Monseñor Fratini habla a los obispos españoles de la evangelización y del sacerdocio

El nuevo nuncio, muy pastoral

Tras las palabras del Cardenal Rouco en la apertura de la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal, el nuevo Nuncio Apostólico también pronunció ayer un breve discurso. Al dirigirse en particular a los obispos españoles y no a la sociedad española ni a su gobierno, omitió cualquier referencia a asuntos políticos, de manera que sus palabras se centraron en las necesidades pastorales de la Iglesia en España. En particular, dedicó frases llenas de cariño y sabiduría pastoral a los sacerdotes, recordando a los obispos la importancia de mostrar un «amor especial» a sus sacerdotes

(Bruno Moreno Ramos/InfoCatólica) El nuevo nuncio en España y Andorra, Mons. Renzo Fratini, se dirigió a los obispos reunidos en la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal, leyendo su discurso en un español casi perfecto. Monseñor Fratini llegó a España el pasado mes de octubre, para sustituir a Monseñor Monteiro de Castro, que partió a Roma como nuevo Secretario de la Congregación para los Obispos.

Según el Código de Derecho Canónico, el Nuncio tiene dos grandes misiones: por un lado, representar al Papa ante las Iglesias particulares y, por otro, representar al Vaticano ante los Estados y Autoridades públicas. En el ejercicio de su segunda misión, ante el Estado de la nación que le acoge, las palabras de un Nuncio suelen ser muy diplomáticas y estar centradas en el ámbito público y en las relaciones Iglesia-Estado.

En el caso de hoy, sin embargo, resultó inmediatamente evidente que el Nuncio hablaba como enviado del Papa y mensajero de su solicitud por todas las Iglesias. Claramente, el discurso no fue un mero trámite, ni se mantuvo en un ámbito diplomático. Podría decirse que, en sus palabras, resplandecía un corazón sincero de pastor, preocupado, ante todo, por el bien de la Iglesia en España.

Ya desde el comienzo, Monseñor Fratini se centró en la evangelización, recordando la “urgencia del anuncio de Nuestro Señor Jesucristo”, porque Cristo “tiene que ser conocido y amado”. En ese contexto, el nuevo Nuncio recordó la historia cristiana de España y la multitud de santos y mártires españoles, que calificó como “un caudal impresionante de amor inmenso a Cristo y de un destacado y marcado cariño a su Madre, que contribuye al bien de toda la Iglesia haciéndola fecunda”. Asimismo, señaló que su propia misión, como Nuncio, está al servicio de la evangelización.

Con ocasión del Año Sacerdotal, el nuevo Nuncio también quiso dedicar unas palabras a la acción pastoral de los sacerdotes, a la que denominó un “oficio de amor”, reconociendo que los sacerdotes están “en primera línea, en contacto inmediato con los fieles”. Esta tarea sacerdotal no puede entenderse como un simple trabajo profesional, sino que tiene que ser “expresión de una intensa vida espiritual, vivida en intimidad con Cristo, en la que el sacerdote es siempre sacerdote y en la que, propiamente, puede decirse así, no hay horarios”.

Al dirigirse a los obispos españoles, quiso transmitirles la importancia de que los sacerdotes sientan “la cercanía del obispo” y “su ánimo en una misión tanto más delicada cuanto que el mundo no puede apreciar, muchas veces, su sacrificada entrega”. De esta forma, los obispos deben tener un “amor especial” a sus sacerdotes, en particular en el caso de aquellos que tengan algún problema.

De forma recíproca, los sacerdotes no deben mirar a su obispo como a un simple superior, sino como “al padre, al hermano, al amigo, como quiso el último Concilio”. Esta concepción del sacerdocio y de la acción pastoral, alejada de todo funcionarismo, es la clave de las vocaciones sacerdotales, ya que, viendo a sacerdotes y obispos que viven así su sacerdocio, muchos jóvenes “desearán ejercer el sagrado ministerio como expresión de total amor a Cristo”.

Durante los próximos años, Monseñor Fratini tendrá que demostrar su indudable habilidad diplomática en las a menudo difíciles relaciones con el Estado español. Sin embargo, ya desde el comienzo de su misión ha mostrado que posee tres cosas igualmente importantes para un enviado del Papa a la Iglesia española: un corazón sacerdotal, un claro celo evangelizador y un gran amor a Jesucristo.

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