La santa del silencio (Mt. 25, 38)

En el Evangelio de la Solemnidad de Cristo Rey, los justos y los pecadores preguntan al ser juzgados por lo que hicieron por el Señor: “¿Cuándo te vimos…?” (Mt. 25, 38) Hoy es la fiesta de Santa Catalina Labouré, una santa que como vicentina vió al Señor en los pobres y que como vidente vió a la Ssma Virgen. Pero, su vida fue agradable a Dios no por sus visiones de la Virgen sino por su contemplación, escucha y práctica de la Voluntad de Dios en humilde y continua oración.

La novena de 11 hermanos vivientes, quedó huérfana de madre a los 9 años y a los 12 años tuvo que llevar su casa adelante cuando su hermana mayor se consagró a la vida religiosa. A los 14 años sintió su vocación también, pero su padre se mostró contrario y le mandó a París a vivir con su hermano. Sin saber quién era, tuvo visiones de S. Vicente de Paúl, el fundador de las Hijas de la Caridad y conocido por sus muchos actos de caridad por los pobres. Por fin consiguió hacerse vicentina a los 24 años.

En 1830 tuvo visiones de Ntra. Señora de la Medalla Milagrosa, llamada así por la medalla que pidió que se hiciera y se difundiera para pedir su intercesión y por la fama de los milagros obtenidos. En la primera, vió a un niño que de noche le condujo a la capilla de la casa principal en París, donde vió a la Ssma. Virgen sentada sobre un sillón, y puso sus manos sobre sus rodillas mientras escuchaba sus consejos. El 27 de noviembre del mismo año vió a Nuestra Señora como aparece en la medalla confiándole la misión de propagar la medalla. Lo hizo a través de su confesor, que al principio no le creyó.

Ella mostró que “No es cosa grande ser humilde en el abatimiento, pero es muy grande y muy rara ser humilde en el honor” (S. Bernardo) porque a pesar de haber visto a la Virgen, trabajaba en la cocina, en el corral y en la enfermería,sin llamar la atención. Al contrario, sufrió muchas veces el menosprecio. Su santidad consistió en imitar la vida escondida de Ntra. Señora: “¡María, Maestra del sacrificio escondido y silencioso! —Vedla, casi siempre oculta, colaborar con el Hijo: sabe y calla.” (S. Josemaría Escrivá, Camino, 509) Bien sabía la vidente que “Todo el valor de nuestra vida y de nuestra actividad depende de la vida interior. La vida del amor de Dios y de la Virgen María, la Inmaculada, no son teorías ni dulzuras, sino la práctica de un amor que consiste en la unión de nuestra voluntad a la voluntad de la Inmaculada.” (S. Maximiliano Kolbe)

¿Cómo pudo vivir como María? S. Bernardo nos explica:

Sólo quien reza como María, quien vive recogido en Dios, puede vivir y amar como María. Por esto es necesario, dice el santo, evitar una actividad excesiva, cualquiera que sea su condición u oficio, incluso hasta si es dentro de la Iglesia, porque “muchas ocupaciones conducen a menudo a la dureza del corazón, no son sino sufrimiento del espíritu, pérdida de la inteligencia y dispersión de la gracia”.

Añade S. Maximiliano Kolbe:

Ante todo y por encima de todo, debemos profundizar en la vida interior. Si se trata verdaderamente de la vida espiritual, son necesarios los medios sobrenaturales. La oración, la oración y solamente la oración es necesaria para mantener la vida interior y su desarrollo; es necesario el recogimiento interior. No estemos inquietos por las cosas sin necesidad, sino que, suavemente y en la paz, procuremos guardar el recogimiento del espíritu y estar disponibles a la gracia de Dios. Es para eso que nos ayuda el silencio.”

Sta. Catalina, durante los 46 años desde las apariciones hasta 8 meses antes de su muerte (fallecido su antiguo confesor y con una nueva superiora) no reveló a nadie excepto su confesor que era la vidente de la conocida Virgen de la Medalla Milagrosa. Bien sabía ella que “el silencio inteligente es madre de la oración, liberación del atado, combustible del fervor, custodio de nuestros pensamientos, atalaya frente al enemigo… prevención contra la angustia, enemigo de la vida licenciosa, compañero de la paz interior, crecimiento de la sabiduría, mano preparada de la contemplación, secreto camino del cielo” (S. Juan Clímaco, Escala espiritual, Escalón 11–30).

Ante las dificultades, como le recomendó Ntra. Señora, desahogaba su corazón al pie del altar, recurriendo a la oración. Así pudo perseverar:

Si no rezamos seremos infieles a las gracias recibidas de Dios y a las promesas que hemos hecho en nuestro corazón […porque] para observar totalmente los mandamientos de Dios, no bastan las gracias recibidas ni las consideraciones y propósitos que hemos hecho, se necesita sobre todo la ayuda actual de Dios y esta ayuda actual no la concede Dios Nuestro Señor sino al que reza y persevera en la oración. Pues, para alcanzar la santa perseverancia forzoso será que nos encomendemos a Dios siempre […] muy especialmente en la hora de la tentación. ” (S. Alfonso de Ligorio, El gran medio de la Oración)

Finalmente, su identidad como vidente fue revelada al público a su muerte y su cuerpo permanece incorrupto en la misma capilla de las apariciones. Pero, su mérito y gloria están en su perseverancia en la oración y en el silencio: “¡Oh!, ésta sí que es gracia grande, el espíritu de oración, es decir, la gracia de orar siempre… esto sí que es puro don de Dios.” (S. Alfonso de Ligorio, El gran medio de la Oración)

Imitemos a esta “santa del silencio” rezando hoy: “Habla, Señor, que tu siervo escucha” (1 Sam 3, 10).

Mañana: Cantos de alabanza, “serán reunidas ante él todas las naciones..” (Mt. 25, 32)

NOTA: Se les invita a que añadan en los comentarios citas pertinentes de la Biblia o de beatos o santos reconocidos por la Iglesia Católica.

3 comentarios

  
Luis Fernando
Me viene a la memoria lo que le ocurrió al profeta Elías tras haber derrotado a los profetas de Baal, entró en una depresión ante la falta de fidelidad del pueblo de Israel. Tanto que se quería morir. En el capítulo 19 de I Reyes se nos cuenta lo siguiente:

Le dijo: «Sal y ponte en el monte ante Yahveh.» Y he aquí que Yahveh pasaba. Hubo un huracán tan violento que hendía las montañas y quebrantaba las rocas ante Yahveh; pero no estaba Yahveh en el huracán. Después del huracán, un temblor de tierra; pero no estaba Yahveh en el temblor.
Después del temblor, fuego, pero no estaba Yahveh en el fuego. Después del fuego, el susurro de una brisa suave. Al oírlo Elías, cubrió su rostro con el manto, salió y se puso a la entrada de la cueva. Le fue dirigida una voz que le dijo: «¿Qué haces aquí, Elías?»


Es decir, a veces pensamos en un Dios que habla con gran estruendo, y ciertamente en ocasiones es así, pero puede que nos hable también casi desde el silencio, como si fuera una brisa suave. Estamos tan inmersos en la hiperactividad de la vida moderna que no siempre sabemos buscar un tiempo para calllar y escuchar lo que Dios tiene que decirnos.
28/11/08 2:31 PM
  
María Lourdes
Luis Fernando, es una cita muy bonita. Muchas veces no se acuerda uno del contexto, o sea que me alegro que mencionaste por qué estaba esperando Elías al Señor en la cueva. Tengo una devoción especial a ese santo porque nací en su fiesta.
Es muy apropiado que le mencionas por su influencia sobre la orden carmelita, conocida por la vida contemplativa de sus monjas.
02/12/08 4:56 AM
  
martha vallejo
Yo solo quiero compartirles q crean en la virgen y q si le piden con devoción y fe realmente les demostrara q los escucho
25/04/14 3:53 PM

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