La nueva Iglesia de Karl Rahner. El teólogo que ha enseñado a rendirse al mundo.

La nueva Iglesia de Karl Rahner. El teólogo que ha enseñado a rendirse al mundo.

Se puede demostrar que las sugerencias rahnerianas han implicado y subvertido gran parte de la teología de los últimos sesenta años. Rahner «parece haber ganado», escribe Stefano Fontana en su último ensayo, dedicado al «teólogo que ha enseñado» a la Iglesia «a rendirse al mundo»

El cardenal Giuseppe Siri había resumido en la «concepción de lo sobrenatural no-gratuito» el núcleo del error teológico de Karl Rahner. Lo escribió en Getsemani, en 1980, para la editorial de la Fraternidad de la Virgen María. En otras palabras, para Rahner lo sobrenatural está «necesariamente» vinculado a la naturaleza humana; pero, en este caso, la gracia ya no sería gratuita, no sería un don, no podría ser aceptada o rechazada libremente por el hombre. En resumen, una especie de sobrenatural impuesto por Dios al hombre. Una gratuidad obligatoria.

Si cuanto sostiene Rahner fuera verdad -afirma Siri-, se llegaría «a la inutilidad del acto de fe» porque «en mi esencia está Dios». No tengo que aceptarlo o rechazarlo: Dios ya forma parte de mí, lo quiera yo o no. El teólogo alemán no se dio cuenta, evidentemente, que con dicho supuesto «todos los principios, todos los criterios y todos los fundamentos de la fe» han sido «puestos en discusión y se disgregan».

Pero el problema no es la opinión de un teólogo heterodoxo. Se puede demostrar que las sugerencias rahnerianas han implicado y subvertido gran parte de la teología de los últimos sesenta años. Rahner «parece haber ganado», escribe Stefano Fontana en su último ensayo, dedicado al «teólogo que ha enseñado» a la Iglesia «a rendirse al mundo». No es una exageración: «de un encuesta –escribe Fontana– llevada a cabo en el inmediato postconcilio en la Pontificia Universidad Lateranense resultó que para los seminaristas que estaban allí estudiando teología, el teólogo católico más grande de todos los tiempos no era Santo Tomás de Aquino o San Agustín, sino Karl Rahner».

Un Dios atemático

Fontana describe la parábola del pensamiento rahneriano integrada de manera fatal en el método moderno de hacer filosofía y, por lo tanto, teología. Es un método que Fontana ya había expuesto en su ensayo anterior, «Filosofia per tutti» (Fede & Cultura, 2016), y que consiste en asumir, de vez en vez, una determinada forma del «trascendental moderno»: el filósofo o el teólogo de la modernidad ya no concibe una relación directa con la realidad que hay que conocer, sino que piensa que «el hombre ve el mundo a través de unas lentes de las que no puede liberarse». Estas lentes son las formas, a priori, del conocimiento de un objeto cualquiera que, sin embargo, lo modifican o lo limitan, haciendo imposible cualquier tipo de certeza o conclusión sobre el mismo. El objeto del conocimiento, ya sea una mesa o Dios mismo, se convierte, así, en algo que nunca es totalmente comprensible, en algo que nunca se conoce con seguridad.

Rahner no huye de esta praxis y de esta lógica. El par de lentes con las que lee cualquier aspecto de la realidad, incluido Dios, se llama –escribe Fontana– «agujero de la cerradura». Cada pensador de la modernidad tiene, en el fondo, su apriorismo gnoseológico. El de Rahner es aquel según el cual «Dios se revela en la oscuridad que precede y rodea el agujero de la cerradura». Se revela de manera atemática, es decir, privada de contenidos. Lo que hay más allá del agujero es, en cambio, el mundo de la experiencia, de las palabras humanas. Pero, ¿qué relación pueden tener esta experiencia y estas palabras con la verdad? Una relación equívoca, hecha de dudas y de incertidumbre, porque todo criterio de juicio es captado en este lado de la cerradura, donde me encuentro yo y se encuentra Dios, pero donde hay sólo silencio y oscuridad. Es como tomar medidas con un metro deformado, no se podrá llegar nunca a la extensión de las cosas a causa de un defecto inicial en el instrumento de medida. Las cosas corresponden a la realidad objetiva y el instrumento deformado está en el hombre, que es la realidad subjetiva.

Rahner extrae estas convicciones del apriorismo de Kant, pero es sobre todo en Heidegger en quien basa su propia gnoseología: precisamente en el principio –escribe Fontana– según el cual «el hombre, que se pregunta qué es el ser, está dentro del problema y, por lo tanto, no hay conocimiento de un objeto que no sea también subjetivo». Se trata de una rendición incondicional a la opinión, al «punto de vista» personal. Si, además, el sujeto es defectuoso, también se convierte en tal el objeto, el mundo, Dios, mi experiencia en el mundo, la verdad del mundo y de Dios.

Desaparece la naturaleza humana

Muchas otras enseñanzas proceden de la filosofía clásica, de la teología católica y del magisterio de la Iglesia. Desde Platón a Santo Tomás de Aquino, nunca se había insinuado la tentación de decir que el hombre no podía acceder a la verdad, aunque fuera de manera imperfecta. El transcendental clásico es muy distinto al moderno: está lleno de contenidos y de esperanza en la capacidad cognoscitiva humana; sitúa el criterio del juicio sobre el mundo más allá del cosmos; acepta la ayuda de un Dios que se revela y habla; no tiene problemas en individuar la vocación real de la persona más allá de la física, del fenómeno, situando en la metafísica el propio horizonte humano.

Bien visto, el error de Rahner individuado por Siri –sobre lo sobrenatural vinculado a la naturaleza humana– es, tal vez, el último que hay que tomar en consideración porque, una vez desaparecida la metafísica, desaparecen también los contenidos relacionados con los conceptos de naturaleza, esencia y sustancia. ¿Es aún posible concebir, en el pensamiento rahneriano (o moderno en general), una naturaleza humana? Fontana dice que no: en la perspectiva del teólogo alemán «se convierte en algo difícil seguir utilizando el término «naturaleza». En la visión existencialista de Heidegger y de Rahner «el hombre no tiene naturaleza» en cuanto «es un ser histórico». El ser, en el tiempo y en la historia, se fluidifica y se ‘transforma’ sin parar, mientras que en la naturaleza clásica se apoya, al contrario, en una verdad estable. Por lo tanto, con la caída de la naturaleza cae, a continuación, la ley natural y cualquier discurso relacionado con lo sobrenatural. En Rahner no hay dos niveles (naturaleza y sobrenatural) –escribe Fontana–, sino «un único nivel, el de la historia, que es a la vez historia sagrada e historia profana». Aquí se integra también el pensamiento de Hegel.

Los cristianos anónimos

Siguiendo, además, las sugerencias de la teología protestante del siglo XX, el rahnerismo llega así a prever una «de-helinización» del cristianismo: la helenización había sido la utilización, por parte de la teología, de las categorías filosóficas griegas. Ya no hay una doctrina con la que discernir el tiempo presente y sobre la que organizar una praxis. Viceversa, la praxis tiene el primado absoluto y cada conclusión (si hubiera una) debería seguir siempre el devenir histórico. Por consiguiente, todo está absorbido por el historicismo: la doctrina, el dogma, la enseñanza. Todo se convierte en algo que está en relación con los tiempos y las costumbres. Todo es cuestionable e interpretable, sigue Fontana. Todo evoluciona: incluso la Revelación, que se da en la inmanencia de la historia y que no hay que entenderla nunca como concluida.

En continuidad con el protestantismo, la fe es privada de las categorías racionales y, así, se sitúa en posición antitética a la razón. No sólo: por el hecho de tener un acceso a la religión a través del transcendental, a prioritodos los hombres están acomunados en la Revelación, todos están en una posición equidistante a la verdad. Ya no es necesaria una Iglesia que enseñe y ni tan siquiera una obra de evangelización. Según Rahner, todos los hombres –escribe Fontana –, «son cristianos, o cristianos-anónimos», o «cristianos que no saben que lo son». La tarea del cristiano bautizado o del clérigo ya no es, por lo tanto, la de «gobernar, enseñar o santificar» a alguien, sino la de «escuchar» y «acoger» al no creyente.

El dogma ya no es la palabra definitiva

Si bien hay que verificar todavía hasta qué punto el rahnerismo ha corroído el tejido de la Iglesia, es evidente cuánto coinciden las sugerencias de las nuevas corrientes teológicas con el pensamiento de Rahner. Y dicha evidencia lleva a «afirmar que todas las teologías del progresismo teológico del postconcilio encuentran en Karl Rahner a su padre». Hay un único denominador común detrás de las prioridades que muchos obispos dan a la acción pastoral, a la desvalorización del tomismo, al diálogo a toda costa, al primado de la experiencia atemática, a la predilección por el lenguaje del mundo, al concepto de concilio (o de sínodo) en el que prevale la acción del estar de acuerdo sobre los contenidos efectivos de los encuentros.

Fontana presenta el ejemplo del cardenal Walter Kasper, muy activo en el último Sínodo de la familia y cuya formación es totalmente rahneriana. Para Kasper, el moderno método teológico ya no debe impartir dogmas, sino que debe, al contrario, «considerar el dogma como intermedio entre la Palabra de Dios y la situación de vida de la comunidad cristiana». Ya no es un dogma «visto como algo definitivo», sino que es pura expresión lingüística que se debe doblegar a la situación real de la persona y a las cambiadas percepciones históricas.

Sin embargo, lo que más asombra en relación con Ranher es «que no se haya emitido, respecto a él, ninguna condena, a pesar de los numerosos y fundamentales puntos contrarios a la doctrina católica». Juan XXIII lo quiso en el Concilio Vaticano II como experto. Algo no cuadra.

Silvio Brachetta

Publicado originalmente en el Obervatorio Van Thuan

 

21 comentarios

Pablo
Rahner cae en el mismo error que muchos de sus predecesores y es la confusión entre intelecto y amor y razón y enamoramiento. Inteligencia y amor son actos puros del intelecto y se desarrollan según la voluntad, sujeta a error, por medio del razonamiento y el enamoramiento (aunque en el lenguaje coloquial se considere al revés en el segundo caso). Cualquier potencia o posibilidad que se predique del ser sólo es posible, repito -posible-, si el ser existe, ser en acto, previamente. ¿Puede el hombre volar agitando sus brazos? No, nunca ha existido un hombre que lo haya hecho. Es decir, no existe una potencia del ser si éste no ha existido antes. El recorrido es originariamente, por lo tanto, del acto a la potencia y únicamente de modo subsiguiente de la potencia al acto. De ahí que cualquier análisis de la realidad que se fundamente en el "posibilismo" del ser queda descartado de antemano confirmando que el ser es anterior a su fin. ¿Y cuál es el fin del ser o ente? El fin de cualquier ente o creación material o espiritual es subsistir, mantenerse en el ser.

Cualquier ser sólo tiene una finalidad propia: seguir existiendo. Con estos dos principios respondemos al problema gnoseológico que puede ser enunciado como el problema del huevo y la gallina. ¿Qué es antes el huevo o la gallina? Si el acto precede a la potencia, la gallina precede al huevo pues el primero es potencia del segundo pero el segundo no lo es -ni puede serlo- del primero. Si el fin del ser es la subsistencia
26/07/17 4:47 PM
Pablo
De lo anterior se deduce que no podemos hablar de lo posible si antes no existe, cosa distinta a ser conocido, en la realidad. Sin embargo, sí podemos afirmar que algo es imposible cuando conocemos su esencia o "naturaleza" con absoluta certeza. Por esto mismo, no existen casuísticas del único caso que exime o disculpa del cumplimiento de la norma moral y que se concreta en algo tan simple como es la imposibilidad material de adecuarse a ella. Hoy se abusa del término -imposibilidad- confundiéndola con debilidad. No hay excepción a la regla si no se trata de un caso de imposibilidad.

Hegel, con la dialéctica del ser, pretendía superar a Kant y sus aprioris o categorías gnoseológicas sin querer reconocer, ninguno de los dos, que la intelección de la forma sustancial trasciende tanto al espacio como al tiempo. Toman como principio el no-ser, o la incapacidad para no conocer, y a continuación establecen un razonamiento, sujeto a error, para justificar ese primer principio no intelectivo pues la nada no puede -es imposible- que se objeto de la inteligencia. Desde el instante en que se parte de lo imposible -la nada- o lo posible sin previo acto, la vía racional queda adulterada.
26/07/17 4:48 PM
Forestier
De Rhaner, aunque algo brevemente, se habló en esta web no hace mucho, emitiendo comentarios valiosos y aclaratorios. Personalmente introduje mi opinión sobre los "cristianos anónimos". Hace algunos años escribí un artículo en el que ponía de relieve que la principal influencia en la que se había sumergido Rhaner se encontraba en Hegel. Cuando Bracheta reproduce de Fontana la frase de que "Todo evoluciona: incluso la Revelación, que se da en la inmanencia de la historia", está textualizando a Hegel. Por supuesto, Rhaner también está contaminado por los "a priori" de Kant, y en concreto la experiencia de la realidad ya no se produce por las afecciones sensibles que inmutan a las comunes facultades orgánicas (vista, oído, etc.), sino en nuestra personal subjetividad para organizar las experiencias en el ámbito formal del espacio-tiempo (aprioris de la sensibilidad). Respecto a Heidegger, supedita y sepulta el ser en la temporalidad (ya no hay un Ser trascendental) Más allá del tiempo es absurdo pretender indagar algo, pues lo más posible es que estemos destinados a la nada, en el total nihilismo.
26/07/17 7:26 PM
Pablo
(*) serlo- del primero. Si el fin propio del ser es la subsistencia, mantenerse en el ser, la gallina subsiste según su naturaleza de modo completo agotando su esencia (perfectamente cognoscible) pero no el huevo que acabará transformándose en gallina. Pero el huevo nunca podrá ser gallina si no existe, en sí, la esencia de la gallina. De la gallina tenemos certeza absoluta porque permanece en su ser a lo largo del tiempo, sin embargo, del huevo siempre podremos preguntarnos si lo es de gallina, de otro ave o de un saurio.

Pero volviendo a Rahner y su principio del "cristiano anónimo" no puede establecerse una analogía entre cristiano de facto y cristiano en potencia que posee en sí la esencia del cristianismo. Y no se puede hacer si se comprende bien el concepto de participación del Ser. La criatura humana no alberga en su interior, en su naturaleza, ningún rastro de la esencia divina. Si participa del Ser, como dice santo Tomás, no es según la esencia sino según la existencia. El hombre participa del acto de ser pero no de la esencia de Dios porque ha sido creado de la nada y no a partir del Ser. Que en Dios esencia y existencia sean una misma cosa no significa que la participación de la existencia de Dios devenga en participar de su esencia.
26/07/17 8:32 PM
Pablo
Somos partícipes de la Existencia como lo son todos los seres creados pero con la diferencia de haberlo sido a Su imagen y semejanza. Si uno se mira en un espejo podrá afirmar, sin dudarlo, que existen realmente tanto el rostro de quien se mira como su imagen reflejada pero también que son esencialmente distintas aunque terminológicamente indistinguibles (puedo dirigirme a otro, llamarle tú, a través del espejo). La semejanza entre las dos esencias se da en las atribuciones. En Dios existe inteligencia, en el hombre también, en Dios existe voluntad, en el hombre también y lo mismo puede decirse de la bondad, la belleza, etc. en cada cual según su distinta naturaleza. En el Primero como fuente inagotable, diversa, infinita e ilimitada y en el segundo como receptáculo agotable, singular, limitado y finito.

No hablamos de perfecciones -como inteligencia, voluntad, bondad, belleza o sabiduría- según la carne (la de los no bautizados) sino de aquellas que proceden del Espíritu y se derraman sobre los que participan de la gracia. Es decir, para que el hombre pueda descubrir la presencia de Dios en su naturaleza (como acotación de su esencia) es necesaria la intervención de la gracia de Dios puesto que somos esencialmente diferentes. Por eso, la inteligencia (erudición), belleza (juventud), voluntad (fuerza), bondad (simpleza)...humanas se consumen y agotan pero la participación en las transcendentales no.

Rahner vuelve a colocar al hombre en el lugar sólo debido a Dios.
26/07/17 8:34 PM
Paul en California
Muchas gracias a infocatolica por tomarse el trabajo de traducir y publicar estos artículos tan valiosos.

Habría que subrayar que de los 2 hermanos sacerdotes Rahner, ambos fueron jesuitas, pero tengo entendido que su hermano Hugo, aunque fue un hombre destacado ( historiador, académico, y presidente de una universidad jesuita ) no causo tanto impacto como Karl lo hizo. Karl no sólo dejo una gran influencia dentro de su orden religiosa, sino también dentro de la formación de sacerdotes diocesanos ( al menos me consta en los EE.UU. ).
Sería interesante conocer opiniones de los lectores acerca de posibles conexiones filosóficas entre Karl y Teillard de Chardin, quienes en sus respectivas épocas marcaron un énfasis en desafiar doctrina católica, y por ende el magisterio y tradición.
26/07/17 10:46 PM
Ing. Adrian Gómez García
Esta es la teología del perplejo, que deveria llamarse mejor la teología de la mediocridad o la teología de la tibieza.
Ya que no existe un si o un no sino predomina un talvez elevando el talvez al grado de verdad. Una verdad a medias es una mentira, pero la teología del perplejo hace que la mediocridad sea mas fuerte incluso que la historia misma auque la historia no fue crada por mediocres sino por heroes. Héroes que crearon todo lo que existe incluso la existencia misma en contra de su extinción. Una población que se extinge no puede adoptar la teologia de la tibieza ya que si la adopta se extingiria y ningun perplejo sobrevivirá. La computación no hubiera existodo con esta teología ya que si se elimina el 1 y el 0 como lenguaje de verdadero y falso existiendo solamente el 0.5 no hibiera podido nunca procesar absolutamente nada. En pocas palabras con la teología de la mediocridad no hubiera podido existir nisiquiera el universo donde un perplejo como este podria formular tal teología de la inacción.
27/07/17 12:30 AM
Vicente Bretal Sande
Bien por Fontana. Pero que no le pase como a Vavalcoli que tan bien escribió sobre Rahner y ahora está calladito.
27/07/17 4:21 PM
anasa
Bajo mi punto de vista, reconociendo que no soy dicho en filosofía, cuando se pretende llevar al creyente o al potencial creyente de afirmaciones como " todo está absorbido por el historicismo: la doctrina, el dogma, la enseñanza. Todo se convierte en algo que está en relación con los tiempos y las costumbres. Todo es cuestionable e interpretable, sigue Fontana. Todo evoluciona: incluso la Revelación " a afirmaciones como "Ya no es necesaria una Iglesia que enseñe y ni tan siquiera una obra de evangelización. Según Rahner, todos los hombres –escribe Fontana –, «son cristianos, o cristianos-anónimos», o «cristianos que no saben que lo son». La tarea del cristiano bautizado o del clérigo ya no es, por lo tanto, la de «gobernar, enseñar o santificar» a alguien, sino la de «escuchar» y «acoger» al no creyente", lo que se pretende es decir que todo incluso la "Verdad" está sujeta a una lucha de fuerzas, lucha que impone las ideas en la cultura.¿ Quiénes son los actores en esas luchas? por un lado teólogos que en vez de abrazar la "Verdad" quieren imponer un Dios a su medida tratando de vender las "gafas de color que suponen sus postulados que omiten lo básico y luego pretenden hacerse un hueco en esa lucha de fuerzas llamándolo teología moderna y usando frases como "ya las cosas no son como antes" para meter en ese saco cosas que de momento siguen siendo lo que eran, y por otro lado la tradición cristiana con la ley natural, el amor, la Gracia y el discernimiento que esta da. Tod
27/07/17 11:25 PM
chico
Todo error en teología incluye un error en filosofía. aquí está esto bien claro.
28/07/17 8:59 AM
josep
anima naturaliter christiana.
28/07/17 10:30 AM
Josue
"La tarea del cristiano bautizado o del clérigo ya no es, por lo tanto, la de «gobernar, enseñar o santificar» a alguien, sino la de «escuchar» y «acoger» al no creyente." Conclusión, estamos en pleno rahnerismo. Acaso, no dizque el catolico no debe evangelizar? Solo misericordia y acogida.
28/07/17 6:10 PM
Josue
No soy nadie en filosofía y menos en teología, pero eso de Kant, Hegel, Rhaner y cía, es mera especulación vacía para descrestar intonsos. Será más bien que la naturaleza humana está necesariamente vinculada a lo sobrenatural y no lo contrario. Y quedaría en nada la retórica de Rhaner.
28/07/17 6:27 PM
Ana Gloria Nolasco García
De un poema mío, titulado Éxtasis: Me extasío en mi Ser y en mi No Ser, y en ese otro Ser que en mí deviene. ¿Qué Soy cuando no Soy, y si Soy, por qué, lo Soy? ¿De dónde el Ser que Soy se hace mi Ser, y de qué otro Ser viene? ;Me extasío ante ese Ser que no es mi Ser, y solo por mí Es. Me extasío ante ese Ser que no es mi Ser, y solo en mí Es. He leído algo de Rhaner, y me ha gustado, Lo del huevo y la gallina en un poema.
30/07/17 12:02 AM
Mariana
Ana Goria:

El "Soy" con mayúscula bíblico corresponde sólo a Dios.

¿O es que en tu poema expresas panteísmo?
30/07/17 3:35 PM
ALGUIEN
Que a Ana Gloria le guste Rahner no invalida la realidad de que fue NOCIVO para la iglesia pero peor los que lo rehabilitaron para nombrarlo PERITI del un concilio.
Rahner y su duda sistemática INFESTARON la iglesia.
30/07/17 4:28 PM
ALGUIEN
. Todo se convierte en algo que está en relación con los tiempos y las costumbres. Todo es cuestionable e interpretable, sigue Fontana. Todo evoluciona: incluso la Revelación, que se da en la inmanencia de la historia y que no hay que entenderla nunca como concluida.


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el mismo ratzinger llamó disposiciones transitorias a las condenas del syllabus !!! y ustedes se asustan de Rahner.....jaja

eccechristianus.wordpress.com/2011/05/14/la-ultima-batalla-del-diablo capítulo 6
30/07/17 6:26 PM
Carmen
Yo me quedo con la Sabiduría Divina, que es de Dios. La Sagrada Escritura, la revelaciones a los santos, santas y místicos de Dios, tienen una sabiduría, sin parangón, porque fue Dios mismo, quien inspiró o dictó aquellas palabras escritas para los hombres y mujeres de todos los tiempos. La Verdad no es relativa, si lo fuera dejaría de ser verdad, Dios es Verdad, Misericordia y Santidad; Justicia, no existe en Él, lo relativo, verdades a medias, la verdad a media es una mentira, y sabemos que la mentira es el demonio. Hoy estamos en una crisis espantosa, nunca antes vista en la Iglesia, miles se van porque no han entendido, que nosotros vivimos en el mundo pero no somos del mundo somos de Dios, sequimos al que está en el Tabernáculo Santo, no a teólogos que muchas veces no doblan rodillas ante el Santo de los Santos, por lo que sus pensamientos escritos, son eso, más no palabras de Dios, el resultado de ello, es la apostasía, herejías, desacralización, abusos en la Liturgia, irrespetos en los templos y a lo sagrado, profanaciones a la Santísima Eucaristía, que se ven casi a diario en las noticias de los web católicos, las apariciones de la Santa Madre de Dios llorando lágrimas de sangre y un busto del Señor en Bolivia, que llora sangre, otros eventos, sin contar la persecución y muerte de cristianos, mucho más numerosa que en los primeros siglos de la Iglesia. Oremos por los teólogos, por la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, que está crucificada, sufriendo hor
31/07/17 6:17 PM
Anselmo González
Respetuosamente y sin ofender al autor del artículo, al de la obra que reseña y los variados comentarios de los lectores, me animo a decir que ninguno se acerca ni remotamente a ensayar una "crítica" del pensamiento de Rahner. Solamente en lengua alemana sus obras sobrepasan con amplitud los cien volúmenes. Es factible esbozar críticas de "progresistas" como Teilhard, Congar, Chenu, y otros muchos, pero abordar el pensamiento rahneriano a partir de citas sacadas de contexto, premisas anacrónicamente concatenadas a base de discutibles opiniones y una indudable falta de compresión de los presupuestos metafísicos del pensamiento de Rahner y los polos axiomáticos donde se legitiman en su concepción teológica, es excederse demasiado en las pretensiones desde un modestísimo artículo que como agravante peca de una apodicticidad desmedida en sus conclusiones.
Es exigitivo poseer una solidísima formación filosófica y teológica para poder refutar parte del pensamiento de este autor. Tal vez esto confirme la retórica afirmación final del artículo: «que no se haya emitido, respecto a él, ninguna condena, a pesar de los numerosos y fundamentales puntos contrarios a la doctrina católica»
31/07/17 9:13 PM
Luis Fernando
Para saber que Rahner es un cáncer para la Iglesia no hace falta leerse volúmenes y volúmenes de teología y filosofía. Basta tener un poco de sentido de la fe y una pizca de tomismo.
31/07/17 10:17 PM
Maria
Dios libre a la Iglesia de el daño que causan los libros de Rahner...
5/08/17 3:20 AM

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