%20una%20vez%20superadas%20su%20falta%20de%20prop&#243;sito,%20su%20ausencia%20de%20esperanza%20trascendente%20y%20su%20concepci&#243;n%20del%20conocimiento%20como%20maldici&#243;n%20(su%20lector%20requiere%20madurez,%20por%20lo%20que%20no%20lo%20recomendar&#237;a%20a%20menores%20de%2018%20a&#241;os),%20junto%20al%20disfrute%20de%20su%20excelente%20prosa%20y%20su%20magistral%20creaci&#243;n%20de%20ambientes,%20puede%20leerse%20cr&#237;ticamente%20como%20una%20verdadera%20reductio%20ad%20absurdum%20ontol&#243;gica,%20como%20ejemplo%20de%20la%20cosmovisi&#243;n%20materialista%20llevada%20hasta%20su%20conclusi&#243;n%20extrema:%20la%20desesperaci&#243;n.%20%20%20ROBERT%20HUGH%20BENSON%20(1871-1914)%20Si%20Lovecraft%20explora%20el%20v&#233;rtigo%20de%20un%20universo%20sin%20Dios,%20Benson%20se%20adentra%20en%20el%20peligro%20de%20buscar%20lo%20sobrenatural%20al%20margen%20de%20&#201;l.%20Robert%20Hugh%20Benson%20fue%20un%20escritor%20de%20talento%20extraordinario.%20Ya%20he%20tratado%20aqu&#237;%20de%20su%20obra%20m&#225;s%20c&#233;lebre,%20El%20se&#241;or%20del%20mundo,%20y%20de%20sus%20colecciones%20de%20relatos,%20tambi&#233;n%20de%20tema%20sobrenatural,%20El%20espejo%20de%20Shalott%20y%20La%20Invisible%20Luz.%20A%20Benson,%20cl&#233;rigo%20anglicano%20converso%20al%20catolicismo%20y%20devenido%20monse&#241;or%20antes%20de%20su%20prematura%20muerte%20a%20los%2043%20a&#241;os,%20dada%20su%20formaci&#243;n%20teol&#243;gica,%20no%20le%20result&#243;%20dif&#237;cil%20construir%20ni%20los%20ambientes%20ni%20las%20tramas%20de%20la%20novela%20de%20la%20que%20quiero%20hablarles:%20Los%20espiritistas%20(1909).%20La%20obra%20pertenece%20al%20g&#233;nero%20de%20terror%20sobrenatural%20y%20est&#225;%20considerada,%20junto%20con%20la%20ya%20citada%20El%20se&#241;or%20del%20mundo,%20la%20mejor%20novela%20de%20Benson.%20Su%20t&#237;tulo%20es%20inequ&#237;voco%20y%20no%20enga&#241;a:%20trata%20del%20espiritismo%20como%20la%20perversi&#243;n%20del%20natural%20anhelo%20espiritual%20que%20anida%20en%20el%20coraz&#243;n%20humano,%20y%20que%20deviene%20en%20la%20pr&#225;ctica%20de%20la%20evocaci&#243;n%20de%20las%20almas%20de%20los%20muertos%20con%20el%20objeto%20de%20conectar%20con%20ellos%20y,%20en%20su%20caso,%20sacar%20alg&#250;n%20provecho.%20La%20Iglesia%20cat&#243;lica%20decret&#243;%20en%201917,%20unos%20pocos%20a&#241;os%20despu&#233;s%20de%20la%20publicaci&#243;n%20de%20la%20novela,%20una%20prohibici&#243;n%20sobre%20estas%20pr&#225;cticas%20espiritistas%20en%20los%20siguientes%20t&#233;rminos:%20&#171;no%20es%20l&#237;cito,%20por%20medio%20del%20llamado%20medium,%20o%20sin%20&#233;l,%20tomar%20parte%20en%20las%20sesiones%20espiritistas&#187;.%20Benson,%20como%20veremos,%20se%20adelant&#243;%20en%20cuanto%20a%20presentar%20al%20p&#250;blico%20los%20peligros%20e%20inconveniencias%20de%20tales%20pr&#225;cticas,%20que%20viv&#237;an%20entonces%20su%20apogeo.%20En%20consonancia%20con%20la%20referida%20prohibici&#243;n,%20la%20Iglesia%20sostiene%20que%20las%20manifestaciones%20paranormales%20consideradas%20por%20los%20espiritistas%20como%20procedentes%20de%20esp&#237;ritus%20desencarnados,%20tienen%20origen%20en%20la%20acci&#243;n%20diab&#243;lica,%20siempre%20&#8212;bien%20entendido&#8212;%20que%20se%20excluya%20el%20truco%20y%20no%20se%20pueda%20encontrar%20una%20explicaci&#243;n%20de%20orden%20claramente%20cient&#237;fico%20de%20cada%20fen&#243;meno%20particular.%20De%20esta%20cuesti&#243;n%20les%20he%20hablado%20ya%20aqu&#237;.%20La%20novela%20nos%20cuenta%20c&#243;mo,%20tras%20la%20repentina%20muerte%20de%20su%20prometida,%20el%20protagonista,%20Laurie%20Baxter,%20un%20joven%20ingl&#233;s%20de%20la%20&#233;poca%20eduardiana,%20cae%20en%20una%20depresi&#243;n%20devastadora.%20Incapaz%20de%20aceptar%20la%20p&#233;rdida,%20se%20deja%20arrastrar%20por%20la%20influencia%20de%20amistades%20hacia%20el%20espiritismo%20de%20sal&#243;n.%20Lo%20que%20comienza%20como%20una%20curiosidad%20cient&#237;fica%20y%20un%20remedio%20para%20sofocar%20el%20dolor%20de%20su%20p&#233;rdida,%20conectando%20con%20su%20amada,%20se%20convierte%20pronto%20en%20una%20obsesi&#243;n%20enfermiza:%20los%20mensajes%20del%20m&#225;s%20all&#225;%20y%20los%20fen&#243;menos%20f&#237;sicos%20parecen%20reales%20y%20comienzan%20a%20desestabilizar%20su%20mente.%20A%20pesar%20de%20las%20advertencias%20de%20su%20entorno%20sobre%20los%20peligros%20de%20abrir%20puertas%20a%20fuerzas%20oscuras,%20Laurie%20contin&#250;a%20adelante%20hasta%20quedar%20al%20borde%20de%20la%20destrucci&#243;n%20moral%20y%20la%20posesi&#243;n%20diab&#243;lica.%20La%20historia%20culmina%20en%20una%20advertencia%20severa%20y%20en%20un%20anuncio%20clarificador:%20por%20un%20lado,%20el%20espiritismo%20puede%20ser%20real%20en%20algunos%20casos,%20pero%20precisamente%20por%20eso%20es%20peligroso,%20porque%20abre%20la%20puerta%20a%20fuerzas%20que%20no%20son%20lo%20que%20pretenden%20ser,%20por%20otro,%20la%20verdadera%20comuni&#243;n%20con%20los%20difuntos%20no%20se%20halla%20en%20el%20ocultismo,%20sino%20en%20la%20fe.%20La%20obra%20de%20Benson%20caus&#243;%20en%20su%20momento%20aut&#233;ntico%20p&#225;nico%20en%20Inglaterra.%20Se%20vendieron%20decenas%20de%20miles%20de%20ejemplares%20en%20pocos%20meses.%20Los%20c&#237;rculos%20espiritistas%20y%20teos&#243;ficos%20&#8212;muy%20influyentes%20entonces&#8212;%20lo%20atacaron%20con%20furia,%20pero%20no%20pudieron%20rebatir%20los%20fen&#243;menos%20que%20describ&#237;a,%20porque%20Benson%20los%20tom&#243;%20directamente%20de%20actas%20reales%20de%20sesiones%20y%20de%20los%20propios%20libros%20publicados%20por%20destacados%20practicantes.%20Por%20su%20parte,%20los%20cat&#243;licos%20lo%20consideraron%20una%20obra%20maestra%20de%20apolog&#233;tica%20negativa:%20mostraba%20con%20crudeza%20ad&#243;nde%20lleva%20realmente%20el%20espiritismo%20cuando%20se%20toma%20en%20serio,%20incluso%20a%20la%20posesi&#243;n%20o%20infestaci&#243;n%20diab&#243;lica:%20si%20juegas%20con%20fuego...%20terminar&#225;s%20quem&#225;ndote.%20Como%20vemos,%20el%20terror%20puede%20ser%20veh&#237;culo%20tanto%20de%20una%20catarsis%20beneficiosa%20como%20de%20una%20obsesi&#243;n%20enfermiza%20y%20desesperanzada.%20Somos%20nosotros%20quienes%20debemos%20discernir%20&#8212;seg&#250;n%20nuestra%20madurez,%20formaci&#243;n%20y%20estado%20an&#237;mico,%20y%20seg&#250;n%20la%20de%20nuestros%20hijos&#8212;%20si%20queremos%20atravesar%20una%20puerta%20o%20la%20otra.">aqu&#237;</a>.</p>
<p class="text-justify">La novela nos cuenta c&#243;mo, tras la repentina muerte de su prometida, el protagonista, Laurie Baxter, un joven ingl&#233;s de la &#233;poca eduardiana, cae en una depresi&#243;n devastadora. Incapaz de aceptar la p&#233;rdida, se deja arrastrar por la influencia de amistades hacia el espiritismo de sal&#243;n. Lo que comienza como una curiosidad cient&#237;fica y un remedio para sofocar el dolor de su p&#233;rdida, conectando con su amada, se convierte pronto en una obsesi&#243;n enfermiza: los mensajes del m&#225;s all&#225; y los fen&#243;menos f&#237;sicos parecen reales y comienzan a desestabilizar su mente.</p>
<p class="text-justify">A pesar de las advertencias de su entorno sobre los peligros de abrir puertas a fuerzas oscuras, Laurie contin&#250;a adelante hasta quedar al borde de la destrucci&#243;n moral y la posesi&#243;n diab&#243;lica.</p>
<p class="text-justify">La historia culmina en una advertencia severa y en un anuncio clarificador: por un lado, el espiritismo puede ser real en algunos casos, pero precisamente por eso es peligroso, porque abre la puerta a fuerzas que no son lo que pretenden ser, por otro, la verdadera comuni&#243;n con los difuntos no se halla en el ocultismo, sino en la fe.</p>
<p class="text-justify">La obra de Benson caus&#243; en su momento aut&#233;ntico p&#225;nico en Inglaterra. Se vendieron decenas de miles de ejemplares en pocos meses. Los c&#237;rculos espiritistas y teos&#243;ficos &#8212;muy influyentes entonces&#8212; lo atacaron con furia, pero no pudieron rebatir los fen&#243;menos que describ&#237;a, porque Benson los tom&#243; directamente de actas reales de sesiones y de los propios libros publicados por destacados practicantes. Por su parte, los cat&#243;licos lo consideraron una obra maestra de apolog&#233;tica negativa: mostraba con crudeza ad&#243;nde lleva realmente el espiritismo cuando se toma en serio, incluso a la posesi&#243;n o infestaci&#243;n diab&#243;lica: si juegas con fuego&#8230; terminar&#225;s quem&#225;ndote.</p>
<p class="text-justify">Como vemos, el terror puede ser veh&#237;culo tanto de una catarsis beneficiosa como de una obsesi&#243;n enfermiza y desesperanzada. Somos nosotros quienes debemos discernir &#8212;seg&#250;n nuestra madurez, formaci&#243;n y estado an&#237;mico, y seg&#250;n la de nuestros hijos&#8212; si queremos atravesar una puerta o la otra.</p>
<p class="text-justify"></p>]]></content>
				</entry>

	
	<entry>
		<title type="text">&#191;Literatura de terror? (II)  Edgar Allan Poe y Bram Stoker</title>
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		<author>
			<name>Miguel Sanmart&#237;n Fenollera</name>
					</author>
		<id>https://www.infocatolica.com/blog/delibrospadresehijos.php/2605090855-iliteratura-de-terror-edgar-a</id>
		<published>2026-05-09T18:57:33Z</published>
		<updated>2026-06-01T07:18:24Z</updated>
				<content type="html"><![CDATA[<table class="tr-caption-container" cellspacing="0" cellpadding="0" align="center" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">
<tbody>
<tr>
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</tr>
<tr>
<td class="tr-caption" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">
<blockquote>&#160; &#160; &#160; &#160; &#160;&#171;Una historia de fantasmas&#187;. Obra de George Housman Thomas (1824-1868).</blockquote>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p></p>
<p></p>
<p></p>
<div data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</div>
<div data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</div>
<p></p>
<p data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</font></p>
<p data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</font></p>
<blockquote>
<p class="center"><em>&#171;La ficci&#243;n de terror (&#8230;) puede ofrecer un foro seguro para examinar, y quiz&#225;s iluminar, la oscuridad. Las historias de terror proporcionan un patio de recreo en el que los ni&#241;os (y los adultos) pueden jugar a tener miedo. Y, al final, estar&#225;n a salvo y, con suerte, reconfortados&#187;.</em></p>
<p class="center">Robert Hood. <em>Un patio de recreo para el miedo: ficci&#243;n de terror para ni&#241;os</em>.</p>
<p class="center" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"><em>&#160;</em></font></p>
<p class="center"><em>&#171;Me volv&#237; loco, con largos intervalos de horrible cordura&#187;.</em></p>
<p class="center">Edgar Allan Poe. <em>El coraz&#243;n delator.</em></p>
<p class="center">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</p>
<p class="center">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;<br /><em>&#171;Es maravilloso que aqu&#237;, al borde de la mayor tristeza del mundo, el mundo parezca lleno de hombres buenos, incluso si hay monstruos en &#233;l&#187;.</em></p>
<p class="center">Bram Stoker. <em>Dr&#225;cula.</em></p>
</blockquote>
<p data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</font></p>
<p data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</font></p>
<p data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}"><font size="6" data-keep-original-tag="false" data-original-attrs="{&quot;style&quot;:&quot;&quot;}">&#160;</font></p>
<p class="text-justify">Como les dije en la entrada anterior, debemos descender de las abstracciones a lo concreto, y en estos casos con mayor motivo. Como vimos, no todo el terror literario tiene la misma ra&#237;z filos&#243;fica. Su impacto en el alma del joven lector depender&#225; en gran medida de la cosmovisi&#243;n del autor.</p>
<p class="text-justify">Un error moderno muy com&#250;n consiste en pensar que la ficci&#243;n es moralmente neutra porque <em>&#171;no es real&#187;</em>. Sin embargo, esa conclusi&#243;n es superficial. Lo imaginario no es real como lo externo, cierto, pero s&#237; lo es en cuanto a su impacto espiritual, en esa parte que no se ve &#8212;pero que es tan real como la parte material, la palpable&#8212;, es decir, el interior del alma. Y el alma se modela tambi&#233;n por lo imaginado.</p>
<p class="text-justify">Santo Tom&#225;s nos ense&#241;a, mejor que cualquier psicolog&#237;a moderna, que los sentidos internos importan en la vida moral; e importan porque las pasiones pueden ser excitadas e incitadas por representaciones, por los <em>phantasmata</em> (im&#225;genes mentales) que creamos con nuestra imaginaci&#243;n . Por ello, el hombre puede disponerse bien o mal en raz&#243;n de aquello que alimenta su intelecto y su imaginaci&#243;n.</p>
<p class="text-justify">As&#237; que la pregunta no es solo si el autor ense&#241;a una proposici&#243;n falsa o fingida, sino a qu&#233; tiende su obra: si su universo vuelve al lector m&#225;s l&#250;cido o m&#225;s sombr&#237;o, si lo alimenta con esperanza o lo desalienta con desesperanza, si resulta tras la lectura m&#225;s fuerte o m&#225;s impresionable, y si termina m&#225;s cerca de la verdad o m&#225;s fascinado por lo oscuro y lo morboso.</p>
<p class="text-justify">Para tratar de dilucidar algunas de estas cuestiones, me propongo examinar, someramente y a modo de ejemplo, a cuatro autores cl&#225;sicos de sobra conocidos y, por ello, seguramente m&#225;s proclives a caer en las manos de nuestros hijos. Hablaremos de Edgar Allan Poe, Bram Stoker, H. P. Lovecraft y monse&#241;or Robert Hugh Benson, dejando a estos &#250;ltimos para la pr&#243;xima entrada.</p>
<p class="text-justify"><br /><strong>EDGAR ALLAN POE</strong> (1809-1849)</p>
<p class="text-justify">Poe era un genio. Pero con los genios hay que andar con tiento, porque su talento puede ser enormemente seductor. Chesterton &#8212;cuya opini&#243;n me merece atenci&#243;n siempre&#8212; nos dice en <em>Ortodoxia</em> que, para &#233;l, Poe cae en la categor&#237;a de los poetas m&#243;rbidos, aquellos que de ordinario tienen alg&#250;n punto d&#233;bil de racionalidad en su cerebro; concretamente, la morbosidad de Poe nac&#237;a de ser especialmente anal&#237;tico. Seg&#250;n Chesterton, incluso el ajedrez era demasiado po&#233;tico para &#233;l; le desagradaba porque estaba lleno de caballos y castillos, como un poema.</p>
<p class="text-justify">Para el escritor ingl&#233;s, la atm&#243;sfera y la arquitectura de Poe nos sumergen en<em> &#171;una sensaci&#243;n de decadencia indefinida e infinita&#187;</em>, <em>&#171;sentimos que todo se est&#225; descomponiendo, incluidos nosotros mismos&#187;: esa es la atm&#243;sfera de Edgar Allan Poe; una especie de rica podredumbre de descomposici&#243;n, con algo espeso y narc&#243;tico en el aire mismo&#187;.</em> &#191;Es, por tanto, conveniente leerlo a temprana edad?</p>
<p class="text-justify">Poe es, sin duda, el padre del cuento de horror psicol&#243;gico. Pero, desde un punto de vista cristiano, su horror, presentado en esa atm&#243;sfera de descomposici&#243;n de la que habla Chesterton, carece del elemento que lo har&#237;a verdaderamente grande: la esperanza. Ello podr&#237;a ser suficiente para dejarlo a un lado. Ahora bien, aparte de la excelencia art&#237;stica de su estilo y su forma (que por s&#237; sola no ser&#237;a suficiente para frecuentarlo, pero que es un valor indudable, aunque de menor orden), Poe puede ofrecer algo m&#225;s de valor.</p>
<p class="text-justify">Como he dicho, el escritor norteamericano es un maestro a la hora de presentarnos el interior m&#225;s oscuro del alma humana: la culpa, la obsesi&#243;n, la paranoia. Sus protagonistas no glorifican esos estados alterados de la psique, y por ello podr&#237;an ser mostrados como ejemplos de c&#243;mo el vicio (la crueldad, el alcohol, la soberbia) descompone la mente, y c&#243;mo la culpa persigue sin descanso, anidada siempre en un resto de conciencia, a aquel que decide aventurarse en los caminos del mal. Incluso, a veces, la justicia triunfa (como en <em>El coraz&#243;n delator)</em>, pero sin alegr&#237;a. En relatos como el ya citado <em>El coraz&#243;n delator,</em> o <em>El gato negro, El barril de amontillado</em> y <em>El demonio de la perversidad,</em> Poe act&#250;a casi como un moralista l&#250;gubre y quiz&#225; involuntario: demuestra implacablemente c&#243;mo el pecado carcome la conciencia humana hasta destruirla. Leer a Poe puede ser instructivo para mostrar a un joven que el mal moral destruye el alma humana, pero debe complementarse con lecturas que ofrezcan la esperanza de la redenci&#243;n, que Poe realmente no ofrece .</p>
<p class="text-justify">Hay un riesgo, claro: la delectaci&#243;n en lo morboso y la fascinaci&#243;n por la aberraci&#243;n, que podr&#237;a inclinar a algunos esp&#237;ritus &#171;sensibles&#187; y proclives hacia lo siniestro.</p>
<p class="text-justify">As&#237; que mi conclusi&#243;n es que Poe puede ser le&#237;do por j&#243;venes a partir de los 16 o 17 a&#241;os, instruidos en la visi&#243;n de su obra como un drama moral de la culpa, no como &#171;est&#233;tica del abismo&#187; (la contemplaci&#243;n fascinada del mal por el mal mismo).. En todo caso, debe ser una lectura supervisada y acompa&#241;ada de conversaciones e intercambio de pareceres, antes, durante y tras la lectura.</p>
<p class="text-justify"><br /><strong class="text-justify">BRAM STOKER</strong><span class="text-justify"> (1847-1912)</span></p>
<p class="text-justify">El caso de Bram Stoker es diferente. El autor irland&#233;s es mundialmente famoso por su novela <em>Dr&#225;cula</em> (1897), donde coloca el mito vamp&#237;rico (de profundas y lejanas ra&#237;ces) dentro de la concepci&#243;n cristiana del pecado, la gracia y la redenci&#243;n. En el relato de Stoker, el conde Dr&#225;cula hab&#237;a maldecido a Dios y, por lo tanto, hab&#237;a ca&#237;do en un estado infernal. Mientras el mundo moderno avanza a toda velocidad, confiando en c&#225;maras Kodak, m&#225;quinas de escribir, fon&#243;grafos, trenes y taquigraf&#237;a, desde los bosques de Transilvania, el temible conde Dr&#225;cula emerge, tras siglos de espera, y se dirige a Inglaterra, viento en popa. As&#237; comienza la novela: llena de sangre, pasi&#243;n y horror. La historia es h&#225;bilmente narrada a trav&#233;s de una colecci&#243;n de documentos, principalmente entradas de diario, cartas y transcripciones de grabaciones de fon&#243;grafo. El profesor Van Helsing, un cient&#237;fico y devoto creyente de piedad marcadamente cat&#243;lica , conduce la novela a su justo final.</p>
<p class="text-justify">A lo largo del relato, la simbolog&#237;a y los temas cat&#243;licos abundan: la Eucarist&#237;a, el crucifijo, la vida eterna, entre otros, aunque a veces malinterpretados. Algunos cr&#237;ticos la han considerado incluso que es una novela cat&#243;lica. No creo que sea cierto. Y no solo porque Stoker fuera anglicano (aunque su esposa se convirti&#243; al catolicismo despu&#233;s de publicarse la novela).</p>
<p class="text-justify">La teolog&#237;a subyacente a la novela resulta, sin embargo, dif&#237;cil de definir: es una mezcolanza de creencias cristianas (algunas cat&#243;licas &#8212;las ya citadas&#8212;, y a la manera de Stoker), folclore y supersticiones, y las propias ideas del autor. Eso s&#237;, los buenos son muy buenos y los malos son muy malos, lo cual, en tiempos de confusi&#243;n como estos, es de agradecer.</p>
<p class="text-justify">Este es el marco donde el conde Dr&#225;cula se nos presenta como el perfecto antagonista, como el arquetipo del Anticristo, representante notorio del mal, en contraste con las modernas representaciones &#8212;especialmente f&#237;lmicas&#8212; de un personaje deconstruido que nos es mostrado como rom&#225;ntico e incluso enamorado. Pero la novela es clara a este respecto. Stoker nos muestra al vampiro en contraste con Cristo, particularmente en lo que respecta al papel simb&#243;lico y literal de la sangre para la inmortalidad en ambas figuras; pero su lugar est&#225; en un inframundo, oscuro y corrupto, como parodia adulterada que es: reflejo deformado e inverso del Salvador del mundo, y quiz&#225; por ello carente de reflejo especular. Dr&#225;cula, el vampiro, es una representaci&#243;n m&#225;s del mono de Dios: la perfecci&#243;n del no ser es la mentira, y la perfecci&#243;n del no muerto es la muerte en vida, la parodia de la bienaventuranza.</p>
<p class="text-justify">La novela, a pesar de sumergirse en las profundidades del abismo oscuro, traza una l&#237;nea clara entre lo sagrado y lo profano, lo puro y lo impuro, lo divino y lo demon&#237;aco, incluso entre lo civilizado y lo primitivo o supersticioso; y al hacerlo ayuda a poner en su sitio categor&#237;as un tanto desordenadas hoy.</p>
<p class="text-justify">&#191;Mi recomendaci&#243;n? A pesar de que hay depredaci&#243;n, contaminaci&#243;n, oscuridad y terror&#237;fica fascinaci&#243;n, la novela podr&#237;a ser le&#237;da por j&#243;venes a partir de los 17 a&#241;os, pero, como en el caso de Poe, con una gu&#237;a y un seguimiento. La historia se desarrolla en un microcosmos moral: el mal es real, pero resistible y vencible; hay signos (cruz, sacramentos, aunque presentados de forma heterodoxa) y cooperaci&#243;n moral. Por ello, su lectura guiada podr&#237;a ense&#241;ar al joven que el mal seduce y parasita, pero puede y debe ser vencido; y que en esta batalla son importantes la pureza, la templanza, la lealtad, la perseverancia y la amistad.</p>
<p class="text-justify"></p>
<p class="text-justify">&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;</p>
<p class="text-justify"><strong>CONCLUSI&#211;N</strong></p>
<p class="text-justify">En definitiva, este particular &#171;patio de recreo&#187; del miedo no es, ni mucho menos, un terreno est&#233;ril ni moralmente neutro. Si el alma se modela por lo imaginado, adentrarse en la oscuridad literaria bajo la luz adecuada permite a los m&#225;s j&#243;venes ensayar la virtud frente al abismo. Poe nos advierte del poder destructor del pecado en la psique; Stoker nos recuerda que el mal es constatable, pero que la gracia y las virtudes heroicas tienen el poder de derrotarlo.</p>
<p class="text-justify">Hasta aqu&#237;, hemos examinado dos autores que, con sus limitaciones, mantienen cierto anclaje moral, pero, &#191;qu&#233; ocurre cuando el terror literario abandona el drama moral humano y se adentra en el nihilismo c&#243;smico, o cuando lo preternatural y lo sobrenatural tratan de parasitar la fe? De esa otra oscuridad, encarnada en la desesperanza materialista de H. P. Lovecraft y en la aguda visi&#243;n de monse&#241;or Robert Hugh Benson, hablaremos, si Dios quiere, en la pr&#243;xima entrada.</p>
<p class="text-justify"></p>]]></content>
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