InfoCatólica / Cor ad cor loquitur / Categoría: Benedicto XVI

20.01.11

¿Es un pulso al Papa la decisión del obispo de Takamatsu?

Algunos pensaban que está en vías de solución el conflicto creado por la oposición de los obispos japoneses a la presencia del Camino Neocatecumenal en sus diócesis. Pero la decisión de Mons. Osamu Mizobe de suspender las actividades del Camino en su Iglesia local es una muestra de que la situación va camino de convertirse en un problemón para toda la Iglesia.

A la hora de comentar la carta pastoral publicada por el prelado nipón en Ucanews, quiero empezar por darle la razón en varios puntos. Dice Mons. Mizobe que la persona que mejor entiende la situación de una iglesia local es su obispo. Bien, tiene razón en el sentido de que corresponde al pastor discernir cómo están las cosas en el rebaño que le ha sido encomendado. Igualmente acierta cuando afirma que “no es admisible para ninguna organización o movimiento hacer lo posible para impedir que el obispo actúe en su diócesis“. El Concilio Vaticano II afirmó con rotundidad la autoridad episcopal en la Lumen Gentium:

A ellos se les confía plenamente el oficio pastoral, o sea el cuidado habitual y cotidiano de sus ovejas, y no deben considerarse como vicarios de los Romanos Pontífices, ya que ejercen potestad propia y son, en verdad, los jefes de los pueblos que gobiernan. Así, pues, su potestad no es anulada por la potestad suprema y universal, sino que, por el contrario, es afirmada, robustecida y defendida, puesto que el Espíritu Santo mantiene indefectiblemente la forma de gobierno que Cristo Señor estableció en su Iglesia.

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19.01.11

Que sean uno

En muchas ocasiones he escrito acerca de las dificultades, en mi opinión insuperables, para que se produzca una unión total entre todos los cristianos. Mientras que cabe la posibilidad de que la misma se dé entre católicos y ortodoxos, es imposible que los protestantes evangélicos concurran en masa hacia dicho fin. Como mucho se puede esperar que algunas denominaciones protestantes -sobre todo anglicanos y luteranos- caminen hacia esa meta, pero para ello tendrían que abandonar la deriva teológica liberal en la que están inmersas. Pero quien conoce el protestantismo sabe que su propia esencia hace imposible que la totalidad de los evangélicos -ni siquiera una mayoría cualificada- compartan la misma Eucaristía con católicos y ortodoxos. No es una cuestión de que existan dificultades doctrinales. Es que ni siquiera compartimos la misma fuente de la Revelación. Nosotros Biblia y Tradición, ellos sólo Biblia. Es más, ni siquiera tenemos la misma Biblia. La nuestra y la de los ortodoxos es la misma. Contiene los deuterocanónicos. La de ellos, no. Y si entramos en la cuestión dogmática, apaga y vámonos.

¿Significa eso que hay que desistir en la tarea de buscar la unidad de todos los cristianos? ¿es el ecumenismo un error? De ninguna de las maneras. La unión fue deseada por el propio Cristo. De hecho, fue Él quien pidió al Padre que todos fuéramos uno. Si Cristo anhela nuestra unión, ¿cómo va a estar mal que nosotros la deseemos?

En el camino ecuménico se han logrado avances importantes. Para mí el principal es haber conseguido superar enfrentamientos históricos que eran fruto de una época en la que los cristianos dirimían sus enfrentamientos a sangre y fuego, y no de forma figurada sino real. Hace 2-3 siglos parecía impensable que católicos, ortodoxos y protestantes pudiéramos rezar juntos ni siquiera el padrenuestro. Hoy rezamos juntos algo más que el padrenuestro.

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17.01.11

El Camino Neocatecumenal es un regalo del Espíritu Santo para la Iglesia

Cada vez que ponemos una noticia en InfoCatólica sobre el Camino Neocatecumenal, invariablemente aparecen comentarios críticos con ese movimiento iniciado por Kiko Argüello y Carmen Hernández. Algunos sobrepasan la crítica y llegan a la calumnia y la difamación. Lo primero puede ser comprensible. Ningún movimiento está exento de ser objeto de críticas. Pero quienes se lanzan contra los kikos como si fueran poco menos que una panda de sectarios tienen desde hoy una razón más para analizar si no son ellos, -sí, precisamente ellos-, los destinatarios adecuados para sus epítetos.

Y es que Benedicto XVI lo ha dicho bien claro hoy: “La Iglesia ha reconocido en el Camino Neocatecumenal un regalo especial suscitado por el Espíritu Santo“. Semejante frase del Papa debería de bastar para disipar dudas sobre la bondad de este movimiento eclesial que “contribuye a reavivar y consolidar en las diócesis y en las parroquias la iniciación cristiana, favoreciendo un gradual y total redescubrimiento de las riquezas del Bautismo, ayudando a saborear la vida divina, la vida celestial que el Señor inauguró con su encarnación, viniendo entre nosotros, naciendo como uno de nosotros“.

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24.11.10

Tras la tempestad, llegará la calma

Es conocido por todos que tras una tempestad siempre llega la calma. El Katrina mediático provocado por la publicación de la respuesta del Papa Benedicto XVI al periodista Peter Sewald sobre el uso de los preservativos, empieza a dejar paso a una relativa paz, que quizás no deje de ser preludio de nuevas inestabilidades metereológicas.

Navegar en medio de una gran tormenta no es cosa fácil. En ocasiones, el pasajero de la barca de la fe apenas puede hacer otra cosa que agarrarse a su embarcación y rogar a Dios que no le permita naufragar. No todos podemos permanecer tranquilamente dormidos como el Señor mientras los elementos parecen confabularse contra nosotros. Pero sí podemos confiar en que Él, precisamente Él, es capaz de convertir la peor de las tormentas en una calma chicha con una sola palabra.

Tras lo ocurrido en los últimos días, tengo la certeza de que, como ha sido mi caso, un gran número de fieles católicos se han sentido desconcertados en mayor o menor grado. Hablo de fieles de verdad, no de bautizados. Es decir, de aquellos sacerdotes, religiosos y seglares que, por la gracia de Dios, profesan la fe católica y se adhieren a todo el Magisterio, incluido el relacionado con la moral sexual y conyugal. Es tal la avalancha de información y desinformación sobre este tema, que muchos no sabrán todavía hoy a qué atenerse. A algunos se nos va haciendo la luz sobre el alcance de las palabras del Papa, pero creo que más de uno debe estar perplejo y sumido en la oscuridad y el desánimo.

¿Y qué ha dicho el Papa? La literalidad de las palabras ya la conocemos. Yo las interpreto así: Si alguien, hombre o mujer, se dedica a la prostitución, en cualquiera de sus variantes, y es portador del SIDA, el hecho de que piense en no hacer daño a los demás transmitiéndoles la enfermedad es un avance. Si esa persona piensa que la herramienta ideal para no transmitir la enfermedad es el preservativo, pues entonces el uso del mismo está justificado en ese caso concreto. No porque usar el preservativo sea un acto bueno, que no lo es, sino porque la intención y el objetivo, salvar vidas, sí es buena.

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8.11.10

Vino y nos confirmó en la fe

Dejémoslo claro desde el principio. La visita de Benedicto XVI a España ha supuesto un espaldarazo a los católicos que estamos en comunión con él. A su vez, ha servido de testimonio del mensaje de la Iglesia para una sociedad que cada vez le vuelve más la espalda a ella y, por tanto, a Cristo. Y por último, aunque cronológicamente fue lo primero, ha dejado bien claro a los gobernantes que la cabeza del colegio episcopal de la Iglesia de Cristo sabe muy bien lo que están haciendo en este país y dónde están las raíces de su comportamiento.

Ha sido, pues, un triple mensaje. Al pueblo de Dios, al pueblo que ha renunciado a Dios y al César. En ese sentido, Benedicto XVI ha ejercido de eficaz sucesor de los apóstoles, con Pedro como “príncipe” -protos- de todos ellos. Y cuando un Papa ejerce eficazmente de Papa, la Iglesia se ve beneficiada. Se vuelve a demostrar que la figura del papado no tiene parangón en el resto de iglesias o comunidades eclesiales no católicas. O, en otras palabras, si el papado -ministerio petrino- no hubiera sido constituido por Cristo -el Nuevo Testamento da fe de que sí-, habría que inventarlo.

El mensaje que hemos recibido los fieles es de plena confirmación de nuestra fe. Nos marca las líneas a seguir para dar testimonio de Cristo y del evangelio al resto de la sociedad. Si el Papa no tiene duda alguna en hablar del peligro del laicismo, nosotros tampoco debemos tenerla. Si el Papa habla de la necesidad de que Europa vuelva a Dios, nosotros estamos llamados a mostrar el verdadero rostro de Dios a Europa y sus ciudadanos. Si el Papa defiende la vida y la familia, nosotros también.

A la sociedad que se ha olvidado de Dios, el Santo Padre le ha dicho muy claramente que si el progreso material, económico y científico no va acompañado de un progreso moral, entonces no hay verdadero progreso. Y si no se tiene a Dios como referencia, el hombre no alcanza aquello a lo que ha sido llamado. No hay ningún sistema político que nos haga verdaderamente libres. “Sólo donde existen el amor y la fidelidad, nace y perdura la verdadera libertad“, dijo el Papa en la Sagrada Familia. Ese mensaje es muy necesario en una sociedad donde el divorcio está a la orden del día y donde el egoísmo de muchos llega a tal extremo que uno de cada seis embarazos acaban siendo eliminados por manos asesinas.

Al César de España, que actualmente se apellida Rodríguez, Benedicto XVI le ha dicho que sabe muy bien lo que quiere, cómo lo quiere y porqué lo quiere. Señalar a Zapatero como uno de los principales impulsores del laicismo radical en Europa es lo mismito que decir que es uno de los principales enemigos de la Iglesia en el mundo entero, pues es Europa el continente donde el laicismo ha avanzado más en el ámbito de los regímenes democráticos. Y por si alguien tenía alguna duda, el propio gobierno se ha encargado de despejarla, convirtiendo a España en el primer país europeo, desde la caída de la URSS, en el que la Iglesia se ve obligada a celebrar una Misa en plena calle porque las autoridades se lo han prohibido en uno de sus templos. Que el mismo día en que el Papa llega a España, la Guardia Civil impida a los fieles oír Misa en el Valle de los Caídos y que al mismo tiempo que el Papa celebraba Misa en la Sagrada Familia, los monjes benedictinos del Valle tuvieran que celebrarla al aire libre en pleno noviembre, es un símbolo de lo que este gobierno representa para la Iglesia en nuestro país. Y nadie piense que el apoyo institucional a la próxima JMJ cambia esa realidad. Zapatero no puede dejar de ser lo que es.

Por último quiero señalar algunos detalles de relativa importancia. Lo primero, parece evidente que, sobre todo en Barcelona, no ha sido grandioso el número de personas que se han tirado a la calle para ver al Papa. Por una parte, el programa de la visita no ayudaba a ello, pero es que además resulta notorio que de donde no hay no se puede sacar. Y el estado actual del catolicismo español no da para muchas alegrías.

Significativo me pareció el hecho de que tanto en Galicia como en Cataluña, el Papa empezara la homilía dirigiéndose a las autoridades nacionales, autonómicas y locales. Es decir, si alguien esperaba que el Santo Padre hiciera algún gesto de reconocimiento de Cataluña como nación, habrá quedado más bien desencantado. Para Benedicto XVI el señor Montilla y cía son autoridades autonómicas. Al que le guste, bien. Al que no, también bien.

Tampoco quiero olvidar lo bochornoso del acto que tuvo lugar el pasado viernes en la Basílica de Santa María del Pi de Barcelona. Insisto en decir que me parece un atentado a la comunión eclesial el que un cardenal de la Iglesia Católica permita que una de sus basílicas sea tomada por aquellos contrarios al papado. No se puede poner una vela a Dios y otra al diablo. Y eso vale para todos, cardenales incluidos. Muchos estaremos atentos a lo que pueda ocurrir en los próximos días. Esperamos un gesto del Cardenal Arzobispo de Barcelona en relación con esa infamia.

En definitiva, Benedicto XVI vino y nos confirmó en la fe. Esa es su tarea. La nuestra es, asistidos por la gracia de Dios sin la cual nada podemos, poner esa fe en marcha para que dé buenos frutos. El año que viene, si Dios le da salud y vida, volveremos a tener a este Papa entre nosotros. Será el momento de los jóvenes. De ellos depende el futuro de la Iglesia en España.

Luis Fernando Pérez Bustamante

Excursus: Mi buen amigo César Vidal, que como ustedes saben es protestante evangélico, me dijo el sábado pasado que los del periódico La Razón le habían encargado a él la exégesis de la homilía que el Papa habría de predicar en la Sagrada Familia.

Yo le pregunté: “¿a ti? ¿no tienen mejor idea que encargar a un protestante la exégesis de la homilía del Papa? ¿no hay católicos en La Razón para hacer semejante tarea?

Ante lo cual él me respondió que no era culpa suya.

Pues bien, de un protestante cabe esperar un artículo en el que intenta usar las palabras del Papa para apoyar sus tesis antipapales. Este es el enlace al artículo:

http://www.larazon.es/noticia/9637-la-dignidad-de-los-hijos-de-dios-por-cesar-vidal

En negrita, lo que comento:

Finalmente, da la impresión de que Benedicto XVI ha deseado ser ecuménico en su exposición –un gesto notable si se tiene en cuenta que, por ejemplo, el obispo de la iglesia anglicana en España estaba presente en la celebración– y ha desarrollado una exposición de la «roca» sobre la que se construye la iglesia que no reproduce los planteamientos católicos al uso sino, más bien, los que aceptarían los cristianos de cualquier confesión. Como era de esperar, Benedicto XVI ha señalado la importancia de María –a la que ha denominado en la conclusión de la homilía Mare de Déu, Maria Santissima, Rosa d’abril, Mare de la Mercè– pero, a la vez, ha evitado la referencia clásica a Pedro como la piedra sobre la que Cristo construye la Iglesia –posición sólo aceptada por la iglesia católica– para subrayar que la roca sobre la que se sustenta la iglesia, como sostuvo la inmensa mayoría de la patrística, es el mismo Cristo.

Es decir, en vez de explicar que los Padres de la Iglesia jamás opusieron la doctrina que señala a Cristo como piedra angular de la Iglesia con la de que el propio Cristo hace de Pedro la roca sobre la que Él edifica su Iglesia, César Vidal usa la famosa tesis protestante del “esto o lo otro", en vez de la doctrina católica “esto y lo otro”, que aparece en prácticamente todos los puntos de desacuerdo entre ellos y nosotros: “Biblia o Tradición” versus “Biblia y Tradición, “fe u obras” versus “fe y obras", etc. Y todo ello gracias a la gentil idea de la dirección de uno de los periódicos que se supone que más lectores tiene entre los católicos españoles. Enhorabuena, señores de La Razón.