La institución del matrimonio

La institución del matrimonio

El que hombre y mujer estén llamados a sellar una alianza global de vida en la que la vivencia de sus relaciones sexuales es su rasgo más específico, da a éstas una marcada dimensión interpersonal y exclusiva a la vez que las sitúa en el marco de una fidelidad permanente.

El matrimonio arranca naturalmente de la tendencia al amor y perfeccionamiento mutuo que instintivamente sienten entre sí el hombre y la mujer. Es una realidad que implica directamente a dos personas en una relación heterosexual estable de amor mutuo que lleva a la unión íntima y a la comunión interpersonal. Amor, sexualidad y matrimonio están íntimamente conectados y relacionados.

Dice a este respecto el Concilio: «Fundada por el Creador y en posesión de sus propias leyes, la íntima comunidad conyugal de vida y amor se establece sobre la alianza de los cónyuges, es decir, sobre su consentimiento personal e irrevocable.»... «Porque así como Dios antiguamente se adelantó a unirse a su pueblo por una alianza de amor y fidelidad, así ahora el Salvador de los hombres y Esposo de la Iglesia sale al encuentro de los esposos cristianos por medio del sacramento del matrimonio. Además, permanece con ellos para que los esposos, con su mutua entrega, se amen con perpetua fidelidad, como Él amó a la Iglesia y se entregó por ella. El genuino amor conyugal es asumido en el amor divino y se rige y enriquece por la virtud redentora de Cristo y la acción salvífica de la Iglesia para conducir eficazmente los cónyuges a Dios y ayudarlos y fortalecerlos en la sublime misión de la paternidad y la maternidad» (GS, 48).

El hecho de que el Concilio nos hable del sacramento del matrimonio como alianza nos recuerda lo ya dicho en el Antiguo Testamento de cómo la Alianza entre Dios y el pueblo y matrimonio se iluminan mutuamente. La alianza matrimonial, que compromete a ambos esposos en un destino común, realizada responsablemente por los cónyuges ante Dios, la Iglesia y la Sociedad, es imagen y manifiesta la alianza de amor de Dios con los hombres, por lo que supone la fe; así como la alianza del Dios siempre fiel con los hombres manifiesta cómo ha de ser la alianza sacramental, convirtiéndose así en el ideal de cómo ha de vivirse esta realidad humana y sobrenatural. El amor, o es comprometido y definitivo e incluye una fidelidad a la persona con la que te unes para formar una vida en común, o no es amor. El que hombre y mujer estén llamados a sellar una alianza global de vida en la que la vivencia de sus relaciones sexuales es su rasgo más específico, da a éstas una marcada dimensión interpersonal y exclusiva a la vez que las sitúa en el marco de una fidelidad permanente. En todo caso, la unión definitiva de un hombre y una mujer en la alianza conyugal corresponde ante todo a la naturaleza humana y a las exigencias inscritas en ella por el Creador.

Hoy está bastante claro en la reflexión teológica que, para la institución de un sacramento cristiano, no es imprescindible la institución material y formal del sacramento. Cristo quiso a la Iglesia como sacramento primordial de su presencia salvífica en el mundo y ella actualiza la salvación de Cristo en las diversas situaciones de nuestra vida, especialmente por los siete ritos principales. Cristo y la Iglesia asumieron los sacramentos «creacionales» que ya indicaban una referencia a Dios, y los colocaron en una referencia especial con el misterio cristiano. De sacramentos de Dios pasaron a ser sacramentos de Cristo, no tanto porque Cristo mismo los haya instituido, sino porque fueron conectados con su acción salvífica.

No nos extrañe por ello que no haya acuerdo entre los teólogos sobre el momento concreto de la institución del sacramento del matrimonio. Hay quien piensa que fue cuando con su presencia alegró y bendijo las bodas de Caná (Jn 2,1-11); o bien cuando proclamó nuevamente la unidad e indisolubilidad del matrimonio (Mc 10,2-9; Mt 19,3-9); o tal vez en los cuarenta días después de la resurrección, cuando hablaba a los apóstoles del reino de Dios (Hch 1,3), quedando posiblemente confiada a san Pablo la promulgación del nuevo sacramento (1 Cor 7,1-7; Ef 5,22-33).

Es posible igualmente que, si bien Cristo quiso hacer del matrimonio un signo eficaz de gracia, no manifestase de modo explícito su voluntad, dejando a la Iglesia tomar conciencia de ella gracias a una serie de hechos que se completan e iluminan mutuamente, como su presencia en Caná y la revelación por san Pablo de la significación simbólica misteriosa del matrimonio (Ef 5,22-33).

Es este texto de Efesios el principal fundamento escriturístico de la sacramentalidad del matrimonio, si bien no hay que exagerar su fuerza probativa, pues la actual exégesis bíblica coincide en afirmar que no se puede deducir de él el concepto que fue elaborado muy posteriormente de sacramento, y el propio concilio Tridentino solamente nos dice: «Ahora bien, la gracia que perfeccionara aquel amor natural y confirmara la unidad indisoluble y santificadora de los cónyuges, nos la mereció por su pasión el mismo Cristo, instituidor y realizador de los venerables sacramentos. Lo cual insinúa (innuit) el mismo Pablo cuando dice: «Varones, amad a vuestras mujeres, como Cristo amó a su Iglesia y se entregó a sí mismo por ella»(Ef 5,25), añadiendo seguidamente: «Este sacramento (mysterion), grande es, lo digo respecto a Cristo y la Iglesia (Ef 5,32)» (D 969; DS 1799).

 

Pedro Trevijano

3 comentarios

Luis Piqué Muñoz
El Matrimonio es un Sacramento maravilloso de Amor. Comienza con Adán y Eva, Adán figura de Cristo y la dulce y purísima Eva figura de la Iglesia y la Purísima ¡la dulcísima Virgen María! Hoy en el Perverso Occidente impera y se fomenta por la Tiranía democrática y el Nuevo Nazismo Feminista la sacrílega Fornicación no sólo Carnal sino con la adoración a ídolos como el Ídolo de Oro, el Poder, la Comodidad, el Vicio, el Pito, la Droga, el Juego. Ya casi Nadie Cree en el Sacramento Omnipotente del Matrimonio, se prefiere el concubinato y el brutal coito animal en lugar de la dulce y Pura Relación de Amor del Matrimonio ¡apasionado y para toda la Vida, la entrega amorosa y absoluta de los 2 cónyuges Hombre y Mujer! ¡Que ha sido destruido, primero con el Divorcio, luego con los AntiConceptivos, el aborto, el contubernio del Matrimonio Civil y finalmente su apoteosis del grotesco y dantesco Matrimonio sodomita, final lógico de un largo proceso de degradación que ha terminado y extinguido prácticamente el Sacramento divino del Matrimonio! ¡Viva el Matrimonio! ¡Viva el Amor! ¡Viva Dios!
4/10/21 3:50 PM
maru
El sacramento del matrimonio, ya hace años que, por desgracia, para muchos dejó de ser sacramento. Hoy están con uno, con una, con ambos del mismo sexo, etc. , sólo sexo por sexo. Es una triste realidad a la que hemos llegado.
5/10/21 1:48 PM
Jorge Cantu
Gracias, Padre Pedro por esta lección tan bella acerca del Don precioso del Matrimonio en Cristo.

¡Cuánto sufrimiento se hubiera ahorrado la humanidad y cuánto bien se hubiera recibido con las bendiciones de Dios si se hubiera respetado la sacralidad de la unión conyugal querida por Dios desde le principio!

Hoy Satanás regentea el ámbito de las relaciones de pareja, las leyes civiles, la cultura popular y se abre camino hasta en la misma Iglesia de Dios.
7/10/21 6:37 AM

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