¿Puede haber un solo católico decente que vote a este PSOE?
Los socialistas españoles llevan tiempo empeñados en atacar a la Iglesia, su financiación, su presencia en la arena pública, etc. No creo que exista en toda Europa una izquierda tan casposa, tan decimonónica y tan patéticamente anticlerical. Los liberales de siempre son nacionalcatólicos si se les compara con el actual PSOE. De forma que los pocos políticos católicos que forma parte de sus filas deben de estar viviendo en una especie de paraonia bipolar. Es difícil encontrar más odio e inquina irracional hacia el catolicismo y lo que significa para este país. Difícil, pero no imposible. Basta pasarse por Libertad Digital y leer a su articulista protestante. Pero ese es otro tema…
Que la Iglesia Católica le ahorra al estado una millonada gracias a su labor social es algo conocido. Incluso los colegios católicos concertados le salen al país mucho más baratos que si sus plazas tuvieran que ser cubiertas por la escuela pública. Y sí, es cierto que la Iglesia tiene un tratamiento fiscal beneficioso para sus arcas en algunos aspectos, como sus propiedades inmobiliarias, pero no es diferente del que tienen otras organizaciones religiosas y cívicas.
Además, a diferencia de partidos políticos, sindicatos, cine, deporte, etc, cuyas actividades son financiadas con dinero público sin que a nadie se nos pregunte si queremos que nuestros impuestos vayan destinados a semejantes menesteres, la Iglesia cuenta con una casilla en la declaracion de la renta que puede ser marcada o dejada sin marcar a libre elección del contribuyente. Es decir, el estado se convierte en mero recaudador de lo que los españoles quieren dar a la Iglesia.

Supongo que no es políticamente correcto comenzar este artículo diciendo que tengo el convencimiento de que no estamos ante el fin de Eta y que antes o después la banda terrorista volverá a hacer lo único que sabe hacer. Es más, creo que para que no ocurriera tal cosa debería de darse una circunstancia realmente penosa, como es el que los etarras estén seguros de obtener aquello por lo que llevan matando durante varias décadas: la independencia de las vascongadas. A la vez afirmo que no hay nada en este mundo en lo que me gustaría tanto estar equivocado.
Cristina Cifuentes, delegada del gobierno en Madrid, es una mujer la mar de liberal, en el sentido político y religioso del término. Pasó de ser tertuliana en una cadena de televisión que dice representar a la derecha social de este país a ocupar un cargo “complicado", debido al desespere de la izquierda política y sindical madrileña, que lleva muy mal el hecho de que Esperanza Aguirre les plante cara y obtenga una mayoría absoluta tras otra. Sospecho que los próximos cuatro años van a ser moviditos en la capital de España, y es necesario que la policía estén bien dirigida para evitar que esa izquierda incapaz de ganar en las urnas se piense que la calle es suya en plan batasunero o en plan mafia de Chicago de los años 20.
Cuando don Manuel Fraga fue ministro de Turismo en tiempos de Franco, lanzó la exitosa campaña “Spain is different", que buscaba atraer visitantes de todo el mundo hacia nuestro país. Efectivamente, España era y es diferente, para lo bueno y para lo malo. De la misma manera que no hay dos personas iguales, tampoco hay dos naciones idénticas, aunque la nuestra ha ido “pariendo” por el mundo varias hijas que hoy la consideran como la madre patria. Pocas naciones pueden presumir de lo mismo.
Hoy es uno de esos días donde ser católico es motivo de orgullo. En el país más “poderoso” del mundo, ese que es pintado por muchos como el paraíso de la democracia y la panacea de las libertades, existe un gobierno empeñado en obligar a todo el mundo a aceptar la cultura de la muerte, que tiene en el aborto su rostro más siniestro. Y dentro de todo el mundo entramos, como no podía ser de otra manera, los católicos. Obama quiere forzar a todos los empresarios o personas particulares que contratan empleados a pagar unos seguros médicos que incluyan entre sus servicios la anticoncepción, la esterilización y los fármacos abortivos.


