Magnífica carta de Miró i Ardèvol a Hilari Raguer

He estado unos días pensando si me merecía la pena escribir un post sobre ese sujeto que, para mayor desgracia de la Iglesia e ingnominosia vergüenza de la orden benedictina, pasa su vergonzante vida en Montserrat formando parte de los que, como dice la epístola de Judas “… son deshonra de vuestros ágapes; banquetean con vosotros sin vergüenza, apacentándose a sí mismos; son nubes sin agua, arrastradas por los vientos; árboles tardíos sin fruto, dos veces muertos, desarraigados; fieras ondas de la mar, que espuman sus mismas abominaciones; estrellas erráticas…” Pero como me conozco bien y sé que habría acabado diciendo de él lo mismo que Cristo dijo a sus interlocutores en Juan 8:41, preferí guardar silencio. Y me alegro de ello pues don Josép Miró Ardevol, al que por cierto quiero felicitar por el Premio Bravo que ha recibido “su” Forum Libertas, le ha escrito una carta que es a su vez comedida y contundente. Una carta que pone en su sitio a ese Judas traidor, justificador de los argumentos de quienes asesinaron a nuestros mártires el siglo pasado, sin necesidad de adjudicarle los epítetos que yo le habría adjudicado… y que de hecho le estoy adjudicando ahora mismo. Copio acá la carta de don Josep:

Carta remitida al Hermano Hilari Raguer

Hermano Hilari Raguer

He leído su entrevista en La Contra de La Vanguardia y quiero manifestarle mi repulsa. Usted es el mejor exponente de lo que critica.

Judicializa desde su personal ideología la realidad, supedita el magisterio de la Iglesia a su particular visión en un ejercicio público de orgullo. Habla sin el amor y el sentimiento del perdón que exige a los demás, y no tiene el más elemental sentido de la prudencia, la virtud central, a la hora de manifestarse sobre la Iglesia.

Usted sabe perfectamente que el “Episcopado español", en pleno, en su totalidad, en contra de lo que usted manifiesta, no es franquista. Esta afirmación suya es absurda y está lejos de la realidad.

Todos los pastores de la Iglesia en España están comprometidos con la democracia y el estado de derecho.

Otra cosa es que la forma de pronunciarse de este o de aquel no les guste, pero de ello a acudir a la descalificación extrema hay un abismo que transita complacido. Tiene el gatillo de la palabra demasiado fácil. Utiliza la misma demagogia que aquellos que en el pasado decían que los frailes daban caramelos envenenados a los niños o emponzoñaban las aguas de las fuentes.

Algunos prelados españoles pueden caer en el nacionalismo español, eso es cierto, pero primero, esto no significa ser franquista, y además es un error que desde Cataluña usted practica en una medida extrema, olvidando que de Iglesia sólo hay una, y es Católica, y a la vez arraigada en la identidad del país.

Condena las beatificaciones y celebra la ley de la Memoria Histórica. Esto describe bien el desequilibrio de su juicio. Las beatificaciones no se hacen contra nadie, son un hecho positivo porque muestran como se mantiene viva la fidelidad a la fe a lo largo de los siglos. Usted es historiador, pero historia aquello que le interesa.

Andrea Riccardi -quiero pensar que no es un franquista enmascarado- en “El Siglo de los Mártires” (Riccardi: 2001) dedica un capítulo entero a la persecución religiosa en España, junto con la otra también excepcionalmente cruenta de México.

Su título es bien explícito “El Estado contra la Iglesia: México y España“. Pero es que la misma editorial de Montserrat, “Publicacions de l’Abadia de Montserrat", tiene una obra de más de 350 páginas, con un título que es toda una declaración: “La Persecució Religiosa en Catalunya (Massot: 1987).”

La propia Federació de Cristians de Catalunya, los mismos que en los tiempos de la Guerra Civil serían la gloriosa y martirizada FEJOC, publicó el 1992 su martirologio bajo el epígrafe “Caballeros Fieles de Cristo“. Como mínimo 301 biografías detalladas de fejocistas asesinados por la única razón de ser católicos y no abjurar de su fe (un listado aquí: http://www.federaciocristians.org/martirologi.htm ).

Los conceptos de martirio y persecución religiosa, referido a lo que pasó aquí entre el 1934 y el 1939, no es un invento de los obispos ni del Vaticano, sino que hace años que son utilizados por estudiosos de reconocida objetividad y personas de un catalanismo indiscutible.

Y ahora ¿se escalda porque este sentimiento popular, esta conciencia histórica se formaliza en unas beatificaciones? Su fobia antiespañola y hipercrítica con el Papa, quema también a la Iglesia de Cataluña y su testimonio. Pretende hacer daño. Y se lo hace a la Iglesia, a Cataluña, a su comunidad de fieles a los cuales escandaliza o aleja con sus palabras.

Los argumentos que utiliza para negar el martirio son de una inanidad perfecta: siempre que el asesino vea en la víctima un enemigo político, pese a que ésta sólo se caracterice por su religión, ya no es un mártir.

Vaya, desde este punto de vista ni los cristianos de Roma eran mártires, porque eran una amenaza para el culto al emperador, un instrumento de política de estado, fundamento del sistema. Thomas More no fue un mártir, y los asesinatos de cristianos por parte de los comunistas y nazis tampoco lo eran. Sólo “enemigos políticos”. La historia que puede hacer con estos criterios es adoctrinamiento de vuelo gallináceo.

Y es que ve la historia en blanco y negro, el mismo color que alimenta toda intransigencia y totalitarismo.

Y, encima, celebra la Ley de la Memoria Histórica, que mira el pasado no con afán de crear un marco para la reconciliación y el perdón, sino por atizar las divisiones de una guerra que sucedió hace más de 60 años. Es una indignidad que acuse de franquista a quienes se oponen a la asignatura de Educación para la Ciudadanía.

Siempre sus palabras van precedidas de este afán de descalificar, de negar de entrada todo derecho a la verdad a quien no piensa como usted. Lo remata todo con un: “es un franquista".

Mi mujer y yo, como otros muchos padres y madres, hemos visto con preocupación primero, y con firme oposición después, el intento de que el Estado adoctrine a nuestros hijos sobre teorías morales y religiosas usurpando el derecho universal, reconocido por la Constitución (art. 27.3) que los padres tenemos a educar a nuestros hijos de acuerdo con nuestras creencias morales y religiosas.

Hemos visto como se reducían todavía más las horas de filosofía en beneficio de un textos anárquicos, en el que cada autor desahoga su subjetividad, y nos adoctrina sobra su ética salvadora, mientras aquello que podía ser útil tratar a fondo, la Constitución, o no está o está perfectamente arrinconado.

Y ¿por oponernos a esto somos franquistas?

Ni de coña, querido Hilari.

Yo luché contra el franquismo desde los 16 años, que se dice pronto, hasta su desaparición. He sido detenido en varias ocasiones, encarcelado en La Modelo, bajo Consejo de Guerra Sumarísimo primero y, finalmente, juzgado por el TOP (y yo no tuve ningún pariente amigo de los franquistas que me sacara del trullo). Me retiraron el pasaporte, me impidieron disfrutar de becas conseguidas en el extranjero, fui obligado a repetir el servicio militar.

Yo sé lo que es el franquismo y por esto puedo decirle con toda sinceridad que es usted un demagogo. Yo sé lo que fue pero no guardo ningún rencor. Todo lo contrario, porque me importa el país y la gente, y lo que podemos hacer juntos en paz, pese a las diferencias pasadas.

Cuando cada día en Misa repite “que la paz sea con vosotros ” no sé qué debe pensar o sentir. Quizás sería bueno que hiciera aquello que dice el Señor: antes de hacer el sacrificio en el Templo, ve y reconcíliate con tu hermano. Que Dios le ilumine y convierta su corazón.

Josep Miró i Ardèvol