Pues claro que fuera de la Iglesia no hay salvación

El viejo adagio de extra ecclesiam nulla salus, fuera de la Iglesia no hay salvación, se pone a menudo como ejemplo de algo que es difícil o imposible de creer o, peor aún, de algo que la Iglesia creyó ingenuamente en algún momento, pero hace tiempo que ya no cree. Eso, me temo, dice muy poco sobre el adagio y mucho sobre nuestra desoladora falta de fe posmoderna.
Cuando alguien rechaza la verdad de que fuera de la Iglesia no hay salvación, en realidad lo que sucede es que no tiene fe. Extra ecclesiam nulla salus solo es una forma alternativa o indirecta de enunciar el núcleo mismo de la fe católica. Ese núcleo de la fe, su anuncio esencial o kerigma, es que Dios envió a su Hijo hecho carne para nuestra salvación y, por lo tanto, no se nos ha dado otro nombre bajo el cielo que pueda salvarnos.
Si es cierto el milagro de los milagros, si, asombrosamente, el Verbo eterno se ha encarnado, ha muerto y ha resucitado para nuestra salvación, es evidente que ninguna otra cosa se le compara ni puede salvar. Luego los que piensan que todas las religiones llevan a Dios, en realidad, no creen de verdad que el Hijo de Dios se haya encarnado, porque si lo creyeran no pondrían cosas infinitamente distintas en el mismo plano.
Decir que fuera de la Iglesia no hay salvación es lo mismo que decir que solo Cristo nos salva, porque forma parte de la Iglesia quien ha sido redimido por Cristo, quien se ha unido a su muerte y resurrección por el bautismo para recibir la vida eterna que Él ha ganado para nosotros. Se trata de una necesidad lógica, casi una tautología: si solo nos salvamos mediante la unión con Cristo y los que están unidos a Cristo son los que forman la Iglesia, solo podemos salvarnos en la Iglesia.
Por lo tanto, por mucho que escandalice a algunos, en el cielo solo hay católicos. No puede haber ningún ser humano en el cielo que no sea católico, que no pertenezca a la Iglesia Católica, que es la Iglesia de Cristo. La Iglesia es el cuerpo místico de Cristo y nadie puede salvarse sin estar unido a Cristo como parte de su cuerpo.
La misma Escritura nos da una imagen bellísima de esta verdad al enseñar de que la Iglesia es la esposa de Cristo. Cristo ha desposado a la Iglesia y se ha hecho con ella una sola carne, un solo cuerpo, de manera que nadie los pueda separar y que los miembros vivos de la Iglesia suban con su Señor al cielo al terminar su vida terrena. Otra imagen maravillosa es la de nuestra Señora al pie de la cruz. La Virgen María, que es Madre e imagen perfecta de la Iglesia, no se dejó separar de Cristo y permaneció siempre junto a él. Para ir al cielo hay que imitarla y, como dijo el mismo Cristo, tenerla por Madre nuestra y que ella nos tenga por hijos suyos. Lo mismo sucede con la Iglesia: hay que tenerla por Madre para poder ir al cielo.
Precisamente porque extra ecclesiam nulla salus es una verdad que toca al centro mismo de la fe católica, ha sido afirmado desde siempre por la Escritura, la Tradición y los padres de la Iglesia, con diversas formulaciones. Sería imposible recoger aquí los innumerables testimonios de ello, desde el salus extra ecclesiam non est de San Cipriano a la afirmación de que la Iglesia “es el arca de Noé y quien no se encuentre en ella perecerá cuando llegue el diluvio” de San Jerónimo o al “quien no quiere tener a la Iglesia por Madre no tendrá a Dios por Padre” de San Agustín. Papas, concilios, catecismos, santos y doctores de la Iglesia siempre han dicho lo mismo, de forma unánime, lo que indica sin lugar a dudas que se trata de una enseñanza de fe infalible para los católicos. Fuera de la Iglesia no hay salvación. Por eso, como enseña el Catecismo, “no podrían salvarse aquellos hombres que, conociendo que la Iglesia Católica fue instituida por Dios a través de Jesucristo como necesaria, sin embargo, se negaran a entrar o a perseverar en ella”.
Demos un paso más. ¿Cómo se entra en la Iglesia? Lo saben hasta los niños de primera comunión: por el bautismo. Ya lo decía Santo Tomás: “el bautismo sirve para que los bautizados se incorporen a Cristo como miembros suyos”, es decir, como parte de la Iglesia, que es su cuerpo. Por lo tanto, el bautismo es necesario para la salvación. De nuevo, es una conclusión lógica: si hay que pertenecer a la Iglesia para salvarse y en la Iglesia se entra por el bautismo, hay que recibir el bautismo para poder salvarse.
El bautismo es, en efecto, algo maravilloso. Como enseña Santo Tomás, “el bautismo abre al bautizado la puerta del reino de los cielos, en cuanto le incorpora a la pasión de Cristo aplicándole la virtud de sus méritos”. A fin de cuentas, es el último encargo que hizo Cristo a la Iglesia: id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
No nos quedemos solo en esto y vayamos un poco más allá. Como decían los escolásticos, pensar es distinguir, así que distingamos. ¿Qué es lo que salva en el bautismo, lo que nos une a Cristo y nos introduce en la Iglesia para que podamos ir al cielo? ¿Es la vestidura blanca? Evidentemente, no, porque alguien puede ser bautizado sin vestidura blanca. ¿Los padrinos? Tampoco. ¿Las velas, el agua, el sacerdote, el aceite, las palabras? En última instancia, no, porque ninguna criatura puede salvar; solo Dios salva. ¿Qué es lo que nos salva, entonces? La acción de Dios en el bautismo, es decir, la gracia del bautismo. Por pura gracia habéis sido salvados, dice San Pablo.
Esta distinción es muy importante, porque desde el principio la Iglesia se dio cuenta de que, si bien recibir el sacramento del bautismo es la forma de entrar en la Iglesia y de salvarse, en ocasiones extraordinarias Dios puede dar la gracia del bautismo a los que no han podido recibir el sacramento. Así lo enseña San Agustín, por ejemplo: “algunos recibieron y les aprovechó la santificación invisible sin los sacramentos visibles”.
El ejemplo más claro es el de los justos del Antiguo Testamento. Cristo mismo bajó a los infiernos para llevarlos al cielo, como proclamamos en el credo. No recibieron formalmente o visiblemente el sacramento del bautismo, que no se había establecido todavía cuando ellos vivieron, pero sí recibieron materialmente y de forma extraordinaria la gracia que confiere el bautismo en el momento de la resurrección de Cristo. Algunos de ellos habían recibido durante su vida la prefiguración del sacramento, su anuncio, que era la circuncisión, pero tampoco esa circuncisión salvaba por sí misma, como dice San Pablo: de nada valen la circuncisión o la incircuncisión. Lo que vale, lo que salva, es la gracia del bautismo. Nadie ha dudado nunca de que los justos del Antiguo Testamento hayan recibido esta gracia y, de hecho, muchos de ellos están en el calendario romano como santos, luego Dios puede dar la gracia del bautismo sin el sacramento formal.
¿Valía esto solo para el periodo anterior a Cristo? No. El primer santo de la Iglesia naciente no recibió el bautismo. San Dimas, el buen ladrón, fue canonizado por el mismo Cristo, que le dijo, justo antes de morir: hoy estarás conmigo en el paraíso. Dimas murió después de Cristo, aunque antes de su resurrección, y la Iglesia no pudo hacer otra cosa que creer las palabras del Hijo de Dios y contar a Dimas entre sus santos, aunque no hubiera recibido el bautismo.
Lo mismo afirmó la Iglesia de otros casos especialmente importantes para ella que se plantearon enseguida. ¿Qué sucede con los que mueren mientras están preparándose para el bautismo, es decir, mientras son catecúmenos? ¿Se pierden, se condenan? Desde siempre, la Iglesia dio por sentado que Dios daba la gracia del bautismo a aquellos que deseaban ese bautismo, pero, por circunstancias ajenas a su voluntad, no habían podido recibirlo. Esto era bastante frecuente en una época en que el catecumenado duraba mucho tiempo y se llamó bautismo de deseo.
Conviene hacer hincapié en el nombre: la Iglesia lo consideró un verdadero bautismo, en el sentido de que se obtenía el efecto sustancial del bautismo de recibir la salvación de Cristo y poder ir al cielo, aunque no se hubiera recibido formalmente el sacramento. Los efectos accidentales o secundarios, sin embargo, no necesariamente eran los mismos y Santo Tomás enseñaba que el perdón de los pecados es aún más perfecto en la recepción del sacramento, aunque se realice ya sustancialmente con el mero deseo del bautismo.
¿Qué sucede con los que mueren por Cristo sin estar bautizados? De nuevo, era un caso relativamente frecuente en la Iglesia antigua. Tal era el testimonio de fe de los mártires, que sucedía a veces que algunos de sus verdugos, admirados, abrazaban allí mismo la fe y eran martirizados con los cristianos. Desde el principio, la Iglesia lo asimiló al bautismo de deseo. En efecto, se entiende que quien muere por Cristo desea el bautismo, aunque solo sea implícitamente en el sentido de desear la unión con Cristo y su salvación. Esto se llamó el bautismo de sangre y, según Santo Tomás, sus efectos son ligeramente distintos en lo accidental (más perfectos que el mero bautismo de deseo), pero no en lo sustancial, ya que también proporciona el perdón de los pecados y la salvación eterna.
Así sucedió, por ejemplo, con Santa Emerenciana, que recibió el martirio sin estar bautizada, mientras rezaba junto al sepulcro de Santa Inés. Incluso los niños sin uso de razón pueden recibir este bautismo, como muestra el caso de los santos inocentes. A fin de cuentas, así lo prometió Jesucristo y nosotros no podemos hacer otra cosa que creer sus palabras: quien pierda su vida por mí, la encontrará.
Como dice el Catecismo de la Iglesia Católica, tanto el bautismo de deseo como el de sangre “producen los frutos del bautismo sin ser sacramento”. Se entiende que los frutos sustanciales, porque no siempre perdonan todos los pecados, como hace el bautismo sacramental, sino solo los mortales. Además, por supuesto, el que desea el bautismo, si no muere, tiene obligación de recibir el bautismo sacramental y no es propiamente miembro de la Iglesia hasta que lo recibe.
Todo esto ha estado siempre básicamente claro entre los católicos, con algunas discusiones sobre puntos secundarios. Sin embargo, con el tiempo han ido surgiendo más preguntas. ¿Qué sucede con aquellos que no han oído hablar nunca de Cristo y, por lo tanto, no han podido desear formalmente unirse a Él ni recibir su salvación ni ser bautizados? ¿Qué pasa con los niños que mueren antes de ser bautizados?
A diferencia de los casos anteriores, que siempre estuvieron sustancialmente claros porque Dios mismo había dejado clara la cuestión dando visiblemente la fe y la caridad sobrenaturales a los que recibieron el bautismo de deseo o de sangre, estos otros dos casos han hecho correr ríos de tinta entre los teólogos a lo largo de los siglos. Se han dado multitud de respuestas distintas a esas preguntas.
Algunos, como San Agustín, consideraban que el infierno era la única posibilidad, aunque en distintos grados y con una “pena suavísima” en el caso de los niños sin pecado personal. Otros teorizaron la existencia de una tercera posibilidad entre el cielo y el infierno: el limbo de los niños, que sería un lugar de felicidad natural, aunque sin la contemplación de Dios propia del cielo. En tiempos más modernos, aunque antes del Vaticano II, era frecuente pensar que Dios, de alguna manera, podía dar a personas que no habían conocido el cristianismo el don de la fe por una revelación privada antes de morir, para que pudieran decidirse por Cristo o contra Él.
En tiempos aún más modernos, los nuestros, lo más habitual entre los teólogos es pensar que, entre los que no conocen a Cristo de forma inculpable, puede haber una cierta “fe implícita” o “deseo implícito del bautismo” manifestados en su actitud ante lo que vislumbran de Él, a saber, la ley natural, la verdad, el bien, el amor natural al prójimo, etc., lo que podría ser suficiente para que Dios les diera la gracia de la salvación en Cristo. Conviene señalar que se trata de la postura moderna, pero con raíces bastante anteriores, porque ya el catecismo de San Pío X hablaba de la posibilidad de deseo implícito del bautismo.
Todas esas posibilidades y sus numerosas variantes son, en principio, posibles a la luz de la revelación. Como han hecho los teólogos durante dos milenios, se puede hablar de ellas hasta la extenuación, porque cada una tiene sus puntos débiles y sus puntos fuertes. En cualquier caso, lo importante es esto: se trata de meras hipótesis, apoyadas en diferentes partes de la Escritura. Según la época, unas han sido más populares que otras y han aparecido incluso en los textos catequéticos de la Iglesia, pero siempre han sido opiniones teológicas, no parte de la fe. Aunque hoy prevalezca la teoría de la fe implícita salvífica, eso no significa que sea por ello más valiosa o tenga más autoridad que la teoría del limbo, por ejemplo. Todas son hipótesis teológicas que caben dentro de los parámetros que nos marca la fe, pero no por eso dejan de ser hipótesis.
Repitámoslo: en principio, la fe no nos dice lo que pasa con esas personas. No lo sabemos, porque corresponde al ámbito de la libertad soberana de Dios. Podemos imaginar, como han hecho los teólogos, diferentes cosas que podría hacer Dios con ellas, pero no se nos ha revelado explícitamente qué es lo que Dios hace con cada persona en concreto (entre otras cosas, porque para entender de verdad eso haría falta ser Dios mismo), que además no tiene por qué ser lo mismo para cada una. Por lo tanto, cuando se habla de cualquiera de estas teorías para responder a las preguntas de la gente sobre el tema de la salvación de los no bautizados, siempre hay que dejar clara la diferencia entre la fe y nuestras hipótesis o especulaciones. No hacerlo es engañar al que nos escucha y, en cierto modo, incluso tentar a Dios, pretendiendo que haga nuestra voluntad y no la suya.
¿Cuál es, entonces, la actitud del cristiano ante las personas que mueren sin bautizar? Como muy bien dice el catecismo, confiarlas a la misericordia de Dios. Es decir, mutatis mutandis, lo mismo que hacemos con los que mueren bautizados. Rezar por ellos con insistencia y constancia, pero con la tranquilidad y la paz de saber que, por mucho que nosotros los queramos, más los quiere Dios. Los caminos de Dios son más altos que los nuestros y pretender meter esos caminos en nuestra cabeza solo lleva que nos estalle. La humildad es la verdad y la verdad es que casi siempre Dios sabe y nosotros no.
Antes de terminar con este larguísimo artículo, hay que tratar brevemente una última cuestión: ¿las hipótesis más modernas sobre la fe implícita como posibilidad de salvación de los paganos han causado el abandono de la evangelización? Esto es algo que se sugiere muy a menudo en reacción a la popularidad moderna de esa hipótesis teológica, que coincide en el tiempo con un claro desinterés e incluso rechazo por la evangelización.
A mi entender, sin embargo, la respuesta es no. Veamos una analogía reveladora. ¿Es cierto que Dios puede cuidar de mis hijos, haciendo que baje pan del cielo para alimentarlos, enviándoles profetas que les instruyan en la fe y ordenando a ángeles que vayan por delante de ellos para que su pie no tropiece en la piedra? Para un católico, la respuesta solo puede ser un “por supuesto que puede”. Sin embargo, nadie decide por eso que lo mejor es no alimentar, educar y cuidar a sus hijos y dejar que lo haga Dios. Es más, si alguien lo hiciera, todos consideraríamos que es un miserable y que, en realidad, lo que sucede no es que confíe mucho en Dios, sino que no quiere a sus hijos en absoluto.
Lo mismo sucede con la evangelización. ¿Puede Dios salvar a cualquier persona sin necesidad de que nosotros la evangelicemos? Por supuesto que puede. Pero, si nos importan los demás, no por eso dejaremos de darles lo mejor que tenemos, que es la salvación de Cristo. Y si dejamos de evangelizar, no será porque sepamos que Dios puede salvarles de otra manera, sino porque somos unos miserables, porque esas personas no nos importan en absoluto, porque estamos mucho más a gusto en nuestro sofá viendo la televisión y porque, en realidad, no creemos que eso de la salvación sea muy importante.
Reconozcámoslo y no echemos balones fuera: la falta de evangelización viene de nuestra pereza, de nuestro aburguesamiento y de nuestra falta de fe, no de la verdad indiscutible de que Dios puede salvar a los paganos de otra forma, si le parece oportuno. Por supuesto, cualquier sinvergüenza puede intentar apelar a esa verdad como excusa para no evangelizar, pero, igual que en el caso del padre sinvergüenza, no cabe duda de que no es más que una triste excusa que, en realidad, no tiene nada que ver con su miserable comportamiento.
En cambio, sí podría haber un cierto peligro en ese sentido cuando se exagera el alcance de la hipótesis teológica de la fe implícita, pretendiendo que sabemos con seguridad lo que va a hacer Dios con los no bautizados, en lugar de lo que puede hacer Dios con ellos (y también puede no hacer). En efecto, si tuviéramos la seguridad de que Dios los va a salvar automáticamente de todas formas y hagamos lo que hagamos, nuestra urgencia por evangelizar no desaparecería, pero sí disminuiría considerablemente. En cualquier caso, lo cierto es que no lo sabemos porque no somos Dios. Lo que sabemos es que Dios nos pide que evangelicemos y que lo mejor que podemos dar a los que no creen es la fe, el bautismo y la pertenencia a la Iglesia, que son los medios visibles y objetivos de salvación.
Como resumen de todo esto, quedémonos con lo importante: sigue siendo cierto (porque no puede dejar de serlo) que la gracia del bautismo, y por lo tanto la pertenencia a la Iglesia, son esenciales para ir al cielo, pero también es cierto (y siempre lo ha sido) que a veces esa gracia se puede recibir directamente de Dios y no por medio de un ministro humano, como por ejemplo en el bautismo de deseo o de sangre. Lo que pase de ahí son teorías, que nos pueden gustar o satisfacer más o menos, pero que no debemos confundir con la fe.
120 comentarios
Espero que, al menos, pueda servir de base para una discusión fructífera de un tema tan importante.
No sé qué piensas de ello, pero a mi juicio,esa frase de Benedicto fue más piadosa que magisterial, y por ello es un deber rezar privada y públicamente (en el Sacrificio de la Misa) por esas almas.
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Pero la Fe si dice de manera muy precisa:
Primera Carta a Timoteo 2,4: Dios “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”.
Carta a los Romanos 2,14-16: los gentiles “muestran que la ley está escrita en sus corazones”.
Hechos de los Apóstoles 10,34-35
“Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación el que le teme y practica la justicia le es grato.”
Que es claramente la base de lumen gentium 16
En el ritual de exequias viene recogida la posibilidad de celebrarlas por niños no bautizados, eso es lo que dice la iglesia, al margen de lo que cada uno pueda pensar.
Pedo Luis Llera
¿En que Concilio o proclamación ex cathedra dice "extra ecclesiam nulla salus" para considerarlo dogma y no adagio?
"arguyendo que Benedicto XVI apeló al pasaje en que Jesús decía "dejad que los niños ee acerquen a mí" como garantía de que estaban en el Cielo."
No sé dónde arguyó eso Benedicto XVI, así que no puedo opinar sobre lo que dijo o dejó de decir, pero en cualquier caso me parece claro que no tenemos garantía de que estén el cielo. De otro modo, se habría condenado la teoría del limbo de los niños, cosa que no se ha hecho.
Es más (y esta es mi propia teoría), no se debe descartar que los niños no bautizados puedan ir al cielo a través del bautismo de deseo precisamente por las oraciones de sus padres, familiares, etc., que habrían sido los que pidieran el bautismo para ellos si hubieran sobrevivido lo suficiente. Si la fe y el deseo de los padres bastan para bautizar a un niño que no tiene uso de razón, resulta congruente que basten para que ese niño reciba la gracia del bautismo de deseo si muere antes de bautizarse.
En ese caso, sería especialmente importante que esos padres, etc. recen por el niño, como ejercicio y manifestación del deseo de que reciba la gracia del bautismo.
Si queréis precisión, entonces hay que precisar que extra ecclesiam nulla salus solo se puede considerar un dogma en sentido amplio, como un adagio o resumen que se refiere a algo que fue proclamado dogma en Florencia. Dogma es el dogma propiamente dicho. Es decir, lo que la Iglesia declara como tal. En lo declarado por Florencia no aparecen las palabras "extra ecclesiam nulla salus", de modo que estrictamente hablando no se puede decir que esa expresión sea un dogma.
En sentido amplio, se puede decir que extra ecclesiam nulla salus es un dogma en cuanto que es un resumen de la doctrina dogmatica de la Iglesia sobre el tema, pero recordando siempre que no hay que confundir el eslogan/adagio/resumen/expresión con el verdadero dogma.
Por otra parte, la palabra "adagio" (igual que "expresión", "formulación", "frase", etc.) no conlleva en ningún sentido la negación del carácter dogmático de la verdad expresada por el adagio (como se ha indicado con absoluta claridad en el artículo). Decir lo contrario es buscar tres pies al gato y una manifestación de desconfianza que, francamente, no viene a cuento ni está justificada en absoluto.
No solo fuera de la Iglesia sí hay salvación, sino que muchas veces hay más salvación fuera que dentro.
Pero yo voy mucho más allá. En el hipotético (Y surrealista) caso de que así fuera, yo renuncio públicamente a esa salvación.
Prefiero la nada más absoluta a un Dios cuya misericordia no alcanza a TODOS, TODOS, TODOS.
No me cabe en la cabeza que un ser humano (El Papa Francisco, por ejemplo) pueda ser más misericordioso que Dios.
Si fuera como vosotros decís, en ese infierno supuesto estaré mejor acompañado que en el cielo y será mucho más divertido.
Entiendo que es usted el troll multiseudónimos de siempre. De todas formas, vamos a contestar su disparate antes de borrar sus comentarios siguientes, para tranquilidad y solaz de los comentaristas honestos.
"Pero la Fe si dice de manera muy precisa"
Si usted no entiende la diferencia enter la fe católica y sus disparatadas interpretaciones de la Escritura, es muy difícil ayudarle. Estudie un poco
"Primera Carta a Timoteo 2,4: Dios “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”"
En efecto, pero como sabe todo el que sabe algo sobre estos temas, esa voluntad salvífica de Dios no es absoluta. Por fe sabemos que es posible condenarse, luego el hecho de que Dios quiera que todos se salven no significa que de hecho todos se vayan a salvar.
"los gentiles “muestran que la ley está escrita en sus corazones”"
Claro, pero la ley también está escrita en el corazón del que muere en pecado mortal y se condena. Luego eso no significa nada sobre si se van a salvar o no los no cristianos. Solo significa que, como seres humanos, han sido creados a imagen de Dios.
"Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación el que le teme y practica la justicia le es grato"
Me temo que su ignorancia alcanza ya cotas sobrehumanas. Esa frase lo único que dice, como verá si lee el capítulo entero, es que el Evangelio no es solo para los judíos sino para todos los hombres. ¿Que tiene eso que ver con el destino eterno de los que no hayan sido bautizados? Nada.
Por favor, dedíquese a algo más provechoso que trollear.
"No me cabe en la cabeza que un ser humano (El Papa Francisco, por ejemplo) pueda ser más misericordioso que Dios"
Solo con que lo piense un poco, verá que efectivamente, es imposible que un ser humano pueda ser más misericordioso que Dios. Pero eso no significa que Dios, para ser verdaderamente misericordioso, tenga que ajustarse a la última tontería que pensó usted o cualquier otro como el novamás de la misericordia requetechupiguay. Significa lo contrario: que ese novamás, en realidad, es falsa misericordia.
¡Ay del que pleitea con su artífice, siendo una vasija entre otras tantas! ¿Acaso le dice la arcilla al alfarero: “Qué estás haciendo. Tu obra no vale nada”?
Nótese, concretamente, la frase "nadie, por más limosnas y obras de caridad que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse". ¿De verdad este dogma es el mismo que enseña el C.V. II?
1 Corintios 7:14
Ergo los hijos de los no cristianos son impuros. El pecado original provoca tal efecto.
Y nada impuro entra en el cielo.
De entre las diversas teorías, la única que no tiene sustento bíblico y tradicional es la que hoy se enseña como más probable, pero eso no debe extrañarnos. Estamos inmersos en una espiritualidad buenista nefasta.
Y ya que nos ponemos, vayamos a una pregunta importante: ¿qué ocurre con los cristianos no católicos?
En fin. Esto lo oímos contante en la boca de múltiples miembros de la jerarquía católica.
¿O soy el único que lo oye?
"Nótese, concretamente, la frase "nadie, por más limosnas y obras de caridad que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse". ¿De verdad este dogma es el mismo que enseña el C.V. II?"
No sé qué quiere decir con "el mismo que enseña el C.V. II". ¿El mismo que enseña el Concilio Vaticano II dónde?
En cualquier caso, claro que es lo mismo que sigue enseñando la Iglesia. La salvación es pura gracia de Dios. Sin la gracia es imposible salvarse y todas las buenas obras de la humanidad entera sin gracia de Dios no bastarían para llevar a nadie al cielo.
"Esto lo oímos contante en la boca de múltiples miembros de la jerarquía católica"
Pues sí. No creo que sorprenda a nadie si digo que hay clérigos que no tienen fe católica. Yo he conocido personalmente a unos cuantos.
"Cristo se apiada de Dimas, la suerte del chulo de al lado no la quiero tener, lo siento"
Bien dicho.
"Ergo los hijos de los no cristianos son impuros. El pecado original provoca tal efecto"
Er, los hijos de los cristianos también nacen con pecado original.
"Y nada impuro entra en el cielo"
Claro, a no ser que Dios dé la gracia de purificarlo. Que es de lo que se habla en el artículo.
"De entre las diversas teorías, la única que no tiene sustento bíblico y tradicional es la que hoy se enseña como más probable"
Eso lo dice usted gratuitamente. Que Dios puede dar la gracia a los que no están visiblemente dentro de la Iglesia es algo evidente, como se muestra en el artículo.
"Estamos inmersos en una espiritualidad buenista nefasta"
Eso es cierto. Pero no hay que hacer pagar a justos por pecadores.
"Y ya que nos ponemos, vayamos a una pregunta importante: ¿qué ocurre con los cristianos no católicos?"
Es un tema diferente, ya que están bautizados. No he hablado de ello en el artículo, porque no estaba incluido en las preguntas que motivaron que lo escribiera, además de para no alargarlo aún más.
En cualquier caso, es un tema análogo al ya explicado en el artículo.
La pertenencia a la Iglesia es necesaria para la salvación, no solo en cuanto a estar bautizado, sino también en cuanto a permanecer en la unidad de fe y amor/disciplina de la Iglesia. En principio, herejes y cismáticos están bautizados, pero fuera de esa unidad y fuera de la Iglesia y, por lo tanto, no pueden salvarse.
Dicho eso, igual que Dios puede dar la gracia del bautismo a alguien que no ha recibido el sacramento, también puede considerar materialmente en la Iglesia a alguien que formalmente está fuera de ella por ignorancia no culpable.
Es lo mismo que sucede, por ejemplo, con la herejía material no formal de los católicos: infinidad de fieles católicos buenos dicen herejías materiales, pero eso no les aparta de la unidad de la Iglesia, porque las dicen por ignorancia no culpable, sin saber que son herejías. ¿Por qué no va a suceder lo mismo con un luterano que nació en el luteranismo y para el cual "la Iglesia" es su grupito luterano y, por lo tanto, cree herejías sin saber que lo son? Es perfectamente posible que, no habiendo culpa en ello y ya que está bautizado, sea miembro vivo de la Iglesia (y no muerto como si hubiera cometido conscientemente el pecado de herejía o cisma).
Ya lo enseñaba así el Catecismo de San Pío X, 172: "Quién sin culpa, es decir, de buena fe, se hallase fuera de la Iglesia y hubiese recibido el bautismo o, a lo menos, tuviese el deseo implícito de recibirlo y buscase, además, sinceramente la verdad y cumpliese la voluntad de Dios lo mejor que pudiese, este tal, aunque separado del cuerpo de la Iglesia, estaría unido al alma de ella y, por consiguiente, en camino de salvación".
Todas esas cosas, que son posibles en principio, conviene dejárselas a Dios. Nosotros nos guiamos por lo visible, porque, por definición, lo invisible no lo podemos ver. Hacer de la excepción regla siempre es desaconsejable.
Y en tu caso no hay el menor atisbo de ignorancia invencible. Hay rechazo consciente, voluntario y pertinaz de lo revelado. Pues nada, majete, tú mismo.
Pero la fe de los padres les cubre. Hay como poco bautismo de deseo. No ocurre lo mismo con los hijos de no cristianos.
Y haga usted el favor de tratarme con respeto. Yo no digo las cosas gratuitamente.
"Pero la fe de los padres les cubre. Hay como poco bautismo de deseo. No ocurre lo mismo con los hijos de no cristianos"
El niño nace con pecado original y lo tiene hasta que se bautiza (o, si no hay bautismo, hasta que Dios le concede esa gracia por otros medios). Haya nacido de padres paganos o cristianos.
En cuanto al bautismo de deseo de los niños muertos sin bautismo, como explicaba más arriba, es una de esas teorías que son eso, teorías. Yo estoy de acuerdo con esta en concreto, pero no deja de ser una teoría.
"Y haga usted el favor de tratarme con respeto. Yo no digo las cosas gratuitamente"
Me temo que el que falta al respeto es usted, que viene a mi casa a decirme lo que puedo o no puedo decir, con una clara falta de cortesía. Si continúa por ese camino, borraré sus comentarios.
Usted ha afirmado algo gratuitamente, es decir, sin dar argumentos. Y, como dice el adagio escolástico, gratis asseritur, gratis negatur. Si no quiere que le digan que habla gratuitamente, no haga afirmaciones gratuitas. Es fácil.
1) Es bautismo de deso quien cree de buena fé en lo que sea, con error invencible, o debe tener el deseo expreso y conciente de bautizarse?
2) Si quien muere por Cristo tiene el deseo, en qué se diferencia uno de otro? Qué pasa con quienes mueren por odio a Cristo y no tienen si quiera conciencia, como los santos inocentes? Es bautismo de sangre?
"no sé si hay suficiente desarrollo doctrinal"
Yo diría que es más bien desarrollo teológico.
"Si quien muere por Cristo tiene el deseo, en qué se diferencia uno de otro?"
Santo Tomás distingue algunos de sus efectos accidentales. Evidentemente, morir por Cristo es más que simplemente desear ser cristiano. Por eso, por ejemplo, para Santo Tomás el bautismo de sangre borra todos los pecados mortales y veniales con la mera atrición, mientras que el bautismo de deseo, para conseguir el mismo efecto, requeriría el dolor de contrición. A eso se suma que la Iglesia ha considerado santas a personas que murieron por Cristo sin estar bautizadas, como Santa Emerenciana, mientras que el mero bautismo de deseo vale para alcanzar la salvación, pero no la canonización.
"Qué pasa con quienes mueren por odio a Cristo y no tienen si quiera conciencia, como los santos inocentes?"
Como muestra precisamente el caso de los santos inocentes, que son santos, la Iglesia siempre ha considerado que recibían el bautismo de sangre.
"Es bautismo de deso quien cree de buena fé en lo que sea, con error invencible, o debe tener el deseo expreso y conciente de bautizarse?"
El que tiene el deseo expreso y consciente es, sin duda, bautismo de deseo y la Iglesia lo declara así porque puede ese deseo es visible y expresable. En cambio, en el caso de personas que no han conocido el cristianismo, el deseo nunca podría ser expreso. En principio, en ese caso Dios podría salvarle con ese deseo implícito, que no es deseo de cualquier cosa, sino el deseo de aquello que puede conocer de Dios en su situación. Es decir, de Dios como Verdad, como Bien, como Creador, etc., que son cosas que conocemos de Dios por la razón natural.
Ya decía el catecismo de San Pío X: "quién sin culpa, es decir, de buena fe, se hallase fuera de la Iglesia y hubiese recibido el bautismo o, a lo menos, tuviese el deseo implícito de recibirlo y buscase, además, sinceramente la verdad y cumpliese la voluntad de Dios lo mejor que pudiese, este tal, aunque separado del cuerpo de la Iglesia, estaría unido al alma de ella y, por consiguiente, en camino de salvación".
Pero todas estas cuestiones son hipotéticas, porque, obviamente, la Iglesia no puede entrar en el interior de nadie y menos de alguien que no ha conocido la Iglesia ni el cristianismo.
Por ejemplo, en la liturgia del Viernes Santo la Iglesia reza explícitamente por quienes no creen en Cristo e incluso por quienes no conocen a Dios, pidiendo que sean guiados hacia la verdad y la salvación. Ahora bien, sería una forma bastante extraña de rezar pedir a Dios la salvación de alguien si uno creyera que, por definición, esa salvación es imposible.
Así que el propio hecho de que la Iglesia rece por ellos ya dice bastante. A la luz de lex orandi, lex credendi, la conclusión parece bastante razonable: la Iglesia sostiene que toda salvación viene de Cristo y de su Iglesia, sí, pero también que la gracia de Cristo puede alcanzar a quienes todavía no lo conocen. De lo contrario, habría que pensar que llevamos siglos rezando litúrgicamente algo en lo que en realidad no creemos… y eso sí que sería un pequeño problema teológico.
En el siglo II ya se encuentran testimonios litúrgicos muy claros. Justino Mártir describe la liturgia cristiana en su Primera Apología. Allí explica que, después de las lecturas y la homilía, los cristianos elevan oraciones por todos los hombres en cualquier lugar del mundo.
Si hay garantía cierta de que están en el Cielo con Cristo, es obvio que no hay necesidad de ofrecerles Misas. Pero eso no se ha reconocido nunca por la Iglesia, que simplemente recomienda esas almas a la misericordia de Dios. Es decir, no hay una seguridad absoluta, luego se deben como caridad cristisana ofrecer misas específicas por ellos, e incluso fijar un día para recordarlas, como por ejemplo el 28 de diciembre.
Al final, me da la sensación, que el problema de fondo es evitar la confrontación abierta con las políticas progres que hoy defienden tanto derechas liberales como izquierdas.
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Respuesta: Es usted un ignorante integral, pero ignorante y todo, por la Misericordia de Dios se puede condenar.
Respecto del deseo implícito, que ocurriría con un ateo o incluso un satanista plenamente convencidos y que no han arribado a la verdad porque poseen tan cúmulo de errores en su formación intelectual, que les es imposible creer otra cosa. Se podría producir el baustismo de deseo?
Vale, pero ahora vienen los problemas, ¿se puede delimitar claramente quién está "fuera" o "dentro"? ¿los católicos no practicantes están "fuera" o "dentro"? y !ojo! ¿los practicantes no creyentes? ¿y los que han pertenecido a ella, pero por mala formación o malas experiencias ya no están, aunque tengan un atisbo de fe? ¿o aquellos que no han recibido el "primer anuncio", o lo han recibido mal, o no han hecho una experiencia de personalización de la fe? ¿o los católicos por cultura y tradición, pero con escasa fe?..............¿y............? podíamos seguir con un gran abanico de casuísticas inacabable, extraídos de la realidad de cada día.
Todo no se soluciona o explica con fórmulas de catecismo o clasificaciones simples.
Al final, te quedas que Dios y solo Dios conoce lo profundo del alma humana y sabe de cada uno. Nosotros juzgamos por apariencias
LG 14: El sagrado Concilio pone ante todo su atención en los fieles católicos y enseña, fundado en la Escritura y en la Tradición, que esta Iglesia peregrina es necesaria para la Salvación. Pues solamente Cristo es el Mediador y el camino de la salvación, presente a nosotros en su Cuerpo, que es la Iglesia, y El, inculcando con palabras concretas la necesidad de la fe y del bautismo (cf. Mc., 16,16; Jn., 3,5), confirmó a un tiempo la necesidad de la Iglesia, en la que los hombres entran por el bautismo como puerta obligada. Por lo cual no podrían salvarse quienes, sabiendo que la Iglesia católica fue instituida por Jesucristo como necesaria, rehusaran entrar o no quisieran permanecer en ella.
LG 16: Aquellos que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo ni su Iglesia, pero buscan a Dios con sincero corazón y, bajo el influjo de la gracia, se esfuerzan en cumplir con obras su voluntad conocida por el dictamen de la conciencia, pueden conseguir la salvación eterna.
GS 22: ... debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de asociarse a este misterio pascual de un modo que sólo Dios conoce.
Compendio del Catecismo (2005, Benedicto XVI) 171: ¿Qué significa la afirmación «fuera de la Iglesia no hay salvación»? La afirmación «fuera de la Iglesia no hay salvación» significa que toda salvación viene de Cristo-Cabeza por medio de la Iglesia, que es su Cuerpo. Por lo tanto no pueden salvarse quienes, conociendo la Iglesia como fundada por Cristo y necesaria para la salvación, no entran y no perseveran en ella. Al mismo tiempo, gracias a Cristo y a su Iglesia, pueden alcanzar la salvación eterna todos aquellos que, sin culpa alguna, ignoran el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan sinceramente a Dios y, bajo el influjo de la gracia, se esfuerzan en cumplir su voluntad, conocida mediante el dictamen de la conciencia.
Compárense esta forma de hablar con las formulaciones tradicionales de esta doctrina: "Quien no tiene la Iglesia como madre, no puede tener a Dios como Padre", "Aunque se quemen vivos por confesar a Cristo, aunque sean arrojados a las fieras, esto no les aprovechará para nada si no tienen la caridad que une a los miembros de Cristo en la Iglesia" (San agustín), "Así como aquellos que estaban fuera del arca perecieron, también perecen aquellos que están fuera de la Iglesia." (san Ambrosio), "La Iglesia universal se sostiene sobre la firmeza de Pedro, y quien se aparta de ella, aunque se crea cristiano, ha perdido la salvación." (san Leon Magno), "Fuera de la Iglesia no hay perdón de los pecados ni esperanza de salvación" (san Roberto Belarmino. Y así todos, hasta llegar al CV2.
En mi opinión, decir que "fuera de la Iglesia no hay salvación" y decir "el que sepa que la católica es la religión verdadera y no la siga se condena" no es lo mismo: lo segundo también es cierto para las religiones falsas ("el que crea que el Islam es la religión verdadera y no la sigue, se condena" también es cierto).
En cuanto a los justos del AT, santo Tomás enseña que en la circuncisión se confería la gracia (S. Th., III, q. 70, a. 4), aunque no como en el bautismo de la nueva ley. En todo caso, el que muere con pecado mortal o sólo con pecado original no accede a la visión beatífica, y para borrar el pecado mortal o el original es necesaria la gracia. Es decir, es necesario morir en gracia santificante habitual para salvarse. Lo cual no significa que si se muere en gracia se acceda siempre inmediatamente a la visión beatífica.
Me alegra que estemos de acuerdo, Bruno. Nadie puede ser más misericordioso que Dios. Que pienses que eso es compatible con un dios vengativo y rencoroso es ya cosa tuya. Yo lo tengo muy claro.
Eso de fuera de la Iglesia no hay salvación es solo un esfuerzo de la jerarquía del siglo XII por mantener el poder luchando contra supuestas herejías, pero ya sabes que a mi TODOS, TODOS, TODOS los herejes me caen simpáticos.
La herejía es la única salida que le queda al ser humano intelectualmente normal, ni siquiera hay que ser listísimo.
Juan Mariner
Ya lo ves, pero digo TODOS, TODOS TODOS, que es como lo dijo el papa Francisco. Lo que tu pienses que debería decir me trae sin cuidado.
En este caso soy el de al lado de Dimas que si Dios fuera como el que tú predicas prefiere no estar a su lado esa noche; pero como no es así, no gastes cuidado, Dios ofrece su misericordia incluso a ti.
anawin
Si. Soy un ignorante. No dispongo de la erudición y conocimiento inútil y supersticioso del que tú rebosas.
Una de las alegrías de ser condenado por tú Dios sería no coincidir contigo en el paraíso, lástima que nos acoja a todos y tengamos que compartirlo
Lorenzo
El demonio y el infierno no existen. Es una muestra más de tu superstición. Pero si existieran, sería como en la canción de los Rolling, me resultarían simpáticos. No me dan ningún miedo.
Allá tú con tus temores supersticiosos. ¿También crees en el Coco Malote?
www.academia.edu/123958162/_Extra_Ecclesiam_Catholicam_nulla_salus_Fuera_de_la_Iglesia_Cat%C3%B3lica_no_hay_salvaci%C3%B3n_R_Garrigou_Lagrange_O_P_
[Aclaro que, siguiéndolo a santo Tomás, era partidario de la doctrina del limbo, la cual, como bien dice Bruno, no ha sido descartada y tiene sólido fundamento: de hecho, no parece que haya otra alternativa para el que muere sólo con el pecado original].
Como bien sabes, estimado Bruno, un adagio es una sentencia breve de carácter moral o sapiencial. Aquí, sin embargo, estamos ante una verdad definida por el Magisterio como necesaria para la salvación.
1. Definición y Estatus Dogmático
Este principio ha sido proclamado de forma solemne y reiterada por la Iglesia, lo que le otorga el carácter de definición dogmática (de fide):
IV Concilio de Letrán (1215): "Hay una sola Iglesia universal de los fieles, fuera de la cual nadie absolutamente se salva".
Bula Unam Sanctam (1302), Bonifacio VIII: "Declaramos, decimos, definimos y pronunciamos que es absolutamente necesario para la salvación de toda criatura humana el estar sometida al Romano Pontífice".
Concilio de Florencia (1441): Reafirma que nadie que no esté dentro de la unidad de la Iglesia Católica puede participar de la vida eterna.
2. El Dogma frente al "Cristianismo Anónimo"
Este dogma es la antítesis directa de las tesis de Karl Rahner. Mientras el dogma afirma la necesidad objetiva de la Iglesia y los Sacramentos, el subjetivismo moderno intenta diluirlo:
- El Dogma (Realismo): La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo y la única arca de salvación. La pertenencia a ella es el camino ordinario y necesario dispuesto por Dios.
- La Desviación (Subjetivismo): El concepto de "cristiano anónimo" pretende que la salvación es un proceso casi automático por el mero hecho de existir o ser "buena persona", convirtiendo el dogma en un adagio vacío o en una metáfora opcional.
Cristo es la Fuente de la Gracia, pero la Iglesia es el Canal único que Él mismo construyó. Quien rechaza el canal sabiendo que es el de Dios, se aleja voluntariamente de la Fuente.
La importancia de la precisión
Llamarlo "adagio" es una de esas trampas de la Neolengua: es una forma de degradar una Verdad inmutable al rango de opinión o refranero popular.
el Syllabus Errorum (1864) del Papa Pío IX es uno de los documentos magisteriales que reafirma con mayor contundencia la doctrina sobre la necesidad de la Iglesia para la salvación, haciéndolo a través de la condena explícita de los errores derivados del indiferentismo y el latitudinarismo.
Dentro del catálogo de errores que el Syllabus denuncia, destacan tres proposiciones que blindan el dogma Extra Ecclesiam nulla salus:
Proposición 15: Condena la idea de que «todo hombre es libre para abrazar y profesar la religión que, guiado por la luz de la razón, juzgare por verdadera». Esto subraya que la libertad del hombre no es absoluta, sino que debe estar ordenada a la Verdad Revelada.
Proposición 16: Condena la tesis de que «en el culto de cualquier religión pueden los hombres hallar el camino de la salud eterna y conseguir la salud eterna». Es la respuesta directa al pluralismo religioso que relativiza la misión de Cristo.
Proposición 17: Condena la afirmación de que «por lo menos deben tenerse fundadas esperanzas acerca de la eterna salvación de todos aquellos que no se hallan de modo alguno en la verdadera Iglesia de Cristo».
El Syllabus no solo actúa como una sentencia defensiva, sino que establece una distinción clara entre la caridad hacia las personas (a quienes se debe amar) y la tolerancia hacia el error (que debe ser rechazado). Al condenar estas proposiciones, el Magisterio de Pío IX recordó que la Iglesia no es una opción cultural o social, sino el medio necesario y único instituido por Dios para la redención del género humano.
¿Suficiente, querido Bruno? Parece mentira...
Por lo tanto, desde la perspectiva de Bruno, Francisco no podría ser papa o Nostra Aetate no era un documento católico... así que tiene que decidir a qué Iglesia pertenece...
No lees nada de lo que escribo. Lo único que haces es dar vueltas y más vueltas a unos extraños prejuicios tuyos, hablando contigo mismo. Desgraciadamente, no es la primera vez. No sé qué te pasa, pero no estás bien y el resultado es que luchas contra molinos creyendo que son gigantes.
Rezaré por ti, porque no se me ocurre qué más puedo hacer por ti, la verdad.
Un abrazo con tristeza.
"porque, según él, ningún papa ha dicho jamás (ni explícita ni implícitamente) que la gente pueda salvarse en otra religión... Ahora Francisco lo ha dicho, y está implícito en Nostra Aetate, etc."
¿Puede no decir tonterías y dejar de inventarse cosas, por favor?
Lo que he dicho, como puede entender fácilmente cualquiera que lea el artículo, es que quien se salva se salva en la Iglesia y por la gracia del bautismo. No hay otra posibilidad.
No sigo la pista a todas las cosas que dijo el Papa Francisco. Si dijo alguna barbaridad sobre este tema en concreto, peor para él. Y no por eso dejaría de ser Papa, como sabría usted a poco derecho canónico que hubiese estudiado.
Por otro lado, salvarse "en" otra religión no significa nada en concreto. Así que es imposible responder a sus confusos dislates.
"...el dogma es al misterio, como la aserción es a la realidad a la que tal aserción se refiere. Y así se dice que la Iglesia «declara el sentido de un dogma» más bien que «declara el sentido de un misterio», i.e., declara el sentido de una enunciación que expresa un misterio.
Un dogma no se identifica absolutamente con una fórmula dogmática, pues de un mismo dogma puede haber muchas fórmulas dogmáticas, de las cuales las posteriores son más explícitas que las primeras. Así el misterio de la Encarnación se expresó primero con esta fórmula: «El Verbo se hizo carne», y luego con esta otra: «El Verbo, consubstancial a Dios Padre, se hizo hombre».
De este modo hablamos con razón de «historia de los dogmas», pero no de «historia de los misterios». Pues la preparación de una fórmula dogmática contra los herejes, su promulgación y luego la promulgación de otras de fórmulas más explícitas del mismo dogma, son hechos históricos, mientras que, por el contrario, el misterio en sí no es un hecho histórico, v.gr., el misterio de la Santísima Trinidad".
www.academia.edu/145748343/Sobre_el_Syllabus_de_P%C3%ADo_IX_Reginald_Ma_Schultes_O_P_
Las descalificaciones ad hominen llegan cuando faltan los argumentos. Son falacias que no buscar la verdad, sino la destrucción y descalificación del prójimo. Dios te perdone.
"Las descalificaciones ad hominen llegan cuando faltan los argumentos"
Es que no estamos discutiendo de nada, Pedro. Discutes tú contigo mismo. En fin, Dios te bendiga abundantemente.
"Cristo, en el juicio universal, puede santificar a los del limbo como hizo con los del Seno de Abraham cuando resucitó"
Cierto, aunque también puede hacerlo en el momento de su muerte. O un año después. O un siglo. O en cualquier momento.
El teólogo y sacerdote Royo Marín en su libro "¿se salvan pocos o muchos?" Es de la idea de que si Dios vino a salvar, no puede fracasar en su intención, luego se salvan muchos.
Papa Inocencio III, Cuarto Concilio de Letrán, Constitución 1, 1215, ex cathedra: Y una sola es la Iglesia universal de los fieles, fuera de la cual absolutamente nadie se salva, y en ella el mismo sacerdote es sacrificio, Jesucristo.Queda pues demostrado, que no es un adagio sino magisterio ex-cathedra, infalible, imperecedero.
Papa Bonifacio VIII, Bula Unam sanctam, 18 de noviembre de 1302, ex cathedra: Por apremio de la fe, estamos obligados a creer y mantener que hay una sola y santa Iglesia católica y la misma Apostólica, y nosotros firmemente la creemos y simplemente la confesamos, y fuera de ella no hay salvación ni remisión de los pecados. (…) Ahora bien, someterse al Romano Pontífice, lo declaramos, lo decimos, definimos y pronunciamos como de toda necesidad de salvación para toda criatura humana.
Papa Clemente V, Concilio de Vienne, decreto # 30, 1311-1312, ex cathedra: Puesto que hay tanto para regulares y seglares, para superiores y súbditos, para exentos y no exentos, una Iglesia universal, fuera de la cual no hay salvación, puesto que para todos ellos hay un solo Señor, una fe, un bautismo.
Papa León X, Quinto Concilio de Letrán, Sesión 11, 19 de diciembre de 1516, ex cathedra: Así que regulares y seglares, prelados y súbditos, exentos y no exentos, pertenecen a una Iglesia universal, fuera de la cual absolutamente nadie es salvo, y todos ellos tienen un Señor, una fe.
Papa Pío IV, Concilio de Trento, “Iniunctum nobis”, 13 de noviembre de 1565, ex cathedra: Esta verdadera fe católica, fuera de la cual nadie puede salvarse, y que al presente espontáneamente profeso y verazmente mantengo…
Otro dogma de fe, que también viene al caso, es el establecido por los Concilios de Lyon y de Florencia, respecto de la necesidad del bautismo para ser salvo; transcribo la definición del Concilio de Florencia por ser más completa y explícita:
Papa Eugenio IV, Bula Laetentur Caeli, 6 de julio de 1439, ex-cathedra: Definimos además que las almas de los verdaderos penitentes, que mueren en el amor de Dios antes de haber satisfecho frutos dignos de penitencia por lo que han cometido u omitido, son purificadas después de la muerte por las penas del purgatorio, y que recibirán alivio de estas penas mediante los sufragios de los fieles vivos, como el sacrificio de la Misa, las oraciones, la limosna y otras prácticas piadosas que los fieles suelen ofrecer por los demás fieles, según las disposiciones de la Iglesia. En cuanto a las almas de quienes, después del bautismo, no han sido manchadas por ningún pecado, y también en cuanto a quienes, después de cometer pecado, han sido purificados, ya sea en esta vida o después de su muerte, de la manera descrita anteriormente, son inmediatamente recibidos en el cielo y ven claramente a Dios, uno y trino, tal como es, pero algunos con mayor perfección que otros, según la diversidad de sus méritos.La anterior definición nos dice la pena que acarrea la falta del bautismo. Otras definiciones respecto de la necesidad del mismo son:
En cambio, las almas de quienes mueren en estado de pecado mortal actual o sólo con pecado original, descienden inmediatamente al infierno para ser castigados con penas diferentes..
Papa Paulo III, Concilio de Trento, sesión 7, can. 5 sobre el sacramento del bautismo, ex cathedra: Si alguno dijere que el bautismo es libre, es decir, no necesario para la salvación (Juan 3, 5), sea anatema.No creo que sea necesario abundar más con respecto a la necesidad del sacramento. Ahora bien, este último es condición necesaria para ser salvo, pero no suficiente. No basta con estar bautizado, es necesario pertenecer a la Iglesia Católica (los dogmas que transcribí antes lo dejan más que claro). Y la pertenencia a la Iglesia Católica solo se logra a través del bautismo sacramental. Puedo conceder que alguien que explícitamente haya manifestado su deseo de pertener a la Iglesia Católica y la muerte lo sorprendió antes, que haya recibido un bautismo de deseo y que si bien aunque no de modo formal, en espíritu se haya incorporado a la Iglesia. También puedo conceder que alguien que haya muerto por defender la doctrina católica, sin haber recibido el bautismo sacramental, haya recibido un bautismo de sangre y que también se haya incorporado en espíritu a la Iglesia Católica. Pero no concedo en ninguna manera que aquellos herejes a los que ahora se los llama hermanos separados, por más bautizados que estén (una gran mayoría está bautizada en el nombre de Cristo solamente, no en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo), estén en camino de salvación, como muchos en la Iglesia de hoy sostienen, negando el magisterio ex-cathedra de la Bula Unam Sanctam (transcripta anteriormente, que pone como condición para la salvación la sujeción al papado) y del Concilio de Florencia. Y tampoco puede proclamarse que los que están en ignorancia invencible tengan la salvación asegurada, ni aún procediendo con buena conciencia. Me explayaré sobre esos puntos, en un nuevo comentario.
Creo encontrar la siguiente contradicción: El Concilio de Florencia declara que no hay salvación fuera de la Iglesia católica. Los cismáticos, por tanto, no serían salvos. Sin embargo, los católicos aceptamos como válido el bautismo de la iglesia ortodoxa por aquello de la sucesión apostólica. Si es el bautismo es el que abre la puerta de la salvación, y tiene como efecto la entrada en la Iglesia, ¿cómo es posible esta contradicción?
Ya sé que ser católico es la que da la perfecta comunión con la Iglesia. Pero por otro lado es contradictorio decir que el bautismo ortodoxo es válido, pero que no salva.
Estamos discutiendo desde el principio sobre un asunto que no es baladí: "fuera de la iglesia no ha salvación" no es un adagio, un proverbio o una frase piadosa. Es un dogma de fe. Y usted se empeña en darle vueltas para negar que lo es.
Pero lo que es, es.
Y tú no eres nadie para diagnosticar si estoy bien o dejo de estarlo, entre otras cosas porque ni siquiera me conoce. Eso es de una bajeza moral y de una ruindad deleznables.
"Pero por otro lado es contradictorio decir que el bautismo ortodoxo es válido, pero que no salva"
No hay ninguna contradicción. El bautismo católico es válido. ¿Verdad? Pues a veces no salva: en los que se condenan.
El bautismo no asegura la salvación. La hace posible, pero no la asegura. Los pecados mortales impiden salvarse. Y el pecado de cisma (dadas las circunstancias habituales de pleno conocimiento, etc.) es un pecado mortal.
De todas formas, eso no significa que un ortodoxo tenga que condenarse... si para su pecado objetivo de cisma no se dan esas circunstancias habituales de pleno conocimiento y consentimiento deliberado (puesto que el de materia grave sí que se da). Un ruso de siberia que nunca ha conocido más Iglesia que su comunidad ortodoxa y ha vivido santamente no ha cometido pecado personal con el hecho de ser ortodoxo. Más aún, ha hecho algo meritorio siendo fiel a las enseñanzas (verdaderas) que le han enseñado en ella y recibiendo los sacramentos (válidos) que le han impartido en ella, etc. ¿Puede salvarse? No hay ninguna duda de que Dios puede salvarle. ¿Se salva de hecho? A mi entender, sí, claro. Como dice el Catecismo de San Pío X que he citado más arriba, estaría unido al alma de la Iglesia.
"Estamos discutiendo desde el principio sobre un asunto que no es baladí: "fuera de la iglesia no ha salvación" no es un adagio, un proverbio o una frase piadosa. Es un dogma de fe. Y usted se empeña en darle vueltas para negar que lo es"
¿Ves como no lees nada de lo que escribo? He escrito un artículo entero afirmando que el hecho de que fuera de la Iglesia no hay salvación no solo es dogma, sino que es prácticamente el núcleo de nuestra fe católica. No se puede decir más claramente. Y no puede haber discusión porque de lo que intentas convencerme es exactamente lo que creo yo y lo que he dicho con absoluta claridad en el artículo.
Decir que lo he negado es o bien confesar que uno no se ha leído el artículo o bien confesar que no ha entendido nada del artículo o bien confesar que a uno le da igual lo que diga el artículo. Ninguna de las posibilidades es buena.
A tenor de tu ataque (claramente injustificado y absurdo visto esto que te acabo de señalar y que está dicho por activa y por pasiva en el artículo), lo que te precisado es que:
a) Que algo sea un adagio (una sentencia breve) no impide que la realidad a la que se refiere sea un dogma de fe. Como sucede en este caso. No son cosas contradictorias y yo he afirmado con toda claridad ambas en mi artículo. Podrías acusarme de opinión si solo hablara de adagio y le quitara importancia, pero no es así en absoluto. Lo cierto es lo contario.
b) La formulación "extra ecclesiam nulla salus" no se da literalmente en ninguno de esos dogmas definidos que has mencionado. Eso quiere decir que estrictamente hablando no es un dogma. Por supuesto, como he señalado no sé cuántas veces, todos sabemos que la realidad a la que se refiere es un dogma y un dogma fundamental y por eso se puede hablar, en sentido amplio y para resumir, de que es un dogma, pero, estrictamente hablando esa formulación en concreto no lo es. Es algo evidente. La Iglesia define lo que define y no otra cosa.
Estrictamente hablando, el dogma es que "una sola es la Iglesia universal de los fieles, fuera de la cual absolutamente nadie se salva", como dice el IV de Letrán, o cualquier otra de las formulaciones dogmáticas definidas por el magisterio en el mismo sentido. El adagio extra ecclesiam, etc. se refiere a ese dogma, pero no es ese dogma, sino una paráfrasis del mismo. Esto no tiene nada de raro ni de cuestionable.
"Y tú no eres nadie para diagnosticar si estoy bien o dejo de estarlo, entre otras cosas porque ni siquiera me conoce. Eso es de una bajeza moral y de una ruindad deleznables."
No tengo que tener ninguna autoridad, porque no es un diagnóstico médico. Es lo que deduzco de tus ataques completamente inmerecidos, contrarios a lo evidente que tienes ahí delante y con una gran ferocidad. Como te aprecio y no quiero creer que es algo malicioso, prefiero deducir que no estás bien, que no eres tú mismo cuando haces y dices esas cosas. Lejos de ser algo deleznable es un ejercicio de caridad.
Papa Pío IX, Concilio Vaticano I, Constitución Dogmática «Filius-Dei», Tercera Sesión, 24 de abril de 1870: así pues, la doctrina de la fe que Dios ha revelado es propuesta no como un descubrimiento filosófico que puede ser perfeccionado por la inteligencia humana, sino como un depósito divino confiado a la esposa de Cristo para ser fielmente protegido e infaliblemente promulgado. De ahí que también hay que mantener siempre el sentido de los dogmas sagrados que una vez declaró la Santa Madre Iglesia, y no se debe nunca abandonar bajo el pretexto o en nombre de un entendimiento más profundo. «Que el entendimiento, el conocimiento y la sabiduría crezcan con el correr de las épocas y los siglos, y que florezcan grandes y vigorosos, en cada uno y en todos, en cada individuo y en toda la Iglesia: pero esto sólo de manera apropiada, esto es, en la misma doctrina, el mismo sentido y el mismo entendimiento»De este modo, las definiciones de Florencia respecto de quienes están fuera de la Iglesia y su destino, debe ser interpretada hoy en el sentido que les dió Florencia cuando las estableció.
Concilio de Florencia, Bula “Cantate Domino”, 1441, ex cathedra: [La Iglesia] Firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia católica, no sólo los paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está aparejado para el diablo y sus ángeles (Mt. 25, 41), a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los sacramentos y producen premios eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana. Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia católica.Los Concilios IV y V de Letrán, el de Vienne, el de Trento, la Bula Unam Sanctam, nos dicen que fuera de la Iglesia no hay salvación y el de Florencia nos dice quienes están fuera. Así los paganos, judíos, cismáticos y herejes no pertenecen a la Iglesia Católica. Y eso es magisterio ex-cathedra, infalible, que requiere asentimiento de fe, sí o sí. Aclaro que cuando Florencia realizó esa declaración, ya existía el concepto de ignorancia invencible (lo trató Santo Tomás de Aquino entre otros), y la Iglesia sabía que había grandes extensiones no evangelizadas (el África subsahariana [la Terra Incognita], China, Japón), y sin embargo no hizo excepciones para los que se encontraban (inculpablemente, porque ni un misioner había puesto el pie allí) en esas tierras sin el conocimiento explícito de Cristo y de su Iglesia. Hoy, esa definición dogmática, ex-cathedra, ha sido vaciada de contenido, y tanto los paganos como los judíos, cismáticos y herejes pueden salvarse aunque estén fuera de la Iglesia. ¿Cómo se produjo ese milagro? A través de la teología de Karl Rahner (el "cristiano anónimo") y de la deformación del concepto de ignorancia invencible más el agregado del concepto del bautismo implícito (ya ni falta hace el bautismo de deseo ni menos el de sangre, la buena conciencia basta). Por supuesto que si en 1441 los paganos, judíos, herejes y cismáticos se condenaban y hoy se pueden salvar sin dejar la condición de tales, el sentido del dogma ha mutado, ha cambiado, ha "evolucionado", cuando la declaración dogmática del Concilio Vaticano I condena toda evolución y solo permite el desarrollo en el mismo sentido.
que dice el Catecismo en sus art. 846-847 y lo que se interpreta hoy de ellos.
"Fuera de la Iglesia no hay salvación"Acá hay una omisión muy grande. Es cierto que los Padres de la Iglesia acuñaron la frase "Fuera de la Iglesia..." pero el art. del Catecismo no puede ignorar que eso es dogma de fe. Porque una cosa es que sea una formulación de los Padres de la Iglesia (y por lo tanto falible, discutible) y otra cosa muy distinta que sea dogma de fe, porque ello implica que el dogma debe ser siempre entendido en el mismo sentido en que fue originalmente formulado, conforme lo estableció el CVI. Veamos ahora lo que dice el art. siguiente:
846 ¿Cómo entender esta afirmación tantas veces repetida por los Padres de la Iglesia? Formulada de modo positivo significa que toda salvación viene de Cristo-Cabeza por la Iglesia que es su Cuerpo:
El santo Sínodo [...] «basado en la sagrada Escritura y en la Tradición, enseña que esta Iglesia peregrina es necesaria para la salvación. Cristo, en efecto, es el único Mediador y camino de salvación que se nos hace presente en su Cuerpo, en la Iglesia. Él, al inculcar con palabras, bien explícitas, la necesidad de la fe y del bautismo, confirmó al mismo tiempo la necesidad de la Iglesia, en la que entran los hombres por el Bautismo como por una puerta. Por eso, no podrían salvarse los que sabiendo que Dios fundó, por medio de Jesucristo, la Iglesia católica como necesaria para la salvación, sin embargo, no hubiesen querido entrar o perseverar en ella» (LG 14).
847 Esta afirmación no se refiere a los que, sin culpa suya, no conocen a Cristo y a su Iglesia:Como se ve, no hay cita de la Tradición, solo tiene como antecedente LG. No hay magisterio extraordinario que sostenga esto, cuando abunda el magisterio ex-cathedra respecto de la pertenencia explícita a la Iglesia para ser salvado. Pero lo peor, es como está siendo interpretado y llevado a la práctica esté artículo. Continúo y desarrollo el argumento en un nuevo comentario posterior.
«Los que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna (LG 16; cf DS 3866-3872).
"El teólogo y sacerdote Royo Marín en su libro "¿se salvan pocos o muchos?" Es de la idea de que si Dios vino a salvar, no puede fracasar en su intención, luego se salvan muchos"
Con todo el respeto al P. Royo Marín, esa argumentación siempre me ha parecido carente de la más mínima fuerza. Basta hacer la reducción al absurdo y se ve. Si alguien quiere que todos se salven, es igualmente fracaso que no se salven muchos o que no se salve uno solo. Porque ambas cosas son, en el mismo sentido, contradictorias con el "todos" de la premisa. Por lo tanto, en el sentido en que el P. Royo dice que Dios no puede fracasar lo cierto es que ya ha fracasado. Su afirmación dice, a la vez, que Dios no puede fracasar y que ha fracasado. Es absurda.
Lo cierto es que Dios no "fracasa" cuando alguien se pierde, ya que su voluntad salvífica no es absoluta, sino condicionada a la voluntad humana porque Él así lo ha querido. Y por lo tanto puede estar condicionada igualmente a la voluntad humana de pocos que a la de muchos.
Se pueden dar otros argumentos, pero ese no tiene fuerza.
"Creo que está idea también es del P. Royo Marín"
Hasta donde puedo ver, es muy anterior a él.
"En general, no se puede estar en contra de lo que escribió Bruno; sí se pueden hacer reparos por algunas omisiones. Por lo pronto Fuera de la Iglesia no hay salvación no es un adagio (el mismo error comete el art. 846 del Catecismo) sino un dogma de fe, una definición ex-cathedra. Y con todas las letras"
Lee por favor lo que le he dicho a Pedro Luis Llera, para no tener que escribirlo otra vez. Algo puede ser a la vez un adagio y referirse a un dogma de fe, como sucede con el extra ecclesiam, etc. Yo he indicado con absoluta claridad ambas cosas en el artículo. De verdad, no creo que se pueda decir más claramente.
"Como se ve, no hay cita de la Tradición, solo tiene como antecedente LG"
Hasta donde puedo ver, eso no es cierto. He citado, por ejemplo, al catecismo de San Pío X: "Quién sin culpa, es decir, de buena fe, se hallase fuera de la Iglesia y hubiese recibido el bautismo o, a lo menos, tuviese el deseo implícito de recibirlo y buscase, además, sinceramente la verdad y cumpliese la voluntad de Dios lo mejor que pudiese, este tal, aunque separado del cuerpo de la Iglesia, estaría unido al alma de ella y, por consiguiente, en camino de salvación"
Por supuesto, no dice exactamente lo mismo, pero se refiere a grandes rasgos a la misma posibilidad. Supongo que se podría discutir sobre el alcance de "deseo implícito".
"No hay magisterio extraordinario que sostenga esto, cuando abunda el magisterio ex-cathedra respecto de la pertenencia explícita a la Iglesia para ser salvado"
Dices después que no hay base en el magisterio extraordinario, pero no tiene por qué haberla. No toda la doctrina de la Iglesia es magisterio extraordinario. Es más, lo que sí es magisterio extraordinario no lo era hasta que fue formulado como tal. Y hay muchas cuestiones de las que no cabe pronunciamiento del magisterio extraordinario. Como señalo en el artículo, en este tema casi todo es "opinión común entre los teólogos", como se decía antiguamente, es decir, hipótesis teológica, pero no enseñanza de fide (excepto, como señalaba, la posibilidad de hecho de que Dios dé la gracia del bautismo sin necesidad del sacramento, que a mí me parece que sí es de fide).
Fuera de cumplir los Mandamientos de la Ley de Dios: no hay salvación.
Fuera de cumplir el Mandamiento Nuevo que Jesucristo nos dio: no hay salvación.
Dentro de todo ello se encuentra la Verdadera Paz Interior de cada persona que es lo que podemos dar y dejar a los demás.
Paz. Amén.
🙏🙏🙏
Una de sus respuestas a un comentarista me plantea una duda.
Dice Vd. que un ruso de Siberia que no ha conocido otra religión que la ortodoxa podría salvarse.
¿Y entonces qué ocurre con los clérigos y religiosos ortodoxos, que en principio no tienen la ignorancia insalvable?
Naturalmente,como Vd ya ha explicado, es Dios Quién en última instancia y por nuestros actos juzga a los salvos y a los condenados. Pero me gustaría saber cuál es el dictamen de la Iglesia sobre esos religiosos ortodoxos y por tanto cismáticos.
Muchas gracias.
"¿Y entonces qué ocurre con los clérigos y religiosos ortodoxos, que en principio no tienen la ignorancia insalvable?"
La ignorancia es algo interior, porque no solo es ignorancia sobre que existe la Iglesia Católica, por ejemplo (que es algo más evidente), sino también puede ser ignorancia de que la Iglesia Católica es la verdadera. En ese sentido no sabemos si esos clérigos y religiosos tienen ignorancia insalvable o no. Lo sabe Dios y, quizá (solo quizá), ellos, pero nosotros no.
Lejos de suponerse que no tienen ignorancia insalvable, puestos a suponer yo creo que lo normal sería suponer que sí la tienen, porque si son ortodoxos se supone que es porque creen que la Ortodoxia es la Iglesia del credo y no saben que la verdadera Iglesia es la Católica. Puede haber algunos que sepan que la Iglesia Católica es la verdadera y aún así, por cuestiones de conveniencia o por lo que sea, no se hagan católicos y esos obviamente no pueden alegar ignorancia invencible, pero no parece probable que sean muchos.
De todas maneras, solo son suposiciones sin datos y cada uno puede hacer las suyas propias. Lo cierto es que no sabemos. Igual que no sabemos si son muchos los que se salvan o cuántos en concreto. Y muchísimas otras cosas que no necesitamos saber y por eso no ha querido Dios que las sepamos. Concentrémonos en entrar por la puerta estrecha, que eso sí sabemos que tenemos que hacerlo, y dejemos que Dios se preocupe de cuántos y quiénes son los que entran por ella.
Pío IX enseñaba: «Por la fe debe sostenerse que fuera de la Iglesia Apostólica Romana nadie puede salvarse; que esta es la única arca de salvación; que quien en ella no hubiere entrado, perecerá en el diluvio. Sin embargo, también hay que tener por cierto que quienes sufren ignorancia de la verdadera religión, si la misma es invencible, no son por ello, ante los ojos del Señor, reos de culpa alguna» (Dz 1647).
Y el mismo Pontífice escribió en su Encíclica Quanto conficiamur moerere: «Notorio es a Nos y a vosotros que aquellos que sufren ignorancia invencible acerca de nuestra santísima religión, que cuidadosamente guardan la ley natural y sus preceptos, esculpidos por Dios en los corazones de todos, y están dispuestos a obedecer a Dios y llevan vida honesta y recta, pueden conseguir la vida eterna, por la operación de la virtud de la luz divina y de la gracia; pues Dios, que manifiestamente ve, escudriña y sabe la mente, ánimo, pensamientos y costumbres de todos, no consiente en modo alguno, según su suma bondad y clemencia, que nadie sea castigado con eternos suplicios, si no es reo de culpa voluntaria. Pero bien conocido es también el dogma católico, a saber, que nadie puede salvarse fuera de la Iglesia Católica, y que los contumaces contra la autoridad y definiciones de la misma Iglesia, y los pertinazmente divididos de la unidad de la misma Iglesia y del Romano Pontífice, sucesor de Pedro, a quien fue encomendada por el Salvador la guarda de la viña, no pueden alcanzar la eterna salvación. Lejos, sin embargo, de los hijos de la Iglesia Católica ser jamás en modo alguno enemigos de los que no nos están unidos por los vínculos de la misma fe y caridad; al contrario, si aquellos son pobres o están enfermos o afligidos por cualesquiera otras miserias, esfuércense más bien en cumplir con ellos todos los deberes de la caridad cristiana y en ayudarlos siempre y, ante todo, pongan empeño por sacarlos de las tinieblas del error en que míseramente yacen y reducirlos a la verdad católica y a la madre amantísima, la Iglesia, que no cesa nunca de tenderles sus manos maternas y llamarlos nuevamente a su seno, a fin de que, fundados y firmes en la fe, esperanza y caridad, y fructificando en toda obra buena, consigan la eterna salvación» (Dz 1677-1678).
También Pío XII, en Mystici Corporis, dice algo similar (aunque resaltando que eso no debe quitarle urgencia a la conversión al catolicismo):
"También a aquellos que no pertenecen al organismo visible de la Iglesia católica […] se esfuercen por salir de ese estado, en el que no pueden estar seguros de su propia salvación eterna; pues, aunque por cierto inconsciente deseo y aspiración están ordenados al Cuerpo místico del Redentor, carecen, sin embargo, de tantos y tan grandes dones y socorros celestiales, como solo en la Iglesia católica es posible gozar"
Se ve que a los Píos, desde el noveno, les gustó especialmente este tema.
1) Si quieres sostener que el dogma de fe, al magisterio ex-cathedra que transcribí, también fue adagio, no tengo problemas, en tanto se reconozca que "Fuera de la Iglesia no hay salvación" es una declaración que requiere asentimiento de fe. Cuando comenté el art. 846 del Catecismo, dije, que efectivamente los Padres de la Iglesia habían acuñado ese "adagio", pero que el magisterio de la Iglesia lo elevó a la categoría de definición dogmática. Si nos quedamos solo con "adagio", pues entonces puede ser discutido; en cuanto adquirió la condición de definición ex-cathedra, lo único que queda es asentir y siempre interpretarlo en el sentido que le dieron los Concilios cuando lo formularon.
2) Nuevamente, me estás citando doctrina moderna (no en el sentido que se da al modernismo hoy), me estás citando a Pío X. El tema es que antes de Pío IX no vas a encontrar nada referente la salvación a través de la ignorancia invencible; la cosa es reciente.
A este respecto Pío IX en su alocución a los cardenales (Singulari Quadam, 9 de diciembre de 1854, aclaro que es una alocución, no es magisterio ex-cathedra, es una declaración falible), expresó lo siguiente:
… quienes sufren ignorancia de la verdadera religión, si aquélla es invencible, no son ante los ojos del Señor reos por ello de culpa algunaAhora bien, no son culpables del pecado de incredulidad, pero nada más. Esto no implica que se van a salvar o se puedan salvar.
Y Pío IX habló nuevamente de la ignorancia invencible siete años después en su encíclica Quanto conficiamur moerore del 10 de agosto de 1863. Aclaro que la encíclica no reúne los requisitos de la infalibilidad, puesto que está dirigida sólo a los obispos de Italia:
Y aquí, queridos hijos y venerables hermanos, es menester recordar y reprender nuevamente el gravísimo error en que míseramente se hallan algunos católicos, al opinar que hombres que viven en el error y ajenos a la verdadera fe y a la unidad católica pueden llegar a la eterna salvación. Lo que ciertamente se opone en sumo grado a la doctrina católica. Notoria cosa es a Nos y a vosotros que aquellos que sufren ignorancia invencible acerca de nuestra santísima religión, QUE CUIDADOSAMENTE GUARDAN LA LEY NATURAL Y SUS PRECEPTOS, ESCULPIDOS POR DIOS EN LOS CORAZONES DE TODOS Y ESTÁN DISPUESTOS A OBEDECER A DIOS Y LLEVAN VIDA HONESTA Y RECTA, pueden conseguir la vida eterna, POR LA OPERACIÓN DE LA VIRTUD DE LA LUZ DIVINA Y DE LA GRACIA, pues Dios (…) no consiente en modo alguno, según su suma bondad y clemencia, que nadie sea castigado con eternos suplicios, si no es reo de culpa voluntaria.Aparentemente excluye la necesidad de bautismo y pertenencia a la Iglesia para la salvación de aquellos que se encuentran en la ignorancia invencible PERO habla de la OPERACIÓN DE LA LUZ DIVINA Y DE LA GRACIA. O sea, si el ignorante recibe la luz divina y la gracia, deja de estar en la ignorancia, y se salva por el conocimiento transmitido por Dios (que lo llevará al bautismo y a la Iglesia).
Pero antes de estas declaraciones de Pío IX, nada respecto de que la ignorancia invencible pueda ser causa de salvación. Modernamente, los ignorantes invencibles se salvarían pese a no estar bautizados y no estar dentro de la Iglesia Católica, contrariamente a los dogmas establecidos y que para no quebrantarlos, se inventaron los conceptos del bautismo implícito y de la pertenencia implícita, aunque nada de esto último está definido ex-cathedra. O sea que la Iglesia durante 1800 años no dijo nada respecto de que se podían salvar los que estaban en ignorancia invencible, pero sí había dicho lo contrario. Voy a volver sobre este tema en otro comentario.
Papa Inocencio III, Cuarto Concilio de Letrán, constitución 1, 1215, ex cathedra: “Y una sola es la Iglesia universal de los fieles, fuera de la cual absolutamente nadie se salva, y en ella el mismo sacerdote es sacrificio, Jesucristo¿Qué quiere decir absolutamente nadie? Por ello, como no pueden ir contra el dogma estiraron el concepto de pertenencia, inventando los conceptos de bautismo implícito y pertenencia implícita. Pero esta pertenencia NO ESTÁ DEFINIDA EX-CATHEDRA, en tanto que la pertenencia explícita sí lo está. Tengo más para decir sobre esto.
Tradicionalmente (Santo Tomás de Aquino), la ignorancia invencible se aplicaba a quien físicamente no podía conocer el Evangelio (ej. un habitante de una isla remota en el siglo XV, alguien que se crió entre los lobos); hoy se ha pasado de una ignorancia fáctica (no haber oído hablar de Cristo) a una ignorancia psicológica o existencial. Se argumenta que, aunque alguien haya oído el nombre de Cristo, si su cultura, su familia o sus prejuicios le impiden "comprenderlo" de verdad, sigue estando en "ignorancia invencible". Esto una aberración teológica. Si alguien conoce la existencia de la Iglesia y la rechaza, hay una responsabilidad moral. La "normalización" del 847 asume que casi nadie es culpable de su propia incredulidad, lo cual contradice la visión tradicional de la libertad humana y la resistencia a la gracia. Bajo la lógica estricta de la ignorancia invencible, quienes conviven con el cristianismo (cismáticos, herejes, judíos; a los musulmanes Mons. Schneider los incluye entre los paganos) no pueden hoy alegar desconocimiento de Cristo y la Iglesia. Sin embargo, la teología actual (influenciada por el espíritu de Rahner) opera bajo dos premisas que "puentean" el Art. 847:
1) Valoración de las religiones como tales: Se ha pasado de decir que los individuos se salvan a pesar de su religión no cristiana, a sugerir (como hacen algunos teólogos pluralistas) que se salvan a través de los elementos de verdad de su propia religión.
2) Se presupone que cualquier persona que sigue honestamente su conciencia está, en realidad, siguiendo al Logos (Cristo), aunque lo llame de otra forma o lo rechace formalmente (el "cristiano anónimo").
De esta forma hacen un "paquetito" en donde la salvación "sigue siendo a través de la Iglesia" aunque se esté fuera de ella. Se ha producido un giro donde el anuncio del Evangelio ya no se presenta como la oferta de la vida eterna frente a la condenación, sino como la oferta de una "plenitud" de algo que el otro ya posee en germen. Y acá viene el absurdo; si la ignorancia es el camino más seguro hacia la salvación (porque el que no conoce no tiene responsabilidad), entonces el mayor enemigo de la salvación de los que no conocen a Cristo es el misionero, porque al predicarles el Evangelio, les quita la "protección" de su ignorancia y los obliga a decidir, con el riesgo de condenarse si rechazan el mensaje. Si nadie es culpable de su propia incredulidad, entonces queda en letra muerta "el que crea y sea bautizado será salvo, y el QUE NO será condenado". Pero en la interpretación "normalizada" del art. 847 se presupone que si alguien no cree, es porque la Iglesia no lo ha explicado bien, porque tiene traumas culturales o porque su psicología no se lo permite. El "que no crea" del Evangelio se queda sin sujetos, se queda vacío. Si nadie es culpable de no creer, nadie puede ser condenado por ello. El juicio de Dios pasa a ser un trámite de confirmación de la "buena intención" universal.
Por eso ahora se predica que no es necesario que el protestante se convierta al catolicismo para salvarse, que cuanto mucho, puede pasar un mayor tiempo en el Purgatorio, pero que igual entrará al cielo. Y un protestante no está en ignorancia invencible, es un incrédulo, lo que es diferente, y cae en lo decretado por el Concilio de Florencia. Y lo mismo corre para los ortodoxos (cismáticos), los judíos y los musulmanes: conocen a Cristo y a su Iglesia; si no entran en ella por las razones que sean (en definitiva, porque han cerrado sus ojos a la verdad o se han negado a buscarla), pues no se salvarán (por supuesto, Dios hace lo que quiere y salva a quien quiere, pero la Iglesia no puede proclamar, ni teorizar, ni afirmar cosas que sólo las sabe Dios).
En conclusión, no se puede alegar que hay ignorancia invencible e inculpable en los cismáticos, herejes, judíos y musulmanes. Saben de Cristo y de su Iglesia; tienen también los medios para buscar la verdad (todos tenemos la obligación moral de buscar la verdad y una vez encontrada, ceñirnos a ella). Si están en la ignorancia, pues ésta es culpable o afectada, pero nunca invencible, y por ende, si antes de su muerte no se agregan a la Iglesia Católica, pues el Concilio de Florencia ya nos dijo sus destinos.
Queda pues por tratar el caso de aquellos que verdaderamente están en ignorancia invencibe e inculpable, que no conocen de Cristo y su Iglesia y que no tienen medios de hacerlo. Trataré este punto en mi próximo y último comentario.
Pues dé el texto magisterial que conste ser una declaración definitiva, en su lengua original, en el que se muestre a las claras que la doctrina expresada por Pío IX y por Lumen gentium es errónea o que sea contradictorio respecto de la misma, y muestre cómo la excluye.
Yo había escuchado algo de que, el que muere sin estar bautizado pero con noble intención, amor al prójimo etc etc podía evitar la pena de sentido pero no se libraban de la pena de daño....
Creo que las cuitas que tenéis los blogueros debéis resolverlas off the record. No ayuda a los lectores, deja mal sabor de boca y puede generar confusión. Tenéis mucha autoridad entre nosotros.
Y si bien parece que el sr Llera esta vez no acabó de leer tu entrada, tal vez con más mano izquierda se podía haber evitado la discusión. Correcta en líneas generales pero innecesaria. Un tesoro en vasijas de barro desde luego
Que el Señor os bendiga a los dos por el servicio impagable que hacéis
La hipótesis del Limbo se abandonó porque a la luz del Magisterio citado, ya no es necesaria para intuir la suerte, en el más allá, de los no bautizados.
Así pues, a la afirmación de que “en el Cielo sólo hay católicos”, la Iglesia ya nos ha dado su respuesta.
1) La pertenencia a la Iglesia Católica.
2) El bautismo.
Podría haberlos citado en el orden inverso, pero elegí ese modo de presentar esas condiciones (necesarias pero no suficientes) por la sencilla razón que la pertenencia a la Iglesia Católica se hace a través del bautismo sacramental (por simplicidad, dejo de lado el caso de aquellos que habiendo recibido un bautismo válido en otras congregaciones, decidieron convertirse a la fe católica). Sin bautismo sacramental (o Rito de Incorporación para los conversos), no hay pues pertenencia a la Iglesia Católica y por ende no se puede acceder a ninguno de los demás sacramentos. Y hago especial énfasis en el sacramento de la Eucaristía.
En verdad, en verdad, os digo, si no coméis la carne del Hijo del Hombre y bebéis la sangre del mismo, no tenéis vida en vosotros. El que de Mí come la carne y de Mí bebe la sangre, tiene vida eterna y Yo le resucitaré en el último día.De este modo, se puede estar bautizado, pertenecer formalmente a la Iglesia Católica, pero si no comulgamos, no tendremos vida en nosotros.
Y ahora viene el punto: el que está en ignorancia invencible e inculpable, que no conoce a Cristo y su Iglesia, pero que sigue la voz de su conciencia cumpliendo con la ley natural impresa en el corazón de todos los hombres, se puede salvar sin bautismo, sin pertenencia a la Iglesia y sin Eucaristía. ¿Se puede salvar? Eso es lo que dice la Iglesia hoy. Pero esa afirmación no está respaldada por magisterio ex-cathedra, solo magisterio ordinario, falible. ¿Cómo es que se salvan si hay dogmas de fe que establecen la necesidad del bautismo, de la pertenencia a la Iglesia y el Señor en persona nos habla de la necesidad de la Eucaristía? Pues a través del poder del bautismo implícito y de la pertenencia implícita a la Iglesia. De este modo si confluyen:
1) la ignorancia invencible: que la persona no sea culpable de no conocer a Cristo.
2) la búsqueda de la Verdad: que la persona busque sinceramente a Dios y trate de conocer Su voluntad.
3) la vida recta: que la persona se esfuerce por cumplir bajo el influjo de la gracia la ley natural (la "voz de la conciencia").
entonces se asume que, si esa persona hubiera conocido la necesidad del bautismo para su salvación, lo habría deseado y solicitado formalmente. Por lo tanto, el deseo está "implicado" en su rectitud de vida. Por supuesto, como dije antes, nada de esto es magisterio extraordinario. El tema pasa en que la rectitud de la vida no necesariamente debe concluir en que alguien de haberlo sabido, hubiera deseado y solicitado formalmente el bautismo. Hay muchos protestantes, muchos ateos, que aunque no están en ignorancia invencible, buscan la verdad y llevan una vida recta. Y si conociendo, no concluyen en la necesidad de pertenecer a la Iglesia Católica, menos aún se puede afirmar que vaya a sentir dicha necesidad quien está en la ignorancia. Eso es una especulación de la Iglesia, con la que se ha pegado un tiro en pie, y hace innecesaria (y hasta cruel) la predicación del Evangelio y su propia existencia (la de la Iglesia). Si un budista que nunca ha oído hablar de Cristo es un "cristiano anónimo", la palabra "cristiano" deja de significar "seguidor de Cristo" para significar "persona que vive según su conciencia". Para no quebrantar el dogma de "fuera de la Iglesia no hay salvación" se redefine "Iglesia" de modo que incluya a toda la humanidad de buena voluntad; de esta manera el dogma técnicamente se mantiene en pie, pero su sentido original desaparece, queda vacío de contenido.
¿Creía San Francisco de Sales que los que estaban en ignorancia invencible podían ser salvos? Pues pareciera que no:
San Francisco De Sales, La Controversia Católica (1672): Quién puede desmerecer la gloria de tantos religiosos de todas las órdenes, y de tantos sacerdotes seglares, quienes, saliendo de su país, se han expuesto a la merced del viento y la marea, para llegar a las naciones del Nuevo Mundo, a fin de conducirlas a la verdadera fe, y para iluminarlas con la luz del Evangelio (…) entre los caníbales, canarios (…) brasileños, malayos, japoneses, y de otras naciones extranjeras, y se hicieron prisioneros allá, desterrándose de su propia tierra natal para que esta pobre gente no sea desterrada del paraíso celestialY el Papa León XIII, ¿qué pensaba del tema? Pues lo siguiente:
Papa León XIII, Quarto abeunte saeculo, # 1, 1902: Por obra suya [de Cristóbal Colón] emergió de la inexplorada profundidad del océano un nuevo mundo: cientos de miles de mortales fueron rescatados del olvido y de las tinieblas a la comunidad del género humano, fueron llevados de un culto salvaje a la mansedumbre y a la humanidad, y lo que es muchísimo más, fueron llamados nuevamente de la muerte a la vida eterna por la participación de los bienes que nos trajo JesucristoPara finalizar, hoy la Iglesia ha dejado en el olvido la diferencia entre la pena de daño (privación de la Visión Beatífica) y la pena de sentido (sufrimiento físico/espiritual). Tenemos ahora un sistema binario: o salvación plena o condenación plena. Se perdió la noción de una "felicidad natural" (como la del Limbo de los niños o el de los justos). Y sin embargo, esta es la postura coherente con todos los dogmas: quien muere con pecado original (por carecer de bautismo, bautismo explícito, incluso de deseo, pero explícito) no puede ver a Dios (peña de daño); quien muere sin pecado mortal actual no puede ser condenado a los tormentos del infierno (pena de sentido). Podría extenderme en que también para salvarse, hace falta la fe, sin la cual es imposible agradar a Dios (y la fe es el asentimiento de la razón a las verdades reveladas por Dios) y de creer que Él existe y es remunerador (Hb 11:6), condiciones harto difíciles de dar cumplimiento para los que se encuentran en ignorancia invencible (de hecho, la ignorancia es incompatible con el asentimiento a las verdades reveladas por Dios). Desde la ignorancia invencible se puede conocer la existencia de Dios, pero no creer en Él porque Él lo reveló y las verdades por Él reveladas. Si alguien, por la gracia de Dios llega a este conocimiento, entonces se salvará pero no por estar en la ignorancia, sino por haber sido enseñado.
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¿Y eso quien lo dice? El dogma se fe se debe interpretar conforme lo establece el dogma de fe del Concilio Vaticano I, en su constitución dogmático "Dei Filius". Lo que tú dices, solo tiene valor para ti.
La hipótesis del Limbo se abandonó porque a la luz del Magisterio citado, ya no es necesaria para intuir la suerte, en el más allá, de los no bautizados. Así pues, a la afirmación de que “en el Cielo sólo hay católicos”, la Iglesia ya nos ha dado su respuesta.
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Pues sí, en cielo solo hay católicos y si tú no crees eso, pues no estarás en el cielo. Así de sencillo. Y el resto de lo que afirmaste, pues va en contra del magisterio ex-cathedra, que por si no lo sabes, exige asentimiento de fe. La suerte de los no bautizados fue establecida por el Concilio de Florencia: los que mueren solo con el pecado original, descienden al infierno, aunque con penas diferentes de los que mueren con pecado mortal actual. No pretendo convencerte, solo me interesa que lo sepas; que lo creas o no me tiene sin cuidado, eres libre de aceptar o rechazar la verdad.
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Ah, bueno! Después de todo lo que escribí, evidentemente no hay más ciego que el que no quiere ver. "Dei Filius" establece que los dogmas deben entenderse siempre en el sentido en que fueron redactados por los concilios (lee el dogma otra vez y despacio, así lo entiendes mejor, en mi comentario anterior) y que el significado no puede variar so pretexto de una mayor comprensión.
Y cuando Florencia, estableció que era necesario "agregarse" a la Iglesia Católica para ser salvo, esa agregación era a través del bautismo sacramental y/o explícito. En 1441 la pertenencia a la Iglesia solo se producía de manera explícita (en ese entonces, no existía el concepto de pertenencia implícita). Y eso no puede evolucionar, esa definición debe entenderse siempre en el sentido en que fue formulada. Eso es lo que dice el dogma del CVI. De este modo, en los tiempos de Florencia, para entrar a la Iglesia se requería (y sigue siendo válido hoy, porque es dogma de fe):
1) Bautismo sacramental,
2) O bautismo de deseo explícito (una persona manifesto explícitamente su deseo de bautizarse pero la muerte lo sorprendió antes),
3) O bautismo de sangre por defender la fe católica. No basta con que alguien dé su sangre por Cristo; la tiene que dar también por la fe católica (lee de nuevo el dogma, y despacio, así lo entiendes mejor).
Pero tú antes de escribir lo que escribiste, lo que tenías que hacer era demostrar que lo dicho por Pio IX y LG es magisterio ex-cathedra. Y no lo puedes hacer porque no lo es. Tú pides a otros lo que tú no das. Yo te puedo refutar a ti con los dogmas de "Cantate Domino" y de "Dei Filius" pero tú no tienes nada para sostener tu opinión, solo magisterio falible. Lo que yo sostengo lo sostuvo primero la Iglesia hasta el año 1850; la Tradición está de mi parte; lo tuyo solo son palabras de Pio IX (cuando muchos otros Papas dijeron antes lo contrario) y LG. Y ninguno de los documentos del CVII estableció una doctrina que deba ser creída como definitiva. Y eso lo dijo el propio concilio. Las únicas afirmaciones del CVII que tiene fuerza de dogma, son aquella que repiten definiciones dogmáticas anteriores al mismo.
En mi humilde opinión, puede hablarse de un desarrollo orgánico del dogma a partir de algunos escritos antiguos. Santo Tomás habla de iluminación angélica de los que no tienen contacto con la fe católica. En la Edad Media se creía que Trajano había sido salvado, como recuerda santo Tomás también. Dante coloca en el Purgatorio a Catón de Utica. Sin olvidar que el mismo san Pablo pone como requisito sine qua non de la salvación la creencia en un Dios remunerador. Y en el siglo XIX se desarrollan dos ideas, la del alma de la Iglesia, es decir aquellos que visiblemente no la integran pero están en gracia, como Felipe antes de conocer al Señor. Y la noción de ignorancia invencible, enriquecida por el mayor conocimiento de la psicología moderna. Por otra parte, el hecho obvio de que la mayor parte de la Humanidad jamás conoció a Cristo (pensemos en las innumerables generaciones de Sapiens y Neardenthales) exige pensar que la misericordia de Dios, que quiere que todo hombre se salve, de algún modo instrumenta a la Iglesia para su salvación.
Todo esto no tiene nada que ver con el ecumenismo conciliar y las desviaciones posconciliares, llámese dialogo interconfesional, algaradas como las de Asís o los despropósitos indiferentistas de Bergoglio. Ni con el pretendido carácter salvífico de otras religiones o dioses, que como dice el Salmo, son todos demonios.
Suma de Teología, II-IIae, q. 2, art 7 ad 3
¨3. Muchos gentiles tuvieron revelación de Cristo, como consta por las cosas que predijeron sobre él. Así, en Job se dice: Bien sé yo que mi defensor está vivo (Job 19,25). Asimismo, la Sibila, según el testimonio de San Agustín, predijo algo sobre Cristo. La historia de los romanos nos refiere también que, en tiempo de Constantino Augusto y de Irene, su madre, se encontró un sepulcro sobre el que yacía un hombre que tenía en el pecho una lámina de oro con esta inscripción: Cristo nacerá de una virgen y creo en El. ¡Oh sol!, en tiempo de Constantino y de Irene me verás de nuevo.
Si ha habido quienes se hayan salvado sin recibir ninguna revelación, no lo han sido sin la fe en el Mediador. Pues aunque no tuvieran fe explícita, la tuvieron implícita en la divina providencia, creyendo que Dios es liberador de los hombres según su beneplácito y conforme El mismo lo hubiere revelado a algunos conocedores de la verdad, a tenor de las palabras de Job: Nos instruye más que a las bestias de la tierra (Job 35,11).
Sin emabargo, el que sentó las bases de lo que después el Concilio solo citó al pie de la letra fue el Venerable Pío XII, de grata y lamentablemente maltratada memoria.
Mystici Corporis Christi (n.103) (Encíclica)
Fecha: 29 de junio de 1943
“No deben excluirse de la salvación eterna quienes, por un deseo y anhelo inconsciente, tienen cierta relación con el Cuerpo Místico del Redentor.”
Suprema Haec Sacra (documento del entonces Santo Oficio aprobado por Pio XII)
(sección III en las ediciones modernas)
Fecha: 8 de agosto de 1949
“Para que alguien obtenga la salvación eterna no siempre es necesario que esté incorporado realmente como miembro de la Iglesia, pero es necesario al menos que esté unido a ella por deseo o anhelo.”
“Este deseo no siempre tiene que ser explícito… cuando una persona se encuentra en ignorancia invencible, Dios acepta también un deseo implícito.”
Tambien antes Pio IX, en un discurso en consistorio.
Quanto Conficiamur Moerore
Fecha: 10 de agosto de 1863
“Nos es sabido —y también a vosotros— que aquellos que padecen ignorancia invencible respecto de nuestra santísima religión, y que observan diligentemente la ley natural y sus preceptos…
pueden alcanzar la vida eterna, obrando en ellos la fuerza de la luz y de la gracia divinas.”
Mas atras estan las condenas al jansenismo de Clemente XI . Como me dijo un amigo, las herejías son siempre las mismas, asi que citar esto de ¡1713! calza justo
Bula Unigenitus Dei Filius
Fecha: 8 de septiembre de 1713
Proposición condenada: “Fuera de la Iglesia no se concede ninguna gracia.”
Esta proposición fue condenada porque implicaba que:
- Dios no concede ninguna gracia a los no católicos
- por lo tanto no podría haber salvación posible fuera de la Iglesia visible
La teología desarrollo (algo ya adelanté) los conceptos de "bautismo de deseo", "deseo de pertenecer a la Iglesia" y la "ignorancia invencible".
Hay que reconocer que si bien lo anterior es Magisterio, el Catecismo no llega tan lejos, pero ya va mas lejos que la interpretación estricta de la "Extra Ecclesia..."
846
«¿Cómo hay que entender esta afirmación, tantas veces repetida por los Padres de la Iglesia: “Fuera de la Iglesia no hay salvación”? Formulada de modo positivo, significa que toda salvación viene de Cristo Cabeza por medio de la Iglesia que es su Cuerpo. El santo Concilio enseña, apoyándose en la Sagrada Escritura y en la Tradición, que esta Iglesia peregrina es necesaria para la salvación. Cristo es el único mediador y camino de salvación; Él se nos hace presente en su Cuerpo, que es la Iglesia. Él mismo, inculcando expresamente la necesidad de la fe y del bautismo (cf. Mc 16,16; Jn 3,5), confirmó a la vez la necesidad de la Iglesia, en la que los hombres entran por el bautismo como por una puerta. Por lo cual no podrían salvarse aquellos que, sabiendo que la Iglesia católica fue fundada por Dios por medio de Jesucristo como necesaria, no quisieran entrar o perseverar en ella.»
847
«Los que, sin culpa suya, no conocen el Evangelio de Cristo ni su Iglesia, pero buscan a Dios con corazón sincero y, movidos por la gracia, se esfuerzan en cumplir con obras su voluntad, conocida mediante el dictamen de la conciencia, pueden conseguir la salvación eterna.»
848
«Aunque Dios puede, por caminos que Él conoce, llevar a la fe, sin la cual es imposible agradarle, a los hombres que ignoran el Evangelio sin culpa propia, la Iglesia tiene la obligación y también el derecho sagrado de evangelizar a todos los hombres.»
De todas maneras siempre me pareció mas misericordioso y tierno cuando Jesus le dice al joven rico que hacer, este se aleja y los discípulos le preguntan algo asi como "pero quien podrá salvarse entonces" y la respuesta que llevo entre lo que mi mente atesora mas fue "NADA ES IMPOSIBLE PARA DIOS"
633
La Escritura llama «infiernos», «sheol» o «hades» a la morada de los muertos donde descendió Cristo después de muerto, porque los que se encuentran allí están privados de la visión de Dios. Tal es, en efecto, la situación de todos los muertos, malos o justos, mientras esperan al Redentor; lo que no quiere decir que su suerte sea idéntica, como lo muestra Jesús en la parábola del pobre Lázaro recibido en el «seno de Abraham» (Lc 16,22-26). «Son precisamente estas almas santas, que esperaban a su libertador en el seno de Abraham, a las que Jesucristo liberó cuando descendió a los infiernos» (Catecismo Romano). Jesús no bajó a los infiernos para liberar a los condenados ni para destruir el infierno de la condenación, sino para liberar a los justos que le habían precedido.
Recien lei tu lamento de que el articulo necesite mas cosas, para mi esta redondo y claro, y bien fundamentado, asi que cahepau!. Lei el articulo primero y no los comentarios y la verdad es que quizás este repitiéndome con otros.
Si puedo aportar algo, que es muy duro, lo definición textual del Concilio de Florencia y el Papa Eugenio
“La Santa Iglesia Romana cree firmemente, profesa y predica que ninguno de los que están fuera de la Iglesia Católica —no sólo los paganos, sino también los judíos, herejes o cismáticos— puede hacerse partícipe de la vida eterna; sino que irán al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles, a menos que antes del fin de su vida se hayan unido a la misma Iglesia.”
“Nadie, por grandes limosnas que dé, ni aunque derrame su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse si no permanece en el seno y en la unidad de la Iglesia Católica.”
(Bula Cantate Domino, 04/02/1422)
"Por otra parte, el oscurecimiento del esplendor de los signos de fe en la Iglesia visible hoy pueden contribuir a esa misma ignorancia: no es la hora de la apologética, realmente"
Clarividente. Si un ortodoxo solo conoce de la Iglesia Católica, por ejemplo, que el Papa Francisco dijo que todas las religiones son caminos para llegar a Dios o que la existencia de distintas religiones es una riqueza, etc. lo lógico es que piense que la Iglesia Católica no puede ser la verdadera.
Es más, esa ignorancia se puede ver dentro de la propia Iglesia, en multitud de clérigos cuya formación en seminarios o institutos religiosos fue pura deformación, de manera que se han hecho capaces de realizar el más básico discernimiento y confunden la fe católica con las disparatadas ocurrencias de sus profesores o colegas. Esto me llamó especialmente la atención en Alemania hace veinte años: los seminaristas recibían de forma habitual como "catolicismo" algo que no se parecía en nada a él. Era la antitradición de la herejía, que a su vez esos mismos seminaristas transmitirían después cuando fueran sacerdotes. Muy pocos conseguían escapar a ese círculo vicioso.
Se me hace más fácil de creer en eso, aunque suene duro, que en la misericorditis!!! . De Argentina.
«La doctrina que rechaza como fábula pelagiana el lugar de los infiernos (al que corrientemente designan los fieles con el nombre de limbo de los párvulos), en que las almas de los que mueren con sola la culpa original son castigadas con pena de daño sin la pena de fuego —como si los que suprimen en él la pena del fuego, por este mero hecho introdujeran aquel lugar y estado carente de culpa y pena, como intermedio entre el reino de Dios y la condenación eterna, como lo imaginaban los pelagianos—, es falsa, temeraria e injuriosa contra las escuelas católicas.»
Esos niños son inocentes de hecho y además tienen ignorancia invencible. Se me hace muy cuesta arriba todas las suposiciones sobre el destino inmortal de esas almas que no sea estar en el Cielo junto a Dios.
Si molesto o escandalizo a alguien con estas palabras que he escrito ruego me perdonen.
Suma de Teología, II-IIae, q. 2, art 7 ad 3
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Perdón, pero aquí de lo que se trata no es de la fe "implícita" sino del bautismo "implícito", que no son la misma cosa; "el que crea (fe) y sea bautizado (sacramento) será salvo". Ya ves, el propio Señor te dice que una cosa es la fe y otra el bautismo.
Por cierto, estás citando mal la Suma Teólogica; Santo Tomás trata de si se debe o no creer explícitamente en II-IIae, q. 5 y si la fe puede ser implícita en II-IIae, q. 6. Fíjate que dice con respecto a las verdades fundamentales de la fe (que Dios existe porque Él lo ha revelado y que es remunerador; fíjate que es muy distinto conocer a Dios por medio de las cosas creadas [que se puede hacer y quien lo niega cae en anatema] y otra muy distinta creer en Dios porque Él lo reveló; en lo primero interviene la razón, en lo segundo la fe y esto último es lo que se requiere).
Clarividente. Si un ortodoxo solo conoce de la Iglesia Católica, por ejemplo, que el Papa Francisco dijo que todas las religiones son caminos para llegar a Dios o que la existencia de distintas religiones es una riqueza, etc. lo lógico es que piense que la Iglesia Católica no puede ser la verdadera.
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Lo lógico es concluir que el ortodoxo no buscó suficientemente la verdad; ¿está en ignorancia? Tal vez. Pero jamás se puede afirmar que esa ignorancia es invencible con los medios de información de que se dispone en la punta de los dedos. Ese ortodoxo, sino se agrega a la Iglesia Católica antes de su muerte, pues se condenará. Dogma de Fe, Concilio de Florencia.
Si no fuera así entonces tampoco los lefebvrianos se condenarán sin dan cumplimiento al acto cismático que tienen previsto, porque con ese criterio, entonces su conciencia los salva, al pensar que la Iglesia actual apostató y que ellos permanecen en espíritu a la Iglesia preconciliar.
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Sí, son inocentes pero tienen el pecado original, llevan en sí la naturaleza caída, la inclinación al mal. Por eso todos los justos anteriores a la muerte de Cristo no entraron al Cielo hasta tanto el Señor no hubo descendido a los infiernos (en realidad, el Seno de Abraham), a predicarles y a "bautizarlos". El dogma de fe del Concilio de Florencia es claro: los que mueren solo con el pecado original descienden inmediatamente al infierno aunque con penas distintas de aquellos que mueren con pecado mortal actual. Hay artículos muy buenos aquí en InfoCatólica de Eudaldo Forment sobre el Limbo de los niños, te será de mucho provecho su lectura.
Y esto me da pie para tratar el caso de San Dimas, que se mencióno en todo este tratamiento que se le dió al tema. Cristo le dijo "De cierto te digo, hoy estarás conmigo en el paraíso". Y hago énfasis en el "hoy". Se dice que este pasaje da pie a sostener que se puede ser salvo sin el bautismo. Ahora bien, es dogma de fe que Cristo no subió a los cielos ese viernes santo, sino que descendió a los infiernos. Sin embargo le dice a Dimas que hoy (ese viernes santo) estaría con Él en el paraíso. Si Cristo descendió a los infiernos y Dimas estaría con Él, pues entonces no entró al Cielo, sino que al "paraíso de la compañía" del Señor. Él era "el paraíso" para Dimas; al estar con Cristo, se sentiría en el paraíso (aunque todavía no hubiera ingresado a las moradas celestiales). Y Dimas entró al cielo como Abraham, Isaac, Jaboc, los profetas, los santos inocentes que mató Herodes y todos los justos que sin haber sido bautizados, esperaban la muerte del Señor para que Él los fuera a rescatar (de hecho Juan el Bautista también esperaba en el Seno de Abraham que Cristo le abriera las puertas del cielo).
Pero hay dos peros.
Uno para los nonatos, no sólo abortados, que fallecen antes de nacer. Ergo no han nacido.
Dos: Para los recién nacidos que mueren sin Bautismo pero sin culpa, como es normal. ¿Qué pasa con su pecado original? ¿Acaso la Redención para los hombres de Cristo en la Cruz con su Pasión y muerte, Dios es el Señor del Tiempo y lo vé todo, no sirve para redimir el pecado original de estos inocentes? Naturalmente es sólo una hipótesis. De qué manera se vale Dios para que estos niños alcancen la Gloria sólo lo sabe Él.
Vd.mismo ha afirmado, porque es verdad, que Cristo redimió a los Justos ya fallecidos que no podían entrar en el Cielo porque Dios había cerrado sus puertas por los pecados de la Humanidad. ¿Y acaso su Pasión y Muerte no puede redimir el pecado original de estos inocentes?
Respeto mucho la Teología porque es una Ciencia que intenta comprender a Dios y sus designios, algo por otra parte inalcanzable, pues de no ser así no sería Dios. Pero no hay que olvidar que la Teología es una Ciencia del hombre hacia Dios. No de Dios a los hombres y por tanto la Teología es falible
Por último comentarle, con todo respeto, que la característica fundamental y primordial de Dios es el amor. Y a mí me resulta imposible que un Dios que se ha hecho Hombre por amor a nosotros condene a cualquier tipo de Infierno a niños inocentes.
¡Dios le bendiga!
No estoy seguro de si te interpreto bien.
"El dogma de fe del Concilio de Florencia es claro: los que mueren solo con el pecado original descienden inmediatamente al infierno aunque con penas distintas de aquellos que mueren con pecado mortal actual"
Nadie aquí niega eso, porque es evidente. La cuestión está en que Dios perfectamente puede borrar el pecado original de alguien aunque no haya recibido el sacramento. ¿Lo hace o no lo hace? Sabemos que lo hace en el caso del bautismo de sangre o de deseo o en los justos anteriores a Cristo. En otros casos, no lo sabemos, pero sabemos que puede hacerlo. Y sí lo hace, ya no se está en el caso definido por Florencia, porque no han muerto con el pecado original.
En cuanto a lo que dice el Concilio de Trento, (si alguno dijere que el bautismo es libre, es decir, no necesario para la salvación, sea anatema), es evidente que el Concilio se refiere a lo sustancial del bautismo, que es la gracia que confiere, no en exclusiva al bautismo sacramental, porque todos los que participaron en Trento reverenciaban a Santa Emerenciana y otros que habían recibido el bautismo de sangre, que no es el sacramental.
Dios se comprometió a dar la gracia de borrar el pecado original, la adopción filial, etc. con el sacramento del bautismo. Pero no se comprometió a no darla más que con el sacramento.
"negando el magisterio ex-cathedra de la Bula Unam Sanctam (transcripta anteriormente, que pone como condición para la salvación la sujeción al papado"
También dice San Pablo que los adúlteros, etc. no heredarán el reino de los cielos. Pero es evidente que eso no incluye a los que fueron materialmente adúlteros pero por ignorancia invencible (pensando, por ejemplo, que su esposa había muerto, cuando no era así).
Del mismo modo, cuando alguien no se somete al papado por ignorancia invencible no se le imputa para su mal.
"y sin embargo no hizo excepciones para los que se encontraban (inculpablemente, porque ni un misioner había puesto el pie allí) en esas tierras sin el conocimiento explícito de Cristo y de su Iglesia"
Pero tampoco negó esas excepciones, igual que san Pablo con su lista de los que no heredarán el reino de Dios. Eso es un paso extra que das tú. Por ejemplo, ¿qué es lo que hace a un pagano? ¿Puede un pagano ser todo lo cristiano que le permite la ignorancia invencible? O, si Dios le da la gracia en el último momento de su vida, ¿sigue siendo un pagano?
Que Florencia no se planteara expresamente esas cosas no quiere decir que las definiera en sentido restrictivo.
No se pueden leer las definiciones dogmáticas e interpretarlas como uno quiere. Hace falta una labor cuidadosa de interpretación, que solo se puede hacer en la Iglesia y con la Iglesia. ¿De verdad vamos a creer, por ejemplo, que Pío IX, Pío X o Pío XII no habían leído nunca el Concilio de Florencia?
Está buenísimo, Bruno, tanto por la calidad expositiva, como por la oportunidad de su publicación, ya que en estos tiempos posconciliares se silencia o tergiversa demasiado esa verdad fundamental, tanto por izquierda (lo más común) como por derecha (Rubén y compañía).
Ahora, ¿deja de ser salvo alguien por la negligencia de un misionero, o por la falta de misioneros qué está causando el relativismo religioso? Absolutamente no. Quien está predestinado a salvarse, infaliblemente se salva. Entonces, ¿por qué ir a las misiones? Por dos motivos. Primero para la gloria de Dios, que para eso fue creado todo, y ese fue el primer motivo por el que el Verbo se encarnó y se entregó en la Cruz "hacedlo todo para gloria de Dios." (1 Cor 10,31). Segundo, por caridad, para agradar a Dios, y para sacar de las tinieblas y el dominion de los demonios a quienes viven extraviados en el error, y así introducirlos a la vida de gracia en la Iglesia, con todos los dones que nos brinda y con la libertad de los hijos de Dios "Caritas Christi urget nos" (2 Cor 5,14).
Estoy completamente seguro de que Bruno, si le parece oportuno, lo puede explicar muy bien.
Por ello yo sólo voy a hacer un breve comentario.
La predestinación católica, yo soy católico, tiene que ver con la Presciencia de Dios. Es decir, Dios sabe quienes serán salvos y quienes serán condenados pero no porque Él nos predestine sino porque es Omnisciente, Todo lo sabe, Y es el Señor del tiempo.
Simplemente quiero decir que si nos abrimos a la Gracia de Dios y trabajamos por aumentar nuestro amor por Él cada día, ejerciendo nuestro Libre Albedrío podremos ser salvos.
En cualquier caso el único que sabe sii seremos salvos o condenados es Dios.
Lo que dices es pelagianismo de manual, condenado en los concilios de Orange.
Hasta nunca Feri.
Querido Bruno, tengo que decirte que no estoy nada desolado porque me falte esa fe posmoderna, ¡todo lo contrario!
(Perdóname la broma, que espero al menos te haga sonreír, pero nada más empezar a leerte pensé, "con lo meticuloso que es Bruno escribiendo, ¿y no se ha dado cuenta de esto?")
"Es imposible que el pecado venial se dé en alguien con el pecado original sin el mortal. La razón de ello es que antes de llegar a los años del discernimiento, la falta de edad, que impide el uso de la razón, le excusa (a uno) de pecado mortal; por lo tanto, le excusará mucho más del pecado venial si comete algo que por su género sea tal. Mas cuando hubiere empezado el uso de la razón, no es excusable de la culpa del pecado venial y mortal. Pero lo primero que entonces le ocurre pensar al hombre es deliberar acerca de sí mismo. Y si en efecto se ordenare a sí mismo al fin debido, conseguirá por la gracia la remisión del pecado original. Mas si, por el contrario, no se ordenare a sí mismo al fin debido, en cuanto es capaz de discernimiento en aquella edad, pecará mortalmente no haciendo lo que está en sí. Y desde entonces no habrá en él pecado venial sin el mortal, a no ser que después todo le fuere perdonado por la gracia" (c.).
"El niño que empieza a tener uso de razón puede contenerse por algún tiempo de otros pecados mortales; pero no se libra del susodicho pecado de omisión si no se convierte a Dios tan pronto como pueda. Pues lo primero que le ocurre al hombre que llega al uso de la razón es pensar acerca de sí mismo y a quién (debe) ordenar todas las otras cosas como a su fin, pues el fin es lo primero en la intención. Y por eso éste es el tiempo para el cual está obligado por el precepto divino afirmativo, en el que el Señor dice: Volveos a Mí y Yo me volveré a vosotros (Zac 1,3)" (ad 3).
Que los predestinados, y solo ellos, se salven, y esta salvación sea infalible, no implica, de ninguna manera, que no haya necesidad de misionar. Hay muchos predestinados que Dios dispuso que se salven por la predicación y el bautizo recibidos de algún misionero. No en vano mandó a sus discípulos a ir hasta los confines de la tierra para evangelizar a todas las naciones, bautizado en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Y es por eso mismo que los misioneros van a evangelizar: como les urge la caridad de Cristo, quieren cumplir su mandato, y como saben, por la fe, que la entrada en la Iglesia hace a las personas acreedoras de los más grandes tesoros espirituales, siendo la unión con Cristo, la inhabitación trinitaria, el mayor de ellos, esa misma caridad de Cristo les mueve a ir hasta los más lejanos confines para hacer nuevos hijos de Dios, para formar a Cristo en más y más paganos o infieles. Y de esta manera Dios es glorificado, lo que es el fin último, y por eso mismo el primero en importancia.
Saludos
¿Acaso Dios es injusto?
Claro que no, Dios provee a todos los hombres creados por Él de los medios necesarios para salvarse. Y luego los hombres con ayuda de la Gracia santificante, que viene de Dios, y ejerciendo el hombre su Libre Albedrío, aceptan o rechazan tanto esa Gracia como los medios de salvación.
Dios es Infinito en todo y eso incluye Su Justicia y Su amor.
No comprendo en absoluto la idea de Dios que tienen algunos. Creo que interpretar por su cuenta tantas Teologías y Concilios les ha nublado la razón.
"En otros casos, no lo sabemos, pero sabemos que puede hacerlo. Y sí lo hace, ya no se está en el caso definido por Florencia, porque no han muerto con el pecado original"
Dios puede hacer cualquier cosa (excepto contradecirse). Pero que pueda hacerlo, no implica que vaya a hacerlo. Si una persona muere sin haber estado bautizada, muere con el pecado original. Y si muere con el pecado original, estamos dentro de Florencia. Si la persona se ha de condenar o no, solo lo sabe Dios, pero la Iglesia solo puede decir (y lo ha dicho infaliblemente), que los que mueren en pecado original, no verán a Dios. Y hasta donde yo sé, el pecado original solo se borra con el bautismo sacramental, el bautismo de deseo explícito y el bautismo de sangre. Si en una persona no medió esto y la muerte lo sorprendió, pues murió con el pecado original.
Con respecto al bautismo y Trento, sí, Trento reconoce el bautismo de deseo, por lo tanto no puedo negar lo que definió un Concilio dogmático. No niego que el bautismo de deseo [EXPLÍCITO] y de sangre puedan limpiar el pecado original (y no son bautismos sacramentales). Sí, quienes recibieron ese tipo de bautismo no mueren con el pecado original y la definición de Florencia no los alcanza.
"Del mismo modo, cuando alguien no se somete al papado por ignorancia invencible no se le imputa para su mal"
Sí claro, mi comentario iba dirigido fundamentalmente a los herejes (protestantes) y cismáticos (ortodoxos). Ahora, después del CVII se pueden salvar, pero el magisterio ex-cathedra de Unam Sanctam y Florencia dicen que no. Tú habías dicho en una de tus respuestas a mis comentarios que no es necesario que todo el magisterio sea ex-cathedra. Claro que no. El tema es que hay magisterio ex-cathedra anterior que se opone al magisterio ordinario actual (o a la interpretación torcida que se ha hecho de ese magisterio). Por eso los pedidos de por ejemplo Brunero Gherardini pidiendole a Benedicto XVI que clarifique las ambiguedades de los textos del CVII; lo mismo hace ahora Mons. Schneider con el Papa León.
"Pero tampoco negó esas excepciones, igual que san Pablo con su lista de los que no heredarán el reino de Dios. Eso es un paso extra que das tú. "
No Bruno. Claro que hay que tener cuidado con las interpretaciones. Pero la Iglesia ya nos dijo como debe interpretarse el magisterio ex-cathedra, nos los dijo en la constitución dogmática "Dei Filius". Hay que hacerlo en el mismo sentido en que el magisterio fue decretado. Entonces hay que situarse en 1441 para interpretar a Florencia, no con los conceptos modernos de bautismo implícito y pertenencia implícita, que en 1441 no se concebían. Claro que las excepciones están negadas. La Bula Cantate Domino habla de paganos y tienes que entender el término "pagano" como se entendía en 1441. Para la mentalidad de ese entonces, el mundo se dividía en tres: cristianos, judíos/musulmanes (infieles) y paganos. A diferencia de los musulmanes o judíos, a quienes se consideraba "conocedores de la ley de Dios" pero que la habían rechazado, el pagano era visto como alguien que ignoraba por completo el mensaje de Cristo. Y a estos los excluyó la Bula. Fíjate que en todo momento el Concilio habla de "agregarse", se está afuera y se entra a la Iglesia. Pero con la concepción actual, ya se está "adentro" de la misma por la simple rectitud de conducta y para no pertenecer a la Iglesia, tienen que "salir" de ella. El resultado de la doctrina actual es que la "agregación" no es necesaria porque la "unión" ya existe, con lo cual la Bula Cantate Domino no solo no ha sido mejor explicada, sino por el contrario contradicha en su médula. El "agregarse" de Florencia es un evento; la "unión invisible" moderna es una condición existencial. Son conceptos mutuamente excluyentes.
Pero hay dos peros.
Uno para los nonatos, no sólo abortados, que fallecen antes de nacer. Ergo no han nacido.
Dos: Para los recién nacidos que mueren sin Bautismo pero sin culpa, como es normal. ¿Qué pasa con su pecado original?
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La respuesta es casi la misma en los dos casos. En ambos mueren con el pecado original. En el primer caso es evidente porque la condición sine qua non para el bautismo es que la persona haya nacido. Si no nació, no pudo recibir ningún bautismo y quedó con su pecado original. En el segundo caso, nacieron pero no fueron bautizados (por las razones que fueran).
La respuesta respecto de que es lo que pasa en esos casos ya la dí, o mejor dicho, ya la transcribí porque no es respuesta mía sino de la Iglesia. Ten en cuenta que la Escritura misma nos dice que nada impuro entrará al Cielo. Y el pecado original vaya que es impureza. Y como el pecado original se limpia:
a) con el bautismo sacramental (y en ninguno de los dos casos que tú mencionas esto se concreta), o
b) con el bautismo de deseo pero aquí como no tienen uso de razón no pueden tenerlo, o
c) con el bautismo de sangre (como el de los santos inocentes de Herodes), pero dudo que ese caso pueda repetirse,
en esta situación, han de padecer pues la pena de daño, esto es, la privación de la visión beatífica (no verán a Dios), pero gozarán de una felicidad natural, sin ser atormentados por el fuego del infierno (la pena de sentido). Es cierto que no verán a Dios pero tampoco lamentarán el no verlo puesto que nunca tuvieron conocimiento de Él.
Ahora, míralo de esta manera. "Ningún pajarito cae a tierra sin que medie la voluntad del Padre". De modo tal, que la muerte de los tales no tomó por sorpresa a Dios; o bien Él lo quiso o bien Él lo permitió. ¿Y por qué Dios iba a querer que murieran sin estar bautizados? Pues Dios ve todo, incluso nuestro futuro, y puede haber visto que de haber llegado a adultos esas personas, rechazarían la fe y se condenarían al fuego del infierno. Entonces en un acto de amor, prefirió que esos seres murieran sin ser bautizados y "condenados" a una felicidad natural a que se desarrollaran, negaran la fe y hubiesen tenido que ser condenados al fuego del infierno.
En cuanto a tu suposición final, supones que Dios elige a unos para que no se condenen y a otros les permite nacer para condenarse. Eso no es creíble, lo siento.
Estoy en total desacuerdo contigo, con todo respeto, y coincido completamente con la explicación que ha dado Bruno.
Un saludo.
" La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre".
Si la luz del Cristo alcanza a todos los hombres (aún a los que formalmente no le conocen) y a aquéllos que la reciben (¿quizás acatando la ley natural que Él, con su luz, infunde en todos los corazones?) se les concede por pura gracia el poder de hacerse hijos de Dios, entonces ¿no podemos pensar que ésos hombres, que forman ya parte, podríamos decir, del alma de la Iglesia de Jesucristo (cuyos contornos serían inequívocos para Él, aun cuando no fueran enteramente visibles para nosotros), son salvos precisamente como miembros de la Iglesia? En el Evangelio de Juan la luz de Cristo, y la salvacion correspondiente a "los hijos de Dios" se abre a unas perspectivas universales que sobrepasan con mucho los límites visibles de la Iglesia.
"Exactamente como los justos que con ignorancia invencible viven la vida de gracia hoy".
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No, eso no se puede sostener. Para ser salvo, hace falta más que justicia, hay que tener fe también, "porque sin fe es imposible agradar a Dios" (Hb 11:6). Y para tener fe hay que creer en Dios y que Dios es remunerador.
Ya que «sin la fe... es imposible agradar a Dios» y llegar al consorcio de sus hijos, se sigue que nadie pueda nunca alcanzar la justificación sin ella, ni obtener la vida eterna a no ser que «persevere hasta el fin» en ella.¿La rectitud de conducta ya implica la creencia en Dios, ya implica la fe? Hay ateos que son justos. Y los estrictamente ignorantes invencibles, pueden conocer la existencia de Dios a través de las cosas creadas pero no las verdades reveladas por Él. Para salvarse no basta con afirmar la existencia de Dios, hay que "creer" en Él porque Él lo reveló. Y no se puede llegar al conocimiento de la Encarnación, de la Redención, de la Trinidad por revelación interna.
Constitución Dogmática Dei Filius, CVI
Si alguno dijere que la revelación divina no puede hacerse creíble por signos externos, y que por lo tanto los hombres deben ser movidos a la fe sólo por la experiencia interior de cada uno o por inspiración privada: sea anatema.El Espíritu Santo actúa fuera de los sacramentos solo excepcionalmente y lo que tú propones (en conjunción con la doctrina modernista actual), es que actúa fuera de los sacramentos habitualmente, normalizando lo que es extraordinario.
Concilio Vaticano I, Dei Filius, Canon III, Sobre la Fe
Con ese concepto, si los ignorantes viven en gracia, no hay que ir a predicarles. San Francisco de Sales sostenía lo contrario que tú, que los ignorantes no vivian en gracia, sino en las tinieblas y en poder del demonio.
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No, los que mueren sin bautismo se condenan, sufren la pena de daño como mínimo. Si además mueren con pecado mortal actual, padecen además la pena de sentido. Y a los que les permite nacer, se los permite porque pueden salvarse, no para que se condenen; la contradicción está en tu mente, no en lo que yo escribí. Tu concepción es calvinista; asumes que los que se condenan, no se podían salvar desde su nacimiento, que estaban predestinados a la condenación desde siempre. Esa es herejía protestante.
Me gustaría también que me dijeras cual es la explicación que dio Bruno. La que yo dí, no es mía, es la que sostuvo la Iglesia practicamente por 19 siglos. Y eso que sostuvo la Iglesia es magisterio ex-cathedra, que requiere asentimiento de fe. Si rechazas que el que muere con el pecado original desciende al infierno (dogma de fe decretado por el Concilio de Florencia), y el pecado original solo se limpia con el bautismo (también dogma de fe decretado por Trento), pues entonces has dejado de ser católico. Tienes la idea de que nacemos inocentes pero no es así:
"Es que soy nacido en la iniquidad,
y ya mi madre me concibió en pecado".
Salmo 50 (51)
A nuestros primeros padres Satanás los engañó diciendoles que si comían del fruto del árbol del bien y del mal que no morirían. Sigue teniendo éxito todavía; ahora les hace creer a los hombres que sin el bautismo no morirán, que se pueden salvar.
El dogma "Fuera de la Iglesia Católica no hay salvación" significa eso, que es necesario ser católico para salvarse (estar bautizado sacramentalmente, profesar la fe católica y estar sujeto al Papa).
"El que crea y SE BAUTICE se salvará, el que no se condenará".
En el credo: "Creo en UN SOLO BAUTISMO (no tres) para el perdón de los pecados".
"Es NECESARIO nacer de nuevo para entrar en el reino de Dios". Necesario, no opcional o intercambiable.
Es dogma de fe que el sacramento del bautismo es con agua, solamente con agua. "No del deseo o de la sangre, sino en la fe en el HIJO ÚNICO de Dios".
Minimizar las palabras de Cristo y de los dogmas definidos por la Iglesia para entender exactamente lo contrario de lo que dijo es típico del modernismo que reduce la gravedad del pecado y el alto precio pagado por nuestra redención.
Yo soy de los que he picado. Cosa que no volverá a ocurrir.
Saludos cordiales.
El entrecomillado no es de Bruno.
"El dogma de fe del Concilio de Florencia es claro: los que mueren solo con el pecado original descienden inmediatamente al infierno aunque con penas distintas de aquellos que mueren con pecado mortal actual"
Nadie aquí niega eso, porque es evidente. La cuestión está en que Dios perfectamente puede borrar el pecado original de alguien aunque no haya recibido el sacramento. ¿Lo hace o no lo hace? Sabemos que lo hace en el caso del bautismo de sangre o de deseo o en los justos anteriores a Cristo. En otros casos, no lo sabemos, pero sabemos que puede hacerlo. Y sí lo hace, ya no se está en el caso definido por Florencia, porque no han muerto con el pecado original.
En cuanto a lo que dice el Concilio de Trento, (si alguno dijere que el bautismo es libre, es decir, no necesario para la salvación, sea anatema), es evidente que el Concilio se refiere a lo sustancial del bautismo, que es la gracia que confiere, no en exclusiva al bautismo sacramental, porque todos los que participaron en Trento reverenciaban a Santa Emerenciana y otros que habían recibido el bautismo de sangre, que no es el sacramental.
Dios se comprometió a dar la gracia de borrar el pecado original, la adopción filial, etc. con el sacramento del bautismo. Pero no se comprometió a no darla más que con el sacramento.
Otra vez, muchas gracias Bruno.
Yo no contesto a trolls, pero en este caso responderé para decir que lo que publicaste son solo ataques "ad hominen", ningún argumento que refute lo que publiqué, sencillamente por la razón de que lo escribí, no es de mí creación sino que es lo que dijo la Iglesia.
Y al "Católico" que escribió que fue uno de los que "picó", si es cierto, "picó" al comentario de un troll que no dio un solo argumento que contradiga lo escrito por mí, solo ataques personales. Lo siento por ti.
Muchas gracias, Bruno.
El funesto error reprobado por los Sumos Pontífices existe en la literatura teológica católica bajo el disfraz de enseñanza acerca del cuerpo y del alma de la Iglesia. Algunos autores han descrito el alma de la Iglesia Católica como una sociedad invisible, espiritual, designando después a la Iglesia existente y visible como el cuerpo, contrapeso de esa alma. La Iglesia invisible o espiritual es presentada como una sociedad de mujeres y hombres buenos en estado de gracia, unidos por los vínculos de la fe y de la caridad. De acuerdo con los que han usado la distinción rechazada en la Mystici Corporis esta alma de la Iglesia es una sociedad que existe incluso fuera de los miembros de la Iglesia visible. Es una distinción entre la Iglesia de la cual el Romano Pontífice es la cabeza visible, a pesar de que está, de alguna forma, unida a ella.Contra los nuevos eclesiólogos “ecumenistas”, Fenton volvía a proponer la definición clásica e insuperable de la Iglesia de San Roberto Belarmino en el De Ecclesia militante:
(…) La distincion condenada por el Santo Padre se utiliza habitualmente para explicar la conexión entre no-católicos que se salvan y la Iglesia Católica. Tal conexión debe existir, puesto que la Iglesia es necesaria para alcanzar la vision beatífica. Para obviar lo que para ellos supone una dificultad, algunos escritores postularon la existencia de un organismo social de hombres y mujeres que poseen la caridad. Esta Iglesia invisible o alma de la Iglesia fue descrita como más amplia en extension que la sociedad visible, distinta de ésta, incluso de algún modo perteneciente a ella. El cuerpo y el alma se representan como partes de esa Iglesia universal a la que todas las personas deben pertenecer para salvarse.
La Mystici Corporis declaró, definitivamente, que esa hipótesis es errónea. No existe en este mundo una Iglesia de Dios diferente de la única sociedad visible que Jesucristo instituyó durante los días de Su estancia terrena, y a la que puso bajo la suprema y visible dirección de San Pedro y sus sucesores. Más aún, no hay sociedad en este mundo compuesta sólo y enteramente por personas en estado de gracia. Los justos sobre la tierra no están organizados en sociedad alguna, constituida exclusivamente por ellos.
Nuestra enseñanza es que hay una sola Iglesia y no dos, y que esta única y verdadera Iglesia es una asamblea de hombres reunidos en torno a la profesión de la misma fe Cristiana en comunion con los mismos sacramentos, bajo la guía de los legítimos pastores y en particular del Romano Pontífice, único Vicario de Cristo en la tierra. (…) Nuestra doctrina difiere de todas las demás porque todas las demás requieren virtudes interiores para constituir a alguien como miembro de la Iglesia, haciendo así invisible la verdadera Iglesia. Nosotros, por el contrario, aunque estamos convencidos de que en la Iglesia se encuentran todas las virtudes –la fe, la esperanza, la caridad y las demás– para poder afirmar que alguien forma parte de la verdadera Iglesia de la que hablan las Escrituras, no consideramos que sea necesaria ninguna virtud interior, sino tan sólo la profesión externa de la fe y la comunión en los sacramentos, percibida en el mismo sentido. Porque la Iglesia es una sociedad tan visible y palpable como lo es la asamblea del pueblo Romano, o del Reino de Francia o de la República de Venecia.Se puede ver en las líneas que anteceden como era el pensamiento de un católico ortodoxo en 1949; si Fenton viviera hoy, estaría escandalizado de la doctrina que hoy se sostiene.
847. Esta afirmación (“Fuera de la Iglesia no hay salvación”) no se refiere a los que, sin culpa suya, no conocen a Cristo y a su Iglesia:
«Los que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna (LG 16; cf DS 3866-3872).
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