InfoCatólica / Blog de nuestros lectores / Categoría: Teófilo Hispano

5.11.25

No hagan caso a las ONG

No pasa ni un sólo día sin que el sistema nos ametralle con sus monsergas estupefacientes. Son como pequeños pellizcos de Charo en medio de un marasmo nihilista de postmodernidad burocratizada. La mayor parte de las veces lo hace la televisión, esa magia negra que ha reemplazado el fuego de nuestros hogares por píxeles. Frente a ella uno se tumba y relaja para consumir artificio cultural como si fuese naturaleza. Lo analiza con maestría Agustín Laje en «La batalla cultural». Sin percatarnos, hemos entregado un enorme poder a nuestros amos. Desde hace más de 60 años hemos instalado clérigos en nuestros salones de manera sumisa y cándida. Ayatolás del pensamiento mainstream. Sumos sacerdotes de lo políticamente correcto. Creadores de la opinión pública. Ingenieros sociales. Medios de adoctrinamiento de masas que en manos de las élites plutocráticas, que diría el gran Juan Manuel de Prada, aprovechan con notable éxito la vulnerabilidad biológica de toda psique humana. Y es que me temo que nuestros cerebros no evolucionan al ritmo de nuestros inventos. Y el hogar se ha ido transformando poco a poco en algo más falso que la famosa caverna de Platón. Porque una vez libres de las cadenas, abrazar la pared de una caverna, aunque fuese la de la alegoría de Platón, entrañaba una cierta riqueza para los sentidos. Uno podía experimentar el tacto frío, la humedad, su irregularidad, la piedra afilada que se clava, la roca que se desprende desvelando vetas de un extraño mineral o la vida misteriosa que aletea guiada por sonar en forma de mamíferos voladores llenos de vocales. Por contra, en el hogar postmoderno al llegar a casa a uno sólo le recibe el ruido del televisor. O el sonido nihilista de una roomba sonámbula que choca con las paredes de pladur. O, peor aún, Alexa. ¿Cuántas horas de pantallas se vienen consumiendo por hogar desde hace décadas en España? ¿Y cuál habrá sido su impacto en la rápida mutación de nuestra sociedad?

Leer más... »

21.03.24

Arde Francia

Cuando los sociólogos del futuro describan la extraña muerte de Europa sin duda reservarán un capítulo especial dedicado monográficamente a Francia. Dentro de pocas décadas los escasos progres con rasgos caucásicos que repten por la república islámica gala se lamentarán rechinando entre dientes «si tan sólo alguien nos hubiera advertido». À ce moment-lá, Douglas Murray y Michel Houellebecq desde la otra vida les dedicarán una entrañable sonrisa modo Monna Lisa.

Leer más... »

21.01.24

La criptonita del capitán

No pretendo con estas letras dejar a nadie con el tafanario al aire. Al contrario, la mía es sólo una humilde muestra de agradecimiento a un ilustre y virtuoso escritor por quien tengo gran estima. No puedo no tenerla por Arturo Pérez-Reverte, maestro de esgrima de nuestro idioma, nacido en Qart Hadasht, ciudad fundada por Asdrúbal y rebautizada por Escipión el Africano como Cartago Nova. Un académico de número de la Real Academia Española que fue corresponsal de guerra en medio mundo y que además compartió instituto con mi padre, mi tío y un primo de ambos. El insigne y exigente instituto Isaac Peral. Brindo por él y por sus libros, porque a través de ellos ha logrado sumergir a millones de personas en el delicioso vicio de la lectura. Los libros son hoy, quizá más que nunca, artefactos en peligro de extinción. Su insomne competidor (el tedioso teléfono móvil) es una especie parásita e invasora que depreda compulsivamente nuestra atención. No albergo dudas de que, a pesar de la desproporción de fuerzas, David vencerá a Goliat y los libros de papel sobrevivirán a las sanguijuelas electrónicas como el lechazo sobrevive frente a las hamburguesas de cierta cadena useña y como lo eterno se impone a lo temporal. Españoles, volvamos a lo eterno, volvamos a los libros. Las novelas del escritor cartaginés han logrado la hercúlea proeza de despertar la curiosidad por conocer más nuestra historia en toda una generación. Reconocer su mérito personal en esta hazaña es una cuestión de justicia y honor.

Leer más... »