InfoCatólica / Cor ad cor loquitur / Categoría: Cultura de la vida

13.11.10

Voz que clama en el desierto

Repasando mis archivos antiguos, me he encontrado con esta joya. Es un artículo pastoral escrito en julio del 2001 por Mons. Rosendo Álvarez Gastón, obispo emérito de Almería, cuando todavía era obispo titular de la diócesis andaluza.

Lo leo ahora y me viene a la memoria aquello de la “voz que clama en el desierto". Merece la pena recuperar este texto, que demuestra que los pastores de nuestra Iglesia saben decir las cosas bien claritas cuando se ponen a ello.

Se cierran las fuentes de la vida

Se están dando una serie de consignas, a veces leyes y decretos, desde ministerios, consejerías o desde medios de comunicación y centros de poder, en orden a crear una mentalidad que converge en esta disparatada y suicida consigna: «Todos contra la vida». Quizá sin darse cuenta de la gravedad de la afirmación, un periodista titulaba hace apenas un mes su reportaje así: «Movida anticonceptiva». Y esto se considera ser progresista y liberarse de prejuicios.

Sería poco llamar a esto irresponsabilidad. Es una degradación que está llevando a consecuencias graves, que pueden llevarnos a lo imprevisible. Ante todo, se está rebajando la dignidad de la persona, del ser humano. Se rebajan, con ello, aspectos esenciales de la vida de cada hombre y mujer, como son el amor y la sexualidad, la noble misión y privilegio de engendrar nuevos seres, de transmitir la vida. ¿Qué le queda a un chico o a una chica, después de haber usado el sexo como un juego egoísta, después de poner todos los medios para impedir la fecundación, o después de haber recurrido al horrible crimen del aborto? Debe quedarle el vacío, la náusea, y, si acaso, el remordimiento y la soledad.

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25.10.10

¿Para matar a los no nacidos no hay X en la Declaración de la Renta?

Los que consideramos el aborto como un vil asesinato, no sólo tenemos que ver como desde el Estado se facilita semejante crimen, sino que, tal y como informamos hoy en InfoCatólica, además lo tenemos que pagar con nuestros impuestos. Es decir, participamos en contra de nuestra voluntad en un sistema perverso, malvado y cruel.

Si ya es demasiado que los mercernarios de la muerte se reúnan felizmente en un hotel de cuatro estrellas, no se me ocurre cómo calificar el hecho de que esa gentuza se haga rica gracias a lo que les pagamos aquellos que querríamos verles en la cárcel. Algo parecido pasa en el País Vasco, donde nuestro dinero sirve para pagar a los miembros del ala política de Eta que están en las instituciones.

Cristo nos dijo que había que dar al César lo que es del César. Es decir, tenemos la obligación de pagar impuestos. Pero me pregunto hasta qué punto esa obligación está vigente cuando sabemos que con ellos se financian los quirófanos donde se ejecuta de los seres humanos no nacidos. Lo menos que deberíamos exigir es que se hiciera un apartado en la declaración de la renta para que pudiéramos optar por no dedicar un solo céntimo de euro a ese fin.

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23.10.10

Deberían estar en la cárcel y no en un hotel de 4 estrellas

Son asesinos de la peor especie. Cobran dinero por matar a los seres más indefensos. Como los médicos colaboracionistas con el nazismo, profanan la medicina, que debe de estar al servicio de la vida y no de la muerte. Son la escoria de su profesión y de toda sociedad que se precie de ser civilizada. Su lugar debería ser la cárcel y sin embargo desde ayer están reunidos en un hotel de cuatro estrellas, buscando la forma de perfeccionar sus técnicas de asesinato. Todo ello con la complicidad abierta y descarada de unos gobernantes indignos que han facilitado a través de las leyes la actividad terrorista de esa gentuza.

Lo peor de todo es que buena parte de la sociedad española permanece indiferente o muestra su apoyo a esos degenerados. Estos mercenarios de la muerte no obtendrían beneficios económicos si una de cada seis mujeres que se quedan embarazadas en este país no contrataran sus servicios. Muchos las presentan como víctimas y en algunos casos -cuando son obligadas- puede que sea así, pero no habría médicos abortistas sin mujeres dispuestas a matar al hijo que se desarrollo en su seno.

A Dios gracias, hay otra parte de la sociedad que se niega a bajar los brazos ante este holocausto continuo. Hoy la hemos visto defendiendo la vida en Sevilla, donde se celebra el congreso de los abortistas. Intereconomía TV se ha apuntado un gran tanto y ha retransmitido el acto organizado, entre otros, por HO y DAV. Si la cara es el reflejo del alma, es obvio que en esa concentración se respiraba vida. Por el contrario, cuando las femininistas radicales salen a berrear, se ve en sus rostros la presencia del odio, de la muerte, de Satanás regodeándose de nuevo en la muerte de inocentes.

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17.10.10

Monseñor Leonard no sólo tiene razón, sino que quizás se quedó corto

Ciertamente la Iglesia en Bélgica no anda pasando por sus mejores momentos. Su credibilidad ha resultado seriamente afectada por el escándalo de los abusos sexuales por parte de un sector minoritario del clero, que no recibió una respuesta adecuada por parte de los obispos belgas. Ahora bien, no parece que el actual primado de la Iglesia en ese país, el arzobispo de Bruselas-Malinas pueda ser acusado de nada en relación con ese desagradable tema. Y sin embargo, Mons. Leonard está sufriendo un ataque brutal por lo que escribió en un libro hace cuatro años, cuando ni siquiera era el primado belga. Ese dato es ya de por sí significativo. Se ve lo que buscan sus atacantes. En todo caso, ¿qué fue lo que escribió? Algo evidente. Que el Sida puede ser una especie de “justicia inmanente". O para entenderlo mejor, que el Sida puede ser la consecuencia de una vida de promiscuidad y pecado.

Por supuesto, el “mundo” ha puesto el grito en el cielo. Dentro del término “mundo” incluyo tanto a aquellos que no son cristianos, sea porque nunca lo han sido o porque dejaron de serlo, como aquellos que, siendo cristianos, se escandalizan de que un obispo diga lo que la Revelación dice acerca del pecado y sus consecuencias. Estos son los peores, claro, pues demuestran que en vez de ser luz del mundo, permiten que su entendimiento y su conciencia, estén entenebrecidos por aquellos que están bajo el poder del príncipe de la potestad del aire.

Antes de entrar en lo que dice la Revelación cristiana, conviene señalar que el mero sentido común dictamina que Mons. Leonard tiene razón. Obviamente no todos los que han padecido Sida son responsables de contraer la enfermedad. De hecho, no afirma tal cosa el arzobispo. Ahora bien, los que la padecen por haber llevado una vida en la que iban de cama en cama cual abeja polinizadora, ¿de qué se extrañan? ¿Acaso el que ha consumido droga habitualmente y acaba con la salud destrozada puede quejarse de que alguien le diga que es normal que esté enfermo? ¿acaso molesta el término “justicia"? ¿se sentirían mejor si dijéramos “cosecháis lo que sembrasteis"?

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8.10.10