Francisco: la eutanasia «no tiene ningún fundamento jurídico»
Alocución del papa Francisco a juristas argentinos

Recibe a los juristas del centro Rosario Livantino

Francisco: la eutanasia «no tiene ningún fundamento jurídico»

El papa Francisco ha asegurado hoy que la eutanasia «no tiene ningún fundamento jurídico», y ha criticado las sentencias según las cuales «el interés principal de una persona anciana o discapacitada sería morir y no ser curado».

(Aica) El papa Francisco destacó el ejemplo de Rosario Livatino en el campo del Derecho, al recibir en audiencia a los juristas inscritos en el centro de estudios que lleva el nombre de este magistrado asesinado por la mafia en 1990 y estudia cuestiones que conciernen al derecho a la vida. En este contexto, y refiriéndose a las iniciativas sobre eutanasia, el pontífice cuestionó a quienes inventan un “derecho a morir” sin ningún fundamento jurídico.

«Rosario Livatino nos ha dejado a todos un ejemplo luminoso de cómo la fe puede expresarse plenamente en el servicio a la comunidad civil y a sus leyes; y cómo la obediencia a la Iglesia puede combinarse con la obediencia al Estado, en particular con el delicado e importante ministerio de hacer respetar y aplicar la ley», destacó el papa Francisco al recibir en audiencia a personas que trabajan en el campo del Derecho, inscriptos en el Centro de Estudios Rosario Livatino.

El Centro de Estudios Rosario Livatino es un grupo de juristas, entre los cuales magistrados, abogados, profesores universitarios, escribanos, que tomando el ejemplo del magistrado italiano Rosario Livatino asesinado por la mafia en 1990, del que se ha concluido con éxito el proceso diocesano de beatificación, «estudia cuestiones que conciernen principalmente al derecho a la vida, a la familia y a la libertad religiosa en una perspectiva de coherencia con el derecho natural».

En el discurso, el Papa recordó las palabras expresadas por San Juan Pablo II sobre Rosario Livatino, antes de realizar la «memorable y perentoria» exhortación a la conversión a los «hombres de la mafia» en aquel 9 de mayo de 1993.

«En esa ocasión – dijo Francisco – el Papa lo llamó ‘mártir de la justicia e indirectamente de la fe’».

«Cuando Rosario fue asesinado, casi nadie lo conocía. Trabajaba en un tribunal de la periferia: se ocupaba de la incautación y confiscación de bienes de origen ilegal adquiridos por los mafiosos. Lo hacía de manera inatacable, respetando las garantías de los acusados, con gran profesionalidad y con resultados concretos: por eso la mafia decidió eliminarlo», añadió.

Ejemplo para los que trabajan en el campo del derecho

El Papa destacó el ejemplo de Livatino «no sólo para los magistrados, sino para todos los que trabajan en el campo del derecho, por la coherencia entre su fe y su compromiso con el trabajo, y por la actualidad de sus reflexiones» y en particular, recordó las palabras del futuro beato relacionadas con la introducción de un «presunto derecho a la eutanasia».

«Si la oposición del creyente a esta ley se funda en la convicción de que la vida humana es un don divino que no es lícito que el hombre asfixie o interrumpa, lo es igualmente la oposición del no creyente, que se basa en la convicción de que la vida está protegida por la ley natural, que ningún derecho positivo puede violar o contradecir, ya que pertenece a la esfera de los bienes 'no disponibles', que ni los individuos ni la comunidad pueden atacar», citó.

El pontífice observó que estas consideraciones de Livatino «parecen estar alejadas de las sentencias sobre el derecho a la vida que a veces se pronuncian en los tribunales, en Italia y en muchos sistemas democráticos». Pronunciamientos según los cuales, dijo, «el principal interés de una persona discapacitada o anciana sería el de morir y no ser curado». O que «según una jurisprudencia que se define a sí misma como ‘creativa’», inventa un «derecho a morir» sin ningún fundamento jurídico, «debilitando así los esfuerzos por aliviar el dolor y no abandonar a sí misma a la persona que se encamina a terminar su existencia».

La justicia debe ser ejercida con sabiduría y humildad

El Papa recordó también lo que Livatino decía en cuanto al estatus moral de quien está llamado a administrar justicia: «No es más que un empleado del Estado al que se le confía la especialísima tarea de aplicar las leyes que esa sociedad se da a través de sus instituciones«.

Asimismo, destacó la actualidad de las palabras del futuro beato en relación a la «justificación de la intromisión del juez en ámbitos no propios», «con sentencias que parecen preocuparse por satisfacer deseos siempre nuevos, libres de cualquier límite objetivo».

Livatino – prosiguió - ha testimoniado hasta qué punto la virtud natural de la justicia exige ser ejercida con sabiduría y humildad, teniendo siempre presente la dignidad trascendente del hombre, que se refiere a su naturaleza, a su capacidad innata de distinguir el bien del mal, a esa brújula inscrita en nuestros corazones y que Dios ha impreso en el universo creado».

Decidir es elegir, y en la elección el magistrado puede encontrar a Dios

El Santo Padre recordó una tercera reflexión de Livatino, quien afirmaba: «Decidir es elegir [...]; y elegir es una de las cosas más difíciles que el hombre esté llamado a hacer. Y es precisamente en esta elegir para decidir, de decidir para ordenar, donde el magistrado creyente puede encontrar una relación con Dios. Una relación directa, porque hacer justicia es realización de uno mismo, es oración, es dedicación de uno mismo a Dios. Una relación indirecta, por medio del amor a la persona juzgada [...] Y esa tarea será tanto más ligera cuanto más el magistrado advierta con humildad sus debilidades, cuanto más se presentará cada vez a la sociedad dispuesto y tendido a comprender al hombre que tiene ante sí y a juzgarlo sin la actitud de un superhombre, sino más bien con una contrición constructiva».

Francisco concluyó destacando el brillante ejemplo dejado por Livatino, sobre cómo la fe «puede expresarse plenamente al servicio de la comunidad civil y de sus leyes; y de cómo la obediencia a la Iglesia pueda conjugarse con la obediencia al Estado, en particular con el ministerio, delicado e importante, de hacer que la ley se respete y se cumpla».

El Papa recordó a los juristas su compromiso de contribuir a la construcción de la concordia, vínculo entre los hombres libres que componen la sociedad civil, y los llamó a seguir los pasos de Rosario Livatino, quien, en más de una de sus notas escribía el acrónimo «STD».

«El acrónimo ‘atestiguaba el acto de entrega total que Rosario frecuentemente hacía a la voluntad de Dios’: ‘S.T.D. son las iniciales de sub tutela Dei. Deseo que sigan sus huellas, en esta escuela de vida y pensamiento. Los bendigo y, por favor, no olviden rezar por mí’»

 

Esta noticia no admite comentarios.