Catequesis del Papa sobre la oración

Orar con los salmos: Súplica y alabanza celebran la gracia de Dios que se inclina sobre nuestra fragilidad

En su habitual catequesis de la Audiencia General de este miércoles, el Papa Benedicto XVI señaló que los salmos son el libro de oración por excelencia porque «nos enseñan el corazón de Dios», y así «no sólo podemos hablar con Dios, sino que podemos aprender quién es Dios y, al aprender cómo hablar con Él, aprendemos lo que significa ser hombre, ser nosotros mismos»

(Aci/EWTN) Continuando con sus catequesis sobre la oración, ante miles de fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, el Papa señaló que en los 150 salmos bíblicos que componen el Salterio "se entrelazan y se expresan la alegría y el sufrimiento, el deseo de Dios y la percepción de la propia indignidad, felicidad y sentido de abandono, confianza en Dios y dolorosa soledad, plenitud de vida y miedo a morir". 

En los salmos, dijo Benedicto XVI, se puede identificar dos ámbitos principales: "la súplica ligada al lamento, y la alabanza, dos dimensiones relacionadas y casi inseparables. La súplica está animada por la certeza de que Dios responderá, y esto abre a la alabanza y a la acción de gracias, que surgen de la experiencia de la salvación recibida, que presupone la necesidad de ayuda que la súplica expresa". 

De esa forma, prosiguió, "en la oración de los Salmos, la súplica y la alabanza se entrelazan y funden en un canto único que celebra la gracia eterna del Señor que se inclina sobre nuestra fragilidad". 

Los salmos "enseñan a rezar. En ellos la Palabra de Dios se convierte en palabra de oración. (...) El que reza los Salmos habla a Dios con las mismas palabras de Dios, dirigiéndose a Él con las palabras que nos enseña" y "a través de esas palabras también es posible conocer y acoger los criterios de la acción de Dios y acercarse al misterio de sus pensamientos y de sus caminos, para crecer siempre más en la fe y el amor". 

Aprender como niños

“Algo análogo sucede cuando el niño comienza a hablar, aprende a expresar sus propias sensaciones, emociones, necesidades con palabras que no le pertenecen de modo innato, sino que aprende de sus padres y de los que viven con él. Lo que el niño quiere expresar es su propia vivencia, pero el medio expresivo es de otros; y él, poco a poco se apropia de este medio, las palabras recibidas de sus propios padres se convierten en sus palabras y a través de las palabras aprende también un modo de pensar y de sentir, accede a un mundo de conceptos, y crece en ellos, se relaciona con la realidad, con los hombres y con Dios”

Del mismo modo, los Salmos “se nos presentan para que nosotros aprendamos a dirigirnos a Dios, a comunicarnos con Él, a hablarle de nosotros con sus palabras, a encontrar un lenguaje para el encuentro con Dios. Y, a través de estas palabras, será posible también conocer y acoger los criterios de su actuación, acercarse al misterio de sus pensamientos y de sus caminos (cfr Isaías 55,8-9), y así crecer cada vez más en la fe y en el amor. Al igual que nuestras palabras no son sólo palabras, sino que nos enseñan un mundo real y conceptual, del mismo modo estas oraciones nos enseñan el corazón de Dios, por lo que no sólo podemos hablar con Dios, sino que podemos aprender quién es Dios y, al aprender cómo hablar con Él, aprendemos lo que significa ser hombre, ser nosotros mismos”. 

Así, enseñándonos a rezar, los salmos "nos enseñan que incluso en la desolación y en el dolor, la presencia de Dios es fuente de asombro y consuelo; se puede llorar, suplicar, interceder (...), pero con la certeza de que estamos caminando hacia la luz, donde la alabanza será definitiva". 

David y Jesús

El Papa dijo luego que igual de importante y significativas son "la forma y la frecuencia con que las palabras de los salmos se retoman en el Nuevo Testamento, asumiendo y subrayando el valor profético sugerido por los lazos del Salterio con la figura mesiánica de David". 

"En el Señor Jesús, que oró durante su vida terrena con los Salmos, éstos encuentran su realización definitiva y revelan su sentido más profundo y completo. Las oraciones del Salterio, en las que se habla a Dios, nos hablan de Èl, nos hablan del Hijo, imagen del Dios invisible que nos revela plenamente el rostro del Padre". 

Finalmente el Papa afirmó que "el cristiano, pues, rezando los salmos, reza al Padre en Cristo y con Cristo, asumiendo esos cantos en una nueva perspectiva, cuya clave final es el misterio pascual".

 

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